POR VÍA DE PRÓLOGO.



Cuando a instancias de una persona muy querida, me resolví a componer este trabajo para el Certamen que había de formar parte de los festejos con que en el presente año ha obsequiado Alicante a su Excelsa Patrona, Ntra. Sra. del Remedio, no me forjé ilusiones acerca de la suerte que había de caber a mi escrito, aún en el supuesto, que nunca imaginé, de que mereciese el premio ofrecido. Conocida la constitución del Jurado calificador, compuesto de hombres que profesan unos la antítesis liberal y racionalista otros la hipótesis oportunista y doctrinaria, hubiera sido inocencia esperar que saliera premiado un escrito en que se sostiene con decisión y sin atenuaciones la tesis católica acerca del periodismo, y así lo manifesté a la persona que me instó para que escribiera y a los poquísimos amigos a quienes consulté y di a leer el borrador de mi trabajo, algunos de los cuales creyeron, buenamente que sería una garantía de buen éxito, la presencia de un individuo, del clero en el jurado calificador... El resultado ha venido a mostrar que no eran infundados mis temores.

En la Memoria leída por el Secretario del Jurado en el acto de la apertura de los pliegos y de la distribución de los premios, se declaró ser mi trabajo «el más hecho» y «bien escrito» de los que se habían presentado; y sin embargo, el Jurado creyó deber negarle el premio ofrecido, y adjudicarlo a otro escrito que reconocía ser inferior a éste. ¿Por qué razón y con qué justicia? Oigamos el

DICTAMEN DEL JURADO. — Al undécimo premio optan nada menos que ocho memorias sobre la Influencia de la prensa periódica en la cultura é ilustración de los pueblos entre las que, salvo la primera: «Quien poco escribe poco yerra», todas son trabajos que revelan el interés que este tema ha despertado, pudiéndose decir que cinco lo menos tratan el asunto con alguna copia de razones, otra en amena disertación, y otra con la extensión de un libro: pero por desgracia, como en el premio de honor hubimos de censurar una poesía titulada El alacrán y el neo, por más que esté bien escrita, hemos de censurar aquí a otro autor que pone por lema de su Memoria: Un volumen que vuela es la maldición que sale sobre la faz de la tierra, y pretende nada menos que la destrucción de periódicos y periodistas, no contentándose como Bonghi con creer a la prensa un mal necesario ni útil la cree: la califica de pestilencia y desciende a la crítica individual y menuda calificando a este periódico de volteriano, a aquel de impío et sic de ceteris. No es que el Jurado niegue la libertad que el autor tiene de emitir su opinión en un asunto opinable, sino que creyendo que esta Memoria sería la nota disonante del Certamen, a pesar de tenerla por el trabajo más hecho de los presentados, no la juzga digna de premio por lo destemplado de sus frases, lo apasionado y personal de su crítica que atribuye al instrumento lo que sólo es imputable al que le usa, pues como necio seria procesar al puñal no al qué le esgrime, lo es condenar a la novela ó al teatro de inmoral cuando los inmorales son algunos novelistas o autores dramáticos.

Todas las demás Memorias que optan a este premio son ditirambos más ó menos encomiásticos de la prensa periódica, pero en las que a vueltas de los elogios, a veces hasta hiperbólicos que, como en alguno de los lemas se ve, sugiere al autor el amor a su profesión, n o falta quien se lamenta del abuso que a veces se hace de la influencia de la prensa periódica, no pugnando, por lo demás, con el común sentir que atribuye al periódico beneficioso influjo, y cree que su desaparición y muerte sería un mal social gravísimo pues ha venido a ser un poderoso auxiliar de numerosas fuentes de beneficios sociales qué ningún gobierno se atrevería a convertir en hecho, diga lo que quiera el autor de la bien escrita pero apasionada memoria. Por eso el Jurado ha creído deber conceder el premio a la más galanamente escrita de las memorias que resumen en buenas razones lo que acerca de este punto los hechos atenta y desapasionadamente observados ponen por encima de toda discusión, prefiriendo el ditirambo y la hipérbole elevada y generosa que moraliza al hombre al darle altísima idea de su ministerio, a la crítica pesimista y cruel que ve el mal por doquiera, como aquellos prevenidos Prelados que veían la tentación de Satán en el canto del ruiseñor donde hoy todo hombre religioso ve una de las bellezas de que ha dotado él Creador al mundo. Concédese, pues, el premio a la memoria que lleva por lema: «Siempre en la brecha», y mención honorífica por la buena factura del trabajo a la que lleva por lema: «Un volumen que vuela, etc.»

El Jurado habrá de permitirme que discuta, lo que procuraré hacer con toda templanza, los motivos que expone como razón para negar el premio a la composición que considera «la más hecha» y «bien escrita» de las presentadas.

Y desde luego he de manifestar mis dudas acerca de las atribuciones del Jurado para negar ni conceder premios, pues entiendo que a éste solo compete calificar las composiciones que se sometan a su juicio, y a otros toca adjudicar los premios a los trabajos calificados como mejores de cada tema; y es evidente que, si, según el dictamen del Jurado esta Monografía es «la más hecha» y «bien escrita», no estaba en sus atribuciones negarle el premio ofrecido por el Director de El Eco de la Provincia al mejor trabajo sobre el tema propuesto.

¿Y en qué motivos o razones funda el Jurado su negativa?

Dice que así como hubo de censurar una composición poética titulada El alacrán y el neo, a pesar de estar bien escrita, se creía en el deber de censurar al autor de esta Memoria por análoga razón. Para el Jurado calificador, pues, es igualmente censurable una obra de imaginación, con fondo feo y falto de verdad, y defectuosa en la forma —dicho sea esto con permiso del Jurado— que una obra de razón, escrita con vigor lógico y con fondo de verdad absoluta.

He ahí el criterio oportunista, inmoral y absurdo, por el que se equiparan, y ponen al mismo nivel el error y la verdad, lo grotesco y lo bello, lo torpe y lo honesto. ¿Se rechaza la exhibición descarada del vicio y de la inmoralidad, de lo feo, para que no escandalice a las personas honradas y de buen gusto? pues hay que rechazar también la manifestación pública de la virtud y de la honradez, de lo bello, para que no se resientan las gentes de mal vivir y de gusto estragado. Así el Jurado para dar satisfacción a la conciencia católica de alguno o algunos de sus individuos, ha desechado la composición poética El alacrán y el neo, y para dar asimismo satisfacción a la conciencia liberal de otros ha creído deber sacrificar ésta Memoria, y es claro que aquí el único sacrificio real y verdadero es el de la verdad y la justicia, que no han tenido en el tribunal una voz valiente y enérgica que protestara contra la iniquidad oportunista

Tengo el convencimiento de que si los señores que componen el jurado han leído mi escrito, no lo han estudiado. De otra manera no se comprenderían ciertos cargos que le dirigen destituidos enteramente de fundamento.

Acusa el jurado al autor de esta Memoria de «pretender nada menos que la destrucción de periódicos y de periodistas», siendo así que una y otra vez se declara en ella que no se trata de periódicos ni de periodistas, sino de la prensa periódica, del periodismo, de la institución. Esto induce a pensar que el Jurado ni siquiera ha llegado a penetrar el elenco de la cuestión de que se trata, ni se ha dado cuenta del aspecto trascendental de la misma bajo el cual la considero, a saber, en cuanto, la prensa periódica es la institución en que se encarna y vive socialmente el principio protestante y racionalista del libre examen, o sea, de la libertad de pensar, cuya aplicación práctica más fiel y eficaz es la libertad de la prensa. Y como yo no he de hacer jamás al Jurado la ofensa de creer que los individuos que lo componen sean del número de los que leen lo que saben pero no saben lo que leen, de aquí que me incline, a pensar que a su fallo no ha precedido un estudio meditado y concienzudo del trabajo juzgado, sino que han procedido dejándose llevar de la primera impresión de una lectura hecha a la ligera bajo la influencia de prejuicios ó preocupaciones de escuela.

No de otra manera puede explicarse que el jurado declare no juzgar digna del premio mi Memoria «por lo destemplado de sus frases, y lo apasionado y personal de crítica» que atribuye al instrumento lo que sólo es imputable al que lo usa». Apurado había de verse el jurado si yo le retara a citar una sola de esas frases destempladas, a menos que entienda por tales las afirmaciones categóricas y las expresiones enérgicas; pero yo no puedo suponerle tan torpe que sea capaz de confundir la energía, que es virtud recomendable de la frase y de la cláusula, con la destemplanza, que es vicio. Además de que no se compone bien esto de la destemplanza de la frase con la declaración de ser este trabajo «el más hecho» y «bien escrito» ¿Acaso puede considerarse como bien escrito lo que lo está en estilo destemplado?

Y ¿qué he de decir a lo de «la crítica apasionada personal que atribuye al instrumento lo que sólo es imputable al que lo usa»? Según esto, el jurado entiende que el atribuir al instrumento lo que sólo es imputable al que lo usa, es personalizar la critica. Pues yo, y conmigo el sentido común, llamaría a esto de un modo contrario; yo llamaría a esto impersonalizar la crítica salvo el mejor parecer del Jurado calificador que por lo visto entiende las cosas al revés de como las entienden los demás.

Ampliando ó explicando su pensamiento añade el autor del dictamen que vengo discutiendo; «como necio sería procesar al puñal y no al que lo esgrime, lo es condenar a la novela ó al, teatro de inmoral, cuando, los inmorales son algunos novelistas ó autores dramáticos». No se por qué el Jurado hace la aplicación del símil a la novela y al teatro, y no a la prensa periódica, que es la institución de que aquí se trata. De todos modos diré qué el símil non facit ad rem. No se trata aquí de exigir responsabilidad moral, sino de declarar la naturaleza de una institución y su eficacia instrumento de cultura. Cierto que el puñal como instrumento material no es responsable del daño que causa movido por mano asesina; pero ¿dejará de ser el puñal una arma mortífera? ¿Y serán necias las leyes que prohíben en general su uso? Si así lo entiende el Jurado, proclame desde luego la libertad del puñal, como se proclama la libertad de la prensa, y pida la abolición de las ley es que prohiben el uso de armas reservándolo solo a la fuerza pública que tiene a su cargo la defensa del orden social bajo la dirección y vigilancia de Ia autoridad. ¿Qué, no se le hiela al Jurado la sangre de espanto pensando en lo que sucedería una vez establecidas la libertad del puñal, la libertad del veneno, como está establecida la libertad de prensa?

Esta manera de discurrir del Jurado prueba la ligereza con que ha procedido en el examen y juicio de las composiciones sometidas a su fallo y es todo lo más favorable que puedo suponer para no verme obligado a dar otra dirección a mi discurso, de que no habían de salir muy bien paradas la competencia e imparcialidad del tribunal calificador..

Sé que algo ha influido en el fallo del jurado el temor de que ciertos periódicos se le echasen encima (esta, es la frase) si premiaba un trabajo en que se combate con energía, el periodismo y algo de esto se indica en el dictamen. Transcrito y en una carta que publica La Tarde deI día 9 de los corrientes, suscrita por el Sr, González Agejas, quien se declara autor casi único y exclusivo de la hazaña. Esta detalle sirve para confirmar mi tesis acerca de la prensa periódica y podría dar materia a un nuevo capítulo para esta Monografía, el cual podría titularse: De la influencia del periodismo en los fallos y cuerdos, de los tribunales y jurados».

No concluiré sin decir al Jurado que aquello de «prevenidos Prelados que veían la, tentación de Satán en el canto del ruiseñor» será todo lo: que se quiera menos bello, ni sério, ni digno de una Memoria escrita por el tribunal calificador de un Certamen literario con la circunstancia especial de figurar en el un sacerdote ¿Ha suscrito el señor Zarandona a este dictamen? Y si no ha sido suscrito a él, ¿ha hecho constar su desaprobación o ha salvado su voto? Creemos que no ha entendido el Sr. Zarandona parte alguna de la redacción del Dictamen; pero importa al decoro de los hábitos que viste el que haga declaraciones terminantes y explícitas, y de esperar es que las hará en cuanto tenga noticia de lo que sucede.

Por lo demás, una vez que el tribunal ha reconocido y proclamado esta Memoria como el trabajo «más hecho» es decir, más acabado y «bien escrito», esto me basta. La adjudicación del objeto ofrecido es cosa secundaria, y por mi parte quedo satisfecho del éxito.

Alicante, 12 de Agosto de 1890

Vicente Calatayud

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 1999