Creación/Memorias

Camilo José Cela

Historias
familiares

        

Colección de historias inéditas redactadas por el escritor Nobel en Palma, entre los años 1971 y 1975, y que ahora ofrece la colección "O vencello catoirán" de los editores Macià y Nubiola, tras la cuidada revisión y puesta a punto de Cela. Al modo en que Antonio de Guevara compuso sus Epístolas, plagadas de autoridades y fabulosos hechos supuestamente probados, o Borges trabajó en sus cuentos apertrechado en la cita de sus enciclopedias fantásticas, Camilo José Cela, realiza en este libro una deliciosa parodia del método histórico, aplicado esta vez a referir la historia mínima, no por ello insignificante, pues como declara el autor: "La gente olvida que la suma de todas las historias parciales constituye el monumento ingente de la historia patria". Por esta razón, las historias familiares de Cela tienen el sabor y la estructura de los viejos papelotes, crónicas antiguas, expedientes de limpieza de sangre y hasta de los legajos judiciales, en que los que se ofrece el caso, con el detalle de fecha, emplazamiento y pormenores del hecho singular caracterizador de los personajes.

Como es evidente, y por mucho que el narrador (el mismo Cela) proteste su verosimilitud (1), estos cuentos no se inspiran más que remotamente en sucesos reales. Caracteriza a los personajes y situaciones presentadas por el escritor en este libro, la desmesura, la exageración hiperbólica hasta la caricatura de las cualidades morales y físicas (más bien estas últimas), la deshumanización de unas figurillas quasi folklóricas, peleles, muñecos de trapo o de cartón, autómatas de la cerrilidad y el tradicionalismo (2). Un mundo poblado, en resumidas cuentas, de esperpentos valleinclanescos, fondo de inspiración en que también se reflejaba la familia de Pascual Duarte. Porque si no son de Cela, ¿a qué parientes se está refiriendo el narrador? ¿Tal vez a los del difunto Pascual? Sin embargo, aunque algunos de sus tipos conocen la cárcel y el ajusticiamiento, generalmente el desgraciado fin de los personajes de las Historias familiares lo proporciona el azar, maligno y aciago, vulgarmente, la mala suerte del aojado, o del tonto, imposible tránsfuga de su destino.

En algunos casos estas narraciones siguen la estructura típica del cuento, fijación de la anécdota y desenlace ingenioso o sorprendente, como en el relato del primo Amedio, muerto en un naufragio, o del hermano, Baltasar Cela, al fin, estricto cumplidor de los vaticinios de la abuela (3), o de la tía Micaela, atragantada con el emplaste de su dentadura postiza y el mazapán navideño, o de Socorrito asfixiada en su caucholín nuevo. También el estilo narrativo se acerca por momentos al modo de la narración folklórica, por el recurso constante al paralelismo, la reiteración, la glosa de la obviedad (4), la repetición en el discurso directo de lo indirectamente narrado (5), e incluso el epimitio (6), notas que favorecen la caracterización de unos personajes grotescos, elementales y absurdos (7).

En efecto, hay en este libro mucha verborrea premeditada, mucho jugar alegre y libremente con el lenguaje, mucha digresión por el mero placer de apartarse del tema, que se manifiesta en las abundantísimas enumeraciones, en el estilo formulaico y reiterativo, en los grotescos antropónimos y pseudónimos. El narrador se divierte corrigiéndose a sí mismo, y puntualizando sus afirmaciones, como si alternasen el cuento dos relatores distintos, el apresurado y el parco, el puntilloso y el cínico(8), o más bien, como si el autor dialogase con su pluma al estilo de Justina, la pícara del Licenciado Ubeda, siempre dispuesta a discutirle la figura retórica o el asunto argumental (9). De todas formas, parece como si esta posibilidad, en los primeros relatos casi imperceptible, hubiera ido tomando cuerpo con el curso y la relectura de las narraciones, hasta el punto de que en "Interregno" construye un verdadero hipertexto, glosa o diccionario continuo. Por ese talante jocoso y chocarrero incorpora Cela también la paráfrasis de los lugares literarios (de la novela sentimental en el relato de "Pablo y Virginia" (10), o de los cuentos populares en el cuento titulado "Una fiesta hogareña" (11), o del relato épico al trasladar situaciones infames al marco heroico como en el cuento de Xertrudiñas (12). Como es lógico, el ir y venir, jocosamente por los tópicos de los géneros literarios (13) produce la intercalación de frases tópicas y altisonantes con la expresión coloquial, desengañada y soez produciendo un combinado de cultismos, coloquialismos, jerga, inconfundiblemente celiano (14).

El lenguaje es, sin duda, preciosista, tanto en la selección de vocablos como en la construcción de estilo. Se utiliza la enumeración, como recurso intensificatorio, y deshumanizador de los personajes, que emplaza en el mismo registro asuntos de distinto valor, muchas veces por el sólo placer de amontonar palabras que golpean su rima contra la anterior (15). Introduce la ironía, el contraste, la paradoja, repite Cela los catálogos característicos de la poliantea (16) y se deja ver erudito y apasionado de los diccionarios -que maneja virtuosamente- en el vocabulario castizo, patrimonial y hasta arcaico. Juega el escritor malabarmente con el eufemismo erótico "a modo", como lo había hecho en Pascual Duarte, y se pronuncia irónico (17) en todas las páginas de esta colección de cuentos.

En definitiva, todas las notas características de Cela se dan cita en estas páginas, su obsesión por lo escatológico (18) y morboso, la deformación animalística de sus personajes, su predilección por situaciones límite que rozan la marginalidad o el delito, la descripción cruda y degradada de la persona, especialmente la mujer, a la que se añade aquí, la burla de los finos, que remedan un lenguaje que no poseen, y ni siquiera entienden, y el cromatismo de los usos y costumbres del país natal, la Galicia. Y también, a excepción de una amarga diatriba contra la familia (19), gran atención a la forma y rechazo del fondo, de la tesis. El gran mural que dibujan estas criaturillas resulta una proposición ideológica suficiente.

Por último, quisiera, sobre todo, destacar de estos cuentos, la habilidad de Cela para conceder dinamismo dramático a su narración. En efecto, por obra del narrador o presentador de las escenas, las criaturas celianas cobran movimiento y dejan oír sus disparatados discursos (20), o bien, logran implicar al lector sutilmente, haciéndole copartícipe de ciertos conocimientos, ya desde el primer cuento, cuando se apunta irónicamente: "mi primo Amedio, después de dar muchas vueltas por tierra firme, murió en la mar" (p.7), junto a la isla de Boeiro, que como el lector conoce, está al sur de la de San Martiño que es "de las dos Cíes, es la de abajo" (p.7)


Pilar Vega Rodríguez
Filología Española III - UCM


Notas:

  1. "Mi tío Adrián, que es muy perlático e inflagaitas, me amenaza con llevarme al juzgado si no suspendo la publicación de mis historias familiares. No me dan ningún miedo y, para demostrárselo, declaro lo que sigue. Tío Adrián: lléveme usted a donde quiera, que a mí tanto me da; a quien no le va a dar lo mismo es a usted porque le juro que, si el juez me empapela, le he de arrimar semejante tunda que no va a levantar usted cabeza en su vida. Nuestra familiar, quiero decir la familia suya y mía, no es más suya que mía; en consecuencia, con ella hago lo que me da la gana, y las reclamaciones, tío, al maestro armero que es de Chantada ¿Usted me entiende?" (El segundo matrimonio de mi abuelita), p.47

  2. "Es muy triste y doloroso esto de que a uno se le mueran las tías pero hay que aguantarse y acatar con resignación los designios de la Divina Providencia. ¿Qué a uno se le mueren las tías? Pues, ¡Qué vamos a hacerle! ¡Acatemos con resignación los designios de la Divina Providencia, que para eso está!" (p.22-23). Subraya esta actitud Cela con el recurso a frases hechas, lugares comunes en la conversación entre comadres: "¡hasta ahí podían llegar las bromas!, ¡pues estaría bueno", etc.

  3. "Nuestra abuela siempre se lo advertía: Baltasar que te van a dar; Baltasar que te van a pegar, Baltasar que te van a zurrar; Baltasar que te van a brear; Baltasar, que te van a deslomar; Baltasar, que te van a desgraciar; Baltasar, que te van a matar y después te lo van a decir en misas..., (p.73) Además del sonsonete irónico que encaja nombre propio y tunda, efectivamente, el pobre Baltasar muere arrollado por un camión. En este cuento se aprecia ya, considerablemente abultada la propensión a relato digresivo: "Mi pobre hermano Baltasar (q.e.p.d.) era muy expresivo a lo vivo (o séase muy poco circunspecto y tanteador) y muy locuaz de mano (o séase muy tocón y pronto de sobo) y, claro es, como no medía bien los terrenos, de vez en cuando le sacudían estopa (o séase le zumbaban candela) y lo descalabraban; mi pobre hermano Baltasar (q.e.p.d.) tenía el cuero cabelludo ( o séase el pielamen de la calavera)... Este recurso se utiliza profusamente en cuento que sigue, aceptando de lleno el modelo lexicográfico : " El diccionario dice que cuñado o cuñada es el hermano o hermana del marido respecto de la mujer, y el hermano o hermana de la mujer respecto del marido, o por lo más sencillo, el hermano del cónyuge; por ejemplo: Juanito tiene una hermana, Filomena, que no es porque uno quiera andar con chismes, pero que salió de armas tomar (arma, el sexo del varón en aceptción figurada; tomar, cohabitar, yacer, fornicar, dicho por la mujer, que es la tomante)....(p.82) y disparatadamente en el cuentecillo titulado Interregno, construido sobre el paréntesis indefinido: "Entonces don Opimo (con acento fónico en la i), que padecía de almorranas (hemorroides, tratamiento por electrocoagulación, éxito garantizado, patente suiza) desde hacía cuarenta y cinco años (entre cinco, cabe a nueve, y no llevo nada: nueve lustros), va y le dice digo a su cuñada (hermana política; que parentes con cu, pa tú) Eufrasia (engendrada con cachondería, deleite y regodeo), ¡viva España, reserva espiritual de Europa!" (p.89)

  4. Como en el retrato de la criada Dorindiña, coloradita y medio demente, apodada Cereixa Tola por ambas cualidades, "andaba siempre por los tejados y aseguraba que era sobrina de San Roque de Trabanca, lo que no era verdad)" (p.9).

  5. "mi primo Amedio se presentó muy compungido; yo le dije: tú preséntate muy compungido, a la abuela le gustan mucho los compungidos, es lo que más le gusta, y malo será que no te deje dormir en algún lado; andando el tiempo, ya veremos, depende de que te espabiles, eso es ya cosa tuya. Gracias, primo Camilo José -me dijo-, eso es ya cosa mía"(p.8).

  6. "Eso es lo que hace falta, que todos los españoles nos llevemos bien" (Clemencito el homicida p.63)

  7. Por ejemplo en reacciones desproporcionadas como ésta: "Mi tía Robertita también sabía hacer mazapán; le quedaba como tragacanto, esa es la verdad, pero no podíamos decírselo porque se ponía a llorar y nos llamaba ingratos lagoteros, cosa que a mí me daba una rabia horrible, tan horrible que hasta tenía que hacer esfuerzos para no envenenarla con matarratas; al principio me costaba trabajo contenerme, pero después se me iba pasando y no volvía a darme el ramalazo hasta que ella insistía en lo de ingratos lagoteros" ¡Sería cursi!" (p.24-25)

  8. "La nueva esposa de Zaqueo Troitiño Chascorrás, alias Foseiro (lo de nueva es un decir porque era de la quinta del 37, o sea que tenía cuarenta y dos años cumplidos en 1958, el año de sus nupcias, se llamaba Fesolina Expósito, sin segundo apellido..." (p.161)
    "Sentado, según decía, lo que atrás senté, me apresto a narrar por lo menudo el doloroso calvario... no, no, volvamos a decir las cosas como Dios manda:.... paso a contarles a ustedes algunos desaguisados que le ocurrieron a mi abuelita...(p.51)

  9. La primera aparición de la pluma en lid con el autor, en el primer cuento: "tenía que ser uno muy minusválido subnormal por déficit de cerebelo para no verlo claro como la luz del día ¿Y refulgente como el astro rey en el cenit de su poderío? No; eso no " (p.20/21).
    Otros ejemplos:
    "Y entonces Agostiño Taborda metió la mano por debajo de la rebeca y apretó a modo; si María Auxiliadora hubiera sido menos corpulenta, muere ahogada ¡de fijo que muere ahogada! ¿Igual que un indefenso gorrioncillo en la campana neumática? Pues, sí; una cosa así, sobre poco más o menos" (p.21)
    "Mi tía Perpetua, en cambio, era muy hacendosa y decente, sí, ¡ya lo creo!, la mar de decente, pero se parecía a esas monjas que van para mártires de la China (se les nota en la cara) y andaba tan encogida y con tanta circuncisión (circunspección; muchas gracias, no hay que darlas; servidor) que, aunque hubiera sido brigada o incluso teniente de cualquiera de las armas o cuerpos antedichos, la hubieran tomado todos por municipal" (p.67)
    "a lo mejor eso es lo que le pasaba a la Ildefonsa, es probable que fuera lo más probable. ¡Qué repetición más poco gramatical! ¡Usted se calla o le parto la boca de un lapo a la remanguillé! Le ruego que sepa perdonar la ligereza. ¡Ah, bueno!"(p.173).
    "No todo iban a ser ventajas, ¿Verdad usted? Eso es lo que uno dice: no todo iban a ser ventajas ¡Donde las dan, las toman! Eso no pega. No: pegar, lo que se dice pegar, no pega, bien me percato, pero yo no tengo la culpa. Eso también es verdad, justo es reconocérselo. Gracias. No se merecen. El año pasado, cuando quisimos llevar los huesos de mi prima Urbana, Urbanita, al panteón familia, que es muy soleado, descubrimos con horror que alguien le había robado la calavera. Dimos parte al juez y a la guardia civil, pero a mí me parece que no nos hicieron demasiado caso. ¿Con que la calavera, eh? Sí, señor, la calavera. ¿Y no la habrán perdido por el camino? No, señor, le juro a usted que no, ya miramos" (p.174).

  10. "Mi compañero de catequesis Pablecito Bautureira Chouzán, alias Demo Baundullento, natural de Celeirote, parroquia de San Xurxo de Coá, municipio de Cospeito, provincia de Lugo, de profesión auxiliar de medicina y cirugía menor (también hacía a callos y durezas), y mi prima hermana Virginiecita (Matilde) de Cela Rañadoiro, alias Corcoviña, hija póstuma y algo escorada de mi tío don Estebo de Cela Frameán, natural de Pinguela, parroquia de San Vicenzo de Lagoa, municipio de Alfoz, provincia de id. (Lugo), de profesión sus labores, se conocieron de niños en Plasencia-Empalme (aunque quede raro), que es como una isla del Océano Pacífico sólo que con menos cocoteros,y se amaron apasionadamente desde el punto y hora en que se toparon, zas, el amor ¿no te jode mayo con sus flores? no, a mí no, sigue. Prenda. Manda. Te amo. Bueno" (p.119)

  11. "Yo tenía tres tías muy aparentes, las tres solteras (y no es porque no hubieran tenido buenas proporciones) y talludas (que el tiempo pasa para todos y a nadie perdona), tía Micaela, tía Pedra (Pedra, con d de dátil no Petra con t de tejeringo, que es una ordinariez) y tía Robertita, pero las pobres se fueron muriendo, una detrás de la otra, y ya no me queda ninguna" (p.22)

  12. "Al progenitor de mi difunta novia Xertrudiñas le dieron garrote en Mondariz, el día de san Cleto, mártir bajo la tiránica opresión de Domiciano de 1922; desde entonces, mi difunta novia Xertrudiñas, como protesta contra la sociedad y la pena de muerte, no dijo nunca su apellido (que era Gómez)" (...) "Mi papá era inocente -solía decir- y lo mataron en el palo por un mal querer; mi papá era como una paloma incapaz de hacer mal a nadie" (p.30). Entiéndase que el mal querer fue del otro, (el muerto, portugués para más señas) que apetecía las gallinas de Gómez.

  13. Por ejemplo del planto funeral y del epitafio en el cuento del primo Amedio: "descanse en paz mi primo Amedio Troáns Lantaño, un hombre que -como tantos hombres- perdió la cruenta batalla de la sardina" (p.13).

  14. "Algo antes de llegar a la chocolatería de don Ángel, el padre de Angelito, el destino nos aviso con su mano seria y silenciosa porque a mi hermano Miguel (que años andando habría de salir en los periódicos, cuando fue de que lo mató la señora, ¡qué bestia, pegándole con un zapato en el occipucio), le mordió un perro en una cacha, la de estribor, y sangró como un gorrino" (p.27).

  15. "Mi tía Frasquita era muy rica y además se le notaba; mi tía Frasquita tenía una pulsera de brillantes, un collar de perlas, los cuatro colmillos de oro, dos mantones de Manila, piano, pianola, vitrola, casa propia, un De Dion Bouton tapizado al estilo que dicen capitoné, un galgo ruso que se llamaba Rasputín, un criado negro, un marido conquense (más bien bajito pero muy aseado y aparente), dos niñas que andaban siempre vestidas de tafetán, y una estentórea voz de mano en cuyos trémolos latían muy feudales reminiscencias" (p.39).

  16. Como en el cuento de la tía Frasquita, que utilizaba la sombrilla como arma, según tres movimientos.

  17. Agostiño Taborda era "la mar de culto", "sabía las cuatro reglas, las capitales de Europa, los mandamientos de la ley de Dios y el Fuero de los Españoles de pe a pa y sin comerse nada" (p.15).

  18. "Meixóuse" el hijo de Amedio en una azalea, como el novio crónico de la tía Pedra en el loro, o el segundo marido de la abuelita en la sopera, o el Tripodiño en la fuente de cap, etc., etc.

  19. "No, Camilito, para aguantar a la familia hay que ser muy joven, la vida en familia es capaz de hundir a cualquiera que no sea muy resistente, no lo dudes. No, si un servidor no lo duda, no vaya a creerse, lo que pasa es que un servidor no se atreve a decirlo, se conoce que eso es mismo el apocamiento. Sí, puede" (pp.115-116).

  20. "Agostiño Taborda era del títere, se ganaba la vida con el títere; también practicaba de amanuense de mozas en sazón, estimado Cello, desearé que al recibo de estas letras te encuentres bien de salud, como yo por el momento bien sigo, gracias sean dadas a Dios; testigo falso, sí señor juez, sí que lo vi y bien visto con estos ojos que se ha de comer la tierra, así me muera si miento; y caricaturista a la tijera, un minuto, por favor, su silueta, caballero, sin compromiso, sólo la voluntad si es gustoso en hacerla" (p.15). "Mi primo Amedio bailaba el agarrado como pocos y con tal entusiasmo que, cuando lo veían venir, tracatrá, tracatrá, tracatrá, tracatrá, todo el mundo se apartaba" (p.7).
    "Agostiño Taborda, poco después de quedar viudo, se acercó a la romería de Santa Minia de Brión, por eso de buscar consuelo a su soledad, y sacó a bailar a María Auxiliadora Padín, que estaba tan cambiada que no la hubiera reconocido ni su difunto padre, ¡qué barbaridad, qué gorda y pechugona se había puesto María Auxiliadora, que antes era corriente! ¿Me permite? Yo sí que le permito, no faltaría más, pero si mi mamá lo ve, igual le tira un objeto arrojadizo (vaso, taza, cunca, plato, etc)" (p.20).


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Reseñas