Borges y Die Verwandlung:
algunas precisiones adicionales (nº 12 Espéculo)

Fernando Sorrentino


Buenos Aires, julio de 1999

 


Acabo de leer en Espéculo nº 11 el artículo de Cristina Pestaña Castro titulado "¿Quién tradujo por primera vez La metamorfosis de Franz Kafka al castellano?".

Al respecto, y movido por el solo afán de colaborar con estos estudios, se me ocurre aportar algunos datos que -creo- pueden echar luz sobre ciertos puntos en cuestión.

 

1. Observaciones minúsculas

1) Mi artículo "El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo" (Espéculo, nº 10, noviembre 1998 - febrero 1999) es, en realidad, más antiguo, ya que este texto es sólo una nueva versión (corregida y levemente ampliada) del trabajo que publiqué el 9 de marzo de 1997 en el diario La Nación, de Buenos Aires, con el título de "La metamorfosis que Borges jamás tradujo". El subtítulo "Factor desencadenante" se refiere, no a mi decisión de escribir el artículo, sino a mi decisión de volver a difundirlo, ante el hecho de que, casi dos años más tarde de publicado mi trabajo en La Nación, se persistiera en atribuir a Borges la traducción de ese relato.

2) Celebro que los pasos dados por Cristina Pestaña Castro la hayan llevado a la misma conclusión a la que yo había arribado unos treinta meses atrás y, sobre todo, a continuar la investigación en el punto donde yo la dejé (entre otras razones, porque sólo me interesaba probar que BORGES NO había realizado la traducción de Die Verwandlung, y no averiguar QUIÉN SÍ la había realizado).

3) Cuando Cristina Pestaña Castro coteja las ligerísimas diferencias entre la versión "borgeana" (1) (las comillas significan, claro está, que NINGUNA versión es borgeana; de no ser así, estaríamos diciendo lo contrario de lo que queremos decir), introduce, mecánicamente, dos errores:

Cuando dice

"Para cogerlo (Borges) en vez de Para alcanzarlo (R. y E. de Occidente)",

en realidad ha querido decir

"Para alcanzarlo (Borges) en vez de Para cogerlo (R. y E. de Occidente)".

Lo mismo ocurre con la alternancia alcanzara/alcanzase.

4) En efecto, el verbo coger ha sido reemplazado por alcanzar debido a las razones que enumera la autora.

5) El artículo que Borges publicó en la Revista de Occidente no se titula "Grandeza y menoscabo de Quevedo" sino "Menoscabo y grandeza de Quevedo".

 

2. Observación central

Estoy en absoluto desacuerdo con Cristina en dos pasajes puntuales.

El primero de ellos es cuando utiliza el imprudente término plagio: "Teniendo en cuenta la absoluta coincidencia de los textos, no me pareció exagerado utilizar el término 'plagio' para designar la traducción firmada por Borges".

El segundo es cuando conjuga el verbo aprovecharse: "En 1936 estalla la Guerra Civil Española; en el año 1938 la contienda está prácticamente sentenciada. Borges, consciente de la caótica situación de la época, que conoce la pérdida de los archivos y el fin de la Revista de Occidente, se aprovecha de la situación, porque lo más seguro es que guardase celosamente esa traducción de 1924 (2) en Buenos Aires" (3).

Imaginar que Borges, ese enorme escritor, esa fortísima personalidad literaria, que se hallaba en continuo estado de ebullición creadora, quisiera "plagiar" a alguna persona de este triste mundo (y "aprovecharse de la situación" y firmar como propia una traducción ajena, totalmente extraña a sus hábitos artísticos, y que, seguramente, despreciaba) no deja de ser un ejercicio de literatura fantástica, aderezado con alguna truculencia policíaca. Que guardase "celosamente" una versión quizá no inolvidable, cuando podía leer con completa facilidad el original alemán, es una imposibilidad absoluta (4).

Lo que ha ocurrido, en verdad, es algo frecuente en la industria del libro (5): a veces, por razones torpemente prácticas, de simplicidad editorial, de simple haraganería o de la habitual ineptitud que suele adornar al ser llamado humano, no se especifica, en un libro que contiene varios trabajos (estamos hablando de un libro de difusión popular, no de una edición filológica), a quién pertenece la paja y a quién el trigo, y se prefiere entonces, desaprensivamente, poner todos ellos bajo el nombre del más notorio de los autores, quien, además, en este caso ha escrito el Prólogo. Borges no ha sido el beneficiado de este descuido, sino la víctima: a nadie le conviene que le atribuyan cosas inferiores a sí mismo.

¿Por qué, además, incurrir en estas hipérboles fantásticas, cuando el mismo Borges -como ya lo cité en trabajos anteriores- ha declarado de manera taxativa no tener el menor interés en que le adjudiquen tal traducción? Vuelvo a transcribir el diálogo que, en su momento, mantuve con él:

F.S.: Me pareció notar en su versión de La metamorfosis, de Kafka, que usted difiere de su estilo habitual...

J.L.B.: Bueno: ello se debe al hecho de que yo no soy el autor de la traducción de ese texto. Y una prueba de ello -además de mi palabra- es que yo conozco algo de alemán, sé que la obra se titula Die Verwandlung y no Die Metamorphose, y sé que hubiera debido traducirse como La transformación. Pero, como el traductor francés prefirió -acaso saludando desde lejos a Ovidio- La métamorphose, aquí servilmente hicimos lo mismo. Esa traducción ha de ser -me parece por algunos giros- de algún traductor español. Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en el mismo volumen publicado por la editorial Losada (6). Pero, para simplificar -quizá por razones meramente tipográficas-, se prefirió atribuirme a mí la traducción de todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí (7).

 

3. Conclusión y sugerencia

Aquí pongo punto final a este excurso por Die Verwandlung y sus alrededores, declarando con el mayor de los énfasis que, literaria y psicológicamente, no hay manera de que Borges haya querido hacer pasar por propio un trabajo que no le pertenecía: ni éste ni ningún otro.

En cuanto a las estimulantes preguntas ("¿La traducción se basa a su vez en una traducción francesa? ¿Es realmente Margarita Nelken la traductora? Si es así, ¿estaba Borges al corriente de ello?") con que Cristina cierra su artículo, no me considero capacitado para tratar de responderlas ni me siento inclinado a iniciar una pesquisa.

Sin embargo, como tengo ciertas razones para hacerlo, me permito acercar un nombre que, acaso, algo pueda tener que ver con aquella primera versión española de Die Verwandlung: sin descartar a Margarita Nelken, sugiero que se investiguen también los trabajos de Julio Gómez de la Serna, un hombre que solía traducir del francés, del inglés, del alemán.

 

NOTAS

  1. ¿Cuál será el adjetivo más adecuado para significar el sustantivo Borges? Veamos: borgeseano, aunque morfológicamente es el más fiel y el más completo, adolece de pesadez y afectación; borgiano es más propio de la deletérea Lucrecia Borgia que del apacible Jorge Luis Borges. Por estas razones, y porque me suena mejor y me parece el más sencillo y el más difundido, prefiero borgeano.

  2. Supongo que Cristina quiso decir 1925.

  3. Ni siquiera era necesario guardar "celosamente" ningún ejemplar de la Revista de Occidente. La publicación era de circulación difundidísima en la Argentina y cualquier persona podía adquirir los ejemplares que quisiera.
    En 1938 la Editorial Losada es fundada por tres personas: Attilio Rossi, que se ocuparía de la dirección gráfica; el español Gonzalo Losada, quien se estaba desempeñando en Espasa-Calpe de Buenos Aires, y da su apellido a la nueva empresa; Guillermo de Torre (1900-1971), el poeta y crítico español que se hallaba en Buenos Aires desde marzo de 1937 y que, además, estaba casado con Norah Borges y dirigía la colección "La Pajarita de Papel" (donde apareció la famosa versión de Die Verwandlung que tanto nos está haciendo escribir). Pues bien, allí, en el departamento de producción de la Editorial Losada (y no en la casa de Borges), se encontraba, sin duda, la mayor parte de los números de la Revista de Occidente.

  4. Es en especial gracioso, por lo inverosímil, imaginar que Borges coleccionara la Revista de Occidente, teniendo en cuenta el bajísimo concepto que le merecían don José Ortega y Gasset y sus obras espirituales y materiales. Alguna vez se refirió a él como "un charlista insoportable". En otra ocasión ("El duelo", El informe de Brodie, 1970), escribió "Los diarios habían puesto a su alcance páginas de Lugones y del madrileño Ortega y Gasset; el estilo de esos maestros confirmó su sospecha de que la lengua a la que estaba predestinada es menos apta para la expresión del pensamiento o de las pasiones que para la vanidad palabrera", pasaje donde el sarcástico sustantivo maestros se halla en armonía semántica con la frase la vanidad palabrera. Por último, he aquí otra de sus opiniones sobre el filósofo español: "[_] Alfonso Reyes tenía buen gusto, no hubiera incurrido en las cursilerías y en las pedanterías de Ortega y Gasset. [_] también hay que pensar que Ortega y Gasset fue profesor y se habrá acostumbrado a hacer bromas para quedar bien con los alumnos, y luego las intercalaba en sus obras" (en mi libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, El Ateneo, 1996, págs. 198-199).

  5. ¿Acaso no conocemos libros con, por ejemplo, omisión del nombre del traductor, escamoteo del título en su idioma original, no mención del autor del prólogo y de las notas, misterio de la identidad del ilustrador...? ¿O libros con millares de erratas; con comillas, o paréntesis, o signos de exclamación, o de interrogación, o todos ellos, que abren y no cierran, o que cierran y no abren; con faltas de ortografía; con palabras en lenguas extranjeras que no reconocería un hablante de esas lenguas, etcétera, etcétera...? ¿O vamos a fingir que los más de los libros están bien editados?

  6. Ya sabemos que tampoco pertenecen a Borges las versiones de "Un artista del hambre" (Ein Hungerkünstler) y "Un artista del trapecio" (título, por cierto caprichoso, que no corresponde a Erstes Leid). Consúltese mi artículo anterior, "El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo", Espéculo, nº 10, noviembre 1998 - febrero 1999.

    7. Fernando Sorrentino, Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, págs. 137-138.

© Fernando Sorrentino 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/bor_kaf3.html