Espéculo

Reseñas, críticas y novedades


Enric Sullá (comp.)

El canon literario

          


 

Contenido:


¿Canon?

Esta obra tiene una virtud y un defecto. La virtud es suya; el defecto, del mundo que nos toca vivir. Vayamos primero a por las virtudes. Esta editorial se ha caracterizado por su labor compiladora durante estos últimos años. Ha puesto a nuestra disposición un buen número de textos seleccionados, casi siempre con excelente criterio, sobre tendencias críticas, escuelas o, como en este caso, problemas y debates en el mundo de la Teoría literaria. En este caso, la selección es buena y se pueden destacar, por muy diversos motivos, los textos de Kermode, Culler, Robinson y el muy personal e irónico de Gates Jr.

Una vez perdida la inocencia que nos permitía creer en las musas, la inmortalidad literaria, en la belleza con "B", en la evidencia del juicio crítico, y, por último (y como algo general de lo que todo deriva), la tendencia natural del hombre hacia el Bien, plantearse el problema del canon queda reducido a lo que, con buen criterio, algunos autores de la compilación plantean: cómo seleccionar las lecturas de los programas escolares. No deja de ser irónico que, si como decía Oscar Wilde, "el periodismo es ilegible y la literatura no la lee nadie", exista tan preocupación por la cuestión del canon en estos tiempos audiovisuales y cibernéticos.

Esto nos lleva a preocuparnos por las preocupaciones de los demás. Es decir, la "metapreocupación", término que acuñamos ahora mismo y sin ningún afán de perdurabilidad. ¿Por qué, pues, se preocupan tanto? Porque, como resulta evidente de las preocupaciones de los compilados —mayoritariamente, norteamericanos—, la cuestión del canon demuestra a las claras que hay mucho de humano, demasiado humano en una discusión que, tampoco hace tanto, se desarrollaba en términos casi platónicos. ¿Por que los USA, el país de la revolución, el país de clásicos recientes? Por algo muy evidente, el canon debe existir en función de la dispersión social. Cuanto mayor sea el grado de divergencia, con mayor énfasis debe ser sostenido el canon, por que el canon no es más que una institución humana, una pieza más en el engranaje social.

El canon siempre ha tenido una función pedagógica: mantener un corpus de obras literarias vivas socialmente. En la medida en que dejamos de considerar las artes desde la torre de marfil del esteticismo y pasamos a valorar su función social como portadoras de valores e intereses, es lógico que cuando se cuestionan los valores e intereses en el interior del cuerpo social, el canon se resienta. El mejor párrafo del libro es con el que el crítico Henry Louis Gates Jr. se refiere a los tiempos en que era "posible" el acuerdo que sustentaba el canon: "(...) cuando los hombres eran hombres, y los hombres eran blancos, cuando los críticos eran hombres blancos y cuando las mujeres y las personas de color no tenían voz, eran sirvientes y trabajadores sin rostro que preparaban el té y llenaban las copas de brandy en las dependencias de los clubes de la gente de orden" (pp. 161-162). Había canon porque no había coro, solo un solista. Es más difícil llegar a un acuerdo cuando los demás opinan. Y el canon no es posible sin el acuerdo.

Se dan dos ironías. La primera de ella se presenta cuando comprendemos que los ataques al canon son también los intentos de formar nuevos cánones. De nuevo, Gates Jr. acierta cuando se queja de que ahora que la población afronorteamericana tiene posibilidad de crear su propio canon de obras con las que identificarse, los posmodernistas salen con aquello de la vaciedad del sujeto: "(...) precisamente cuando nosotros (y otros pueblos del Tercer Mundo) disponemos de los complejos medios necesarios para definir nuestra subjetividad como negros en la república de las letras occidentales, nuestros colegas teóricos declaran que no existe eso llamado sujeto, por lo tanto, ¿para qué preocuparnos de ello? (p. 180). Un fastidio... Es como si el dia que te toca la loteria abolieran la propiedad. La venganza de los dominadores venidos a menos es que gran parte del esfuerzo empleado en derribarlos se vuelve contra los recién llegados. Algo parecido sucede con el movimiento feminista y sus críticas al canon por masculino y patriarcal. No falta razón a las minorías (?) culturales; su voz se ha silenciado, pero el terreno de juego, las reglas que lo definen, sigue siendo, en gran parte, propiedad de los mismos. Es decir, el canon, el concepto de canon, es en sí mismo un instrumento de control social. Lo cierto es que, hoy en día, es imposible la fijación de un canon a cualquiera. Los motivos son muy claros. En primer lugar ha aumentado extraordinariamente el tamaño del corpus. En segundo lugar, el corpus contiene ya el germen de la crítica del sistema. Desde hace poco más o menos dos siglos, la literatura (el arte) es menos un fijador social que un desmantelador. Las obras que hemos ido valorando son las que critican el sistema, es decir, se han invertido los términos de valoración. Con esta situación es difícil mantener un canon. De ahí que las críticas se centren en los dos últimos reductos: la discriminación de género y la discriminación de raza. Las puertas que se cierran en el canon son las mismas que se cierran en la sociedad: sexismo y racismo. A medidados del siglo XVIII la burguesía, clase en ascenso, se lanzó a criticar el canon existente entonces por entender que solo representaba al mundo de la nobleza. Tuvieron que producir críticos, obras y público.

Pero la mayor ironía de todas es que la discusión sobre un canon de obras se ve relativizada por el auténtico canon por el que se maneja la mayor parte de la población (se entiende, de la población que lee): las listas de obras más (o menos) vendidas. Es decir, los que elaboran hoy el canon son los programadores de estrategias de mercadotecnia. Canon efímero y coyuntural, sí, pero la función es la misma: dirigir los flujos sociales, esta vez hacia la compra. Desde esta perspectiva, la discusión del canon no tiene sentido fuera del ámbito académico y escolar. En el fondo, la lucha es un reflejo más de la que se ha planteado en los ámbitos profesionales académicos y críticos. Si bien es cierto que su virulencia ha sido mayor en los Estados Unidos, donde, por motivos largos de explicar, la vida académica está en constante lucha desde la década de los sesenta hasta hoy mismo.

Joaquín Mª Aguirre


El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/canon.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 1999