PUNTUACIÓN Y CONECTORES CAUSALES

Carolina Figueras
Carolf@fil.ub.es Universidad de Barcelona

 

 

El objetivo del presente trabajo es formular algunas observaciones en torno a las relaciones entre forma lingüística e interpretación pragmática del texto escrito. Tomando como marco teórico de referencia el programa pragmático de Sperber y Wilson (1986), nos proponemos plantear en qué medida la puntuación contribuye al procesamiento de algunas construcciones causales. El punto de partida de la reflexión que proponemos en torno a las relaciones entre signos de puntuación, nexos causales e interpretación pragmática es la hipótesis de que la comprensión de la expresión causal está determinada, no solo por la instrucción de procesamiento asociada al conector causal, sino por la combinación entre esta y la información computacional codificada por la puntuación seleccionada por el escritor.

 


Palabras clave: forma lingüística, interpretación pragmática, texto escrito, puntuación, nexos causales, instrucción de procesamiento, restricciones procedimentales.



Introducción: Las construcciones causales (1)

La causalidad es, en esencia, la relación entre una causa y un efecto o consecuencia. Del concepto de causalidad se derivan nociones vinculadas entre sí, como causa, finalidad, condición y concesión. Así, por ejemplo, la causa provoca un efecto o consecuencia; la finalidad se concibe como una causa virtual y voluntaria o intencional; la condición equivale a una causa hipotética; y la concesión, a una causa inefectiva (García, 1997: 11).

Si bien lógicamente la causa precede al efecto, en una construcción causal no siempre se representa una relación semántica causa-efecto. Así, es posible proponer como causa una explicación, concebida como razonable por el hablante (Ya que estaba cansado, se ha ido a casa). También es factible que la causa adopte la forma de una premisa para la conclusión formulada en el miembro no nexuado de la construcción (Está enfermo, porque casi no habla). Cabe, asimismo, que la cláusula introducida por el nexo causal exprese una circunstancia que favorece el estado de cosas descrito en la cláusula principal (Dado que estamos todos reunidos, podemos empezar ya); o bien que en la construcción causal se presente una motivación para llevar a cabo determinada acción (Te he invitado porque eres mi amigo) (Galán, 1995).

En la bibliografía dedicada a la expresión de la causa es común distinguir entre dos grandes tipos de construcciones causales: las causales centrales, integradas o del enunciado (en que se expresa la denominada "causa real"); y las causales periféricas, extrapredicativas o de la enunciación (en que se representan una "causa lógica" o una causa de la enunciación) (cfr. Lapesa 1978; Marcos Marín 1979; Cuenca 1991; García 1997; Galán 1995; Narbona 1990) (2). Son ejemplos, respectivamente, de ambos tipos de construcciones los enunciados de (1) y (2):

(1)

Dicen en Calella de Mar, una pequeña localidad turística de la costa catalana, que cien millones pueden arreglarle la vida a cualquiera pero 2.400 es posible que se la arruinen. Y eso fue lo que le pasó a Keba Moussa, el joven inmigrante venido de África en busca de un mundo mejor. Quizás todo sucedió porque pocos logran soñar con tanta intensidad como los que carecen de todo. (La Vanguardia, suplemento dominical. Domingo, 15 de marzo de 1998)

(2)

Si se acercase una bombilla a Laura Morante, probablemente se encendería, porque no solamente es una mujer bella, también es eléctrica. Esta actriz italiana, de edad limítrofe con la cuarentena, desprende energía y transmite serenidad. (La Vanguardia, suplemento dominical. Domingo, 15 de marzo de 1998)

En tanto que en el ejemplo de (1) el conector causal PORQUE pone en relación los contenidos proposicionales de los dos miembros de la construcción (p porque q), en la construcción causal de (2), la relación causativa se establece en el nivel ilocutivo: la cláusula introducida por el nexo (q) expresa la causa por la que se enuncia el miembro carente de nexo (p). Las causales del enunciado (ejemplo de (1)) admiten paráfrasis como Digo/pregunto que/si la causa de P es Q. Las causales de la enunciación, por su parte, son parafraseables por la expresión La causa por la que digo/ordeno/pregunto P es Q (Igualada, 1990: 23).

De este modo, para la interpretación de una causal del enunciado como la de (3a) o (3b), el destinatario, guiado por la forma declarativa del enunciado e interpretando que el estado de cosas descrito en la cláusula introducida por el nexo causal es el motivo o razón para que tuviera lugar el hecho expresado por la primera cláusula, inserta la forma proposicional del enunciado en una descripción de acto de habla como la de (4a) y (4b), respectivamente:

(3)

a. Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas.

b. ¿Vendió Juan el coche porque tenía muchas deudas?

(4)

a. El hablante dice que Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas.

b.

El hablante pregunta si Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas.

Con las causales de la enunciación, por el contrario, se llevan a cabo dos actos de habla. El contenido proposicional del segundo acto de habla proporciona las pruebas o evidencias que, de acuerdo con los supuestos del emisor acerca del entorno cognitivo del oyente, permiten garantizar la relevancia del primer acto de habla (que constituye el acto principal). En tales casos, cabe suponer que el enunciado en conjunto es ilocutivamente complejo, y que comunicativamente funciona como un macroacto de habla. Considérense las secuencias de (5):

(5)

a. Juan ha vendido el coche, porque ya no lo tiene en el garaje.

b.

Lee esto, porque tú sabes más que yo sobre este tema.

c.

¿Está asegurado el coche?, porque no ha llegado el recibo de la compañía.

En (5a), la cláusula declarativa introducida por el conector causal constituye un acto de DECIR QUE subordinado pragmáticamente al acto de habla asertivo que se ha llevado a cabo con la primera cláusula (Juan ha vendido el coche). Este segundo acto de DECIR QUE proporciona pruebas para la descripción de alto nivel el hablante cree que Juan se ha vendido el coche, que, a su vez, puede proporcionar pruebas para la implicación contextual Juan ha vendido el coche. La relevancia de la cláusula introducida por el conector radica en proporcionar una premisa contextual que el emisor considera necesaria para que el oyente acepte la conclusión expresada por la primera cláusula. (3)

En (5b), el acto de DECIR QUE de la segunda cláusula sirve para establecer que la relevancia del acto de ORDENAR QUE de la primera cláusula radica en ser una petición (y no una orden o una exigencia); para ello, el emisor ha optado por transmitir con la segunda cláusula de la construcción el supuesto contextual referido a la capacidad del oyente para llevar a cabo la acción solicitada (vid. Blakemore, 1991: 110-114; Wilson y Sperber, 1988).

En (5c), por último, la aserción introducida por el conector causal funciona pragmáticamente como una justificación para garantizar que la relevancia del acto de PREGUNTAR SI que se ha llevado a cabo con la primera cláusula consiste en ser una petición de información (vid. Blakemore, 1992: 114-118; Sperber y Wilson, 1986: 307-308, Wilson y Sperber, 1988).

En las construcciones causales de la enunciación se representa típicamente un esquema deductivo: el miembro Q de la construcción (el introducido por el nexo causal) introduce algún supuesto contextual sobre el que el emisor atrae la atención del oyente para que este establezca la relevancia del primer miembro del enunciado causal.

A partir de la distinción entre estos dos tipos básicos de construcciones, nuestro propósito es plantear en qué medida en el texto escrito la interpretación de las expresiones causales introducidas por el nexo PORQUE (el conector prototípicamente causal) está determinada por la puntuación seleccionada por el emisor. Para ello, en el apartado siguiente se discute qué función cumple la puntuación en la interpretación del texto escrito, qué tipo de restricciones establecen los signos de puntuación en la fase inferencial de interpretación del texto, y en qué medida interactúa la puntuación con otros elementos de la forma lingüística.


2. La puntuación como conjunto de instrucciones para procesar el texto

Desde una perspectiva pragmático-cognoscitiva, la puntuación puede concebirse como un sistema de signos gráficos específicos de la escritura cuya función es delimitar unidades de procesamiento en el texto. Se trata, por tanto, de organizadores textuales que restringen eficazmente la tarea interpretativa del lector.

Dado que los signos de puntuación funcionan a modo de mapa cognoscitivo imprescindible para la comprensión, pueden concebirse como elementos que codifican información procedimental que guía la recuperación del significado del texto. En este sentido, la puntuación cumple una función cognoscitiva análoga a la ejercida -desde la perspectiva de la teoría de la relevancia- por otros elementos lingüísticos, como los conectores, los adverbios de modo, los pronombres, el modo, etc.

2.1. Las restricciones procedimentales de los signos de puntuación en los distintos niveles de significado del texto

De acuerdo con Sperber y Wilson (1986), la tarea de descodificación lingüística constituye el punto de partida para el proceso de comprensión inferencial. Es lógico suponer, por tanto, que cualquier emisión codifica dos tipos básicos de información: las representaciones conceptuales, por una parte; y la información sobre cómo manipular tales representaciones, por otro. Desde esta perspectiva, el significado lingüístico establece restricciones en el proceso cognitivo de interpretación (vid., a este respecto, Blakemore, 1987 y Blakemore, 1988).

A partir de la distinción entre información conceptual e información procedimental (o computacional), Sperber y Wilson (1993: 19) establecen los siguientes tipos de información transmitida por un enunciado:

  1. Formas lógicas. Es decir, información conceptual (o representacional) que contribuye a las explicaturas y a las condiciones de verdad.
  2. Restricciones a las explicaturas. Información procedimental que contribuye al contenido explícito y, en ocasiones, a las condiciones de verdad. En esta categoría se incluyen los pronombres, los determinantes, los demostrativos y los elementos deícticos en general.
  3. Constituyentes de las explicaturas de alto nivel. Información conceptual que contribuye al contenido explícito, pero no a las condiciones de verdad. Codifican este tipo de información los verbos performativos, las expresiones de modalidad epistémica, los adverbios oracionales, etc.
  4. Restricciones a las implicaturas. Información procedimental que no contribuye al contenido explícito ni a las condiciones de verdad. En este grupo de incluyen los conectores del discurso.

A partir de este planteamiento, cabe considerar de qué modo restringen los signos de puntuación la recuperación del significado del texto. Desde la perspectiva de la teoría de la relevancia, es factible formular la hipótesis de que, si bien la mayor parte de los signos de puntuación establece restricciones en las explicaturas de bajo nivel del texto, algunos signos de puntuación contribuyen a la determinación de otros niveles del significado comunicado.

Considérense, en primer lugar, los signos de interrogación y los de exclamación. Las marcas de interrogación y de exclamación obligan al lector a insertar el contenido proposicional de la unidad que delimitan en las descripciones de acto de habla básico (o universal) de (6a) y (6b), respectivamente (donde P equivale a contenido proposicional):

(6)

a. El emisor pregunta si ?P (?P=pregunta indirecta)

b.

El emisor dice que !P (!P=exclamación indirecta. Aserción enfática) (cfr. Sperber y Wilson, 1986: 308)

Es posible suponer, en consecuencia, que los signos de interrogación y de exclamación establecen restricciones en las denominadas por Sperber y Wilson (1986) "explicaturas de alto nivel del enunciado"; esto es, en las representaciones conceptuales lingüísticamente comunicadas que, recuperadas mediante descodificación e inferencia, describen la actitud proposicional del hablante o el tipo de acto ejecutado.

Otros signos de puntuación, por su parte, como sucede con los puntos suspensivos, indican que la secuencia puede ser completada accediendo a determinados supuestos contextuales que en ningún caso son proporcionados por el emisor. En un uso no formal o no académico (en que los puntos suspensivos generalmente señalan segmentos omitidos en una cita directa), los puntos suspensivos indican al lector que debe establecer la relevancia del enunciado mediante la derivación de una serie de implicaturas débiles, de las que no se hace directamente responsable el emisor, tal y como se ejemplifica en el fragmento de (7): (4)

(7)

¿Habría cambiado en algo la historia de las letras modernas españolas de sospechar el soberano la superchería y querer conocer al verdadero autor de aquellas fogosas líneas? A fin de cuentas, un principado en el Punjab... (suplemento de La vanguardia. Domingo, 22 de marzo de 1998, p. 38)

Frente a los signos que funcionan como indicadores de modo (los signos de interrogación y exclamación, y los puntos suspensivos), los signos denominados lógicos (Catach (1994)) -punto y final, punto y aparte, punto y seguido, punto y coma, dos puntos y coma- tienen la función primaria de definir jerárquicamente las unidades textuales de procesamiento (desde el punto y final, que delimita el texto entero, hasta la coma, que segmenta unidades sintagmáticas en el interior de la oración).

En principio, los signos lógicos cumplen la función de guiar la determinación de las explicaturas de bajo nivel del texto; o, formulado en otros términos, establecen restricciones procedimentales en el nivel del contenido proposicional del texto. Considérese, a este respecto, el ejemplo de (8):

(8) Quien te quiere mucho te hará llorar

La emisión de esta oración, estructuralmente ambigua, puede dar lugar a las dos interpretaciones de (9):

(9)

a. Cualquier persona que quiera mucho al destinatario le hará llorar.

b.

Cualquier persona que quiera al destinatario le hará llorar mucho.

Para proceder a la asignación de una u otra forma proposicional al enunciado, el destinatario parte de la información codificada en el propio enunciado, por lo que el emisor debe guiar el proceso de interpretación mediante el recurso a elementos que codifiquen información computacional. El empleo de una coma en el enunciado de (10a) -frente a la ausencia de puntuación en el enunciado de (10b)-, así como el uso del punto final (que obliga al lector a interpretar la secuencia como una unidad sintáctica, semántica y pragmática), constituyen signos ostensivos para la asignación de una forma proposicional única a cada uno de los enunciados de (10):

(10)

a. Quien te quiere, mucho te hará llorar.

b.

Quien te quiere mucho te hará llorar.

Con todo, y como se plantea en las secciones siguientes, los signos lógicos, en combinación con el significado codificado por otros elementos de la forma lingüística, pueden establecer restricciones en otros niveles del significado ostensivamente comunicado.


3. Signos de puntuación e interpretación de las construcciones causales con PORQUE

3.1. La coma y los constituyentes periféricos: la delimitación de las causales de la enunciación

Desde nuestra perspectiva, la instrucción de procesamiento transmitida por la coma consiste en impedir al lector procesar el nuevo elemento como un complemento del núcleo precedente en la cadena sintáctica. De ahí que constituya el instrumento más eficaz para delimitar el ámbito de complementación o modificación de todos los elementos periféricos o incidentales (o, en términos sintácticos, no subcategorizados). Cotéjense, a este respecto, los ejemplos de (11) con los de (12):

(11)

a. No puedo ayudarte sinceramente.

b.

El vecino del quinto se ha mudado de piso porque los acreedores le buscan.

(12)

a. No puedo ayudarte, sinceramente.

b.

El vecino del quinto se ha mudado de piso, porque los acreedores le buscan.

La ausencia de coma induce al lector a interpretar en (11a) que el adverbio sinceramente modifica al SV, en tanto que en (11b) conduce al lector a procesar la cláusula causal como una causa real (esto es, el lector debe suponer que se encuentra ante una causal del enunciado). La coma en los enunciados de (12), sin embargo, invalida ambas lecturas, porque exige procesar el nuevo segmento adjuntándolo a un nodo jerárquicamente superior. Tanto para (12a) como para (12b), la relación entre el segmento anunciado por la coma y la cláusula precedente se establece, no en el nivel proposicional, sino en el enunciativo o ilocutivo.

La coma, en las secuencias de (12), proporciona la clave para interpretar que el adverbio o la cláusula introducida por el nexo PORQUE no tiene una naturaleza restrictiva y que su contenido (conceptual, en el caso del adverbio; proposicional, en el caso de la cláusula causal) debe ponerse en relación, no con el contenido del SV o con el contenido proposicional de la primera cláusula, sino con el acto de enunciación de esta. La coma establece la restricción de que tanto el adverbio como la cláusula introducida por el nexo causal se interpreten como modificadores del acto de habla de DECIR, tal y como se recoge en las descripciones de (13):

(13)

a. El emisor dice sinceramente al oyente que no puede ayudarle.

b.

El emisor dice que el vecino del quinto se ha mudado de piso porque los acreedores le buscan.

Dado que en (12a) y en (12b), la coma delimita el ámbito de incidencia del adverbio y del conector, cabe suponer que se trata de un signo ostensivo que explicita en qué dirección pretende el emisor que se interprete el nuevo segmento. En combinación con el conector causal PORQUE o con los adverbios ilocucionarios, por tanto, la coma contribuye a restringir las explicaturas de alto nivel del enunciado.

3.2. El punto y coma y el punto y seguido con el nexo causal PORQUE

Al igual que la coma, el punto y coma o el punto y seguido pueden emplearse para definir el ámbito de complementación de la cláusula introducida por PORQUE. Ambos signos de puntuación, como la coma, contribuyen a recuperar las explicaturas de alto nivel del enunciado en conjunto. Considérense, en este sentido, los ejemplos de (14) y de (15):

(14)

Parece mentira que una dolencia tan extendida siga siendo tan mística y maldita; porque el cáncer, todo cáncer, es un espacio de terror, una negrura carente de palabras. (Rosa Montero, "No hay salud sin enfermedad", Suplemento núm. 1.124 de El país, domingo, 12 de abril de 1998, p. 10)

(15)

Dicen los expertos que cualquiera de estos nuevos millonarios debería realizar un cursillo de gestión de patrimonios y asesoría fiscal. Porque su problema a partir de ahora no será ganar dinero, sino conservar el que tienen. (Suplemento de La vanguardia. Domingo, 15 de marzo de 1998, p. 74)

Tanto el punto y seguido como el punto y coma señalan independencia sintáctica entre los miembros que separan. Desde una perspectiva pragmático-cognoscitiva, sin embargo, un punto y seguido indica al lector que el nuevo enunciado describe un elemento particular del modelo del discurso (un evento particular, un proceso, un argumento). (5) El punto y seguido, en este sentido, es neutral en cuanto a la naturaleza de los contenidos expresados por el enunciado siguiente (es decir, no instruye al lector a interpretar lo que se dice a continuación como una explicación o comentario dependiente, informativamente, del enunciado precedente) (de Beaugrande (1984, 205)); de ahí que las unidades textuales separadas por esta marca tiendan a interpretarse como unidades informativas distintas.

A diferencia del punto y seguido, con el punto y coma se indica que los materiales informativos proporcionados por el nuevo segmento son predecibles o familiares, y están estrechamente vinculados a los supuestos que han resultado accesibles al procesar el segmento precedente. De este modo, entre las unidades de procesamiento separadas por el punto y coma se establece una interdependencia pragmático-discursiva: la interpretación conjunta de ambas debe permitir al lector identificar un elemento individual del modelo del discurso.

Dado que el punto y coma y el punto y seguido delimitan unidades oracionales sintácticamente independientes y yuxtapuestas, es preciso emplear un conector para especificar la relación que une las unidades delimitadas por cualquiera de los dos signos. Considérense las secuencias de (16):

(16)

a. Podemos ayudarle a crear una empresa en la que los talentos individuales se mezclen a la perfección con las metas colectivas. Hoy en día las organizaciones no actúan si no actúan en conjunto.

b.

La gente sabe que Clint es un hombre parco en palabras y en sus rodajes nadie levanta la voz; todos saben lo que él quiere.

Sin conector, es posible inferir que entre los enunciados yuxtapuestos de (16) se establece una relación de causalidad: el segundo enunciado introduce un supuesto contextual que sirve para reforzar el supuesto transmitido por el enunciado precedente. La presencia de un PORQUE, sin embargo, permite controlar eficazmente las inferencias del destinatario: contribuye a fijar la relevancia del nuevo enunciado restringiendo el contexto de interpretación y minimizando el esfuerzo de procesamiento del lector.

3.3. Dos puntos e interpretación causal

En contraste con el punto y seguido o con el punto y coma, los dos puntos no requieren de ningún conector para que la cláusula que introducen se interprete como una explicación, un comentario, una justificación o una causa de lo expresado en la cláusula precedente. La imposibilidad, en este sentido, de recurrir a un conector en las secuencias de (17) constituye una prueba a favor de que los dos puntos establecen la restricción procedimental de interpretar el segmento que anuncian como un elemento pragmáticamente subordinado al precedente:

(17)

a. *No la han operado ni medicado: por lo tanto, vivirá.

b.

*No la han operado ni medicado: sin embargo, vivirá.

c.

*No la han operado ni medicado: con todo, vivirá.

La naturaleza discursivamente subordinada que otorgan los dos puntos a la unidad textual que introducen permite interpretar las expansiones de los dos puntos en los ejemplos de (18) como una causa del estado de cosas descrito en el segmento previo a los dos puntos, sin necesidad de restringir tal interpretación mediante el empleo de un conector causal:

(18)

a. El matrimonio se disolvió en 1976: Eastwood se había enamorado de Sandra Locke, su compañera de reparto en "El fuera de la ley", que él mismo dirigía.

b.

El ejército ya no es una amenaza para EE.UU.: se dedica a la agricultura. (titular del diario ABC citado por El jueves, núm. 1090, p. 60)


4. Puntuación y definición de los conectores supraoracionales

Hasta el momento, hemos analizado la función de los signos lógicos en relación con la determinación de las explicaturas del texto. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que la puntuación puede contribuir eficazmente a la reconstrucción de las implicaturas del enunciado en aquellos casos en los que define el contenido y el ámbito de incidencia de un conector.(6) Como muestra de esta función, compárense las secuencias de (19) con las correspondientes versiones de (20):

(19)

a. En cualquier caso pide ayuda.

b.

De esta manera no se puede trabajar.

c.

Así no debes ir hoy a trabajar.

(20)

a. En cualquier caso, pide ayuda.

b.

De esta manera, no se puede trabajar.

c.

Así, no debes ir hoy a trabajar.

En los ejemplos de (19), las expresiones en cualquier caso, de esta manera y así no pueden considerarse conectores, sino tematizaciones de un complemento circunstancial. En las expresiones de (20), por el contrario, la coma permite definir cada una de estas expresiones como elementos de conexión: en cualquier caso pertenece al grupo de conectores contraargumentativos; de esta manera, al de los aditivos; y así, al de los consecutivos (Portolés, 1993).

Dado que la puntuación, en efecto, constriñe la interpretación del conector, cabe plantearse en qué medida contribuye a delimitar el ámbito del conector en las construcciones causales. En relación con esta cuestión, es preciso tener en cuenta que las construcciones causales carecen de nexos pro-oracionales; esto es, no disponen de enlaces con un valor proposicional anafórico asociado, a diferencia, por ejemplo, de las construcciones contraargumentativas -que pueden construirse con nexos como sin embargo o no obstante- o de las construcciones consecutivas (en cuyo paradigma de enlaces conectivos se incluyen unidades como en consecuencia o por consiguiente).

De hecho, y puesto que la estructura consecutiva selecciona un orden causa-efecto, inverso al que se expresa en la estructura causal (en la que se representa el orden efecto-causa), una coma tras aquellas unidades que, como por eso o por tanto, contienen la preposición que prototípicamente introduce la causa –la preposición POR-, obliga al lector a interpretar que el enunciado encabezado por tales enlaces expresa una consecuencia. Considérense los enunciados de (21) y de (22):

(21)

a. No había más alternativas que permanecer allí. Por eso luchó hasta el fin.

b.

Por tanto estudiar le permitió ocupar un buen puesto en la empresa.

(22)

a. No había más alternativas que permanecer allí. Por eso, luchó hasta el fin.

b. Por tanto, estudiar le permitió ocupar un buen puesto en la empresa.

En tanto que en (21a) y en (21b), las unidades por eso y por tanto (estudiar) deben interpretarse como complementos circunstanciales de causa tematizados, en (22a) y en (22b), por el contrario, la coma exige al lector que interprete que el enunciado introducido por los enlaces conectivos por eso y por tanto es relevante como implicación contextual de un supuesto previo.


Conclusiones

Después de esta sintética revisión en torno a las relaciones entre puntuación e interpretación, cabe concluir que los vínculos de conexión en el texto escrito están en gran medida en interrelación con otros elementos de la forma lingüística seleccionada por el emisor. En este sentido, creemos haber mostrado de qué modo interactúa la puntuación con otros elementos presentes en la forma lingüística (como los adverbios ilocucionarios o los conectores) para establecer las relaciones de relevancia en el texto. Sin duda, la puntuación constituye un mecanismo más de conectividad en el texto, desde el momento en que establece restricciones tanto en la información explícita como en la información implícitamente transmitida por el texto.


Notas

  1. Agradezco las observaciones y sugerencias que, sobre una versión previa de este trabajo, formularon la Dra. Emma Martinell, la Dra. Victoria Escandell, la Dra. Estrella Montolío, el Dr. Joaquín Garrido, el Dr. Jesús Tusón, la Dra. Coloma Lleal y la Dra. Rosa Vila. Mía es, por supuesto, la responsabilidad de los errores que aún puedan persistir.

  2. Nuestro propósito no es discutir la categorización de las construcciones causales, sino ofrecer algunas propuestas de análisis conjunto de la puntuación y ciertas expresiones causales. De ahí, precisamente, que optemos por presentar una clasificación tan esquemática de las oraciones causales.

  3. En la teoría de la relevancia, los efectos contextuales son de tres tipos: implicaciones contextuales (esto es, derivación de nuevos supuestos a partir de la deducción que se lleva a cabo mediante la interacción entre información nueva e información vieja), reforzamientos contextuales (la información nueva refuerza un supuesto previo) y contradicciones contextuales (la información nueva debilita o contradice algún supuesto ya existente) (cfr. Sperber y Wilson, 1986: 138-148).

  4. De acuerdo con Sperber y Wilson (1986), las implicaturas de un enunciado pueden variar en su fuerza, tal y como ocurre con los supuestos. Las implicaturas fuertes son aquellas premisas y conclusiones que el hablante debe proporcionar si pretende que el texto sea interpretado de modo óptimo. Se trata, por tanto, de implicaturas altamente inducidas. Cuanto menos inducido sea el oyente a derivar una implicatura, más débil será esta (vid. Wilson y Sperber, 1986; Sperber y Wilson, 1986: 239-248; Blakemore, 1992: cap. 7). Con los puntos suspensivos, creemos que el emisor induce al lector a asumir la responsabilidad de proporcionar las premisas y la conclusión necesarias para la interpretación.

  5. Por "modelo (o representación) del discurso" entendemos, siguiendo a Brown y Yule (1983), la particular representación de un estado de cosas del mundo que, como individuos, construyen el productor y el lector (u oyente) de un texto.

  6. De acuerdo con la teoría de la relevancia, los conectores son elementos que codifican información procedimental que establece restricciones en las implicaturas del enunciado que introduce. Así, una secuencia como Trabaja catorce horas al día; por tanto, está agotado exige que el destinatario construya un contexto para la interpretación de la segunda cláusula que incluya la premisa contextual "Trabajar catorce horas al día provoca agotamiento". Con el conector, el emisor indica ostensivamente al destinatario que la proposición introducida por el nexo es una implicación contextual de un supuesto que ha resultado accesible por el procesamiento de la cláusula precedente (vid. Blakemore, 1988).

 

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El presente trabajo se presentó como comunicación en el I Simposio Internacional de Análisis del Discurso, Madrid, 20-22 de abril de 1998.



© Carolina Figueras 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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