Cultura
y redes de
comunicación:
las revistas
electrónicas


Dr. Joaquín Mª Aguirre Romero
aguirre@eucmax.sim.ucm.es
Dpto. Filología Española III- CC. Información
Universidad Complutense de Madrid


El fenómeno de las redes de comunicación es demasiado reciente y cambiante para atreverse a compromisos demasiado radicales en los planteamientos. Pero podemos observar los distintos movimientos que se producen a nuestro alrededor y tratar de imaginar futuros. La aceleración de nuestro tiempo hace que las distancias entre lo existente y lo imaginado sean cada vez menores. A veces, un pronóstico, si se sostiene con suficiente empeño, llegará a convertirse en un hecho.

Introducción

Las redes de comunicación se encuentran, ya desde su mismo nacimiento, ante un dilema. Su desarrollo se ve impulsado por dos corrientes de signo contrario. Por un lado tenemos una concepción de carácter idealista, que ve en las redes la realización de la utopía de la comunidad universal, que se ampara en una filosofía del compartir; y, por otro, tenemos una concepción más acorde con lo que parece ser el signo de los tiempos, de carácter mercantil, que ve el fenómeno de las redes como una ampliación de los mercados potenciales. En el primer caso, las nuevas tecnologías se ponen a trabajar al servicio de una idea solidaria que entiende que son una forma de compartir recursos, de establecer un flujo desde aquellos que poseen algo hasta los que no disponen de ello. Hoy todos estamos de acuerdo en que la información es un bien, aunque no nos pongamos de acuerdo en si nos referimos a un “bien económico” o algo relacionado con un sentido moral. La segunda fuerza que está impulsando el desarrollo de las redes de comunicación es el deseo de ampliar mercados. Las redes se ven desde esta perspectiva como un instrumento más al servicio de la mercadotecnia. No hay en este caso principio de solidaridad o cooperación, sino sólo los estrictos fines de la competencia en el mercado; los otros sólo pueden ser clientes o competidores; no se comparte nada, sino que se vende.


Las revistas culturales y científicas.

Si bien las revistas culturales tienen unos objetivos, criterios e intenciones distintas a los de las revistas científicas, aquí nos interesa incidir en sus puntos de contacto. En primer lugar porque es necesario algún tipo de aproximación en función de la apertura de la ciencia y de la comunidad científica a la sociedad y en segundo lugar, porque no puede seguirse manteniendo la idea de las "dos culturas". Para nuestra desgracia, no solo se asume que Ciencia y Cultura son fenómenos distintos, sino también que son campos necesariamente minoritarios.

Las revistas culturales son generalmente un ejemplo de vocación comunicativa más que mercantil. Casi nunca son un negocio, y los que se arriesgan en estas aventuras, pues así pueden ser consideradas, saben que su vida editorial, salvo raras excepciones, suele ser efímera. Las dificultades que encuentran son de todo tipo: financiación, distribución, publicidad, etc. Publicación especializada en la mayoría de los casos, tiene poco espacio para competir entre las revistas de información general. Las revistas culturales y las científicas suelen vivir -o mal vivir- de sus suscriptores, encontrándose desplazadas de los lugares naturales de venta, copados por otros tipos de material impreso. No hay lugar para ellas y han de establecer sus propios circuitos para llegar a unas minorías que las sostienen. En otras ocasiones, su financiación se realiza por instituciones públicas o privadas que actúan como mecenas o como garantes de que esas publicaciones, aunque no sean rentables, seguirán cumpliendo su función divulgadora de la cultura y la ciencia.

Hay mucho material que merecería ser publicado y que no llega a las prensas por falta de medios. Hay muchas buenas ideas que no llegan hasta el papel porque no se pueden encontrar los recursos necesarios. Editar es caroy la distribución depende de factores externos a la propia publicación. Introducidas en los circuitos comerciales, que están pensados para grandes tiradas, las revistas culturales apenas pueden cubrir los puntos de venta necesarios para acercarse a los potenciales lectores.

Hasta el momento, nos estamos refiriendo al panorama de un mundo concreto, el del papel, hasta hace muy poco, el único posible. La llegada de las redes de comunicación y la digitalización, el desarrollo de herramientas de edición electrónica más complejas, la creciente expansión en todos los países del parque informático, etc. han comenzado a cambiar el panorama de la edición. Debemos señalar, ya desde el principio, que las grandes beneficiarias son las publicaciones culturales y científicas o, si queremos ser más generales, todo tipo de publicación minoritaria. Y la razón es muy sencilla: el abaratamiento radical de los costes de edición y distribución en el nuevo sistema permite solventar una parte importante de las restricciones que se plantean a este tipo de publicaciones.

Hemos sostenido ya en dos ocasiones -en el seminario sobre Literatura y multimedia de la UIMP-UNED el pasado verano (1), sobre las revistas universitarias, y ayer (2) mismo, sobre las editoriales universitarias- que el medio electrónico actuará como elemento dinamizador de los procesos culturales y científicos al remover una parte de las dificultades que el sistema de edición tradicional generaba (3). En el caso de la información general, los lectores son destinatarios pasivos: son informados. En los casos de la ciencia y la cultura, no basta con recibir información. Ciencia y cultura avanzan gracias a que son procesos de intercambio, dinámicos y no estáticos como en el caso de la información tradicional. Ciencia y cultura, si nos olvidamos de los individualistas tópicos románticos, son procesos de intercambio, procesos que se enriquecen gracias al contacto entre creadores o investigadores. Las publicaciones culturales son esencialmente espacios de encuentro, de confluencia de ideas, de construcción de proyectos. Las revistas culturales, en la medida en que acogen una producción creadora, son reflejo de un momento, auténtico pulso social.

Probablemente todos estemos de acuerdo en esta valoración positiva del papel de las revistas culturales. Y esto quizá convierta en más frustrante su situación real. La desproporción entre su función creadora, su peso cultural, que probablemente la historia les reconoza, y las dificultades a las que se tienen que enfrentar es tan grande que en ocasiones difícilmente se entiende el empeño de sus responsables.

De lo que vengo hoy a hablarles a ustedes es de otra vía, de otra fórmula que permita llevar adelante las buenas ideas. No es tampoco un camino de rosas, pero los esfuerzos son más rentables porque pueden concretarse en aquella parte que es el capital principal: los mensajes, lo que queremos hacer llegar a otros. El mundo digital ha generado un nuevo espacio cultural con unas dimensiones de gran riqueza; es sorprendente lo que se puede encontrar navegando por las redes. Uno se da cuenta del potencial creador existente en cualquier lugar del mundo, de la gran cantidad de vínculos que somos capaces de establecer los seres humanos para llevar adelante tareas gratificantes por el hecho de compartirlas con los otros.


TIPOS DE EDICIÓN ELECTRÓNICA

Los textos digitalizados, a los efectos que nos interesa, pueden darse de dos formas:

a) como edición estática

b) como edición "en-línea" (on-line)

Desde el punto de vista de su naturaleza no existe diferencia alguna. Ambos son textos digitalizados. Debemos señalar que la digitalización es la resolución de un viejo sueño de la humanidad: el reducir a una sola magnitud la diversidad de los fenómenos. La vieja idea pitagórica del número como matriz del universo se cumple al poder combinar sobre un mismo soporte texto, sonido e imágenes (estáticas y en movimiento).

Un simple archivo de texto grabado en un disco de ordenador responde al primer tipo, la edición estática. Un complejo CD-ROM interactivo, que nos permita conocer la biografía de Mozart, escuchar su música, observar las notas evolucionando sobre una partitura, etc. comparte la misma condición de estático. Tanto en uno como en otro caso, los límites de su alcance están en el ordenador que los lee. Su "estatismo" proviene de su utilización, como se dice en el argot informático, "en modo local" (off-line).

El segundo tipo, que es el que nos interesa, es dinámico. El ordenador deja de ser un instrumento solitario y pasa a ser un instrumento de comunicación. El salto —aunque sea el mismo ordenador— que supone la conexión a una red es cualitativamente enorme. Se entra en una dimensión comunicativa y cultural distinta.


LAS REDES DE COMUNICACIÓN

Las Redes de Comunicación son un fenómeno social todavía incipiente. Podemos decir que, en estos momentos, en nuestro país, se habla más de ellas que se entra en contacto con su realidad. Todos los días aparecen noticias contando sus bondades o sus rarezas. Lo que parece claro es que su proyección social crece de forma vertiginosa. Cada vez son más los ámbitos de aplicación y aumentan los recursos que los países aportan para facilitar su implantación. El valor global de la Red crece con cada nueva incorporación, con la introducción de nuevas informaciones disponibles para el conjunto.

Las universidades han jugado un papel esencial en el desarrollo de las Redes. A su inicial origen militar le sigue un uso universitario. Fue el mundo académico el que tomó el relevo, destinando este nuevo medio a sus intercambios de información. Sin embargo, no todos los países tenían -ni tienen- el mismo grado de conocimiento y uso de las redes. Su utilización se basaba fundamentalmente en el correo electrónico y en algunos foros de discusión, preferentemente en el campo de las ciencias. Las humanidades lo hicieron más tarde y todavía el grado de aprovechamiento es menor. Hoy se crean campus virtuales, bibliotecas en línea de acceso universal, bases de datos, etc. prácticamente todos los días en todos los lugares del mundo. Sólo en los últimos años la información general, los servicios comerciales y la presencia de particulares ha superado a la utilización académica.

Para llevar adelante todas sus posibilidades son necesarias dos cosas: 1) una tecnología básica, y 2) competencia técnica para su manejo. El primer punto se refiere a la existencia de un número suficiente de ordenadores capaces de permitir el acceso a la información y el establecimiento de puntos de conexión suficientes en el ámbito universitario.


LAS REVISTAS UNIVERSITARIAS EN LAS REDES

Tipos de revistas electrónicas en red.

1.- Anuncio de una publicación impresa.

Las redes se utilizan, en este caso, para superar el problema de la distribución. La revista anuncia su aparición y su contenido mediante índices y resúmenes de los artículos que la integran. Se incluye en la edición electrónica la posibilidad de petición del número y de la suscripción mediante correo electrónico u otro medio. Permite incluir la relación de números anteriores, que pueden ser igualmente solicitados.

Esta modalidad es bastante frecuente en revistas consolidadas en su tirada. La red se utiliza como forma de aumentar el conocimiento de la revista en diversos ámbitos. Es una utilización básicamente publicitaria de la red. Por otro lado, la inclusión de los títulos de los artículos, los autores y los temas tratados permite su localización mediante los "buscadores". Toda esa información circulará por la red remitiendo a la revista.

En ocasiones pueden incluirse artículos completos que permiten evaluar el nivel de la publicación a los posibles lectores.

2. Edición de forma simultánea (impresa y electrónica).

En este caso la revista que se incorpora a la red es un duplicado de aquella que se lanza al mercado de lo impreso. La revista, pues, existe en dos versiones: la digital y la impresa. Esta fórmula puede tener diversas variantes dependiendo de su finalidad. Por ejemplo, los suscriptores de la revista pueden recibir con antelación la edición electrónica y posteriormente la edición impresa. Esta fórmula es muy sencilla, ya que se realiza mediante el envío de ficheros comprimidos que el suscriptor puede recibir rápidamente. En los casos en los que es fundamental la velocidad de distribución por ser la información de vigencia limitada, esta modalidad permite una distribución impresa más cómoda, sin tanta premura. El usuario dispone antes de la información y, más tarde, recibirá su ejemplar impreso.

Otra modalidad, dentro de esta fórmula, es ofrecer a los suscriptores uno de los dos formatos posibles de la revista. La edición electrónica se le ofrece con un precio menor que si desea adquirir la versión impresa.

También es posible ofrecer una "edición especial" digital de la revista impresa. Los medios digitales pueden ofrecer algunas características que sea imposible ofrecer en la impresión (por ejemplo, archivos de sonido o de imágenes en movimiento). Se trata, en este caso, de aprovechar la especificidad del medio añadiendo a la publicación aquellos elementos que puedan considerarse necesarios, convenientes o, simplemente, que la mejoran.

Por supuesto, siempre cabe la posibilidad de ofrecer gratuitamente la edición digital y solamente proceder al cobro de las ediciones impresas.

3. Edición digital pura.

Este tercer caso es el de la revista electrónica que no tiene versión impresa. La revista se realiza expresamente para su distribución a través de las redes de comunicación. Los artículos, independientemente de si han sido publicados con anterioridad en otros medios, forman una nueva unidad de edición. Hemos de señalar una circunstancia que se irá notando cada vez más en este tipo de publicaciones. La mayor parte de las ediciones electrónicas existentes son versiones digitales de artículos pensados desde lo impreso. Me estoy refiriendo a que es necesario tener en cuenta las nuevas posibilidades que ofrecen los formatos hipertextuales.

Las revistas digitales deben ser concebidas en lo posible desde el nuevo medio, aprovechando todos los recursos que éste ofrece. "Aprovechar las posibilidades del medio" no significa convertirlas en un espectáculo mediático, sino buscar el mayor grado de eficacia en la comunicación de unos contenidos informativos. La revista digital no puede ser un objetivo en sí misma sino un instrumento al servicio de la difusión de unos contenidos que se consideran valiosos. Esta última circunstancia afecta a la forma de concebir la información por parte del autor del texto, en primer lugar, y del editor, en segundo. Supone una labor de aprendizaje del medio y de sus posibilidades reales por parte de todos los implicados. Como toda situación nueva, requiere un aprendizaje y, sobre todo, una mentalidad distinta. Esto, por otro lado, implica una labor constante de revisión del trabajo realizado y un esfuerzo de renovación en un terreno que está cambiando e incorporando nuevas posibilidades constantemente.


1999. Epílogo: dos años después

En una información, aparecida hace apenas unos días, se nos dice que aproximadamente el 80% de los contenidos de la Red apenas interesan a los usuarios. Hoy, en febrero de 1999, nos encontramos con un gran crecimiento de la Red, pero con una reducción proporcional del interés de las informaciones. La avalancha de información comercial persigue a todos aquellos que se introdujeron en la Red huyendo precisamente de los medios convencionales y su elevada carga trivial.

Dos años después, en plena fiebre de fusiones y adquisiciones comerciales entre las grandes empresas del sector, con la experiencia acumulada de este tiempo y la observación de muchos casos, estoy convencido de que Internet sigue siendo un campo abierto para las revistas culturales y científicas, de que es la gran oportunidad de este tipo de publicaciones si se saben entender las reglas del juego del medio.

Hemos tenido ocasión de debatir en diversos foros (4) sobre esta cuestión en estos últimos años. En todos los debates, las máximas resistencias provenían siempre de los propios miembros de la comunidad científico-académica o cultural, divididos ante un medio que muchos temen, por un lado, por su desconocimiento del mismo, y, por otro, por el mayor dinamismo que imprimen en el área de conocimiento propio.
La Sociología y la Historia de la ciencia nos muestran claramente que la comunidad científica es un grupo social que se rige, como cualquier otro grupo profesional, por una serie de intereses que poco o nada tienen que ver con la ciencia en sí, sino con el status de sus miembros, sus jerarquías, sus formas de selección y promoción, su poder institucional, etc. Cualquiera que reflexione un poco, no dejará de percibir el importante papel que tienen las publicaciones en el sector, no como medio de comunicación, sino como medio de promoción personal, grupal y social.

Hoy, más que nunca, hay que creer en el futuro de las publicaciones electrónicas en el campo cultural y científico. Tienen una importante misión que cumplir, tanto hacia el propio campo científico y cultural como agentes dinamizadores del conocimiento, como por la apertura que suponen hacia una sociedad cuyas minorías son cada vez más amplias gracias al fenómeno de la globalización favorecido por las tecnologías de las comunicaciones.

El aislamiento del intelectual y el científico en las sociedades mediáticas como las nuestras se debe al muro de estulticia que se eleva negando la inteligencia individual y social en beneficio del consumismo dirigido y de la manipulación. El efecto positivo que este tipo de publicaciones pueden ejercer sobre esas amplias minorías relativas puede ser el del bálsamo o el del oasis. Gustave Flaubert sostenía que la inteligencia y la estupidez no mantenían una relación inversamente proporcional como elementos contrapuestos, sino que, más bien, avanzaban de forma paralela creciendo conjuntamente a lo largo de la Historia. Habrá que procurar mantener el paso.


NOTAS:

  1. Me refiero al Seminario "Literatura y Multimedia", organizado por la UIMP de Cuenca y la Facultad de Filología de la UNED en julio de 1996 y dirigido por José Romera Castillo. Puede verse la reseña de la publicación con los textos de las sesiones en Espéculo en:
    José Romera Castillo, Fco. Gutiérrez Carbajo y Mario García-Page (eds.): Literatura y multimedia nº 6 http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/lit_mult.htm

  2. En el I Congreso de Usuarios de Internet e Infovía, celebrado en Madrid, del 4 al 6 de febrero de 1997. Esta edición fue la única que incorporó una sección de Educación -muy interesante, por cierto-, que tuvo un cierto aire semiclandestino en comparación con el espectáculo promocional de las grandes empresas allí presentes. El coordinador fue Alfredo Baratas, de la UCM. El hecho de que desapareciera la sección de Educación de los Congresos posteriores es bastante indicativo de la evolución de la Red misma.

  3. El análisis de los problemas generados por la propia estructura interna del campo (en sentido de Bourdieu) académico-científico pueden verse en J.Mª Aguirre Romero, Las revistas digitales y la vida académica, Cuadernos de documentación multimedia 6-7, Departamento de Biblioteconomía y Documentación, Universidad Complutense de Madrid, 1998. Este número de la revista se ha realizado en tres formatos y soportes diferentes: en línea, impresa y en CD-ROM.

  4. El último de ellos en diciembre de 1998, en el marco de las II Jornadas Internacionales de Derecho de las Telecomunicaciones, celebradas en la UCM.



El presente texto formó parte de una conferencia, con coloquio posterior, dictada en el marco de las Jornadas sobre Revistas Culturales, organizadas por la UIMP-Valencia y el CEU-San Pablo de la Universidad Politécnica de Valencia en el mes de febrero de 1997. La segunda parte de la conferencia se refería a la historia de Espéculo y sus vicisitudes en el mundo de la publicación digital.



© Joaquín Mª Aguirre 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/rev_elec.html