Perdonen las molestias

 

FERNANDO SAVATER

... Ya sé que soy un pesado. Acaban de volver ustedes de vacaciones o quizá por fin van a disfrutarlas y cada cual quiere ir "a su bola", como suele decirse. Lo que menos apetece ahora es volver dale que te pego sobre el dichoso asunto del País Vasco. Ya se ha dicho por activa y por pasiva todo sobre el tema, ustedes compadecen como es debido a las víctimas, reprueban como está mandado a los terroristas y lo único que esperan es que los políticos lleguen a algún acuerdo, que el Gobierno central o el autonómico, el PNV, el PP, el PSOE o Dios Padre, quien sea, medio arreglen de una vez la cosa. Y si no saben arreglarla, que por lo menos no mareen a la ciudadanía con más dimes y diretes: ya que no podemos cambiar el mundo, por lo menos cambiemos la conversación. ¡Cómo les comprendo a ustedes! ¡Y qué pena me da -como dirían mis amigos colombianos- volver a molestarles con la misma cantinela! Pido disculpas de antemano por mi inoportuna tozudez. Porque hoy no sólo pretendo fastidiarles con un repaso de la situación en Euskadi, sino además comprometerles con una petición de auxilio... Como si fuese Clint Eastwood, el rótulo de mi vida reza: "Sin perdón".

Empiezo por el repaso. Entre las pocas cosas buenas de este verano, la más útilmente reveladora es lo ocurrido en el Ayuntamiento de Marquina, donde el alcalde sólo lograba balbucear aterrado -mientras un teniente de alcalde se puso físicamente enfermo- ante la posibilidad de negar a los colaboradores civiles de ETA el salón municipal para una ceremonia fúnebre de homenaje a los terroristas accidentalmente fallecidos cuando se dirigían a cumplir su macabra misión. ¡Y eso que aún estaban calientes los cuerpos de los últimos asesinados por tales próceres! Lo impresionante de esta anécdota no es la pusilanimidad de los ediles, sino lo que descubre de la vida cotidiana en muchas localidades medianas y pequeñas del País Vasco. A fin de cuentas, lo que el alcalde de Marquina venía a responder a quienes le criticaban sus concesiones es algo así como "¡aquí quisiera veros yo!". En eso no le falta razón, aunque debía haberlo denunciado antes. Porque en Marquina, en Oiartzun, en Hernani, en Atxondo, en numerosas localidades pequeñas y medianas del País Vasco (y de Navarra), se vive un clima de imposición totalitaria que para sí quisieran los talibanes. Éste es el otro resultado de la violencia, no discreto -como los atentados-, sino continuo. Y eso es lo que pretenden extender a toda Euskadi, en el nombre soberano de la construcción nacional.

Así se descubre -para el que aún no haya caído en la cuenta- que lo que está en juego en el País Vasco no es el conflicto entre dos tipos de administración territorial, ni la modificación de uno o varios artículos constitucionales, ni, por supuesto, la emancipación colonial de lo que nunca fue colonia, sino la pugna del Estado de derecho que protege el pluralismo contra el totalitarismo que pretende imponer la sumisión a un determinado ideario político-cultural de homogeneidad étnica, monolingüismo institucional y barrido feroz de cualquier signo político o social adverso. Coherentemente, ETA recurre a la fuerza para imponer este proyecto abominable -mejor dicho, para extenderlo a las localidades mayores donde aún no está vigente- porque sabe que no podría lograrlo por métodos democráticos. Y ello no sólo por falta de mayoría suficiente (aunque el noventa por ciento de los votantes de la CAV lo apoyaran sería igualmente antidemocrático), sino porque en sí mismo es la negación de cualquier democracia moderna. No es verdad que "todo proyecto político pueda defenderse por vías pacíficas". Aquellos que atropellan y discriminan a parte de la población no pueden ser sometidos a votación. Si no le he comprendido mal, algo de esto podía leerse en el artículo del profesor Rubio Llorente Democracia y partidos: fines y medios (EL PAÍS, 4 de septiembre de 2000).

Ante el terrorismo y su intimidación explícita o implícita, muchos reclamamos que el Estado de derecho utilice a fondo las armas de la ley: sólo las armas de la ley, pero todas las armas de la ley. Caben objeciones contra modificaciones del Código Penal vigente como las que hoy propone el Gobierno, sea por dudas sobre su constitucionalidad o porque lo urgente es hacer cumplir las leyes y no multiplicar retóricamente el número de las que luego tampoco serán cumplidas. Pero lo inaceptable es que el encargado de justicia del Gobierno autónomo vasco, Sabin Intxaurraga, diga que no servirán para nada mientras no se resuelva "el problema político de fondo". Decir que tras el terrorismo vasco hay un problema político es tan esclarecedor y profundo como asegurar que tras el asalto a un banco hay un problema económico que espera solución. ¿Qué opinaríamos de quien nos explicase así un atraco? Una de dos: que ha hecho un máster acelerado en bobaliconería o que va a medias con el atracador. El problema político principal del País Vasco es el que tienen los nacionalistas no violentos para convencer por las buenas a quienes no somos nacionalistas (¡y a muchos de los que lo son!) de las ventajas de una unidad territorial y un Estado independiente de nuevo cuño. Semejante propuesta política no será ni siquiera debatible hasta que no haya quedado desligada por un lapso de tiempo suficiente de la imposición totalitaria de sesgo semejante que hoy pretende hacerse valer por métodos mafiosos. ¿Concesiones dialogantes a los terroristas o sus encargados? Quienes esperan conseguirlo todo por la fuerza no se contentan con "regalitos" que para ellos no significan más que la inminencia de la rendición...

Hasta aquí la rememoración de lo ya sabido: ahora me atrevo a agobiar aún más la paciencia con un llamamiento. El día 23 de septiembre, a las seis y media de la tarde, saldrá una manifestación del bulevar de San Sebastián con el lema "Defendamos lo que nos une: Estatuto y Constitución". Quienes vamos a asistir no pretendemos "sacralizar" esas leyes, por lo menos no más de lo que un atropellado en el paso de cebra sacraliza el Código de la Circulación. Tampoco esperamos impresionar a ETA y sus adláteres, ni siquiera convencer a otros nacionalistas menos violentos pero igual de intransigentes. Sólo queremos mostrar que en el País Vasco hay gente -poca o mucha, la que sea- capaz de salir a la calle no sólo para deplorar y condenar los crímenes, sino para respaldar explícitamente el marco institucional de nuestra democracia española, dentro del cual es posible convivir y avanzar con planes de futuro diversos. Queremos ser ciudadanos, no tribu ni horda, y no queremos serlo solos, sino acompañados por nuestros compatriotas del resto del Estado en la lucha antitotalitaria. Porque lo que se juega en el País Vasco va mucho más allá del propio País Vasco. Es curioso cómo los mitos nacionalistas ("a los vascos no les gusta que se metan en sus cosas") son aceptados por quienes no lo son. Hace no mucho, me encontré en Madrid a un popular humorista, excelente persona y hombre comprometido, que venía de una concentración en apoyo a las mujeres maltratadas: "Oye, me gustaría estar con vosotros, pero como no soy vasco...". Le recordé amablemente que tampoco era mujer maltratada y le aseguré que sería muy bien venido cuando volviésemos a manifestarnos en Euskadi.

Todos seréis bienvenidos: escritores, artistas, profesores, periodistas, gente del cine y del teatro, atletas, cocineros... y, por supuesto, el resto de las personas de buena voluntad. No es mera cuestión de bulto, porque en las democracias lo cuantitativo se mide en las urnas y no en la calle. Pero importa la representación social (y ahora me dirijo a los famosos): la gente que os lee, os escucha, os admira, quiere sentirse apoyada por vosotros frente a quienes les amenazan. No es momento de excesivas sutilezas: sean galgos o podencos, os aseguro que muerden. Ya sé que no os ofrezco una fiesta marbellí de las que amenizan el verano, ni un estreno de gala en el que todo el mundo quiere verse fotografiado. Os convoco a un fastidio, quizá a un cierto riesgo. Mi epitafio predilecto es el de Willie Brandt: "Se tomó la molestia". El día 23, en San Sebastián, algunos vamos a tomarnos esa molestia y quisiéramos que estuvieseis con nosotros para compartirla.

Fernando Savater participa en la iniciativa ciudadana Basta Ya, convocante de la manifestación del 23 de septiembre.

Artículo aparecido en el diario El País, el día 17 de septiembre del 2000.

  

17/09/2000


Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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