CARLOS
MARTÍNEZ
SARASOLA
*
   

LA
CUESTIÓN
INDÍGENA


Nicolás Hellers**


   


¿La educación tradicional es intolerante con las comunidades indígenas? ¿Las nuevas tecnologías son un medio válido para recuperar el respeto de la sociedad por sus costumbres y tradiciones? ¿Qué tipo de educación reciben los aborígenes latinoamericanos? Estas son apenas algunas de las preguntas que intentará responder el reconocido antropólogo argentino.

¿Las comunidades indígenas podrían recuperar en el campo virtual y gracias a las nuevas tecnologías, aquellas fronteras físicas y culturales que perdieron durante las campañas de exterminio y sometimiento posteriores a la conquista de América?

La globalización está produciendo efectos no deseados por sus principales impulsores, puesto que las personas están aprovechando este fenómeno para contactarse de una manera que antes no era posible. Esta situación también se produce entre los grupos aborígenes, aunque de un modo sutil. Actualmente muchos de los web sites producidos por indígenas de Chile, Brasil, México y Estados Unidos, sorprenden por el nivel de contenidos y la potencia comunicacional que generan. De hecho, la insurrección zapatista de Chiapas en mayo de 1994 subsistió gracias a la ayuda que le ofreció la computación al permitirle trasmitir rápidamente al mundo las características de esta rebelión.

¿Por qué dice que estos son efectos no deseados por los globalizadores?

No creo que ellos tengan interés en que la gente común se pueda organizar e informar rápidamente a través de imágenes tecnológicas. Por otra parte, no creo que estén de acuerdo con este tipo de actuación, puesto que la globalización tiende hacia la homogeneidad, mientras que las comunidades indias fomentan la heterogeneidad; algo que les ha permitido subsistir durante cientos de años pese a la colonización de América, las campañas de exterminio y la marginación social.

¿Esto quiere decir que los indígenas tienen más capacidad de integración que las personas que se encuentran inmersas dentro del mercado de consumo?

En algún punto los indígenas tienen más capacidad de integración que el resto de la sociedad. Ellos están abiertos a las contrastes por el hecho de haber sido calificados como diferentes desde los tiempos de la colonización. Cuando se produce la conquista de América y luego, durante el período de conformación de los nuevos estados, gran cantidad de los territorios de Argentina y Chile, por ejemplo, eran considerados tierras indígenas libres. Las tolderías dispersas en esas extensiones eran verdaderos experimentos de integración cultural, puesto que allí convivían indios, gauchos, negros, cautivos, cantantes líricas europeas capturadas que se quedaban a vivir, militares desertores, exiliados políticos y delincuentes prófugos. Lo cierto es que cuando los soldados llegaban a rescatar personas, muchos de ellos se negaban a trasladarse. Mientras los indios incluían, las sociedades en formación negaban al diferente.

¿Actualmente y pese a la intolerancia histórica que la ha caracterizado, la sociedad está preparada para integrarse con las comunidades aborígenes?

Hay grandes avances pero todavía no del todo perceptibles. Este es un punto neurálgico. La cuestión es que los adelantos de la conciencia social respecto de la no discriminación y a la aceptación de las diferencias del otro aún permanecen en el mundo de lo imperceptible.

¿Quiénes deberían comprometerse para que esta apertura sea cada vez mayor?

El responsable máximo es el Estado, como expresión de la organización jurídica y administrativa de la sociedad. Sin embargo y dejando de lado el papel que pudieran tener los gobiernos respecto de esta cuestión, es muy importante la tarea que se efectúe desde la organizaciones no gubernamentales. Lo cierto es que el Estado y fundamentalmente el sistema educativo, están en deuda. En Latinoamérica hay que cambiar los contenidos de la enseñanza y trasmitir en la escuela que el indígena es un protagonista activo de nuestra historia. Lamentablemente lo que ocurre es que se lo presente como alguien que aparece con la llegada de los españoles, que después desaparece, y resurge recién 400 años más tarde con las campañas de conquistas de territorios. Y lo que es más dramático: la ignorancia sobre cuestiones indígenas no solo se promueve en la escuela primaria, sino también durante la carrera universitaria de antropología.

¿Qué diferencias hay entre el tratamiento que se le da al aborigen actualmente en la escuela, y el que se le asignaba hasta hace algunos años?

Los avances que existen no son estructurales, más bien son intentos individuales de maestros y colegios. Los grandes responsables de un cambio serán los niños que hoy tienen entre 5 y 10 años, quienes están pendientes de informaciones sobre animales en extinción y el cuidado del medio ambiente... En esa generación tal vez esté la bisagra.

¿Por qué frente a una tendencia americana a sepultar o relegar a la comunidad indígena, los chicos tienen la necesidad de vincularse con las culturas aborígenes?

Lo que pasa es que los niños viven en el mundo que debería ser el mundo. La realidad que viven los chicos no es un universo de fantasía, creo que es el mundo que deberíamos vivir. Pero el sistema educativo, la sociedad de consumo y las pautas sociales van coartando y licuando esa creatividad esencial. Los chicos tienen un contacto muy directo con los animales, la naturaleza y los indios, porque es lo más cercano al mundo que todavía no fue contaminado, desgraciadamente, por el sistema educativo y las estructuras sociales rígidas que coartan la libertad del individuo.

¿Cuáles sería la clave para la integración de las comunidades indígenas latinoamericanas?

La educación informal. De todos modos, cuando hablamos de estos grupos sociales, es fundamental centrar la atención en los maestros. Porque no basta que las comunidades tengan escuelas o que los maestros se trasladen a los puntos de reunión de la comunidad. Hay docentes que no permiten ni estimulan que sus alumnos hablen la lengua originaria de las comunidades a las que pertenecen. Esto es responsabilidad de los educadores, a muchos de los cuales les falta incorporar una actitud integradora. Sin embargo, existen excelentes maestros inmersos en estas comunidades indígenas.

¿Cuáles son los principales obstáculos a los que debe enfrentarse el docente aborigen?

Muchas veces ocurre que el maestro concurre a la escuela con una actitud integradora y se encuentra con un paredón de intolerancia respecto de sus costumbres y su lengua impuesto desde el sistema. Entonces se les produce una doble ruptura, por un lado porque es indígena y por otro porque no se estimulan sus cuestiones propias. La consecuencia de esto es que el chico no pueda vivir experiencias enriquecedoras inmerso en su propia cultura -lo que produce un vaciamiento.

Creo que la educación de las comunidades tiene que permitir que el niño esté conectado con toda la información escolar más todo lo que es él, lo constituye su patrimonio personal. Pero tradicionalmente existe una falta de compromiso gubernamental que facilite la generación de docentes emanados de las mismas comunidades indígenas. Claro que esta actividad -de realizarse- debería desarrollarse en conjunto con los indígenas. Así como no se puede hacer política para los paisanos sin los paisanos, no se puede concebir que el Estado haga una política educativa sin la consulta con las comunidades.

¿Por qué cree que ocurren estas cosas?

Fundamentalmente hay un desconocimiento e ignorancia sobre la realidad de las comunidades indígenas. Por ejemplo, recuerdo que cuando se desató la epidemia de cólera en Salta -a principios de la década de 1990- un funcionario de esa provincia manifestó que la situación sanitaria había sucedido a raíz de la ignorancia de las comunidades indígenas. Algo que una autoridad estatal no puede decir, ya que entonces el ignorante sería él. En realidad el cólera se desató porque los aborígenes tienen condiciones insalubres de vida a raíz de haber sido marginados desde siempre.

Las comunidades indígenas tienen que tener acceso a las nuevas tecnologías al igual que cualquier otro sector, por más alejadas que estén. Pero no puede ser que se les envíe una computadora y no tengan luz, agua ni comida. En la medida en que puedan compensar estos aspectos, el acceso a los nuevos avances informáticos es muy importante.

¿Cómo puede ser que frente a la carga negativa de avasallamiento sufrida por generaciones, las comunidades indígenas tengan una actitud integradora respecto de aquella sociedad que los discriminó?

Esto es una paradoja inteligente. Los indígenas saben que originariamente sufrieron un shock, fueron conquistados y masacrados; pero no todos desaparecieron, gran cantidad de grupos étnicos persistieron porque supieron adaptarse a una nueva realidad: sosteniendo su identidad, luchando por varios siglos cuando fue necesario, soportando planes de exterminio... El indígena utilizó todos estos recursos para sostenerse en lo que son ellos. Cuando se conformaron las sociedades latinoamericanas, el indígena siempre estuvo presente. Incluso, hoy está comprobado que estas comunidades crecen demográficamente.

La novedad es que algunos sectores de la sociedad se están abriendo cada vez más hacia ellos, provocando que el indígena se sienta cada vez más cómodo en este nuevo mundo globalizado. Claro que estos cambios todavía son muy sutiles. De todos modos hay una tendencia concreta a redescubrir estas comunidades, a raíz de que el resto de los habitantes de un país están inmersos en un proceso de volver a los valores perdidos. Porque el hombre necesita retornar a la tierra, a la espiritualidad, a defender a la naturaleza, a cuidar a los animales, a tener contacto con el Universo. Esos son los valores que producen el punto de contacto, a través del cual los blancos redescubren y los indígenas se reconocen como poseedores de ese tesoro.

¿Cuál es la posición del aborigen frente a la sociedad actual?

Los indígenas resistieron hasta donde pudieron y esa resistencia los llevó a sostener su identidad. Lo que no pudieron evitar es que se conformaran nuevas estructuras sociales, de las cuales son parte aunque hayan sido negados. Y precisamente eso es parte de la grandeza indígena, porque saben que forman parte de sociedades donde tienen que seguir luchando por participar en forma igualitaria. El reclamo que hacen tiende a mantener su jerarquía, su medicina tradicional, que se respeten sus valores; pero participando en la sociedad.


* Carlos Martínez Sarasola es Licenciado en Ciencias Antropológicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Desde principios de la década del 70 investiga las comunidades indígenas y la cultura popular latinoamericana. Fue profesor de la UBA, la Universidad Nacional de Salta y de la Universidad del Salvador. Es autor del libro "Nuestros paisanos, los indios", un estudio sobre la historia y el destino de las comunidades aborígenes de la Argentina.

** Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista digital Bitácora http://www.bitacora.net, publicación del portal educativo Contenidos.com, especializada en Educación, Comunicación y Nuevas Tecnologías. Autor: Nicolás Hellers (Editor Bitácora).

 

© Nicolás Hellers 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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