EUGENIO MONTEJO:
LA MAGIA DEL ALFABETO MÁS ALLÁ
DEL HORIZONTE DE LA PÁGINA

Profa. María del Rosario Chacón Ortega
Msc. de Literatura Latinoamericana. Investigadora Venezolana.
Poetisa.


 

   

La poesía de Eugenio Montejo1 funda un universo poético, cuyos elementos son posibles de observar desde una mirada totalizadora; la configuración de un universo referencial que privilegia los dones de la naturaleza y donde las piedras, los ríos, los árboles, se convierten en signo de belleza y plenitud.

El imaginario Montejiano es una fiesta de metamorfosis, de transfiguraciones, de analogías, de correspondencias, donde piedras, árboles, pájaros, gallos, caballos, ranas, grillos, cigarras, tordos son la materialización de la expresión de la sensibilidad del ser.

Uno de los signos que marcan la poesía de este autor, es la piedra; su característica básica es la permanencia. Es el pilar fundamental de su poesía, de ella se vale para aprender y con ella escribirá alguna vez. La roca atesora los secretos del hombre, por eso el escritor manifiesta una gran preocupación por hacerla hablar. La manifestación de la piedra como la superficie para labrar el poema, enlaza una vocación de permanencia que la construcción del poema posee inherentemente.

En la obra del caraqueño evidenciamos que el poema que se hace con piedras, se construye como una casa donde habita el ser. De esta manera, el poema tendrá resistencia ante el tiempo y la muerte porque será permanente. En Montejo la piedra, es permanencia, que nos habla desde su evidencia. El poema será así una casa donde caben tiempo y horizonte, canto y memoria.

En Montejo, el árbol se inscribirá como un signo contrario al de la piedra, ya que en el árbol como en el ser, el paso indetenible del tiempo se inscribe como un desgarramiento; por eso el árbol es el lecho del ser, el ser mismo. El hombre es el árbol y el árbol es el hombre en la concreción de la imaginación vertical; a través de él el imaginario de los hombres describe la búsqueda de las zonas más profundas.

Para este escritor, el pájaro y el gallo son elementos recurrentes. Los pájaros son inocencia, los últimos gritos de libertad que quedan sobre la comarca, última rama entre la tierra y el cielo; con su vuelo y canto salvan el abismo existente entre el infinito y lo terrestre. Los pájaros despiertan el ser.

En su obra poética existen dos cantos con dimensiones distintas; el del pájaro y el del gallo. El canto del pájaro establece una relación con la naturaleza en sentido vertical, mientras que el del gallo plantea una posición con la naturaleza, pero en dirección horizontal. En este sentido, el canto del "pájaro" es la anunciación de una plenitud y el del gallo es canto dolido ante la pérdida de la naturaleza en la ciudad. Jamás dos cantos han sido tan diferentes como el canto del pájaro y el del gallo. El primer canto, el del pájaro, nos lleva al espesor de la expresión poética; y el otro, el del gallo, anuncia la tragedia de un nueva realidad que negará toda posible plenitud, la realidad ineludible de la ciudad.

La naturaleza da cuenta de un espacio en la obra Montejiana, su escritura intenta fundar un dominio absoluto donde la poesía y en consecuencia el ser sean posibles. El ser es buscado en la esencia de lo natural, en los pájaros y su canto, en los árboles.

Si en Montejo hay un espacio para el ser, ese es el de la casa, el lugar que separa, cobija, protege y articula el hacer del existir.

La casa es en el poeta caraqueño, centro desde donde el ser se proyecta, así pues la casa es de alguna manera como el canto del gallo puerta abierta a la naturaleza y a la ciudad. El lugar de la casa, es metafóricamente el lugar de la poesía donde es posible rescatar los signos de la civilización: la casa en este poeta es vista como plenitud y despojo, expresión y extravío.

Ahora bien, en el planteamiento de la búsqueda del ser en la naturaleza, se establece una oposición entre la ciudad de su infancia y la ciudad de su actualidad. En la primera, se percibe en el autor una persistente nostalgia por su cada vez más lejana presencia, su continuo desmoronamiento, para dar paso al "progreso" que implica el movimiento citadino. Esta primera ciudad es el símbolo de la infancia y la naturaleza perdidas, y a su vez de la perfección y la felicidad extraviadas. Con la pérdida de esta urbe se produce la disolución del ser. "Tan altos son los edificios/ que ya no se ve nada de mi infancia2Así afirmará el poeta.

La segunda, la del presente, es mirada como devoradora del espacio de la infancia perdida, como progreso en la disolución del ser.

La ciudad, en la poesía venezolana, entra con Montejo definitivamente como un elemento de reificación y negación, En su poesía la metrópoli es una metáfora de una actitud existencial.

La poética de Montejo también intenta fundar un lenguaje, un alfabeto, de allí la importancia simbólica de la piedra como superficie donde la inscripción es posible. Su poesía intenta ser un alfabeto del mundo.

Los tópicos más recurrentes en Montejo son: muerte y memoria, poesía órfica y la reflexividad de la escritura. Estos elementos le permitirán construir una estética, en la cual la sencillez de la palabra adquirirá sorprendentes connotaciones.

La memoria es el elemento a través del cual el poeta conjura a la muerte. La memoria le permitirá la alternancia en un mismo espacio temporal de vivos y muertos

La muerte en Montejo acompaña al hombre como una eterna presencia, la muerte estará en el mismo paralelo de la vida. La memoria le permitirá contar su historia desde antes de su nacimiento. "Esta es la tierra de los míos, que duermen, que no duermen , (...) Puedo aguardar, estoy a veinte años de mi vida,/ soy el futuro que duerme, que no duerme;/"3

Valiéndose de la muerte , el poeta busca el tiempo perdido y al recuperarlo transgrede los límites entre vida y muerte. La muerte viene a ser el enfrentamiento con el absoluto de la discontinuidad. En Montejo la muerte está muy relacionada con la memoria. La muerte es vista dentro de la noción de alteridad temporal en la cual vivos y muertos conviven en un mismo espacio. Luego de traerlos a la vida, la memoria los regresa a su propia noche. Así, vida y muerte no están separadas, una implica a la otra.

Otro elemento en la creación de Montejo es la poesía órfica. Desde este ámbito, la amada sufrirá una metamorfosis muy particular, presentándose en su primer poemario Humano paraíso como una mujer, idealizada; luego esta imagen cambia, transmutándose en casa, después ciudad y finalmente una mujer que no tiene rostro definido. El amor será siempre un canto a la amada ausente. Montejo coloca a la amada a distancia, adquiriendo lejanía casi cósmica; desde ella emergerá como expresión de la belleza en la transfiguración de la poesía.

Otro de los tópicos Montejianos, más cautivante, es su clara asunción como artesano de la palabra. A lo largo de su obra observamos que esa constante va adquiriendo madurez y logro estético. Lo que nos lleva a considerar que estamos en presencia de uno de los mejores poetas del continente, además de un excelente crítico. Montejo maneja la autocrítica, su empeño en pulir la "piedra" antes de tatuarla.

La reflexividad, rasgo constitutivo de lo moderno, atraviesa la poesía de Montejo para construir una visión de la realidad, una concepción de la escritura. En él confluyen las posibilidades expresivas del poema, las tensiones de la fugacidad y permanencia, que concluyen en la plenitud y en el logro de la cristalización estética.

Por otra parte, la poética de la naturaleza manifiesta en la poesía del escritor, es una primera instancia expresiva que nos conduce a una reflexión sobre el lenguaje, sobre el poema y sobre el arte en general. La búsqueda de la expresión poética se establece en el hallazgo de la más sencilla y misteriosa realidad inmersa en la naturaleza.

La reflexividad, en esta obra poética, se manifiesta en primer lugar en la confluencia de voces de una intertextualidad dialógica que vinculan esta poesía con otras poéticas.

El juego estético de la heteronimia que comienza con El Cuaderno de Blas Coll, prosigue con Guitarra del Horizonte, y se mantiene con El hacha de seda herencia de los juegos heterónimos de Fernando Pessoa es otra prueba ineludible de esta reflexividad.

Finalmente, en la obra de Eugenio Montejo, es posible observar reminiscencias de poetas venezolanos como Fernando Paz Castillo, Vicente Gerbasi; latinoamericanos como Vallejo; y especialmente el embrujo fascinante del poeta portugués, Fernando Pessoa.

Las resonancias de éstos escritores se insertan de una forma casi oculta, sutil, algunas veces manifiestas, en la tensión del poema. No obstante, podemos afirmar que Montejo se ha sumergido en esas aguas para enriquecerse como ser humano y artista, pero sin erosionar su peculiar originalidad que destaca en medio de cualquier atisbo intertextual.

Partiendo de una poética de la naturaleza, Eugenio Montejo nos ofrece uno de los más profundos testimonios poéticos sobre la revelación del mundo en la sensibilidad humana y sobre las formas como el ser alcanza su plenitud en la expresión poética.

 

Notas:

  1. Eugenio Montejo, poeta caraqueño. Premio Nacional de Literatura 1999.

  2. Montejo, Eugenio "Caracas" en Alfabeto del Mundo. Fondo de Cultura Económica, 198,. p.115

  3. Ibid, "Güigüe1918" pp.102-103.

 

© María del Rosario Chacón Ortega 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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