De nuevo sobre El Quijote: novela de burlas

Dra. Pilar Vega Rodríguez
Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid



Son varias las menciones explícitas e implícitas al Quijote que pueden encontrarse entre las numerosas observaciones crítico-literarias del manuscrito 9.772-9.781 de la BNM, Sentencias Filosóficas y verdades morales que otros llaman adagios y proverbios castellanos, refranero compilado entre los años 1638 y 1650, por el Dr. Luis Galindo, abogado de los Reales Consejos. La fecha de copia de este ms. se fija en torno a 1659-1668.

El propósito de este refranero glosado, altamente clasicista, busca el emparejamiento de los proverbios castellanos con las autoridades clásicas de los adagios greco-latinos, principalmente a través de la colección erasmiana (Adagia, 1500). Según el modelo anticipado por Juan de Mal Lara en su Filosofía vulgar, Sevilla, 1568, se proporcionan también citas de autores castellanos, antiguos y modernos: poemas del marqués de Santillana, alusiones y versión de pasajes de El Conde Lucanor, La Celestina, y el Lazarillo; citas poéticas de Lope de Vega, Góngora satírico, y el Quevedo, preferentemente estoicista. Así pues, la novela de Cervantes se incluye, en esta compilación, dentro de la nómina de escritores modélicos que autorizan suficientemente la paremiología castellana, como, en el siglo posterior, intentará el Diccionario de Autoridades.

Entre los préstamos cervantinos no confesados destaca la sumaria versión del cuento referido por Sancho Panza, en el cp.31 de la II parte del Quijote, a propósito de las ceremonias y porfías del duque y el hidalgo por cuestión de la cabecera de la mesa. La dilatada anécdota referida por Sancho, que para regocijo de los duques y sonrojo de D. Quijote hubiera podido demorarse durante seis días, la resume en pocos trazos el Dr. Galindo. Después de cotejarse con la traza legendaria de los franciscanos, que para declinar el honor y distinción al Papa Urbano le convidaron en una mesa redonda, según declara Andrea Tiraquello, De Iure primogen.1. tom.q.59, el cuento se enuncia así.

Más arrogante fue la respuesta de otro Castellano, que, avuiéndose sentado en messa trauiessa, por venir tarde a la çena, y instándole a que subiesse arriba, dixo, que donde quiera que él se sentasse haría cabezza, 95F2. f. 82v.

Esta versión guarda cierta similitud con el desahogo del relato sanchesco, protagonizado por un labrador y un hidalgo:

Sentaos majagranzas, que adondequiera que yo me siente, será vuestra cabecera. DQ, 281.

Otro cuento incluido en el refranero es el popularísimo protagonizado por el loco que agredía a los perros vulgares, salvaguardando los podencos, refrán, 238B, calificado de "vulgar historia". Como documenta Covarrubias la versión era célebre, y referida por Cervantes en el prólogo de la II parte del Quijote narraba así:

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo, y sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía: "Pero ladrón. ¿a mi podenco?. ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?". Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña.

Escarmentó el loco, y retiróse, y en más de un mes, no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra decía: "Este es podenco, ¡guarda!". En efeto; todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto".p.36.

La versión de Galindo ilustra el refrán El loco, por la pena es cuerdo.

Del propósito es la vulgar historia de vn loco que auía en çierta Ciudad, cuyo thema era, porque le mordió vn perro, de traher vna gran piedra sobre la cabeza, y viendo qualquier perro dormido, se le çercaba y se la echaba encima / diçiendo muy alegre en la venganza: "Quien tiene enemigos no duerma". Sucçedió que estando vn podenco echado en la puerta de su dueño, assí nuestro loco con su thema, y dexándole caer la piedra lo mató. El dueño, que salió al ruydo, y viendo muerto su perro, cogió muy ayrado vn palo que se halló a mano, y diole al loco, sin saber que lo era, muchos golpes, diçiéndole: "¿qué vellaquería es auer muerto vn podenco, y el mexor perro de caza que yo tenía?". Huyó y fuesse el loco mal hechor castigado, y en adelante, aunque prosiguió en su thema, eran todos amagos. Porque trahía la piedra sobre la cabeza, y se llegaba como antes, y amenazando al perro dormido, dezía, como reconociéndole, y juntamente retirándose: A este no, que es podenco, y corría sin attreberse a ninguno. De donde se prueba que este loco, acordándose del dolor de su castigo, salió cuerdo, o por lo menos, enmendado. f. 138/138v.

El cotejo de las dos versiones, si bien cercanas, hace improbable el seguimiento textual. Las acciones son divergentes y la destreza de la prosa cervantina deja en sombra el relato apuntado en la glosa de refrán galindiano. Más bien puede hablarse del empleo de un material tradicional por parte de ambos autores. Sin embargo, la pluralidad de menciones explícitas al Quijote indica que la proposición del cuento en la glosa paremiológica se realiza por influjo del material cervantino, admirativamente considerado por nuestro compilador de refranes.

Al juicio del Dr. Galindo, El Quijote es novela de burlas, graciosa y célebre, "novela burlesca", añade la glosa del refrán 117C. La interpretación cómica del Quijote se ha contemplado frecuentemente en los últimos años de la bibliografía cervantina. Los numerosos estudios a que podríamos referirnos enfocan el aspecto cómico de la novela sobre las situaciones o acciones narrativas, la caracterización de los personajes, la deformación de estructuras de diferentes géneros literarios, -caballeresco, pastoril, picaresco-, la disemia lingüística, etc.

La afirmación del carácter burlesco del Quijote es un planteamiento explotado abundantemente por el propio autor en la segunda parte de la novela. Aún teniendo en cuenta la probable condición apócrifa de los epígrafes capitulares, lo cierto es que al lector de los años 1640 se prometía un número superior de capítulos gustosos, sabrosos o graciosos en la segunda parte, respecto a los asegurados en la primera. La comicidad deriva en esta continuación de la novela, principalmente de la destreza lingüística, habilitada por Cervantes para desarrollar coloquios de pasatiempo entre D. Quijote y Sancho. La disparatada plática de Sancho, y sus retahílas de refranes descabellados son de gusto a los personajes nobles, pues, en ocasiones el escudero acierta inopinadamente en altas proposiciones de prudencia y sentido común, que, por su efecto sorpresa, provocan la amenidad. Según la duquesa,(II, XX, 272), la discreción de Sancho se confirma precisamente en la capacidad de asentar gracias y donaires, "malicias" al juicio de D. Quijote (II, XXX, 271), de las que "gustaba infinito de oir". "Razonamientos gustosos" (II, 31, 276), a todos sino a Don Quijote.

Por último, en esta parte de la novela, si bien era recurso iniciado en la primera, se escucha en multitud de ocasiones la risa abierta y maliciosa de los personajes. Sancho, menos simple y más discreto en esta nueva salida de la aldea natal (II,12,12), piensa morir de risa o perder el juicio cuando su señor le refiere la aventura habida en la cueva de Montesinos, (II,23,220). La duquesa, por su parte, "perecía de risa... en oyendo hablar a Sancho, y en su opinión le tenía más por graciosso y por más loco de su amo" (II, 32, 286); "perecida estaba la duquesa viendo la cólera y oyendo las razones de Sancho, (II, 32, 294); "A esta sazón, sin dejar la risa, dijo la duquesa", (II, 32,295); "Las razones de Sancho renovaron en los duques la risa y el contento", (II, 33, 304); "reventaban de risa con estas cosas los duques", (II,38, 332). "De cualquiera palabra que Sancho decía, la duquesa gustaba tanto como desesperaba a Don Quijote", (II, 39, 335); "a esto dijo Sancho:... riéronse todos", (II, 40, 341). Los refranes de Sancho serán preferidos por la duquesa: "De mí sé decir que me dan más gusto que otros, aunque sean mejor traídos y con más sazón acomodados", II,34, 308. Hasta el propio autor implícito inculca el deber de la hilaridad en el lector:

Deja lector amable, ir en paz y en hora buena al buen Sancho, y espera dos fanegas de risa, que te ha de causar el saber, cómo se portó en su cargo... II,44,268.

El juicio de D. Quijote sobre Sancho Panza se reafirma en esta tendencia cómica y equívoca:

es vno de los más graciosos escuderos que jamás sirvió a caballero andante: tiene a veces unas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no pequeño contento; tiene malicias que le condenan por bellaco, y descuidos que le confirman por bobo, duda de todo, y créelo todo, cuando pienso que se va a despeñar de tonto, sale con unas discreciones que le levantan al cielo, II, 32, 293.

Los epígrafes capitulares anunciados por graciosos, gustosos, de la primera parte eran menos. El factor hilarante de la novela se centra en los sucesos, aventuras, artificios, y otros recursos tradicionales de la comicidad, golpes, batacazos, detalles escatológicos, corolarios que rodean al bobo tradicional: descripciones animalísticas, obsesión por las necesidades primarias, glotonería, etc. El comentario de Luis Galindo al refrán 177C, Topar la horma de su çapato, permite sospechar que el hurto del rucio fue uno de los elementos sorpresivos y cómicos más eficaces de la primera parte,

En el modo mesmo, después de la historia graziosa y çélebre de nuestro D. Quixote de la Mancha, Encontró Sancho con su rozín, porque los finge muy parezidos en las mañas, y en todas las aventuras de la Novela burlesca, compañeros isseparables. 117C.

Era preciso matizar en la glosa paremiológica "después de la historia graziosa", de D. Quijote, porque el refrán comentado alude a la figuración proverbial a que análogamente se refiere Covarrubias en 1611: "A hallado Fulano, medida o horma de su çapato, quando ha topado con quien le haze rostro", 796a, glosa que subraya la identidad de los dos extremos del enunciado paremiológico.

A su vez, en el comentario Allá va Sancho con su rocino, refrán tan antiguo como la paremiología castellano, y documentado en el refranero de Santillana, Covarrubias anota: "dizen que éste era un hombre gracioso que tenía vna aca, y donde quiera que entrava la metía consigo; usamos deste proverbio quando dos amigos andan siempre juntos, 925a".

Esta figuración proverbial explica la glosa de Galindo, que asocia en intimidad asno y escudero. El vocablo "mañas" puede aludir a la malicia de ambos, el criado Sancho en su ambición de sacar tajada de las aventuras quijotescas, y tal vez, por un error de extensión aplicado al rucio, la aventura de Rocinante con las jacas galicianas de los yangüeses, I,15,190.

Es decir, a la figura proverbial de Sancho, se vincula un objeto, el rocín. La astucia del mañoso Sancho, deriva en esta glosa paremiológica principalmente de la figura folklórica, aún cuando también en la novela la sagaz prudencia del personaje resulte confirmada. La figura literaria corrobora la figura proverbial.

En otros refranes antiguos, el personaje folklórico Sancho, demuestra bondad natural, como en el enunciado, Al buen callar llaman Sancho, al bueno, bueno, Sancho Martínez, según juzga Correas:

Es de advertir ke algunos nonbres los tiene rrezibidos i kalifikados e vulgo en buena o mala parte i sinifikazión, por alguna semexanza ke tienen kon otros, por los kuales se toman, Sancho por Santo, sano i bueno. p.41.

Al buen callar llaman Sancto, "dízese por reprehensión del que habla lo que no conviene y fuera de tiempo, que le podría venir mal, como que sea cosa sancta y defendida callar", amonesta Galindo en el refrán 326 del Apéndice de su colección. La parlería, pues, disuena del personaje folklórico. La aplicación negativa de la figuración proverbial en el personaje literario intensifica la comicidad del efecto sorpresivo. En efecto, más de una vez las recomendaciones de D. Quijote a Sancho se cifran en el laconismo.

Sancho amigo, huye, huye destos inconvinientes, que quien tropieza en hablador y en gracioso, al primer puntapié cae y da en truhán desgraciado, II,31, 277.

La figura literaria comprende así actitudes muy dispares, silencio y parlería, astucia y simplicidad, malicia y bondad, Sancho hombre, Sancho animal, asociado al asno.

Parece, pues, que el episodio del hurto del rucio fue uno de los más celebrados y cómicos, al juicio del compilador Galindo. La glosa del refrán propuesto sugiere la cuestión de si la interpolación que reformaba la quiebra narrativa surgida entre los cp.23 al 42 de la primera parte, se aprovechó de una figuración proverbial dada, o bien, si el compilador del refranero no alude al antiguo proverbio, sino al correspondiente pasaje de la restitución del rucio, obrada en la edición de Juan de la Cuesta, 1605. Nos inclinamos por esta último opción, considerando que la lectura más célebre del Quijote en el siglo XVII contemplaba el robo y consiguiente devolución del rucio. A esto se añade la figuración que otros cuentos podían asociar, Vistéis por allá mi haca, el asno de Torquemada, etc. El planto de Sancho por el rocín, como demuestra su descendencia textual fue un pasaje conocido.

Una nueva alusión al Quijote en el refranero de Galindo asocia la desaparición del género caballeresco a la intención moral y paródica de la novela cervantina.

Las historia fabulosas y apocryphas, que ny son para exemplo, ny de doctrina, sino vanos fingimientos y nouelas ridículas dezimos por comparaçión Libros de Caballerías, escritos de la ociosidad castellana y leydos de la mesma, hasta que M. de Cervantes sacó a luz y juiçio a su D. Quijote, y se le puso a los occupados en lecturas semejantes y sin fruto, 693C.

Luis Galindo añade a continuación de la definición: Libros de caballerías, un nuevo modismo: Meterse en libros de caballerías

dezimos del duellista quimérico y que emprende cosas mayores que sus fuerzas, y se entremete a venganzas de injurias y tuertos agenos, andando siempre como otro Hércules en aventuras y peligros voluntarios, en ostentación de su esfuerzo, valentía, y nobleza de ánimo, sin más vtil proprio que el de adquirir nombre". ibid.

El contenido del vocablo 'quijotada' podría asimilarse a esta expresión proverbial de Galindo. Según M. Herrero García, este término reúne las notas de cristianismo, caballerosidad, valor irreflexivo e inconsiderado, locura extremada, cualidades que definen a D. Quijote como quintaesencia de la caballería andante. Para Luis Galindo, las notas de la figuración proverbial en el registro culto, figuras de la novela caballeresca, representan las mismas condiciones enuciadas por los escritores del XVII con respecto al personaje del Quijote: temeridad, valentía y ambición de gloria.

Así pues, en el registro paremiológico de Luis Galindo, nutrido por unidades tópicas, se incorporan, autorizados por la alusión al Quijote, proverbios que permiten suponer la celebridad proverbial de la novela, concretamente de algunos episodios, hacia 1640. Contrariamente a lo que podría esperarse por la fecha de estas glosas paremiológicas, la comicidad de la novela, que ha llegado a topificarse, responde a episodios y características de la primera parte, intensificados en su humorismo por el factor sorprendente y la paradoja intrínseca de la figuración proverbial. La glosa del Dr. Galindo aclimata la figuración proverbial a los nuevos éxitos editoriales.


© Pilar Vega Rodríguez 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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