LA POESÍA EN PROSA EN LORCA

Dr. Benigno León Felipe
bleon@ull.es
Departamento de Filología Española
Universidad de La Laguna

   


En la última edición de las Obras completas de Lorca (Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 1996, 4 tomos, edición de Miguel García-Posada) se incluyen bajo el rótulo "Poemas en prosa" los siguientes textos: "Santa Lucía y San Lázaro", "Nadadora sumergida. Pequeño homenaje a un cronista de salones", "Suicidio en Alejandría", "Amantes asesinados por una perdiz", "Degollación de los inocentes", "Degollación del Bautista" y "La gallina. Cuento para niños tontos". Todos ellos se escriben entre 1927 y 1928, y fueron publicados sueltos en esos años en diversas revistas. A estos hay que añadir dos textos más incluidos en la sección "Poesía varia. Poemas descartados": el primero, "La muerte de la madre de Charlot", fechado en manuscrito en el año 1928, y publicado previamente en El País en 1989, está incompleto; y el segundo, "coeur azul-corazón bleu", también fechado en 1928, se publica en esta edición por primera vez. Estos dos poemas descartados en su momento del conjunto no aportan ningún dato de interés.

Según anota Miguel García-Posada, la idea de agrupar los poemas bajo el rótulo "Poemas en prosa" se manifiesta ya en 1928, año en que corrige pruebas de imprenta de estos textos para Verso y prosa. Y en enero de 1936 citaba Poemas en prosa entre sus libros terminados. De estos datos hemos de deducir que Lorca tenía plena conciencia de la escritura, como género autónomo, de poemas en prosa.

"Santa Lucía y San Lázaro", calificado en principio por su autor como ensayo en prosa, es el texto más extenso, ocho páginas, y está subdividido en diez apartados muy irregulares separados por asteriscos, que se encadenan por medio de motivos temáticos: cada parte se inicia con el motivo con que termina la parte anterior. Se estructura sobre un esquema argumental muy simple y anecdótico, cuya función parece ser la de unir una sucesión de imágenes y metáforas desarrolladas a partir de la figura de un extraño viajero en el que confluyen las visiones de los dos santos que titulan el poema. Pero la existencia de un hilo argumental no impide la presencia de elementos líricos determinantes. La profusión de metáforas de muy diversas hechuras configuran un mundo imaginativo que se superpone a la anécdota narrativa, valgan estos ejemplos: "Caían de los techos en sombra yertas manzanas de miedo", "Abajo el mulo resoplaba. Quiero decir que abría el girasol de su boca", "Un realísimo esquema mortal ponía en mi corbata iniciales de niquel", "El ruido de un tren se acercaba confuso como un paliza".

En "Nadadora sumergida" nos encontramos al Lorca más surrealista. Algunas de sus imágenes nos recuerdan a Crimen de Agustín Espinosa. Vean la similitud de algunos elementos entre este poema y "Hazaña de sombrero" de Espinosa.

A la mañana siguiente fue encontrada en la playa la condesa de X con un tenedor de ajenjo clavado en la nuca. Su muerte debió ser instantánea. En la arena se encontró un papelito manchado de sangre que decía así: "Puesto que no te puedes convertir en paloma, bien muerta estás".

Los policías suben y bajan las dunas montados en bicicletas.

>Se asegura que la bella Condesa de X era muy aficionada a la natación, y que ésta ha sido la causa de su muerte.

De todas maneras podemos afirmar que se ignora el nombre de su maravilloso asesino. ("Nadadora sumergida")

En el final de "Hazaña de sombrero" también nos encontramos, a la misma hora, con un cadáver en un espacio abierto:

Al amanecer del día siguiente era encontrado en una alameda de las afueras el cadáver de una niña de seis años. Llevaba puesto un sombrero de hombre, sujeto por un grueso alquiler, que, perforándole ambos parietales le atravesaba la masa encefálica.

"Suicidio en Alejandría" es un curioso juego numérico: el poema se subdivide en pequeños párrafos separados por parejas de números dispuestos en orden decreciente. El motivo principal, como en el poema anterior, está también relacionado con la muerte:

13 y 22

Cuando pusieron la cabeza cortada sobre la mesa del despacho, se rompieron todos los cristales de la ciudad. Será necesario calmar a esas rosas, dijo la anciana. Pasaba un automóvil y era un 13. Pasaba otro automóvil y era un 22. Pasaba una tienda y era un 13. Pasaba un kilómetro y era un 22. La situación se hizo insostenible. Había necesidad de romper para siempre.

En "Amantes asesinados por una perdiz" se alternan partes dialogadas y partes en verso corto. Constituye un juego de desmembración y confrontación de elementos ilógicos: ojos cerrados/uñas abiertas; cintura/playa; espalda/tierra; tierra/anís; luna/hombro izquierdo; elefante/niño; niño/junco. De este poema resalta la siguiente metáfora: "Voy a llorar hasta que de mis ojos salga una muchedumbre de siemprevivas", que nos trae al recuerdo "un rumor de siemprevivas / invade las cartucheras" del "Romance de la guardia civil española" incluido en el Romancero Gitano.

Los dos poemas de las degollaciones están inspirados en pasajes evangélicos relacionados con la figura de Jesús. En la "Degollación de los inocentes" Lorca adopta un tono menos surrealista, pero igual de trágico:

A las seis de la tarde ya no quedaban más que seis niños por degollar. Los relojes de arena seguían sangrando pero ya estaban secas todas las heridas. Toda la sangre estaba ya cristalizada cuando comenzaron la surgir los faroles. Nunca será en el mundo otra noche igual. Noche de vidrios y manecitas heladas.

Los senos se llenaban de leche inútil.

La leche maternal y la luna sostuvieron la batalla contra la sangre triunfadora. Pero la sangre ya se había adueñado de los mármoles y allí clavaba sus últimas raíces enloquecidas.

En la "Degollación del Bautista" se intercalan partes dialogadas de manera teatral, cuyos parlamentos consisten en la repetición de ayes y otras expresiones como cuchillo, navaja, filo y luz, con otras partes descriptivas a modo de acotaciones escénicas.

En "La gallina", subtitulado "cuento para niños tontos", hay un curioso juego verbal e imaginativo sin mayor trascendencia y de escasa intensidad lírica. Se sitúa en la frontera entre el cuento lírico y el poema en prosa.

Este grupo de poemas en prosa representa una aportación endeble de Lorca a la historia del poema en prosa español. Con la excepción parcial de las dos "Degollaciones", el resto de los poemas citados no van más allá de logrados ejercicios de imaginería en los que sí hay destellos geniales sorprendentes, pero no conforman un conjunto importante. Si la aportación de Lorca se redujera sólo a estos poemas, habríamos de concluir que su contribución es escasa, tanto en cantidad como en calidad, escasez que se manifiesta aún más si lo comparamos con otros autores coetáneos y de la generación del 27, como Jorge Guillén o Rafael Alberti, autores de numerosos poemas en prosa publicados en revistas o repartidos en sus libros, o Vicente Aleixandre, cuyo Pasión de la tierra, libro compuesto íntegramente por poemas en prosa, pasa por ser uno de los títulos más significativos del poema en prosa surrealista; o Luis Cernuda, autor de dos colecciones de poemas en prosa, Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano, que representan una aportación tan significativa como la de Juan Ramón Jiménez, autor a quien le corresponde, sin duda, el mérito de ser el poeta cuya contribución no ha sido superada, y su influencia en el poema en prosa posterior fue determinante y decisiva para el asentamiento definitivo del género en la poesía española contemporánea. O los casos menos conocidos, pero muy significativos, de José María Hinojosa en La flor de California, o Juan Larrea en Oscuro dominio, o el del canario Agustín Espinosa en Crimen.

Pero el cultivo de la poesía en prosa en Lorca no se reduce a estos textos. Su obra nos ofrece otros textos, catalogados de muy diversas maneras, que encajan perfectamente dentro de los límites del poema en prosa.

En el tomo IV de las Obras completas, Primeros escritos, se agrupan los escritos juveniles publicados tanto en forma de libro como en periódicos y revistas, más un conjunto considerable de textos inéditos.

Dentro del apartado de "Obra divulgada" se incluyen cuatro breves textos de temática variada: "Fantasía simbólica", descripción impresionista de su ciudad natal, es un poema polifónico en el que la voz del narrador lírico se desdobla en varias voces. Unas de las voces es la de la propia ciudad:

La ciudad (con voz de campana)
¡Salve! ¡salve!
La luz era extraña y violeta. El silencio comenzó a tocar su ruido desfallecido y de raso negro y los ríos siguieron con su beso eterno...
El color de todo era azul, plata y rosa... Unas guitarras, sonaban desgarradas y sublimes. Sus bordones, eran gritos de amor y pasión. Las flores de los balcones estaban abriéndose, y los gallos hablaban unos con otros...
Granada era un sueño de sonidos y colores.

Los otros tres textos, "Divagación. Las reglas de la música", reflexiones inconexas sobre el carácter único y, por tanto, ajeno al establecimiento de reglas para la comprensión de las obras de arte geniales; "Comentarios a Omar Kayyam", glosa íntima de la obra y figura de este poeta árabe; y "Un prólogo que pudiera servir a mucho libros", visión cálida y romántica de la poesía, a pesar del tono ensayístico que delatan sus títulos, pueden considerarse poemas en prosa. El tratamiento de la materia temática y el lenguaje utilizado son líricos. Se puede comprobar en el comienzo de "Un prólogo que pudiera servir a muchos libros":

Un eco de balada sentimental es en nuestro corazón la visión del crepúsculo. Brillan nuestras estrellas interiores al sentir la cálida caricia de Venus que tiembla tiernamente en el horizonte. Nuestra historia sea larga o corta la tenemos que sufrir. Y es grandemente doloroso pensar en nuestra vida que tendrá su florecimiento, que llegará a su apogeo y que morirá dulcemente en el otoño fatal...
El libro del crepúsculo nos abre sus páginas de borrachera melancólica y nosotros las leemos llenos de inquietud serena. Florecen los campos de amapolas.


Impresiones y paisajes, su primer libro, publicado en 1918, es el resultado de los viajes de estudio realizados por Lorca en los años 1916 y 1917 por diversos lugares de España. Está compuesto por una cinquentena de prosas divididas en tres grupos, precedidas por un interesante "Prólogo" del que se desprende de una manera clara la intencionalidad poética de Lorca:

Todas las escenas que desfilan por estas páginas son una interpretación de recuerdos, de paisajes, de figuras.[...] La poesía existe en todas las cosas, en lo feo, en lo hermoso, en lo repugnante; lo difícil es saberla descubrir, despertar los lagos profundos del alma.

Efectivamente, este libro primerizo de Lorca conforma un conjunto de prosas descriptivas, impresionistas, sensoriales, con pinceladas modernistas y románticas que nos recuerdan a Rubén Darío, a Machado, a Azorín. Las visiones y los referentes espaciales -lugares, monumentos, calles, amaneceres...- que les sirven de materia temática terminan la mayoría de las veces convirtiéndose en simples anécdotas al servicio del sentido más poético. Por todo ello, y con todas las reservas que una adscripción genérica de este tipo conlleva, creo que los textos de Impresiones y paisajes deben ser considerados como un conjunto de poemas en prosa descriptivos, en los que es apreciable el componente romántico-modernista que suele caracterizar los primeros escritos lorquianos. Véanse todos estos rasgos en el siguiente texto:

UNA CIUDAD QUE PASA

Cielo azul. Tranquilidad solar. Por las encías de las murallas pasan ovejas blanquísimas dejando nubes de plata vaporosa. La ciudad deja sonar sus trompas de suavidad metálica como miel infinita.

Hierro... Estallidos de solemnidad. A lo largo y entre los humos del caserío se dibujan los triunfos románticos de las iglesias señoriales, severas, distinguidas, un poco chatas, con sus campanas paradas, con sus veletas que son cruces, corazones, sierpes, con sus colores de oros perdidos en verduras mohosas... Hay ópalos amarillos sobre las garras monstruosas de los montes. Hay sobre la ciudad medioeval temblores de luz... Hay un reposo musical de las cosas.... La mañana está clara.

En el apartado de "obra inédita" nos encontramos con un numeroso grupo de prosas, escritas en los años 1917 y 1918, unidas por la temática musical y religiosa. Se dividen en tres grupos: "Místicas (De la carne y el espíritu)", "Estados sentimentales" y "Meditaciones". Son ejercicios de escritura poética en los que, quizá, haya una excesiva presencia de referencias vitales. La mayoría se sitúa en los umbrales del poema en prosa, y algunos, incluso, creo que los traspasan.

También en la prosa de madurez, recopilada en el tomo III de la citada edición, y en el que aparecen conferencias, alocuciones radiofónicas, homenajes, prosa varia, entrevistas y declaraciones, además de todo su epistolario, nos depara algunas sorpresas. Miguel García-Posada señala acertadamente que ""Juego y teoría del duende" demuestra el sentido profundo de las conferencias lorquianas: su destino fatalmente poemático. Porque, en efecto, son a su manera poemas y, como tales -gratuita, desinteresadamente- deben leerse". Asimismo, la segunda de las "Alocuciones argentinas" fue subtitulada como "Ensayo o poema sobre el toro en España". Pero es en el apartado de "Otras prosas" donde encontramos ejemplos claros de poemas en prosa: En "La noche centenaria" aparece el Lorca visionario y pesimista:

Esto es ya inevitable, y la pobre tierra llora en la soledad de la sombra, rellena de muertos y arrugada por los siglos, esparciendo su melancolía milenaria a través de la noche casi abierta.

Después de todo...

Si la poesía no tuviera el olfato de un perro cazador, costaría mucho trabajo salir de esta caja de cemento de portlant en que nos han metido.

En esta panorámica hemos intentado reflejar que la aportación de Lorca al poema en prosa no se circunscribe exclusivamente al pequeño grupo de textos que bajo ese rótulo aparece en su obra, sino que muchas de sus otras prosas, que en principio no se han catalogado como tales, sobre todo las incluidas en Impresiones y paisajes, son por derecho propio poemas en prosa y desde esa perspectiva deben ser leídos y analizados.


Benigno León Felipe es doctor en Filología. Profesor de Literatura Española en el Centro Superior de Educación y en la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad de La Laguna (Tenerife, España).



© Benigno León Felipe 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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