Entrevista

Gustavo
Sáinz

hacia la novela
virtual

       

Gabriel Contreras



La suya es una de las historias personales más accidentadas de la literatura contemporánea mexicana.

Gustavo Sáinz, alguna vez director del departamento de literatura de Bellas Artes, hombre decisivo de las editoriales Joaquín Mortiz y Grijalbo, luego prácticamente expulsado del país por razones políticas y caprichosas, aprendió a transformar el infortunio en ventaja y ahora vive más allá de toda posible turbulencia urbana, en Bloomington, Indiana.

Su risa podría ser clasificada dentro de las más extrañas de nuestro ámbito literario. Y claro, no estoy diciendo que pele los dientes ni que genere escándalo, esto es otra cosa, esta es una risa muy discreta, una risa casi casi sin risa. Sus ojos, inconfundibles también, grandes y saltones, pestañas de árabe, ojos escondidos siempre detrás de unos pequeños círculos de vidrio. Aunque no debería dejar de tomarse en cuenta esa barba cada vez más blanca, su voz, tan débil y tan segura de sí misma. Esa voz que suele recorrer la historia de la literatura mexicana como Pedro por su casa.

Gustavo Sáinz aparece por estos días en México sin avisar, baja de un avion y listo, y de repente ya no está entre nosotros, ya está otra vez en Indiana, en compañía de sus dos hijos.

Gustavo Sáinz fue el primer escritor mexicano en armar una novela con el apoyo tecnológico de una computadora. Para conseguirlo acudió, en 1975, a la IBM México y logró que le prestaran un inmenso procesador, cuyas dimensiones son comparables a las de un dinosaurio bien alimentado. Así escribió Compadre Lobo. En 1978, logró comprar su propia computadora, con cintas de tres pulgadas, el ancho de una Chevrolet 56 y un costo de catorce mil dólares (sin contar impuestos). Gustavo Sáinz iba hacia adelante. Jamás regresó a la máquina de escribir.

En noviembre próximo aparecerá la novela más reciente de este mexicano pionero de la escritura vía pantalla, en cuyas páginas se mezclan la enseñanza universitaria, el internet, el amor y la vejez.

Pero por lo pronto, Gustavo Sáinz está en Monterrey. Sáinz intuye que el mundo es de los que madrugan. Por eso recorre los pasillos de Cintermex desde el viernes, cuando todavía hay muchas manos ocupadas en acomodar libros y levantar stands. La Feria del Libro será inaugurada el sábado, pero Sáinz la disfruta por adelantado.

Y de pronto ya no está ahí, sino en el lobby del hotel, bien cómodo en un sillón azul, admirando el manejo de la luz natural que el arquitecto impuso a esta construcción.

Desde hace años vive en Indiana, dedicado a la escritura y a la enseñanza.

Mi labor consiste en acercarme a la literatura mexicana. Eso me ha permitido visitar una y otra vez precisamente las líneas que yo quiero leer. Para el curso del próximo semestre, nada menos, he preparado una visión de la evolución de nuestra prosa narrativaa lo largo del siglo veinte, desde Martín Luis Guzmán hasta Elena Garro, pasando por Revueltas, José Emilio Pacheco, José Agustín... Así que mi trabajo es un placer.

Para referirse al momento actual de la difusión de la literatura mexicana ante el público norteamericano, subraya la importancia del trabajo de Laura Esquivel.

—Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, es una novela que marcó un momento realmente importante para nuestras letras en los Estados Unidos y en el mundo. Ese libro se vendió tanto en inglés, que los editores anglos lanzaron una edición en español, algo inusitado... Y a raiz del éxito de esa novela en Norteamérica, muchísimos escritores de habla hispana fuimos mejor aceptados y mejor pagados... Ahora ya se puede conseguir, por ejemplo, una novela mía, publicada por Plaza y Janés, en Montana, donde antes era prácticamente imposible acceder a cualquier texto literario en español... Ahora, también hay que tomar en cuenta los libros mexicanos que han sido vertidos al inglés, como son lo casos de Rulfo, Fuentes, Arreola, Elena Garro... Aunque donde sí existe un interés creciente es en el estudio académico, el estudio universitario de la literatura mexicana. Cada día se precisan más y más maestros de literatura mexicana en los Estados Unidos. Ese puesto, en 1980, no existía, y ahora sufre de un crecimiento notable... Ahora, los estudiantes de Comercio Exterior, Medicina, Leyes, necesitan de una lengua extranjera, y esa lengua suele ser el español...

El caso de Gustavo Sáinz fue beneficiado por el fenómeno Esquivel de manera contundente.

A mí, antes de la publicación de la novela de Laura, me pagaban tres mil dólares como adelanto por una novela traducida al inglés, y ahora me dan hasta un cuarto de millón. Naturalmente, a Laura le pagan mucho más... millones...

Más allá de su versión fílmica, dirigida por Alfonso Arau, la novela Como agua para chocolate goza de un especial valor artístico, según Gustavo Sáinz.

—Hay gente que la desprecia, porque siempre hay y siempre habrá gente envidiosa. Pero yo, que además fui el que le recomendó al editor, Homero Gayosso, que la publicara en Planeta, aunque jamás me imaginé que llegaría a tener un éxito tan brutal... Puedo decir, ahora, a la distancia, que esa novela tocó fibras que muchos escritores mexicanos no habíamos logrado alcanzar, ni siquiera habíamos intuido o sospechado. Se trata de una novela de la educación, una novela de la mujer, un cuento de hadas, una historia fantástica, y además una obra llena de aciertos y méritos. La novela Como agua para chocolate colocó al escritor mexicano a la altura de cualquier escritor en los Estados Unidos, en Japón, en Alemania, en todas partes.

La ley del amor, segunda novela de Laura Esquivel, ofrece, según Gustavo Sáinz, grandes valores al lector.

Ella no repite fórmulas. No es como Isabel Allende, que cada vez hace lo mismo, pero peor... Laura Esquivel, por cierto, me recuerda mucho el caso de Carlos Fuentes, que de una novela a otra ensaya nuevos mecanismos, nuevas voces, nuevas estructuras... Ni Laura ni Fuentes caen en ese vicio que tiene, por ejemplo, Guadalupe Loaeza, el vicio de escribir siempre lo mismo. Será muy chistosa Loaeza, pero siempre escribe igual.

En estos días, Gustavo Sáinz está por dar a conocer una novela en cuya trama se mezclan el amor y las computadoras. La ha llamado La novela virtual y aparecerá dentro de dos meses.

—Los protagonistas son un profesor de cincuenta y nueve años y una muchacha de veinte. Se enamoran por correo electrónico. El está en una Universidad y ella en otra. La novela termina cuando se encuentran frente a frente por primera vez...

Para Gustavo Sáinz, en Bloomington, no existe la posibilidad de la nostalgia.

—Leo Proceso, La Jornada, Siempre... Todos los días, antes de irme a trabajar, leo la prensa de México, Chile, Argentina, España, todo por internet... Entiendo que la guerra sucia puso de moda otra vez a la nostalgia y a la melancolía, pero uno va aprendiendo cosas,,, Yo he aprendido, por ejemplo, a cocinar, así que no extraño el mole, ni los tacos, ni los sopes... Si quiero averiguar algo sobre un escritor mexicano, pues le hablo por teléfono o le envío un correo electrónico y listo... La verdad, yo vivo donde vivo, pero no me siento lejos de México, claro que no...


© Gabriel Contreras 1998
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid


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