Carta de un lector
o Nota complementaria acerca de la presencia
de Antonio Machado en la obra de Washington Benavides

Javier M. Palummo
elpalu@montevideo.com.uy


 

Esta nota ha sido motivada por la lectura del artículo Tras la pista de Antonio Machado, Vínculos con la literatura uruguaya de Luis Bravo, que apareció recientemente en el Nº 11 de ESPÉCULO (marzo - junio, 1999), en el cual, a mi entender se cometió un error u omisión. En el párrafo que dedica a "la tríada de poetas de Tacuarembó" extendiéndose sobre todo en consideraciones sobre la obra de Washington Benavides, dice:

"En el caso de Benavides la presencia de A.M. no es visible, como en otros, mediante epígrafes, ni títulos, ni referencias expresas, teóricas o intertextuales, sino más bien por el clima global de su verso en 'compenetración íntima con el paisaje y sabores de su solar nativo', según Isabel Gilbert (Marcha, julio, 1966). Su poética se nutre de múltiples reflejos y en esa pluralidad discurre la falsa oposición entre lo culto y lo popular, que Benavídes bien sortea, igual que el propio Machado lo hiciera a su manera, en sus Canciones, o en Proverbios y Cantares, o en Romances, sin ir más lejos. Un manejo métrico que tanto la emprende con las formas populares de tradición hispánica como con la milonga, y que puede abarcar referencias tanto trovadorescas como anglosajonas (Ezra Pound o Chaucer), sitúan al poeta en uno de los registros más abiertos, y mejor dotados, del instrumento lírico.".

Compartimos parte de las consideraciones vertidas, porque advertimos en una atenta lectura de la obra de Washington Benavides la presencia visible y expresa de Antonio Machado. Hacemos referencia, en primera instancia, a su libro Historias de 1971 (1) que constituye dentro de su obra una etapa ruptural, experimental, pero paralela, en el cual la ausencia de signos de puntuación, contrasta con la formalidad de otros de sus libros, por ejemplo, su anterior poemario: Poemas de la ciega (1968) compuesto en sus últimas secciones por sonetos (2).

Dejando de lado la discusión acerca de la vigencia de determinadas categorías, podemos decir que Historias está inserta en lo que Angel Rama denominó "el estremecimiento nuevo", inmediato y posterior a "la promoción de la crisis" en donde incluye a Benavides. De ella comenzará diciendo (1963) (3) que "no señala ruptura visible con los poetas de la promoción anterior", para luego aceptar el fin de un período literario y el comienzo de otro con el "nuevo estremecimiento" (1972). Rama observa "una desconfianza generalizada por las formas recibidas que traducen el mundo real, a partir de la comprobación de que las bases de ese mundo se presentan como repentinamente inseguras […] Tal vivencia explica la nota experimental que domina la búsqueda de correlatos estéticos de lo real en esta literatura, poblando los textos de visiones estremecedoras del medio ambiente" (4).

La referencia a Antonio Machado se encuentra en La historia del ratón de biblioteca, una de esas "partituras" al decir de Eduardo Darnauchans, una de esas historias, casi cuentos, casi poemas dotados de una intensa musicalidad, que finaliza con la transcripción de un fragmento del poema El milagro de Machado, compuesto para su heterónimo Andrés Santallana (De un cancionero apócrifo 1923-1936) (5).

La historia del ratón de biblioteca finaliza así:

"… sacó de su estuche los lentes con montura metálica que John Lennon enancó en la nariz de la moda a propósito lo visitaron aquellos versos de Antonio Machado

'eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada'

mire que se me va de lejos la cabeza cuánto tiempo perdí o gané corriendo tras la cola de mi sombra que ellos los puros digan lo que digan volvamos a lo nuestro acomodó los lentes niveló las páginas y se enfrascó de nuevo con los ritmos de la poesía de Parra del Riego.".

No es de extrañar una referencia tan clara a Machado (y a uno de sus heterónimos) puesto que Benavides, crítico y docente universitario de literatura, ha realizado estudios sobre esos "Doce [más tarde catorce] poetas que pudieron existir", que incluso han sido publicados.

Pero esa no es la única referencia expresa a Antonio Machado que encontramos en la obra de Benavides. La segunda y más reciente, está en el poema Tengo saudade, de su poemario Finisterre (6) de 1985, en el que el poeta menciona junto a Antonio Machado, al escritor y cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa:

"Y un verso de Machado
y una canción de Alfredo (a cada lado)
para andar en la vida balanceado…"

Por otro lado observamos que la presencia de Antonio Machado en la poesía de Benavides ha sido percibida desde muy temprano, cuando publicó sus primeros poemas en la revista Asir (1950), motivando un comentario de Bordoli que lo asoció desde aquella temprana edad al poeta sevillano. No siendo esa la única oportunidad en la que la crítica expuso la ascendencia señalada. Por lo que concluimos sosteniendo que en toda la obra de Washington Benavides, puede encontrarse visiblemente la presencia de Antonio Machado y no solo por el clima global de su verso en "compenetración íntima con el paisaje y sabores de su solar nativo" sino y fundamentalmente a través de las múltiples referencias expresas, teóricas e intertextuales.

 

NOTAS

(1) Benavides, Washington. Historias, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1971. Recientemente reeditado: Benavides, Washington. Historias, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, (2ª ed.) 1999.

(2) Palummo, Javier M. Historias, casi cuentos, casi poemas. En revista El Estante Nº 44, junio 15, Montevideo, 1999, p. 11.

(3) Rama, Angel. Jóvenes en la literatura: los nuevos compañeros, en Marcha Nº 1189, diciembre 27, 1963. (2a.) tema que suscitara la conocida polémica con Jorge Ruffinelli.

(4) Rama, Angel. La generación critica 1939-1969, Arca, Montevideo, 1972. Pp. 238, 239. Y Verani, Hugo. De la vanguardia a la posmodernidad: Narrativa uruguaya (1920-1995), Trilce - Linardi y Risso, Montevideo. Pp. 38 y ss.

(5) Machado, Antonio. Poesías completas, Austral, (12ª ed.), Madrid, 1969, p. 292. Y Machado, Antonio. Poesía y prosa, Tomo II, Poesías completas, Espasa Calpe - Fundación Antonio Machado, Madrid, 1989, p. 813. Con una variante mínima ambas versiones (En la segunda el verso 4º finaliza con una coma, "eché mano al estuche de las gafas,"):

EL MILAGRO

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo…
Abrí el estuche pero dentro: nada;
point de lunettes… ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban,
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo,
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran
o es un acto de fe toda mirada.

(6) Benavides, Washington. Finisterre, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1985, p. 52.


© Javier M. Palummo 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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