Intrusos cibernéticos en la clase de E/LE.
Siglas, acortamientos y combinaciones
en el español de la Internet


Mar Cruz Piñol
mcruz@lingua.fil.ub.es
Universidad de Barcelona


 

Hace unos cincuenta años, Norbert Wiener inventó una máquina que realizaba los cálculos necesarios para mejorar la eficacia de un avión de tiro antiaéreo. El mecanismo de cálculo de esa máquina ha dado lugar a numerosos estudios sobre el funcionamiento de la mente humana basados en la analogía existente entre los sistemas lógicos y biológicos, y tanto el estudio de esas analogías como el de la fabricación de máquinas como la de Wiener reciben el nombre de cibernética.

Pero (que no se asuste el lector de estas páginas) aquí no vamos a hablar ni de psicología ni de máquinas, sino de palabras. Por ejemplo, este término que en los últimos años encontramos con frecuencia en la prensa, cibernética, significa etimológicamente «arte del piloto», del kybernetes. Sin embargo, como ocurre frecuentemente con las palabras que se ponen de moda, el significado de cibernética se ha visto matizado en función de los intereses del momento, de manera que cuando hoy se habla de lo cibernético se alude generalmente a otro tipo de pilotos y a otro tipo de máquinas: los ordenadores y los que con ellos «navegan» por el espacio informático.

Parece un hecho indiscutible que los ordenadores personales ocupan actualmente un lugar (más o menos destacado) en nuestras vidas. Nos guste o no, sin darnos cuenta o conscientemente, ahí los tenemos: los procesadores de textos, las bases de datos, los programas interactivos o la Internet forman parte de las herramientas que empleamos habitualmente tanto los profesores como los estudiantes.

El objetivo de este artículo es llamar la atención sobre algunos términos específicos que el estudiante de español como lengua extranjera necesitará manejar para referirse al «espacio cibernético» o ciberespacio, pues parece que (al contrario de lo que ocurría hasta hace pocos años, cuando para referirse a lo relacionado con la Internet bastaba con conocer las palabras inglesas) cada vez es mayor la tendencia a buscar expresiones que se ajusten más o menos a la estructura de la propia lengua, en este caso, del español. De manera que el aprendiz de español que desee «navegar» por el ciberespacio hispanohablante o compartir con otros hablantes de español sus intereses relacionados con la Internet deberá saber cómo referirse a esas nuevas realidades en la lengua meta.

Muchos de los términos generados por la difusión de la Internet responden a los procedimientos morfológicos de formación de palabras, es decir, la prefijación, la sufijación o la composición; pero en dicho ámbito son numerosos también los neologismos formados mediante los mecanismos de creación léxica que se basan en la abreviatura: las siglas, los acortamientos y las combinaciones de fragmentos de palabras. Es a las formaciones de este segundo tipo a las que se refieren las próximas páginas.

 

Siglas

La abreviación de sintagmas mediante el procedimiento de conservar sólo la inicial de cada palabra es actualmente un proceso de amplia difusión en la lengua. Prueba de ello es la publicación de diccionarios internacionales de siglas, y también la presencia cada vez mayor de secciones dedicadas al estudio de las siglas en los trabajos sobre el lenguaje del periodismo o en los estudios que analizan las tendencias de la «lengua actual», así como en los diversos libros de estilo de organismos públicos. Frente a este interés por el estudio síglico1 en este tipo de obras, destaca la poca atención que recibe en los tratados sobre la formación de palabras, especialmente en los que se centran en la lengua española 2.

En primer lugar es preciso aclarar algunas cuestiones terminológicas, pues no todos los autores utilizan el término sigla para referirse a este procedimiento no morfológico de renovación léxica. Éste es el término que emplean M. Casado Velarde [1985], J. Martínez de Sousa [1984], F. Rodríguez González [1982] o C.J. Wittlin [1981], entre otros, mientras que en la traducción del estudio de M. Lang [(1990) 1992] se opta por el término acrónimo para este tipo de formaciones. Por su parte, J. Martínez de Sousa [1984] o M. Casado Velarde [1985] reservan el término acrónimo para el procedimiento denominado blending en inglés, es decir, la combinación de fragmentos de palabras para formar una nueva unidad léxica 3. C.J. Wittlin [1981], por su parte, denomina acrónimo a la sigla que se lee como una palabra en lugar de deletrear las iniciales que la forman, mientras que J. Martínez de Sousa [1984, p. 32] se refiere a esas siglas que permiten la lectura integrada como siglas silábicas, frente a las siglas consonánticas.

Del mismo modo, no todos los autores coinciden al definir el alcance de la denominación seleccionada. M. Casado Velarde [1985] y J. Martínez de Sousa [1984] consideran siglas puras sólo las formaciones a partir de la primera letra, y sólo la primera, de cada elemento del sintagma, frente a las abreviaciones en las que no aparece la inicial de algunas de las palabras o bien alguna de ellas está representada por más de una letra. Un ejemplo de esta segunda posibilidad es RENFE, a partir de Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, que es para algunos un sigloide [M. Casado Velarde, 1985] y para otros un acrónimo [J. Martínez de Sousa, 1984, pp. 45-50].

Por sigla, además, puede entenderse también cada una de las iniciales del sintagma base tomadas para crear la forma abreviada (es decir, a su vez, la sigla). Estas dos acepciones del término son las que aparecen recogidas en la vigésima primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, y son asimismo compartidas por M. Casado Velarde [1985, p. 20] y J. Martínez de Sousa [1984, pp. 26-27 y p. 52], aunque éste señala que, cuando se emplea el término sigla, «lo normal es hacer referencia al conjunto» [p. 27].

Como se ve, no existe acuerdo entre los distintos estudiosos sobre la terminología que se debe emplear para referirse a estos procesos de innovación léxica. Para evitar confusiones, opto por la denominación sigla para las siglas puras, y sigloide para las que toman algún elemento adicional como simple apoyo para las iniciales de las palabras del sintagma base.

Cuando se crea una sigla intervienen dos fuerzas [L. Guilbert, 1975, p. 275]: por un lado, el deseo de conseguir la reducción gráfica y fonética de una secuencia sintáctica que resulta demasiado larga, es decir, el deseo de conseguir una forma más económica; y, por otro lado, el cuidado por mantener la relación sintáctica entre los elementos, mediante la referencia a todos y cada uno de los elementos de esa secuencia sintáctica.

En la sigla, los grafemas que la componen se independizan con frecuencia de la unidad de la que formaban parte inicialmente. Las letras iniciales adquieren tal autonomía que, en ocasiones, pueden llegar a adquirir valores fonológicos diferentes de los que tenían en un principio, en función de su nuevo contexto gráfico y debido a la lectura integrada de las siglas silábicas [J. Martínez de Sousa, 1984, p. 32]. Antes de llegar a esta etapa en la que se pronuncia la sigla como una palabra, deben superarse dos etapas previas [S. Mariner, 1972]: un primer momento en el que, aunque se escriban sólo las iniciales, al leerla se reconstruyen todas las palabras (de este modo la sigla se comportaría como una abreviatura, es decir, como un acortamiento que no trasciende al plano oral [Casado Velarde, 1985, p. 19]) y un segundo estadio en el que se leen sólo las iniciales, una detrás de otra pero sin pronunciar la sigla como una unidad léxica. Sin embargo, parece que en español «se prefiere la verbalización a la deletreación si el sistema fonético lo admite (PMM = /pe-eme-eme/, pero ONU = /onu/)» [C.J. Wittlin, 1981, p. 159]. Efectivamente, cuando la sigla es «pronunciable», en español se suele pasar directamente a la tercera de las etapas descritas, es decir, a la lectura de toda la sigla como una palabra (/grapo/, /once/, /uefa/, /eta/...), y probablemente por ello se toma una letra adicional de apoyo cuando las iniciales puras no permitirían la lectura de la sigla, como ocurre en /renfe/.

La lectura de las siglas como si de una palabra se tratara constituye un rasgo característico de la lengua española. En otras lenguas, como en francés o en inglés, en cambio, parece que se da más la segunda etapa, es decir, la lectura de las iniciales una tras otra. El profesor que enseñe español a aprendices extranjeros deberá ser consciente de esta peculiaridad, y ayudará al estudiante si le informa de que cuando un hispanohablante dice /usa/ (como en Made in Usa, por ejemplo) se está refiriendo a lo que el hablante de otras lenguas probablemente conozca como U.S.A. (/iu-es-ei/, como en la famosa canción Born in the U.S.A.).

El avance en el proceso de lexicalización de una sigla suele ir acompañado de la eliminación del punto que sigue a cada inicial y, en casos muy consolidados de lexicalización, puede incluso llegar a emplearse sólo mayúscula para la primera letra, como si se tratara de un nombre propio.

A medida que avanza la lexicalización, cada vez resulta más difícil para los hablantes reconstruir el sintagma original, y la sigla acaba percibiéndose realmente como un nombre propio, fenómeno que se produce con mucha más intensidad en el caso de los préstamos síglicos: puesto que resulta más difícil reconstruir el significado real de la sigla, se interpreta como una palabra. Cuando se llega a este estadio en el que ya no se reconoce la sigla como tal, nos encontramos realmente ante un nuevo lexema que puede actuar como una nueva base sobre la que podrán formarse nuevas palabras.

En la importación de una sigla puede ocurrir que se conserve el aspecto original de ésta, sin traducir, aunque de esa manera resulte más difícil reconstruir el significado de las palabras base; en otros casos, en cambio, se traduce el sintagma original, de modo que puede ocurrir que la sigla traducida al español tenga las mismas iniciales que la sigla original pero en diferente orden. Este fenómeno (que se da en numerosas siglas de uso corriente, como en SIDA~AIDS, FMI~IMF, ADN~DNA, OTAN~NATO) no suele producirse en las siglas del ámbito de la informática, en las cuales se conserva casi siempre el orden del sintagma original. Así ocurre, por ejemplo, en

ASCII, y no SACII (Standard Americano de Codificación para el Intercambio de Información)
FTP, y no PTF (Protocolo de Transferencia de Ficheros)
GSMC, y no SGCM (Sistema Global para Comunicaciones Móviles)
HTML, y no LMHT (Lenguaje de Marcado de HiperTexto)
HTTP, y no PTHT (Protocolo de Transmisión de HiperTexto)
NCSA, y no CNAS (Centro Nacional de Aplicaciones de Supercomputación)
SGML, y no LEGM (Lenguaje eStandarizado y Generalizado de Marcado)
TCP/IP, y no PCT/PI (Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo Internet)
URL, y no LUR (Localizador Universal de Recursos)

Existen cuatro fenómenos que denotan que una sigla ha dado lugar a una nueva formación léxica [M. Casado Velarde, 1985, p. 24]: que la sigla haya admitido un sufijo que la convierta en sustantivo, adjetivo o verbo; que la sigla admita la categoría gramatical de número; que la sigla manifieste gráficamente elementos vocálicos procedentes del deletreo, o que en la representación gráfica de la sigla ya no se utilicen las mayúsculas o sólo se escriba con mayúscula la letra inicial.

En cuanto al primero de estos indicios de lexicalización síglica, se pueden ver algunos ejemplos de formación de derivados sobre siglas que corresponden a conceptos informáticos, por ejemplo, en efetepear, a partir de FTP. Asimismo, podemos ver ejemplos del uso de vocales de apoyo en escusi o escasi para referirse a S.C.S.I.; y encontramos flexión de número acompañada de vocales de apoyo en bebeeses, a partir de B.B.S. También es habitual el uso de la mayúscula sólo para la sigla inicial en Cern, Iso, Mime, Pop, Rare, Terena, Wais, etcétera.

Una de las pruebas de la gran fuerza de la sufijación en la lengua española es precisamente que incluso llegan a sufijarse las siglas, como se ha visto que ocurre en efetepear. F. Rodríguez González [1989, pp. 211-212] recuerda que en la segunda mitad de los años 70, a raíz de la legalización de numerosos partidos políticos, se disparó el uso de las siglas en el español peninsular y que, en ese mismo período, la lengua española también se caracterizó por la derivación sufijal a partir de siglas (como en pesoísta, a partir de PSOE 4, o psuquero, a partir de PSUC). Éste es un mecanismo muy característico del español frente a otras lenguas, como el inglés o el alemán, en las que apenas se forman derivados síglicos.

En definitiva, debe destacarse la fuerte presencia de las siglas en la nueva terminología informática, y especialmente en la que ha surgido de la difusión de la Internet. Muchas de estas siglas han alcanzado ya un elevado grado de lexicalización puesto que, por ejemplo, presentan flexión de número e incluso se forman derivados sobre algunas de ellas. Cuando el derivado se forme mediante un sufijo verbalizador, la palabra resultante o educto, lógicamente, se adaptará a la conjugación de los verbos españoles: efetepeo, efetepeas, efetepea...

 

Acortamientos

En la bibliografía inglesa se emplea el término clipping para referirse al proceso de formación de palabras que consiste en suprimir algunas sílabas de la palabra base, y los estudios españoles se refieren al acortamiento [M. Lang, (1990) 1992, p. 260] o a la abreviación [J.A. Miranda 1994, p. 165] 5. En algunas ocasiones se denomina apócope a este fenómeno, pero en general se suele evitar esta denominación para diferenciar el acortamiento de palabras como cole, a partir de colegio, de la apócope que se da, por ejemplo, en San, a partir de Santo; y, además, el término acortamiento permite incluir también bajo esta denominación los pocos casos de aféresis o pérdida del fragmento inicial, en lugar del final.

La reducción de las palabras por eliminación de las sílabas finales de éstas es una tendencia bastante fuerte en la lengua española actual, y los términos acortados poseen unas características comunes [M. Casado Velarde, 1985]: la palabra primitiva consta de tres o más sílabas y el resultante suele ser bisílabo; las palabras que se someten a acortamientos suelen ser sustantivos; al acortarse suelen conservar la categoría gramatical y el género de la base, aunque la terminación de la forma acortada no sea la característica de su género gramatical; el acento de la base se mueve y buscará una acentuación llana en el término acortado; se suele acortar respetando la división silábica de la base; los casos de aféresis son muy poco frecuentes; aunque el final de la forma acortada se oponga a la tendencia morfológica del español, suele respetarse el final original, y los acortamientos se originan en ámbitos sociales reducidos y se suelen utilizar en ámbitos menos formales que los lexemas completos equivalentes.

En los glosarios de terminología relacionada con la Internet o la informática se han encontrado sólo tres formaciones de este tipo:

Ack, a partir de «acknowledgement»
Mac, a partir de «Macintosh»
Net, a partir de «Network» (o de «Internet»)

El último de estos acortamientos está fuertemente lexicalizado en el ámbito de las telecomunicaciones, e incluso actúa como base en derivaciones como neteros o co-neteros, que son las personas que se comparten la Net.

Combinaciones

Tampoco hay unidad en los estudios consultados respecto a la denominación de este proceso de creación léxica, bastante nuevo en la lengua española 6. Como se ha indicado en el primer apartado de este artículo, el fenómeno que en los manuales ingleses se denomina blending, se traduce en la obra de M. Lang [(1990) 1992, p. 258] como combinación, mientras que en otros trabajos (como el de L. Guilbert [1975] o M. Casado Velarde [1985], entre otros) se prefiere el término acronimia para el mismo procedimiento, denominación que recoge el significado etimológico de ákros, «extremo».

Según la vigésima primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, el término acrónimo designa las formaciones mediante iniciales que son leídas como una unidad léxica (las siglas silábicas, según J. Martínez de Sousa [1984, p. 32]). Ése es también el valor que se otorga al término acrónimo en la versión española de la obra de M. Lang [(1990) 1992, p. 11]. También F.A. Marcos Marín [1994, p. 665] apunta que la distinción entre sigla y acrónimo se basa en que «el acrónimo se lee como si fuera una palabra, mientras que la sigla se deletrea. Así, USA sería un acrónimo y EEUU una sigla» pero, inmediatamente, este mismo autor reconoce que «en la práctica esta distinción no se sostiene».

Sea como sea, parece que todos los autores están de acuerdo en que el término acrónimo indica que nos encontramos ante una abreviatura que «se lee» como una nueva unidad léxica y sin reconstruir las palabras de la base. Pero en este apartado me referiré a un tipo especial de abreviatura que, para evitar confusiones, denominaré combinación.

Cuatro son las condiciones que debe reunir una formación para ser considerada una combinación: el resultado del proceso debe ser una unidad léxica simple; esta unidad léxica debe proceder de la fusión de dos o más palabras distintas; por lo menos una de las palabras-base tiene que estar representada sólo por un fragmento7; las palabras-base o los fragmentos deben mantener el orden del sintagma original (de este modo el educto presenta una estructura fuertemente evocadora de su base completa), y las unidades que lo han formado deben quedar unidas entre sí sin espacio ni guión entre ellas.

En cuanto a la fragmentación de la base, algunos autores establecen unas condiciones muy precisas, según las cuales el primer constituyente debe ser el fragmento inicial de la primera palabra desgajada, y el último elemento (que normalmente es el segundo, pues la base de estas formaciones suele estar compuesta sólo de dos palabras) debe ser el fragmento final de la última palabra. En el presente trabajo he optado por una acepción más amplia de combinación, que incluye cualquier tipo de unión de fragmentos de palabras.

Es posible clasificar las combinaciones a partir de diferentes criterios: en función de las fragmentaciones efectuadas sobre el sintagma base, en función de las alteraciones fonológicas que presenta el neologismo, o en función de la naturaleza sintáctica de las palabras-base que han formado el acrónimo.

A partir del primero de estos criterios, se distingue entre las combinaciones que presentan el primer constituyente fragmentado y el segundo completo (a), las combinaciones que presentan el primer elemento completo y el segundo fragmentado (b), y las combinaciones en las que se han reducido los dos constituyentes (c). Encontramos ejemplos de los tres tipos en los neologismos relacionados con la informática.

a/ Combinaciones en las que aparece el primer constituyente fragmentado y el segundo completo:

Cyberspace (=Ciberespacio), a partir de «cybernetic space»8
Ebone (=Red troncal europea), a partir de «european bone»
Email, e-mail, a partir de «electronic mail»
Emoticon (=emoticón, emoticono), a partir de «emotional icon»
Infoaddict (=infoadicto), a partir de «informatic (information) addict»
Infopista, a partir de «informatic (information) + pista»
Internauta, a partir de «internet y nauta»
Mbone (=red troncal multimedia), a partir de «multimedia bone»
Multimedia, a partir de «multiple media»

b/ Combinaciones en las que se toma el primer elemento completo y el segundo fragmentado:

Internet, a partir de «inter +network»

c.1/ Combinaciones en las que se han reducido los dos constituyentes y aparecen los fragmentos externos de las palabras base:

Bit (=Bit, bitio), a partir de «binary digit»
Spanglish, a partir de «spanish + english»

c.2/ Combinaciones en las que se han reducido los dos constituyentes y aparecen los fragmentos iniciales de las palabras base:

Educom, a partir de «educational company»
Isoc, a partir de «Internet society»
Módem, a partir de «modulador demodulador»
Telnet, a partir de «tele + network»

A partir del segundo criterio mencionado podría distinguirse entre las combinaciones en las que no se produce una alteración fonológica en los fragmentos, frente a las que sí presentan una alteración, pero no he encontrado ninguna combinación de este segundo tipo.

Por último, si se toma como referencia la naturaleza sintáctica de las palabras-base, se puede distinguir entre las formaciones sustantivo+sustantivo, adjetivo+adjetivo, sustantivo+adjetivo o viceversa, y verbo+verbo. He encontrado ejemplos de los tres primeros tipos.

sustantivo + sustantivo:
Isoc, a partir de «Internet society»
Módem, a partir de «modulador demodulador»
Spanglish, a partir de «spanish+english»
Telnet, a partir de «tele (comunication) + network»
 
adjetivo + adjetivo:
Módem, a partir de «modulador demodulador»
 
adjetivo + sustantivo:
Bit (=Bit, bitio), a partir de «binary digit»
Cyberspace (=Ciberespacio), a partir de «cybernetic space»
Educom, a partir de «educational company»
Ebone (=Red troncal europea), a partir de «european bone»
Mbone (=red troncal multimedia), a partir de «multimedia bone»
Multimedia, a partir de «multiple media»
email, e-mail, a partir de «electronic mail»
emoticon (=emoticón, emoticono), a partir de «emotional icon»

En este último bloque de ejemplos llama la atención el hecho de que, al igual que ocurría con las siglas informáticas, se conserva el orden que las palabras-base mantenían en la lengua original, es decir, en el inglés. Se habla de los «emoticonos» para referirse a los «iconos emocionales» o «iconos emotivos», de manera que no se ha adaptado la combinación a la sintaxis habitual del español, nombre+adjetivo, aunque sí se ha adaptado fonéticamente.

También al igual que con las siglas y con los acortamientos, se puede demostrar la lexicalización de algunas de estas combinaciones por la poca resistencia que ofrecen a actuar como bases para posteriores derivaciones de acuerdo con la morfología derivativa del español, como por ejemplo la formación del verbo emailear, que puede funcionar también como pronominal: «nos emaileamos». Sobre el término e-mail o email, deseo dejar constancia de la difusión que está adquiriendo en la radio y en los foros de debate a través de Internet el neologismo emilio, tanto en castellano como en otras lenguas (se escucha emili en las emisoras de radio en catalán). Veremos si con el tiempo esta forma acaba sustituyendo al préstamo combinatorio email.

Debe concluirse este apartado con unas palabras muy semejantes a las del anterior, en el sentido de que la presencia de palabras creadas por combinación de fragmentos de un sintagma en el ámbito de las telecomunicaciones es elevada, probablemente por influencia de la lengua inglesa, que tan poca resistencia ofrece a este tipo de formaciones.

 

Las siglas, los acortamientos y las combinaciones de fragmentos de palabras que se recogen en este trabajo representan sólo una muestra de la intensa actividad de creación léxica que se está desarrollando en el ámbito de las telecomunicaciones. La necesidad de designar nuevas realidades conduce a la búsqueda de una terminología precisa, necesidad que en un primer momento se cubrió con la adopción de préstamos (como por ejemplo forward, que llegó a dar lugar al verbo forwardear en español). Pero con el tiempo y, sobre todo, por la acción de los hablantes y de los medios de comunicación, se van buscando en la propia lengua recursos para referirse a esas realidades nuevas. Concretamente en el lenguaje de la Internet en español, son frecuentes también las ampliaciones semánticas de palabras ya existentes (página), los sintagmas que se lexicalizan con un valor preciso (foro de debate), las formaciones con los denominados «prefijos cultos internacionales» (telecomunicaciones), etcétera. En este trabajo he optado por limitarme a analizar los términos creados mediante tres sistemas de abreviatura, y la conclusión a la que conduce este breve estudio es que, aunque se trate de un lenguaje especial para referirse a un sector específico del conocimiento, resulta imprescindible conocer estas palabras para referirse en español a la Internet. Y es más que probable que el aprendiz de español se sienta en algún momento ante esa necesidad comunicativa.

 

NOTAS

1. Utilizo el adjetivo que emplea M.Casado Velarde [1985, p. 20], aunque J.Martínez de Sousa [1985] prefiere el adjetivo siglar. (volver al texto)

2. Miranda [1994] divide su obra La formación de palabras en español en dos partes: «Morfología léxica» y «Lexicología», y en la segunda dedica apenas cinco páginas a las siglas. M. Lang [(1990) 1992], por su parte, en una obra que lleva el mismo título que la anterior y el subtítulo Morfología derivativa productiva en el léxico moderno, en el capítulo sobre «Procedimientos misceláneos» dedica tres páginas a este tipo de formaciones. En la obra La formación de palabras editada por S.Varela [1993] no hay ningún trabajo sobre las siglas, y sólo en la selección bibliográfica de F.Rainer [S.Varela, 1993, pp. 13-30] se citan algunos estudios sobre este procedimiento de formación léxica, tan frecuente en la lengua española actual. (volver al texto)

3. Cuando sean tratadas en este trabajo las formaciones producto de la combinación de fragmentos del sintagma base, denominaré combinación a este procedimiento, pues me parece una designación especialmente diáfana, y en esto coincido con el término adoptado para traducir blending en el citado estudio de M. Lang. (volver al texto)

4. Sobre las diferentes posibilidades de pronunciación de esta sigla y de otras que, como ésta, presentan dos consonantes iniciales, véase J. Martínez de Sousa [1984, p. 40, nota 69]. (volver al texto)

5. Este autor distingue entre abreviación (o abreviamiento) y abreviatura, de manera que los dos primeros términos equivalen a lo que aquí denominamos acortamientos, mientras que por abreviatura entiende tanto las siglas como las abreviaturas que no trascienden al plano oral. (volver al texto)

6. También es un procedimiento nuevo en otras lenguas, como el francés, tal como indica L. Guilbert [1975, p. 245]. (volver al texto)

7. Este requisito marca la principal diferencia entre acronimia y composición, aunque algunos lingüistas han considerado, asimismo, la acronimia como un tipo especial de compuestos: como una composición contracta. (volver al texto)

8. Deseo agradecer la ayuda prestada por Patrick O'Callahan y William Pickin, miembros del foro de debate SPANGLISH, quienes me aclararon algunas dudas concernientes a los sintagma que han servido de base para la formación de estos términos. (volver al texto)


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Actualizado el 17/05/99


Este artículo fue publicado previamente en Rilce, 14.2 (1998), (monográfico titulado El español como lengua extranjera: investigación y docencia), pp. 349-365.


© Mar Cruz Piñol 1998/99

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/siglas.html
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid