Lucía
Graves

La arquitectura del recuerdo


Yolanda Delgado

Lda. Ciencias de la Información. Documentalista


 

La judería situada en el casco antiguo de Gerona escondía una historia entre sus húmedas paredes de piedras. Cinco siglos han transcurrido para que la vida del call judío regrese al espacio de nuestra memoria gracias a Lucía Graves. La casa de la memoria es la historia de una parte del pueblo judío cuando, una mañana de abril de 1492, reciben la terrible noticia de que deben abandonar su casa y salir del reino de los Reyes Católicos hacia otros países en los que pudieran ser todavía bien recibidos. Un acontecimiento que cambia radicalmente la vida de Alba, la joven protagonista, a quien, dadas las circunstancias, se le arranca de la adolescencia sin tiempo a saborear su primer amor. Sin las concesiones que a veces otorga el tiempo, Alba se convierte en adulta y asume un peligroso reto del que dependerá que la memoria sagrada e histórica de su pueblo quede a salvo para siempre. El viaje de Alba no termina en Perpiñán, la ciudad francesa a la que se dirigieron muchos de los judíos expulsados de España. Nápoles, Venecia y Tesalónica son ciudades que se cruzarán en su destino; lugares en los que Alba se encontrará con circunstancias y personajes que le ayudarán a llevar a buen término la misión que tiene encomendada. Un viaje espiritual que le obliga a memorizar un texto sagrado fundamental para su pueblo y que Alba guarda en su memoria de manera tan nítida como guarda las estancias de la casa que dejó en su tierra natal.

La casa de la memoria (Barcelona, Seix Barral, 1999) es la primera novela de Lucía Graves, buena conocedora de nuestra lengua y de nuestra historia ya que, aunque nació en Devon (Inglaterra), Lucía vivió durante un largo periodo en Deià (Mallorca), lugar de residencia de su familia, y donde su padre, el escritor Robert Graves, vivió hasta su muerte en 1985. Más tarde, vivió varios años en Barcelona, ciudad que abandonó en 1992 para instalarse en Londres.

La novela arranca en el momento en que la joven protagonista, Alba, está tendiendo la colada en la azotea de su casa situada en el call de Gerona.

Estaba tendiendo la colada en la azotea cuando oí el primer toque de la corneta, pero no presté mucha atención. Era un sonido habitual en días de mercado, y además, tenía la cabeza en otra parte. Mientras sacaba del cubo enaguas, camisas, sábanas, pañuelos y trapos de cocina, escurriendo bien cada prenda y sujetándola luego con pinzas en la cuerda de tender, iba recordando detalle a detalle los acontecimientos de la noche anterior cuando, mi madre y yo habíamos cenado en casa de mi primo Isaac y yo había sido presentada formalmente a Vidal Rubén (p.11)

—Quería empezar el libro con esta escena precisamente para demostrar que Alba estaba haciendo una vida muy normal, de mujer, una vida doméstica, y que estaba muy feliz, mirando el paisaje y sintiéndose enamorada. De repente le llega la noticia y entonces tiene que asumir unas responsabilidades y tomar unas decisiones que no tienen nada que ver con tender la ropa. Yo quería reflejar algo que nos pasa mucho a las mujeres, esa doble actividad que tenemos en la vida.

  

Lucía Graves escoge a una mujer como protagonista de su novela que transcurre en un momento histórico crucial para la comunidad judía cuando los Reyes Católicos deciden en 1492 expulsar a los judíos del reino. En este tiempo, la mujer estaba absolutamente relegada a un segundo plano en cualquier actividad y acontecimiento que ocurriese fuera de las paredes del hogar. Pero Alba posee ciertos conocimientos sobre los textos sagrados judíos gracias a las lecciones recibidas de su abuelo y será la encargada de preservar en su memoria un magnífico texto sagrado.

—Tuve que hacer de ella un caso excepcional, porque normalmente era el hombre el que hacía este trabajo; pero como sabía que en el momento de la expulsión quedaban muy pocas personas judías, me inventé que Alba tenía un poco de educación por su abuelo y que le gustaban las letras. También sabía que las chicas en la Edad Media tenía acceso a la educación si querían. No era corriente, pero podía suceder. Como tenía que ser una mujer, me inventé todo eso para que fuera viable.

 

 También vemos que Alba maneja con cierta familiaridad el lenguaje de la Cábala:

Y fue entonces cuando comencé a comprender lo que me había explicado un día mi abuelo: que existe una escalera invisible por la que se une nuestro mundo físico a las altas esferas del Ser Divino (p.66)

—También la Cábala se supone que era algo de hombres pero, en este caso, Alba tiene acceso directo para estudiar el libro. Y el pensamiento cabalístico, la visión de la vida como un reflejo del Creador y de Dios; la importancia de las letras, de la palabra, el significado espiritual y divino de la palabra y del lenguaje hebreo, le hace ver el mundo y sus propias circunstancias desde unas perspectivas distintas. A lo mejor si no hubiera tenido que hacer esta misión no hubiera llegado nunca a tener la oportunidad de verlo así.
Al empezar a estudiar la historia de Gerona me di cuenta que había habido una escuela cabalística muy importante y entonces el tema se fue fraguando solo.

A esta incansable traductora y ensayista, le hace mucha ilusión ser entrevistada para una revista digital como Espéculo:

—Me encanta porque muchas veces, cuando escribes un libro y después tienes tiempo para reflexionar, he hecho muchas comparaciones entre la memoria electrónica de los ordenadores y la memoria humana. Ambos sistemas de memorización guardan sus paralelismos... Alba utiliza la arquitectura para memorizar pero, cualquier clase de diseños, divisiones, archivos... son formas de preservar la memoria...

  

LA CASA DE LA MEMORIA nos recuerda ya en el título, y luego la novela nos lo confirma, a las Artes de la Memoria del griego Simónides, un ejercicio para la memoria en el que cada objeto y lugar de una casa se asociaban con determinados conocimientos.

Así fue cómo la casa de mis antepasados quedó incorporada en mi mente y tomó un nuevo significado. Empezó hablarme desde cada rincón. Las barandillas de madera, la azotea cubierta, las puertas, las escaleras, las baldosas, las sillas y las mesas, el pozo y el palomar, el patio y las flores, todo eran palabras que podía ver y tocar. (P.79)

—Simónides fue, según Cicerón, quien empezó a utilizar el sistema de la arquitectura porque una vez fue a un banquete y al salir por la puerta el edificio se desplomó y murieron todos los invitados. Él pudo confeccionar una lista de todas las personas que estaban allí porque recordaba dónde estaban sentados; el lugar que ocupaban en la mesa. Por esta razón, se dice que él inventó la utilización de la arquitectura para recordar.
Esto fue desarrollado por los Clásicos y en la Edad Media fue utilizado por los judíos y por todo el mundo. Existían entonces muchos sistemas, diseños como la colmena, diseños de todo tipo... la arquitectura, las columnas. En los ordenadores tenemos también columnas, algo nos queda de aquellos sistemas usados por el hombre para recordar. En el libro utilizo esto con un doble sentido porque ella logra llevarse su casa; además del libro.

  

Todo tiene su principio; también esta novela, La casa de la memoria.

—El principio fue un viaje a Gerona que hice una tarde de esas que dejas la vida de familia y te vas sola. Una amiga mía me dijo: -Ve a Gerona, te va a gustar mucho. Hay algo en el ambiente del call, en el barrio judío. Y me dije: por qué no. Cuando llegué, no había nadie. Estaba desierto. Era por la tarde en el mes de febrero y, era muy fácil imaginar que los que se escondían en las casas no eran mis contemporáneos sino los judíos de hace 500 años; y noté una fuerza e hice un viaje a 500 años antes. Entonces pensé mucho en el hecho del éxodo. Qué significaba para una persona, para una mujer, dejar una casa que no quieres abandonar. Dejar atrás su casa, su gran amor -porque él prefiere quedarse- y sus antepasados. Sentí todo este desgarramiento que también puede ser un desgarramiento de la adolescencia a la madurez, un viaje por la vida. Es algo que yo también había sentido en mi vida, porque a los 14 años tuve que dejar Mallorca e irme a un colegio interna. Esta añoranza, estos sentimientos que todos tenemos en algún momento los quería explorar.

 

Muchas horas de investigación, muchos legajos han pasado por sus ojos. Ha sido un viaje que le ha aportado muchas gratificaciones. Hubo aspectos y anécdotas de aquella comunidad gerundense que valió la pena descubrir.

—En Gerona se han hecho muchos estudios. Tienen la información muy accesible. Había muchas listas de los bienes que la Inquisición confiscaba a los conversos, algo que al leer produce mucha emoción. Unos libros, un candelabro..., que les confiscaban cuando los metían en la cárcel porque confesaban que eran fieles a su antigua fe.
También los documentos de venta de las casas que los judíos vendieron antes de irse. Algunos las vendieron y utilizaron las letras de cambio porque tampoco se podían llevar dinero, les estaba prohibido. Así que utilizaban las letras de cambio que podían cambiar en el extranjero. Otros intercambiaban por lo que pudieran... En algunos de estos contratos existe una pequeña cláusula que dice: -Si algún día vuelvo, la casa la podré recuperar. Eso me hizo caer en la cuenta de que muchos de ellos no se podían imaginar que esto era una cosa terminal, absolutamente final y que algún día volverían. Que no se lo podían creer. Pensaron que la situación cambiaría en unos meses, que a algunos se les dejaría volver. Es muy triste leer esa cláusula tan esperanzadora. Esto son datos que existen en unos documentos fríos y que te pueden dejar entrever la psicosis de lo que estaban pasando.

 

Nadie duda que la contribución de estos pueblos fue muy importante para España y que ésta hubiese sido aún mejor si hubiese integrado a los árabes y los judíos, pueblos que contribuyeron a nuestro progreso y enriquecimiento, pero los hechos fueron muy distintos.

—Fue una decisión política de los Reyes Católicos. Era la primera vez que se buscaba un allanamiento total de las ideas. Porque acababan de conquistar Granada y querían plancharlo todo. Al fin y al cabo los Reyes Católicos fueron un modelo para el franquismo de cómo gobernar. La centralización, la unidad del país... Es ahora como en la antigua URSS donde están surgiendo todos estos distintos nacionalismos que ya existían pero que estaban bajo un manto de poder. Por lo tanto la experiencia de aquellos judíos es un hecho que nosotros conocemos porque se ha repetido muchas veces.

Hoy existen acontecimientos que inducen a pensar que el hombre no aprende de su historia. En algunos lugares del mundo parece que la diversidad cultural y étnica se ha convertido en una amenaza en lugar de ser una dimensión enriquecedora de los pueblos.

—En ese sentido la novela es muy actual. Podría aparecer como noticia en cualquier radio o periódico. Los Reyes Católicos decretan... Milosevich... Podría ser la misma historia de cualquier éxodo que vemos tanto en televisión. Además los problemas que tiene Alba son también muy actuales: cómo compaginar el ser ella misma y conservar su identidad y hacer lo que ella quiere con tener que aceptar que hay cosas que se quedan en el camino.

Ahondamos en la personalidad de Alba, que reivindica constantemente en la novela ser un espíritu libre. Una libertad que sitúa siempre por encima de sus relaciones amorosas y por encima de la tradición.

—Para mí es una de las grandes cualidades que debe tener no sólo la mujer, sino todo ser humano. No dejar de ser quien se es. Ser egoísta en un sentido positivo, porque si no, no podríamos vivir en sociedad.

  

En su novela también está retratada la fractura que sufre la comunidad judía cuando se proclama el edicto de expulsión en 1492. Unos prefieren conservar sus bienes terrenales y otros, como Alba, apuestan por la diáspora santa a pesar de tener que renunciar al amor de su vida. Lucía no está muy de acuerdo cuando me oye hablar de desavenencias en aquella comunidad.

La enemistad entre conversos y judíos creció y se volvió espesa en Gerona, hasta ser tan impenetrable como las murallas de la ciudad (p. 44)

—En mi novela esto no sucede porque hablamos de un momento en el que todos se agrupan; unen sus fuerzas, todos comparten las mismas desgracias y los mismos anhelos. Pero sí que es verdad que hay unos que prefieren quedarse como Vidal Rubén. Esto es una decisión que tiene que tomar. Para Vidal es más importante lo material, el quedarse allí porque tiene una casa y su trabajo, porque él no se siente tan religioso como para optar por irse. No se da cuenta que se equivoca. Alba viaja y se marcha por sus ideales, porque no quiere que nadie le obligue a ser distinta a como se siente. Lo abandona todo, deja todo lo material, pero al final ella posee mucho más que él.

 

Comentamos los desacuerdos que hoy existen entre las distintas comunidades judías que viven en Israel. Estos días, el primer ministro, Ehud Barak, ordenó al ejército israelí desmantelar una colonia judía en Cisjordania.

— Una vez conseguido por fin lo que necesitaban salen otras diversidades dentro de ellos mismos. Fue como cuando los españoles perseguían la libertad. Teníamos todos esa cosa que nos unía contra el franquismo. Cuando se consigue la libertad, entonces surgen voces discrepantes. Esto es normal. La vida es así.

 

Alba en su interior descubre la presencia de su abuelo Ismael en el instante que abandona su casa para siempre.

El silencio de la casa vacía me envolvió. Me apoyé contra la pared y cerré los ojos, y dentro del silencio me pareció sentir la presencia del abuelo Ismael y luego oír su voz que me decía: "Ve sin temor, Alba".(p.84)

Lucía siente de alguna manera lo mismo hacia su padre. El abuelo de Alba proyecta un sueño para ella. ¿Qué sueño tenía Robert Graves para Lucía?

—No lo sé, no lo puedo saber. En la novela el abuelo muerto tiene mucha presencia en la vida de Alba. Y yo creo que sin darme cuenta de ello, porque no ha sido de forma consciente, y a través de tantas entrevistas uno empieza a reflexionar el por qué ha hecho esto y por qué ha escrito lo otro. Tal vez sí que sucede que el abuelo sea mi padre, porque al fin y al cabo mi padre era dos generaciones mayor que yo; podría haber sido mi abuelo. Sí que puede ser que él me haya dejado ciertos proyectos, ciertos caminos dictados. Cómo ser, qué es lo mejor para mí, y yo los esté siguiendo. No lo sé. Me gusta mucho pensar que mi padre hubiese estado muy contento de ver lo que yo hago, lo que yo quiero y que yo soy yo... Estoy muy contenta de ser su hija, pero no hago comparaciones y creo que él hubiera aprobado esto.


© Yolanda Delgado Batista 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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