Creación/Memorias



Juan Luis
Panero

Enigmas y despedidas


Nuevo libro de Juan Luis Panero; la coherencia de una trayectoria.

Mar González Veiga
Dpto. Filología Española y Latina
Universidad de La Coruña


Enigmas y despedidas (Tusquets. Enero 1999) es el título del último poemario de Juan Luis Panero, autor que parecía anunciar su retirada cuando publicó su Poesía completa (1) hace ahora dos años. Contra todo pronóstico, un nuevo libro viene a redondear lo que ha sido una trayectoria unitaria iniciada en 1968 con la aparición de A través del tiempo. A lo largo de estos treinta años hemos conocido una producción no demasiado extensa, pero sí muy intensa, definida por una asombrosa coherencia: el recuerdo de instantes de vida, la conciencia temporalista como causa del desencanto y la obsesiva presencia de la muerte -en sus diversos disfraces-, se convierten en las claves temáticas reiteradas en cada uno de sus libros.

Enigmas y despedidas concentra, si cabe dentro de la tónica existencialista de la poesía de Panero, un mayor desengaño, un enfrentamiento más cercano con la muerte, ya no sólo vista desde la máscara de los fantasmas, sino desde el diálogo del propio sujeto lírico que escribe "después de haber olido el perfume dulzón de la muerte", enfático verso inicial que avisa del tono presente en este libro, donde sin embargo apreciamos una mayor resignación, una postura de conformismo - "me dejo vivir ya sin preguntas"- que le lleva a abandonar la dosis de humor, los guiños de ironía, a veces sarcástica, que había caracterizado libros anteriores. El tratamiento de los temas retorna a la sencillez de la primera poesía y de una forma abierta y clara se enfrenta a los recuerdos y a la conciencia del tiempo que nos arrastra a la muerte. Las palabras siguen siendo su forma de permanencia y a ellas se dedica. Brevedad y concisión de los textos que reflejan experiencias anecdóticas y sentimientos humanos tras los que encontramos realidades más profundas. Mayor desengaño dado por el paso de los años, mayor conciencia temporalista, pero la misma fuerza y sensibilidad para transmitirnos aquello que dio valor a la existencia: un viaje a París o Venecia, un verano en Ibiza, una exposición de arte, las palabras de un admirado escritor, un encuentro fugaz... le ayudan a reconstruir sentido en esa vida encaminada a la desaparición.

Desde Torroella de Montgrí, retirado del mundanal ruido, nos llegan las frágiles palabras de un hombre que una vez más consigue emocionarnos y hacernos reflexionar sobre ¿por qué hemos vivido?, ¿por qué tenemos que morir?(2) En torno a estas dudas existenciales se articulan las despedidas que constituyen esta obra.

Tres partes, en simétrica distribución, componen este libro, donde una vez más encontramos la perfección a la hora de escoger títulos, que siempre ha caracterizado a Panero.

La primera parte, ese humo al atardecer, es la entrada en el mundo de los recuerdos. Diez poemas llenos de vivencias humanas, de sentimientos, de palabras, con gran valor para el yo lírico.

Otros diez documentos de melancolía cierran el libro. Se trata de recuperar aquellos sueños que nunca se cumplieron y aquellos momentos que no volverán, con toda la nostalgia que ello provoca.

En la segunda parte, El destino y los sueños (3), como pausa entre sus propios recuerdos y melancolías, el yo lírico se pone la máscara de unos personajes históricos y nos transmite en forma de prosa poética lo que Napoleón, el general Bolívar o Maximiliano de Austria sentían y soñaban, para después arrojar su careta y mostrar -con el poder del autor omnisciente- lo que el fatal destino les deparó a cada uno.

Deseo frente a realidad. Con ecos cernudianos, la fatalidad, el fracaso, resuenan en todos los libros de Panero y nos interesa oírlos en este último.

El primer poema nos presenta al personaje poético: vejez, soledad y desencanto son los rasgos que lo definen y su tarea, además de dejarse vivir, consiste en mirar entre el humo de la memoria lo que ha sido, es y será su vida "en el frágil y caprichoso tiempo". Primera alusión a esa conciencia temporalista que será la causa de todo desengaño. Indagar en el pasado, desde la desencantada mirada del presente es la misión del yo lírico. Como arma, su memoria -frágil y polvorienta-, a ella recurre para rescatar y decir adiós a viejas imágenes que se mantienen fijas y tercas en señal del valor que algún día tuvieron.

Se despide de la infancia que corre por el viejo caserón, entre las revistas y los familiares retratos de la galería verde; y por la casa londinense de Eaton Square a la que To return again. Esa casa en la que permanece el recuerdo de Luis Cernuda y de "aquel educado espantapájaros" Eliot, como indicaban otros poemas.

Se despide de la pasión de juventud: de aquella felicidad en Ibiza 1967, del amor, o al menos el placer, que se mantiene en esa visión de "la blanca piel de tu culo inmóvil / sobre las blancas sábanas arrugadas".

Se despide de los sueños que nunca se cumplieron, aunque el joven yo lírico se prometía: "Volveré a Venecia, con una mujer / para ser feliz, verdaderamente feliz".

Y, cómo no, se despide de esos fantasmas a los que agradece su costumbre de visitarle. Sombríos acompañantes del solitario sujeto lírico que, sin embargo, encuentra en ellos imágenes de vida. No son extraños en la bibliografía de Panero; autores como Borges, Rulfo, Gastón Baquero, Cavafis, etc. forman parte de la extensa galería de fantasmas que pueblan toda su producción. Se trata siempre de personajes literarios o históricos (véase las presencias de la segunda parte de este libro) por los que ha sentido alguna admiración. Unidos todos ellos por un rasgo común: el fracaso de la vida, la frustración, que en el caso de los escritores se refleja en obras llenas de tristeza, desengaño y muerte de los protagonistas. Son estos los elementos clave de la literatura que le interesa a Juan Luis Panero y que puede justificar su propia línea creativa. Esos fantasmas se convierten en mitos dentro de su obra y son conjurados en los poemas para acompañar al protagonista que intuye su propia muerte, convertido también en fantasma desde el momento en que busca la sombra de su pasado.

La poesía de Panero es, una vez más, claro ejemplo de poesía de la experiencia, nos arrastra a la vida, buscando su esencia en el recuerdo. Las palabras le permiten dibujar una historia humana. Hay mucho de autobiografía en sus poemas, pero el yo autorial está mediatizado por la imaginación y la escritura, como él mismo declara: "luego hay que crear un mundo que trascienda más allá de la propia historia " (4). La experiencia personal queda objetivada, de ahí la aparición de temas universalmente humanos como la infancia, la amistad, la pasión juvenil, la reflexión sobre el paso del tiempo, etc.

El tiempo que ignoró mi nacimiento
y borrará las huellas de mi muerte,
ese fantasma de nombres y de fechas
con el que he construido mi poesía

Recordar es conocer como proclamaba la filosofía platónica y ese recuerdo de la vida en los versos le puede proporcionar un conocimiento de su verdad como hombre, aunque siempre será un conocimiento relativo, pues "no conoces más que un montón de imágenes rotas, en que da el sol" (5).

El sentido de la vida, el significado del destino y de la muerte son los grandes enigmas que se le plantean al protagonista poético. Su propia experiencia es el mejor instrumento para poder responderlos, ayudado del testimonio de quienes ya son fantasmas. De sus encuentros conserva fieles palabras, frases y consejos a los que ahora encuentra otro sentido. Los versos de Cavafis y de Eliot se han convertido en presagio, clave de la vida: "Un monótono día / sigue a otro igualmente monótono" pues "nacer, copular, morir. / Eso es todo, eso es todo, eso es todo, eso es todo" La martilleante conclusión se convierte en auténtica verdad de lo que ha sido el ciclo vital que ahora se cierra.

La inevitable pregunta de quién soy, hacia dónde voy le llega en esa "extraña canción que esos días repiten":

¿Quién es el que habla ahora,
qué tiempo compartimos,
dónde empiezan las sombras,
dónde la luz del día,
o es todo un sueño eterno,
un reflejo en la nada,
donde muertos y vivos
sólo somos un rostro,
unos ojos abiertos
contemplando el abismo?

Unos versos de Carlos Marzal aventuran una hipotética y poco alentadora respuesta al sentido de la vida: "El destino tal vez consiste en eso: / ser una sombra más de un retrato en grupo / en el que nadie sepa recordar nuestro nombre". Le ayuda a corroborar esa tónica de desaliento en el camino hacia el olvido.

Tal vez las cosas pudieran haber sido de otro modo, nunca lo sabremos. El destino, "invención de los hombres", es una de las grandes incógnitas de la existencia. Tres históricos ejemplos en la parte central del libro: los sueños de éxito y felicidad de Napoleón, de Bolivar y de Maximiliano de Austria se quedaron en eso, sueños, el destino les ofreció otra cosa. El propio yo lírico se plantea también "¿qué habría pasado si algunos hechos hubieran sido distintos?": ¿si hubiera llegado a tiempo a la invitación de Borges: "Venga a verme en Buenos Aires"? Y sigue preguntándose qué habría al final de la escalera: "¿quién sabe si todavía una historia peor, / un horror más nítido me espera allí, / al final de la escalera, frente a la imaginada puerta?". Siempre formará parte del misterio vital.

"Bajo un árbol de luz" encontramos a Rulfo. En su oscura voz que cuenta "historias de cristeros y pólvora, / caballos desbocados de sueño y sangre" encuentra palabras bajo las que subyace la idea de la soledad de la muerte a la que ya se enfrenta: "Y entonces lo mataron y no se oyó ni un grito / allá quedó arrumbado y nadie dijo nada".

La muerte es la desaparición, eso parece claro en los numerosos versos que aluden a su condena a la "nada", pero realmente qué hay después: "_qué secreto, qué extraño y banal misterio / la vida nos oculta en ese grito atroz?", el maullido del moribundo gato le permite reflexionar sobre el gran enigma.

Preguntas sin respuesta, respuestas desoladoras en otros casos, pero ya nada importa. Como conclusión, las únicas verdades que le quedan son "la memoria y la muerte". A la primera ha recurrido en su viaje a través del tiempo, a la segunda enfrenta esas "irreales palabras ilusorias" que van a constituir su despedida.

Sólo son tuyas -de verdad- la memoria y la muerte,
la memoria que borra y desfigura
y la sombra de la muerte que aguarda.
Sólo fantasmales recuerdos y la nada
se reparten tu herencia sin destino.
Después de sucios tratos y mentiras,
de gestos a destiempo y de palabras
-irreales palabras ilusorias-,
sólo un testamento de ceniza
que el viento mueve, esparce y desordena.

Este poema cierra la imagen del poema inicial donde la naturaleza eterna del bodegón de Zurbarán era equivalente a una naturaleza muerta. Nada es eterno, pero algo queda: el arte en sus diversas manifestaciones que aparece a lo largo de este y de todos los libros de Panero.

Eternidad imperfecta es la que ofrecen esas palabras que han creado su poesía y la de aquellos escritores que en un recuerdo-homenaje hemos visto circular entre el humo. Palabras que resultan importantes en el atardecer del yo lírico como las citadas de Eliot o Cavafis, palabras textuales que acercan a los personajes: véase las numerosas citas en estilo directo que hacen actuar a los fantasmas: la afectividad de Rulfo: "No me llames de usted, son pláticas de amigos y ya nos conocemos", las palabras mágicas de Gastón Baquero: "El alambrista recorre de lado a lado lo más alto del circo y aplaude la multitud", "tanta vida en trazos tan precisos" le ofrece la obra de Vinyoli. Precisión y pasión son las premisas que JLP (6) busca en su poesía y eso lo encuentra en la obra del admirado poeta catalán cuyo verso "Jocs per ajornar la mort" le pidió prestado para titular su primera antología.

Además de la pasión por la literatura, la devoción por otras formas de eternidad artística se reflejan en la producción de Panero. Poemas que hablan de exposiciones, la de Morandi (7) (unida a la fuerza de las palabras de Vinyoli en el poema "Palabras y colores") y el poema dedicado a Henry Moore intime ("Encore un instant de bonheur"). El arte del toreo tiene su recuerdo en el poema "El sol del otoño".

Literatura, cuadros, esculturas, faenas en los ruedos y otros pequeños símbolos materiales (un cuchillo, un gorro comprado en París, las viejas fotografías, una noticia en un periódico) le permiten aunar pasado y presente y se convierten en "engañosa derrota de la muerte y sus ritos".

. Unas palabras cargadas de pasión y precisión, sin deambulaciones innecesarias Panero echa mano de elementos narrativos para construir un escenario con pequeñas pinceladas, presentar a los personajes y acercarnos la anécdota, muchas veces como una progresión fílmica. Pasión indudable en cada encuentro y desencuentro, en cada recuerdo lleno de vida y sentimiento, marcado siempre por la desolación que ha producido el paso del tiempo. Una vez más la obra de JLP nos ofrece una intensa pasión de vida basada por un inevitable terror de muerte.


Notas:

  1. Poesía Completa (1968-1996) es la referencia de esta edición coordinada por el profesor Fernando Valls y publicada también por la editorial Tusquets (enero 97). Seguiremos esta obra a la hora de citar versos de los anteriores libros de Panero.
  2. Reflexión citada en el poema "Unos versos de Lowell" de Galería de fantasmas. Panero, J.L., 1997: 315.
  3. "El destino y los sueños", tal como aquí aparecen, fueron ya publicados en el nº 3 de la revista Clarín, bajo el epígrafe "Verso y prosa". Panero, J.L., 1996, "El destino y los sueños", Clarín, 3: 42-44.
  4. Castro, Manuel, 1997: "Noticia sobre Juan Luis Panero", El Correo de Andalucía (7-marzo): p.50.
  5. Cita de T.S. Eliot que encabeza la V parte de Antes que llegue la noche, titulada "Imágenes rotas", Panero, J.L., 1997: 237. Sintetiza la misión del poeta de alcanzar un conocimiento a partir de su poesía. Afín a la premisa que domina la poesía de la llamada generación del cincuenta.
  6. Son muchas las entrevistas en que Panero declara que ambos rasgos son su principal objetivo poético. Significativa la que en 1988 concede a Fernando Valls, bajo el título: "Precisión y pasión: la poesía de Juan Luis Panero". Ínsula 494 (enero): 10-11.
  7. Su "música silenciosa del color, rumor del pincel y la tela" aparece en otro poema de Panero, "Ceniza eterna", incluido en el libro libro Antes que llegue la noche. Panero, J.L., 1997: 211.


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