MIGUEL HERRÁEZ:

 

MIS NOVELAS CUENTAN LA VIDA EN MINÚSCULA


Ángel Asensi


 

 

   

Miguel Herráez (Valencia, 1957) acaba de publicar una nueva novela, Bajo la lluvia. Se trata del tercer relato protagonizado por Germán Tello, el cual ya había aparecido en Click (1994) y en Confía en mí (1999). La trama de esta nueva entrega, antes que policial, es política, pero a su través vislumbramos una peripecia sicológica: se diría que bajo la lluvia nada es lo que parece.

El protagonista regresa a Valencia, tras la muerte de Carrero Blanco, una ciudad que le espera inclemente y desapacible. Intuye que sólo entre sus calles podrá cumplir su destino y esquivar a sus perseguidores, tal vez porque la libertad ansiada le exige primero de todo aniquilar al carcelero interior, porque, en definitiva, la realidad no se dibuja fuera, sino dentro de cada uno de nosotros.

Las tres novelas han sido publicadas por la editorial Ronsel, de Barcelona. Para finales de año, verá la luz también su último libro de relatos, Punto y seguido, que consta de quince cuentos nuevos. Herráez, además de ser un autor de ficción, tiene en su haber varios ensayos, de entre los que cabe destacar La estrategia de la postmodernidad en Eduardo Mendoza (publicado también en Ronsel), que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Juan Gil-Albert y el de la Crítica Literaria Valenciana; y el Epistolario de Vicente Blasco Ibáñez-Francisco Sempere, compendio de cuatrocientas cartas (inéditas hasta la edición de este volumen) remitidas entre 1901 y 1917 por Blasco a su editor.

 

Pregunta: ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué aumenta por días el número de novelas y autores que quieren narrar la transición? Juan Luis Cebrián, Félix de Azúa, Rafael Chirbes, Joaquín Leguina y ahora usted.

Respuesta: Sin ningún ánimo exclusivista ni competitivo, debo decirle que esos cuatro autores que me cita, y a los que admiro, han publicado sus novelas en los últimos meses. Mi primer relato con Germán Tello, Click, es del 94. Confía en mí va para dos años. Con ello quiero subrayar que no es que vayamos unos a remolque de los otros sino que el tema atrae, bien porque los responsables de las novelas vayamos teniendo edad y sintamos deseos de recuperar un espacio de nuestra vida, bien porque el momento invite a regresar a ese tiempo, de otro lado tan conflictivo como lleno de incertidumbres.

Pregunta: ¿Durante el franquismo había personajes, se daban situaciones como los que hay en Bajo la lluvia?

Respuesta. Creo que sí. Tengamos en cuenta que sitúo tanto este argumento como el anterior, Confía en mí, al final del franquismo, y en 1973 el régimen, por la fuerza de los acontecimientos, se empezaba a ver obligado a desactivar bastante de su componente policíaco.

Pregunta: ¿Quiere decir que, inmediatamente tras la muerte de Carrero Blanco, la dictadura de Franco se convierte en una dictablanda?

Respuesta: No exactamente. El régimen de Franco fue dictadura hasta su mismo final. Recordemos que, dos meses antes de la muerte de Franco, son fusilados cinco activistas, lo cual provoca una gran conmoción dentro y fuera de España. Fueron llamados a consulta los embajadores del Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, Noruega y la antigua República Federal de Alemania; en Lisboa, es incediada la embajada de España, en París se manifiestan contra Franco, etc. Incluso políticos europeos aparecen en medio de las concentraciones con huchas en las que recaudan dinero con que ayudar a la resistencia antifranquista. Quiero decir que el régimen acaba tal como empezó, con muerte.

Pregunta: No obstante, su Germán Tello no parece el tipo que milita desde la conciencia política. Me refiero a que su percepción de la realidad pasa por una especie de filtro que relativiza la dureza de esos años de lucha.

Respuesta: Quede claro, en principio, una cosa: que afronte la realidad desde el distanciamiento que me permite el tiempo, no significa, en absoluto, que observe, como dice, aquellos años de lucha con tibieza. No. Fue una época tremenda para quienes se enfrentaron con su propia vida a un sistema vertical, autoritario, injusto, trágico, doloroso. Otra cosa es que me apetezca desmitificar determinadas acciones de determinados activistas. Yo conocí gente que usaba la política como puro ejercicio narcisista. Porque no estoy hablando de miembros de partidos que daban su respuesta desde el riesgo de la clandestinidad sino personas que se llenaban la boca de términos como dialéctica o con expresiones hechas, muy en línea con Gramsci, sobre la función social del intelectual y todo eso, pero que de jugar no se jugaban un ápice su bienestar y seguridad. Eran personas a quienes les encantaba ir a los cineclubs, pero no por el debate de la película sino para utilizar el mismo como excusa y así enjuiciar el estado de cosas que les rodeaba.

Pregunta: ¿Pero eso no se puede considerar positivo? Un personaje suyo se lo dice a Germán Tello: “Cualquier cosa, por pequeña que sea, si sirve para ulcerar el régimen, bienvenida sea”.

Respuesta: Sin duda. Pero esa posición, más estética que ética, para mí es criticable, si bien en mi análisis no hay ninguna aspereza, sólo hay una cierta ridiculización de actitudes. Y es criticable porque entiendo que esa lucha está puesta al servicio de unos intereses específicamente particulares. Mire, todos conocemos personas ególatras que, con tal de atraer la atención, son capaces de hacer lo más inesperado. Ahí localizo el pulso de Bajo la lluvia, en alguien, Germán Tello, que no quiere renunciar a su propia individualidad por el simple hecho de pertenecer a una célula compuesta por tres o cuatro desorientados.

Pregunta: Pero Tello, ¿por qué manifiesta un compromiso tan débil?

Respuesta: No es un compromiso débil, ni mucho menos. Lo que ocurre es que expresa un compromiso más coherente. Él fluctúa entre su propio hedonismo, que de cualquier manera es antifranquista, y una toma de consideración más explícita, pero lo que ocurre es que no le convence nada lo que ve en los amigos de Luis, su compañero, que sí es militante.

Pregunta: ¿Cuánto hay de Tello en usted?

Respuesta: Mucho. En todo perfil ficcional hay parte de quien lo inventa. Yo me reconozco en muchas de las cosas que dice y que hace, en su indefinición ante la toma de partido, en su postura de mirón social, algo que le escuece. Además me encuentro a gusto rescatando ese trozo de tiempo, no por la presión angustiosa de lo que fue el franquismo, sino por el regreso a una atmósfera que contemplo con cierta nostalgia. Escribir la novela ha sido un ejercicio grato. Me apetecía hablar de una capital de provincias a principios de los setenta, con toda esa rémora de complicidades tácitas enfrentadas a lo instituido. Era mucho más fácil que hoy: se estaba contra todo lo que naciese del régimen. Los que, por entonces, éramos jovenes o jovencísimos sentíamos que todos nos encontrábamos en el mismo ángulo, de ahí tanta coincidencia en actuaciones de Lluís Llach o Raimon o Daniel Viglietti, o en sesiones de cineclub o en manifestaciones o concentraciones en la Facultad.

Pregunta: ¿Precisamente por la carga de esa nostalgia que cita, no cabe la posibilidad de edulcorar aquel tiempo que, para muchos, fue deprimente?

Respuesta: Creo que no. En todo caso es verdad que el paso del tiempo selecciona y nos deja en el tamiz lo esencial. Esa esencialidad es la que he querido revivir: el discurso de un costumbrismo cuyos puntos cardinales son sencillamente la vida intrahistórica.

Pregunta: Tras lo dicho, se impone una pregunta muy clara: ¿Ha pretendido hacer una novela política?

Respuesta: Rotundamente, no. Como digo, he querido recuperar parte de mi memoria histórica y lo he hecho desde las formas que considero mejores. Desde el contar la vida con minúscula, que es la única, la verdadera. Abandono los sucesos de gran impacto, los grandes hechos, e indago en esas conversaciones que se dan en la novela, en esas situaciones que nacen y mueren en la cotidianidad.

 

Antecrítica del autor a su obra

 

© Ángel Asensi 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/herraez2.html