A vueltas con la Retórica


Jorge Lozano
Departamento de Periodismo III
Universidad Complutense de Madrid


 

(...) He must defy the metaphor that murders metaphor.
Wallace Stevens


En 1958, hace ahora 40 años, aparecieron simultáneamente dos importantes libros: The Uses of Argument de S. Toulmin quien propondría en su obra considerar a la lógica como "jurisprudencia generalizada" y Traité de l´argumentation de Ch. Perelman y L. Olbrecht-Tyteca en donde la argumentación es entendida como "el conjunto de técnicas discursivas que permitan obtener o acrecentar la adhesión de las mentes a las tesis que se presentan para un asentimiento". Significativamente el subtítulo del Tratado es la nueva retórica, con el que se quiere subrayar el intento de recuperar una herencia retórica que ellos situaban ante todo en Aristóteles.

No es lugar aquí para comentar la fortuna de este proyecto ni siquiera los intentos de reconstruir la historia de la Retórica y de la Neorretórica pero sí cabe recordar una vez más el tan citado texto de G. Genette "La Rhètorique restreinte" de 1970 donde se puede leer: "De Corax a nuestros días la historia de la retórica es la de una limitación generalizada "; en efecto se la fue confinando en el estudio de la elocutio, de los adornos del discurso, de los colores rhetorici.

Sin entrar en disquisiciones clasificatorias que obligarían a relacionar la retórica con la lógica, la dialéctica, la heurística, con la textología, o indagar si se reduce a una tropología o alcanza rango de filosofía, la retórica puede ser considerada "la organización funcional del discurso sea en su aspecto interno de estructuración sintáctico-semántico sea en aquel externo de relaciones de contraste con la frontera semiótica" como felizmente la ha definido P. Valesio en Novantiqua. Rhetorics as a Contemporary Theory, 1980, definición que puede verse como una ampliación de la que diera Aristóteles (Ret. I.2.1355b 25) "Consideramos que la retórica es la facultad de observar cuáles son, en cada situación, los medios disponibles para la persuasión". Definición que hace de la retórica más una "competencia" ("facultad de observar") que una "performance", lo que suele pasarse por alto con tanta frecuencia y que por otro lado consiente a Valesio ver en la Retórica una Teoría necesaria para "observar" cuáles son en una situación dada los "medios disponibles" para la Persuasión. Puesto que de Persuasión se trata, permítaseme dar algunas noticias sobre ella.

Persuasión, Peithó, una divinidad "que jamás sufrió rechazo" (Esquilo), asociada a Afrodita, la diosa "de los pensamientos sutiles", disponía de "sortilegios de palabras de miel". En el Pantheon griego Peithó corresponde al poder de la palabra sobre los otros. Su templo es la Palabra.

Una persuasión "benéfica", la venerable Persuasión, es concebida como antítesis de Ananke, la Fuerza; una persuasión "maléfica" es asociada a Apate, el engaño "del placer suave, de la ternura y de la dulzura". El mismo engaño del que hará uso Hermes, dios de la comunicación, del intercambio, del contrato, del gozne y de los ladrones, para introducir en el corazón de Pandora palabras ambiguas y lisonjeras, llenas de astucia y, justamente, de engaño; como la "maléfica" Peithó, el maléfico Hermes ambos son nocturnos.

La ambigüedad de estos conceptos y más concretamente el de la persuasión ha pervivido. En la tradición antirretórica la "funesta Persuasión" puede equipararse a aquel Ángel Caído, Belial, según Milton en Paradise Lost (en versión de Esteban Pujals):

Del lado opuesto se levantó Belial,
Más gracioso y humano en se actitud;
El Cielo no perdió un ser más hermoso;
Para la dignidad y las hazañas
Más altas parecía ser creado;
Pero todo él falso y vacío era,
Aunque maná su lengua derramaba,
Y transformar podía la peor
En la mejor de las razones, y así
Confundir y aplastar los consejos
Más maduros; de pensamientos ruines,
Diligente en los vicios, pero tímido
Y tardo para los nobles hechos,
Con todo complacía a los oyentes,
Y así empezó con persuasivo acento
Libro II, 108-118

Así Belial departió con palabras
Vestidas con ropaje de razón
Aconsejando un innoble descanso
(...)

En discurso agradable (la elocuencia
arroba el alma como el canto al sentido)

En ello reparó Stanley Fish ("Retórica") quien recuerda que etimológicamente acento significa "canto añadido al habla". Canto que puede no sólo engañar, procurar placer sino también, quiero proponer, conocer ("Hay un sentido de maravilla que aumenta cada vez más-exactamente cuando aumenta el conocimiento" Einstein), como podemos advertir en el canto XII (Odisea) dedicado a las sirenas:

"Vamos famoso Odiseo, gran honra de los aqueos,
ven aquí y haz detener tu nave para que puedas
oir nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo
con su negra nave sin escuchar la voz dulce
de nuestras bocas, sino que ha regresado después
de gozar y saber más cosas. Pues sabemos todo
cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la
vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto
sucede sobre la tierra fecunda" (subrayado nuestro)

Pero me temo que en los versos de Milton resuena más el eco de los reproches que Platón pone en boca de Sócrates (Fedro, 267a):

"(...) Tisias y Gorgias que vieron que
se debía estimar más la verosimilitud
que la verdad, y que hacen por la fuerza de
la palabra, que las cosas pequeñas parezcan
grandes y las grandes pequeñas, que presentan
como arcaico lo nuevo y lo nuevo como arcaico..."

(Constante crítica a la retórica y erística que en Retórica II, 1402 se expresa así: "... convertir el argumento más débil en el de más fuerza")

Como se sabe, Platón, tuviera envidia de Gorgias como sostenía Nietzsche o no, le dedicó todo tipo de reproches acusándole de que la retórica -"artífice de persuasión"- "no (se basa) en una enseñanza sobre lo justo y lo injusto" (Gorgias 453a), que su discurso es persuasivo (pathein) y no dialéctico, demostrativo...

El longevo siciliano Gorgias nos ha dejado un admirable texto, Encomio de Helena, que podría considerarse el origen remoto del género ensayo (García Gual), que merece algunos comentarios.

En este encomio dice Gorgias "(...) quiero, poniendo algo de razón en la tradición, (la censura de Helena), librarla de la mala fama de que se le acusa, tras haberse demostrado que mienten quienes la censuran y, mostrando la verdad poner fin a la ignorancia". Tras presentar las causas "por las cuales era natural que aconteciera la partida de Helena para Troya (decisión del azar, orden de los dioses, decreto de la necesidad...)" añadió como actuó o bien raptada por la fuerza o persuadida por las palabras", va liberando a Helena de la infamia de cada caso. Destaquemos uno: "y si fue raptada con violencia o forzada contra toda ley injustamente ultrajada, es claro que un raptor (...) obró con injusticia ... Justo es, pues compadecer a una y odiar al otro".

Veamos ahora uno de los pasajes más significativos:

"Si fue la palabra la que la persuadió y engañó su mente tampoco es difícil hacer una defensa ante tal posibilidad y dejarla libre de la acusación del modo siguiente. La palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. Puede, por ejemplo, acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir la alegría o intensificar la compasión".

Uno de los argumentos que utiliza para demostrarlo es el siguiente: " los encantamientos inspirados, gracias a las palabras, aportan placer y apartan el dolor. Efectivamente, al confundirse el poder del encantamiento con la opinión del alma, la seduce, persuade y transforma mediante la fascinación" (...)

Luego de una consideración sobre la opinión ("la opinión, que es insegura y está falta de fundamento, envuelve a quienes de ella se sirven en una red de fracasos inseguros y faltos de fundamentos"), concede carácter de necesidad a la fuerza de la persuasión ("Pues la palabra que persuade el alma obliga, precisamente a este alma a la que persuade, a dejarse convencer por lo que se dice y a aprobar lo que se hace"). En efecto, la palabra eficaz, que significa la persuasión, "obliga al alma a la que persuade a dejarse convencer". Y es que, como nos enseña Benveniste (Vocabulario), la voz pasiva de persuadir, anterior en griego a la voz activa, equivale también a obedecer. De ahí que se hablara de la "violencia" del logos, aferrado al Kairós, y dirigido siempre al resultado. No es extraño, pues, que Platón, acusara en su agresivo Gorgias a la retórica de ser stochastikè ("que mira al resultado", 463a) en vez de mirar a la verdad, como la filosofía. Y de ser agonística.

Pascal, en De L´Esprit Geometrique section II, prestó atención a De L´Art de Persuader ( "L´art de persuader a un rapport nécessaire à la manierè dont les hommes consentent à ce qu´on leur propose, et aux conditions des choses qu´on veut faire croire" ) en donde se puede leer: "Personne n´ignore qu´il y a deux entrées par oú les opinions sont reçues dans l´âme, qui sont ses deux principales puissances, l´entendement et la volonté. La plus naturelle est celle de l´entendement, car on en devrait jamais consentir qu´aux vérités démontrées; mais la plus ordinaire, quoique contre la nature, est celle de la volonté; car tout ce qu´il y a d´hommes sont presque toujours emportés a croire non pas par la preuve, mais pour l´agrément" (subrayado nuestro)

Una vez más lo "irracional", lo "pasional", "los caprichos temerarios de la voluntad" (Pascal) intervienen en los procedimientos de asentimiento, de adhesión, en los discursos persuasivos, a distinguir como quiso Platón de los discursos dialécticos-demostrativos (didaké). Si el discurso persuasivo prescinde de lo dialéctico-demostrativo y persigue la persuasión sin verdad -como la retórica sofística- hay que rechazarla sin reservas (aunque, como veremos más adelante, el mismo Platón reconocerá en el Libro III de República 414c7 : "y para convencer es necesario disponer de gran capacidad de persuasión").

Tal oposición llevaría a Kant, que no tenía precisamente debilidad por la Retórica (Blumemberg), a distinguir en Crítica de la Razón Pura, entre argumentación objetiva (Überzeugung) o "convicción" y argumentación subjetiva (Überredung) o persuasión , distinción que está en la base del Tratado de Perelman -que le consentirá distinguir entre "demostración" y "argumentación"- mas hay que recordar que Kant en la Crítica del Juicio, obra que Perelman no cita, junto al convencer y al persuadir se incluye también el "sugestionar" (Überlisten) ; lo que no impide a Kant condenar en el "arte insidioso" de la retórica "las maquinaciones de la persuasión (Überredung)... dirigidas a un artificioso sugestionar (Überlisten)".

Las "artificiosa susgestiones", los "acentos persuasivos", el "engaño", el "encantamiento", voces todas ellas alejadas en y por principio de la argumentación objetiva, de la convicción, de la certeza, de la verdad de los valores universales incluidos en el campo de la demostración dirigida a cualquiera, caben en cambio en la argumentación persuasiva, dirigida a un auditorio particular, concreto, nunca universal.

Mas, ¿es sostenible tamaña oposición? ¿Por qué el mismo Platón sostiene en República III, 414c7 "y para convencer es necesario disponer de gran capacidad de persuasión"?

Veamos cómo razona un lógico formal. J.B Grize, para quién la argumentación "es buscar mediante el discurso llevar a un oyente o auditorio dado a una cierta acción", sostiene que, a diferencia de la demostración, en la argumentación se produce un proceso dialógico al menos virtualmente. En un artículo de 1981, cuyo título en principio sorprendente en campo lógico "La Argumentación: explicación o seducción " no debe extrañar, distingue, en la argumentación, dos componentes: a) una componente hecha de razonamientos; y b) una componente seductora hecha de lo que él llama significativamente "èclairages". Estos "èclairages" ¿podrían ser considerados Gedenkenexperimenten? Sea un hablante A y un oyente B (puesto que una argumentación se hace siempre para alguien). Es necesario en una argumentación, dice nuestro lógico, que A incluya en su "argumentación" valores a los que B se adhiere. Dicho con sus propias palabras "el aspecto seductor (sic) de una argumentación residirá en la evocación de los valores ideológicos de B". Ahora bien no creo ofender a Grize si los difusos "valores ideológicos" los incluyo en el campo de la doxa (vs. episteme) que no era otra cosa que las "opiniones", todos los esquemas mentales, las escalas de valores, los puntos de vista a priorísticos, los juicios morales implícitos (" la opinión que es insegura y está falta de fundamento, envuelve a quienes de ella se sirven en una red de fracasos, inseguros y faltos de fundamento" según Gorgias). Además, la evocación de los valores ideológicos de B se me antoja que no es contradictorio con, salvando todas las distancias, la hipótesis del refuerzo de Klapper (1960) sintetizado en aquél dictum de Efectos: más que persuadir lo que acaso hagan los media sea reforzar en el receptor sus hipótesis previas.

Más allá de esta ocurrencia discutible, conviene recordar que si bien parece aceptado que el modo más eficaz de conseguir la adhesión es desarrollar una argumentación demostrativa válida, también parece aceptado -el mismo Aristóteles lo sostenía- que determinados sujetos concretos no pudiendo ser tratados sobre el modo demostrativo, pueden ser convencidos por modos de argumentación no desprovistos de fuerza de convicción; he aquí el Imperio retórico para Perelman y he aquí la idea de Toulmin: una argumentación de tipo "jurídico" puede convencer sin ser reducible a una argumentación científica.

En la "componente seductora" de Grize puede encontrarse también el conjunto de proposiciones implícitas que acompaña en toda argumentación persuasiva a las proposiciones explícitas. Como se sabe toda la sociología cognitiva ha sostenido un principio deudor de Simmel, esto es que el implícito es una componente esencial de la interacción social; y son las proposiciones implícitas que acompañan a las explícitas las que pueden producir ideas falsas, frágiles o dudosas. Como ha recordado R. Boudon (L’art de se persuader, 1990) apoyándose en Simmel, una argumentación que la lógica y el pensamiento científico considerarían irreprochable pueden producir ideas falsas. Basta para ello que la argumentación explícita esté contaminada por a priori clandestinos. Si para Kant todo razonamiento comporta a priori, para Simmel todo razonamiento comporta implícitos. Idea esta que está presente, como sostiene Boudon, en el "marco" (frame) tal como lo concibió Goffman, en los "themata" que ha desarrollado Holton sobre la imaginación y la inteligencia científicas, o el de paradigma de Kuhn.

Sin entrar en los importantes estudios sobre los implícitos que se situarían en la "sombra del discurso" sí quiero traer aquí una reflexión de Simmel en La filosofía del Dinero: "se quiere reflexionar a menudo sobre el número inmenso de presupuestos del que depende todo el conocimiento definido en cuanto a su contenido, pero no parece en absoluto excluido que probemos una proposición A por la proposición B, pero que la proposición B, a través de la verdad de C, D, E, etc. no sea finalmente demostrable sino por la verdad de la proposición A. Basta admitir una cadena de argumentación -C, D, E, etc.- suficientemente larga, de suerte que el regreso al punto de partida escapa a la conciencia, del mismo modo que la dimensión de la Tierra oculta a la vista inmediata su forma esférica y crea la ilusión que se puede progresar al infinito en línea recta".

Así una argumentación puede ser circular y parecernos lineal por la presencia oculta de proposiciones que no solamente están presentes en nuestros razonamientos, sino que son decisivos en la formación de nuestras convicciones sin que seamos conscientes de ellos (Boudon). ¿Tiene que ver esto con los "éclairages" de Grize?

En la historia de la Ciencia, tras los trabajos de Kuhn, Feyerabend, Bloor, parece aceptado que las teorías científicas no sólo pueden contener sino que pueden también basarse sobre creencias no fundadas e injustificables (Lozano, "Le Credenze").

Para el autor de La Estructura de las Revoluciones Científicas, la elección entre teorías y paradigmas científicos está fundada "sobre técnicas de persuasión o sobre un cambio de argumentos en una situación en que no se puede hablar ni de prueba ni de error". Amén de la explícita apelación a las técnicas de persuasión y a los cambios de argumentos, Kuhn ¿está apelando al predominio de lo aceptable, que tanto irritaba a Platón de la sofística, sobre lo "verdadero"? ¿o está al principio pragmático del "consenso" y de "comunidad" presente, por poner dos ejemplos, en Aristóteles (Metafísica 1172b) "llamamos real a aquello de lo que todos estamos convencidos" o en la afirmación pragmática de Peirce según la cual algo es real si una comunidad de investigadores acaba conviniendo sobre su existencia?

Blumenberg ("Aproximación antropológica a la actualidad de la retórica") ha observado que las hipótesis de la ciencia fueran siempre precarias construcciones auxiliares del conocimiento, indicaciones al final de una verificación y con ella la seguridad definitivas; pero, dice nuestro autor, la historia de la ciencia ha puesto en claro que también la verificación pertenece al tipo de acuerdo revocable, que la publicación de cualquier teoría implica una apelación a seguir las vías indicadas para confirmación y para dar el placer de la objetividad, sin que por esto se pueda excluir definitivamente la eventualidad de que por otras vías se encuentren otras cosas o surjan objeciones. Para Blumenberg, el "paradigma" de Kuhn -la interpretación dominante en una disciplina científica por un largo período de tiempo, que encierra en su propio ámbito todas las investigaciones que la perfeccionan y extienden- no es otra cosa que un consensus que podría estabilizarse, si bien no exclusivamente, sobre la retórica de las academias y los tratados.

En La Estructura... Kuhn, en efecto, sostiene que "en la elección de los paradigmas no hay ningún criterio superior al consenso de la población integrada". Y añade: "para descubrir en qué modo se producen las revoluciones científicas, debemos (...) examinar no sólo la correspondencia con la naturaleza y con la lógica, sino también las técnicas de persuasión que tienen eficacia dentro de los grupos (...) que constituyen la comunidad científica".

Recientemente, tras la relectura del clásico libro de Kuhn, M. Pera (Scienza e Retorica, 1991) ha propuesto transferir la ciencia del reino de la demostración al campo de la argumentación y más precisamente proponer como alternativa al modelo metodológico, el modelo retórico. La retórica (técnica del debate, de la persuasión y de la confutación) puede jugar jugar un papel no ornamental ni subsidiario en la ciencia. La concepción metodológica, incluso la más "aggiornarta" y sofisticada, concibe la investigación científica como una partida a dos: la naturaleza y el investigador que, gracias al método, la interroga y la lee. En cambio, sostiene Pera, la partida es a tres: la naturaleza, quien la interroga y quien (auditorio o comunidad) interrogándola también debate con los otros que la interrogan.

En otro paso de La Estructura.... Kuhn dice "(...) precisamente porque hace uso de técnicas de persuasión y las argumentaciones pro o contra en una situación en que no puede haber ninguna fórmula, nuestro problema es nuevo, y requiere un género de estudio que no ha sido precedentemente afrontado".

Acaso el modelo retórico de Pera sea la respuesta a ese nuevo género de estudio que requería Kuhn. En una fase de reflexividad de los discursos científicos la atención a la Retórica como "organización funcional de los discursos" se está haciendo cada vez más evidente. Sirva de ejemplo lo que escribe G. Cantor ("The Rhetoric of experiment", 1989):

"Es necesario poner el acento sobre el hecho que el resumen de un experimento que se publica por ejemplo en una revista científica es un producto altamente artificial que no sólo no refiere de modo no problemático el trabajo desarrollado en el laboratorio, sino que es una forma de narración y se presta por tanto a los mismos tipos de análisis a los que se someten otros géneros literarios (...) las narraciones científicas en general y los resúmenes de los experimentos en particular son retóricos en el sentido común del término, dado que tienen como objetivo el de persuadir o influenciar".

De estos y otros trabajos se puede colegir también lo erróneo de contraponer el pensamiento retórico al pensamiento científico como si el retórico fuera específicamente artístico. La Retórica, sostiene Lotman, es propia de la conciencia científica en la misma medida que de la artística. En el dominio de la conciencia científica se pueden distinguir dos esferas (Lotman "Retórica"): La primera –la retórica- es el dominio de los acercamientos, las analogías y la modelización (proposición de nuevas ideas, establecimiento de postulados, de hipótesis inesperadas, que antes parecerían absurdas). La segunda es la esfera lógica, en donde las ideas propuestas se someten a contraposición, se trabajan las conclusiones que se derivan de ellas, se eliminan las contradicciones internas en las demostraciones y razonamientos...

La primera esfera, que Lotman denomina "faústica", constituye una parte inalienable de la investigación y en tanto que pertenece a la ciencia puede ser objeto de descripción científica. ¿Cómo? Mediante el lenguaje de la metarretórica. Ejemplos: el aparato de descripción de vasto dominio de analogías y equivalencias que permiten acercar y también identificar fenómenos y objetos aparentemente alejados, como son los casos de isomorfismos, homeomorfismos, etc... constituirían en esta metarretórica, metametáforas. El teorema de G. Kantor (Si algún segmento contiene un número alef –un conjunto infinito- entonces cualquier parte de ese segmento contiene ese mismo número alef de puntos, y en este sentido cualquier parte de él es igual al todo), autoriza a inferir que las operaciones del tipo de la inducción transfinita pueden ser consideradas metametonimias.

El pensamiento creador, tanto en el dominio del arte como en el dominio de la ciencia, que tiene una naturaleza analógica, se construye sobre una base esencialmente idéntica (Lotman): el acercamiento de objetos y conceptos que sólo pueden ser acercados a la esfera retórica. Por ello, para él, la creación de una metarretórica se convierte en una tarea común a toda la ciencia, y la propia metarretórica puede ser definida como teoría del pensamiento creador.

En esta perspectiva difícilmente el dominio de lo retórico puede reducirse al estudio de la elocutio, de los adornos del discurso, de los colores rhetorici, como señalábamos más arriba.


Esta artículo ha sido publicado previamente en CIC Cuadernos de Información y Comunicación nº 4, Dpto. Periodismo II-Servicio de publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid, 1999. pp 13-20.



© Jorge Lozano 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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