Reconocimiento a la vida
y obra de Juan Luis Panero



Sin rumbo
cierto

Premio Comillas
de biografía 1999

     


Mar González Veiga



Hace unos meses, tras numerosas conversaciones telefónicas y comunicaciones vía carta, por fin pude conocer a Juan Luis Panero. Llevaba un par de años trabajando en su bibliografía, intentando sacar adelante lo que pretende ser mi tesis doctoral y no podía dejar pasar la oportunidad de conocerle y dar un toque más humano a mi visión sobre este poeta. Por entrevistas y críticas que había leído tenía la imagen de un hombre huraño, solitario, receloso de su intimidad, y ello me asustaba un poco, pero el hecho de que me permitiera entrevistarle, me animó a desplazarme a Torroella de Montgrí. Allí, en la misma parada de autobús, me esperaba Juan Luis Panero. Me impresionó su delgadez, testimonio de la reciente enfermedad que ha sufrido, que, sin embargo, acrecienta su elegancia, su aire señorial. Caminamos hasta su casa, en un tranquilo y hermoso paraje al pie del "Monte Gris" que da nombre al pueblo. En el amplio salón, donde destacan un piano negro y una inmensa biblioteca, aguardaba Carmen, la mujer que comparte la ahora sosegada vida de Panero y que ha sido su fundamental apoyo durante los últimos veinte años. Tras las presentaciones, comentarios sobre mi viaje, el pueblo, y demás, nos acomodamos y puse mi grabadora en marcha para recoger lo que ha sido una tarde mágica, hilada con la amena conversación de Juan Luis Panero, su inteligencia, su ironía, su temperamento y su prodigiosa memoria que nos hacía navegar desde la actualidad hasta el ayer de un hombre, un país, una sociedad y sumergirnos en el mundo que aquí y allá del Atlántico ha conocido este poeta. Así, sus comentarios no se limitan a la literatura -de la que sabe mucho y tiene interesantes criterios y consejos que ofrecer-, sino que se extienden a la política, haciendo claras valoraciones de la democracia española actual frente a las limitaciones del franquismo que tanto ha condicionado su aventurera vida, -como no se cansa de declarar-, pasando por enriquecedoras opiniones sobre pintura, toreo, cine, y disfrutando de sus amplios conocimientos históricos, eso sí, limitados a aquellos momentos que le han impactado, tal como la época napoleónica o el imperio austro-húngaro, y confesando su desconocimiento, por ejemplo, de la edad media española (salvo por la literatura de romances), simplemente porque no le interesa. En este sentido, es un hombre culto y selecto, no malgasta su tiempo en lecturas de obras o trabajos que no le atraen. (Detesta A Góngora y a duras penas ha leído El Quijote). Tiene claro lo que le gusta y en ello centra su atención. Me asombró enormemente la claridad de pensamiento que muestra Panero ante todos los temas. Sabe lo que tiene y lo que quiere y sus juicios son siempre rotundos, sin resquicios para dudas. Ello le proporciona esa actitud, quizá un tanto arrogante, de quien sabe por donde ha de moverse. Se confiesa hombre de carácter rebelde, dispuesto a enfrentarse a todo lo que le venga impuesto. Rebeldía que se remonta ya a su época adolescente:

"Yo cuando fui interno al Real colegio Alfonso XII de El Escorial -que era el colegio más caro de España y por otro lado el más bestia, pues nunca había fumado un cigarrillo ni me había tomado una copa-, allí fue lo primero que aprendí: a fumar y a beber brandy. Mi padre pensó que me iban a arreglar y fue todo lo contrario, basta que... por lo menos hay caracteres, el mío ha sido siempre bastante de llevar la contraria".

Por ese mismo afán rebelde inició su peregrinación por América:

"A América la primera vez fui para casarme con mi primera mujer: Marina Domec, en Nueva York. Yo en realidad no tenía muchas ganas de casarme, pero ahí volvemos, cuando me llevan la contraria... Resulta que a mi madre no le caía bien Marina Domec, a los padres de Marina no les caía yo bien. El caso es que habíamos tenido una relación, pero ella se fue un año a México, y yo pensé que se había acabado la historia. Después me escribió para decirme que venía a Europa. Nos reunimos en París, lo pasamos muy bien. En fin, París era una fiesta. Entonces decidimos casarnos en Nueva York, porque nadie quería que nos casásemos. Me fui a NY y en principio íbamos a estar quince días para casarnos y ya está, pero me gustó muchísimo la ciudad, me quedé tres meses, luego seguimos a California, desde allí seguimos a México. Pasamos un año en América. Luego la vuelta a España se me hizo muy cuesta arriba, me quedé dos años y volví otra vez allá".

Naturaleza rebelde y viajera que le dio la oportunidad de conocer a grandes escritores como Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Gómez Valderrama, Gaitán Durán, etc., hacia los que expresa su admiración. De su encuentro con cada uno daba detalles en esta entrevista:

"A Borges lo conocí por primera vez cuando tenía 20 años. El año 63 en Madrid. Fue el primer viaje que Borges hizo a Europa después de 24 años. Había vivido toda su juventud en este continente, pero después pasó años sin volver, hasta que en el año 62 le concedieron el premio Internacional de los editores. Ese fue el gran boom de Borges. En ese momento los franceses empezaron a reconocer su trabajo. Ahora ya es mundial, pero entonces era un ámbito más bien francés que español. Pues fui a escucharle por primera vez al Ateneo, luego me lo presentaron, yo tenía 20 años, el señor me sonaba, pero lo había leído muy poco, porque en España no se encontraban prácticamente libros suyos, en este caso no era por la censura, sino porque no se sabía quién era Borges. Y después ya nuestros encuentros han sido varios: nos volvimos a ver en Madrid, en el 73, justo diez años después, ahí ya nos encontramos varias veces y comenzaron nuestras charlas. Luego coincidimos en México y en Bogotá, y ya en Quito donde pasamos cinco días dando discursos. Yo le invité a un encuentro de escritores que organizaba el Círculo de Lectores de Bogotá, donde yo trabajaba, junto con la casa de la cultura ecuatoriana. Me dijo que lo fuera a ver a Buenos Aires, como digo en el poema "El cuchillo", pero nunca fui, porque nunca he querido ir a países que tengan dictadura."

"A Rulfo lo conocí en México, nos vimos con cierta frecuencia, era un hombre que hacía una vida apartada, tampoco le quería molestar demasiado aunque él siempre me tuvo mucho cariño y yo a él."

"Había conocido a Octavio Paz muchísimo en México y nos habíamos visto después. Luego en España. En el año 94 estuve en la semana de autor que le dedicó la Universidad Complutense. Con tal motivo preparé mi única ponencia de estos últimos años, en principio se iba a publicar en un volumen de homenaje a Paz. Luego el volumen no se hizo y la publiqué en una revista de Zaragoza que se llama Turia. Se titula "Poesía y política, recuerdo de una lectura. Libertad bajo palabra, de Octavio Paz". En el año 93 nos habíamos encontrado y ya vi que algo no funcionaba bien. Me enteré de que fue a México y a Houston. Peregrinaciones hasta su muerte. Pero me pidió "¿por qué no haces una recopilación de todos tus poemas sobre México?" La hice, la mandé y la llevó a la desaparecida Vuelta. Es una joya, me hizo mucha ilusión. Este trabajo sí lo pudo ver él. Me llegó una carta suya muy simpática que conservo."

Multitud de personas, de temas, de momentos de su vida fueron asomando a lo largo de la tarde entre el discurso de este poeta que confiesa que no puede escribir más que con lápiz, sintiendo el rozar de la punta en el papel en el absoluto silencio de su estudio, donde trabaja rodeado de las fotografías y los recuerdos de sus viejos amigos y de su familia. Un poeta que escribe por vocación, como una necesidad para explicarse el mundo. Sus poemas tienen fuertes conexiones con su vida, que siempre es germen de las experiencias recreadas.

Y como me advertía el propio Panero, "esto te lo cuento grosso modo porque...", porque por aquellas fechas Juan Luis Panero trabajaba con Fernando Valls en un proyecto que ahora ha llegado a su fin con un merecido reconocimiento. El pasado 1 de septiembre, un tribunal presidido por Javier Pradera y con Vargas Llosa entre sus miembros, concedía el Premio Comillas de Biografía a la obra Sin rumbo cierto, verso de Rubén Darío que Panero ha escogido para dar título al volumen que recoge esos momentos de su vida que tienen especial relevancia y que yo tuve la suerte de conocer, aunque de modo resumido. Allí aparece su familia, sus pasiones, sus viajes, su literatura y sobre todo su voz, la de un poeta que ha sabido ganarse por méritos propios un puesto en la poesía contemporánea de nuestro país. Este nuevo premio es un homenaje no sólo a su obra sino a su vida, reconstruida con la ayuda de Fernando Valls quien por su larga carrera como profesor de literatura española contemporánea, su labor de crítico y la propia amistad con Panero (remontada a 14 años atrás) ha conducido a buen puerto lo que no dudo en catalogar desde ahora mismo como magnífica biografía sui generis. Vaya desde aquí mi felicitación para ambos. Y aunque no podremos disfrutar de este libro hasta el próximo mes de febrero, aquella mágica conversación que mantuve con Juan Luis Panero me sirve de aperitivo para saber lo que encontraremos en unas memorias conversadas de las que así habla su protagonista: "el señor que se compre las memorias para un viaje en tren de aquí a Barcelona, o el señor que haya leído mi poesía, estarán leyendo dos libros totalmente distintos. El que haya visto una película o le suene yo, o haya leído los poemas sueltos, pues bueno, puede leer las memorias y decir ¡hombre, qué simpático! O ¡qué idiota!. Es igual, pero en cambio pues lo que sí puede ser útil es precisamente para alguien que haya estudiado mi obra, que le haya interesado mucho. (...) A la gente que realmente le interese mi poesía yo creo que le resuelve algunas claves; en mi caso sí, la biografía es importante, claro, pero para un lector que me haya leído muy bien, no para el que quiera simplemente saber cierto chisme: con qué señora me he acostado, que además en las memorias tampoco se va a enterar mucho porque yo ese tema, el sentimental, lo toco lo justo, pero no hago una historia de mi vida amorosa."

Advertidos de ello, sabemos que el morbo queda fuera de esta próxima obra de Juan Luis Panero, pero creo que Sin rumbo cierto orientará nuestra relectura de su anterior bibliografía.


© Mar González Veiga 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/panero.html