LA HISTORIA Y LA POSTMODERNIDAD


Rafael Vidal Jiménez


 

Notas

(1) Aunque no constituya una obra historiográfica en sí, destacaría el interesante balance global que Ramonet realiza en "Un mundo sin rumbo" acerca de los fenómenos económico-sociales, políticos y culturales que definen la crisis de fin de siglo (Ramonet, 1997).

(2) Josep Fontana considera que toda visión global de la historia se estructura en torno a tres elementos solidarios: descripción genealógica del presente –historia-, explicación racional de las relaciones sociales –economía política- y proyección hacia el futuro –proyecto social. Las conexiones e interferencias entre estos tres aspectos dependerá del vínculo legitimador o revolucionario que el discurso historiográfico pueda tener con respecto al orden establecido en un momento histórico dado (Fontana, 1982).

(3) Paul Ricoeur expresa: "La universalidad del género narrativo -¿existe una sola cultura en la que no se relate algo de historia?- y la inmensa variedad del género narrativo -¿cuántas especies hay de relatos?- demuestran el carácter simbólico de la conciencia humana del tiempo. Relatando historias, los hombres articulan su experiencia, se orientan en el caos de las modalidades potenciales del desarrollo; jalonan de intrigas y de desenlaces el curso demasiado complicado de las acciones reales del hombre" (Ricoeur, 1979: 18).

(4) En este sentido, las autoras citadas insisten en que "no existe acción sin una narración del funcionamiento del mundo, y la acción es más reflexiva mientras más se afirman las narraciones en una teoría. Aunque los relatos siempre serán cambiantes (de hecho, muestran el cambio en acción), los historiadores siempre tendrán que narrarlos para poder entender el pasado, e importa si narran bien (veraz y detalladamente) o mal" (Appleby; Hunt; Jacob, 1998: 220). El problema de la objetividad aludido al final de la cita será analizado posteriormente.

(5) Como éste no es espacio para la enumeración exhaustiva, tan sólo destacaré como trabajos orientadores de la situación general de la historiografía en lo tocante a los asuntos señalados el ya mencionado de Julio Aróstegui, "La investigación histórica: teoría y método" (Aróstegui, 1995), el de Elena Hernández Sandoica, "Los caminos de la historia: cuestiones de historiografía y método" (Hernández Sandoica, 1995) y la obra editada por Peter Burke, "Formas de hacer historia" (Burke (ed), 1996).

(6) Esto, en todo caso, nos llevará a considerar la evolución de la ciencia desde la perspectiva de "La estructura de las revoluciones científicas" de Thomas S. Kuhn. En ella el autor consagró el concepto de paradigmas como: "realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones de una comunidad científica" (Kuhn, 1984: 13). Se trata de una noción que sirvió para sustituir la visión acumulativa de la historia de la ciencia por un nuevo esquema basado en las rupturas y las discontinuidades. Es evidente que la actitud de Kuhn en relación con la evolución histórica de la ciencia es fiel reflejo de la crisis de la idea de progreso que aquí se está tratando.

(7) Para un acercamiento global a los elementos culturales y materiales que definen esta nueva etapa que se supone superadora de la modernidad, creo conveniente la lectura de la síntesis elabora por David Lyon con el título de "Postmodernidad". En ella estimo capital la diferenciación entre, de una parte, una esfera intelectual -"postmodernismo"- basada en la crisis del fundacionalismo científico; la quiebra de las jerarquías del conocimiento y del principio de autoridad; y la sustitución del logocentrismo por el iconocentrismo. De otra, una dimensión socio-material –"postmodernidad"- cuyas señas de identificación más resaltables son la nuevas tecnologías de la información-comunicación conectadas al fenómeno de la globalización y la superación del esquema productivo de consumo por el del consumismo postindustrial (Lyon, 1996). Por mi parte, distinguiré el uso de los términos postmodernidad/postmoderna, de un lado, y postmodernismo/postmodernista, de otro, según este esquema.

(8) El concepto de historia de este padre fundador del positivismo historiográfico puede verse en su obra "Pueblos y Estados en la Edad Moderna" (Ranke, 1979).

(9) Ciro F. S. Cardoso elabora su concepto de conocimiento científico en torno a estos tres supuestos filosóficos de la ciencia en su "Introducción al trabajo de la investigación histórica" (Cardoso, 1989).

(10) Creo que, desde la perspectiva de la absoluta independencia material que en las épocas premodernas vinculaba al hombre con la naturaleza, esta concepción de un tiempo cíclico y eterno respondía al modelo impuesto por la directa y cotidiana percepción de los ritmos cíclicos naturales y astronómicos. Ello sería incompatible con la construcción simbólica de un tiempo específicamente humano totalmente liberado de la soberanía del tiempo cósmico. Los nuevos condicionantes materiales derivados de la industrialización alientan, por tanto, la posibilidad de la elaboración colectiva de un discurso humano del tiempo desprendido del marco natural preindustrial.

(11) Hay que aclarar la correspondencia que se establece en la obra de Kant entre los conceptos de "Naturaleza" y "Providencia".

(12) Josep Fontana insiste en la idea de que esta visión de la historia forjada como legitimación del orden burgués industrial sólo sirvió y sirve para justificar las relaciones de explotación y dominación generadas por el capitalismo. Esto cristalizó en una visión unilineal de la historia basada en un absoluto determinismo tecnológico que no da pie a la configuración de otros modos posibles de organización de las relaciones sociales en un marco de verdadera libertad e igualdad (Fontana, 1992).

(13) No creo que sea necesario insistir en las aportaciones decisivas que en lo referente a la definción y crisis de las metanarraciones emancipadoras y especulativas ofreció ya hace tiempo Lyotard en una obra tan conocida como decisiva para la nueva época como "La condición postmoderna. Informe sobre el saber" (Lyotard, 1989).

(14) Tan sólo, a modo de rápida orientación, destacaré como gran obra de síntesis de los principios que dieron vida a la escuela de los "Annales" la editada por J. Le Goff y P. Nora con el título "Hacer la historia" (Le Goff; Nora, 1978). En cuanto al materialismo histórico el fenómeno me parece de una complejidad tal que no permite su tratamiento en este trabajo. En todo caso creo necesario advertir, con Josep Fontana, el enorme distanciamiento, nunca definitivamente comprendido, en general, entre lo que este autor denomina "marxismo catequístico", basado en un fuerte determinismo económico metafísico, y la obra madura del propio Marx (Fontana, 1992). Por tanto, cuando me refiera en este trabajo al "materialismo histórico" estaré hablando de lo que tradicionalmente se ha entendido como tal en los medios académicos, siempre al margen de lo genuino, específico e inagotable de la obra de un Marx realmente olvidado desde su propia muerte.

(15) Citado por Juan Ignacio Ruiz de la Peña en "Introducción al estudio de la Edad Media", p. 132 (Ruiz de la Peña, 1987).

(16) Esta perspectiva es contemplada por Julio Aróstegui en "Manuel Tuñón de Lara y la construcción de una ciencia historiográfica" (Aróstegui, 1993).

(17) La reflexión teórica de Braudel queda recogida en "La historia y las ciencias sociales" (Braudel, 1968). En esta obra se clarifica el encuentro interdisciplinar promovido por "Annales" con ciencias sociales como la sociología y la antropología.

(18) Una aproximación a este problema se encuentra en "Tiempo cronológico y tiempo histórico" (Tuñón de Lara, 1993).

(19) Recuérdese el concepto de "historia-problema" impuesto por L. Fèbvre en sus célebres "Combates por la historia" frente al de "historia-relato" positivista. Para este autor, la historia no habría de quedarse en ese primer nivel de trabajo basado en el análisis crítico del documento. Faltaba un paso más, el de la formulación de hipótesis (Fèbvre, 1959). En cuanto al cientifismo de que hace gala esta escuela historiográfica sólo destacar el recurso a las técnicas cuantitivistas que tuvo lugar en relación con el desarrollo de la "historia serial" muy emparentada con la "historia económica" de S. Kuznets y la "New Economic History" de S. Engerman, A. Fishlow, etc.

(20) En lo que respecta a "Annales" Josep Fontana llegó a decir : "seguirles hoy en su obsesión ecléctica de modernidad, en su neopositivismo que confunde el método y la teoría y mitifica el papel del instrumento, sería peligroso. El axioma es viejo, pero sigue siendo válido: "sin teoría no hay historia" " (Fontana, 1985: 127). Una muestra, pues, del alejamiento del marxismo como pretendida teoría de lo histórico respecto a la historiografía francesa.

(21) El origen sociológico del concepto de "estructuralidad" se sitúa en la obra de A. Giddens. En ella las estructuras sociales son simultáneamente medio y resultado de las prácticas que generan en la interacción (Giddens, 1997). Por otra parte, el trabajo de C. Tilly también constituye un modelo para el desarrollo de esta corriente de la "historia social" (Tilly, 1991).

(22) Hago alusión a la obra de Bauman "Intimations of Postmodernity" citada en "Postmodernidad" de David Lyon (Lyon, 1996).

(23) Un análisis crítico muy interesante sobre los efectos producidos en las nuevas formas de sociabilidad de fines del siglo XX por las nuevos sistema de comunicación, basados en los flujos electromagnéticos a la velocidad de la luz de las redes de comunicación planetaria, puede encontrase en la obra de Paul Virilio (Virilio, 1997). La instantaneidad y ubicuidad de los contactos implica la consecuencia negativa de la pérdida del sentido del cuerpo propio, de los demás y del mundo: la pérdida de la geografía mediante una anulación progresiva del espacio material mediador de las relaciones.

(24) Me remito, en este caso, a los conceptos de "sociedad red" y "empresa red" de Manuel Castells (Castells, 1997). Del mismo modo, una vez más, al trabajo de Ignacio Ramonet (Ramonet, 1997).

(25) En lo que respecta al análisis de los factores determinantes de las crisis subjetivas y globales de sentido en las sociedades modernas es necesario acudir a la obra de Peter L. Berger y Thomas Luckmann (Berger; Luckmann, 1997).

(26) Además de la ya citada obra de Virilio, este fenómeno puede estudiarse desde la perspectiva utilizada por David Lyon en "El ojo electrónico" (Lyon, 1995); sin olvidar la deuda contraída al respecto con el muy conocido "Vigilar y castigar" de Foucault, en lo que afecta al propio concepto de "panoptismo" (Foucault, 1992).

(27) Aquí tengo que referirme al compromiso crítico-analítico de Noam Chomsky (Chomsky, 1996). En cuanto a la imposición de los nuevos parámetros de poder político extragubernamentales, he de hacer alusión al concepto de "subpolítica" contemplado en "¿Qué es la globalización?" de Ulrich Beck (Beck, 1998).

(28) Para una aproximación al punto de vista de R. Rorty, me remito a su obra "El giro lingüístico" (Rorty, 1990). Las resonacias del Wittgenstein del "Tractatus Lógico-Philosophicus" y de los "juegos del lenguaje" son ciertamente evidentes (Wittgenstein, 1989).

(29) Jacques Derrida, basa su pensamiento en una crítica abierta a los valores fundamentales sobre los que se asienta la civilización occidental moderna –el "Bien", la "Verdad" y la "Belleza"- y, por tanto, en un rechazo al logocentrismo presencialista de la metafísica tradicional. En la medida en que la realidad, en su específica textualidad, se reduce a juegos variables de discursos incomensurables, la práctica deconstruccionista significaría una inversión consistente en el desenmascaramiento de las diferencias y de sus estructuras jerárquicas, lo cual me remite directamente a la genealogía nietzscheana retomada por Foucault (Derrida, 1989).

(30) Me gustaría precisar el importante matiz que diferencia los términos "dialogía" e "intertextualidad", utilizados con frecuencia de manera indistinta. El primero alude al concepto bajtiniano de la integración inconsciente del discurso ajeno en el propio (Bajtin, 1985). El segundo implica una toma de conciencia y un reconocimiento explícito de la apropiación de los discursos del otro por parte del sujeto enunciador.

(31) Aludo a ese nuevo movimiento intersubjetivo plasmado en las nuevas sociologías interpretativas de corte fenomenológico como las que representan el "interaccionismo simbólico" y las "etnometodologías". En ellas lo más significativo es la reacción contra los modelos estructurales-funcionalistas y el establecimiento de nuevas unidades de análisis –la persona, el grupo, las relaciones cotidianas-, que suponen un nuevo modo de entender las conexiones entre actor individual y sistema. Un breve pero sistemático y esclarecedor resumen de todo esto puede encontrarse en el capítulo 6 –"El regreso a lo cotidiano"- de "Historia de las teorías de la comunicación" de Armand y Michèle Mattelart (Mattelart, 1997).

(32) En concreto, "The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History" de Darnton representa uno de los ejemplos más significativos de este tipo de historia cultural (Darnton, 1984). Un estudio de síntesis donde se consagran la denominación y los soportes teóricos de la escuela están en "The New Cultural History" de Lynn Hunt (Hunt, 1989).

(33) Recordemos que la historia social de la cultura de "Annales" atribuía actitudes y comportamientos predeterminados a los individuos de acuerdo con su adscripción a un grupo socio-profesional concreto. En cambio, esta historia cultural de lo social procede de manera mucho menos estática: las respuestas del sujeto están mediatizadas por una multiplicidad de factores circunstanciales que sitúan aquél en una red de interacciones sociales más complejas –"pertenencias sexuales o generacionales, las adhesiones religiosas, las tradiciones educativas, las solidaridades territoriales, las costumbres de la profesión" (Chartier, 1995: 54).

(34) Lynn Hunt, en su provechosa colaboración con Joyce Appleby y Margaret Jacob, hace referencia al nacimiento de la "historia cultural" de este modo: "La mente, como depósito de las prescripciones sociales, espacio donde se forma la identidad y se negocia lingüísticamente la realidad, se transformó en foco de la nueva indagación histórica. Allí residía la cultura, definida como repertorio de sistemas valóricos y mecanismos interpretativos" (Appleby; Hunt; Jacob, 1998: 205).

(35) Raymond Williams constituye un verdadero punto de partida en esta escuela. En "The Long Revolution" aparece ya ese concepto de cultura como proceso de construcción socio-histórica de las significaciones (Williams, 1965). Desde un marxismo renovador y abierto al estudio de las relaciones entre cultura y prácticas sociales, también atribuible a Williams, el historiador E. P. Thompson aporta al Centro de Birmingham una visión dinámica de la historia basada en la idea de la lucha de clases como conflicto cultural (Thompson, 1989).

(36) Este desplazamiento del centro de referencia en la interpretación hermenéutica de lo cultural como diálogo con la diferencia conecta directamente con el concepto de "configuración" que aparece en la obra de Norbert Elías: "Para Elías, en efecto, la modalidad propia de las relaciones de interdependencia relacionan a los individuos entre sí en una formación dada lo que define la especificidad irreductible de esta formación o configuración. De esto, las figuras singulares cada vez de las formas de dominio, de los equilibrios entre los grupos, de los principios de organización de las sociedades" (Chartier, 1995: 72).

(37) Ello ha llevado a autores como Josep Fontana, entre otros, a clasificar a este tipo de historiografía, carente de visiones globales de la realidad, dentro del género histórico-literario. "Lo que tendríamos con este tipo de retorno a la narración sería, simplemente, una historia que vuelve a ser, como en un pasado que creíamos superado, un simple cuento a narrar" (Fontana, 1992: 23). Pero lo relevante no es la utilización expresa o no del relato como técnica expositiva; es el sentido que se dé a ese relato.

(38) Manuel Cruz alude al lema positivista rankiano de "er will bloss zeigen es eingentlich gewessen". La idea de que basta dejarse llevar por los documentos para que podamos reproducir el pasado histórico tal y como aconteció. De ello ya me ocupé con anterioridad.

(39) No voy a entrar aquí en el debate sociológico sobre el cambio y la movimiento al que hace referencia Julio Aróstegui haciéndose eco de la obra de Robert Nisbet: "Es cierto que cambio no es mera interacción, movimiento, movilidad. El movimiento y la movilidad son consustanciales con la sociedad, pero nada de ello presupone necesariamente cambio" (Aróstegui, 1995: 162). Lo que me interesa constatar es que la idea moderna de progreso alumbraba una perspectiva de cambio real en su proyección hacia un futuro por construir.

(40) Cito el relato de "Los dos reyes y los dos laberintos", recogido en su célebre libro "El Aleph" (Borges, 1989).

(41) Este concepto de "simulacro" se encuentra en "Cultura y simulacro" de Jean Baudrillard (Baudrillard, 1998).

(42) James Petras, aludiendo a datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, se expresa en el sentido de que la mayor parte de los daños sufridos por los albaneses fueron provocados por la O.T.A.N. Por otra parte, su ocupación ha propiciado una expulsión de civiles serbios muy superior – más del 80%, a lo que hay que añadir más del 90% de los gitanos- a la efectuada por los serbios con los kosovares durante las operaciones –50%, aproximadamente. Son los términos de una sistemática "limpieza étnica profesional" auspiciada por las fuerzas de la O.T.A.N. en respuesta a objetivos no tan oscuros (Petras, 1999).

(43) Petras entiende que el apoyo prestado por la O.T.A.N a la salvaje actitud del ELK está conectado a un fin muy concreto: la desestabilización del gobierno de Milosevic, en relación con la guerra comercial entre multinacionales europeas y norteamericanas por los contratos de construcción (Petras, 1999).

(44) También, en este sentido, me tengo que referir a obras ya citadas de Josep Fontana (Fontana, 1982; 1992). Del mismo modo, al capítulo VII –"Sobre la dificultad de (no) ser marxista"- del libro, también señalado, de Manuel Cruz (Cruz, 1991).

 

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"Este artículo se corresponde con la ampliación de la comunicación ("Implicaciones historiográficas de la postmodernidad: la superación fenomenológica de los paradigmas finalísticos de la historia") que será publicada en las actas del VIII Simposio Internacional de la Asociación Andaluza de Semiótica -" Más allá de un milenio: globalización, identidades y universos simbólicos". Huelva, Universidad Internacional de Andalucía, Sede de la Rábida, 16-18 de septiembre de 1999".


Regreso al texto del artículo

 


© Rafael Vidal Jiménez 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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