Jorge Volpi
Las respuestas absolutas siempre son mentiras


Joaquín Mª Aguirre Romero ......Yolanda Delgado Batista
Universidad Complutense de Madrid


 

 

El nombre de Jorge Volpi llegó a nosotros desde el fondo de la oscuridad. Un autor desconocido en España, de 30 años, mejicano, ganaba uno de los premios de más prestigio de las letras hispánicas. Rescatar un premio como el Biblioteca Breve, de Seix-Barral, ganado por Carlos Fuentes, Juan Marsé, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Juan Benet, Luis Goytisolo o Caballero Bonald, por citar solo algunos de los nombres del palmarés más impresionante en la lista de galardones convocados por las editoriales españolas, era un ejercicio arriesgado. La sospecha que recae sobre la gran mayoría de los premios literarios actuales se situaba como fondo de las decisiones que se tomaran. El premio más valorado críticamente volvía de nuevo, estaría en el punto de mira de todos y se mediría con la vara de los nombres ilustres, de las figuras incuestionables, que lo habían obtenido anteriormente. Parecía que la polémica iba a estar servida y sin embargo ha habido unanimidad: En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, ha recibido un magnífico tratamiento por parte del conjunto de la crítica.

Sin embargo, siendo todas las críticas positivas, tras leer la novela de Volpi, nos quedaba un cierto sabor extraño: quizá no se le haya hecho toda la justicia que se le debía. La mayor parte de las reseñas y entrevistas que tuvimos ocasión de consultar tras la adjudicación del premio y su presentación en Madrid nos daban la impresión de que flotaban sobre la novela, que trataban de introducirla en los moldes de una narrativa cada vez más falta de sorpresas, más encerrada en esquemas simples, como a la que —desgraciadamente— estamos cada vez más acostumbrados.

Volpi ha conseguido algo difícil: soprender en las dos orillas, en la americana y la española. En busca de Klingsor es una novela anómala en las dos tradiciones, distanciada de ambas, por ello personal y más ambiciosa de lo que quizá se ha querido ver. Novela "histórica", "detectivesca", "divulgativa"... son definiciones esquemáticas y reduccionistas de una obra que juega con todas ellas para escapar inteligentemente de todo lo que estos modelos tienen de manidos y poco arriesgados. Volpi tiene la virtud —como Klingsor— de incitar a la búsqueda por parte del lector de los caminos que nos lleven hasta él.

Con esta intención, quisimos que la entrevista se aproximara más al diálogo, al intercambio en el que, como lectores, tuviéramos la posición privilegiada e ideal de poder preguntar al autor sobre todo aquello que su obra nos había suscitado, la oportunidad de adentrarnos en la obra de su mano.



LLega puntual y se dirige directamente al mostrador de la recepción del hotel donde le entregan los mensajes que ha recibido. Le indican dónde estamos y se dirige hacia nosotros. Luisa, que nos ha facilitado el encuentro y estaba dispuesta a participar en el diálogo, ha quedado atrapada por las nieblas del aeropuerto de El Prat. Un golpe más del azar, ¿o de la necesidad? Nos dirigimos a una mesa retirada e inmediatamente le explicamos que nos gustaría comenzar por conocer aquellos datos que nos ayuden a comprender su trayectoria hasta el momento, su participación en el reciente congreso de jóvenes narradores, para pasar después a la obra ganadora del Premio Biblioteca Breve. Lo acepta y, de forma fluida, nos sumergimos en el diálogo.

Espéculo: No se ha publicado nada en España de tu producción anterior.

Jorge Volpi: Yo había publicado antes de esta novela en México cinco novelas: tres novelas cortas y dos novelas largas.

E: Háblanos de ella porque tu obra rompe con el tópico de la novela hispanoamericana, del realismo mágico... Háblanos también de la denominada "Generación del crack".

JV: Sí, de esto se ha hablado mucho en el congreso, porque eso era como el estigma permanente, que un narrador hispanoamericano tenía que seguir haciendo realismo mágico y descubrimos que, por lo menos en esta generación, no hay nadie casi lo practique. Algunos sí tienen todavía cierta reacción contra el realismo mágico, pero en mi caso y en el de muchos otros pues ni siquiera hay una reacción porque nunca lo hemos practicado. Siempre ha sido García Márquez una de nuestras lecturas obligadas, uno de los clásicos para nosotros, un autor de biblioteca, no alguien que tengamos tan cerca, de tal modo que en la reunión no ha habido una reacción violenta por nuestra parte contra el realismo mágico porque no ha habido una influencia directa...

E: Ha entrado ya en el terreno de lo escolar más que en el de los modelos...

JV: Claro. Es curioso, es como si en España se dijeran los jóvenes que es terrible la influencia de Cela. Pues no, Cela ya es un autor con tan..., tan lejano en algún sentido, que sigue siendo importante. Bueno, no me extiendo por ahí. Te cuento primero de las novelas... La primera novela que publiqué en México, A pesar del oscuro silencio (1992), fue una novela que tiene una parte histórica, biográfica, que se enlazaría con esta, es una novela sobre un poeta mexicano, Jorge Cuesta, perteneciente a la Generación de contemporáneos, uno de los intelectuales más importantes del siglo en México, que además tuvo una vida muy trágica y murió suicidándose en un manicomio. Después publiqué una novela corta sobre el demonio y el mal en una recopilación de tres novelas cortas publicadas por miembros de nuestra generación que se llamó Tres bosquejos del mal, publicada por Siglo XXI en México. Mi narración se llama Días de ira (1994) y en ella participaron también Ignacio Padilla y Eloy Urrós, dos escritores de mi generación que posteriormente estarán también dentro de este grupo de Novelistas del crack. Era como el primer antecedente.

Luego publiqué una novela política (La paz de los sepulcros, 1995), casi un exabrupto, por la situación que había vivido México en el 94, que es también una especie de divertimento, con tema de la política mexicana en el futuro. Luego ya mi siguiente novela larga, El temperamento melancólico, que considero yo que es el antecedente inmediato de esta novela, no solo temática sino estructuralmente, aunque todavía pase en México —y esto lo veo yo ahora solo en la distancia—, el personaje principal de esa novela es un director de cine alemán que filma una película en México, con actores mexicanos y tratando de hacer que las emociones fílmicas se vuelvan reales.

Después publiqué otro divertimento, otra novela corta, Sanar tu piel amarga (1997), sobre tema amoroso. Es una sátira sobre estos lugares que consiguen parejas, que arman parejas, para tratar de burlarme, de definir un poco las relaciones amorosas en nuestra época. Y luego el libro inmediatamente anterior a este, ya no es novela sino es un ensayo largo, que se llama La imaginación y el poder, sobre la relación de los intelectuales mexicanos con el poder en el 68 mexicano, en el momento en el que está el gran movimiento estudiantil en el mundo, pero sobre todo en México, que termina con la masacre de la Plaza de las Tres Culturas, y que define en gran medida la cultura mexicana, pues es una investigación crítica sobre la actitud de los intelectuales en ese momento. Y luego ya este libro.

E: Cuando hablas de "divertimento", divides de alguna manera tu producción...

JV: Sí... No ha sido intencional, sino que así ha ido saliendo, pero es un poco el modelo de Graham Green, quizá. Él escribía lo que consideraba sus novelas serias, importantes, y luego, como una forma de cambiar de estilo, producía estos divertimentos, novelas de menor aliento, satíricas o de género, que a mí me sirven para descansar entre una novela y otra. No sé si esto lo voy a seguir haciendo porque no es un plan previamente trazado de ir haciendo una y una, pero sí son dos vertientes que siempre he tenido muy claras dentro de lo que a mí me gusta hacer. La novela, por un lado, y la novela corta, por otro.

E: Un equilibrio de intensidad...

JV: Exacto...

E: ¿Cómo surgió esta novela, En busca de Klingsor?

JV: Yo lo que tenía claro desde el principio, desde hace cinco años, es que quería escribir una novela sobre el mundo de la ciencia. Yo estudié Derecho y luego Letras, pero siempre me había interesado la ciencia. Siempre sentí que había habido un momento en el que decidí tomar un camino en vez del otro. Y esta renuncia a la ciencia me hizo siempre estar continuando con lecturas de divulgación científica y de ciencia, de física en general... Y sabía que quería hacer una novela sobre el mundo de la ciencia porque creía que tenía una gran cantidad de riqueza en imágenes, metáforas, símbolos, que permitirían no solamente explicar el mundo, que es lo que busca la ciencia, sino que servirían para volverse metáforas, símbolos e imágenes de las relaciones humanas y de la relación del hombre con su entorno. A partir de ahí comencé una investigación ya directamente sobre este campo y solamente más tarde me di cuenta del momento en el que quería que transcurriera la historia, porque me pareció muy significativo que el nacimiento de la física cuántica y de la incompletitud de las matemáticas coincide con esta época de terrible incertidumbre política, social, moral que es el principio del siglo XX, sobre todo, la época de la República de Weimar, en Alemania, y lugo ya directamente el régimen nazi y la Segunda Guerra Mundial. Pronto me di cuenta de que ese debía ser el espacio en el que transcurriría la narración, por lo cual tuve que iniciar una investigación no solamente científica sino también histórica para poder localizar la novela en ese tiempo. Esa es como la génesis para convertirla en una novela que, además de las historias que cuenta, pudiera ser un resumen de esa primera mitad del siglo XX, una historia de la incertidumbre en el siglo XX, o al menos en la primera mitad del siglo XX.

E: En la presentación de la novela se debatió, de forma divertida a veces, la cuestión del género de la obra y de la "novela histórica" y se centró la cuestión en los períodos, en el tiempo. Después de haber leído la novela -en aquel momento llevaba ochenta páginas-, creo que es difícil plantearla como una "novela histórica" cuando lo que se cuestiona es el sentido mismo de la "Historia", es decir, los "hechos", la posibilidad de la "verdad"...

JV: Exacto...

E: De alguna manera, tú la defines al final de la novela como una "novela de aprendizaje", incluso podríamos decir, de "desaprendizaje", más que una novela "histórica", porque cuestionas el mismo hecho de la Historia y se cuestiona la misma Verdad...

JV: Sí, en la tradición que quería insertar la novela, esta gran novela alemana de fines del siglo pasado y principios de este —por eso también Cabrera dijo que era una novela alemana escrita en español—, pero también, claro, una especie de Bildungsroman al revés, una novela de formación o de deformación, en la cual el personaje trata de ir teniendo una educación sentimental, pero también de conocimiento para ir descubriendo una verdad absoluta y en este camino darse cuenta más bien de quién es él y de los dilemas que se le plantean. Y, claro, este es también un cuestionamiento de la propia verdad absoluta. Una novela histórica que cuestiona las verdades completas, puesto que este es el tema de la ciencia en este siglo.

E: En la parte final, prácticamente la única salida que les queda a los personajes, sumidos en la duda más absoluta, es recurrir a la Teoría de juegos, solamente que cambiando los jugadores. Es la ironía final con la que juegas. El protagonista, el teniente Bacon, no sabe muy bien contra quién estaba jugando, tiene que cambiar el mapa y la resolución se explica desde esa decisión de aplicar las enseñanzas de von Neumann, que quizá sea el último maestro posible, porque también planteas que la libertad tiene que estar en la decisión y en la responsabilidad... ¿Cómo se plantea ese contraste, esa necesidad de decidir, con esa ironía final de aplicar el sistema para poder resolver?

JV: Sí, esta es desde luego una novela de decisiones todo el tiempo, un poco de cómo se toman las decisiones en los momentos clave. Y esto tiene una metáfora científica. El propio Schrödinger al hacer su juego sobre "el gato que está encerrado en una caja en donde hay veneno" y la posibilidad de que un electrón provoque que caiga el veneno y muera el gato es del cincuenta por ciento y nunca vamos a saber lo que está sucediendo adentro sino hasta observar directamente cuál ha sido el resultado, provoca que el universo se bifurque cada vez que alguien toma una decisión importante. Cada vez que alguien decide una cosa está renunciando a otras, pero probablemente está abriendo también universos posibles, eso por un lado. Por el otro, los propios científicos nazis consideraban que en un mundo de incertidumbre solamente la voluntad determina cuál es el mundo que queremos. En estos dos marcos teóricos, me interesaba que las historias de los personajes estuvieran siempre marcadas por este destino casi trágico que es el tener que decidir algo, aun en medio de la incertidumbre reinante...

E: Y la parte trágica es conocer la incertidumbre...

JV: Exacto.

E: En la novela parece que es la relación amorosa la que destruye esa decisión lógica en el devenir de los acontecimientos...

JV: Es curioso también. La crítica, la más inmediata, que ha habido de la novela siempre entiende como que trata sobre esta relación entre la ciencia y el mal y sobre el régimen nazi, sobre la bomba y, acotada, siempre hablan de que hay una parte amorosa. Para mí la construcción de la novela era al revés. Para mí las historias importantes son las historias individuales de los personajes, las historias individuales que hacen que Bacon salga de Estados Unidos, las historias individuales de Links que están marcadas desde luego por su momento histórico, por la ciencia que practica, pero que son mucho más importantes que eso. Las decisiones que toman los personajes siempre tienen que ver con el amor; esa decisión trágica en medio de la incertidumbre siempre es apostar por el amor irracional, pese a que se sepa en todo momento que nunca se va a tener la certeza de que esa es la decisión correcta, ni siquiera saber con certeza que la persona por la que se decide a amar en realidad lo ama a uno. Pero este acto de voluntad, en esta conformación del mundo, permite que los personajes se salven de algún modo. Se condenan en todos los otros, pero quizá lo que los salva es simplemente su decisión de apostar por el otro en contra de todas las predicciones.

E: Hay un aspecto interesante en cómo planteas la novela —volviendo a la cuestión de la física—. No entiendo que sea tanto una novela de divulgación, que admitiría una estructura clásica, y después introducir el conocimiento, de hecho, la novela pedagógica, en sentido clásico, es ya un modelo antiguo, sino que entiendo que el hallazgo real de la novela es aplicar la teoría misma, es decir, aplicarla a su desarrollo. Por decirlo de alguna manera, pasar de una física aristotélica de empujes, de causas y efectos, a una teoría de campos, aplicada como relaciones. Creo que esta es realmente la ruptura y lo difícil de entender en el panorama hispánico, tanto en el español como el hispanoamericano, donde tradicionalmente el escritor se ha sentido orgullosamente distante de la ciencia.

JV: Sí... Me llama mucho la atención... Desde luego es la primera vez que se hace hincapié en este aspecto que para mí era muy importante. La propia estructura de conocimiento de la novela tenía que seguir la estructura de conocimiento de la física que se está narrando. Claro, comienza siendo una novela causalista, siguiendo el modelo newtoniano-aristotélico, que va evolucionando hacia la posible teoría del conocimiento derivada de la física cuántica, de la incertidumbre, no como un error sino como una parte indispensable del conocimiento humano. Y, claro, esto se aleja de las novelas de divulgación simplemente. Mi interés no era construir una historia de la física cuántica, como una historia de la filosofía que podría ser El mundo de Sofía, desde luego. Aunque doy todos los elementos en la novela que me parecían indispensables para que el lector profano tuviera los conocimientos de física imprescindibles para comprender este propio desarrollo de la novela y este propio desarrollo de la conciencia de los personajes.

E: Hay entonces una demostración práctica de la propia teoría física. Creo que es el gran valor en la estructura; en la estructuración y en la forma de enfocar las relaciones entre los personajes. Hay un momento, al principio de la novela —porque la indeterminación, de alguna forma, se anticipó en la literatura—, en el que mencionas a Henry James a través de un personaje. Me recuerda, como posibles modelos o puntos de referencia, novelas como Otra vuelta de tuerca, en la que se desarrolla un sistema en el que es imposible determinar, por lo involucrado que está el observador en lo observado, por decirlo así, la posibilidad de verdad desde una voz narrativa.

JV: Esta era otra cosa muy importante. Si ya la propia estructura de la novela evolucionaba como la estructura del conocimiento, desde la certeza o la búsqueda de certezas absolutas newtonianas hacia la incertidumbre cuántica o relativista, y las vidas de los personajes se desarrollan también en ese aspecto de la seguridad absoluta a la simple toma de decisiones frente a la incertidumbre, la tercera parte de esta construcción tenía que ser la aproximación que yo quería que el lector tuviera con la propia narración. El lector de esta novela, mi intención es que se convirtiera desde el principio en un investigador similar a Bacon, y que tuviera también que evolucionar por la propia lectura de la novela desde esta búsqueda de verdades absolutas hasta que al final el lector tiene que tomar una decisión, como también la toma el personaje, como también la toman los científicos. ¿Cuál es el final de la novela? Es el que el propio lector tiene que decidir, frente a la incertidumbre, que sea el final.

E: O sea, que la abundancia de datos no repercute en el aumento de verdad...

JV: No... Es una novela que está llena de datos, llena de información sobre historia, sobre física cuántica, sobre los personajes, sobre teorías... como el mundo. Y eso no nos da mayores certezas en nuestra vida cotidiana.

E: La formulación que haces —que es muy interesante— equiparando las leyes narrativas con las leyes físicas es una ayuda importante también para crear el marco de la novela y su comprensión por parte del lector. De hecho, al final de la novela, equiparas todos los posibles tipos de investigadores; todos somos detectives, científicos..., estamos todos en el mismo papel de incesantes intérpretes, de hermeneutas...

JV: ...de la realidad...

E: ...Sí... Eso sitúa ya la novela ante una demanda muy exigente para el lector, aunque también tiene varios niveles, como bien has señalado, de lectura...

JV: Sí... Por ejemplo, ya la propia decisión de escoger quién iba a ser el narrador de la novela para mí era muy importante. Es este mismo tema que se ha debatido desde Henry James y que llega a formular Borges de manera explícita y clara en sus conversaciones con Bioy Casares. Él decía: cómo crear un personaje que esté narrando una historia en primera persona y que nunca sepamos si está diciendo la verdad o dice mentiras. Pues claro, ese tipo de narrador era el que tenía que tener esta novela, un narrador en primera persona, omnisciente aparentemente a lo largo de toda la historia, que cuenta cosas que no sabemos si son ciertas o son falsas. El lector naturalmente tiende a creer al narrador en primera persona. Esa es una primera condición, como se tendía a creer en las verdades absolutas de la mecánica newtoniana. Y al final el lector, al contrario, debe estar también desconfiando constantemente de todo lo que ha leído. Es una novela que a lo mejor exige que el lector una vez terminándola la vuelva a leer para darse cuenta de en qué momentos está siendo engañado intencionalmente o en qué momento está siendo engañado el propio narrador por su propia narración.

E: Además esas leyes son claras sobre ese papel del narrador. Quizá sea en la relectura cuando pueda un lector menos experimentado comprender el alcance de esas leyes, lo que significan para ese universo...

JV: Respecto a la exigencia, claro que creo que solamente aquellas novelas en las cuales uno como lector se involucra y completa las pistas que el propio narrador le está dando son las que pueden convertirse en grandes novelas. Pero, por el otro lado, en esta misma estructura de En busca de Klingsor quería que uno de los temas de la novela también funcionara en el nivel de la lectura, y es el juego. Es decir, que el juego es importante desde el inicio de la novela. Temáticamente, la Teoría de juegos de von Neumann está presente a lo largo de toda la novela para la forma en que se investiga la realidad buscada en la forma en que se persigue a Klingsor y yo también quería que al lector le pareciera, al momento de estar leyendo la novela, que participa en un juego como jugador, que también esta recibiendo pistas, pero también se le trata de engañar y el lector tiene que tratar de ser más inteligente que el narrador, lo cual es un desafío pero también creo que es un desafío que tiene esa otra parte indispensable de los juegos que es este elemento de diversión.

E: La Ciencia trata de caminar hacia la sencillez unificando, sin embargo este planteamiento de la novela a lo que lleva es a una complejidad difícilmente resoluble, ¿cómo ves esa contraposición entre esos dos universos, una Ciencia luchando por simplificar sus leyes, unificarlas, mientras que en la novela, este tipo de planteamiento —que es el moderno, el que arranca de Henry James a nuestros días— es una exigencia importante para el lector, una forma de sumergirlo en unas situaciones a veces un tanto complejas? Hay un relato de Turgeniev en el que se nos muestra a una mujer a la que su padre educó solo en la lectura de textos científicos. Leerá el Fausto de Goethe y no lo resistirá, morirá al no poder asimilar una dosis tanta alta, digamos, de complejidad frente a la sencillez a la que se había acostumbrado en la Ciencia. El lector actual, que se encuentra en un universo muy simplificado, no por la simplificación de la Ciencia, sino por el efecto mediático, la reducción de la Cultura, la globalización, ¿aprecia, busca esa complejidad, está dispuesto a enfrentarse a esa incertidumbre...?

JV: Yo creo que esa incertidumbre y esa complejidad es la complejidad del mundo. Claro que la Ciencia en este modelo de simpleza y de belleza, que también tiene la propia investigación científica, intenta que las teorías sean lo más claras y transparentes posibles. Y la tendencia de la Física actual es llegar a esa Teoría del Todo que unifique las cuatro grandes fuerzas de la Naturaleza en una sola fórmula, que aparentemente sería esta fórmula que define el mundo. Sin embargo, en esta pretensión a lo largo de la Historia, se ha demostrado que cada vez que la Ciencia cree estar ya cerca del final de todas sus expectativas siempre llega una teoría nueva que contradice las anteriores. Yo creo, sin muchos elementos desde luego para decirlo con certeza, que volverá a ocurrir lo mismo. Se busca la simpleza, pero siempre la complejidad del mundo termina desbaratándola. Y yo creo que el lector lo que tendrá que hacer es buscar la simpleza en medio de la complejidad.

E: ¿Podemos considerar la novela también como un "experimento mental", en el sentido que defendía...?

JV:...¿Einstein? Sí, sí, yo creo que sí, y esto también me parece muy curioso que lo digas, porque creo que es cierto... Sí, toda la novela es una especie de "experimento mental" en el cual se trata de probar unas teorías sin aplicarlas a la realidad. Finalmente, sí, los personajes y todo lo que ocurre es imaginario, sujetos a leyes que también son imaginarias para ver si se consigue un resultado que no es imaginario sino también real.

E: Sí, es un cambio... Zola hablaba de la "novela experimental", pero en el sentido de la fisiología, que él entendía que era la base de la novela, es decir, aplicaba las bases positivistas decimonónicas, y, en este caso, sería también "experimento" en ese sentido; "novela experimental", pero con las condiciones de un nuevo marco de la Ciencia. Es interesante porque el modelo experimental parecía haber quedado reducido a la experimentación con el lenguaje, pero se puede experimentar con más cosas, como demuestras...

JV: Claro, aquí la experimentación no es lingüística o, desde luego, primordialmente lingüística, sino en la aproximación del lector a la novela y en la propia estructura de la novela, para resolver sus propios temas dentro de sí misma.

E: Hay un detalle que me ha llamado la atención. La novela comienza con las palabras de Hitler "¡Basta de luz!". Más adelante, en la página 354, hay un cambio; Links comienza otra parte con "¿Puede encender esa luz?" Me trajo a la mente, como si fuera el cierre de un mundo luminoso anterior, las palabras de Goethe al morir, aquel "¡Luz, más luz!...

JV: Exactamente... Pues claro, debes ser el primero en señalarlo, pero así lo pensé... Era un guiño a la frase de Goethe. Claro, la novela se inicia con Hitler diciendo "¡Basta de luz!", lo cual sumerge toda la novela en este territorio de la oscuridad, del mal, del infierno o de cómo se quiera ver, en contra del Fiat lux, del ¡Hágase la luz!, y así es durante un buen período de la historia europea. La novela termina cuando Links, este otro personaje importante de la narración, al contrario, está pidiendo otra vez que se encienda la luz, que otra vez haya luz, que es la luz de la Ciencia también.

E: Siguiendo con el tema de Goethe, con un mundo romántico, que se presentaba como oscuro y del que él abominó, la figura de Heisenberg se presenta como una especie de neorromántico, de hecho, uno de los momentos más bellos de la novela es la parte en la que lo describes en soledad, comprendiendo ese mundo, que a mí me recuerda algunas escenas del Werther y plásticamente me trajo la imagen de los cuadros de Friedrich, de esos mares de nubes, del hombre enfrentado a la fuerza de la naturaleza. Además es un cambio estilístico que tú defines muy bien en esa escena con una forma de escritura diferente y, volviendo a la experimentación lingüística, creo que hay una variedad de registros importante a lo largo de la novela que tú utilizas en cada momento...

JV: También me gusta mucho que lo digas... Había una pretensión estilística inicial y es que la novela tuviera la claridad y la transparencia de un ensayo científico, casi desde el inicio hasta el final... Claro que esto no podía ser todo el tiempo porque se hubiera vuelto monocorde la historia; y me parecía que, por el contrario, continuaba dentro de esta misma línea que en ciertos escasos momentos hubiera cierto margen para el lirismo, el lirismo que finalmente también está presente en la investigación científica. Cualquier científico importante habla de que es muy importante la belleza de las teorías, quizá más que la verdad de las teorías. Y esto se busca siempre, esta claridad y esta linealidad siempre ha atraído a las mentes científicas. A mí me parecía que en ciertos instantes la novela podía permitirse una divagación lírica. Son contados. Desde luego los más significativos son el momento en que Heisenberg cree descubrir la mecánica matricial, y esto me parecía también que podía ser una paradoja hermosa; algo tan abstracto, tan complejo como la mecánica matricial, con una matemáticas tan abstrusas, son descubiertas cuando está Heisenberg convaleciente de una fiebre en la isla del Helgoland, enfrentándose a los elementos en completa soledad. También es paralelo el momento en el que Schrödinger descubre la mecánica ondulatoria estando solo después de haber tenido una noche de pasión con una mujer desconocida en Arosa. Y hay un último período quizá, que también permite este lirismo, que es el momento de desesperación final de la guerra cuando Heisenberg y su equipo, ya estando la guerra prácticamente finalizada y habiéndose suicidado Hitler, todavía deciden emprender un último experimento para tratar de conseguir una reacción en cadena en una cueva en las profundidades de la tierra casi como si fueran alquimistas, magos o brujos...

E: Podemos entender la novela desde una perspectiva muy sugerente que es la de la Sociología de la Ciencia. Hay tres grupos enfrentados, por un lado lo que pudiera ser la Escuela de Copenhague, con Heisenberg y Bohr, la parte de Einstein, y por último la Deutsche Physik, la ciencia condicionada —aunque todos tienen sus condicionamientos— por el nacionalismo. Popper habló del "cisma de la física", entre las dos tendencias, la que consideraba de alguna manera determinista, como la Einstein, y la de la indeterminación y la renuncia a un conocimiento absoluto. Defines tres grupos de científicos muy diferentes, tres formas de enfrentarse a la vida y con distintos sentidos de la responsabilidad, que en última instancia también es un tema que abordas y que es fundamental: la ciencia, ¿para qué?

JV: Para mí era muy interesante ver cómo la verdad científica no solamente es producto del estudio y de la concentración y de los experimentos, sino de la propia voluntad de los individuos y, desde luego, también de la lucha de verdades en conflicto. Si la verdad fuera tan clara y tan nítida como se pensaba antes no habría habido necesidad de estos conflictos entre estos grupos científicos. Una de las cosas que se evidencian en la novela, pero que está calcada de la realidad, es cómo hubo un verdadero enfrentamiento entre teorías dispares que no alcanzaban a contradecirse lo suficiente como para que fuera evidente que una de ellas era verdadera y las otras dos eran falsas. Cuando comienza la Relatividad, Einstein es el primero en darse cuenta de que el azar está presente en sus propias teorías. Sin embargo, ya en el momento en que aparece la física cuántica, con sus saltos de electrones que evaden la causalidad clásica, Einstein se siente muy escandalizado. Es cuando le dice a Max Born que Dios no juega a los dados y cuando comienza una lucha entre la interpretación de la Física moderna einsteniana, todavía determinista, como dijiste, y la versión de Bohr, de la interpretación de Copenhague, sobre todo, de considerar que hay elementos no causalistas en la propia física cuántica. Y este conflicto va ser permanente en todo el siglo, incluso hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en el cual Schrödinger se cambia de bando y se van con Einstein para tratar de conseguir una teoría unificada causal. Y por el otro lado está también la Deutsche Physik, la Física alemana que con presupuestos mucho más políticos que científicos, en cualquier caso, trata de borrar la parte estrictamente matemática y de complicaciones solamente teóricas de la física cuántica y de la Relatividad en aras de una física que sea mucho más práctica y que sirva para cuestiones mucho más realistas. Y es muy interesante ver a los científicos en conflicto porque parece que no son científicos en conflicto sino como si fueran miembros de partidos políticos que están luchando por obtener el reconocimiento y la verdad absoluta cuando, en el fondo, ninguno de ellos la tiene.

E: Hay un momento duro en la novela, cuando se plantea que el desarrollo militar de la energía nuclear no es visto más que como una excusa para demostrar quién tiene la teoría correcta por encima de otras consideraciones; que los científicos, en este caso, manejaron a los políticos y militares, obteniendo fondos para la investigación por el orgullo de tener razón.

JV: Este es uno de los dilemas morales, no solamente de los científicos alemanes, aunque desde luego está planteado ahí con Heisenberg, pero que también era el de los científicos aliados que trabajaban en el Proyecto Manhattan. ¿Hasta dónde, simplemente, estaban utilizando los recursos militares para probar sus teorías, para poder confirmar que estaban en lo cierto y los otros estaban equivocados?, ¿o hasta dónde, en realidad, estaban funcionando para el poder que los financiaba para construir la bomba? Creo que las aristas de este tema son muchas. No era posible tratarlas todas, pero al menos quedan planteados estos problemas, que son también problemas morales. ¿Por qué Heisenberg acepta trabajar para Hitler? Él sugiere con una frase que en lugar de utilizar la Ciencia para la Guerra, él iba a utilizar la Guerra para la Ciencia, para tratar de continuar sus investigaciones con cierta seguridad, ir obteniendo el dinero del que podía disponer gracias a participar en el proyecto. Pero, por otro lado, siempre continua haciendo guiños de que él estaba allí a cargo del proyecto atómico alemán justo para impedir que Hitler llegara a tener una bomba atómica, como si él a propósito hubiera ralentizado el proyecto de construcción de la pila. Pero, por el otro, hay pruebas de que, al contrario, él estaba obsesionado con tener la razón frente a los norteamericanos que estaban trabajando simultáneamente en el proyecto y que quería adelantarse a ellos, quizá no para construir una bomba, pero sí al menos para tener un reactor atómico. Todas estas variantes son muy interesantes a la hora de estudiar por qué un científico tan importante y de una moralidad tan estricta como Heisenberg participa en todas estas cosas. El otro momento clave de esta posición de Heisenberg es cuando va a visitar a Bohr a Copenhague en 1941. Es un encuentro del que no se tienen muchos datos. Bohr dice unas cosas, Heisenberg dijo otras. Los investigadores de entonces y sobre todo Jung, un periodista alemán que publica un libro entonces, después de la Segunda Guerra, que será muy importante, Más brillante que mil soles, hablarán sobre ese encuentro en el cual Heisenberg sugiere que él iba a Copenhague para proponerle a Bohr que los científicos fueran los que controlaran la investigación atómica en el mundo en vez de que fueran los políticos; que si los científicos lo hacían, podía ser que pudieran determinar el fin de la guerra, incluso a través de un acuerdo de científicos para controlar el mundo. Pero por el otro, también se llega a creer que era un espía del Gobierno alemán que lo que quería era simplemente obtener datos de Bohr o lograr que Bohr ralentizara también el proceso de investigación aliada. En fin, es tan incierto lo que ocurrió allí como la propia incertidumbre de la Física cuántica.

E: Quiero plantearte dos cosas. Por un lado, el un triste destino en los dos términos fundamentales en la física contemporánea "Relatividad" e "Incertidumbre", es decir, el uso cultural, social, por decirlo así, que se ha hecho de ellos en sentido casi absolutamente contrario al que tenían en su origen y casi en contra del otorgado por sus formuladores... En segundo lugar, está el caso de Einstein, cómo dibujas su figura en la novela a través de una serie de golpes, que son casi como cuentos sufíes, como si fuera una sabiduría concentrada en anécdotas, que desvelan y ocultan a la vez. ¿Cómo te planteaste esa figura inmensa de Einstein, esa traducción a personaje narrativo de un personaje tan complejo y tan inmenso?

JV: Claro, Einstein es uno de los personajes principales de la historia, pero no tanto porque aparezca siempre, sino porque está un poco detrás de todo lo que está ocurriendo. Yo quería que la aproximación fuera solamente por fragmentos, que fuera muy fragmentaria. No quería construir un Einstein hierático ni con esta personalidad excéntrica de siempre, sino solo como un punto de referencia, uno de los puntos de referencia para el personaje principal y, en general, para el desarrollo de la Física moderna. De ahí que la única aproximación directa de Bacon sea tan equívoca e incluso tan ridículas. Se dedica a perseguirlo todos los días, va detrás de él, siempre tratando de hablar, es decir, tratando de aprender la verdad que tiene Einstein, y en el momento en que lo tiene cerca de lo único que pueden hablar es del clima. Esto era un guiño irónico sobre este endiosamiento de Einstein, y que finalmente lo único que se pudo obtener en ese momento fue lo más banal.

E: Y además determinará su destino...

JV: Sí, pero eso se verá después... Te quería decir otra cosa sobre el principio de la pregunta anterior... El propio personaje Links, que es supuestamente un matemático, lo dice en varias ocasiones, que a él le molesta mucho esta falsa divulgación...

E: Algunos críticos lo han incluido como si existiera realmente, lo han puesto junto a los reales...

JV: Sí, hay alguna reseña sumamente divertida simplemente por el hecho de que ponen a Links como si hubiera sido un personaje que existió, que gracias a eso ya existe, ¿no? Ya existía en la novela y ahora ya lo hacen posible..., lo cual creo que es el mejor halago que me han hecho al considerar que podría haber existido... Bueno, aparte de eso, Links dice que a él le molesta mucho esta falsa divulgación de la Ciencia que se ha hecho, de popularizar términos provenientes del campo científico, que en la práctica tienen un sentido completamente distinto. Es lo que pasó con la Relatividad de Einstein, con el Principio de incertidumbre de Heisenberg, con la Incompletitud y la Indecibilidad de las matemáticas de Gödel, que se aplican luego a cosas sociales que no tienen nada que ver con la Ciencia y esto ha sido lo que ha denunciado también recientemente en un libro sobre imposturas... Pero lo cierto es que no podemos negar que, ciertas o falsas, esas implicaciones sociales han sido muy importantes. Aunque la Relatividad de Einstein no hablara sobre la relatividad de todos los valores, en el momento que Einstein se populariza, en los años veinte y treinta de nuestro siglo, la Relatividad de Einstein parece estar directamente conectada con la relatividad de valores que se está viviendo. Y aunque no sea cierta esta relación, lo real es que actúa de manera importante en las relaciones que se establecen entonces entre las personas y, por el otro lado, tampoco podemos negar que el propio hecho de que estos científicos escojan estos términos para definir teorías científicas también tiene que ver con este imaginario cultural del momento. Si Einstein hubiera escogido un término menos poderoso que "relatividad", quizá hubiera sido más preciso pero no hubiera tenido la resonancia social que tuvo al aplicar este término proveniente de la filosofía en cualquier caso. Lo mismo con la Indeterminación, que todo se vuelve indeterminado, incierto, pues la propia elección del término por el científico también marca el ámbito cultural en que se está desarrollando.

E: Parece que cada propuesta desencadena una serie de errores...

JV: Sí... y esos errores probablemente no sean más que las verdades posibles que se tienen.

E: La posible salida de Links de donde se encuentra, lo haces coincidir con la disolución de otro mundo, que es la disolución del Este. Es el año en que va a caer el Muro y se abre un universo nuevo; se supone que él ha estado desconectado del mundo real y se va a encontrar otro mundo caótico... Él habla de su nacimiento en un "mundo ordenado" y, sin embargo, los personajes van viviendo caos tras caos a lo largo de su existencia. ¿Qué valoración tiene este siglo XX —se hablaba del orgulloso siglo XIX, el del progreso—; el siglo XX es el siglo del caos?

JV: Pues, probablemente, sí. La novela, ciertamente, está aparentemente escrita como las memorias de Links que redacta desde un manicomio en alguna parte de la República Democrática Alemana, en 1989, justo cuando está cayendo el Muro de Berlín, que también para mí era un ciclo histórico inevitable. El siglo comenzaba en 1905 con la teoría de la Relatividad y el derrumbe de la física lineal, hasta llegar a la demolición final de la Utopía socialista o del socialismo real en 1989. Este era el ciclo que Links vive completo, pues Links, para mí, era esa personificación del siglo, de este siglo que probablemente sea el siglo del caos, el siglo de la incertidumbre, como lo dije en otra ocasión, y no tanto porque no hubiera incertidumbre antes, sino porque ahora la incertidumbre, por primera vez, la consideramos como inevitable, no como un error ni como falta de elementos para conocer el futuro, sino como una parte indispensable de nuestras vidas con la cual tenemos que convivir, no tratar de eliminar.

E: ¿A qué achacas la separación casi radical en el escritor hispano entre lo que es la Ciencia y lo que se llama las Letras, destruyendo un concepto unificado de Cultura, que quizá fuera más fecundo a estas alturas?

JV: Sí... Yo creo que no solo ocurre en el ámbito hispánico. Yo creo que se debe a la hiperespecialización provocada en todos los ámbitos, no solamente en el hispánico, sobre todo en el anglosajón... La cultura humanista entendida... bueno, ¡es que es terrible...! ahora hablamos de Ciencias y Humanidades cuando en el Renacimiento el Humanismo era tanto la Ciencia como las Letras como las Artes, todas ligadas en un conocimiento general...

E: ... y en el mundo griego...

JV: ... y en el mundo griego así era también... un filósofo era tanto científico como historiador como... Y ahora esta hiperespecialización lleva a estos compartimentos cerrados de conocimiento que casi no tienen contacto entre sí... La academia en casi todos nuestros países funciona de este mismo modo, con una terrible carencia de valores generales frente a una especialización técnica minuciosa en apartados muy concretos. Y esto tiene influencia también en la Literatura. Desde hace mucho tiempo, la Ciencia parece haber desaparecido de los temas centrales de la Literatura, no solamente en castellano... Ahora, mucho más en nuestros países porque nunca hemos estado durante este siglo a la vanguardia en la investigación científica. Todo el ámbito hispánico, España y América Latina, siempre han estado un poco a la zaga en el conocimiento científico, lo cual ha provocado que esto no haya permeado al resto de la sociedad, que haya habido menos interés y, por lo tanto, que los escritores no se hayan interesado en un tema que les parece tan ajeno. Escribir sobre ciencia en español parece casi tan excéntrico como escribir ciencia-ficción en español, como si eso estuviera reservado al ámbito anglosajón o alemán, en el cual la Ciencia parece ser una parte indispensable de la vida cultural... Pero tampoco es cierto, es más un imaginario social porque la especialización está presente de manera notabilísima en la academia norteamericana también.

JV: Quizá donde esté más equilibrado —y por ahí iba Cabrera Infante al calificar tu novela como alemana— sea en el ámbito centroeuropeo, donde hay una mayor tradición del intelectual que cultiva las dos vertientes, la humanista y la científica. Estaba pensando también en ciertos grupos de encuentros entre científicos y artistas, escritores... porque entienden que es importante ir buscando un imaginario común...

JV: Sí... Cuando no sé exactamente en qué aniversario de la muerte de Einstein se cumple, en Suiza, a quien invitan a dar la charla sobre la vida Einstein es a Friedrich Dürrenmatt...

E: ...Autor de Los físicos...

JV: Exactamente... autor de esa obra de teatro Los físicos, que escribe creo después de esta conferencia sobre Einstein... Pero es, finalmente, un literato el que habla de un científico y es absolutamente normal... Aquí sería rarísimo...

E: Me alegra que hagas esa referencia a esa obra de Dürrenmatt porque en ella los científicos se hacen pasar por locos para no tener ninguna responsabilidad y que contrasta con la ambición que está presente en muchos de los que están presentes en la novela... Son dos modelos, dos propuestas...

JV: Claro... La de Dürrenmatt es como la propuesta inversa... Es preferible la locura o esta supuesta locura a la responsabilidad de provocar la destrucción...

E: Como escritor, ¿te planteas la literatura como un "experimento mental" o piensas que el escritor debe tener una función social?

JV: Yo creo las dos cosas... Para mí la literatura es sobre todo esta necesidad de saciar mi curiosidad y mi búsqueda de conocimiento. Finalmente yo creo que si escribo novelas es para aprender cosas sobre mí, para aprender cosas sobre el mundo, sobre la vida, como si fuera una investigación científica también. Por el otro lado, también yo creo que sí existe cierta responsabilidad social del escritor, probablemente no al escribir novelas con mensaje, pues desde luego es lo que menos me interesaría, pero, ya a otro nivel, creo que el escritor que le interese, que tenga la curiosidad de buscar más elementos para comprender la vida social, me parece lógico y pertinente que opine sobre temas de interés público y que tenga una función social en este sentido. No todas las personas en la sociedad tienen la necesidad, el tiempo, la vocación de estar tratando de comprender la realidad... Si hay escritores o intelectuales que tienen la necesidad vital de cumplir esa misión, yo creo que es importante el papel social de opinar sobre asuntos de interés público para conformar la opinión pública y que el ciudadano común tenga más elementos para decidir sobre los temas fundamentales de la vida social.

E: Me gustaría volver a algo que no terminamos de ver anteriormente. Háblame de esa Generación del Crack, ¿qué os unía?

JV: Esto fue también un experimento, no mental sino un experimento real. Cinco escritores más o menos de mi edad, todos de mi generación, nos conocimos y nos dimos cuenta de que las novelas que teníamos en el armario y que no podíamos publicar, porque entonces las condiciones editoriales en México eran muy difíciles, bueno, lo siguen siendo, pero eran particularmente difíciles en ese momento por la crisis económica, comenzamos a charlar y a encontrar propuestas temáticas y estéticas comunes. Pero hay incluso coincidencias temáticas, lo cual era otra de las cosas que nos acercaron en ese momento. Los cinco escritores teníamos novelas cuyo trasfondo temático era el fin del mundo, novelas escritas en los años anteriores..., no sé, debe haber sido... en el 89, en el 90..., y todas hablaban sobre el fin del mundo, pero aparte de esto, empezamos a encontrar intereses estéticos comunes. Queríamos rescatar la tradición de la gran novela mexicana practicada por los miembros de lo que en México se conoce como Generación de Medio Siglo, que estaban siendo muy relegados por la generación siguiente que a nosotros nos parecía simplemente copias del realismo mágico, muy cercano a lo que entonces se llamaba literatura light, a estas sagas copiadas de García Márquez, que tenían una gran cantidad de lectores, pero que nos parecía que no tenían una exigencia importante, ni literaria ni hacia el lector, y todo esto lo dijimos públicamente y publicamos las cinco novelas como una colección casi, todas en la misma editorial... Nosotros no hablábamos de una generación, sino simplemente de un grupo de novelas que tenían ciertos temas y ciertos intereses comunes en sus autores. Pero la prensa, en ese momento, empezó a hablar de Generación del Crack como de toda la generación de los sesenta, lo cual provocó que todos los otros, que son muchos, que no estaban publicando novelas en ese momento se sintieran directamente afectados y aludidos, porque nosotros nos autobautizábamos como Generación del crack. Pero no se trata de una generación, al menos no era el proyecto inicial, sino simplemente de este primer grupo de cinco novelas y luego, al año siguiente, publicamos otras cuatro con esta misma idea, incluso con un guiño a la historia literaria mexicana, bueno, en general, a la universal, publicamos un "Manifiesto del Crack" en donde hablábamos de estas cosas y la recepción crítica fue muy curiosa, muy buena hacia las novelas y terrible hacia el Manifiesto y todo lo que había alrededor. Pero bueno, fue un experimento, interesante para conocer cómo funcionaba también la vida literaria... Éramos muy jóvenes cuando lo hicimos...

E: Tú estás ahora en Salamanca y parece ser que se ha formado allí un grupo de estudiantes de doctorado de los que muchos son escritores hispanoamericanos de muchos países: Uruguay, Venezuela... ¿Estáis creando algún tipo de punto de encuentro, intercambiando ideas...?

JV: Es básicamente una coincidencia, porque casi todos nos conocimos ahí... Bueno, llegamos dos mexicanos que sí éramos amigos, Ignacio Padilla, que también perteneció a estas Novelas del crack, y yo... y ahí encontramos que ya había un buen grupo de latinoamericanos, pero también algunos españoles, a los que les interesaba la literatura y ya habían publicado cosas en sus países, no solamente narrativa sino que también hay muchos poetas, y, sí, hay una vida intelectual interesante en la Universidad de Salamanca relacionada directamente con la creación literaria más que con la academia... El intercambio de ideas pues es el intercambio de ideas que hay entre amigos... cafés, tertulias, pláticas, alguno que otro evento que hemos hecho juntos, hay recitales constantemente de poesía y de cuentos, en fin, cosas propias de la vida universitaria y que son muy positivas... Y, sí, ha sido muy interesante ver, por ejemplo, que... yo estudié en Salamanca y haber ganado el Premio y haber aparecido en la antología de Líneas Aéreas junto con Juan Carlos Méndez, otro escritor venezolano que estudió el doctorado en Salamanca y que también acaba de publicar una novela en Lengua de Trapo, además de aparecer en la Antología de Líneas Aéreas... En fin, que es...

E: ... un nuevo París, como en los años veinte o en los cincuenta...

JV: Pues sí... es curioso, ¿no? Ojalá fuera un nuevo París, pero por lo menos está siendo un lugar de llegada de escritores hispanoamericanos importante para nuestros países, pero creo que también será importante para un intercambio con España.

E: Creo que se está produciendo un fenómeno de remodelación de las relaciones entre todos los países de habla hispana después de una serie de, digamos, equívocos editoriales o de errores a lo largo de una serie de años en los que el "Boom" o la determinación del "Boom" y el control editorial fue importante... dejó fuera muchas cosas que estaban haciéndose y no encajaban, y parece ser que, por los signos que tenemos últimamente, se está otra vez abriendo una línea de intercambio más positiva...

JV: Sí, lo creo también... Yo llegué a España hace tres años y estaba todo casi completamente cerrado en la visión editorial de España hacia América Latina. En estos tres años yo creo que ha habido un cambio drástico, en mi vida desde luego, pero no solamente en mi caso, sino en el de muchos hispanoamericanos que están publicando nuevamente en España, con un interés de los editores y con interés por parte de los lectores. No pasa lo mismo entre los países de América Latina —esa es otra cosa curiosa—... Seguimos nosotros con un completo desconocimiento de lo que pasa en Argentina o en Chile, y en Argentina no saben lo que pasa en Guatemala, y en Guatemala no saben lo que pasa en Cuba, y en Cuba no se sabe lo que pasa en Dominicana, y en Dominicana no se sabe lo que pasa en Venezuela... Y este terrible desconocimiento está motivado también por la terrible crisis de la industria editorial latinoamericana donde ni si quiera México y Buenos Aires, que en algún momento fueron las grandes capitales de la industria editorial latinoamericana, han podido recuperarse. España, por el contrario, se está convirtiendo otra vez en ese catalizador de la vida intelectual de América Latina y de la propia España gracias a este nuevo interés editorial hacia lo latinoamericano que permite, ahora sí, un conocimiento entre los propios países. Si yo quiero leer un autor argentino, por ejemplo, pues voy a tener que recurrir a editoriales españolas en cualquier caso, aun estando en México. No me parece mal... Está motivado por la propia geopolítica y las condiciones de mercado que existen en América Latina, pero es positivo porque, por lo menos, permite cierto conocimiento de lo que pasa entre nuestro propios países.

E: La revista para la que te estamos haciendo esta entrevista está en Internet y sí hemos notado esa necesidad de espacios comunes, en este caso virtuales, que sirvan de punto de encuentro. ¿Crees que el desarrollo tecnológico, que se prevé importante para Hispanoamérica, va a jugar un papel importante culturalmente hablando?

JV: Claro... Yo creo que Internet es una gran herramienta para este tipo de cosas porque facilita mucho el intercambio de ideas, porque es mucho más barato que la producción editorial y porque se puede acceder desde cualquier parte del mundo en tiempo real y sin esperar a la distribución y a todas esas cosas que hacen más lento el intercambio. Entonces me parece que es justo uno de los espacios ideales posibles para la comunicación entre los países de América Latina y España y que esto debe potenciarse lo más que se pueda...

E: Me gustaría concluir con una pregunta que quedó en el aire en la presentación de la novela. Recuerdas que se insistió mucho entonces en que En busca de Klingsor era un conjunto de preguntas que se lanzaban sobre dimensiones diferentes del ser humano... y recuerdas un asistente, bastante furibundo, que reclamaba respuestas, respuestas, respuestas... ¿Pueden hoy en día los intelectuales ofrecer esas respuestas que demandan o serán los demagogos los que les ofrezcan las repuestas que el mundo realmente no tiene?

JV: Creo que la propia novela lo dice... Las respuestas absolutas siempre son mentiras. Y las grandes respuestas que uno puede tener son siempre nuevas preguntas... Uno de los grandes peligros del ansia de respuestas, uno de los grandes peligros de las épocas de incertidumbre es que se busca la seguridad... Se ha insistido mucho en cómo la República de Weimar era una república en donde apenas se sostenía, en donde había una gran incertidumbre política y económica, donde no había ninguna certeza, y ese fue el caldo de cultivo inevitable para la tiranía. Yo creo que en nuestros días seguimos estando en muchos casos en sistemas parecidos al de la República de Weimar, en donde la falta de certezas provoca que la gente quiera verdades absolutas y la aparición de una posible tiranía es siempre muy fácil...

E: Es la tiranía del demagogo...

JV: Sí. El demagogo es aquel que dice tener la verdad y que convence a los demás de tenerla...

E: Aunque te lo hayan preguntado decenas de veces, ¿qué se siente al ganar un premio de tanto prestigio?

JV: Estoy muy contento, pero también me doy cuenta de la responsabilidad que significa, por quienes lo ganaron antes y por la importancia que el Premio sigue teniendo en el imaginario cultural español y todavía más en el latinoamericano. El Premio Seix-Barral siempre fue visto en Latinoamérica como ese vínculo de unión con España. En México, por ejemplo, no se conocen premios literarios como el Nadal... Bueno, se sabe que es un premio literario español importante y nada más. En cambio, el Biblioteca Breve siempre fue ese gran premio que además habían ganado ya dos mexicanos antes, Carlos Fuentes y Vicente Leñero, dos escritores que están muy en activo en México. Leñero se conoce menos acá, pero en México es una personalidad muy importante. Y para mí pues entonces es una responsabilidad continuar con esta tradición. Una responsabilidad en muchos sentidos... Una responsabilidad también para la escritura de la próxima novela...

E: Este Premio se ha vinculado siempre con la calidad y no con la moda...

JV: Otra de las cosas que tiene el Premio, y no lo digo por haberlo ganado yo, sino porque esto es objetivo, es que es uno de esos pocos literarios españoles importantes en el que hay un jurado dispuesto verdaderamente a arriesgar... A mí no me conocía nadie en España...

E: Hay que reconocerle el mérito y el valor a la editorial porque ha apostado doblemente, es decir, ha apostado, primero, no por una novela fácil —es una novela densa e intensa de gran calidad— y, por otro lado, es de un autor novel en España... Creo que así hemos salido ganando todos con una gran novela publicada en España y para todo el ámbito de lengua española... Muchas gracias...

JV: Al contrario, gracias a ustedes... Ha sido un placer, de veras... Una charla así, en donde realmente se habla de cosas, es algo muy satisfactorio.

También lo ha sido para nosotros. Hemos sobrepasado ampliamente el tiempo de Jorge Volpi, que se dirige a atender las llamadas pendientes. Esperamos que esta densa conversación pueda servir para iluminar una novela y a un autor del que se puede esperar mucho. Como otras novelas ganadoras del Premio Biblioteca Breve, esperamos que dure en el tiempo. Dejamos el hotel. Luisa sigue retenida en Barcelona por la niebla, mientras que aquí luce un sol espléndido.


© Joaquín Mª Aguirre & Yolanda Delgado 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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