Experiencia ecopoética

La cueva de los suspiros


Pablo Mora
Psicopedagogo, Profesor Titular Jubilado de la UNET
San Cristóbal - Táchira - Venezuela
Febrero, 2000



Vamos a entrar ahora en el bosque
donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros
tu presencia y la mía.
Vamos a oír las voces
del viento que en los árboles
se hermanan con los cantos de los pájaros.
 
Vamos a entrar cantando
hasta encontrar la hebra
del primer trino en algún árbol.
Vamos a entrar despacio
hasta el follaje denso
donde el sol llega apenas en jirones,
dorando la tierra y las raíces de los cedros.
 
Tu presencia y la mía
en el bosque la esperan hace tiempo los pájaros.
 
Manuel Felipe Rugeles1

  


1. Sensibilidad, Creación y Vocación

1.1. Creación y Vida

El Humanismo Integral, que procura el equilibrio entre lo pragmático y lo teórico, entre la ratio technica y la verdad o razón alethéitica, anhela, igualmente, que "la ciega investigación de la verdad científica no olvide su responsabilidad humana y su dignidad". (Einstein)2 . Pone el acento en el espíritu crítico y la creatividad, dentro de un momento científico, en donde la prospectiva es la utopía más la verificación, en donde la cibernética misma apela, como medio de investigación y descubrimiento, al razonamiento por analogía considerado por mucho tiempo como del dominio exclusivo de la poesía.3 Creatividad que, se ha evidenciado, exige un pensamiento crítico, científico, a veces dado con la anuencia o complementariedad del pensamiento alógico, incluso, no racional, circundado por una razón poética como visión del mundo, en acechanza permanente del "asombro" que hoy se llama "creación", invención.

De donde, más que nunca, la razón poética ha de asistir a la razón científica, y viceversa, en aras de una unidad de conocimiento humano sobre la base del diálogo y la unidad de las ciencias.

De donde, urge decidirse por la sensibilidad artística en función del Proyecto de Vida, del Proyecto Creador, en los que cada hombre ha de afianzar su vocación, al interior de un contexto, comprometido, crítica y participativamente.

 

1.2. Sensibilidad Externa e Interna

Atento el hombre a su vibracionalidad, en cuanto eje y flecha de la evolución, inmerso en el gran flujo de creación de la humanidad; entre ansiedades, inseguridades, angustias y hecatombes, un día da con la luz o la luz da con él.

Llámese metanoia, conversión, encuentro personal, cambio interior, íntima revolución en sinergia fecundante de co-creación, manía humana ha sido siempre la de captar y realizar la unidad de la persona que llevamos, que exhibimos en heterorrelación constante, dentro de la mántica encarnada en la simpatía filo-ontogenética de la razón humana.

Materializando el espíritu o espiritualizando la materia, damos con nuestro yo, esa sensibilidad humana comprensible sólo al interior de un sistema total orgánico, donde convergen por igual las distintas facultades espirituales. Capacitado para sentir, susceptible al sentimiento y la emoción, dotado de voluntad, intelecto e imaginación, el hombre es capaz de auto-conciencia, de sensibilidad, en cuanto germen ésta de racionalidad, pasaje de lo sensible a lo racional en gradual continuo.

A partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones, como por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad externa a una interna, alcanzando una genérica - sintética, gracias a su tacto personal, tacto seguro (aisthésis) del que depende que podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto - realización, dentro del mejor autodiagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres.4

En un como vaivén existencial, el sentido del tacto -fundamento del entero comportamiento humano- nos permite permear el real hasta aproximarnos o adentrarnos en nuestro fuero personal interno, dar con los fundamentos de esa "fuerza que tiene el espíritu de ponerse en contacto, de una manera u otra, con el ser cirunstante, penetrarlo y posesionarlo", es decir, dar con su sensibilidad, la que a la larga le permite someterse a la prueba del real para confirmar su propia naturaleza emocional sensitiva, donde el "sentido común" emerge como el vértice de una sensibilidad externa, al tiempo que umbral de la sensibilidad interna.5

La memoria como conciencia del pasado, influye en nuestro presente, junto con todas las huellas psíquicas hechas rutinas y hábito, aprendizaje, código y clave de comprensión socio-humana. La imaginación en cuanto facultad de representación de los objetos y fenómenos ausentes, inexistentes, dota a la memoria de una carga imaginativa que va configurando al hombre de fantasía o de imaginación creadora gracias a nuestras potencialidades intrínsecas. Surge, entonces, el momento de la emoción y el sentimiento, esa afirmación espontánea inmediata de quien percibe lo que percibe, de quien constata su ser, en orden a un juicio particular de valor, la vis aestimativa o cogitativa considerada punto supremo de sensibilidad, inicio de la racionalidad. Fuerza estimativa que evoca la antigua "caña pensante" que, al interior del sentimiento, configura el juicio estético, dándole validez a la sensibilidad interna con toda su peculiaridad de representación, conciencia e inclinación.6

El sentimiento, así, recoge en una unidad singular los datos de los sentidos externos y todas las síntesis parciales de los internos, gracias a esa "ratio particularis", fuerza totalizadora de la esfera de las operaciones sensibles del hombre que, quiérase o no, inflama de racionalidad a las facultades sensitivas, dándole significado a las operaciones endógenas y exógenas, transformándolas en signos expresivos de interioridad del sujeto. Fuerza que, desde otro ángulo, va a ser "la capacidad de participar en las emociones de los demás o de simpatizar", más aún, de participar y acoplarse con la totalidad de humor que colorea las expresiones socioculturales anímicas de una época, un aquí y un ahora. 7

M. Blondel atribuye a la sensibilidad un rol propedéutico con relación al conocimiento racional y científico, donde la vida psíquica humana es el resultado de una ósmosis entre hombre y cosmos, estando la vida consciente precedida de aquella inconsciente y fisiológica siendo los sentidos externos puntos de partida psicológicos. Justamente, el punto de partida real no puede ser dado sino por el cuerpo, globalmente considerado a través del encuentro del yo con el mundo; estado real y complejo del cual, en sinergia constructiva, fecundante, nacen las diferentes energías preliminares que dan vida a la conciencia.8

De donde, con el italiano Sante Babolin, podríamos concebir la sensibilidad humana como "aquella tendencia del espíritu, radical, originaria, única e indeterminada, que funciona, actualizándose y especificándose, en todas las facultades humanas, sensitivas y racionales, como un denominador y vínculo de unidad". Siendo así que aquel algo de común existente entre las potencias de nuestra animación -sentir, conocer y querer- manifiesto en la actividad perceptiva, es lo que configura la sensibilidad humana, la nota esencial y constitutiva del espíritu humano, equivalente a la misma naturaleza humana singular. Diríase que el mundo de las cosas y el de las ideas, lo sensible y lo inteligible, encuentran en la sensibilidad la clave gnoseológica en la que converge la explicación del conocimiento.9

 

1.3. Proyecto de Vida y Proyecto Creador

A partir de estas premisas, cabe indagar acerca del papel de la sensibilidad en la persona humana, en la búsqueda de la visión del mundo de cada hombre. La sensibilidad debería ser la plataforma real que nos permita la toma de la conciencia del ideal interior junto con el descubrimiento y posesionamiento de los medios expresivos, del lenguaje adecuado al diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del reconocimiento de nuestras propias potencialidades, en una genuina libertad que nos permita pronunciarnos frente al propio destino. A través del papel activo de la sensibilidad externa, por medio de abstracciones y selecciones perceptivas, podrá el hombre alcanzar el mejor desenvolvimiento de su ratio particularis, de su diferencia individual en consonancia con el contexto existente inmediato y mediato.

Dentro del más racional reconocimiento del sufrimiento y flexibilidad humana, progresivamente, el hombre debería ir despejando las incógnitas de su propia creación y destino; de su auto-creación, desindividualización, co-creación y socio-creación. Allí es donde, en sano Humanismo Integral, la creación artística puede llegar a ser objetivación de la experiencia estética en aras de creación global. La vocación humana estribaría en una gestión de vocación artística en función del Proyecto Creador de cada hombre.

La gloria del vivir nacería, entonces, desde el corazón del hombre como fruto de su misma sensibilidad, de su templanza y perseverancia, de su valor y entereza; de la conciencia de ese gran dolor en viaje, de esa lúgubre letanía del dolor humano, donde sólo el liviano equipaje de la libertad le permitiría pronunciarse frente al propio destino, hasta alcanzar algún día la explosión del triunfo.

Surgiría, así, la visión de un hombre artífice de su propio destino, arquitecto de su propia vida, de manos con la lámpara de la sensibilidad, dando cada día con su arte, con su mejor yo. Entonces, podría corroborarse que el paradigma real de la existencia humana no sea otro que la sumatoria de los intríngulis conscientes signados por la sensibilidad en función de Vocación Creadora. Tarea del hombre sería vivir en permanente búsqueda de completitud humana, en creciente realización. La vocación podría entonces ser definida como la permanente atención que el hombre brinda o depara al llamado personal, sociogénico, con miras a un sinérgico desarrollo colectivo.

 

1. 4. Evolución y Metanoia

Inmerso en el gran flujo de la creación de la humanidad, el hombre asiste hoy a una de las más convulsionadas épocas de su historia, la "era de la ansiedad". Inseguridad individual, desestabilidad familiar, amenazas de hecatombe atómica, angustia generalizada, galopantes crisis, constituyen la urdimbre, la estofa, la trama del Universo, con complejidad creciente. (T. De Chardin).10

Frente a esta realidad, se nos exige una tarea, un objetivo en nuestra vida, el desempeño de una misión que, por contraste, ante la unificación, ubiquitariedad, instantaneidad y omnicontemporaneidad histórica de la "Aldea Global", ante la interactividad, movilidad, convertibilidad, conectabilidad, omnipresencia y mundialización - claves del futuro ecuménico planetario - obliga a una diversificación de funciones, dada la impresionante especialización requerida. Lo que demanda una adecuación continua, una permanente "puesta al día"; inventar en cada ocasión una tarea, una función, un papel nuevos. Como si se tratara de tener que vivir varias vidas en una sola o en "renacimientos sucesivos".11

Difícil, entonces, pretender ser "de una sola pieza" en un mundo en mutación constante. Los llamados o llamamientos unívocos de ayer, tórnanse hoy plurívocos o pluridimensionales. Un ingeniero o arquitecto, por ejemplo, no entienden fácilmente a un abogado, a un financiero o a un médico, quedando la vocación cada día más signada por un enfoque interdisciplinario de "tolerancia positiva" enriquecedora, donde la interacción es base del progreso consciente, sinérgico y solidario. Sería como referirnos a una heterogeneidad dentro de una organización centrada en complejas interioridades compartidas, interdependientes. Todo lo cual nos llevaría a la configuración o formulación de un Proyecto de Sociedad Alternativa capaz de una real liberación mediante decisiones innovadoras dignas del escenario globalizado que actualmente nos circunda.

A pesar de que sepamos que la "humanidad nace sobre todo en las horas de crisis", difícil para el hombre de hoy elegir, encontrarse a sí mismo, participar en la hechura de un mundo cada día más violento, donde la misma "economía del conocimiento" nos presenta una ingente brecha. Entre tanto, el éxito del hombre estriba en entrever su propio sueño, en llegar a un cambio interior, a una conversión, a una metanoia, en lenguaje paulino, capaz de llevarlo a una revolución de su estado de conciencia, en función de una sinergia optimizadora de su realización colectiva.12

Equivaldría a una experiencia de liberación capaz de plasmar una autenticidad, una unanimidad y una verdad, dignas de trascendencia y de advenimiento histórico. Es decir, un real estado naciente entendido éste como "un estado de transición del social en el que se constituya una solidaridad alternativa y una exploración de las fronteras del posible dentro de un cierto tipo de sistema social, a fin de maximizar lo que de aquella solidaridad sea realizable en un momento histórico determinado".13

Estado Naciente que respondería a un real Humanismo Positivo Integral, caracterizado por una individualización (ego-creación), una desindividualización (co-creación) y una contextualización o creación social (socio-creación).

Para ello, es indispensable el concepto de autoestima: esa energía, fuerza interna, proveniente del organismo mismo, que organiza todos sus procesos, les proporciona sentido y dirección, les ordena y orienta, dando lugar a la experiencia, integrándola a su contexto propio individual. Energía que se afianza en dos sub-sistemas interdependientes: el sí mismo y el contexto, representado en el tiempo, el espacio, los aprendizajes, las experiencias del otro, las alternativas, los recursos, valores y normas: un campo de fuerzas que proporciona actualidad, especialidad, originalidad y creatividad a nuestra experiencia total.14

Sistemáticamente, a partir del sí mismo y del contexto individual, de pareja, familiar, organizacional y social, en orden a niveles de complejidad creciente, respondemos a una cultura y a una ecología, donde la autoestima, conscientemente entendida y vivida, nos libera de cualquier catástrofe, individual o social, permitiéndonos llegar a ser, es decir, encontrarnos, hacernos, realizarnos en optimismo existencial, en Humanismo Integral, lejos del miedo al universo o a lo humano mecanizante y absorbente.15

 

1.5. Vocación y Campo Intelectual

Diríamos que el asunto de la vocación, el impulso vital del hombre, pudiera enfocarse desde tres ángulos: el ontológico que sería la razón de ser que la ubica dentro de la sustancia raizal de su identidad; el estético o la vocación de ser, que atañe a la percepción de sus relaciones sensibles, en coherencia funcional; y el ético en cuanto voluntad de ser que preside los alcances connotativos de su contenido, dentro de una genuina autenticidad y finalidad.16

Focalizando aún más, diríamos que la vocación es el llamamiento, la inclinación o afición que acompaña al hombre hasta signarle definitivamente su vida. El deseo vehemente de querer vivir, ser hombre, alguien en la vida. Aliento vital, moldeamiento del instinto, de las pulsiones humanas. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Hacerse como razón última de la persona. Darse formas nuevas. Crearse a partir de lo que fuimos, somos, hacemos y seremos. Progreso hacia sí mismo. Madurar, cambiándose incesantemente. Advertencia de la posibilidad de las potencialidades. Intuición del oficio vital. Determinación, elección de nuestra corriente existencial. Establecimiento de una racional vibración del hombre consigo mismo y con todo cuanto lo rodea.17

En otras palabras, conciencia inmediata, deseo de duración, trascendencia, auto-realización, auto-responsabilidad. Pesquisa sobre el Proyecto de Vida Personal. Tendencia actualizadora, direccional, hacia la totalidad, dentro de un tropismo ascensional positivo. Estado Naciente, no transitorio sino proactivo, permanente. Movimiento productivo centrado en sí mismo. (Carlos Rogers). Búsqueda del ritmo propio. Meditación sobre el ¿qué somos? ¿por qué estamos? y ¿para qué servimos?

Impulso vital que desemboca en la evolución creadora que ha de definir nuestra energía espiritual.18 Impulso existencial. Conjugación de lo real extensivo con lo concreto intensivo. Socialización de expansión y de comprensión. Alternativas de explicatio y complicatio: de desbordamiento y recogimiento.19 Espíritu de simplicidad. Sinergia evolutiva. Llamado histórico. Memoria histórica. Compromiso de cumplir la promesa.20

Tarea para la que fuimos llamados por la naturaleza y hasta por Dios. Aptitud, ocupación básica, inclinación imperiosa, goce espiritual por una ocupación, arte, estudio u oficio. Magnetismo proveniente del campo intelectual, del sistema de líneas de fuerza que en un momento dado del tiempo estructuran, apuntalan el Proyecto Creador. Atracción del campo cultural dotado de un peso funcional específico. Participación y acoplamiento con la tonalidad de humor que colorea las expresiones culturales anímicas de una época.21 Aceptación de la circunstancia única e ineludible: de la nación y del tiempo que nos tocó en vida, el aquí y ahora nuestros.22 "Lograr realizar algún día lo que constituyó nuestro sueño primordial desde que fuimos jóvenes, es decir, ser poetas… (por ejemplo)" (Ludovico Silva).

En una palabra, trátase de una completitud del fenómeno humano, de un henchimiento pleno de la vida, sin pérdida de tiempo. A pesar de que a todos, al final, pueda correspondernos sobre nuestras tumbas el epitafio italiano: "Qui giace un uomo che poteva fare di piú".

 

2. La Cueva de los Suspiros

2.1. Objetivo

A la luz del anterior marco ideológico, referencial y en aras del establecimiento de una racional vibración del hombre consigo mismo y con cuanto le rodea, en pro de una auténtica completitud del fenómeno humano; conscientes de que el arte puede constituir medio para completar la insuficiencia emocional latente en cada hombre, así como de que una genuina educación puede orientar en lo estético estimativo, en nombre del fortalecimiento de la integridad social, nos disponemos ahora a rendir cuenta de la experiencia ecopoética obtenida a través de las "experiencias vividas" en La Cueva de los Suspiros, una de las diez estaciones que integran el Taller Ecológico del Parque Natural Paramillo de la UNET, Universidad del Táchira - Venezuela, a partir del año 1989 hasta nuestros días.

La Cueva de los Suspiros del Taller Ecológico del Parque Natural Paramillo, ubicada en los predios de la UNET, tiene como objetivo el aprovechamiento del medio ecológico como escenario vivencial para la reflexión, la creatividad y la animación espiritual.

Reflexión, creatividad y animación enmarcadas dentro del concepto de sensibilidad y el papel fundamental que ésta presenta en el fenómeno y la realización de la vida humana. Sensibilidad que, en cuanto tendencia del espíritu que actualiza y especifica las facultades humanas como vínculo de unidad, constituye la plataforma que permite la toma de decisiones personales, la toma de conciencia del ideal interior junto al descubrimiento y dominio de los medios expresivos, del lenguaje como cuerpo viviente del diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del reconocimiento y desarrollo de nuestras potencialidades.

Dentro de la concepción del Humanismo Integral, la estación La Cueva de los Suspiros pretende que la creación artística llegue a ser objetivación de las experiencias estéticas, vitales y ecológicas, en búsqueda de un Proyecto Creador donde emerja la posible Vocación Humana, el llamado personal, con miras a un sinérgico desarrollo colectivo, en donde el hombre, artífice de su propio destino, responda al campo intelectual de su tiempo societal.

 

2.2. Metodología

La Cueva de los Suspiros se caracteriza por procurar el equilibrio entre lo pragmático y lo teórico, entre la razón técnica o verdad científica y la razón poética o verdad de creación. En ella tienen cabida, por igual, tanto la reflexión como el asombro y la verificabilidad por vivenciamiento, creación, osadía o invención.

La animación espiritual, en tiempo de un legítimo ecosistema natural humano, considera al diálogo y a la participación como energía cósmica primordial entre el amor y la solidaridad creadora del hombre. Entre los parámetros de la Educación Integral surge, entonces, la interdisciplinariedad como pilar y razón de psicosíntesis, ya sea en el orden interpersonal o de integración sociogrupal, ya sea en la ego-creación, la co-creación o la socio-creación. Se trata de enfatizar la interobservabilidad como clave de lectura humano-social. De promover la tolerancia positiva, permitiendo cada uno de los lenguajes sin complicación de contradicción, oposiciones, egoísmos o mezquindades de ninguna índole.

A través de una visión holística, integral, la imaginación creadora, la concentración mental, la reflexión, la intuición, la meditación y la inspiración, hacen que aflore la serenidad en medio de la frescura del bosque natural ecológico y que, gracias a un relajamiento programado, cada quien obtenga un encuentro consigo mismo, con sus otros, con su entorno, sus ideas y aspiraciones. En fin, se trata de una experiencia ecopoética que procura construir y reconstruir el sueño, los sueños, desde el balcón en que nos llamamos cada madrugada. Vueltos de cara hacia la espesura de la Vida.

A través de microvivenciales que facilitan la valoración, el descubrimiento y la comprensión de la situación existencial propia y ajena, junto con sus problemas y roles, se alcanza una clara fusión de lo aspiracional con lo inspiracional de la naturaleza humana de los participantes, tendente a la búsqueda, desarrollo, consolidación y mantenimiento de una sociedad altamente creadora, enriquecedora, ecológica, no opresiva.

Frente a un mundo duramente distorsionado, alienado, traumatizado, hambreado, en permanente crisis y catástrofe, La Cueva de los Suspiros pretende ser una contribución, un real aporte para el reencuentro humano creador, al interior de la Educación Integral Permanente, en aras de un desarrollo sostenido, sustentable, con base en una autosustentación personal-colectiva en pro de la optimización de la Calidad de Vida.

 

2.3. Ejercicios

A manera de muestra de los ejercicios desarrollados en La Cueva de los Suspiros, transcribimos algunos de los textos poéticos utilizados con el fin de generar una respectiva dramatización y un análisis por parte de los asistentes, con sus correspondientes vivencias personales y grupales.

ejercicio
de
soledad:
cuente
solamente
hasta
uno
 
*
 
Rompa a martillazos
el aire que le rodea
 
Luego
salga tranquilamente
 
 
*
 
 
música
añeja:
 
recuerde
un
ruido
que
se
produjo
años
atrás
 
*
 
en una noche

muy oscura  
hable
con claridad  
*
 
Para que la esencia de este poema
pueda ser asimilada
 
debe ser leído
por toda la humanidad a la vez
 
*
 
apriete
este libro
con mucha fuerza
 
 
hasta
que todas las palabras
 
mueran
 
 
*
 
Lea este poema
 
sin hacer uso del tiempo
 
 
*
 
Escriba:
 
la palabra segundo en un segundo
 
la palabra minuto
en un minuto
 
la palabra hora
en una hora
 
la palabra día
en un día
 
la palabra semana 
en una semana
 
la palabra mes
en un mes
 
la palabra año
en un año
 
la palabra vida
en una vida
23
 

2. 4. Resultados

Dentro del sub-programa Poesía Colectiva que suscribe la Poesía, Sociedad Anónima de Gabriel Celaya, a partir de una previa instrucción y convivencia, dentro de un sinérgico co-aprendizaje creador, se obtienen resultados como éste de una composición poética in crescendo:

Hoja
insignificante volandera
débil y hermosa
respiras sollozante en soledad
mientras el viento te circunda
mientras nosotros a tus pies dormimos

O como el siguiente que gira alrededor de la metáfora:

Gota de luz
Fogoso trino
Lluvia de cristal
Fósforo de canto
 
Compás de tiempo

Violento aplauso
Gozoso instante
Ojos de la sed soñando
 
Nota
y origen
y nacer
y triunfo
y muerte

O en el caso de una mariposa en aras del amor heroico:

Mariposa solitaria luchadora cabalgando
jadeando coronando sin bridas sin espuelas
arrancando de raíz al Héroe
para hacerle mirar a las estrellas

O el de un simple verso guardado en el bolsillo:

Amor que no puedes caminar como una hoja

 

2.5. Conclusiones

Cueva de los Suspiros para la temprana inspiración. Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para la hojita verde con sol que sintetiza el afán… Para juntar todos los pasos y oír la algazara de los sueños. Para los silencios de las sombras que esconden a su dios. Para el azul que ennegrece en las colinas. Para la Luna de Paramillo. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus floridos cafetales, sus veredas, sus esquinas húmedas de llorar por dentro, de tanto ser testigo.

Cueva de los Suspiros para el silencio de la arboleda. Para el regreso a la hospitalaria cuenca de la infancia vegetal. Para la hojarasca vagabunda. Para recorrer los cielos del mundo en busca de praderas florecidas. Para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no existe, que la noche se apoderó del mundo, que jamás hubiéramos creído que tanta muerte pudiera estar junta.

Cueva de los Suspiros, concebida como una poética del "pasar transindividual", uno para el otro, con el otro y en el otro. A modo de Poesía, Sociedad Anónima, a partir de una Función Uno: el yo aislado; hasta diluirse en una Función Ene: los otros, el colectivo; dentro de una Equis: el implacable e incomprensible orden de las leyes o reglamentos no humanos. Es decir, transindividualización en pulsión inagotable de cocreación y sociocreación. (Gabriel Celaya).

Cueva de los Suspiros, donde lo poético es la vivencia, el sentir lo que las palabras y la vida tratan de decir; donde revalorizamos las formas de soñar, de reír, enmudecer, conversar, meditar, gesticular, gritar; donde abogamos por la Vida; donde no se trata de vivir de la poesía o para la poesía, sino de vivir a secas la Poesía. (Rafael Cadenas).

Cueva de los Suspiros para enredar las trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido agudo, penetrante, de la flauta pequeña de los ángeles. Pausa breve para cantarle al hombre, a la fogata, a la floresta y a la vida. Para ensayar todavía la palabra. Para ensayar el último suspiro con que tengamos que despedirnos de esa sombra que supo de nosotros. Para la cósmica energía de la solidaridad del hombre. Para la serena mirada de la abeja en medio de la plegaria de la violeta y del responso apacible de la araña. Para ese párpado de hormiga andando por la vida que apenas somos. Para ese paso de una sombra que apenas parecemos.

Cueva de los Suspiros para el hombre triste, sin palabra y sin llanto, que anda por las veredas con su vara y su perro, apacentando sueños detrás de los rebaños. Para la verde luz del campo, la gravedad del pino que se curva ya viejo sobre la tierra. Para las grietas del arado. Para entrar en el bosque donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros tu presencia y la mía… Para entrar cantando hasta encontrar la hebra del primer trino en algún árbol. (Manuel Felipe Rugeles).

Cueva de los Suspiros para alimentar los sueños. Para cifrar las formas de las cosas. Para el ruedo de la vida. Para emprender jornadas. Para fijar partida. Para construir y reconstruir el sueño. Para el balcón desde el que nos llamamos cada madrugada, sin que nadie nos conteste. Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida.

Cueva de los Suspiros, experiencia ecopoética, para saber quiénes somos, por qué estamos; para qué servimos. Cuál nuestro grito, nuestra palabra, nuestra propuesta. Cuál nuestro compromiso, nuestro proyecto, nuestra evolución creadora. Para reconocer que sin emociones no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda humana de la verdad; y que el libre desarrollo de cada individuo debe llegar a ser la condición del libre desarrollo de todos. Para convencernos que el arte, en cuanto "arma de la historia", debe constituir real alternativa de transformación, de cambio social; tal como de la exploración del universo físico deberíamos llegar a la exploración de nuestro humano fondo.

 

Notas:

  1. Rugeles, Manuel Felipe. Poesías. Caracas, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, 1961. pp. 24 - 25.

  2. Laloup, J. La Ciencia y lo Humano. Barcelona, España, Editorial Herder, 1964. p. 289.

  3. Garaudy, Roger. La Alternativa. Buenos Aires, Argentina, Editorial Tiempo Nuevo, 1972. pp. 101 - 116.

  4. Jaeger, Werner. Paideia. México, Fondo de Cultura Económica, 1985. p. 800.

  5. Babolin, S. Il Ruolo della Sensibilitá nella Persona Umana. En: Rivista di Scienze dell ' Educazione. Torino, Italia, año XII, Número 2, mayo - agosto, 1974. pp. 164 - 171.

  6. Idem.

  7. Idem.

  8. Idem.

  9. Idem.

  10. Esposito, Rosario F. La massificazione non essiste. Roma, Italia, Edizioni Paoline, 1978. pp. 94 - 100.

  11. Alberoni, Francesco. El Árbol de la Vida. Barcelona, Gedisa, 1985. pp. 96 - 114.

  12. Barroso, Manuel. Autoestima: Ecología o Catástrofe. Caracas, Galac, 1987. pp. 463 y ss.

  13. Alberoni, Francesco. Movimento e Istituzione. Bologna, Societá Editrice il Mulino, 1977. p. 45.

  14. Barroso, Manuel. Op. cit. pp. 239 y ss.

  15. Ibidem. Pp. 85 - 145.

  16. Guédez, Víctor. Colette Delozanne: La raíz ontológica, la coherencia estética y la autenticidad de su obra. En: Culturales, Diario El Universal, Caracas, 8 de mayo de 1988. Cuerpo 4. p. 3.

  17. Bergson, Henri. Obras Escogidas. Madrid, Aguilar, 1959. pp. 17 - 43.

  18. Idem.

  19. Spranger, Eduardo. Cultura y Educación. Buenos Aires, Espasa - Calpe, 1948. pp. 86 - 87.

  20. Alberoni, Francesco. Las Razones del Bien y del Mal. Barcelona, Gedisa, 1986. pp. 139 - 150.

  21. Pouillon, J. et alii. Problemas del Estructuralismo. México, Siglo XXI Editores, 1971. pp. 135 - 182.

  22. Ortega y Gasset, José. Historia como Sistema. Madrid, Revista de Occidente, 1950. p. 70.

  23. AA. VV. Texto Poético 8. Valencia, España, 1985.


© Pablo Mora 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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