Entrevista:

Marta Rivera
de la Cruz

"El mundo es un vivero
de historias increíbles,
pero hay que pararse
a reflexionar"


Susana Pajares Tosca
spajares@eucmos.sim.ucm.es
Dpto. Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid



Marta Rivera acaba de ver publicada su primera novela larga "Que veinte años no es nada", ganadora del Premio Ateneo Joven 1998.

La entrevista es una charla más amistosa que formal. Marta está muy contenta y logra transmitirnos su alegría por el Premio y la publicación de la novela.

SP- "Que veinte años no es nada" es una línea de un tango. ¿Te sabes el resto?

MR- Sí. "Volver con la frente marchita. Las nieves del tiempo platean la sien. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra." Me gustan mucho los tangos.

SP- Aparte de que veinte son los años de diferencia entre las edades de los personajes protagonistas de la novela, ¿hay otra razón para titularla con la línea de un tango?

MR- La novela es también en parte un homenaje a la cultura hispanoaméricana, en la que el tango, el bolero, etc. tienen una importancia fundamental.

SP- Has escrito una novela de amor que no es una novela romántica...

MR- Yo creo que no. Aunque el tipo de amor que aparece en la novela sí sea parecido al amor cortés, el amor imposible que se sublima en platonismo puro. Pero no es una novela romántica porque desde el primer momento la protagonista tiene muy claro que su amor es un amor imposible, entonces tampoco estira demasiado de ese chicle en el que podía convertirse la novela.

SP- Además de la historia de amor, la novela trata de una comunidad: la ciudad de Ribanova. ¿Has querido que ambas cosas tuvieran igual peso?

MR- Realmente quise escribir una historia de amor. Pero Ribanova se me fue de las manos. Fui consciente de lo que estaba pasando con la novela cuando llevaba ya escritas más de cien páginas: que Ribanova se estaba comiendo la historia de amor. Salió así y me parece bien, no fue buscado.

SP- Haces gala de una visión muy aguda sobre lo que es una pequeña ciudad de provincias, ¿qué es lo que te interesa de este tipo de comunidades humanas?

MR- He vivido dieciocho años en una ciudad de provincias, concretamente en Lugo. Cuando después vas a una ciudad grande como Madrid donde las relaciones humanas se vertebran de una forma completamente distinta, empiezas a entender los mecanismos que mueven a la gente. Yo para entender Lugo me tuve que marchar de Lugo. Todo el mundo se conoce y todo el mundo juzga a todo el mundo, lo cual es una carga terrible que no se puede imaginar alguien que haya vivido siempre en una gran ciudad. En una ciudad pequeña todo el mundo es célebre aunque sea alguien sin importancia, se puede hacer famoso un zapatero o un músico de la banda municipal. En una ciudad grande no, porque lo que manda es el dinero y así se articula la vida social. Lo más interesante de la ciudad de provincias es la red de relaciones que se establece.

SP- Da la impresión de que en Ribanova el sentimiento de pertenencia a la comunidad es muy fuerte, cosa que en una ciudad grande se diluye bastante.

MR- En la ciudad grande no hay comunidad. Cada uno tiene un círculo de relaciones bastante pequeño, no sé, la universidad, la oficina... En la ciudad de provincias la red se amplia mucho más, entre otras cosas porque si un banquero se relaciona sólo con los de su gremio no hay más que cuatro, es un ejemplo. Tiene que ir más allá.

SP- ¿Qué papel juega esto en la constitución de la identidad personal?

MR- Hay momentos en los que puede ser tremendo. Yo concretamente pertenezco a una "saga" de periodistas, aunque suena rimbombante: mi abuelo trabajó en periodismo durante más de cincuenta años, mi padre es periodista y yo también. Durante un tiempo para mí fue un lastre, porque todo lo que yo hacía se comparaba con ellos, se preguntan si lo que haces lo haces bien porque sabes o porque te ayudan. En Madrid esto no se lo plantea nadie. Ahora ya no me importa, y estoy muy orgullosa de pertenecer a una familia donde ser periodista no es un drama. A otra gente le parece peor que si los hijos deciden ser trapecistas... Pero el peso de la ciudad pequeña no se lo quita uno de encima hasta que no madura mucho.

SP- Precisamente, al leer tu novela tuve la sensación de que la había escrito alguien mucho mayor, por un lado debido a la sabiduría sobre el corazón humano, y por otro debido al estilo maduro y de sintaxis bastante elaborada. Así no vas a poder entrar en el grupo de "escritores jóvenes y modernos".

MR- Tampoco tengo interés en que se me considere dentro de ningún grupo. Además, como dice un personaje de la novela, la edad es solamente la excusa que nos damos a nosotros mismos para no hacer cosas que no podemos hacer o que no nos atrevemos a hacer. Lo de los grupos generacionales dictados por la edad no tiene mucho sentido. Por otra parte no estoy haciendo nada parecido a lo que ha hecho esa llamada generación joven de los "novísimos", gente como Mañas, Ray Loriga o Lucía Etxebarría.

SP- ¿No estás a la moda?

MR- No. Soy un arcaismo completo.

SP- ¿Qué opinión te merece la literatura española actual?

MR- Hay una literatura española buena y sólida. Ha habido una generación de escritores que han empezado a publicar bastante tarde, como Luis Landero o Muñoz Molina, que han elaborado mucho su estilo y su trabajo antes de salir a la luz. Estos escritores son muy sólidos, no sé: Julio Llamazares, Juan José Millás, Javier Marías, que aunque empezó joven ya era un escritor maduro. Entre los jóvenes mi favorito es Juan Manuel de Prada, sin duda el mejor escritor de su generación. Es fabuloso, con unos registros increíbles y un bagaje de lecturas detrás impresionante, es increíble que alguien con veinticinco años escribiese "Las máscaras del héroe". También me gusta mucho Belén Gopegui.

MR- Volviendo a la novela, ¿dónde está Ribanova?

SP- Ribanova está en Lugo, pero también ha salido así. Cuando empecé a crear el espacio de esta primera novela larga fui recurriendo inconscientemente a una geografía conocida, a lo mejor porque no estaba preparada para inventarla. Cuando ya tenía mi plano mental de Ribanova me dí cuenta de que la Plaza Mayor estaba en el mismo sitio que la de Lugo, que el Casino está donde está en Lugo el Círculo de Bellas Artes, la alameda donde la alameda..., y entonces ya me resigné, puse la muralla, la catedral y la librería de la Plaza Mayor.

SP - Así nos lo pones fácil a los lectores fetichistas para hacer recorridos turísticos dentro de unos años.

MR- Sí, van a pensar que es un acuerdo con la Consejería de Turismo del Ayuntamiento.

SP- ¿Por qué no acabamos de saber cuándo sucede la historia? ¿Por qué dejas el tiempo tan confuso?

MR- Ahí sí puse mucho interés. Me interesaba contar una historia que pudiera pasar en cualquier tiempo, ahora o hace cincuenta años. Es un tiempo que deliberadamente no existe. Hay detalles concretos anacrónicos, porque aparece Borges, se dice que por Ribanova pasa Malraux después de la guerra civil... Creo que ajustar una novela temporalmente es muy difícil, a lo mejor tampoco estaba preparada para esto.

SP- Quieres mucho a tus personajes, ¿verdad?

MR- Totalmente. Me iba dando cuenta al escribir que les cogía cariño, que me identificaba con ellos. Llegó un momento en que quería que un personaje muriera, no voy a decir cuál es, y no pude. El único que muere es al principio, y es uno de noventa y tantos años al que parece que no le quedaba otra. No tuve corazón para matar a ninguno.

SP- Como has dicho antes, la red que une a los personajes de Ribanova es tremenda, y los conecta en las situaciones más inverosímiles. ¿Te hiciste primero un esquema a modo de red con todos los puntos de unión?

MR- No, fue surgiendo. La red de relaciones le parece complicada a alguien que no haya vivido en provincias. En Lugo hablo con una persona desconocida, pero resulta que a los cinco minutos sé que fue novio de una prima mía, que su padre trabajó con mi tío que a la vez conocía al sobrino... Esto parece muy elaborado pero es así.

SP- El método de trabajo es entonces más espontáneo. Tampoco te hiciste fichas con la multitud de personajes...

MR- No hubo preparación de ese tipo, soy mucho más desordenada. Lo más parecido a un esquema fue una lista de acontecimientos que quería que fueran pasando, y ocupaba media página.

SP- Vas engarzando las pequeñas historias como una Scherezade que intentase entrenernos por alguna razón. ¿Por qué cuentas historias?

MR- Creo que se ha perdido la tradición de contar cuentos. Por suerte a mí me contaron muchísimos cuentos de pequeña, de hecho aprendí a leer para poder leer cuentos. Entonces pensaba que aquello de leer sólo lo podían hacer otros, los adultos, yo no, hasta que un día mi abuela dijo: "ahora cuando aprendas a leer, te los lees tú". Y fue una revelación. A mí en el colegio me enseñaron a leer a los tres años, y fue por aburrimiento, porque siempre estaba preguntando: "¿aquí qué pone?"
En la literatura también se tiende a contar cada vez menos cosas. Se cuenta una cosa muy bien, se desgrana, pero el fondo de la historia es muy simple. A mí me interesaba lo contrario: contar muchas cosas, aunque el estilo no sea nada del otro mundo. No he hecho ningún experimento estilístico con esta novela, pero yo creo que la novela puede gustar a la gente porque a todos nos gusta que nos cuenten historias.

SP- ¿Crees que detrás de cada hombre hay una historia que merece ser contada?

MR- Estoy segura de que si la gente se decidiera a prestar más atención a las cosas y a contarlas nos impresionaríamos. El ochenta por ciento de las cosas que cuento en la novela son verdad, cosas que pasaron en mi familia, me las contaron, o son acontecimientos históricos. Por ejemplo, el chico ciego cuya obsesión es no poder imaginarse el agua corriendo, eso es una historia de mi abuela, de un chico que ella conoció. Pues de ahí ya saldría una novela entera. O mi abuelo, que nació en Ceuta y llegó a Lugo a los cuatro años con el choque que supone pasar de una cultura casi árabe a una cristiana norteña. A Lugo empezaban a llegar las películas de Carlos Gardel, y mi abuelo había hablado con Carlos Gardel en el casino de Oficiales en Ceuta porque su padre era militar. Gardel era un mito que no nos podemos imaginar en esta cultura de la televisión, ¡y mi abuelo-niño había hablado con él!
Mi familia es muy numerosa, y tengo cientos de historias pequeñas fabulosas, a través cotidianas y maravillosas. El mundo es un vivero de historias increíbles, pero hay que pararse a reflexionar.

SP- ¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?

MR- Surgió de una imagen. Hace cinco años fui por primera vez a Londres. Una tarde ya casi noche llovía un poco y yo paseaba. En una casa victoriana muy bonita completamente a oscuras había una ventana encendida, y en esa ventana se veía un hombre mayor que tenía algo en las manos, yo supuse que era un libro. El hombre miraba la calle pero no creo que pudiera verme porque estaba oscuro. Me dio la impresión de que aquel hombre estaba muy solo, y me quedé un rato larguísimo mirándole. Esa imagen me persiguió mucho tiempo, pero yo la veía desde fuera, es decir, una chica joven que desde la calle mira a un hombre mayor. Y esa es la imagen que en la novela hace arrancar la historia de amor.

SP- Eres una cuentista muy gallega en el mejor sentido, pero en esta novela también se detectan aires latinoamericanos. ¿Cuáles son los autores que más te han influido?

MR- Mi gran deuda es con García Márquez, porque es el autor que más he leído y estudiado. Después gente como Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz... Y en la novela hay una gran deuda pagada con Borges, muchos guiños a los conocedores de Borges, incluso con versos enteros. A Borges se le conoce mucho como cuentista, ensayista y pensador, pero a mí me interesa mucho su poesía, que es lo que aparece en la novela.

SP- ¿Por eso el protagonista es argentino?

MR- Sí. Pero también me interesaba incluir en esta sociedad a una persona absolutamente ajena a ella. En una ciudad española lo mejor era alguien de Latinoamérica, por la facilidad del idioma que le permite integrarse rápidamente. Admiro muchísimo la cultura latinoamericana, y creo que nos queda mucho que aprender de ella a los castellanos.

SP- Has dicho "nosotros los castellanos", ¿no eres independentista? ¿No escribes en gallego?

MR- No soy independentista. Escribo algo en gallego, sobre todo para una revista en la que hago las páginas en gallego. He hecho artículos, he trabajado en la televisión gallega... Pero literatura en gallego no hago, es mi segunda lengua materna. Desconfío de la idea del bilingüismo total a la hora de escribir, a mí escribir en gallego no me sale, aunque no tengo que traducir. De todas formas, creo que de todas las "comunidades históricas" somos los que mejor nos hemos sabido integrar en todas partes sin hacer de nuestra tierra un estandarte para imponerlo a nadie.

SP- ¿Qué salud tiene la literatura gallega?

MR- Ahora hay una buena hornada de escritores gallegos, como Suso de Toro, Manolo Rivas, Xavier Alcalá, Borrazás, García Trigo... Hay gente muy buena, pero al escribir en una lengua que sólo se habla en una comunidad tienen menos público. Aunque fíjate, el último libro de Manolo Rivas, "O lapiz do carpinteiro", ha vendido 14.000 ejemplares el primer mes sólo en Galicia. Es decir, en Galicia la gente está leyendo, y espero que vaya a más.

SP- Otro rasgo, a lo mejor gallego, es el equilibrio entre el humor con que cuentas las historias de los personajes y la mesura en las situaciones tristes, ¿es difícil no oscilar hacia el chiste o el melodrama?

MR- Yo es que soy muy así. En mi familia decimos que no hay drama sin comedia. Una vez oí una frase genial, no sé de quién, que decía: "la comedia es la tragedia más tiempo". Creo que hasta las situaciones más desesperadas tienen un momento que mueve a la sonrisa, un momento en el que piensas "y ahora encima me pasa esto, y aunque estoy muy triste tengo que reconocer que tiene gracia."

SP- Después de haber escrito un universo tan logrado en Ribanova, ¿vas a seguir situando allí tus próximas obras?

MR- Ribanova volverá a aparecer, pero todavía no. En la obra que estoy escribiendo ahora no quiero que aparezca, y si aparece que sea sólo una referencia. Ya había salido en un cuento mío, pero en lo que hago ahora no tiene nada que ver.

SP- ¿Te atreverás con el ambiente urbano de una gran ciudad?

MR- De momento no. Me gustaría muchísimo, pero ahora mismo Madrid se me escapa. A lo mejor tendría que empezar por un universo de barrio. Para hacer bien algo así hay que ser muy bueno, y hacer un "Manhattan Transfer", un "Octubre, Octubre" está más allá de mis posibilidades.

SP- El escritor de tu novela consigue ganar el premio cuando deja de estar obsesionado por él. Tú has ganado un premio importante como el Ateneo Joven, y antes habías ganado el J&B de novela, además de otros concursos menores. ¿De qué te han servido a ti estos premios?

MR- El J&B me supuso una beca para estar un trimestre académico en la Universidad de Oxford, que fue una experiencia maravillosa de la que saqué material muy interesante para mi tesis doctoral y además grandes amigos. Pero sobre todo fue un acicate para seguir escribiendo. Porque uno pierde la perspectiva sobre las cosas que hace cuando le ha costado noches y días de trabajo, y entonces no sabe si está bien de verdad. Cuando un jurado competente reconoce tu trabajo te sientes estupendamente.
El Ateneo supone la publicación del libro, que es lo mejor que me podía pasar, y la ayuda económica que también me viene muy bien. Y sobre todo que es una editorial consolidada que va a promocionar el libro, lo cual quiere decir que la obra va a tener la oportunidad de llegar a la gente. Luego gustará o no, pero al menos no faltarán los medios para que la gente lo lea, que fue para lo que se escribió.

SP- ¿Qué es para ti el contacto con los lectores?

MR- Es importantísimo. Cuando le das a alguien una cosa que has escrito sabes que vas a ocupar una parte de su tiempo, por eso nunca doy la paliza a mis amigos a no ser que ellos me pidan las cosas. Pero cuando las han leído me gusta que me critiquen, me pregunten, me digan lo que no se entiende... Ahora mismo estoy aterrorizada por lo que vaya a pensar la gente de la novela o lo que vayan a decir los críticos si los hay.

SP- Volviendo al asunto de los premios, en España parece ser el único modo de publicar algo para los escritores noveles.

MR- La literatura es un negocio, y hay mucha gente que vive de esto, así que hay que hacer dinero. Para vender un libro no basta que sea bueno, hay que hacer una buena y carísima campaña de promoción, de distribución... Apostar por la gente nueva es muy caro, y la única forma es a través de los premios. Mi novela hubiera pasado desapercibida de no publicarse gracias a este premio.

SP- ¿Es verdad que estos premios están muchas veces dados?

MR- Sí, y lo sabemos todos. No voy a dar nombres, pero hay un par de premios a los que no se me ocurriría presentarme. El Ateneo no estaba dado, la prueba es que yo me enteré dieciséis horas después de que se hiciera público en Radio Popular. Lo oyeron mis padres y me llamaron a la playa. Más inocente no podía haber sido la historia.

SP- Pues enhorabuena por el premio y gracias por la entrevista.


© Susana Pajares Tosca 1998
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid


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