POLITICAS DEL HUMOR
EN LA ARGENTINA DE LOS 90:

PUBLICIDAD, DIARIO DIGITAL, CULTURA JUVENIL Y LITERATURA

 

Equipo de Investigación:
Silvia Barei, Ana Beatriz Flores, Mirta Echevarría, Susana Gómez y Elena Pérez
Universidad Nacional de Córdoba. Rep. Argentina


 

   

AVANCE DE INVESTIGACION

PRESENTACION

La sociedad humorística puesta en discurso

En este trabajo nos ha interesado observar las políticas de socialización y construcción de la cultura argentina a través de distintas manifestaciones de lo que puede denominarse "sociedad humorística", es decir un estado actual de la cultura en el que las manifestaciones del humor son diferentes de aquel de las sociedades modernas. (Cfr. Lipovetzki,1990)

La investigación tiene como marco teórico dominante la propuesta del canadiense Marc Angenot, quien trabaja las categorías de "discurso-interdiscursividad-contradiscurso" dentro de lo que él ha llamado la "problemática general del discurso social" (Angenot, 1998)

Tomando la idea bajtiniana de que todo signo es ideológico, Angenot sostiene que en los discursos (como conjunto sígnico) pueden verse las marcas de lo histórico-social sin que ellas sean evidentes, pero que "comportan pujas sociales, expresan intereses, ocupan una posición (dominante o dominada)" (98:5)

Al hablar de las reglas de funcionamiento del discurso social, entiende que éstas no conforman un sistema rígido ya que muchos elementos escapan a su control y que en algunas instancias -condiciones históricas particulares- ponen en marcha novedades, innovaciones, cambios discursivos que pueden erigirse en "contradiscursos".

El desarrollo de la categoría de "contradiscurso" implica en primera instancia, plantearse los modos de funcionamiento de la HEGEMONIA, ya que ésta responde a mecanismos reguladores del trabajo discursivo que garantizan una cierta homogeneidad de las tópicas y las retóricas del decir social.

Mientras que el paradigma hegemónico (aquello que en el discurso social pertenece al ámbito de la dominancia), implica considerar las nociones de homogeneidad/ aceptabilidad/ legibilidad, algunas rupturas críticas o emergentes pueden ser pensadas como contradiscursos.

Puesto que el discurso social no es –aunque lo pretenda- un bloque unitario o cerrado, su propia dinámica permite la existencia de zonas difusas donde se erigen valores o ideas contestatarias.

Por lo tanto, aplicar la noción de "contradiscurso" implica elaborar un paradigma opuesto a las respuestas obedientes a las regularidades doxáticas en torno a prácticas de interacción social, lingüísticas, etc. Aquello que en el discurso social pertenece a los bordes de la cuadrícula es lo que se puede ubicar como HETERONOMIA.

El paradigma correspondiente al trabajo contradiscursivo o heterónomo nos ha llevado entonces, en el desarrollo teórico, a definir las nociones de heterogeneidad/ novedad/ disidencia.

A partir de la consideración de distintos estados del discurso social de la Argentina en los 90, la diversidad de lenguajes y prácticas significantes, nos detenemos particularmente en los discursos humorísticos en sus modalidades mediáticas, hipertextuales y literarias para determinar si y de qué modo, en qué grado y mediante qué estrategias proponen lecturas diferentes de lo social, imponiendo rupturas, desplazamientos y transgresiones a la norma oficial, erigiéndose en posibles contradiscursos que hacen visibles tabúes y censuras, producen distancia crítica frente a las representaciones canónicas, resignificando ciertas prácticas sociales.

 

El humor serio: Literatura y otros discursos de la cultura

Esta parte del trabajo se propone indagar sobre la zona de ciertas producciones de la literatura en particular y de otros discursos de la cultura en general, como algunos programas televisivos ("Delikatessen") y algo del humor gráfico.

La reflexión se produce sobre el trasfondo de la polémica entablada entre las teorías críticas y de estudios culturales sobre la función política de la parodia posmoderna y una indagación sobre un sector de las producciones argentinas de los últimos años.

El criterio de selección con el que se construye este corpus es producto de la interacción entre la constatación de la emergencia de un tipo de humor de difícil encasillamiento en la tradición de las teorías "ad hoc" y su puesta en juego con la hipótesis sobre las relaciones del humor ante la ley. Se trata de lo que se podría llamar provisoriamente "humor serio", un humor que no significa que no tenga comicidad sino que la misma no es explosiva: más bien lo que explota allí es la representación. Si bien se trata de un tipo de parodia que no tiene la unidireccionalidad de la sátira, cuestiona las respuestas habituales a las regularidades de la tradición de la cultura argentina, con lo que resulta un efecto revulsivo.

El corpus, en esta etapa de la investigación, está constituido por algunas novelas de César Aira, sobre todo La liebre, en las que pretendemos indagar la operación política cultural del discurso humorístico para hablar de la cultura nacional y establecer una genealogía de las representaciones que históricamente la fueron conformando. Las cuestiones sobre las que se interroga son: ¿Cuál es la política discursiva por la que, un siglo después de los relatos de viaje por la "barbarie" (ya sea por parte de "extranjeros ilustres" como Darwin o por por locales como Mansilla) se retoma la temática pero en clave de humor y constituyendo una genealogía de género? ¿Cómo lee y dice la retórica de la construcción de la nación como "Argentina en el primer mundo" este discurso contemporáneo que no es ni satírico ni moralizante, pero tampoco mera función fática o exclusivamente pastiche, como desde la teorías críticas se caracteriza al humor posmoderno?

Así desde la indagación sobre ciertas producciones actuales en la cultura argentina se pueden estipular zonas de resistencia desde un humor particular. Esta posición significa al mismo tiempo, una impugnación a algunas teorías que se elaboran desde los países centrales bajo el presupuesto de la globalización.

 

La historieta y la cultura juvenil como contradiscurso

En las revistas destinadas a los jóvenes se producen versiones del humor que hacen ver al género en su relación con el discurso social, en una posición contradiscursiva, tal como lo planteamos anteriormente. En el corpus conformado por las publicaciones de Max Cachimba y Langer en la revista Los Inrrockuptibles,"destinada a los jóvenes", el humor puede observarse en dos aspectos fundamentales: Uno de ellos es el temático (en temas que recogen los motivos que responden a movimientos interdiscursivos en un ejercicio del poder consistente en señalar el sentido del ser joven) y el otro está vinculado a los efectos discursivos de las formas del humor en estrategias propias que se alternan y combinan en cada tira.

En la temática es evidente la opción por el contradiscurso como manera de crear nuevas significaciones sociales desde y sobre los hechos y los discursos que producen: la política partidaria, los temas de actualidad, los clichés de las construcciones del imaginario colectivo como el sexo. Con ello, se produce un discurso herético (Bourdieu) que provoca risa, en vistas de los presupuestos en los que se ancla la mirada adulta. Es decir, hay un socavamiento de las significaciones de, por ejemplo, los héroes patrios, las instituciones, los usos del poder en instancias jerárquicas de gobierno. Se observa una focalización sobre el lenguaje adulto como lenguaje parodiable, según se lo ve desde una posición "joven"; es decir marcado más que etariamente, por el uso de un lenguaje (códigos y retóricas) que se pretende propio. La marca del "modus" identitario hace ver –es un efecto de estrategias discursivas- las posiciones de los sujetos en las representaciones de la colectividad adulta. El medio para hacerlo risible, volverlo material gráfico, es el estilo.

El estilo es entendido como construcción de significaciones identitarias en lo que se dice y cómo se lo dice en tanto estas tiras manifiestas un discurso sobre el Otro, el socius. Acerca la crítica social al grotesco, la parodia, la ironía y la escatologia (franqueando los límites de lo publicable y legible). Los valores disfóricos son el color de fondo de ambas obras historietísticas, en una exhibición estratégica y política de la lucha por el poder hablar , poder significar, resistencia a la imposición de valores "positivos" del estereotipo de la juventud feliz, propuesta por los adultos.

Se producen desplazamientos del "sentido del ser joven" al plano en imágenes, provocando una legibilidad social de lo decible que emerge en la imagen deformada, caricaturesca, que acosa al verosímil icónico por su ataque al reconocimiento fácil de lo dibujado.

Ambos autores dan lugar a la reflexión acerca de cómo una identidad se construye en tanto es leída con operaciones tan contestatarias como contestatario es el discurso de los jóvenes. Se generan políticas de legibilidad, en el enfrentamiento a las reglas del género que suponen una lectura que atraviese las leyes conocidas del espacio humorístico en la tradición de las revistas –Caras y Caretas, y sobre todo la caricatura procaz de principios de siglo- y de las corrientes de la historieta no humorística producida por los jóvenes en los últimos años del siglo. Sin embargo, dichas reglas no son quebradas sino transpuestas, haciendo de estos enunciados-respuesta a los grandes enunciados del mundo adulto, la clave que modifica una comprensión de la semiosis identitaria que los lectores jóvenes involucran en sus textos.

 

Humor y publicidad

Sabemos que, caracterizado por la exaltación de lo positivo y por la utopía comercial del consumo, el discurso publicitario invade todas las esferas de la vida social. Su alto grado de circulación -y el alto costo que de ello deviene- sólo se justifica si se piensa en sus potentes efectos. Entre tales efectos, creemos que la publicidad opera como una forma de control social y que, como tal, condiciona las múltiples elecciones que convierten al hombre en un tipo de actor social; elecciones que tienen que ver con sus hábitos, con su forma de interactuar con el otro, con la forma de comprenderse a sí mismo y aún con la percepción que tiene de su propio cuerpo.

El aparente pluralismo de actores y voces sociales, se somete a la representación de un signo ideológicamente cargado de una evaluación monológica, en coincidencia con el discurso hegemónico, que no se arriesga a "decir ni mostrar" más allá de lo que en una determinada cultura es enunciable.

Frente a este paradigma regulatorio, el humor publicitario aparece como indicador del desgaste de los códigos tradicionales, rompiendo algunas reglas y diferenciándose claramente de la "publicidad seria".

Examinaremos si esta ruptura humorística es sólo un cambio de formato que opera igualmente como un "instrumento de socialización paralelo a otros mecanismos disciplinarios" como se señala en este mismo trabajo con respecto a otros textos, o efectivamente da cuenta de un intento de transgresión al uso de estos códigos totalitarios. Es decir si algunas expresiones poco usuales del humor publicitario estarían gestando una expansión de las categorías de lo decible en la totalidad del discurso social hegemónico argentino actual, en cuyo caso estarían conformando un contradiscurso, es decir una "ruptura crítica" frente a la trama disciplinaria del discurso "oficial".

Podemos adelantar que la publicidad humorística, con sus formas satíricas y paródicas, no corroe el aliento utópico de la modernidad, sino tan sólo propone un juego de rebelión con el que seduce al consumidor. Precisamente por estar en el campo de la risa, no afirma ni propone ninguna divergencia de opinión, en cuyo caso se trataría solo de una nueva forma de seducción del usuario, que cambia el tono ponderativo por el sarcasmo del humor.

 

Humor hipertextual.

El humor circula actualmente por las redes en una modalidad que puede denominarse también, hipertextual. Nos ha interesado considerar la propuesta de "InterVoz", - versión electrónica de "La Voz del Interior"-. Este diario digital –que, a través de la Web, circula por todo el mundo- se configura como hipertexto y; de manera general, su estructura responde a un modelo de organización en red. Los nudos (lexias/nodos) de esa red equivalen a bloques que pueden ser asociados a través de enlaces.

La lexia "Hacé un chiste con Ortiz" contiene, predominantemente, el "típico humor cordobés". Las historietas de Ortiz y Peiró, los chistes y algún relato representan la vida urbana cotidiana, confluencia de lo popular y lo masivo, a través de la inclusión de usos lingüísticos; costumbres; personajes típicos, estereotipados por la tradición humorística; y personajes públicos, sobre todo políticos. Estos textos, en algunos casos, reproducen lo publicado en papel; sin embargo, son manifestaciones diferentes. El soporte y la estructura , sus referentes y los modos de operar para su acceso, entre otros, configuran un tipo de discursividad en el que se ven modificados los procesos de escritura y de lectura y, fundamentalmente, se establece una política de diferenciación frente a las "grandes" publicaciones.

En este discurso emergente, es posible estudiar las condiciones de producción, circulación y consumo del humor desde varias vertientes –mutuamente imbricadas-. Por un lado, subrayamos la relación del humor con el resto del diario, no sólo por la fuerte relación intertextual con la información sino también por el diseño hipertextual que, desde todas las pantallas, propone la vinculación con el nodo de humor (bidireccional y de frecuencia recurrente). Por el otro, destacamos las tópicas y la retórica del humor como parte de una política discursiva que se centra en lo regional, con el objeto de construir un discurso identitario de clara apelación a "los cordobeses en el mundo".

No hace falta explicitar que "InterVoz" se publica en el marco de la llamada globalización cuya influencia incide tanto en el modo de vida que se habla de una etapa de "estandarización u homogeneización cultural". Sin embargo, paralelas a este proceso, surgen respuestas regionales y locales cuyo objetivo es la afirmación de identidades con intenciones diversas. Al tiempo que se profundiza notoriamente la interacción entre las distintas sociedades conformándose una conciencia global, es posible identificar una tendencia hacia la diferenciación, particularismo y regreso –con renovados bríos- hacia lo de adentro. Lo local adquiere nuevo e inusitado valor.

En este marco, Intervoz se manifiesta como una otra voz, sin llegar a establecerse como contradiscurso. Este periódico –como tantos en la red- subraya las marcas de lo local para permanecer en lo global.

 

Este trabajo nos ha permitido poner en crisis algunas afirmaciones de ciertos teóricos sobre la posmodernidad (Jameson, Lipovesky, Hutcheon) que toman por objeto de análisis las sociedades del primer mundo. En ese sentido, tanto la banalización de la política del humor como la adjudicación de efectos revolucionarios resultan aplanadores de la diversidad. En lo que se está produciendo en nuestra cultura es posible conjeturar que la emergencia y circulación de diferentes series, que reconocen diversas genealogías, cruces y apropiaciones, pueden constituir en algunos casos espacios de resistencia a las regularidades hegemónicas y en otros reproducción y afianzamiento de las mismas.

En consecuencia, hemos creído necesario cuestionar el paradigma revolucionario/ conservador para poder percibir producciones de políticas libertarias que logran crear espacios de posibilidades alternativas y reconocer por oposición las prácticas que reproducen el status quo. Para ello se propone diversificar las posibilidades de relaciones ante la ley que superen la antinomia conversión/subversión.

 

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© Silvia Barei 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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