La sintaxis narrativa del Martín Fierro

 

Fernando Sorrentino


A un cantor lo llaman bueno
cuando es mejor que los piores.

II, xxx

 

   

Perplejidades compartidas

Del celebérrimo libro de Ezequiel Martínez Estrada, Muerte y transfiguración de Martín Fierro (1948), se han dicho muchísimas cosas. Creo que se aún se pueden, y se podrán, decir muchísimas más.

Como no me considero lo suficientemente capacitado para juzgar los aspectos históricos, sociológicos, psicológicos y conexos de estas disciplinas (y, mucho menos, los del psicoanálisis, es decir la ultrasuperhiperciencia de todas las ciencias habidas y por haber), he leído estas partes, que abundan en el tomo I de la obra, con una respetuosa aceptación. Eso fue al principio. Al leer el tomo II, cuya materia es más literaria que la anterior, he hallado una cantidad, no diré de desatinos, pero sí de proposiciones que mi espíritu, dado desde antaño al eufemismo, ha visto ya como discutibles (en el mejor de los casos), ya como irreparablemente erróneas (en el peor de ellos).

Estos tropiezos me han llevado a que, inclusive las partes aceptadas al principio con mansedumbre de aprendiz, las considere ahora con la natural reserva que se les asigna a los elementos recibidos con beneficio de inventario.

Eludiéndolos con deliberación, sólo deseo, al menos en este trabajo, referirme al problema de la sintaxis narrativa del Poema. Chesterton cierta vez escribió algo así como "No es que esta gente no ve la solución; esta gente no ve el problema".

En verdad, el problema es, acaso por su misma sencillez (como "La carta robada" de Poe), difícil de ver. Debo confesar que, durante muchos años, hubo un hecho, en la primera parte del Poema, que perturbaba la lectura que de él hacía y, por ende, mi entendimiento. Y habría perturbado hasta mi paz espiritual si no hubiera considerado por entonces que han de ser muy escasas las obras literarias del todo libres de algún desajuste formal o conceptual. Por otra parte, el desliz encontrado en el Martín Fierro —si bien no era diminuto— poco menoscababa los méritos del poema ni en nada empequeñecía el placer que su lectura suministraba.

En efecto, ¿cómo explicar que, acabada —en el canto 9— la pelea contra la partida, aparezca —en el canto 10— otro narrador, es decir, Cruz? ¿Cómo se introduce Cruz como voz narrativa y con qué derecho cuenta su historia al lector?

Después de un tiempo de perplejidades, di con lo que creí la solución del problema. Esta solución fue, digamos, de "uso interno", ya que, en rigor, tenía la certeza de que, entre los lectores no ingenuos, sólo a mí me había estado vedada esa iluminación, que entonces alcancé. Digamos, pues, que, con esta solución en la cabeza, mi existencia siguió su curso normal, con la única diferencia de que, al releer El gaucho Martín Fierro, lo hacía ahora con una visión mucho más nítida de lo que allí sucedía.

(He leído muchísimas veces el Martín Fierro, pero he acudido muy pocas a libros o artículos que se refieran a él; por lo tanto, no me sorprendería que lo que voy a comunicar como un hallazgo mío bien pudiera haber sido expuesto antes por otra persona.)

Nací en noviembre de 1942. El año en que Martínez Estrada publicó su ensayo sobre el Martín Fierro yo tenía un lustro de vida y era alumno de jardín de infantes. Tuve que llegar a julio de 1999 para leer Muerte y transfiguración de Martín Fierro, y encuentro que, al menos en 1948, Martínez Estrada se hallaba en los mismos desvelos que me asediaron a mí cuando tuve edad de leer el Poema con la infinita atención y con las múltiples relecturas que obra tan inmensamente rica y polisémica se merece.

El tomo II de Martínez Estrada se titula "Las perspectivas"; su segunda parte, "Las estructuras"; el tercer apartado de ésta, "Las incongruencias" (pág. 51). De las ocho incongruencias que cita el autor, me parece conveniente, en este trabajo, limitarme a trabajar con las tres primeras, que copio literalmente:

Del tiempo: Cuándo cuenta Martín Fierro su historia, pues ambas partes terminan a cargo del Narrador; ante quiénes, en cuántas sesiones —La Vuelta se inicia por un Preámbulo, como la Ida—;

De los interlocutores: Si Martín Fierro cuenta todas las historias o cada cual la suya; si la Payada ha de entenderse que es contada por el Narrador o debe leerse como un diálogo, actualizado, entre los dos cantores; del espectador que interrumpe al Hijo Segundo;

De la identificación o confusión del Cantor y del Narrador: En diversos pasajes, la Obra, que está impostada como un monólogo lírico, da lugar a que el relato se haga en tercera persona; el Narrador de los finales de ambas partes no puede ser confundido con el de los romances de la Vuelta.

Creo que mi solución echará luz sobre la totalidad de estos interrogantes, si bien algunos de ellos no son tales, sino más bien afirmaciones argumentativas en son de duda.

 

Estructura narrativa de El gaucho Martín Fierro

El Martín Fierro pertenece al género narrativo y, dentro de éste, al subgénero novela.

En una novela narrada en primera persona (por ejemplo, Don Segundo Sombra), el Autor es "Ricardo Güiraldes" y el Narrador es "Fabio Cáceres". Quiere decir entonces que, cada vez que habla otro personaje, sus palabras son transcriptas en discurso directo por el Narrador. Podemos denominar Voz de Nivel 1 (VN1) a la voz del Narrador que expone las partes del relato, y Voz de Nivel 2 (VN2) a cada una de las voces de los diversos personajes que hablan en la novela, incluyendo, desde luego, la propia voz del Narrador en los casos en que toma la palabra en un diálogo cualquiera.

Esto quiere decir que, si recurrimos a la convención de encerrar entre llaves {…} el desarrollo de la VN1 y entre corchetes […] el desarrollo de la VN2, advertiremos lo siguiente:

{En las afueras de un pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río, uniendo las quintas al campo tranquilo.

Hasta el párrafo 26 incluido continúa en exclusividad la VN1. En los párrafos 27-30 ocurre esto:

{[—Andá decíle algo a Juan Sosa] —proponíame alguno—, [que está mamao, allí, en el boliche.]

Cuatro o cinco curiosos, que sabían la broma, se acercaban a la puerta o se sentaban en las mesas cercanas para oír.

Con la audacia que me daba el amor propio, acercábame a Sosa, y dábale la mano:

[—¿Cómo te va, Juan?]}

Etcétera, etcétera. Lo que antecede es tan elemental y evidente, que no requiere agregado alguno.

Ahora bien, muy otro es el caso del libro de Hernández.

Ocurre que el Martín Fierro, a pesar de sus engañosas apariencias, ES UNA NOVELA NARRADA, NO EN PRIMERA PERSONA, SINO EN TERCERA POR UN NARRADOR OMNISCIENTE. Éste, aunque cuenta desde afuera del relato, utiliza el mismo lenguaje gauchesco que los personajes que se hallan dentro del relato: "buscó un porrón pa consuelo" (v. 2370); "y de un golpe al istrumento" (v. 2373); "una tropilla se arriaron" (v. 2288), etcétera. Además, se permite (según generalizados y abundantes ejemplos que aparecen también en otros autores)1 algunas expresiones en primera persona: "daré", "mis coplas" (v. 2281); "No sé" (v. 2301); "espero" (v. 2303); "sabré" (v. 2304); "mi relación acabé" (v. 2306); "conté" (2307); "me despido yo" (v. 2313); "he relatao", "mi modo" (v. 2314).

Primero examinaré la estructura de El gaucho Martín Fierro.

Un "Gaucho Innominado" es el Narrador, o sea la VN1. Empieza, pues, el Poema transcribiendo la voz de "Martín Fierro", o sea la VN2. Esta VN2 se extiende desde el verso 1 ("Aquí me pongo a cantar") hasta el verso 2268 ("de estas pelegrinaciones"). En el verso 2269 ("En este punto el cantor") se produce la primera intervención directa de la VN1, ya no reproduciendo la VN2, sino tomando el hilo narrativo, a modo de cualquier novela que empezara con un diálogo sin acotaciones y continuara según la manera corriente de narrar (y no importa aquí si en primera o tercera persona); que esta primera intervención de la VN1 se produzca después de una larguísima tirada de 2268 versos no hace menos válido el hecho que si se produjera en el verso 2: el fenómeno es exactamente el mismo.

"Martín Fierro" es la VN2 que, como ya dije, se extiende desde el verso 1 ("Aquí me pongo a cantar") hasta el verso 2268 ("de estas pelegrinaciones"). Dentro de esta VN2 se encuentran diversas Voces de Nivel 3 (VN3), es decir los discursos directos de los personajes —incluido, por supuesto, los del mismo Martín Fierro— que son copiados por la VN2. Estas VN3 son las siguientes:

  1)    El Juez: vs. 359-360:

Muchachos, a los seis meses
los van a ir a revelar.

  2)    El Jefe: vs. 393-396:

Quinientos juntos
llevará el que se resierte;
lo haremos pitar del juerte;
más bien dése por dijunto.

  3)    El Indio: vs. 581-582:

Acabau, cristiano,
metau el lanza hasta el pluma.

  4)    Martín Fierro: vs. 743-744:

Tal vez mañana
acabarán de pagar.

  5)    El Mayor: vs. 745, 747-748:

Qué mañana ni otro día,
la paga ya se acabó,
siempre has de ser animal.

  6)    Martín Fierro: vs. 749-750:

Yo...
no he recebido ni un rial.

  7)    El Mayor: vs. 755-756:

¿Y qué querés recebir
si no has dentrao en la lista?

  8)    Martín Fierro: vs. 757, 759-762:

Esto sí que es amolar,
van dos años que me encuentro
y hasta aura he visto ni un grullo;
dentro en todos los barullos
pero en la listas no dentro.

  9)    El Gringo: v. 860:

¿Quén vívore?

10)    Martín Fierro: v. 861:

¿Qué víboras?

11)    El Gringo: v. 862:

¡Hagarto!

12)    Martín Fierro: v. 864:

Más lagarto serás vos.

13)    El Mayor: vs. 881-882:

Pícaro, te he de enseñar
a andar declamando sueldos.

14)    Martín Fierro: v. 1154:

Va… ca… yendo gente al baile.

15)    La Negra: v. 1158:

Más vaca será su madre.

16)    Martín Fierro: vs. 1163-1164:

Negra linda…,
me gusta… pa la carona.

17)    Martín Fierro: vs. 1167-1170:

A los blancos hizo Dios,
a los mulatos san Pedro;
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno.

18)    Martín Fierro: vs. 1177-1178:

Por… rudo… que un hombre sea
nunca se enoja por esto.

19)    El Negro: vs. 1181-1182:

Más porrudo serás vos,
gaucho rotoso.

20)    Martín Fierro: vs. 1192-1194:

Caballeros:
dejen venir ese toro;
solo nací…, solo muero.

21)    El Negro: vs. 1197-1198:

Vas a saber
si es solo o acompañao.

22)    El Guapo: v. 1292:

Beba, cuñao.

23)    Martín Fierro: vs. 1293-1294:

Por su hermana,
que por la mia2 no hay cuidao.

24)    El Guapo: vs. 1295-1300:

¡Ah, gaucho!,
¿de qué pago será criollo?
Lo andará buscando el hoyo,
deberá tener güen cuero;
pero ande bala este toro
no bala ningún ternero.

25)    Martín Fierro: vs. 1497-1498:

Si han de darme pa tabaco,
ésta es güena ocasión.

26)    Martín Fierro: v. 1515:

No se han de morir de antojo.

27)    El Policía: vs. 1523, 1525-1530:

Vos sos un gaucho matrero.
Vos matastes un moreno
y otro en una pulpería,
y aquí está la polecía
que viene a ajustar tus cuentas;
te va a alzar por las cuarenta
si te resistís hoy día.

28)    Martín Fierro: vs. 1531-1536:

No me vengan
con relación de dijuntos:
ésos son otros asuntos;
vean si me pueden llevar,
que yo no me he de entregar
aunque vengan todos juntos.

29)    Martín Fierro: vs. 1587-1590:

Si me salva
la Virgen en este apuro,
en adelante le juro
ser más güeno que una malva.

30)    Martín Fierro: v. 1607:

Dios te asista.

31)    Cruz: vs. 1624-1626:

¡Cruz no consiente
que se cometa el delito
de matar ansí un valiente!

32)    Cruz: vs. 1643-1644:

Que venga otra polecía
a llevarlos en carreta.

33)    Martín Fierro: vs. 1669-1686:

Yo me voy, amigo,
donde la suerte me lleve,
y si es que alguno se atreve
a ponerse en mi camino,
yo seguiré mi destino,
que el hombre hace lo que debe.
Soy un gaucho desgraciado,
no tengo dónde ampararme,
ni un palo donde rascarme,
ni un árbol que me cubije;
pero ni aun esto me aflige,
porque yo sé manejarme.
Antes de cair al servicio,
tenia familia y hacienda;
cuando volví, ni la prenda
me la habian dejao ya:
Dios sabe en lo que vendrá
a parar esta contienda.

34)    Cruz: vs. 1687-2142:

Abarca íntegramente los cantos 10,
11 y 12, desde
"Amigazo, pa sufrir"
hasta "le están errando la cura".

35)    Martín Fierro: vs. 2143-2268:

Abarca 21 sextinas del canto 13,
desde
"Ya veo que somos los dos"
hasta "de estas pelegrinaciones".

Estas treinta y cinco intervenciones son todas las que corresponden a la VN3. Como vemos, también el extenso discurso de Cruz (cantos 10-12) pertenece a este nivel, de igual manera que las intervenciones 31) y 32); todas, sin excepción, son exactamente de la misma índole.

De modo tal que no hay ningún motivo para confundirse e imaginar que el discurso de Cruz es del mismo nivel de autonomía del de Martín Fierro. No: el discurso de Cruz, tal como nos lo ha demostrado esta enumeración (tan tediosa como imprescindible), se halla DENTRO del discurso de Martín Fierro, quien lo único que hace es reproducir textualmente las palabras de aquél.

El hecho es curioso. Creo que esta confusión (de la que fuimos víctimas, entre —supongo— muchos otros lectores, Martínez Estrada y yo) se origina en un detalle menos que ínfimo (pequeñas causas, grandes efectos): un detalle meramente tipográfico, que es el caso de que el nombre CRUZ al principio del canto 10 y el nombre MARTÍN FIERRO al principio del 13 tengan igual valor tipográfico que el nombre MARTÍN FIERRO que se encuentra al principio del canto 1. Esto ha provocado la ilusión de que el discurso de Cruz se desenvuelve en el mismo nivel de sintaxis narrativa que el de Martín Fierro: se lo ha supuesto coordinado o yuxtapuesto, cuando, en realidad, el de Cruz se encuentra subordinado al de Fierro.

Terminado el discurso de VN3 de Martín Fierro, que se encuentra, a su vez, dentro del discurso de VN2 del propio Martín Fierro, empieza el discurso de VN1 que corresponde al Narrador "Gaucho Innominado" (v. 2269):

En este punto el cantor,

es decir, su Personaje, la narración de cuyos hechos no abandonó nunca, pero que ahora retoma taxativamente, en tercera persona, desde AFUERA del relato.

Desde el v. 2269 hasta el final de El gaucho Martín Fierro (v. 2316) sigue el Narrador de VN1, con la única interrupción de una VN2, que es Martín Fierro, cuando dice (2275-2280):

Ruempo la guitarra
por no volverme a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tenganló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó.

Volviendo ahora al discurso de VN3 que desarrolla Cruz en los cantos 10-12, encontramos dentro de él seis discursos de VN4. Ellos son los siguientes:

1)    Cruz: vs. 1816-1818:

Que le aproveche,
que habia sido pa el amor
como guacho pa la leche.

2)    Cruz: vs. 1823-1824:

Cuidao, no te vas a pér… tigo,
poné cuarta pa salir.

3)    Cruz: vs. 1861-1862:

Pa su agüela
han de ser esas perdices.

4)    El Guitarrero: vs. 1957-1968:

Las mujeres son todas
como las mulas;
yo no digo que todas,
pero hay algunas
que a las aves que vuelan
les sacan plumas.
Hay gauchos que presumen
de tener damas;
no digo que presumen,
pero se alaban,
y a lo mejor los dejan
tocando tablas.

5)    Cruz: v. 1972:

Dejá de cantar…, chicharra.

6)    Cruz: vs. 1982:

Naides me ataje.

Finalmente, y aun a riesgo de fastidiar con la reiteración, apelaré al artificio de trazar una suerte de esquema geométrico, demostrativo de dónde se encuentra cada uno de los discursos y de cuál es su nivel de subordinación:

 

 

Creo, en fin, que, si estamos de acuerdo con estos esquemas, ya no habrá motivos para aducir incongruencia alguna. Al menos, para El gaucho Martín Fierro.

De cualquier manera, ya me atrevo a anticipar que tampoco habrá incongruencia ninguna en La vuelta de Martín Fierro.

 

Estructura narrativa de La vuelta de Martín Fierro

En este caso, la estructura es más compleja, pero de ningún modo intrincada ni abstrusa. Ocurre, simplemente, que hay un sutil juego temporal, de avance y retroceso, que nos hace remontar los sucesos anteriores y luego trasladarnos al tiempo presente, entendiéndose presente por el presente convencional de la narración.

Veamos.

En primer lugar, me veo obligado a repetir casi literalmente lo mismo que expuse respecto del principio de El gaucho Martín Fierro. Que, mutatis mutandis, es lo siguiente:

También en la Vuelta, el "Gaucho Innominado" es el Narrador, o sea la VN1. Pero, a diferencia de lo que ocurría en la Ida, su VN1 no sólo reproduce una sola VN2 (la de "Martín Fierro"), sino que lo hace también con otras dos VN2: la del "Hijo Mayor" y la del "Hijo Segundo" (que aquí, según se ve, no funcionan como VN3 de la VN2 de "Martín Fierro"; es decir, no están en un nivel subordinado de segundo grado sino en un nivel subordinado de primer grado).

Empieza, pues, el Poema transcribiendo la voz de "Martín Fierro", o sea la VN2. Esta VN2 se extiende desde el verso 1 ("Atención pido al silencio") hasta el verso 1706 ("son cojos…, hijos de rengo"). Toda la materia de este texto pertenece a una narración del pasado, con la excepción del lenguaje apelativo con que se dirige a su auditorio en tres oportunidades: a) versos 1-199; b) versos 1551-1556; c) versos 1691-1706.

Surge ahora la segunda VN2, la del "Hijo Mayor", que se extiende desde el verso 1707 ("Aunque el gajo se parece") hasta el verso 2084 ("poco tiene que contar"). También aquí, su materia constituye la narración de sucesos pasados.

En el verso 2085 ("Lo que les voy a decir") aparece la tercera VN2: es el "Hijo Segundo", que narra sus largas y variadas peripecias hasta el verso 2902 ("lo que se ha hecho mi rodeo").

Nos damos cuenta de que Martín Fierro, el Hijo Mayor y el Hijo Segundo se encuentran en una pulpería, ante un auditorio que sabemos numeroso ("entre tanta concurrencia"). Los tres hombres, que, tras diez años de ausencia, han vuelto a encontrarse hace muy poco ("el otro día") se hallan en el presente que narra la VN1, pero sus tres historias de VN2 pertenecen al pasado.

Entonces, súbitamente, irrumpe la VN1 (el "Gaucho Innominado") para retomar, con el relato de la llegada de Picardía, la narración de los sucesos presentes: desde el verso 2903 ("Martín Fierro y sus dos hijos") hasta el verso 2940 ("en cuanto templó las cuerdas").

Ahora, a la concurrencia y a los tres hombres de apellido Fierro, se les suma este recién llegado que, también como VN2, se remonta al pasado para narrar sus sucesos: desde "Voy a contarles mi historia" (verso 2941) hasta "algún pecao que pagar" (verso 3886).

Inmediatamente vuelve a tomar la palabra el "Gaucho Innominado" (VN1) para presentar, en unos pocos versos (3887-3916), al Moreno que sostendrá la payada con Martín Fierro. Pues bien, desde este momento y hasta el verso 4798 ("tiene culpas que esconder") la narración sigue su cauce, linealmente, por el tiempo presente, sin volver a remontarse al pasado. Los versos finales (4799-4894) están hechos de una suerte de materia expositiva, puestos en boca del "Gaucho Innominado" (que en estos pasajes, como en otros, se mimetiza con el personaje Martín Fierro).

Ahora el Poema está ubicado en el presente, y sólo en el presente. El "Gaucho Innominado" (VN1) se retira de la narración, y tiene lugar entonces el inolvidable contrapunto entre dos de las VN2: "Martín Fierro" y "El Moreno". La payada se extiende (a modo de diálogo teatral, sin ninguna acotación del "Gaucho Innominado") entre los versos 3917 ("Mientras suene el encordao") y 4522 ("remacharselé a uno el clavo").

A continuación retoma el "Gaucho Innominado" (VN1) el hilo de la narración (4523-4524) en el romance que sirve de transición y preludio a los consejos de Martín Fierro (VN2): éstos ocupan desde el verso 4595 ("Un padre que da consejos") hasta el 4780 ("de ande salen las verdades").

Por último, como ya se dijo, el "Gaucho Innominado" (VN1) toma por última vez la palabra y sigue con ella hasta concluir el Poema: desde el verso 4781 ("Después, a los cuatro vientos") hasta el 4894 ("sinó para bien de todos").

Ahora bien, desde el punto de vista del examen del tiempo en que transcurren los sucesos, podríamos dividir la Vuelta en dos grandes segmentos.

El primero, que podríamos denominar "Historias acaecidas en el pasado", corre, en términos generales, desde el verso 1 hasta el verso 3886, que marca el fin de la historia de Picardía.

El segundo, que bien podría llamarse "Acciones que se desarrollan en el presente", se extiende desde el verso 3887 (anuncio de la llegada del Moreno) hasta el fin del Poema (verso 4894).

Si el lector está de acuerdo con la presentación de estos elementos que acabo de desarrollar, comprobará que "Los problemas, en algunos casos con caracteres irresolubles de dilema" que desvelaban a don Ezequiel no son tales incongruencias. En el Poema habrá algún hilo suelto, alguna contradicción, algún indefinición o vaguedad muy de vez en cuando; pero no hay en absoluto incongruencia narrativa alguna.

Sólo es cuestión de leer con atención, tratando de ver cómo están organizadas las partes. Al igual que en el análisis sintáctico de oraciones, el texto no es tanto una cadena de coordinaciones y yuxtaposiciones, sino un entramado que también tiene, sí, coordinaciones y yuxtaposiciones, pero, sobre todo, posee subordinaciones de primero, segundo, tercero y aún más grados.

Aunque creo que las tres "incongruencias" en cuestión han sido elucidadas, acaso merezca una explicación adicional el caso "del espectador que interrumpe al Hijo Segundo". Y es la siguiente:

Versos 2439-2445:

Hijo Segundo (VN2):    Cuando el viejo cayó enfermo,
viendo yo que se empioraba
y que esperanza no daba
de mejorarse siquiera,
le truje una culandrera
a ver si lo mejoraba.
En cuanto lo vio me dijo:
La Curandera (VN3):    "Éste no aguanta el sogazo;
muy poco le doy de plazo;
nos va a dar un espetáculo
porque debajo del brazo
le ha salido un tabernáculo".
Narrador (VN1):    Dice el refrán que en la tropa
nunca falta un güey corneta;
uno que estaba en la puerta
le pegó el grito ahi no más:
Espectador (VN2):    Tabernáculo…, qué bruto;
un tubérculo, dirás.
Narrador (VN1):    Al verse ansí interrumpido
al punto dijo el cantor:
Hijo Segundo (VN2):    No me parece ocasión
de meterse los de ajuera;
tabernáculo, señor,
le decia la culandrera.
Narrador (VN1):    El de ajuera repitió
dándole otro chaguarazo:
Espectador (VN2):    Allá va un nuevo bolazo,
copo y se lo gano en puerta:
a las mujeres que curan
se las llama curanderas.
Hijo Segundo (VN2):    No es bueno
Narrador (VN1):    dijo el cantor
Hijo Segundo (VN2):    muchas manos en un plato…

Etcétera: continúa el Hijo Segundo con su relato. Como se ve claramente, el Espectador es, como el Hijo Segundo, una VN2, y por lo tanto, es perfectamente coherente que dialogue con aquél. En cambio, la Curandera, que está dentro del relato del Hijo Segundo, es una VN3.

Con esto queda, creo, explicado el lugar sintáctico que ocupa en la narración el Espectador.

Por otra parte, es obvio que, dentro de los relatos de las diversas VN2 hay VN3: la Cautiva, Martín Fierro; el Juez del episodio del Hijo Mayor; el Juez del episodio del Hijo Segundo, Vizcacha, la Curandera, el Alcalde, los Asistentes al Velorio, el Adivino, el Cura; la Tía, el Gringo del episodio de Picardía, el Ñato, la Mujer con Cuerpo de Buey, etc., etc. Y hasta hay VN4, como la de Barullo, cuyas palabras reproduce uno de los Asistentes al Velorio del Viejo Vizcacha (vs. 2574-2576):

Viejo indino,
yo te he de enseñar, cochino,
a echar saliva al asao.

Como, a manera de ejemplo, ya realicé ese trabajo de modo exhaustivo cuando me ocupé de El gaucho Martín Fierro, me parece redundante volver a hacerlo ahora, cuando, por otra parte, el lector atento podrá advertir fácilmente estos diferentes niveles de voces.

Con esto doy por terminado este ensayo, cuyo fin fue, a partir de las tribulaciones de don Ezequiel Martínez Estrada, demostrar, por una parte, que tales incongruencias no existen en el Poema y, como resultado derivado de aquella demostración, proponer lo que yo creo es la límpida estructura de las dos partes del maravilloso libro titulado Martín Fierro.

 

Notas:

1. Supongo que jamás ha imaginado nadie que el Quijote sea una novela en primera persona, a pesar de la célebre intrusión de Cervantes ("de cuyo nombre no quiero acordarme") con que se abre el libro.

2. Desde luego, no hay hiato en esta palabra sino sinéresis; por lo tanto, no existe ninguna razón para escribirla con una errónea tilde sobre la i, que sólo serviría para destruir el octosílabo extendiéndolo a un discordante eneasílabo. Exactamente lo mismo ocurre con las voces (que aparecen en el presente trabajo) tenia, habian, habia, ahi y decia. En cambio, sí corresponde poner la tilde cuando estas clases de palabras se hallan al final del verso, pues en ese caso Hernández las silabea con hiato: pulpería, polecía (tetrasílabos) y día (bisílabo).

Fernando Sorrentino
Buenos Aires, noviembre de 1999

 

© Fernando Sorrentino 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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