Aspectos formales e ideológicos
en la exploración de la conciencia femenina
de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes

Francisco Manzo-Robledo
Assistant Professor
Foreign Languages and Literature
Washington State University


 

In patriarchy, woman serves as the mirror in which man sees himself as whole, the inverse or negative alter ego (at once complement and supplement) he needs to feel complete. According to feminists, the symbolic is therefore really a masculine imaginary, characterized by a phallocentric scopic economy which quite literally en-genders differences that support man’s illusions of wholeness through a fantasy of woman’s lack.

Carole-Anne Tyler

 

...una figura de mujer en que se logra un tipo literario en el sentido de Lukács: un personaje que sin merma de sus condiciones temperamentales, psicológicas y aun físicas propias, representa una categoría social, eslabón en la cadena de la historia.

Fernando Morán (cit. en Medina-Bocos 153)

 

The relationship between "Woman" —a cultural and ideological composite Other constructed through diverse representational discourses (scientific, literary, judicial, linguistic, cinematic, etc.)— and "women" —real, material subjects of their collective histories— is one of the central questions the practice of feminism scholarship seeks to address…

Chandra Talpade Mohanty


Una de las preguntas centrales en el feminismo contemporáneo es la relación entre la "Mujer"¾ esa representación del "Otro", construida a través del discurso científico, político, literario, etcétera¾ y la "mujer real". En este ensayo se tratarán algunas cuestiones inherentes en la representación de la mujer en la novela Cinco horas con Mario.

Cinco horas con Mario, una de las novelas de Miguel Delibes en la que, por medio del discurso literario, se intenta elaborar una "conciencia femenina" con propósitos ideológicos definidos. Al paralelo, emerge un documento a veces confuso y devaluatorio, que apuntala al sistema hegemónico dominante.

La crítica ha aceptado varios tipos de lectura de Cinco horas con Mario. Por ejemplo, Javier F. Sánchez Pérez propone lo que llama la lectura ética (como propuesta humanística de Delibes), y cita a Gonzalo Sobejano quién propone lecturas del tipo histórico, testimonial y otra del tipo político (323). Agnes Gullón la considera como una novela experimental, mientras que Amparo Medina-Bocos ofrece una lectura alegórica que contiene "el documento de una sociedad, la española de los años sesenta" (VII).

Mi interés primordial en esta obra es el estudio de la representación de Carmen, el personaje femenino más importante, y cómo se le ha catalogado bajo las diferentes lecturas. En la crítica se han tocado varios aspectos referente a Carmen con suficiente profundidad. Sin embargo, quedan aún algunos puntos en el tintero, ya que esas lecturas no consideran el aspecto de la representación como un problema en sí, dejando a Carmen tal como la novela la ofrece, como una hechura fidedigna, terminada y clara. Mi análisis es a partir de la crítica (una especie de metacrítica) que en su conjunto llega a formar una especie de discurso paralelo al de la novela. Gran parte de lo que se dice en la crítica es verdad, en lo que en todo caso se difiere es en la orientación ideológica que ese conjunto de crítica conforma, entonces, este trabajo depende mucho de las citas textuales de esas críticas tratando, no de refutar, pero sí de por lo menos complementar y añadir ideas con respecto a la conciencia femenina (forzada, e impuesta) de Carmen.

Cinco horas con Mario es una novela "sin trama" (Pauk 97): el padre de la familia, Mario Díez, muere súbitamente. La noche del velorio Carmen, su esposa, se queda en vela junto al féretro para, en varias ocasiones, después de leer un trozo de la Biblia, iniciar una y otra vez una serie de reconvenciones, reclamaciones y regaños al muerto; así durante cinco horas en las cuales Carmen, a su manera, hace y deshace a la sociedad española para caer finalmente de rodillas ante el muerto para hacerle una confesión respecto a su fidelidad matrimonial. Antes de estos trances, el narrador inicial nos dice que "Carmen experimentaba una oronda vanidad de muerto, como si lo hubiese fabricado con las propias manos. Como Mario, ninguno, era su muerto; ella misma lo había manufacturado" (12), frases que sirven para la lectura alegórica: Mario "No es un muerto; es un ahogado" (24) por las injusticias del sistema social español de la época.

La novela está enmarcada por dos capítulos extremos que sirven de entrada y salida a los capítulos medios que es de donde se dan las mayores críticas. En los capítulos primero y último se nos muestra a Carmen con su aflicción (el luto fingido o sincero) y también se muestra cómo se comporta con otras personas a su alrededor durante ese intenso trance. En el primer capítulo, sin número, Carmen se muestra autoritaria (12) y preocupada por las apariencias y lo que los demás puedan pensar de ella. Aquí el personaje de Carmen nos muestra ciertos rasgos propios de su personalidad que aparecerán de nuevo en los capítulos medios: autoritarismo, su carácter clasista, egoísta, y su conformismo al sistema social. Con respect al discurso, existe un gran contraste entre los capítulos extremos con los capítulos medios en donde Carmen es la única que expresa su sentir. Este discurso presenta cierta confusión a los críticos de cómo identificarlo: Silvia Burunat lo registra como "monólogo interior", herramienta útil para la utilización de la técnica del "fluir de la conciencia" del personaje. Lo expuesto por Burunat se ajusta a los capítulos medios de Cinco horas con Mario, los capítulos donde Carmen permite que su interior "fluya". Por su parte Medina-Bocos lo considera soliloquio. Relacionado con el monólogo interior, Moffett y McElheny dicen que éste se da cuando el personaje se habla a sí mismo, pensando y nosotros podemos escucharlo ( por medio de la escritura en la novela); esto es equivalente a los soliloquios en el teatro, excepto que el personaje en el estrado, pensando, debe hablar de tal manera que la audiencia pueda saber lo que pasa por su mente. Si el personaje reacciona a lo que le rodea, su monólogo interior contará la historia de lo que le sucede al rededor. Si sus pensamientos son recuerdos, memorias, el soliloquio repasará algunos eventos pasados asociados con eventos en el presente. Si solamente reflexiona, su proceso de pensamiento nos cuenta una historia pasada o presente, es la historia misma (15). Es interesante lo que dice Delibes a este respecto: "Si se lee con atención el libro se verá que en el monólogo el soliloquio mental que terminará por ser verbal, cuando el muchacho encuentra a su madre de rodillas, culmina en el último capítulo" (subrayado mío, Ríos 75). Inicialmente, de acuerdo a Delibes, es soliloquio mental y termina por ser verbal; esto no podemos saberlo del texto, lo cual abre otras posibilidades de lectura con respecto a Carmen: ¿a partir de cuándo piensa y a partir de cuando habla?

Considero importante lo anterior porque permite ciertas preguntas pertinentes: aunque el soliloquio fuera mental, ¿Carmen se "habla" a sí misma, o presupone la presencia "viva" de su interlocutor? Para Manuel Alvar, monólogo interior o diálogo interior es lo mismo, ya que el protagonista no tiene de hecho un interlocutor (96), y según él, el monólogo le sirve a Carmen para tener conciencia de sí misma, obligándole a la introversión, y "a desprenderse de sus mil tonterías y a confesarse sin habérselo propuesto" (subrayado mío 110). Considero que Carmen presupone la presencia de un ser que, sin vida, está incapacitado—por su estado de muerto—para huir de sus palabras, aquí está la clave para que Carmen pueda extenderse por cinco horas vertiendo su conciencia, "hablando" sus quejas y comentarios de su vida con Mario. Pero, ante todo, no se debe olvidar que Carmen es una creación literaria, es decir, Carmen es la mujer que representa una visión, con atributos y características adjudicadas, como se verá luego, con un propósito muy particular.

En los capítulos medios de Cinco horas con Mario, tenemos la voz femenina, una mujer con voz. Sin embargo, la primera duda que salta es precisamente las circunstancias en las que Carmen se encuentra haciendo uso de esa voz. Sea como sea, o más bien, sea lo que ella se imagine, la "realidad" en la novela es que Carmen está sola ante un muerto. Esto de entrada nos propone otra lectura alegórica: que la voz femenina, su discurso, cae en oídos exánimes, los oídos muertos del padre, esto con respecto a la "realidad" interna donde se encuentra el personaje de Carmen. Dada la intención voluntariosa de Carmen de estar con el difunto durante la última noche (10) ¿presupone Carmen, la mujer, que tiene otra audiencia diferente a la del cuerpo de Mario? La escritura del texto así lo convierte: lo privado, lo que Carmen desea decir a Mario ¾ expuesto en la cámara de velación¾ , por medio del texto ofrecido al lector, se convierte en público; así, la audiencia ha cambiado y Carmen, la mujer con voz, se convierte en un espectáculo para el lector que por medio de su lectura pasa al juicio de lo que ahí se dice. Esta es la única manera de extender el suceso de una velación, transformándolo a una alegoría: "En Cinco horas con Mario, Delibes va pasando revista por boca de Carmen a los problemas más candentes que se plantea la sociedad española" (López Martínez 172). Sobre la base de esto, entonces, la voz que se concede a Carmen no es sin cargo, tiene un precio y propósito definido; el precio: la ridiculización de la mujer (ante el lector); el propósito: una herramienta para una agenda ideológica. Carmen es finalmente a quien se recurre para plantear (indirectamente) problemas sociales, políticos y religiosos y al mismo tiempo evadir una censura—al igual que Don Quijote le sirvió a Cervantes. La "realidad" externa (la del lector en general) se encarga de darle sentido "correcto" a lo que fluye de la "conciencia" de Carmen Sotillo.

El uso de obras literarias y personajes en ellas para denunciar problemas sociales no es nuevo, se ha hecho desde tiempos tempranos de la literatura. En este caso, lo más lamentable es que se hace uso del estereotipo ancestral de la mujer ignorante (aunque con bastante articulación), molona, y de su casa, preñada, no sin protestar "que los días buenos los desaprovechabas y luego, de repente, zas, el antojo, en los peores días, fíjate"(45) ¿Existe aquí denuncia por el estupro condonado por el matrimonio?

Lo anterior nos permite decir que, en la novela no se efectúa una exploración de la conciencia femenina. Más bien, el personaje es una mujer percibida desde el punto de vista de una ideología hegemónica, masculinista. Las preocupaciones políticas, sociales y religiosas (fundadas o no) de Carmen son impuestas por medio de la ironía sobre su personaje. En este caso en particular, el genotexto del autor, en complicidad con el genotexto del lector (o crítico) influyen para elaborar una figura patética de la mujer "común" española, que en todo caso, y sin lugar a duda, no es ella la que causó la guerra fratricida, ni las matanzas en los campos de España, ni es ella de la que dependen las estructuras de poder en la sociedad que se critica.

En los siguientes párrafos, veamos, de acuerdo a la crítica, cómo se define a Carmen en la novela. Sobre esta crítica y lo que está en la novela, basaré mis argumentos tratando de demostrar que la "conciencia femenina" allí fabricada y externamente por la crítica misma, permite una lectura descoyuntada del personaje femenino, con una ideología patriarcal, la más de las veces confusa (como si de hecho ya no lo fuera). Algunos críticos para darle un giro "bondadoso" denominan a Carmen como la "sociedad española". La siguiente cita, aunque extensa (no será la única), es importante en dos aspectos: primero, el crítico es de renombre en el medio de la crítica literaria y Delibes está enteramente de acuerdo con lo que dice (cit. en Medina-Bocos 149), y segundo, porque este tipo de juicio marca la pauta de cómo ve la crítica al personaje femenino de Carmen. De acuerdo a Gonzalo Sobejano, hablando sobre el progreso, nos dice:

Precisamente en su última novela, Cinco horas con Mario, aduce Delibes un ejemplo de cosas que acabo de esbozar: el ejemplo del imposible entendimiento entre una mujer necia y simplista y un hombre inteligente y complejo, entre el dogma de fe y el amor de caridad, entre una España cerrada y una España abierta, entre la autoridad y la libertad, la costumbre inauténtica y el esfuerzo auténtico.

El tema de la novela quizá pudiera definirse así: la simplificación no comprende a la complejidad; la complejidad no puede escuchar la voz de la simplificación [...]Carmen Sotillo (la simplificación) soliloquia, justificándose así misma, haciendo reproches y pidiendo explicaciones a su esposo muerto; Mario Díez Collado (la complejidad) ya no puede oírla ni cuando la oía podía escucharla. La defensa que la mujer hace de si es una acusación al hombre, de la que éste no puede defenderse; pero la misma acusación le defiende a él, mientras la defensa de ella viene a ser su propia acusación. Ironía por lo tanto. (subrayado mío 155)

Por lo que está en el texto, es difícil lograr una identificación de cómo era Mario en vida, ya que lo único que el lector sabe es precisamente lo que Carmen dice. Sin embargo, con el antecedente de lo que dice Sobejano acerca de Carmen, ¿lo que ella dice es de fiar? Por lo mismo, resulta arriesgado proponer modelos alegóricos tan específicos.

La ironía (llegando al sarcasmo)—además del soliloquio—es la herramienta fundamental de Delibes en Cinco horas con Mario. Después de veintitrés años de casados Carmen, ya junto al féretro, principia su letanía de quejas, iniciando por reprochar al muerto no que se muriera, sino que lo hiciera sin que reconociera sus desvelos de madre y esposa, sin una palabra de agradecimiento (39), y a esto le sigue una escena de celos por el comportamiento extraño de su cuñada Encarnación, cuando ésta se da cuenta de que Mario ha fallecido (40). Antes de este capítulo ya hemos visto como Carmen compele a Menchu—la mayor de las hijas—(12) para que entre a ver al padre en la caja mortuoria, y la golpiza que ha propinado a Borja porque éste desea que todos los días se muriera el padre para no asistir a la escuela (17). También hemos leído la respuesta fría y sin sentimientos del hijo mayor, Mario, ante la insistencia de Carmen para que muestre duelo por la muerte del padre (16). En esta novela, Delibes nos presenta una familia algo extravagante: los padres sin comunicación; los hijos unos sin sentimientos, otros con exceso de ellos.

Medina-Bocos, dice lo siguiente:

El soliloquio de la viuda, la crítica lo ha subrayado, no es sólo un rosario de acusaciones, sino también la expresión acabada de una concepción del mundo, es una serie de principios que dan razón de la conducta de un sujeto[...];en resumen, una buena parte de la conciencia de la vida cotidiana puede interpretarse en términos de principios o creencias muchas veces implícitas, inconscientes en el sujeto que obra o reacciona.

[...]Carmen es un ser perfectamente socializado: ha interiorizado todos los valores y esquemas de comportamiento que le han sido impuestos en su entorno (clasismo, autoritarismo, individualismo, énfasis en las apariencias...). (40)

O sea Carmen es, al igual que Mario, también víctima del sistema de la sociedad española de la época. Alfonso Rey, indica que la novela puede interpretarse como una que muestra "la opresión de la mujer por una sociedad hecha a la medida del varón" (cit. en Medina-Bocos 151). Por su lado Delibes dice:

[...]Hoy día existe una minoría de mujeres con otro talante. Por otra parte, si la mujer española es así, los responsables de que la mujer española sea así somos los hombres españoles en buena medida y, desde luego, la sociedad española.

La discriminación, la tendencia de relegar a la mujer a la cocina, el convertirla en un relicario de virtudes domésticas, es un error que ha esterilizado a muchas y castrado, en todo caso, su iniciativa, inteligencia e imaginación. (77)

Entonces, Carmen sí representa a la mujer española en su condición. Estoy de acuerdo; en el texto, Carmen es un producto de su entorno y controlada por el mismo; más claramente, controlada por: una maternidad impuesta, una explotación física y espiritual, la familia nuclear y la heterosexualidad compulsiva.

Adrienne Rich escribe que el mensaje propuesto en nuestra sociedad en general es que la mujer es la propiedad emocional y sexual del hombre, y que su autonomía e igualdad podría poner en peligro los pilares del patriarcado: familia, religión y estado (228). Mientras que Carmen no es un peligro para el patriarcado, ya que ella lo reproduce, una critica que conscientemente cuestione las estructuras de la sociedad del hombre y para el hombre, sí lo podría ser.

Por otro lado, en la primera parte de la novela, el narrador dice lo siguiente: "El suéter negro de Carmen clareaba en las puntas de los senos debido a la turgencia. En puridad, los pechos de Carmen, aún revestidos de negro, eran excesivamente pugnaces para ser luto" (16). ¿Qué tienen que ver los pechos de Carmen, una parte de su anatomía (olvidémonos del silicón, porque no se menciona), con el luto? ¿Qué tiene que hacer Carmen para que no sean pugnaces? ¿Por qué tiene que hacer algo para ocultarlos? Carmen es señalada por lo que es su cuerpo, no es algo que ella lo haya buscado. Su fisonomía es (como se verá adelante) objeto de la mirada del hombre, y los propios deseos eróticos del hombre se ven reflejados al imputarle a Carmen culpas que quizá no le atañen. A continuación algunos ejemplos de lo que la crítica escribe.

Sánchez nos dice:

Ya desde la introducción hay un rasgo que define la personalidad de Carmen: sus pechos. Parecen ser su atributo diferenciador, algo que le molesta en este momento de luto, pero de lo que inconscientemente se siente orgullosa[...]

De sus pechos, resumen de su ideal de femineidad, Carmen se siente orgullosa[...]. (subrayado mío 319)

Lo último, de acuerdo al texto, no es verdad, Carmen dice claramente:

¿Qué te parece? A Julia y a mí nos hacía andar todas las mañanas por el pasillo con un librote en la cabeza y decía con mucha guasa, ‘¿veis como los libros también pueden servir para algo?’ Pues, lo que oyes, saber pisar, saber mirar y saber sonreír, no cabe, me parece a mí, resumir el ideal de femineidad en menos palabras [...]. (subrayado mío 76).

Allí está el ideal de femineidad impuesto, por más vacío que lo parezca.

Sobejano de nuevo: "Carmen como tal Carmen, apenas se distingue por un rasgo—perdónese la fácil malicia—muy saliente: sus pechos [...]. (subrayado mío 157). Lo inquietante es que siendo Carmen una mujer que apenas se distingue por sus pechos, cause tanta crítica con lo que dice ante el féretro. De cierta manera, Carmen (creación de Delibes) parece estar de acuerdo con estos críticos en cuanto a su orgullo escondido: "La poitrine ha sido mi gran defecto. Siempre tuve un poco de más para mi gusto" (17); ella misma hace referencia directa a sus pechos a través de la novela (como por ejemplo 29, 33, 66, 217, 279 por nombrar algunas páginas), sin considerar las veces que menciona cuando vestía el suéter ajustado azul y le gritaban piropos groseros. En todo caso, ¿cuál es el significado de estas repeticiones? ¿Qué importancia tienen? Considero que el enigma es creado desde una trinchera masculinista. El creador de Carmen siguiendo la fascinación que el hombre, en general, tiene por los pechos grandes de las mujeres, lo introduce imputando culpas que no corresponden a Carmen: el recuerdo maternal, el de la lactancia, el tabú de la relación sexual madre-hijo, el deseo erótico por el anhelo de una relación con una mujer que tiene pechos grandes y no hace por "apocarlos". De otra forma, ¿por qué recibe los piropos groseros sólo cuando trae el suéter azul ajustado, y sus pechos, que siempre han sido los mismos, se muestran prominentes? ¿Por qué Paco, por veinticinco años, sueña sólo con sus pechos (279)? Carmen ("la España vieja") se siente mirada, acechada (¿halagada?) por su figura, mientras en casa, Mario ("la España nueva") ni la nota. Sin duda, por medio de ello, Carmen expresa atisbos de su deseo al placer erótico (lo que los críticos marcarían como coquetería), placer que en todo caso, no encuentra dentro del matrimonio (la santificación del acto sexual), de allí la existencia de los deseos reprimidos y las decepciones sexuales indicadas en una cita de Sobejano que vendrá posteriormente:

Lo que quiero hacerte ver, Mario, es que entre hombre y mujer hay un instinto, y las chicas con principio, las honradas, las que somos como se debe ser, gozamos excitándole en los hombres pero sin llegar a mayores, mientras que las fulanas se van a la cama con el primero que pillan. (subrayado mío 219)

En la cita anterior es interesante leer que Carmen considera primeramente la heterosexualidad como instinto (lo natural) y luego le considera a la mujer el goce erótico, además de que es la mujer la que pilla al hombre y no viceversa, visión que se antepone con la de por ejemplo Adrienne Rich, que considera que la mujer ha sido educada para considerarse como presa sexual del hombre (235). El deseo erótico de Carmen existe, aunque disfrazado, las expresiones al respecto se repiten en el texto, tanto que Sobejano dice: "Habla mucho de su virginidad antes de casada y de su honra conyugal, pero su cháchara deja aparecer deseos reprimidos, decepciones sexuales, sensualidad conquistable por cualquier hombre atrevido" (158), vemos aquí como Sobejano apoya lo dicho por Rich, y condena a Carmen (ahora sí no a la creación de Delibes, sino a la mujer) negándole de paso su expresión erótica, no sucede lo mismo con los que le lanzaban piropos, porque son hombres. Pero al mismo tiempo, la frase de Sobejano a modo de acusación, y Carmen sin poder defenderse, regresa como acusación contra lo que Sobejano defiende, ironía es: la fuerza de lo erótico. Citando a Audre Lorde:

There are many kinds of power, used and unused, acknowledge or otherwise. The erotic is a resource within each of us that lies in a deeply female and spiritual plane, firmly rooted in the power of our unexpressed or unrecognized feeling. In order to perpetuate itself, every oppression must corrupt those various sources of power within the culture of the oppressed that can provide energy for change. For women this has meant a suppression of the erotic as a considered source of power and information within our lives. (subrayado mío 339)

Entonces, la crítica deja grandes claros que por otro lado resultan polémicos, ya que tendrían que ser escritos desde trincheras que aún no son bien vistas por el canon.

López Martínez al igual que otros críticos, propone una lectura alegórica, ideológica: la España cerrada (Carmen) contra la España abierta (Mario). Delibes se vale de Carmen para presentar "el conjunto de falsedades y vanidades que forman el mundo de esa sociedad" (172); Carmen como la España cerrada y Mario, la España abierta (aunque el símbolo esté muerto); las dos iglesias (preconcilio, postconcilio). Es aquí que viene a colación el primer epigrama al inicio del trabajo (Tyler 41): el hombre se ve como en un espejo, sobre ese espejo identifica a la mujer para imputarle sus propias faltas, creyéndose él a su vez completo sin darse cuenta que las fallas que nota son suyas. El monólogo interior de Carmen aminora su propia figura, levantando cada vez más la de su consorte ya muerto, creando casi un mito (si uno acepta todo lo que dice la crítica). Mario, resulta, al final, ser lo máximo. Veamos lo que Silvia Burunat escribe:

El lenguaje de Cinco horas con Mario, es revelador de las diversas características que componen la personalidad de Carmen Sotillo en su largo monólogo interior. Al mismo tiempo nos va descubriendo las facetas y rasgos del carácter de su marido, Mario Díez. Y va más allá mostrándonos escenas del matrimonio de ambos, de sus padres, de sus hijos. Carmen va apareciendo ante el lector como una mujer tradicionalista, amargada, centro de su propia existencia, ambiciosa en lo material. Mario se descubre como un hombre de ideas sociales avanzadas, postconciliar en cuanto a religión, gran amante de ejercer la caridad directa, honrado, comprometido política y culturalmente. (85)

Casi un dios; el discurso de Carmen, con su "fluir de la conciencia" inicia un proceso continuo de autodestrucción para crear al hombre por excelencia. Por su parte López Martínez escribe:

En cuanto a los personajes, Mario es un catedrático de Instituto que representa al hombre intelectual de ideas avanzadas. Carmen, educada en los inamovibles principios de la moral católica y con unas ideas tradicionales, representa una porción considerable de la mujer de su casa en la burguesía española de los últimos treinta años. (167)

Sobejano de nuevo:

Carmen es Carmen, es la mujer española común y es cierta España satisfecha de su pasado y su presente. Mario es Mario, es el intelectual español esforzado y es una España que trabaja mirando hacia el futuro.

[...]La mujer española corriente, Antonia Quijana o Carmen Sotillo, se define por ser una mujer con principios, entendiendo aquí por principios ciertas creencias inarrancables que ella misma no ha creado, sino aceptado a ciegas y por costumbre. Esos principios son: hay ricos y pobres y siempre los habrá, pues de otro modo sería imposible que los ricos ejercitasen la caridad; es bien que cada uno permanezca dentro de su clase social y no se salga de ella; la salvaguardia del orden es la autoridad rigurosa; la sabiduría, la ciencia, el arte no sirven para nada si no proporcionan seguridad y felicidad; la única religión digna de fe y de obediencia es la católica; España es el mejor pueblo del mundo; hay que guardar las formas y las apariencias; los hombres han nacido para medrar y las mujeres para casarse; los hijos deben obedecer y callar, etcétera. (157)

Crítico tras crítico pone a Carmen en lo más abyecto (que de acuerdo al texto, Carmen se lo merece) levantando la figura de Mario al empíreo. Dice Sanz Villanueva:

Lo que Carmen defiende son las diferencias sociales, el orden político establecido, las apariencias y convencionalismos y una adhesión firme a la iglesia preconciliar.

De este modo se nos presentan dos concepciones de la vida en todo discrepantes. La de Mario, profesor de Instituto, liberal, católico postconciliar; la de Carmen, ama de casa, integrista, víctima de una grave frustración. El representa a los sectores intelectuales inconformistas y ella a las clases medias tradicionales y conservadoras. (889)

Que el discurso de Carmen privilegie al hombre no sucede sólo con Mario. En el último capítulo numerado, Carmen "confiesa" haberse besado apasionadamente con su amigo Paco. El texto así lo dice. Delibes se equivoca y luego se corrige cuando dice: "—Probablemente Menchu llega a irse con otro, pero en el momento culminante se detiene. El único principio moral que rige su existencia es el sexto mandamiento. Y lo quebranta. Ella acepta solamente un freno: la fornicación" (Ríos 75).

¿Cómo quebranta Carmen el sexto mandamiento si no fornica? En todo caso quebranta el espíritu del mismo y es el noveno mandamiento el quebrantado. En su desesperada "confesión" Carmen acepta que "posiblemente" gracias a Paco no se efectúo el acto sexual entre ambos, ya que ella se encontraba sin voluntad, "hipnotizada". Así entonces, es el hombre el que impone el orden en el caos erótico de Carmen; ella misma encumbra a Paco. Entonces, Delibes lo dice en la misma página citada, esa infidelidad es lo que realmente Carmen quería justificar ante Mario (a quien, dicho sea de paso, de acuerdo a Carmen, poco le importaba su mujer).Visto desde un punto de vista neutral, lo que aquí tenemos es una enorme carga virtual sobre los hombros del personaje creado por Delibes: Carmen no se perdona, primeramente, a sí misma por haber dado rienda media-suelta a su expresión erótica. En su arrebato, Carmen desea "confesarse" ante un muerto. Sea lo que sea, Mario, de acuerdo a la religión católica, no tiene ningún poder del perdón sobre los posibles "pecados" de Carmen . Con esto no se intenta justificar, ni tampoco juzgar el hecho (algo que Delibe sí hace), lo que se intenta es ponerlo en la propia perspectiva. Si Carmen y Paco ( o "cualquier hombre atrevido") fornicaron o no, es otro cuento, otra novela. Que la Carmen de Delibes, en su fanatismo ignorante, no lo entienda de otra manera más que ésa, pasa; pero no es posible aceptarlo sin tenerse grandes dudas, no esclarecidas por el texto. Esta exageración de culpa la aceptan los críticos como una realidad porque, en cualquier sociedad, el hombre (macho) no debe permitir que su mujer dé (a otro) o le den una mirada insinuante/tierna/lasciva. Esto último, Carmen lo menciona repetidamente al referirse a las reacciones de Alfredo que defiende a su esposa: "Una mujer es un ser indefenso, Mario, necesita que la dirijan, calamidad, por eso me hubiera horrorizado casarme con un hombre bajito, que la autoridad debe manifestarse inclusive en la estatura, fíjate, que te parecerá una bobada" (175), obviamente, Mario, también creación delibesca, no era como Alfredo.

En el capítulo final (sin número), el discurso de Carmen cambia completamente con respecto al de los capítulos medios. Pero su discurso no cambia con respecto al del intelectual, frío y calculador Mario, su hijo. Durante su monólogo Carmen ha dicho que lo metería en cintura (135). Sin embargo, el discurso de Carmen sigue igual que al inicio: un discurso de subordinación (ante Mario), mostrando que su situación en la casa será como ella misma lo predice "—Cría cuervos" (20). Claro, en realidad tampoco sabemos cómo era su comunicación con Mario el padre. Cuando Carmen menciona la guerra dice: "[...]aunque contigo ni entonces ni después se podía hablar, que cada vez que empezaba con esto tú, ‘calla, por favor’, punto en boca, que te pones a ver, Mario, querido, y conversaciones serias, lo que se dice conversaciones serias, bien pocas hemos tenido" (subrayado mío 73), así pues, ni siquiera podemos decir que la Carmen de los capítulos extremos sea la misma que la de los capítulos medios.

Finalmente, dentro de la novela existen por lo menos dos referencias directas a caricias entre mujeres. Por ejemplo:

Transi siempre fue un poco así, no te digo fresca, pero no sé, impulsiva, que yo recuerdo sus besos cada vez que estaba algo pachucha, en la boca, ya ves, y como apretados, como de hombre, raros desde luego, ‘Menchu, tienes fiebre’ decía, pero de cariño, ¿eh?, que los hombres sois muy mal pensados". (67)

[...]en cuanto te marchabas, me daba un beso en la boca, bastante apretados, desde luego, raros, como de tornillo, ‘Menchu, tienes fiebre, no deberías salir mañana’, que yo no sé si serían celos o qué, ¿me comprendes? Transi, francamente, no ha tenido suerte, que tendría sus cosillas, y quién no, pero también reúne muy buenas cualidades, ya ves tú, lo de la fiebre, a esa edad, atenciones así no se pagan con dinero". (119)

En la segunda cita nótese que dice "un beso", en singular, pero luego los calificativos vienen en plural: apretados, raros. La relación Transi-Carmen presenta dimensiones de relación lésbica. Así entonces, las incógnitas surgen, Carmen no siente culpa por los besos apretados de Transi; ¿cuál es la diferencia entre los besos de Paco y los de Transi? ¿Es la posibilidad de penetración o del goce lo que los hace diferentes? ¿Piensa Carmen que la atracción sexual de la mujer hacia el hombre es única y congénita? Lo extraño es que si Carmen pretende escandalizarse de casi todo, los besos de Transi, aunque "raros", no la conmueven moralmente. Como podrá verse, se producen más preguntas que respuestas por el simple hecho de que la novela muestra grandes contradicciones ideológicas y así prácticamente cualquier cosa es aceptable o no de acuerdo al cristal con que se vea.

En Cinco horas con Mario, pude haber escrito sobre "una conciencia femenina" pero para eso hubiera tenido que repetir lo mismo que dice la crítica, y que es bastante; en lugar de eso, decidí buscar una lectura ‘contracorriente’ a la novela intentando encontrar significados distintos. Primero que nada, encontré que la Carmen creada por Delibes, por lo que dice, merecía los mayores epítetos derogatorios (ya asignados por la crítica), pero también merecía otras consideraciones por tratarse de una construcción desde una perspectiva masculina con una agenda bien definida (esto está claro en las entrevistas con Delibes), y por eso Carmen es una herramienta literaria con fallas ideológicas de consideración. Encontré también que la crítica se encerraba primordialmente en: el lenguaje en la novela, la figura de Carmen y lo que se critica por medio de ella, además de la figura de Mario construida a través del discurso de Carmen. Puse mayor atención a los dos últimos aspectos, considerando que la crítica ya ha hablado bastante de los otros y se encerraba en círculos conformistas citándose los unos a los otros (algo que, acepto, yo también hago aquí) sin aportar algo nuevo en cuanto a la forma de leer el texto.

Obras citadas

Abelove, Henry, Michèle Aina Barale and David M. Halperin, eds. The Lesbian and Gay Studies Reader. New York and London: Routledge, 1993.

Burunat, Silvia. El monólogo interior como forma narrativa en la novela española (1940- 1975). Madrid: José Porrúa Turanzas, 1980.

Delibes, Miguel. Cinco horas con Mario. Barcelona: Destino, 1994.

Gullón, Agnes. La novela experimental de Miguel Delibes. Madrid: Taurus, 1980.

López Martínez, Luis. La novelística de Miguel Delibes. Murcia, España: U. de Murcia. 1972.

Lorde, Audre. "The Uses of the Erotic: The Erotic as Power". Abelove, Henry, Michèle Aina Barale and David M. Halperin, eds. 339-43.

Moffet, James and Kenneth R. McElheny, eds. Points of View: An Anthology of Short Stories. New York: The New American Library, 1956.

Medina-Bocos, Amparo. Guías de lectura: Cinco horas con Mario. Madrid: Alhambra, 1987.

Pauk, Edgar. Miguel Delibes: desarrollo de un escritor (1947-1974). Madrid: Gredos, 1975.

Rich, Adrienne. "Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence". Abelove, Henry,

Michèle Aina Barale and David M. Halperin, eds. 227-54.

Ríos, Alfonso de los. Conversaciones con Miguel Delibes. Barcelona: Destino, 1993.

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© Francisco Manzo-Robledo 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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