Estudios literarios/Teoría literaria

Miguel Herráez

La estrategia
de la postmodernidad
en Eduardo Mendoza

    

Contenido:

    Prólogo.
    Nota previa al status quaestiontis.
  1. Los diversos discursos de la ruptura. Situación de la novela española en 1962. Luis Martín-Santos, Mario Vargas Llosa y la irrupción de los narradores latinoamericanos. El registro benetiano y la Generación del 68. División del relato.

  2. Las estrategias novelescas en Mendoza. El concepto histórico de la postmodernidad. La verdad sobre el caso Savolta (1975) y La ciudad de los prodigios (1986), dos paradigmas postmodernistas de la historia como recurso. El modelo postmoderno en Mendoza: la descreencia de lo real.

  3. Los «divertimentos». Por una descomposición paródica de la novela policíaca y picaresca: El misterio de la cripta embrujada (1979) y El laberinto de las aceitunas (1982).

  4. El relato folletinesco: lo melodramático. El año del diluvio (1992).

  5. Tres novelas desclasificadas: La isla inaudita (1989), Sin noticias de Gurb (1991) y Una comedia ligera (1996).

  6. Hacia un modelo de novela en Mendoza.
    Bibliografía.



La obra de Miguel Herráez puede tildarse de corpus en plena consolidación, al ser su autor un escritor que con su último libro culmina su participación en todos los géneros literarios a excepción del teatral, al cual por el momento no se siente inclinado. Herráez surgió en el mundo literario en el año 1977 con un libro de poemas, Elipsis, al que siguió, impulsado por el fervor de la poesía de Guillermo Carnero y el esteticismo de los Novísimos, Hipótesis de la razón y su silencio (1978). En 1982 se estrena en el género narrativo con Las claves de Trilby, libro que recogía varios cuentos publicados anteriormente en revistas tan reconocidas como Triunfo, Ínsula o Papeles de Son Armandans. En 1986 publica La tregua de los ángeles, nueva colección de relatos que asegura y testimonia el nacimiento de un nuevo escritor que lucha por hacerse un sitio en el disputadísimo panorama literario español, a pesar de que desde sus inicios Herráez había sido objeto de la mirada de importantes críticos como Jorge Rodríguez Padrón, Ángel Basanta, Sanz Villanueva, Carlos Meneses o Miguel Catalán, e incluso de algún traductor: recientemente algunos de sus cuentos se hallan en proceso de traducción al alemán.

La consolidación le llega de la mano de un nuevo reto que le encamina por los vericuetos de la novela negra: Click. A través de esta obra se puede leer entre líneas al Miguel Herráez hombre y al Herráez autor, pues es en el género negro donde confluyen algunas de las obsesiones que habían germinado en sus libros de cuentos anteriores: el cine de los años cuarenta, la novela americana y la descreencia de la vida cotidiana como configuración de unos valores sociales que se ponen en cuestión. A esta novela le sigue una nueva entrega de cuentos, Cada vez la muerte, en donde trabaja a la sombra del influjo cortazariano el tema de la muerte como constante vital del mundo aciago que nos acecha. En la actualidad, este autor tiene en prensa el epistolario de Blasco Ibáñez con el editor Francisco Sempere y un libro sobre el mismo Blasco, tituladoCartas de cine, que recoge su correspondencia en este campo y cuya edición crítica corre a cargo de Miguel Herráez y Rafael Ventura Melià.

Su último libro, La estrategia de la postmodernidad en Eduardo Mendoza supone el primer ensayo de Herráez que viene respaldado por la publicación de artículos anteriores sobre la caracterización de la novela española en revistas como Ínsula o Cuadernos Hispanoamericanos, así como por el galardón del Premio Internacional de Ensayo "Juan Gil-Albert". Por ello el hecho de que sea la primera entrega ensayística de este autor no debe echar hacia atrás a los lectores interesados, sobre todo teniendo en cuenta el elogioso prólogo de Germán Gullón que encabeza el estudio. La oportunidad del libro no podía satisfacer de mejor modo la curiosidad e interés de estudiosos y profesores que ven así cubierto un espacio que quedaba vacío entre los múltiples títulos que sobre la novela española actual se han publicado en los últimos años. Porque el libro de Herráez supone un rigurosa síntesis de las distintas tendencias que caracterizan el amplio espectro de la novelística española que caracteriza los años setenta, de modo que enlaza la singular obra de Eduardo Mendoza con la evolución del discurso novelístico que en España se desarrolla a partir de los años 50.

El libro parte con el propósito de aclarar el estado de la cuestión acerca de la encrucijada que forman los diferentes discursos narrativos que marcan la segunda mitad de este siglo en España bajo el membrete de "narrativa de postguerra". Las distintas modalidades que el discurso narrativo adquiere quedan clarificadas desde una nueva óptica crítica en las primeras páginas del libro. La pertinencia de este desgajamiento introducctorio queda justificado en tanto que las novelas de Eduardo Mendoza se codifican, para Herráez, mediante la conjugación del retorno a la anécdota tradicional, la construcción de una trama al estilo clásico, con las claves de una enunciación narrativa de enorme novedad: "Hablamos, en Mendoza, del final de un proceso cuyos márgenes vienen determinados por el origen de las diversas propuestas de ruptura que se anuncian y arraigan en los años sesenta". De este modo la narrativa de Eduardo Mendoza encajaría en el panorama novelístico español como un alejamiento de los modelos de la generación del 50 en la obra de escritores como Luis Martín Santos o Juan Benet, y el asimilamiento de las nuevas propuestas narrativas procedentes de los autores del "Boom" hispanoamericano con nombres como Cortázar, García Márquez, José Donoso o Vargas Llosa. Resulta por este motivo crucial el discurso de Eduardo Mendoza, ya que, como señala Gullón, "su trabajo nos ayudaría a las letras españolas a salir de la encrucijada, porque en cierta medida hará lo mismo que venían haciendo los hispanoamericanos, experimentar con los elementos de la ficción y al mismo tiempo acoplar los mensajes nuevos".

El tratamiento de lo histórico como cuestionamiento de los presupuestos sociales en vigencia es lo que le permite a este autor calificar la narrativa de Eduardo Mendoza como un discurso postmoderno, ya que el presupuesto del que arrancan relatos como La verdad sobre el caso Savolta muestran una nueva apreciación del discurso tradicional que modela la trama según el desenmascaramiento de una realidad que ha quedado desfasada ante la caída de los grandes ideales que no sirven ya de resorte explicativo de la realidad moderna que nos rodea. Por elloel cultivo de la historia tradicional, el regreso a la anécdota, la revitalización de las novedosas perspectivas y procedimientos narrativos, caracterizan, para Herráez, la novelística de Eduardo Mendoza, autor al que se propone como cabeza visible de la nuevas corrientes literarias que surgen en los años setenta y que configuran la postmodernidad.

Herráez considera que la descreencia de los valores absolutos es el rasgo que atraviesa todo el corpus narrativo de este novelista barcelonés que arranca con La verdad sobre el caso Savolta (1975) y que se cierra con Una comedia ligera (1996), novela que todavía estaba inédita en el momento de redacción de este ensayo y que su autor ha tenido el acierto de incluir con la intención de abarcar la totalidad de la narrativa de Mendoza.

Con la finalidad de agilizar el orden explicativo, Herráez clasifica el corpus comentado en tres focos esenciales: "la conceptualización histórica y el pastiche", con novelas como La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios; "los divertimentos y la parodia", que incluye El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas; y "el relato folletinesco y su traducción melodramática", en El año del diluvio. Aunque resulte discutible, Herráez opta por comentar fuera de esta clasificación las tres novelas sobrantes -La isla inaudita, Sin noticias de Gurb y Una comedia ligera-, basándose en el predominio de lo fictivo sobre el soporte argumental, cuestión, que para él desclasifica estos tres títulos del conjunto de su obra.

En definitiva, el texto de Herráez supone un gran avance en el estudio de la novela en España y, en concreto, en la profundización del análisis del corpus mendozino que permanecía hasta ahora carente de un detallado estudio que le hiciera justicia y que aproximara su obra a los estudios literarios. Hay detrás de esta exposición una reivindicación del nombre de Eduardo Mendoza y de su obra como una de las muestras más singulares y valiosas de la novela española de este último tercio de siglo, obra a la que Herráez rinde un ponderado homenaje con un libro caracterizado por la claridad de su exposición y por la inserción de un profundo conocimiento de la narrativa española de todo el S.XX y en especial de la nueva novela en Hispanoamérica, conocimiento que se complementa por una abundante bibliografía y copiosas y aclaratorias notas al pie que no interrumpen en absoluto el ritmo de lectura. A los valores del contenido del libro se aúna la nota literaria que procede de un autor consolidado en el molde narrativo y que domina un estilo, a veces excesivamente académico, pero, en general, ameno, con el que Herráez detalla y aclara las principales pautas que rigen las novelas de Mendoza. Herráez manifiesta una claridad de ideas poco frecuente en un primer ensayo, un ensayo en el que rehuye de la erudición superflua que podría estropear lo que es un amplio estudio que abarca de buen modo la totalidad de la obra del autor barcelonés. Obra, por tanto, recomendable no sólo a los estudiosos del tema tratado, sino también a los interesados en el nuevo panorama narrativo que caracteriza la segunda mitad de este siglo.

Luis Veres


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