Editorial

             


Encuentro en Verines

Hace dieciséis años que comenzaron en los Encuentros en la Casona de Verines (Asturias). Organizados por la Universidad de Salamanca, la Dirección General del Libro (Ministerio de Cultura), y el Principado de Asturias, los Encuentros sirven para que un pequeño grupo de especialistas en alguna cuestión literaria se aparten del mundo durante unos días, en medio de un paisaje magnífico, para intercambiar impresiones y experiencias. Este septiembre nos reunimos en la Casona bajo el lema "De la Prensa a la Red: La literatura en los Medios de Comunicación". Directores de los suplementos literarios de la Prensa (ABC, El País, Avui..), de revistas literarias (Ínsula, Leer), de programas de Radio (RNE, Radio5, COPE...), de Televisión (RTVE), el Director general del Libro, el director del Instituto Cervantes, periodistas de secciones culturales, escritores como Antonio Colinas, Espido Freire, Laura Freixas, Carlos Casares... y nosotros.

La idea del director académico de los Encuentros, el profesor Luis García Jambrina (Universidad de Salamanca), era que los responsables de lo literario en los diferentes tipos de medios existentes en la actualidad debatieran sobre su estado, su representación y sus condicionamientos en el panorama cultural mediático. Prensa diaria, revistas, radio, televisión e Internet estuvieron representados en Verines

La separación del mundo que supone Verines, la convivencia permanente de los participantes, ya sea en la mesa de trabajo, el la de las comidas o en la de las tertulias nocturnas en el hotel de la Playa de La Franca, promueven un tipo de convivencia muy especial, un clima difícil de olvidar. Periodistas, escritores, responsables ministeriales de Cultura, profesores, etc. en un estado de intercambio permanente de experiencias y de visiones diferentes de la Literatura desde sus respectivos puestos y medios.

En Verines se debatió principalmente sobre el papel que juegan los Medios en la creación de la Cultura literaria o, si se prefiere, Cultura a secas. El poder de los Medios es también la servidumbre de los Medios y, especialmente, la servidumbre de los profesionales que trabajan en ellos. Esto se pudo apreciar en la mayoría de la intervenciones de Verines: un cierto descontento hacia el papel que los propios medios juegan en la construcción social. La presión que a la que los profesionales están sometidos es doble: por un lado; la tiranía de las audiencias, que lleva a los medios a preferir otro tipo de contenidos que les atraigan más lectores, espectadores u oyentes; pero, por otro lado, es peor el otro condicionamiento, la desaparición de la Cultura en beneficio de una cultura light. Este rebajamiento comienza desde las mismas instituciones productoras, que seleccionan o fabrican productos culturales destinados al consumo más que a la formación cultural.

de izq. a der.: Antonio Colinas, Carlos Casares, Espido Freire y Jon CortázarAl profesional de los medios ya no se le valora por la calidad de su trabajo, sino por el rendimiento en términos de audiencia que recoge el medio. El profesional, cuando es consciente de su papel, lucha con su sentido de la calidad de su trabajo y la necesidad comercial de que ese trabajo encuentre el mayor número posible de lectores, exigencia del medio. Otro de los factores analizados en Verines fue el deslizamiento de las fronteras tradicionales entre los medios. El caso que se planteo más directamente fue la difuminación de los límites entre los suplementos literarios y las revistas literarias. Esta últimas sentían que se había invadido su espacio mediático a través de los suplementos monográficos o con los números especiales que en ocasiones la prensa celebra ciertas efemérides literarias. El papel de las revistas fue especialemente revisado ya que son quizá las más afectadas del conjunto. Reducidos sus contenidos por la información de actualidad que ofrecen otros medios más rápidos o de mayor frecuencia, enfrentadas a la gratuidad de los suplementos periodísticos, con elevados costes de producción y bajas tiradas, se ven marginadas del panorama cultural y mantenidas gracias a subvenciones para evitar su desparación. Algunas han elegido el camino del sensacionalismo literario o el convertirse en correa de transmisión publicitaria de las editoriales que las utilizan para sus fines promocionales, limitando su libertad de criterio.

Finalmente, se debatió el excesivo protagonismo que se está produciendo en el mundo de lo literario con la construcción de figuras de poco contenido pero que se prestan a la presencia mediática constante. La obsesión por estar en los medios, ya sea por decisión personal o por decisión comercial de la editorial, está produciendo un tipo de pseudointelectual cuya constante presencia en los medios no es, en muchas ocasiones, más que una coartada cultural y, en el fondo, un mecanismo más de estrategia promocional. Los primeros en denunciar esto fueron los propios profesionales, que padecen esta forma de intrusismo cuyo efecto fundamental es la trivialización. Dicha de muchas maneras, la petición de los profesionales fue reivindicar un espacio cultural y profesional que permita ofrecer la información sin caer ni en el circo ni en el gueto.

Espéculo estuvo en Verines. Y fue como caso doblemente especial: fue la única revista académica y fue la única revista digital. La curiosidad despertada en algunos de los colegas de otros medios respecto al mundo digital y a sus resultados fue satisfecha en largas y agradables conversaciones entre sesiones y en las impagables tertulias nocturnas. Todos teníamos algo que decir y todos nos escuchamos.

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