La caracterización de un personaje de Mararía,
de R. Arozarena (1973)

 

Juan José del Rey Poveda
UNED Tenerife e I.E.S. Garoé


 

   

Creemos que Mararía es una novela realista, aunque tiene algunos elementos que pertenecen a tradiciones literarias alejadas –hasta cierto punto- del realismo (de ahí la importancia de la brujería y del diablo). Esta afirmación, que puede considerarse demasiado rotunda, se basa en que el universo de ficción que crea tiene unos componentes (personajes, acciones, espacio, tiempo, lenguaje) que, salvo alguna excepción, se califican como realistas, es decir, el lector los ve y siente como posibles en un mundo no ficticio, no literario. En otras palabras: "Le romancier réaliste [...] cherche à ce que son lecteur se reconnaisse dans l´histoire racontée, qu´il puisse s´écrier: <<C´est comme dans la vie!"1. Los propios personajes niegan aspectos como la brujería2 de la protagonista, Mararía y para ellos es algo normal y cotidiano. Así, Manuel Quintero, que la ha conocido bien, exclama al preguntarle si es una bruja: "-No lo crea. Es una buena mujer"3.

La novela trata de presentar unos hechos, unas historias, de una manera realista, objetiva, posible. Recordamos, en este punto, la siguiente explicación del prof. Albaladejo: "La ficción realista se presenta caracterizada por una objetividad que, desde el punto de vista semántico, se explica como proximidad mimético-verosímil a las pautas de construcción de la realidad efectiva; se trata del mantenimiento de una orientación a la realidad sobre la que se organiza, en su configuración referencial, la construcción ficcional realista"4.

Por otra parte, es importante señalar el gran éxito que ha tenido esta novela en Canarias, sin duda por el argumento y su forma de construirla (realista, objetiva). Todo, es decir, personajes, espacio, lenguaje...- configura una ficción que en la mente del lector es realista, aunque también sabe que es, a la vez, literatura. El realismo predomina, es el ingrediente principal, pero tiene algo más (y eso es lo más literario).

El objetivo que nos proponemos en este estudio es analizar uno de los elementos realistas, en concreto un personaje, Pedro el Geito. Con este análisis queremos ver cómo el autor, R. Arozarena, ha fabricado un personaje con rasgos realistas. Naturalmente, con un objetivo: retratar literariamente un trozo de vida de una isla que existe.

Lo primero que vamos a tratar es el aspecto más visible, o sea, la descripción. Queremos ahora recordar unas palabras de Bobes Naves: "La descripción física de los personajes se ha considerado desde Balzac como uno de los recursos del discurso realista, es decir, como uno de los signos generadores de realismo"5. Es desde este punto de vista como vamos a analizar a Pedro el Geito, como un elemento más de la creación de un discurso literario realista. Y nada más realista que el físico, por eso la novela comienza con la descripción de un personaje importante para la acción. Tampoco debemos olvidar que el comienzo de algo es, de por sí, importante por el lugar privilegiado que ocupa: es lo primero que el lector retiene en su memoria y lo primero que le impresiona positiva o negativamente. En el final de la novela vuelve a aparecer Pedro, en ese caso para enterrar a Mararía, junto a los principales personajes. Así pues, la estructura es circular, algo típico de la creación literaria contemporánea.

El narrador empieza así: "Me habían descrito al hombre" (43). Frase que proporciona el saber del narrador: está informado y fruto de esa información más su elaboración es lo que va a describir. Los primeros datos de la descripción son realistas: "bajo, débil, pequeño" (43). Pero desde el principio el narrador rompe un realismo total mediante tres procedimientos retóricos: la animalización, la comparación y la cosificación6. Ejemplo del primero es: "con ojos de ratón" (43), animal que tiene connotaciones negativas en la novela7. En cuanto a la comparación, uno de los recursos retóricos más abundantes en el libro, leamos el siguiente: "ojos negros, diminutos como cabezas de alfileres" (43) o "bigote grande, espeso, de puntas afiladas, puntas señalando al horizonte, como las agujas de la rosa de los vientos" (43). Estos dos ejemplos son, a la vez, de cosificación. Así pues, realismo sí, pero con adornos retóricos que sirven para recordar que estamos en literatura, en un universo de ficción. Por eso no podemos dejar de acordarnos de la siguiente reflexión de Bobes Naves: "a pesar de la apariencia de realidad, no podemos admitir que el personaje se construya como una copia directa de una persona"8. El narrador siempre re-crea o construye con elementos que le interesan: unos son realistas y otros pertenecen al mundo de la retórica, de las palabras, que es el campo propio de la literatura.

La descripción física de Pedro nos da una imagen de un hombre deteriorado por el tiempo y los trabajos: "con un diente arriba y otro diente abajo. Con manos ásperas, duras, encallecidas" (43). El narrador insiste, y tres veces se repite, en el rasgo de su baja estatura (págs. 43, 46 y 47). Más adelante sabremos el porqué de esos callos en las manos. Otro defecto es que "tenía las piernas arqueadas" (46). Por tanto, la imagen mental que se hace el lector es de un adulto castigado por los años. El único dato positivo es que tenía uñas "fuertes y largas" (43), pero incluso este rasgo tiene su contraposición en que eran "negras" (43). La falta de higiene es un rasgo de este personaje y de otros muchos, y es signo de un realismo sin pudor, que refleja las cosas como son y, a la vez, remiten a escasez y pobreza. Con esta descripción el lector se crea un horizonte de expectativas realista que en parte se cumplirá y en parte no. Si una novela como Mararía empieza con una descripción de este tipo el lector ya está preparado para imaginar de qué se va a hablar. No se tratará predominantemente de sueños, imaginaciones, sino de referentes concretos: hasta la brujería es vista por los personajes de una manera realista y el caso del diablo, lo mismo. Los personajes ven y fruto de esta visión son sus reflexiones y su modo de actuar.

En la descripción física de Pedro no aparecen algunas partes como los labios, la nariz, la forma de la cara, etc. Sin duda, porque no interesan para la historia que se va a contar. Si hubieran siendo necesarios, habrían aparecido. De cada personaje se describe sólo lo que hace falta: el autor, como ingeniero que está construyendo el edificio de la novela, se sirve de unos materiales y otros los rechaza.

Por otra parte, la descripción de su forma de vestir es paralela a la física, de ahí que los rasgos negativos abunden. Así, sus pantalones "viejos, gastados, con remiendos de telas diversas en los perniles y en el trasero" (43). Síntoma de pobreza, a pesar de que tenga un camión, que era una pequeña fortuna en la época. Su sombrero también aparece negativamente: "con manchas de humedad y cinta desflecada" (43). Pero el elemento descrito con tintes más negativos es el calzado: "con un pie descalzado y otro calzado con un zapato descosido, un zapato con varias suelas superpuestas, suelas de goma, de cubiertas de camión" (43). Esto es lo que proporciona una imagen de pobreza al lector9. Ni siquiera la corbata, signo de elegancia, escapa de esta caracterización al describir su color: "negra, verdosa, pardusca" (43). Por tanto, descripción física e indumentaria crean en el lector un retrato de personaje adulto, desgastado físicamente y algo pobre. Y es el mejor signo para saber que la novela no será fantástica, aunque disponga de algún elemento de este tipo.

Existe una cierta relación entre realismo, novela, narración y éxito de lectores. Desde el siglo XIX el género predominante es el novelístico gracias a autores como Pérez Galdós y a críticos como Clarín. Lo que empezó en el XIX en el siglo siguiente se afianzó: el lector desea, sobre todo, novela realista, que cuente una buena y entretenida historia (narración realista). El éxito de Mararía se debe a la conjunción de todos estos factores. Por eso otra novela de R. Arozarena, Cerveza de grano rojo, no ha alcanzado esa popularidad, al tener otro tipo de características.

Para continuar la caracterización de nuestro personaje quedan diversos datos, como su situación personal. También, una vez más, es negativa: "viudo" (43). Sin embargo, aquí hay un elemento positivo, muy positivo: "con un hijo. Un hijo alto, muy delgado, con pelo movido y rubial"10 (43). Parece, pues, que hay futuro, aunque el presente sea sombrío. En el momento de comenzar la novela, que se desarrolla en el Lanzarote antes de que llegara el desarrollo turístico, la pobreza invade la isla, pero no el hambre. Pedro, a pesar de que es el dueño de un camión , no escapa de la miseria general. Por eso no puede extrañar el dato de que vivía "en una casa pequeña" (43). Lo más que le define es un objeto, del cual se sirve para su sustento: su camión: "Un camión antiguo" (44). Como Pedro, este vehículo está descrito mediante algunos recursos retóricos como la humanización, paralelamente a la cosificación del dueño: "Un camión con bigotes, como él [...] Un camión con un motor que tosía, escupía, jadeaba. Un motor agotado, enfermo de nervios, de rabia, de sed. Un motor que nunca terminaba de morir" (44). Entre la descripción de Pedro y la de su camión hay relaciones claras: el envejecimiento y el mal aspecto general. Los recursos retóricos utilizados son los mismos (humanización, comparación). Leamos: "El camión de Pedro, [...] con las aletas del capó abiertas, apoyadas en los guardafangos, como una nariz con las ventanas dilatadas para recoger todo el aire posible. La cabina sin puertas, con techo de lona, de un trozo de vela de barco. Un solo faro de carburo, un faro dorado y sin cristal. Correas, alambres, parches de lata [...] El motor jadeaba como los perros cansados y con sed cuando se quedan con la lengua fuera y todo aquel cachivache temblaba desajustado, nervioso en medio de la calzada, esperando como un potro la orden de salida" (47). No es exactamente una descripción realista, pero todos los elementos de que se sirve sí lo son: al comparar el motor con un perro logra un efecto de realidad importante en el lector, del mismo modo que al comparar los ojos de Pedro con cabezas de alfileres. Todo pertenece al ámbito de lo real, lo único que hace el novelista es mezclar secciones distintas de esa realidad mediante la retórica, que es la base de la escritura literaria. De este modo el lenguaje se enriquece.

Así pues, el camión representa a Pedro y viceversa. Los dos comienzan a estar en ruina física, pero eso no les impide bregar y dar un buen servicio a los isleños, de ahí que los dos sean algo necesario para el resto de los personajes: "un hombre solicitado en la isla, a quien siempre había que buscar, que esperar, que pedir, que pagar. Un hombre que transportaba hombres, mujeres, barricas, cabras, chicos, pescado". Es decir, la supervivencia de la isla en parte se debía a este personaje. En el último capítulo de la novela asistimos al traslado del cadáver de Mararía en el camión, que apenas puede moverse.

La relación Pedro-camión venía de antiguo. Manuel Quintero la recuerda al hacer una semblanza del Geito: "Jamás gastaba una gorda de su bolsillo, porque el hombre andaba empeñado en comprarse un camión pintado de rojo que, noche tras noche, le cruzaba por los sueños" (72). Personaje, pues, con voluntad y espíritu de sacrificio para conseguir su sueño. El tema del sacrificio, que tan arraigado estaba en Pedro, es otro de los motivos importantes en la novela, ya que algunos personajes sueñan y se sacrifican, pero no consiguen su deseo, así Mararía11.

Antes hemos hablado de la situación de pauperización. Unida a ella un espacio duro, seco, que crea un carácter resignado y poco escrupuloso: "Una mosca azul se posó en mi mejilla. [...] La sacudí con fuerza, con asco y fue a posarse sobre el rostro de Pedro el Geito, junto a su boca, donde permaneció largo tiempo sin ser espantada" (45). Muchos de los animales que pueblan el espacio novelesco son lo menos poéticos y limpios que se pueda imaginar uno: moscas, perros... Son animales necesarios para retratar cualquier espacio realista. ¿Podemos imaginarnos a Don Quijote y Sancho sin el caballo y el burro?

No nos olvidamos del apodo de Pedro –"el Geito"-. Como todo mote tiene un significado unido íntimamente al personaje. Un diccionario nos enseña que "geito" significa "maña, destreza en algo"12. Y, ciertamente, Pedro es bastante habilidoso, pues a pesar de su baja estatura, que le impide conducir él solo su camión, se vale de una maña: su hijo le va avisando de lo que tiene que hacer. Por tanto, el apodo es apropiado al personaje y lo describe psicológicamente. Y esto es un rasgo más del realismo que caracteriza a este personaje.

Desde el realismo y naturalismo del XIX un dato importante para la novela y la caracterización del personaje es conocer los antecedentes de éste. En el caso que nos ocupa, sabemos por Manuel Quintero parte de la historia de Pedro: la etapa en la que trabajaron juntos y él ahorraba y soñaba con un camión. También conocemos el hecho de negarse a entrar con el camión en Femés, pues a pesar de ser un hombre experimentado tiene miedo de la bruja de Mararía. Cuando se despide del personaje al que deja en el cruce del camino a Femés, el narrador escribe: "El Geito se quitó el sombrero. Era calvo, blanco y rojo. Estaba inquieto" (52). Por tanto, el temor hacia Mararía es algo presente en él, como en el resto de los personajes de la novela. Y eso les condiciona en su actuar.

Todos los personajes han sido construidos en su relación con Mararía. Pedro, especialmente, ha sufrido dos acciones importantes en relación a ella. La primera, tan trágica como la segunda, sucede cuando participa con el resto de los hombres del pueblo en el asesinato espontáneo del novio árabe de Mararía. La narración de estos hechos es descarnada, como si fuera una crónica de periódico:

"Cerca de la palmera que hay en el camino nos topamos con el hombre. <<El morito>> [...] venía solo y a patitas desde la carretera principal. [...] Se llegó hasta nosotros con una sonrisa, como si se alegrara de vernos. Pero yo le noté el miedo [...] De repente Justo, el tocador, lanzó un tremendo berrido:

-¡A mí éste no me quita la María!

Y alzando la guitarra con las dos manos le dio tan fuerte leñazo en la cabeza que el árabe no pudo decir ni pío. Aquello fue la señal y todos a una nos lanzamos sobre el hombre y nos despachamos a gusto. Marcial lanzaba gritos de contento y siempre que el morito quedaba boca abajo le daba tremendas patadas en el culo. A Justo le dio por tomar una piedra del tamaño de un puño y con ella darle golpes en la cabeza. No pudo decir ni pío. Cuando nos cansamos de pegar, Sebastián se agachó y levantó la cabeza al moro [...] y dijo:

-Este hombre está muerto.

Estábamos borrachos" (85-86).

La reacción de Pedro ante esta desgracia es muy cruel: "me eché a reír y dije que si estaba muerto, mejor; que si lo habíamos matado, mejor; que así no podría llevarse a la María" (86). Es tal la ceguera del Geito, y la del resto de los compañeros, que justifican el homicidio. Pero nos sorprende su ensañamiento, que no se puede justificar por la embriaguez y la pasión por la mujer.

El otro momento delicado en la vida del Geito es cuando coge al hijo de María y le pone encima de él para que disfrute mientras él nada. Aquí el destino le juega una mala pasada: quiere al muchacho y desea que se divierta en la playa, pero se le corta la digestión y el chiquillo se ahoga. Como consecuencia de este accidente María entra en la locura y, una vez curada, vive de modo solitario y aborreciendo a los varones.

Dicen que no hay dos sin tres. En el último capítulo de la novela asistimos al entierro de la protagonista. Pedro, una vez más, participa en este hecho importante. Lleva el cadáver de María al pueblo para ser enterrada. La narración y la descripción de la escena es realista y, a la vez, trágica: casi todos los personajes importantes, que tanto desearon a la protagonista, participan en la comitiva fúnebre. Son los mismos que asesinaron al hombre con el que se iba a casar. A ellos se añaden dos: un cura que ya no es cura –don Abel- y un médico fracasado –don Fermín-13. Todos los personajes perdieron y se perdieron por la finada, a excepción del sacerdote. Pero son los único que la acompañan en la despedida. El final es realista y premonitorio (¡nunca se ha de acabar el mal!): "La luz surgía roja14 por detrás de la Atalaya e incendiaba las nubes que como grandes flamas de fuego cruzaban sobre la isla. Acaso fueron las nubes tan rojas y fulgentes las que asustaron a los perros. Los perros aullaron largo y a las mujeres se les metió un escalofrío en el cuerpo. Así ocurrió a los hombres de Femés, cuando, ya en el camposanto, Marcial abrió la caja y vieron a María sin pañuelo ni embozo, los ojos solamente" (228).

Conclusión: la concepción realista de la novela exige que el personaje Pedro el Geito esté caracterizado con rasgos realistas (aspecto fisico, indumentaria, lenguaje, acción). Por otra parte, el hecho de abrirse la obra con una amplia descripción de este personaje se debe a que es uno de los protagonistas, por tanto aparecerá en momentos clave de la misma (asesinato del novio árabe de Mararía, muerte del hijo y entierro), y a la estructura circular de la misma.


Notas:

  1. C. Becker, Lire le Réalisme et le Naturalisme. Paris: Dunod, 1992.

  2. Aunque, más bien, la brujería y el diablo son vistos como elementos que pertenecen al mundo en el que viven.

  3. Todas las citas de la novela corresponden a la siguiente edición: R. Arozarena, Mararía. Prólogo de M. Torres Stinga. Santa Cruz de Tenerife: Interinsular Canaria, 1983.

  4. T. Albaladejo, Semántica de la narración: la ficción realista. Madrid: Taurus, 1992, pág. 109.

  5. Mª. del Carmen Bobes Naves, Teoría general de la novela. Semiología de "La Regenta". Madrid: Gredos, 1985, págs. 100-101.

  6. Para hacer más efectivo el mensaje.

  7. De otro personaje también se comenta que tiene ojos de ratón.

  8. Mª. del Carmen Bobes Naves, op. cit., pág. 101.

  9. El personaje central de la novela -Mararía- suele aparecer también descalza.

  10. En parte, el hijo es como el padre pero mejorado físicamente (es alto, por ejemplo).

  11. Su deseo de tener un buen marido, rico, no lo logrará, porque los hombres sólo ven en ella un cuerpo muy sensual. Sólo Manuel Quintero soñara brevemente con la posibilidad de casarse y ser feliz con ella. Mararía, dirigida por su tía, dirige sus empeños a la captura de un hombre con dinero. Como esto no será posible, rechazará todo lo que sea macho (como bien recordará Marcial).

  12. A. O´Shanahan, Gran diccionario del habla canaria. Madrid: Centro de la Cultura Popular Canaria, 1995, pág. 573.

  13. La novela se puede entender desde el fracaso de todos los personajes. El fracaso es como una hoz que va segando todo lo que sueñan.

  14. El rojo es el color que los personajes asocian al diablo, a la brujería, a Mararía, al mal, a lo que no se puede dominar, lo que a veces echa a perder a los humanos. De ahí el temor de todos.

 

© Juan José del Rey Poveda 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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