La Celebración como marco ficcional del escritor venezolano
"De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús", de José Rafael Pocaterra
y "1935", de Orlando Araujo

 

Javier Meneses Linares
Universidad del Zulia
Maracaibo, Venezuela


 

 


La celebración como instrumento ideológico, acto ficcional, arquetipo o afirmación de cuadros de costumbres, surge de manera casi instantánea en la narrativa venezolana a lo largo de su historia. Los personajes se mueven de acuerdo a un acontecimiento (celebraciones, fiestas patrias, velorios, etc.) sobre todo en la cuentística venezolana. Es precisamente en la cuentística donde esas manifestaciones adquieren carácter de solemnidad y sirven de intronización de los más ricos personajes, que gracias a esta ‘mezcla’ logran penetrar en la conciencia de las clases sociales.
Hemos seleccionado dentro del gran número de cuentos importantes venezolanos, dos, que a través de la ‘celebración de noche buena’ nos presentan dos realidades de un momento socio- histórico de gran importancia en nuestro país: la dictadura de Juan Vicente Gómez.
La celebración como instrumento oficial, sirve a los escritores José Rafael Pocaterra y Orlando Araujo para recrear un acontecimiento, una época y al hombre hacedor de esa historia, de esa cultura y de una tradición ancestral.

Palabras Clave: celebración, sociabilidad, historia, cuadros de costumbres.


 

Lo que todas las regiones de América Latina
tienen en común es su pertinencia a un mismo conjunto
político, religioso y cultural: la pluralidad y la diversidad
no pueden explicar la unicidad de un fenómeno,
ni las estructuras explicar los bruscos cambios.
Francois Xavier Guerrá.

 

 

   

En la mayoría de las novelas venezolanas de finales del siglo XIX y comienzos del XX vemos la formulación de ideas teorizantes que expresan la ideología de cada autor, éstas se manifiestan en meditaciones sociológicas, alegatos en favor de las causas sociales, reflexiones de carácter histórico, escritos polémicos o de críticas literarias. Tal disertación se dio a través de la perspectiva del sujeto narrador o por medio de un personaje. "Aparece así la imagen de una sociedad contractual, de una nación homogénea, formada por individuos libremente asociados, con un poder salido de ella misma y sometido en todo momento a la voluntad de los asociados. (Guerrá 1993:24).

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se presentan en el país profundas crisis (de orden económico, político y social); con el propósito de subsanarlas se ideó el llamado ‘Proyecto Nacional’, el cual fue formulado por la clase dominante, también se señaló, que los intelectuales estaban más cerca de estas clases que el pueblo; surgiendo así dos sectores sociales que emprendieron la tarea de proponerlo a la nación como única solución a la problemática existente. Nuestra literatura se nutrió de una visión optimista de desarrollo, de pujanza, donde Venezuela había sido predestinada a ser la patria de la libertad, y ese estado de entusiasmo, de exaltación se reflejó en la literatura, transformándose en un instrumento de afirmación nacional y de justificación ideológica.

Muchas razones -dice Jesús Puerta- pueden explicar esta adhesión de los intelectuales al llamado proyecto nacional, que se infiere en la temática de las obras o "géneros secundarios" de acuerdo a la conocida clasificación de Bajtin, en el tratamiento de los personajes o en el recurso retórico u oratorio.

El escritor reflejaba así la aparente realidad circundante, que en el caso Venezolano se representaba con temas y celebraciones constantes: La patria y fechas patrias (la guerra de independencia, la idealización de algún héroe, etc.). "En comparación con este ideal, la sociedad realmente existente aparece como un conjunto de absurdos: cuerpo y estamentos en vez de individuos; jerarquías, en vez de igualdad; comunidades políticas heterogéneas producto de la historia y no de la asociación; poderes fundados en la tradición o en la Providencia y no en la voluntad de los ciudadanos... El contraste entre el ideal y la realidad es tan grande que las reformas parecen inadecuadas. Sólo una ruptura, una nueva fundación, un nuevo pacto social parece apto para construir este nuevo mundo..." (Guerrá 1993:25).

La literatura que había sido un mero ejercicio académico-retórico, de ideologización destinada a sustentar y justificar el poder, fue vivificada por el modernismo, en donde las minorías cultas hicieron de la literatura un acto vital pero también de compromiso; los intelectuales se sentían responsables de la libertad y el progreso de la sociedad venezolana:

"Lo que yo creo que no debe soportarse, ni en el arte ni en la vida, es esta especie de heroína literaria con que se está drogando a las plebes urbanas... ¡pero si hasta las pésimas notas de nuestro Himno Nacional están llenas de embuste!... En mis cuentos y novelas yo he querido dar otra noción: la real. La que yo vi en luengos años en el corazón de las llanuras, bajo el castigo de las plagas, de las guerrillas salteadoras que acometían, surgidas del Centro o del Oeste, las últimas reces, los últimos caballos, las últimas gallinas... Claro está, pueden haber un arte sin honradez, como una mujer es bella sin honestidad... Yo no rectifico, ni sacrifico: Narro. (Pocaterra 1972:IX-X).

Estas mutaciones del imaginario y de la sociabilidad son, ciertamente, comunes a toda América latina, pero sus consecuencias divergen (como bien lo mostró Tocqueville en el caso europeo), en función de su relación con el régimen político.

Las nuevas ideas y el nuevo imaginario, -inevitablemente tentados por un modelo ideal- están siempre compensados por el ejercicio real del poder, lo que obliga a compromisos constantes con la realidad. "La distancia entre fantasía y realidad se acorta por los mecanismos implementados por una escritura que persigue reflejar ‘lo más fielmente posible’ a su referente. Es una especie de escritura menípea donde el lenguaje es a la vez representación de un espacio exterior y experiencia productora de su propio espacio." (Arenas 1999:126).

Es así, como la narrativa venezolana, apegada siempre a su entorno social y político no puede dejar a un lado la ficción, "esta historia, que es la historia verdadera de cómo se ha construido una historia inventada, tiene muchas moralejas. Por un lado, nos dice que nosotros nos sentimos tentados continuamente a dar forma a la vida usando distintos esquemas narrativos... Por otro lado, demuestra la fuerza de las presuposiciones existenciales." (Eco 1997:111).

Algunas veces la denuncia, es presentada abiertamente, en el tapete, pero otras se encuentra ocupando el mundo de la ficción. "La regla no existe, es decir, como todo círculo hermenéutico, debe presuponerse en el momento mismo en el que se intenta inferirla sobre la base del texto... se apuesta que seremos fieles a las sugerencias de una voz que no nos está diciendo explícitamente qué sugiere" (Eco 1997:123). De esta manera la historia la presenta tal y como es en la realidad y la literatura la cubre con el manto de la fábula.

En una sociedad dominada por la inestabilidad política, como fue la sociedad venezolana a finales del siglo XIX y muy entrado el siglo XX, resultaba imposible para los escritores evadir las funciones de diagnóstico, crítica y denuncia en sus obras, pues la escritura era y sigue siendo el instrumento más poderoso al momento de romper con las viejas estructuras y de fundar otras. " A pesar de que los hechos históricos aparecen en la ficcionalización con un carácter de verdad enmascarado y, por tanto, excluida, esa misma naturaleza imaginativa los protege en el sentido de permitir su circulación y su discusión con una libertad que los convierte en discursos donde tienen cabida las voces de los otros..." (Narea 1998:586).

La revolución es una mutación cultural: en las ideas, en el imaginario, en los valores, en los compartimientos, en las prácticas políticas, pero también en los lenguajes que los expresan: en el discurso universalista de la razón, en la retórica política, en la simbólica, en la iconografía y en las fiestas y rituales, incluso en la moda. A partir de fines del siglo XIX el catolicismo representa un elemento esencial de la identidad hispánica, lo que explica que coexista pacíficamente como "Género primario junto a las formulas de cortesía, los dichos populares y un plano discursivo secundario donde se incluirían todos los géneros discursivos elaborados e institucionalizados en las respectivas disciplinas: filosofía, ciencia, literatura, etc. " (Puerta 1999:460).

"De ese arte, falso, de ese relumbrón vicio pasan al desenfado de dictaminar y analizar con el tremendo desparpajo que parece ser el signo fatal de una frustración agresiva... Yo he sido testigo de etapas sucesivas de esta desenfreno que, a la postre, conduce al mismo sitio de donde surgió: la cacografía recurrente..." (Pocaterra 1972: XII).

Nuestros cuentos construyen subjetividades desde el momento en que plantean la búsqueda de identidades colectivas (la noción de pueblo venezolano por ejemplo en los cuentos de Urbaneja o Pocaterra) o individuales universales (Uslar, Balza, Garmendia... Araujo). En ambos casos se establece tácitamente un ‘pacto ficcional’ con el autor, lo que Coleridge llamaba ‘la suspensión de la incredulidad’. "El lector tiene que saber que lo que se cuenta es una historia imaginaria, sin por ello pensar que el autor está diciendo una mentira." (Eco 1997:85).

Es a partir de esa subjetividad elaborada, que los textos constituyen su campo referencial, oscilando entre el examen de una realidad social, local o universal determinada, que apela al programa de las ideas, ideas estas, que acabaran topándose no sólo con el problema de la difusión de los escritos, sino también con el de la adhesión a las ideas que estos trasmiten, pues una cosa es leer y otra compartir las ideas o asimilarlas. "A veces, incluso el escritor marginal, exiliado al único lugar de libertad posible que es su palabra, sólo consigue poder expresar su lucidez publicando su obra desde los forzosos exilios... La escritura en Venezuela impone así una peculiaridad: el signo conflictivo, reflejo de una degradada relación entre autores y su entorno..." (Arenas 1999:127).

Tal fenómeno puede ser abordado bajo ángulos muy diversos, pero nos limitaremos a considerar los aspectos que más directamente nos permiten explicar la ‘celebración’ como instrumento ideológico en la literatura de la modernidad, sin perder de vista que estamos hablando de grados de modernización, es decir, la evolución de las poéticas del cuento y de los planteamientos estéticos que instituyen modelos de textos y de lecturas. Otra vía prometedora –apunta Puerta- es, sin duda, la del análisis de los lugares y las formas en que se efectúa la socialización de los hombres. En este campo el redescubrimiento sobre las instituciones que existieron a mediados del siglo XIX y comienzos del XX en Venezuela han formulado escritores como Oswaldo Larrazábal, y Gustavo Luis Carrera, han abierto la vía a explicaciones más satisfactorias, al poner de manifiesto la correlación, constatable en todos los sitios, entre la aparición de nuevas formas de sociabilidad y construcción y difusión de la modernidad.

Tomando en cuenta estos criterios, podemos partir de la clasificación que Jesús Puerta hace de la evolución del cuento moderno en Venezuela, en el libro "Modernidad y Cuento en Venezuela":

  1. El inicio romántico (Toro, Baralt).

  2. La renovación modernista y criollista (Cosmópolis, El Cojo Ilustrado).

  3. La consolidación del género (Gallegos, Pocaterra, Garmendia y demás coetáneos, hasta Uslar Pietri).

  4. La vanguardia de los cuarenta y cincuenta (Meneses, Díaz Solis, Márquez Salas, Guaramato, etc.).

  5. La vanguardia de los sesenta y la problematización actual del género (González León, Salvador Garmendia, Antonia Palacios, Trejo, Balza, etc.) ... y Araujo, a quien Juan Liscano agudamente asocia por momentos con Rulfo con respecto a "esas narraciones breves fundadas en recuerdos y vivencias, añoranzas líricas y emociones del paisaje nativo, nostalgia con aprendizajes y celebraciones de provincia, que hace de esos relatos con ambiente campesino y pueblerino, una manifestación vigente de la nueva narrativa..." (Liscano 1973:114-115).

Estas etapas referidas por Puerta, no están separadas por barreras insuperables. Hay elementos de continuidad notables entre ellas. Es posible, que unos textos escritos en una fase, sean leídos, valorados y tomados como paradigmas en períodos distintos. En los orígenes de este tipo de vínculos se encuentra no sólo el individuo, sino también la aparición de las nuevas formas de sociabilidad que se fundan a través de nuestra narrativa. Retomamos a Bajtin para afirmar que un discurso termina justo donde comienza el otro. Es decir, que cada emisión verbal constituye un discurso, ajustado a ciertas características formales. De esta forma la fiesta y celebración de la Noche Buena (discurso primario) sirve al escritor venezolano de ‘materia prima’ para armar el nudo de la trama, invitando a saltar al lector a través del tiempo, y a abandonar el presente narrativo para adentrarse en otro segmento de pasado.

"A ti que esta noche iras a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de Navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de vino... A ti que eres relativamente feliz durante la velada... Te dedico este cuento de Navidad... De Panchito Mandefuá a quien el Niño Jesús invitó a Cenar..." (Pocaterra 1972: 9).

"...Era noche buena, Víctor Chiquito, en la casa de Terrones y antes de que la vela se apagara, se comía una hayaca de caraotas... a entrabas horas, don Sebas, en su casa, del pueblo, también comía hayaca de gallina a la luz de lámpara de carburo..." (Araujo 1980: 62).

No es difícil sospechar que esas marcas sean casuales, que sea casual la fecha de Navidad, parece que se tratara de un juego como para inducirnos a releer todo un proceso, para encontrar la secuencia de esta ‘fábula’ que es la narrativa venezolana y que los escritores han perdido en el tiempo y nosotros recuperamos a través de la historia. A Pocaterra y Araujo los separa el tiempo de la historia y los une el tiempo de la ficción. Si yuxtaponemos, como una transparencia sobre la otra, la obra de estos dos escritores nos hallaremos que resalta un género discursivo primario común: la cena de noche buena con diferentes formulas de cortesía, ritual, conversación, saludo, etc.; pero que registra con el paso del tiempo una copia de modelos extranjeros heredados de la conquista. La cena de noche buena, que es un anticipo de la fiesta de Navidad del hijo de dios (según la religión cristiana) es una forma conocida de sociabilidad moderna, una forma de sociabilidad que tiene en casi todos los niveles sociales una ‘sociedad de pensamiento común’. Aunque se trata de una reunión informal (en el sentido de estatutos y miembros definidos) es un germen de la sociedad, en él se reúnen las mismas personas comunes (familiares y amigos), con una fecha común y con unos hábitos más o menos comunes. En torno a esta celebración se reúnen personas afines, por la amistad, la cultura y estatus social.

La polisemia del termino ‘cena de noche buena o Navidad’ es pues considerable y nos remite a realidades muy diferentes que hay que precisar en cada caso, pues a pesar de sus elementos comunes, la práctica como actividad social y su relación con el resto de la sociedad son diferentes.

Lo que diferencia uno de otro discurso no es solamente su soporte (voz), ni su nivel de elaboración estética; si no el hecho de que haya una institución, delimitada por una organización, una jerarquía social, un espacio y un tiempo, que separa el verdadero sentido de la celebración navideña de los acontecimientos sociales. Aparecen de esta manera individuos desgajados de las preocupaciones de su patria y de la utilidad común:

"A las once salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas de a medio, un guarapo, café con leche, tostadas de chicharrón y dos pavos rellenos de postre... Cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y de Panchito Mandefuá apenas quedó, contra la acera de la calzada, entre los rieles del eléctrico, un harapo sangriento... Se arremolinó la gente, los gendarmes abriéndose paso... ¿qué es? ¿qué sucede?... ¡Nada hombre! Que un auto mató a un muchacho de la calle... un granuja de esos... informó, indignado el dueño del auto que guiaba un "Trueno"..." (Pocaterra 1972: 16).

Una fábula es un mundo posible: no hay duda de que el sujeto de la enunciación está hablando de ‘hoy’ de un individuo que es el mismo de ‘ayer’, y que está hablando de dos estados del mismo mundo. No representa un estado de cosas, sino una secuencia de estados de cosas. La celebración en el cuento venezolano plasma una organización social que lleva consigo, aunque sólo sea implícitamente, un modelo de sociedad que puede situarse en el presente o en el futuro y que puede ser una nostalgia como un proyecto, o ambos a la vez.

 

Bibliografía.

 

  1. Guerrá Francois, Xavier. Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las Revoluciones Hispánicas. Editorial MAPFRE. Fondo de Cultura Económica. México. 1993.

  2. Eco, Humberto. Lector in fábula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo. Editorial Lumen 1999. España.

  3. Eco, Humberto. Seis paseos por los bosques narrativos. Editorial Lumen. España. 1997.

  4. Puerta, Jesús. Modernidad y cuento en Venezuela. Talleres de T.B. Print. 1999. Valencia- Venezuela.

  5. Liscano, Juan. Panorama de la literatura venezolana actual. Publicaciones Españolas. 1973. Venezuela.

  6. Varios autores. Esplendores y miserias del siglo XIX. Cultura y sociedad en América Latina. Monte Ávila Editores. 1995. Venezuela.

  7. Narea, María. Aproximación diacrónica al conjunto de la obra crítica de Julio Planchart. En XXIV Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana. Astrodata. 1999. Venezuela.

  8. Puerta, Jesús. Oscilaciones del discurso del cuento. En XXIV Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana. Astrodata. 1999. Venezuela.

  9. Arenas Ana. La máscara de la ficción como recurso literario del escritor venezolano de finales del siglo XIX y comienzos del XX. En Revista de Literatura Hispanoamericana # 39. Año ’99.

  10. Meneses , Guillermo. Antología del cuento venezolano. Monte Ávila editores. 1995. Venezuela.

  11. Pocaterra, José Rafael. Cuentos Grotescos. Vol. I. Biblioteca Popular el Dorado. Monte Ávila Editores 1972. Caracas/ Venezuela.

  12. Araujo, Orlando. 7 Cuentos. Editado por Plaza y Janes. S.A. 1980. España.

  13. Meneses Linares, Javier. Zárate: la visión de un momento en el proceso histórico de la Venezuela de finales del siglo XIX o el narrador que hace la historia a través de la ficción. En Revista Espéculo: http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/zarate.html.

  14. Barrera Linares, Luis. Preguntas para un estudio comunicacional del cuento venezolano. En XXIII Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana. Tomo II. 1998. Venezuela.

 

© Javier Meneses Linares 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/jmlinare.html