Creación/Memorias


Ricardo Bellveser

Julia en julio,
Madrid: Huerga & Fierro, 1998.


Tras dar a las prensas su primera antología poética, La memoria simétrica, y obtener con ella el Premio de la Crítica Literaria Valenciana de 1996, Ricardo Bellveser publica ahora su quinto poemario, Julia en julio, sin duda el más maduro y acabado de la serie, aquel donde culminan los caminos más atinados de entre todos los que se emprendieron en entregas anteriores.

Constituye el pórtico al cuerpo central del volumen un grupo de tres poemas de inteligencia propedéutica sobre el dolor, el cuerpo (cualquier cosa menos espejo del alma) y la envidia; ellos dan pie a las cuatro partes del libro delimitadas temáticamente: "Julia en Julio", "De Profundis", "El espacio del recuerdo" y "Y el Mediterráneo". Estos cuatro bloques hacen converger primero la experiencia particular en torno a la figura de Julia y luego la biselan hacia la experiencia de toda la humanidad. El tránsito se realiza suave, casi insensiblemente, hasta desembocar en el mar del origen y el final.

Lo primero que cabe decir en honor a este libro es que las emociones y sentimientos que pone sobre la mesa se leen como verdad, y que esa verdad vivida se transfigura en poema mediante una clasicización apenas perceptible que nos retrotrae a las centellas significantes de Góngora y a la reflexión moral de Quevedo: no otra cosa —ni la seriación ni el escolasticismo— admitía el material palpitante de estos fragmentos de vida.

Vuelven los viejos temas y atmósferas de Bellveser, pero, por decirlo así, sustancialmente enriquecidos por esa combinación de perspectiva estética y reflexión moral a que llamamos experiencia de la vida. Es la experiencia de la vida la que ha convertido esos temas bellveserianos en materia de reflexión universal y los ha alejado de la anécdota del nombre propio: nos referimos a la superioridad existencial de la noche sobre el día ("la noche es el día sin antifaz") y del pecado sobre la virtud ("Qué triste vida la de quien no posea / al menos algo oculto, un sueño, / una realidad, un odio, un pecado"), a la misión salvífica del principio femenino, al poder enaltecedor de la envidia, a la denuncia del yo disociado, a la tentación del desistimiento, al sarcasmo de la historia y al culto a la intensidad vital.

La autoridad de Julia en julio va a redibujar a partir de ahora, sin remedio, el pasado poético de Ricardo Bellveser, y a dividirlo en dos etapas ya cristalizadas: la primera etapa viene compuesta por sus tres primeros poemarios (Cuerpo a cuerpo, La estrategia y Manuales), con vetas de oro puro amenazadas por gangas de culturalismo y pedagogía, la segunda etapa por los dos últimos (Cautivo y desarmado y Julia en julio), que son los que marcan el camino con su desgarradura moral y su despojamiento estético, con su eficacia sintáctica y su liquidación de toda autocomplacencia. La evolución experimentada por las composiciones de la segunda etapa en la poesía de Ricardo Bellveser presenta una notable semejanza con la idea del progreso espiritual apuntada por Goethe: según esa idea, el progreso asume menos la forma de una línea recta que la de una espiral. La energía y la reflexión vivían ya en los tres primeros libros, pero vuelven ahora en sus mejores poemas (Dolor, El don irremediable de la noche, Antes del silencio, Homenaje sin imprompu...) con la forma de una espiral que dibuja la superación del punto de partida y, a la vez, de su opuesto. Retornando por arriba al área temática de influencia de uno y otro, la energía y la reflexión actuales muestran un aire nuevo representado a la perfección por la metáfora geométrica de Goethe. Como otros poetas de la más reciente historia literaria, Bellveser ha accedido a la espira superior de una lenta, trabajosa huida del punto originario. Que esa figura de su progreso se acelere ahora depende en mucho del próximo paso. Intuyo (tengo fe en) que no habremos de esperar demasiado.

 

MIGUEL CATALÁN


El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/bellvese.html


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