LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO:
Un comentario sobre el amor de Jurema y el periodista miope

 

M. Elvira Luna Escudero-Alie
Trinity College, Washington DC


 

   

La Guerra del Fin de Mundo es una novela de apocalipsis y hecatombe, de ecos épicos indudables que nos envuelve, intriga, cuestiona, hechiza y maravilla de principio a fin. Es de muchas maneras como bien se ha dicho, una suerte de versión latinoamericana y postmoderna de la inolvidable novela de Tolstoy: La guerra y la paz.

En La Guerra del Fin del Mundo encontramos nuevamente muy bien logrado ese afán totalizador que caracteriza a todas las novelas de Vargas Llosa. Sin lugar a dudas, desfila, ante los asombrados ojos del lector, un mundo total y complejo el cual se nos presenta en forma paulatina y en dosis perfectamente bien distribuidas.

Sin ser desde luego un tratado de sociología, historia, religión o política, La Guerra del Fin del Mundo, nos brinda un marco sociopolítico donde todas las clases sociales del Brasil existentes a finales del siglo XIX están muy bien representadas. Tenemos al mismo tiempo una visión muy completa de la situación política y del fanatismo religioso que juntos se vistieron de tragedia para enlutar a todo el país, empezando por Canudos, en el noreste de Brasil, en la zona de Bahia, donde se desarrolla la historia. La novela alude también en algunas ocasiones al sincretismo religioso de aquella época y que hasta ahora es palpable especialmente en Bahia, donde la influencia africana ha sido mayor.

En La Guerra del Fin del Mundo hay una enorme variedad de personajes que podría muy bien abrumar al lector si no fuera por la pluma maestra y la arquitectura narrativa tan armoniosa y cuidadosamente calculada de Vargas Llosa. El escritor, en esta novela, juega de alguna manera con nosotros una brillante partida de ajedrez; nos reta la inteligencia y la imaginación por medio de jaques que al principio son aparentemente inofensivos y cuando ya creemos estar de alguna manera acostumbrados a sus variantes donde no hay" sacrificio" alguno de piezas y a sus sofisticadas jugadas, a sus novedosas estrategias, precisamente en el momento menos pensado, cuando somos ya prisioneros felices de sus ficciones y creemos estar controlando lo que leemos, nos llega el temido, ineludible y letal jaque mate.

Los personajes se van dibujando ante nosotros, los pasmados pero dichosos lectores, en una suerte de recovecos narrativos, sabias alusiones, vasos comunicantes, que nos cautivan, y fascinan irremediablemente. Así como Antonio Conselheiro embruja a sus seguidores con su carisma y mensaje subversivo, nosotros los lectores quedamos también hechizados por la capacidad creativa y la pericia narrativa de Vargas Llosa. Es bajo el influjo de este hechizo verbal que aceptamos la verosimilitud de lo narrado. Entonces, creemos que es posible lo que parece en cualquier otra instancia imposible.

De esta manera es como colocamos en el terreno de lo verosímil el hecho de que Antonio Conselheiro haya sido capaz de convertir para su causa y cruzada religiosa a los seres más marginales de la sociedad, a los criminales más abyectos y avezados pintados en su violencia más descarnada, a los inválidos del cuerpo y del alma, a los que, en definitiva, no tienen nada que perder. Es así y sólo así como sentimos la presencia inquietante y mítica de Antonio Conselheiro, es de esta manera como nos parece estar viendo saltar en cuatro extremidades a El León de Natuba, y creemos oír las fábulas de maravilla del Enano escapado del circo, es de esta forma como podemos hacer nuestros los temores del Padre Joaquim, y también identificar al Barón de CañaBrava y sus argucias políticas, con el camaleón que tanto le gusta.

Es pues así como incluso podemos visualizar la cicatriz del temible Pajeú, percibimos la ciega terquedad de Rufino, el fanatismo ciego del anarco-frenólogo Galileo Gall, es así como en medio de la guerra apocalíptica vemos manoteando en al aire, pérdido y aterrorizado al periodista miope privado de sus anteojos y por tanto de su visión. Es de esta manera como la otrora filicida María Quadrado, convertida en Madre de los Hombres comparte con nosotros su búsqueda angustiosa del León de Natuba, es de esta forma, involucrados ya irremediablemente en la ficción que temblamos quizás con la presencia imponente del fanático patriota y acaso cínico también, Moreira César.

Es de esta manera, embrujados definitivamente por la magia narrativa de Vargas Llosa, que no sólo vemos sino que también podemos oler el humo de las casas quemadas en Canudos, y oír lejanos; pero claros los cánticos y plegarias al Buen Jesús. Aunque estamos ya totalmente inmersos en la ficción y entonces de alguna manera a salvo, de los embates de la realidad, es inevitable también sentir el corazón en ruinas al comprobar que el fanatismo absurdo y la intolerencia sin límites que llevaron a la tragedia a Canudos siguen vigentes hoy, sí lamentablemente tienen todavía todo tipo de ecos en la situación actual de América latina, y otros lugares del mundo. En efecto, fanatismos religiosos y sobre todo políticos han desgarrado a nuestros sufridos países. Líderes de ideologías recalcitrantes y prácticas sanguinarias han decido por las masas lo que es mejor para ellas, soñadores bien intencionados han tomado las armas cuando ni la religión en el caso de Camilo Torres, por ejemplo, ni la poesía, en el de Javier Heraud eran ya una respuesta a la injusta y terrible realidad de América latina.

La Guerra del Fin del Mundo es una novela para analizar desde muchos puntos de vista, por su complejidad y su condición de novela total. Me limitaré ahora a comentar solamente un aspecto muy pequeño de ella y sin embargo muy conmovedor: la relación amorosa entre el periodista miope y Jurema.

Esta mujer con nombre de flor, dócil, parca y misteriosa causará sin embargo estragos no intencionados que cambiarán destinos, ella será el elemento que desencadenará la tragedia. En efecto, el amor o falta de amor de Jurema hacia Rufino, Galileo Gall, Pajeú y el periodista miope marcará irremediablemente la vida de cada uno de estos cuatro hombres muy distintos entre sí. Y entonces es inevitable recordar aquí a Lalita de La Casa Verde, a Teresa de La Ciudad y Los Perros, amada por tres chicos muy diferentes entre sí también; Alberto, El Jaguar y Arana y será este último, como bien sabemos, el Esclavo Ricardo Arana quien vencerá su rotunda timidez por un momento fatídico y se arriesgará a sufrir las represalias de sus compañeros con tal de ver aunque sea desde lejos y por ese "instante de maravilla" al que se refiere Octavio Paz, a Teresa, su amor platónico. Amor que no pudo ser, que como en el caso de Santiago y Aída; quedó frustado acaso por una enorme timidez. La vida de Arana, esclavo absoluto de sus propios temores, también como en el caso de Rufino y Galileo Gall, dará un vuelco trágico y esta tragedia será desencadenada también al fin y al cabo por una mujer, aun cuando ésta sea sólo un engranaje más de los sinuosos caprichos del destino.

Jurema es la esposa de Rufino; pero no se trasluce amor de parte de ella en esta relación, sino más bien sumisión, respeto y finalmente resignación. En lo que respecta a Rufino, éste la considera una posesión importante; pero posesión al fin pues su honra está depositada en ella. Galileo Gall no ama a Jurema tampoco, sólo sucumbe a sus propios instintos, tras muchos años de castidad auto-impuesta en aras de su ficción de revolución anarquista.

Jurema no ama ni se siente tampoco atraída hacia Galileo Gall, a quien ha estado vinculada sólo a través de la violencia. El temible Pajeú parece amarla tímidamente; pero este amor no es correspondido. Jurema está demasiado golpeada por la vida, por el mundo de los hombres donde ella es sólo un bello objeto, y prefiere incluso la muerte antes de casarse con Pajeú. Cuando todo parece indicar que el destino de Jurema será trágico también como el de la bella y acaso enajenada Hortencia y el de la ingenua y abnegada Amalia de Conversación en la Catedral, o el de la desafortunada Adelaida de La Historia de Mayta, Vargas Llosa nos sorprende de nuevo con ese toque de esperanza en medio del delirio. Jurema, sí nada menos que Jurema, encuentra finalmente el amor. El periodista miope, quien antes de Canudos sólo había experimentado amores de alquiler, ahora en el centro mismo del caos, inmerso en el paroxismo de su angustia, cuando la muerte se alza no como una posibilidad sino como una realidad ineludible, le declara su amor desbordado a Jurema la flor fatal de Canudos, y ésta descubre también en las mismas fatídicas circunstancias, en medio del fin del mundo, el amor con su dosis correspondiente de erotismo. Acaso Eros venciendo una vez más a Thanatos.

El periodista miope y Jurema, siempre acompañados del Enano, en una suerte de trinidad bien complementada, pues el Enano es el que cuenta historias a la manera de un juglar, el periodista escribe la historia, la crónica oficial de la guerra y Jurema muy a su pesar protagoniza muchas historias. Esta trinidad de parias se encuentra en una situación límite, pues no es sólo el hecho terrible de hallarse en el epicentro del desastre, de una guerra que realmente parece ser la del fin del mundo, sino que ninguno de los tres tendría que haber estado ahí, no son discípulos del Conselheiro, ni son tampoco miembros del ejército. Los tres están a merced de un infausto destino, de morir por una causa que no es la suya, sin embargo como bien recuerda el periodista miope, ellos tienen en común con los seguidores de Antonio Conselheiro su naturaleza marginal, su condición de indeseados, su soledad existencial. El periodista miope no oculta su terror porque sabe muy bien, aunque no pueda ver, que le espera una muerte segura. Para Jurema el hecho de sobrevivir carece de importancia, pues tras la muerte trágica de Rufino y Galileo Gall ella también prefiere escapar del mundo de laberinto, del destino aciago que le toca vivir, y entonces se resigna a morir. Es sólo por inercia y por proteger al Enano y guiar al periodista miope, cual Beatriz a Dante en el Infierno, o como Ariadna a Teseo en el laberinto de Creta, que Jurema defiende su vida. El periodista miope le declara su amor y más adelante le dirá que ya no siente temor a la muerte, Jurema, en un estado de auto-desconocimiento de sí misma y de su propio erotismo, corresponde a su amor y afirma también que tampoco tiene miedo de morir.

Los siguientes versos de Octavio Paz, de su poema: "Carta de Creencia", bien los podría haber pronunciado nuestro periodista miope cuando en medio de la guerra y la ceguera encuentra el amor verdadero que dará sentido al caos :

"Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento".

Paz nos habla también en "La Llama Doble" de la pareja Eros y Thanatos; de la dialéctica del placer:

"Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres".

Podríamos parafrasear estos versos así: "Te quiero porque vas a morir como yo moriré", y en el caso específico de Jurema y el periodista miope tal vez podríamos acaso parafrasearlos así: "Te quiero porque vas a morir conmigo".

Los siguientes versos de Paz, también de su poema: "Carta de creencia", los pudo haber hecho suyos el periodista miope, Jurema y cualquier persona enamorada:

"Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
Como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar".

La Guerra del Fin del Mundo, entre sus innegables múltiples virtudes, nos impele a reflexionar sobre muchas otras cosas; por ejemplo, en el amor en tanto sentimiento purificador que nos posibilita vivir una existencia auténtica.

 

Bibliografía:

  • VARGAS LLOSA, Mario. La Guerra del Fin del Mundo. Barcelona: Seix Barral, 1981.

  • ——Conversación en la Catedral. Barcelona: Seix Barral, 1969.

  • ——La Ciudad y los Perros. Barcelona: Seix Barral, 1963.

  • ——La Casa Verde. Barcelona: Seix Barral, 1966.

  • PAZ, Octavio. La Llama Doble: Amor y Erotismo. Barcelona: Seix Barral, 1994.

  • ——Lo mejor de Octavio Paz: El fuego de cada día. Barcelona: Seix Barral, 1990.

 

© M. Elvira Luna Escudero-Alie 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/lit_poli.html