Encuentros de Verines 2000

 

Espéculo: 5 años de experiencia cultural en la Red

Dr. Joaquín Mª Aguirre Romero
aguirre@eucmax.sim.ucm.es
Editor de Espéculo. Revista de estudios literarios
Universidad Complutense de Madrid


 

 

   

De la Prensa a la Red: La literatura en los Medios de Comunicación

Reproducimos aquí el texto presentado con motivo de los Encuentros de Verines (Pendueles, Asturias), dedicados este año a "De la Prensa a la Red: La literatura en los Medios de Comunicación", a los que al autor fue amablemente invitado por la Dirección General del Libro y la Universidad de Salamanca, encargada de la coordinación académica de los encuentros. Agradecemos a la Dirección General del Libro y de forma especial al profesor Luis García Jambrina, director académico, la invitación y la oportunidad de exponer ante los colegas de otros medios de comunicación la experiencia de esta revista. Los organizadores consideraron conveniente que se expusiera nuestro punto de vista sobre el papel de las revistas electrónicas en la difusión de la Literatura y consideraron ilustrativo nuestro caso. Les agradecemos a todos la ocasión, el interés mostrado y la experiencia, que permanecera por mucho tiempo en nuestro recuerdo.
Para más información sobre Verines puede verse el Editorial de este mismo número

J.MªA.



Espéculo comenzó a pensarse como revista en el segundo trimestre de 1995. Hablar de Internet en el medio académico español entonces era como hablar no del ciberespacio, sino del espacio extraterrestre. Tratar de explicarle a la gente que te entregara un artículo para una "revista electrónica" era todavía más engorroso. Había que entrar en explicaciones encadenadas en las que observabas cómo se le iba mudando el semblante a tu interlocutor ante lo que le decías. Lo mejor era pedirle el artículo y solicitarle una especie de cheque en blanco, una promesa de que era para una buena causa.

El panorama español entonces era lo más parecido a un desierto informativo;: apenas había nada y lo que había tenía carácter institucional. Tímidamente comenzaban las páginas web de algunas universidades y algunas incipientes aventuras comerciales.

Cuando el CINDOC realizó su informe sobre ciencia española en Internet, publicado en el número de 14 de la revista Mundo científico (1996) allí aparecíamos nosotros entre foros atómicos, departamentos de biología molecular, de astronomía y otros centros de investigación de los campos de las ciencias de la salud o de la naturaleza. Las Humanidades brillaban por su ausencia. Los encargados de las Letras, de la Cultura en sentido amplio, parecían no sentir demasiado interés entonces por las cuestiones de la Informática y las Redes de Comunicación. En aquellos años era frecuente escuchar el discurso despectivo hacia lo que implicaban los ordenadores, para muchos máquinas infernales y antihumanísticas, capaces de todo tipo de desaguisados por su cuenta, tozudas máquinas empeñadas en llevar la contraria a los humanistas que se enfrentaban a ellas.

En aquellos tiempos, Internet era los Estados Unidos, cosa de americanos. Se decía que el inglés era su lengua natural, y así era entonces. Pero no tenía por qué ser así. Las dos únicas razones que hacían que esto fuera así eran circunstanciales:: primero su origen y después el volumen del parque informático y el número de conexiones existentes. Lo primero no podía ser modificado ya, pero lo segundo era solo una cuestión de tiempo para que los demás países se fueran incorporando a la Red.

Las revistas que podían encontrarse eran casi siempre sencillas, muchas de ellas versiones electrónicas de evaluación de publicaciones impresas; tenían carácter promocional, buscando las suscripciones de los lectores de la Red. Sus diseños eran simples y muchas de ellas se descargaban de la Red en formatos puramente textuales, como el RTF o el TXT.

Cuando Espéculo nació tuvo una serie de objetivos que me parece necesario recordar aquí1. Hoy se acepta que podemos hacer muchas cosas en la Red y no hay que dar muchas explicaciones, dentro del furor mediático en el que nos encontramos, pero entonces no era así y todo tiene su historia.

El primer objetivo era realizar una publicación exclusivamente digital. Era una apuesta por el valor y la capacidad del nuevo medio. Espéculo nació en Internet, nació digital y sigue siendo así, pese a las constantes peticiones de lectores y lectoras a los que les gustaría tener algo tangible entre sus manos. No debemos olvidar que estamos hablando de una revista académica, de una revista de estudios literarios realizada desde la universidad y la comunidad investigadora. Aunque muchos puedan pensar lo contrario, probablemente sea la académica una de las comunidades más conservadoras en ciertos aspectos. Para ella, todavía hoy en muchos sectores, una publicación es una publicación impresa, algo en papel y encuadernado. Muchos universitarios prefieren que su artículo sea publicado en una revista cuya tirada no sobrepasa los quinientos ejemplares y está condenada a dormir en los estantes de los departamentos o de las librerías de las propias facultades, lugar del que es difícil que salgan, ante el rechazo tradicional de los sectores comerciales de distribución y venta.

Las revistas académicas impresas son caras, lentas en su elaboración y penosas en su distribución, si ésta existe. Son caras en su producción y son caras en su precio de venta. La producción recae en la mayor parte de los casos sobre los propios departamentos, ya de por sí dotados de bajísimos presupuestos. Se dice, y es cierto, que la comunidad científica ha aumentado; esto significa que también debería aumentar el número de publicaciones, sobre todo con el sistema, como dicen los americanos, del "publica o muere", es decir, un sistema de valoración y promoción del profesorado basado en el número de publicaciones que es capaz de presentar anualmente. Al profesorado se le pide que investigue y que rentabilice su sueldo. Pero la parte de la investigación que aflora a través de las publicaciones es mínima en un sistema que no apoya, como sucede generalmente, la publicación. Muchas universidades han privatizado sus editoriales, que es una forma de lavarse las manos institucionalmente, han hecho desaparecer sus servicios de publicaciones o no han llegado a crearlos, como sucede con alguna universidad pública española que lleva más de diez años de vida sin este tipo de servicio.

Las revistas impresas viven básicamente de las suscripciones y de las adquisiciones realizadas por las bibliotecas universitarias, ya sea mediante intercambio o mediante suscripción. Los elevados precios que tienen y lo ajustado de los presupuestos bibliotecarios hacen que cada año se tengan que cancelar más suscripciones, por lo que muchas revistas quedan fuera, en un proceso de selección cada vez más duro, de las listas de adquisiciones. Si a esto añadimos que la distribución internacional de las revistas científicas está controlada por una serie de empresas que manejan casi todo el mercado, imponiendo o rechazando determinadas publicaciones, tendremos un panorama bastante negro de la edición universitaria.

Ante este panorama, mi experiencia –mi mala experiencia, diríamos- como editor de algunas obras en este terreno, me hizo pensar que la publicación electrónica podía ser un camino para saltar muchas de las limitaciones de lo impreso en el campo académico.

Las revistas universitarias son lentas. Son lentas porque, en la mayor parte de los casos, el trabajo recae sobre los propios docentes, que deben compatibilizar su tiempo con este tipo de tareas. Son lentas porque están sujetas a financiaciones presupuestarias que no siempre están cuando deben y deben esperar a nuevos ejercicios para que llegue el dinero necesario. Son lentas porque su estructuración, sus consejos editoriales y de redacción, su forma de trabajo, son lentos de por sí.

La lentitud es un factor importante por varias causas. Dependiendo de los campos científicos, la mayor o menor celeridad en la publicación de los trabajos de investigación puede ser un elemento negativo. Me comentaban unos colegas que el tiempo de espera de la revista puntuable en su país era de cinco años. Evidentemente no se trata de que se tarden cinco años en sacar a la calle una revista, sino de que el proceso de reducción del número de revistas genera largas listas de espera para la publicación de las investigaciones.

Pero hay también otra cuestión: la lentitud en la publicación puede llegar a ser un factor importante de regulación de la producción investigadora. ¿Qué motivación tiene para la investigación regular una persona que va a ver su trabajo publicado uno, dos años o tres años después de haber sido elaborado? Especialmente en el caso de las Humanidades, el investigador se acostumbra a producir al ritmo de la publicación. Esto tiene efectos muy negativos a medio y largo plazo ya que ralentiza la producción y, en muchos caso, la inhibe ante la falta de salidas impresas.

La publicación electrónica rompe con gran parte de estos condicionamientos. En primer lugar, es mucho más barata. Las universidades disponen de todos los medios necesarios para poder elaborar publicaciones electrónicas sin necesidad de tener que realizar nuevas inversiones en materiales o infraestructuras. Lo único que se necesita es un ordenador sin demasiadas complejidades, una conexión a la Red y un servidor en el que alojar la publicación. Hoy todas las universidades españolas, todos los departamentos, disponen sobradamente de estos medios o están a su alcance.

Espéculo, por ejemplo, se realiza sin ningún tipo de financiación, subvención u otra forma de ingresos. Ha recibido múltiples ofertas de compra de sus páginas para insertar publicidad, pero, hasta el momento, no se ha considerado esta posibilidad como necesaria.

El segundo objetivo que nos planteamos era tratar de romper las barreras sociales que aíslan las publicaciones académicas, hacerlas llegar a públicos más amplios. En las últimas décadas se han producido toda una serie de reflexiones sobre el papel de la Ciencia en la sociedad. Los efectos de la Ciencia y la Tecnología están presentes en los detalles y rincones más pequeños de nuestra vida pero desconocemos, en gran medida, el conocimiento que suponen. La creciente especialización en todos los campos de investigación ha hecho que la comunidad científica tienda a comunicarse entre sus iguales y, como consecuencia, que se abra una gran fisura con el resto de la sociedad. Durante años, los investigadores han considerado como su única responsabilidad el comunicarse dentro de la comunidad científica, siendo ésta cada vez más reducida a su propia especialidad. Esto ha creado una serie de problemas de comprensión o, quizá mejor debiéramos decir, de incomprensión entre los que trabajan en los diversos campos de investigación y el resto de la sociedad. Un ejemplo claro es lo restringido de las revistas científicas académicas, sus limitadas tiradas y, lo que es peor, la consideración de que esto debe ser así.

Hay dos fórmulas para intentar paliar esto. La primera es la divulgación científica. En muchos países, entre ellos el nuestro, la divulgación no está demasiado bien vista en el mundo académico. Esta valoración, guiada por algo que dudo en llamar "racionalismo", "positivismo" o simplemente "elitismo", se vuelve en contra del que la practica en el ámbito académico. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el interés social por el mundo científico y son frecuentes las secciones dedicadas a la ciencia en diarios y revistas e, igualmente, han proliferado las revistas divulgativas, casi todas ellas versiones de revistas americanas o francesas.

La segunda fórmula es abrir las revistas académicas a públicos más amplios superando las barreras que las mantienen lejos de la Sociedad. Esto supone tratar de acercar el trabajo que realizamos en el ámbito académico a todos aquellos a los que pudiera interesar, es decir, partir del principio de que lo que hacemos no está destinado solo a otros investigadores.

Espéculo apostó por esta segunda fórmula. Durante los últimos cinco años se ha ido formando un público que comprende no sólo el mundo académico sino sectores sociales más amplios. La publicación electrónica en red permite que el público se vaya formando de manera natural. Con esto queremos decir que no perseguimos un tipo de público determinado, sino que el público se va configurando a través de un acercamiento a la revista: es el contenido el que selecciona su público. La diferencia puede parecer sutil, pero es importante. Hay una diferencia entre, como se suele decir, dar al público lo que quiere y mostrar al público lo que hacemos. Cumplimos el objetivo de llegar a la comunidad académica, pero no nos limitamos, no ponemos barreras a la difusión más allá. Podemos ser investigadores, pero también somos universitarios, es decir, debemos tener un ideal de extensión del conocimiento que no puede reducirse a las cuatro paredes de un aula o a los estantes de los departamentos y bibliotecas universitarios.

Para esto, la Red es un medio privilegiado. No existe actualmente ningún medio que tenga la capacidad de transmitir tan ampliamente, de hacer llegar nuestro trabajo a la sociedad, una sociedad que, no lo olvidemos, está cada vez más conectada, es cada vez más universal. Frente a la lentitud del medio impreso, a lo limitado de las tiradas, a la dificultad de localización de los materiales, el medio electrónico ofrece velocidad de producción y difusión, desaparición del concepto numérico de tirada, y localización desde cualquier lugar del mundo con un acceso a la Red. Esto para la producción investigadora es fundamental porque permite el contacto no solo con otros investigadores o personas interesadas en nuestros campos en cualquier lugar, sino que además permite el establecimiento de un auténtico diálogo, actividad básica en cualquier actividad intelectual.

En tercer lugar, nuestro objetivo era mostrar que una publicación científica en español era factible. Existe la creencia de que para que una revista académica o científica tenga repercursión internacional debe utilizar el inglés como lengua básica. Esto puede ser cierto en algunos campos de la Ciencia. Pero también es cierto que existen campos en los que el idioma es un componente básico y forma sus propios campos naturales de interés. Todo lo que existe en la Red es inicialmente "internacional" porque la Red misma lo es. "Internacional" es un concepto que sufre una radical transformación cuando nos enfrentamos al fenómeno de un mundo interconectado, un mundo en el que se superan las barreras nacionales. Se dice de una revista que es internacional por varios motivos: porque incluye materiales procedentes de autores de diversos países o porque se distribuye en diversos países. Existe un tercer sentido: cuando se renuncia al propio idioma y se elige otra lengua para los textos que incluye o se incluyen versiones bilingües completas o resumidas de los mismos.

Con Espéculo quisimos demostrar, en lo que se refiere al idioma, varias cosas. La primera era que el español era una lengua de conocimiento; la segunda, que existía una comunidad internacional que podía participar, desde múltiples lugares, en el proyecto; la tercera, que existía una amplia comunidad de lectores en español repartida por todo el mundo.

La primera cuestión era importante porque la presión que ejerce el inglés, entendemos, tiene efectos negativos cuando se considera que es la única forma posible de generar investigaciones. Curiosamente –significativamente, también- la presión del inglés no se realiza desde los Estados Unidos, sino desde dentro de las propias comunidades científicas nacionales. Insistimos en que hay campos en los que esto pueda tener sentido. Hay ciertos campos en los que la materia investigada es indiferente a casi cualquier aspecto social o cultural. En lo que podamos decir de las bacterias o de los átomos es prácticamente indiferente el idioma que utilicemos; no hay átomos ingleses o españoles. Pero no sucede así en las Humanidades y en algunas de las Ciencias Sociales, cuya función no es solo dirigirse a la comunidad científica sino tratar de contribuir al desarrollo de la propia Cultura de su entorno, que es de donde proceden sus objetos de estudio. El lenguaje es, en las Humanidades, un instrumento natural, una herramienta más del investigador. Por esto, la renuncia al propio idioma –sea el que sea en cada caso- tiene un cierto componente aberrante en el campo de la Humanidades. De igual forma, tiene un componente que podemos calificar como "político". No es "más" importante lo que se pueda decir en "inglés" que lo que se pueda decir en "español" y viceversa. Pero sí es importante que se demuestre no sólo que se realiza investigación de calidad en nuestra comunidad científica sino que se puede hacer en nuestro idioma. Cuando digo nuestro idioma, no me estoy refiriendo solo a España, sino también a todos aquellos que lo utilizan en cualquier parte de mundo, ya sea en América o como instrumento de trabajo. Me refiero en este último caso a los hispanistas repartidos por departamentos universitarios de todo el mundo.

Esto nos permite entrar en el segundo aspecto señalado: la comunidad internacional que usa el español. La más obvia es la que compone la América de habla hispana. Su participación en la revista ha sido fundamental para su desarrollo. Profesores e intelectuales de prácticamente todos los países americanos han colaborado en la revista y su participación sigue creciendo conforme la revista se va configurando como un punto de encuentro de una cultura hispánica sin fronteras. Junto a aquellos que se expresan en su propio idioma, están los hispanistas de muchos otros países que también se han incorporado al proyecto. En la revista colaboran hispanistas norteamericanos, franceses, italianos, israelíes, alemanes, australianos, etc..

Todos ellos no solo han colaborado con sus artículos, sino que han usado la revista en sus entornos educativos. Esta circunstancia es especialmente importante porque da un nuevo sentido a la investigación y al trabajo del universitario. Existe constancia, tanto por los testimonios de los propios docentes como por la observación directa de programas de asignaturas, de que una gran parte del material que aparece en la publicación es utilizado en actividades dentro del marco educativo. De esta forma, el esfuerzo que el investigador invierte en su trabajo será aprovechado por el resto de la comunidad de habla hispana o interesada en el estudio del español y de su cultura.

El contenido de los artículos publicados es amplio. En un principio, la ausencia de publicaciones semejantes en el ámbito español hizo que la revista —al contrario de lo que suele suceder con las publicaciones académicas— ofreciera un marco muy abierto de posibilidades: estudios literarios sin restricciones de época o lengua, estudios sobre los nuevos formatos hipertextuales y sus posibilidades expresivas, y, por último, dado el origen —una Facultad de Ciencias de la Información—, estudios sobre la emergente Sociedad de la Información y las transformaciones que están ocurriendo en el ámbito cultural.

Se ha tratado, desde el principio, de mantener el nivel exigido para una publicación científica. Así ha sido y la mejor prueba es el hecho de haber sido incluidos enlaces desde instituciones reconocidas, como la Universidad de Yale, la Biblioteca Nacional Francesa o en el informe del CINDOC sobre Ciencia española en Internet" (revista "Mundo Científico- La recherche", nº 174, diciembre 1996), entre otras muchas de gran prestigio. A la vez que se mantenía el nivel selectivo de los artículos, se introdujeron cambios respecto a lo que habitualmente se entiende por una "publicación académica". Se introdujeron cambios formales, externos, en la manera de ofrecer los materiales, pero también se introdujo un concepto más periodístico del medio, tratando de acercarlo más a la actualidad a través de entrevistas y reportajes sobre autores y acontecimientos culturales. Se ha tratado, en suma, de aplicar nuevas estrategias a unos contenidos académicos en busca de una mejor comunicación.

La recepción de la revista es muy amplia, en términos relativos. La tirada media de una revista universitaria semestral o anual está situada entre los 500 y mil ejemplares. Espéculo, en estos momentos, recibe más de mil visitas diarias y hay días en los que se han consultado más de tres mil artículos.

Para que una revista digital tenga visitantes, son fundamentales los enlaces que otros lugares de la red establecen con ella. Los enlaces son formas de reconocimiento, formas de dirigir a nuestros visitantes hacia lugares que consideramos de interés. Hoy hay más de 800 enlaces desde páginas de universidades de todos los países, bibliotecas, institutos, páginas personales, otras publicaciones, ministerios, etc. que apuntan a nuestra revistas. Los recursos enlazados pueden ser a la revista en sí o a partes de ella, como artículos seleccionados que se incluyan en bibliografías específicas de la red. Un dato de interés: cada vez es más frecuente ver en libros impresos referencias bibliográficas a publicaciones electrónicas. Esto es importante porque revela que la Red es una fuente de información de primer orden y que el material existente es cada vez de más valor.

La Red es hoy fuente de información para los medios impresos. En lo que respecta a la revista, se reciben frecuentes peticiones de autorizaciones para reproducir en medios impresos artículos aparecidos en Espéculo. De esta forma, se establece una relación circular entre medios digitales y medios impresos bastante fluida. Nosotros, por nuestra parte, solemos en ocasiones recuperar trabajos de investigación aparecidos en medios universitarios, que apenas han tenido difusión por la mala —por no decir nula— distribución. Lo impreso se vuelve digital y lo digital se vuelve impreso. La información se va transformando a través de los medios por los que se hace circular para alcanzar una mayor relevancia social y cultural.

La revista recibe también libros por parte de las editoriales pequeñas, especialmente de las hispanoamericanas. Es frecuente recibir obras editadas en Argentina, México, Brasil... para ser reseñadas o recogidas como novedades. Estos envíos son realizados por las editoriales, pero también por los propios autores. En esto, suponemos, tiene que ver bastante la crisis de sus sectores editoriales. El hecho de que sean en su mayoría obras de autores hispanoamericanos nos confirma que la revista ha alcanzado una dimensión hispana, más que española. Hay cuatrocientos millones de hispanohablantes frente a los cuarenta millones de españoles. Es la constatación de que la comunidad americana es mucho más activa y ha asimilado mejor la red y sus posibilidades que la española, más volcada en los aspectos comerciales. Esto es un hecho de comprobación diaria. Los lectores españoles constituyen aproximadamente el 20-23% del total; el resto se reparte por más de 80 países. Argentina, México y Estados Unidos se encuentran a la cabeza de nuestros lectores con cifras entre el 8-10%.

Hay que resaltar también el interés creciente de Brasil por la cultura española y su idioma. En los últimos dos años, Brasil se ha lanzado hacia su integración en la comunidad hispana de forma decidida. Nuestra manera de corresponder a este acercamiento es la publicación de textos en portugués remitidos por los investigadores de Brasil y Portugal. Creemos que así podemos contribuir a despertar el interés sobre temas de dos países, ambos con vecinos de habla hispana, entre otros públicos y viceversa, también despertar el interés de los hispanos en la historia y la cultura específicas de Brasil y Portugal.

Los resultados de más de cinco años de trabajo son esos más de mil lectores diarios, los más de doscientos cincuenta estudios publicados, las sesenta entrevistas e incontables reseñas. Nuestra satisfacción: contribuir a la difusión de la Cultura y ayudar a romper las barreras que aislan a la comunidad universitaria tanto del resto de la sociedad como aquellas que nos separan a los propios investigadores..

Casona de Verines (Asturias), septiembre del año 2000.

Notas:

  1. La historia de Espéculo nos fue solicitada para su publicación como artículo anteriormente: J.Mª Aguirre: "Espéculo, un espacio cultural en la Red", en Cuadernos Cervantes de la Lengua Española, en 1997. Allí se explicaban los objetivos y se analizaban las cifras y resultados de entonces. También se nos ha solicitado en diversas intervenciones en foros públicos (Jornadas, seminarios, etc.), tarea que siempre hemos realizado con agrado y con la intención de promover el medio digital como agente dinámico de la Cultura.

 

© Joaquín Mª Aguirre Romero 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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