Entrevista:

Eduardo Lampaya

"En tiempos como estos, la fuga es el único medio para mantenerse vivo y continuar soñando."


Susana Pajares Tosca
spajares@eucmos.sim.ucm.es
Dpto. Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid



Eduardo Lampaya ha ganado el Primer Premio Arte Joven de Narrativa de la Comunidad de Madrid con su primera novela: Euro Raíl. Eduardo tiene 28 años y es científico y escritor.

Trabaja en genética del desarrollo en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y ha publicado un libro de poemas con otros jóvenes autores y cuentos en diversas antologías y revistas. Euroraíl ha sido publicada por la editorial Visor tras recibir el premio.

P- ¿Qué ha supuesto el premio para ti?

R- Fundamentalmente la publicación, y sobre todo el que escritores consagrados lean tu libro y hablen bien de él. En el jurado había gente a la que le gustó el libro y gente a la que no. Los que más le apoyaron fueron Umbral y Caballero Bonald. Que gente que se dedica a la literatura lea el libro y lo aprecie sin conocerte de nada, como Jesús Ferrero, es muy estimulante. Jesús Ferrero me hizo una entrevista como científico, a raíz de un artículo que publiqué en Science, y como yo sabía que era escritor le dí mi novela. Al principio no le apetecía mucho leerla, pero luego le encantó y la mencionó en la entrevista, y acababa diciendo que si él fuese editor la publicaría en ese momento. Eso fue muy bonito.

P- ¿Te sientes dividido entre la ciencia y la literatura o se llevan bien entre ellas?

R- Todo el mundo me pregunta eso, pero no tiene porqué haber división. Al revés, creo que es una ventaja que tengo porque la mayoría de los escritores son de letras, y se pueden contar cosas muy diferentes si vienes de otro campo. Además la biología es la menos científica de las ciencias, porque tienen mucho peso temas como la identidad del ser humano, etc., es decir, se mezclan cosas muy filosóficas con la ciencia. Particularmente en mi campo muchos temas son muy abstractos, igual que por ejemplo los que trabajan en cómo funciona el cerebro utilizan mucho la narrativa.

P- Has logrado publicar un artículo en Science, y eso es toda una hazaña para ti y tu equipo de investigación, ¿en qué estáis trabajando ahora?

R- Ahora vamos a intentar publicar en Nature qué gen es el que hace el final de los animales, no sé, experimentamos con animales con cinco culos y otras cosas un poco escatológicas para describirlas en esta entrevista.

P- Cuando hablas de experimentos, ¿a qué animales te refieres?

R- Trabajamos con drosófilas, nada de perros o gatos, porque es un animal pequeño, y con cosas más grandes yo no trabajaría.

P- Hablando ya de la novela, ¿el sueño de la ingeniería genética produce monstruos?

R- Puede producirlos. Nosotros en el laboratorio producimos monstruos. Trabajamos con moscas a las que les modificamos los genes y conseguimos que tengan por ejemplo dos cabezas o sesenta ojos. No lo hacemos porque sí, sino para demostrar que un determinado gen hace ojos. El problema es la ética, hay que ser muy cuidadoso porque hay cosas que pueden hacerse técnicamente pero a lo mejor no deben hacerse, pero eso pasa en toda la ciencia. Por ejemplo la energía atómica dio lugar a la bomba atómica, pero también tiene aplicaciones positivas. Eso sucede con cualquier descubrimiento, hasta con el fuego, cuando el primer hombre de las cavernas prendió el primer leño seguro que alguno dijo que se quemaría el bosque si se seguía adelante. Hay que aprovechar lo bueno que tiene cada nueva técnica y poner los medios para evitar lo malo.

La ingeniería genética tiene unas posibilidades que sería estúpido desperdiciar. Puede paliar el hambre en el mundo, puede hacer nuestra vida mucho más fácil. Por ejemplo en Cuba hay un laboratorio de ingeniería genética que ha sido premio nacional porque han cogido unos peces que se comen allí y les han metido una hormona de crecimiento humana que les hace crecer en la mitad de tiempo de lo normal. Así se producen el doble de peces, y con el hambre que hay, pues es buenísimo.

P- Parece casi bíblico.

R- Sí, pero lo de los panes ya es más difícil.

P- En tu novela parece que hablamos de otro tipo de ética, porque las mutaciones genéticas expresan la personalidad de la gente, por ejemplo hay jugadores de fútbol con cinco piernas y los protagonistas parecen definirse por las mutaciones sexuales. ¿Qué sentido le das a esto?

R- Bueno, es sobre todo un sentido metafórico. Digamos que la psicología de los personajes está fuera, una forma de pensar se identifica con una forma corporal, pero es metafórico. Técnicamente sería posible hacerlo, pero no es que yo piense que eso va a ocurrirle a la humanidad.

P- En el libro las metáforas se hacen carne. También usas otra técnica parecida que convierte en corpóreas imágenes poderosas, como los monos titíes que pesan el corazón del muerto en una balanza, el barco de juguetes que naufraga, etc.

R- Creo que es lo que más gancho tiene en el libro, porque es novedoso. Por eso a lo mejor le ha gustado a los escritores, porque es un libro diferente. Pero tampoco es completamente original, entronca con un tipo de novela que en España se ha escrito mucho desde el siglo XVI, en la época de los grandes viajes. Cuando los viajeros llegaban a tierras extrañas veían animales y humanos que no se parecían a lo que ellos conocían y las descripciones eran tremendas. Esa era la gracia de hacer una especie de libro de viajes moderno que se pareciese a esto. En los antiguos, cuando un europeo veía los tatuajes, que aquí no se conocían, daba unas explicaciones muy divertidas. Si el tatuaje era una cara en el pecho del nativo, lo describía como que eran hombres sin cabeza sobre los hombros sino en el pecho.

P- Pero esa especie de inocencia, de capacidad de maravillarse de los viajeros de siglos pasados no existe en tus interraileros, que son bastante cínicos y además renuncian a los valores de su sociedad, ¿a cambio de qué?

R- Otra de las ideas detrás de la novela es que yo quería que fuese un relato generacional, quería contar la experiencia de nuestra generación, transmitir esa sensación de que no hay oportunidades para la gente. El interraíl representa esa necesidad de escapar, porque es una juventud que no se encuentra a gusto en ningún sitio. Uno de los personajes quiere escapar, llegar a una ciudad determinada para destruirla y poder empezar de nuevo, porque el mundo tal y como es no le satisface. En la novela el mundo es atroz, la gente se trata muy mal, está lleno de violencia, pero a los personajes les gustaría encontrar un sitio tranquilo donde establecerse.

P- ¿Cuál es la relación entre la necesidad de fuga y el hecho de ser joven? ¿Sería la madurez el hecho de dejar de sentir esta necesidad de huir?

R- Sí. Todos los personajes, y fundamentalmente Franco, se establecen al final del viaje, después de fracasar en su intento de fuga. Es también en cierto modo tirar la toalla por lo ridículo de luchar contra el mundo. Es una cosa que me han criticado, porque según es la novela no le va lo de acabar tan plácidamente, pero esa es la historia que yo quería contar.

P- Esto entronca con las teorías de nuestro final de siglo, como el deconstruccionismo, que destruyen lo anterior pero no son capaces de construir, ¿eras consciente de esto al escribir la novela?

R- No lo había pensado realmente, pero está en la novela. La idea de Franco es construir después de la destrucción, pero empezar desde cero es completamente imposible.

P- Franco dice que volar es lo menos parecido a la libertad porque está uno a merced de la aerodinámica, ¿qué otras metáforas populares son falsas?

R- Seguro que hay muchas, ahora mismo no sé, es que esto de volar me ha dado siempre mucha rabia. Todos los libros así estilo Juan Salvador Gaviota, que me gustan, ¿eh?, pero me parecen demasiado idílicos y un tanto mentira. Al final los animales tienen un montón de problemas, así que no son más que cuentos de hadas.

P- Otro tema interesante es el de la tesis de Amanda sobre los nuevos nómadas que serían los interraileros. Podría ser una tesis completamente seria, con los hallazgos de que los interraileros llevan consigo todos sus bienes, forman "familias" con sentimientos de amistad muy particulares...

R- Eso le ha gustado a mucha gente. Me parece divertido, a lo mejor doy ideas para una tesis...

P- ¿De qué juventud estás hablando en la novela?, porque no parece que la juventud actual esté muy obsesionada con temas como la libertad y construir una nueva sociedad, sino más bien con establecerse en esta...

R- No estoy de acuerdo. Es verdad que los jóvenes ahora no son tan revolucionarios como fueron otras generaciones. Pero en realidad la de nuestros padres tampoco, porque en España nunca ha habido revoluciones, el español no es revolucionario, es vividor. Mi opinión sobre los españoles es que no nos rebelamos, sino que nos adaptamos, intentamos sacarle partido a lo que hay. Por eso no es que nuestra generación sea más conservadora que las anteriores. La vida para la gente joven ahora es más dura en el sentido que es más difícil hacerse uno su propia vida, no de que no haya para comer. Hace veinte años la gente joven tenía oportunidades, por ejemplo, se podía ser el líder de un partido político siendo muy joven, como Felipe González cuando empezó. Ahora todo está copado, la gente no tiene más remedio que vivir de sus padres, y comenzar su propia vida es dificilísimo.

P- La fuga sería entonces una solución meramente temporal.

R- Hay gente que se pasa toda su vida huyendo, pero aunque lo hagas internamente, es casi imposible hacerlo literalmente. Te acabas metiendo en el sistema.

P- Hay otra forma estática de oponerse a la sociedad en tu novela, el personaje que se pasa el verano encerrado con las persianas bajadas sin salir a la calle.

R- A ese personaje le tengo mucho cariño, de hecho se llama como yo. Todo el mundo tiene algo de ese personaje. Todos a veces necesitamos meternos en nuestro cuarto y no saber nada de nadie.

P- Volviendo a los nómadas, me ha gustado mucho la comparación de los interraileros con bacterias que no siguen un rumbo fijo (por culpa de los trayectos de más de siete horas que hay que elegir al azar para dormir en los trenes)...

R- Eso fue lo primero que se me ocurrió al pensar la novela. Hice un trabajo sobre movimiento bacteriano cuando estudiaba la carrera y me pareció fascinante que el mundo de las bacterias fuera a la vez tan diferente al nuestro y tan atractivo para hacer comparaciones. Cuando yo estaba haciendo el interraíl solía bromear con esto con mis compañeros de viaje, de los que la mitad eran biólogos.

P- ¿Cuántas veces has hecho el Interraíl?

R- Dos veces. El primer interraíl es un impacto, se lo recomiendo a todo el mundo. Es baratísimo, conoces gente... La verdad es que las ciudades te dan igual, excepto los sitios especiales como el Pink Palace de Corfú que describo en el libro. Existe, es un sitio paradisíaco, el sitio más loco de la isla, y muy barato. Por mil pesetas tienes cama, desayuno y fiestas todas las noches. Está en primera línea de playa en una zona desierta de la isla.

Las nacionalidades dan igual, en el interrail todos somos interraileros, y es muy diferente cuando por ejemplo he visitado después a alguno de los amigos que había hecho en el interrail. Cuando ya están en su casa, en Dinamarca o en donde sea, la relación es muy diferente. En el interraíl no existen las fronteras, todos somos aventureros y diferentes a nuestra forma de ser habitual. Mientras uno viaja todo parece más fácil, la amistad incluida, uno se vuelve más generoso...

P- Todo es más fácil, pero no el amor, porque en la novela todas las relaciones hombre-mujer están marcadas por el malentendido y el conflicto.

R- Yo creo que los malentendidos entre ambos sexos son iguales con interraíl o sin él, y tampoco es el interraíl el sitio más propicio para que surja el amor. En el tema del amor los hombres y las mujeres esperan cosas diferentes en general, aunque puede haber excepciones. Los hombres buscan más relaciones y más cortas, y las mujeres, menos y más largas. Ya veo por tu cara que no estás de acuerdo, pero se podría dar una explicación biológica.

En biología, la teoría de juegos trata de explicar como se relacionan los individuos de diferente sexo en cada especie. Los dos quieren ganar al juego que estén jugando en cada caso. En el sexo, tanto el hombre como la mujer quieren ganar, lo que pasa es que ganar no significa lo mismo para ambos. Desde el punto de vista biológico, para un hombre ganar es reproducirse, transmitir sus genes, cuantas más mujeres embarace mejor, porque más gana. Para la mujer es distinto, porque tiene que parir y estar nueve meses embarazada y eso, entonces ganar es que el padre del niño se quede con ella y la ayude. Esa es la explicación biológica, que parece sensata, pero el hombre tiene más dimensiones que no son biológicas, sino sociales, personales, etc., y entonces esto no es tan fácil.

P- De nuevo sobre la novela, es muy interesante el modo en que combinas las cartas con la narración y los diálogos, y sobre todo esos "titulares" casi periodísticos que aparecen encabezando párrafos a lo largo de toda la novela.

R- Bueno, la carta fue un hallazgo que no se me había ocurrido al principio. Cuando empecé a escribir me dí cuenta de que había un montón de cosas que quería contar y no podía meter en los diálogos, bueno, Eric Romer lo hace, pero la gente no habla así. Yo no quería hacerlo, y cuando encontré que podía combinar el diálogo con las cartas me empecé a sentir mucho más a gusto escribiendo la novela.

P- En la novela hay bastantes referencias al mundo del cómic y el cine. ¿Cuáles son tus fuentes?

R- Mi fuente fundamental es la ciencia, leo mucha ciencia, y ahí se especula mucho. Soy también bastante cinéfilo y me gusta mucho el cómic. De hecho la cita con la que empieza el libro es de Henry Laborit, de una película que me gusta mucho: Mediterráneo, que comienza así. Hay gente que me ha dicho que es un poco blandita para el resto del libro, si no hubiera salido en esa película no la habría puesto.

P- ¿Puedo titular esta entrevista con la cita?

R- Claro, claro. De alguna manera define muy bien una de las ideas importantes del libro.

P- ¿Qué proyectos literarios tienes ahora?

R- Ahora me han invitado para hablar del Quijote con un grupo de escritores de la facultad. Me gusta mucho Cervantes, este libro lo he concebido como un Quijote moderno.

P- Muchas gracias por tu tiempo y por esta entrevista.


© Susana Pajares Tosca 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid


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