RODRIGO PESÁNTEZ RODAS
POETA ECUATORIANO
RECIBE LA MEDALLA AL MÉRITO LITERARIO
POR PARTE DEL CONGRESO EN SU PAÍS

 

(Entrevista concedida a Floriano Martins)


   


El poeta y crítico ecuatoriano Rodrigo Pesántez Rodas (1937) recibió una medalla al mérito literario del Congreso Nacional de su país como reconocimiento a una larga e importante contribuición a la cultura de aquel rincón hispanoamericano. Pesántez Rodas, poeta perteneciente a la generación del 60, ha publicado varios libros de poesía y ensayo, entre los cuales merece una mención especial su Antología da la poesía cósmica del ecuador, una selección en 400 páginas de lo mejor de la poesía de Ecuador, publicación que le ha garantizado el Premio Vasconcelos, en México, en 1996. Además, en el año pasado ha publicado Del vanguardismo hasta el 50, volumen en el que estudia los riesgos históricos, estilísticos y críticos de la poesía en su país. El poeta y ensayísta brasileño Floriano Martins (1957), ha mantenido un largo diálogo con Rodrigo Pesántez Rodas, cuyos fragmentos se publican ahora.


En su Corriente alterna (1967), afirma Octavio Paz que "la crítica es el punto flaco de la literatura hispanoamericana", aunque ya considere los primeros momentos del venezolano Guillermo Sucre, que luego escribiría un libro esencial, La máscara, la transparencia (1975). Tienes una intensa actividad crítica. ¿Qué es lo que buscas en esa aventura? ¿Hay un diálogo posible entre poesía y crítica, sea en Ecuador o en el resto de Hispanoamérica?

Todo poeta es un crítico y en todo crítico hay un poeta no desarrollado (hablamos en términos relativos). Las dos esferas, creación e interpretación, no son sino el anverso y reverso de un mismo mundo estético. El poeta crea, el crítico recrea y en ese aparente juego de imagen están conjugados los mismos elementos asociativos y discursivos con que trabajan el uno y el otro. Posiblemente Octavio Paz en su libro Corriente alterna, al decir que la crítica es el punto débil de la Literatura Hispanoamericana, lo hace desde el punto de vista comparativo y, lo que es más, en relación con una crítica científica, como en los norteamericanos, los rusos o los europeos. Por supuesto que a nosotros nos falta el rigor formal y nos sobra la generosidad conceptual. En mis últimos libros, sobre todo en mis estudios sobre el Modernismo y el Vanguardismo poético en el Ecuador, he tratado de someterme al rigor de los planos linguísticos, sin desdeñar, desde luego el horizonte estilístico que en gran parte configura la mágica atmósfera de la creación.

Pienso que el reconocimiento de la literatura hispanoamericana todavía se define por su componente fantástico. Hay también componentes de otro orden, incluso los de naturaleza política. En relación a la poesía, los más grandes poetas actuales -pienso en Gonzalo Rojas, Vicente Gerbasi, Pablo Antonio Cuadra, Roberto Juarroz, César Dávila Andrade, Carlos Germán Belli, José Kozer -no han logrado una posición de reconocimiento internacional que sea definida por su misma obra. La obra en sí, ¿todavía define el prestigio de un autor?

Así es: una gran parte de la mejor literatura del siglo XX en sus últimas décadas se ha dado en América Latina. Obras como las de Juan Rulfo, Borges, García Márquez, Onetti, Cortázar, Vargas Llosa o Roa Bastos, con testimonios de aperturas hacia la universalización del espacio creativo por encima de las barreras del lenguaje. En poesía, el camino ha sido diferente. Es un género, en primer término, menos comercial y, por ende, las editoriales poco hacen por difundirla y cuando se han interesado en ella, no ha sido en razón de las excelencias de la obra sino de las conexiones o ubicaciones extraliterarias del autor. Pienso que Ernesto Cardenal es un buen poeta, si se quiere, un gran poeta, pero su prestigio se debe a coyunturas de otra índole, tal vez políticas. Pienso que en esa altura están Vicente Gerbasi, Carlos Germán Belli o nuestro César Dávila Andrade, y que sin embargo no gozan del reconocimiento continental que merecen. El hecho de que no lo dieran el Nobel de Literatura a Jorge Luis Borges y no se haya dado todavía a ningún escritor brasileño teniendo más de uno de garra universal en poesía y narrativa reafirma la idea de que el "prestigio" a veces no se sienta ni asienta sobre bases intrínsecas sino coyunturales. Y al decir prestigio, entre comillas, hablamos de reconocimientos oficiales. Nada más. La obra sólida, a la larga, trasciende y permanece. Vallejo, el peruano de los Heraldos negros, vivirá más tiempo en el espacio y en el tiempo que Neruda.

¿Qué piensas acerca del recurrente tema de las relaciones entre sentido y forma?

No se puede hablar de los elementos en la obra poética. Si el lenguaje como forma de expresión comunica, la idea se vuelve recipiente a la vez y se unifica en la vertiente piramidal de los sentidos. Además, el poeta no escoge ni los metros ni los ritmos. La poesía viene con su propia indumentaria. De allí que estrofas de verso abierto o estructuras ancestrales (sonetos, por ejemplo) nada tienen que ver en el acto poético. Lo que si hay que evitar es la difamación del género so pretexto de innovaciones del lenguaje. Tanto en Dávila Andrade como en Lezama Lima, la poesía asoma aunque por diferentes andariveles, pero asoma y esto es lo que perdura.

Una nota de prensa acerca de tu Antología cósmica de la poesía del Ecuador (1997) dice que el libro, por su difusión a partir de una editorial mexicana, debe lograr que los poetas ecuatorianos no permanezcan inéditos. Tiempos antes, en uno de esos encuentros de escritores, Jorge Enrique Adoum ha responsabilizado a países como Brasil, Argentina y México por la condición de desprestigio de la literatura latinoamericana ante el mundo. ¿Qué piensas de eso? ¿Cual el motivo de esa adjetivación de cósmica en respecto a esa poesía?

La falta de conocimiento de nuestra poesía -de la ecuatoriana- no está dada por culpa de otros países, sino por culpa nuestra. A través de la Antología de la poesía cósmica, hecha gracias al esfuerzo y solidaridad de ese genuino mecenas que es Fredo Arias de la Canal ha servido para que muchos países nos conozcan y muchos estudiosos nos lean. De este viaje editorial iniciado en México he podido darme cuenta de la aceptación que ha tenido nuestra poesía en sitios muy distantes y gustos tan divergentes como en USA, Cuba, España, Argentina, Brasil etc. Nos faltó difusión, nos faltó empuje editorial. Desde la presentación de la Antología hasta su selección impactaron. Vino la lectura, la relectura y el criterio. Hoy te puedo afirmar que nuestro ámbito poético ya no estará circunscrito a uno o dos poetas, sino a un registro de nombres mucho más auténtico por auténticos creadores. Lo de Cósmico piento que no influye en la lectura. Son arquetipos ufanados y extraídos por quienes como Fredo y como yo pensamos que el cosmos y su energía encauzan todas nuestras actividades por más íntimas o secretas.

Nuestro continente ha sido escenario de las más terribles modalidades de degeneración cultural, cuyas señales de resistencia no afianzan una visión optimista del futuro. ¿Qué piensas acerca de algo como el MERCOSUR?

Creo en la Unidad de América, sobre todo en aquella en donde las pequeñas diferencias nos unen cada día más. Creo en la universilidad del hombre en su búsqueda de paz y solidaridad. La unión no se afianza en los nombres o membretes, sino en la cultura de una sociedad hecha para servir al hombre y no el hombre sirviente de una sociedad.

 

Floriano Martins (poeta, ensayista y tradutor) dirige la revista Agulha (www.agulha.cjb.net).

 

© Floriano Martins 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/r_pesant.html