LA ACTIVIDAD
METAFÓRICA:

ENTRE RAZÓN CALCULANTE
Y RAZÓN INTUITIVA


Margarita Vega Rodríguez
Universidad de Valladolid
mvega@fyl.uva.es


El estudio de la metáfora ha experimentado una importante evolución desde que Isócrates utilizase el término metáfora por primera vez en su Evágoras. Bajo los ropajes de la retórica, fue considerada durante siglos como un recurso ornamental. Tras la muerte de la retórica, como han calificado Genette (1973) y Ricoeur (1980) la desaparición de la retórica como disciplina en los centros docentes en el s.XIX, en este siglo el estudio de la metáfora como proceso cognitivo ha renacido desde una variedad de disciplinas. La metáfora ha pasado de considerarse un hecho eminentemente lingüístico a centrarse en su naturaleza conceptual1. Hay una creciente convicción de que no es sólo un juego del lenguaje figurativo, sino un proceso de pensamiento asociado al razonamiento analógico, a la investigación hipotética y al pensamiento especulativo2.

La explosión de estudios sobre la metáfora puede considerarse no sólo en plena conexión con el problema de la racionalidad que inaugura la dialéctica de la razón Ilustrada, sino en su mismo epicentro. El mismo estudio de la metáfora ha estado expuesto a una tensión entre dos modelos de razón: la razón calculante, lógica, formal y la razón intuitiva, súbita3. Precisamente la resistencia explicativa que ofrece el mecanismo metafórico coincide con los problemas de articulación de estas dos instancias: la intuición y el razonamiento, tanto en el sentido que ha sido expuesto por la filosofía como en el sentido asignado por los científicos4.

Los intentos de rectificación, anulación o puesta al día de la razón pueden hacerse desde instancias irracionales o suprarracionales. En este contexto, la función metafórica puede entenderse bien como una reivindicación de factores irracionales, como un tipo de suprarracionalidad o, siguiendo otra dirección, puede dar lugar a una idea de racionalidad integrada. Los estudios sobre la metáfora de las últimas décadas vienen a confirmar esta última alternativa.

A continuación, analizo tres aspectos relacionados con este problema: en primer lugar, la tensión entre estos dos modelos de razón presente en las teorías de la metáfora, en segundo lugar, se considerarán algunos rasgos cognitivos en los que opera la metáfora y que son relevantes en la resolución de esta escisión, por último, expondré algunas sugerencias sobre el modo de comprender la interacción de la metáfora.


Las teorías de la metáfora y la escisión cálculo-intuición.

De alguna manera, la pregunta por la metáfora puede entenderse como una búsqueda del significado, que comienza por una sorpresa o extrañeza ante el carácter significativo, referencial y veritativo que pueden tener las metáforas. En esta búsqueda, la explicación de la metáfora parece sometida ella misma a un proceso de metaforización que puede entenderse como una evolución de posturas no-constructivistas, que corresponderían al examen tradicional de la metáfora, hacia teorías netamente constructivistas5. Ricoeur (1980) las denomina explicación 'nominal' y explicación 'genética'. Estas últimas intentan explicar el proceso metafórico, sin reducirse a un análisis conceptual de sus aspectos formales.

Sin embargo, la dificultad principal que encuentran las teorías de la metáfora es que aparece siempre el fantasma de su contraposición al lenguaje literal, el cual representa el papel de la regularidad y el orden, frente a la anarquía metafórica. En esto radican algunos de los problemas de las principales teorías de la metáfora como el emotivismo, la teoría de la tensión, la anomalía semántica, el intuicionismo, la teoría de la comparación y de la sustitución, la teoría de la desviación semántica, la teoría de la controversión y el contextualismo6. Siempre puede encontrarse algún aspecto bajo el cual la metáfora puede considerarse como lenguaje literal o, por lo menos, asimilarse a él, y se hace difícil aislar aquello que especifica la metáfora. En este sentido, lo metafórico y lo literal actúan correlativamente como las nociones de acto y potencia.

La teoría interaccionista, formulada a partir de las ideas de Richards (1936) y precisada por Black (1966), parece libre de esta recursividad, al afirmar que el significado de una metáfora es irreductible y cognitivo, y reconocer que la metáfora, más que un tipo de lenguaje, es un tipo de conocimiento que hace posible que el lenguaje pueda ser considerado como literal o metafórico. Y este modo de operar se cifra en que la expresión metafórica adquiere, por la interacción de sus elementos, un significado nuevo, que no es totalmente el significado de los usos literales, ni totalmente el significado que tendría cualquier sustituto literal. Esto es posible porque la metáfora no formula una similitud preexistente, más bien la crea7. Aquí es donde se muestra la función cognitiva de la metáfora.

Sin embargo, la creación de similitudes (Indurkhya 1992), se revela en el fondo como la paradoja entre dos metáforas de la razón que Ortega (1964) ilustra a través de la metáfora de la imagen que queda grabada en la tabla de cera como aparece en Platón y Aristóteles, y la del contenedor y lo contenido, propia de la modernidad. Son las metáforas de la razón como constructiva y no-constructiva, como activa y pasiva, como creativa y como fiel copia de la realidad, de la naturalización de la razón y de la racionalización de la naturaleza (Pacho 1997). El interaccionismo se encuentra entre estos dos polos que sintetizan la escisión interna de todas las teorías de la metáfora: si se explica el modo en que se crea la similitud se cae en el comparativismo y en la falta de creatividad, y si no lo hace en el intuicionismo. Parece como si la novedad sólo pudiera venir de la intuición, que supone la aparición súbita o emergente de algo. La repetición y el mecanicismo provienen del cálculo. El contenido, los aspectos semánticos, el significado irreductible es traido a la mente por la intuición; la forma, la sintáctica, por las reglas de la racionalidad. Así, la creación de similitudes que defiende la teoría interaccionista se vuelve aporética ya que se tiene la idea de que el efecto tiene que estar ya contenido en la causa: la rutina sólo puede engendrar rutina y si se desencadena un nuevo significado irreductible, éste sólo puede proceder de un acto de conocimiento con sus mismas características: singular, espontáneo, inesperado. Es más, la irreductibilidad del significado metafórico corre pareja a la singularidad de la realidad. El pensamiento abstracto, como critica Nietzsche (1991) esconde su separación de la realidad viva y concreta, es incapaz de aferrarla en su ingente tautología8.

Los binomios que dividen la cuestión metafórica en la actualidad testifican esta dicotomía: retoricidad o naturalidad de la metáfora, carácter periférico o central, significado canónico o metafórico, anomalía o sistematicidad, diccionario o enciclopedia, categorización clásica o categorización no clásica, etc… A continuación expongo algunos de los aspectos en los que la metáfora convierte en significativa esta dicotomía, sin anularla, y sus implicaciones.


Una caracterización cognitiva de la metáfora

La metáfora ha sido redescubierta como cierta operatividad de la razón que se caracteriza precisamente por su posibilidad de retroalimentación y por su flexibilidad en distintos niveles: biológico, cultural e histórico, y personal o biográfico. Puede considerarse, con palabras de Hausman (1989), una instancia de evolución.

Sin intentar entrar en cuestiones de detalle puede señalarse que el funcionamiento metafórico se encuentra imbricado en los procesos perceptivos, imaginativos y de memorización (MacCormac 1985). La metáfora parece ser un elemento que media entre los procesamientos proposicionales e imaginativos y en los procesos verbales y preverbales del pensamiento9. Los procesos metafóricos sintetizan operaciones diversas dentro del sistema cognitivo como la ideación, la imaginación, la afectividad (Dorfmueller y Honeck 1980). La metáfora es considerada un catalizador del conocimiento. Incrementa el conocimiento simbólico y relacional (Verbrugge 1980). Es un proceso cognitivo creativo que activa extensas áreas separadas en la memoria a largo plazo y combina conceptos disociados (MacCormac 1985). Por la metáfora transformamos nuestro sistema conceptual y lo reestructuramos de acuerdo con nuevos conocimientos (Mayor 1985). De este modo, la metáfora es un movimiento de un dominio a otro para obtener un 'transcendimiento creativo'. Así, la metáfora lleva a cabo una unificación de las operaciones (Fernández 1975). Además, la metáfora parece dominar el razonamiento común (Carbonell 1991) e incluso el científico (Hoffman 1984).

El carácter metafórico que envuelve todos estos procesos lleva a subrayar 'la estructura metafórica del sistema conceptual humano y de su sistema cognitivo' (D.A. Norman 1987). Si bien se han descrito e identificado muchos de sus procedimientos, no se ha alcanzado un consenso sobre la naturaleza de la metáfora y no parece claro si ésta es un mecanismo o una pluralidad de ellos (Van Noppen 1990). Incluso, puede plantearse si más bien se trata de un modo de describir los procesos cognitivos como habilidades, como destrezas.

Radman intenta una visión global de todas estas aportaciones y afirma que la metáfora es un órgano de la razón, un 'mecanismo básico subyacente' que aparece en todo empleo de la metáfora y que lleva a afirmar que si las metáforas son racionales porque llevan a cabo algunas funciones racionales, entonces, es preciso cambiar su estatuto previo y decir que tales actos racionales se sostienen sobre un pensamiento racional posibilitado por una 'naturaleza humana homogénea con una determinada estructura mental' (Radman 1995, 227). Quizá resulta todavía más importante advertir que esta es la metáfora básica subyace: que el conocimiento sigue un patrón metafórico lo cual deja de ser una tautología si se describe la actividad metafórica.


Dos sentidos de la interacción

El estudio de la racionalidad ha estado marcado por debates apasionados que han sido debates sobre metáforas, de las que muchas veces no somos conscientes, y las preguntas que generan10. Las limitaciones de las teorías sobre la racionalidad son las limitaciones de las metáforas sobre las que descansan y los distintos nombres que se la adjudican.

En una época en la que las ciencias duras y la matemática han aceptado la indeterminación, la incertidumbre, la discontinuidad, los números irreales e imaginarios como sus conceptos fundamentales, hay todavía mucho escepticismo y resistencia a reconocer nociones análogas en lingüística y filosofía (Radman 1997). Parece que la introducción de dichos términos metafóricos conduciría a anclar en el puerto definitivo de la certidumbre, la regularidad y la consistencia. Sin embargo, la metáfora como proceso cognitivo está pidiendo una noción explicativa que sea ella misma metafórica.

Los modelos aportados por la IA, por la lingüística y la psicología, reformulan el interaccionismo precisando que la interacción se efectúa entre dos niveles conceptuales, como una proyección de dominios semánticos que se encuentran en niveles diferentes (Kittay 1990; Way 1991; Indurkhya 1992). La relación entre el 'vehículo' y el 'tópico' es una relación jerárquica por la que desde el tópico se reorganizan los rasgos que interaccionan. La metáfora es un proceso cognitivo que consiste en cierto conocimiento de segundo nivel, es decir, un conocimiento del conocimiento, que lleva consigo una retroalimentación que favorece la creación de nuevos mecanismos y regularidades, de habilidades cognitivas nuevas, e implica la creación de reglas. Así, en la metáfora no es posible desligar totalmente la semántica, la pragmática y la sintáctica. La práctica lingüística no es del todo nomológica, las reglas dependen de los contenidos semánticos, son fluidas y tienen una justificación cognitiva. Es más, puede considerarse que la metáfora más que con una transgresión de reglas, tiene que ver con una creación de hábitos lingüísticos y cognitivos que vienen a configurar nuevas reglas. La metáfora no sigue un mecanismo totalmente formal, depende de nuestro conocimiento real del mundo, la propia configuración del mundo rige esta actividad.

Todo esto implica una reformulación de los aspectos intuitivos y analíticos presentes en la metáfora. Lo literal y lo metafórico no son más que momentos o perspectivas de la operatividad metafórica del sistema conceptual humano. La diferencia entre un uso literal y metafórico no es que uno sea directo, evidente y otro ambiguo, posible, sino que arroja luz sobre la relación más profunda existente entre la repetición y la innovación, la imitación y la creación (Radman 1997). La creatividad, como muestran muchos trabajos experimentales, resulta de la actividad conjunta de ambos.

Quizá resulta todavía más importante advertir que esto supone contemplar la teoría de la interacción desde un nuevo punto de vista. Por la interacción, no sólo se da una transformación de los rasgos que interaccionan y una reestructuración del sistema conceptual humano, sino una transformación de la misma racionalidad. De alguna manera la inclusión de la metáfora en una teoría del conocimiento supone la afirmación del carácter vital de la razón. Un racionalismo excesivo negaría esta vitalidad a la inteligencia, cierta capacidad de crecimiento y reestructuración en la que están implicados aspectos afectivos y subjetivos, y en el que se dan cita las vertientes semántica y formal, la intuición y la razón.

La descripción del mecanismo metafórico supone una idea de la racionalidad retroalimentativa, es decir, la novedad puede venir, en parte, de la adquisición de nuevas habilidades por parte de la racionalidad, la cual se capacita para explorar posibilidades de la realidad que, sin el desarrollo de dichas capacidades, eran ignoradas. El carácter metafórico del conocimiento lleva a plantearse cuál puede ser la ontología del mundo para que en muchos aspectos, la aproximación cognitiva a la realidad sea metafórica. La metáfora mueve así a formular nuevas metáforas sobre el mundo y el conocimiento.

Lo que para esta exposición resulta más relevante ahora es sugerir que el trabajo de la metáfora, como señala Radman (1997) consiste en transformar la posibilidad imaginada en actualidad posible. La metáfora es un modo de conceptualización y tiene el poder de proyectar y producir nuevas visiones y modos de hacer el mundo según Levin (1988) y Radman (1997). Ser metafórico, como señala Ricoeur (1980), implica no reconocer la fijeza del mundo o la pasividad del sujeto, liberarse de la prisión del determinismo y usar la libertad creativamente para proyectar nuevas posibilidades para mundos actuales futuros. La metáfora traza un puente entre lo empírico y lo imaginado, entre lo convencional y lo hipotético, lo dado y lo proyectado. En la metáfora se activa la imaginación para hacer aparecer el mundo de un modo más radical que lo que está inmediatamente presente, abriéndonos a la idea de posibilidad, creando nuevos espacios semánticos. Por la metáfora podemos ir más allá de la evidencia empírica, escapando del dictado de lo que es dado, de las referencias estáticas y las estructuras lógicas, desechando los límites del determinismo causal. En la metáfora se da una simbiosis entre la libertad de la significación y la necesidad del proceso. Metaforizar es más que poner etiquetas a las cosas, a lo que es dado o lo que existe, puede ser considerado como un modo de intervenir en el orden dado de las cosas. No es repetición o representación de lo conocido, como coinciden en señalar diversos estudios sobre la metáfora (Wheelwright 1982; MacCormac 1985; Hausman 1989) sino que se trata, como señala Radman (1997) de un tipo de invención o participación.

En definitiva, si bien la metáfora ha dejado de ser considerada como un error también ha dejado de ser definida como un proceso con cierta cualidad mágica (Radman 1997). La metáfora no es un enigma, como señala Ricoeur (1980), sino la solución al enigma, el enigma de cómo una racionalidad puede ser libre, creativa. La escisión entre la razón calculante y la razón intuitiva se revela más como un paradigma explicativo de la racionalidad y como cierto límite o dificultad que encuentra la explicación, que como un proceso real de desarrollo de la racionalidad. Frente a la escisión entre la razón calculante y la razón intuitiva, la metáfora muestra cómo la supuesta razón calculante intuye y cómo calcula la razón intuitiva.


Notas:

  1. Sobre esta evolución pueden consultarse los trabajos de Eco (1984) y Cacciari (1991).

  2. Cfr.Ortony 1979; Indurkhya 1992; Radman 1995. La búsqueda de una respuesta a qué es metáfora encuentra una contestación satisfactoria cuando esa pregunta se sitúa en un ámbito cognitivo.

  3. Esta escisión de la razón es la que caracteriza la racionalidad de la modernidad como señala Inciarte (1987). El paradigma de racionalidad ha sido durante largo tiempo el de racionalidad científica y el reconocimiento de la función de la metáfora en la ciencia viene a ampliar el mismo concepto de racionalidad. Ya no se trata de no aplicar la racionalidad científica a todos los ámbitos sino de demostrar que la 'supuesta racionalidad científica' no se guía del todo según los principios que establece y que la metáfora es un recurso activo en todos los planos de la investigación científica. Por eso, la cuestión de qué es la metáfora, se encuentra vinculada a la idea de racionalidad.

  4. Sobre esta pluralidad de sentidos que admite el término 'intuición' tanto en el sentido que ha sido expuesto por la filosofía como en el asignado por los científicos cfr. M. Bunge (1986). La metáfora emula esta misma pluralidad.

  5. Johnson (1982) y Van Noppen (1990) ilustran esta evolución hacia el constructivismo. Ricoeur (1980) las denomina explicación 'nominal' y explicación 'genética'. Las teorías clásicas serían válidas al señalar el aspecto formal que caracteriza la metáfora, que se centraría en la idea de desviación y, en ese sentido, no habría una evolución respecto a los enfoques actuales.

  6. Sobre las principales teorías de la metáfora puede consultarse Mooij 1976; Searle 1979; Scheffler 1979; MacCormac 1985; Kittay 1987; Hausman 1989; Cooper 1989; Way 1991; Samaniego 1996.

  7. "Sería más ilustrativo decir que en tales casos la metáfora crea la similitud" (Black 1966, 37).

  8. A ella pueden añadirse las críticas de Heidegger y Derrida.

  9. M. Johnson y R.G. Malgady (1980) relacionan la investigación sobre los tipos de procesamiento con la metáfora. Sobre la relación entre procesos verbales y preverbales cfr. Beck (1991). Hoffman (1984) señala que los experimentos sugieren que el nivel más profundo de pensamiento, psicológicamente, no es ni lingüístico ni perceptual-imaginativo, sino algo abstracto, con la metáfora mediando entre las imágenes y los conceptos.

  10. Cfr. Turbayne 1974; Pacho 1997; Sternberg 1997.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

© Margarita Vega Rodríguez 1998
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/m_vega.html