Sobre los fines y la metodología en los estudios
sobre la mujer y las relaciones de poder
en la sociedades occidentales desarrolladas

 

Ph. d. Veronica Stoehrel
Departament of Media and Communication
Halmstad University - Sweden


 


Resumen

Este artículo discute preguntas actuales de caracter teórico y metodológico en los estudios sobre la mujer y las relaciones de poder. También puede ser leído como una argumentación por volver a relacionar los estudios feministas en las sociedades occidentales desarrolladas a mujeres de carne y hueso, una argumentación para tratar de encontrar tipos de estrategias que abarquen a las mujeres, no como grupo, sino por el contrario por la necesidad de desarrollar una metodología que tome en cuenta a diferentes mujeres como individuos particulares y una metodología que pueda estudiar las relaciones de poder a un nivel micro.

El artículo comienza con una discución sobre la relación entre investigación, política, teoría y empiria y sobre la necesidad de acercamiento de estas esferas. El texto continúa con una exposición del fondo histórico de la crítica actual que se le hace a las investigaciones en el campo de las ciencias humanistas y psicoanalistas feministas. Este fondo histórico lleva a cuestionar la metodología de investigación que trata de encontrar explicaciones causa-efecto basadas en la idea de teorías totalitarias. Por el contario, basada en teorías postmodernas, se plantea la necesidad de investigar y hacer público la forma de funcionamiento del poder y de clarificar el significado de conceptos como "estrategias de acción", "protesta" y "liberación".


   

 

Investigación y política

Uno de los primeros fines de las teorías feministas fue el de clarificar las diferentes relaciones de poder que situaban a las mujeres en una posición de inferioridad tanto en la familia como en el lugar de trabajo y tratar de encontrar una solución para cambiar esas relaciones de poder. Durante los 30 años que han pasado desde la segunda época de activa publicación de textos y de movimientos feministas, muchas teorías se han desarrollado -marxistas, psicoanalistas, socioculturalistas, postestructuralistas- y la investigación académica ha mostrado la complejidad de las preguntas que esas teorías tratan de responder. En parte a raíz de la complejidad de esas preguntas y en parte a raíz de otras causa de tipo estructural, ha aumentado la distancia entre, por un lado, la investigación abstracta de las universidades y centros de investigación y por otro lado los fines primarios de las teorías feministas de cambiar los tipos de relaciones que sitúan a muchas mujeres en posiciones de inferioridad.

Una gran parte de la literatura que existe dentro de la investigación feminista, o son estudios completamente humanistas teóricos sin ninguna relación a mujeres concretas o son raportes empíricos dentro de las ciencias sociales basados en metodologías cuantitativas sin cuestionamiento analítico ni de sus resultados ni de su metodologías. Cada vez se hace más clara la necesidad de acercar la teoría a la empiria y que las investigaciones feministas sean de provecho para las mujeres que se estudian o para las que intelectual -o emocionalmente- se posicionan en el lugar de las mujeres estudiadas.

El problema de la relación entre teoría y empiria tiene que ver con la relación entre la cuestión intelectual y la política. Este problema ha sido de preocupación de viejos y nuevos pensadores. Ya Max Weber (1904, 1919, 1991) razonaba sobre la cuestión de los fines de las ciencias sociales, que según él debería ser el de ayudar al ser humano a entender y clarificar diferentes hechos y praxis sociales. Weber pensaba que esto era posible de hacerse a través de variar la forma teórica de acercamiento y estudio de un problema. Por otro lado, también estaba convencido que en el proceso de investigación era posible separar "los hechos reales" de nuestra forma de ver esos hechos, o en otras palabras de nuestros valores y por lo tanto que era posible y necesaria la investigación "objetiva" del mundo social. El conflicto en su razonamiento se hace claro ya que cuando el investigador decide cambiar de perspectiva teórica lo que hace es un acto de valor. En otras palabras, la elección de diferentes perspectivas teóricas tiene consecuencias de valor y por lo tanto políticas.

Si el cambio de perspectiva en la investigación científica nos ayuda a entender y clarificar los hechos y las praxis sociales -razona Pierre Bourdieu (1984, 1991)- la elección de una perspectiva y no de otra es de gran importancia desde el punto de vista de las interpretaciones y resultados que podamos hacer de un mismo hecho empírico. Naturalmente que tiene consecuencias muy diferentes cuando, por ejemplo, "expertos" en relaciones matrimoniales -o los discursos que circulan en la sociedad a través de la televisión, novelas, películas, radioteatro, etc- le dicen a una mujer que sus problemas familiares son producto de su negación a aceptar su feminidad, a si las mujeres entienden que esos problemas son producto de ideologías patriarcales y de las estructuras económicas, sociales y políticas existentes en la sociedad.

La empiria no existe por sí sola, independientemente de cómo los investigadores la interpreten. El presentar raportes empíricos sin contexto explícito teórico es engañar al lector, hacerlo creer en una objetividad que es ilusoria. Las interpretaciones del investigador dependen del marco teórico seleccionado y el marco teórico seleccionado es un acto de valor. La investigación científica influye en las decisiones políticas y las decisiones políticas influyen en la elección de los temas que se consideran relevantes de ser investigados -o no- científicamente.

 

Por qué y para qué investigamos?

Muchos de los estudios académicos feministas en relación al poder en el campo humanista -filosofía, estudios culturales, psicoanalistas- son de un alto nivel teórico y no tienen el problema que tienen los estudios y raportes empíricos de las ciencias sociales que se refieren a la empiria como algo objetivo sin necesidad de ser interpretada. Por el contrario, estos estudios humanistas plantean claramente las posiciones teóricas usadas en el análisis, razonamiento e interpretación de los temas analizados. Por otro lado, con razón uno se puede preguntar para quién están estos textos escritos, si no es para una elite de mujeres académicas. Los fines de los movimientos y estudios feministas -de ayudar a cambiar las relaciones de poder en la sociedad- desaparecen en estos escritos, en parte por su abstracción teórica y en parte por razones estructurales que hacen que estas ideas no lleguen a diferentes instancias políticas. El campo de investigación de la mujer desde una perspectiva feminista se ha transformado -utilizando la batería de conceptos de Bourdieu- en un campo de lucha por la obtención de un mayor capital simbólico en el campo académico. Esta lucha es algo intrínsico a todos los campos de acción, es decir algo de lo que no podemos escapar, pero el problema con los estudios feministas es lo que pasa cuando esta lucha pesa más que la lucha por elevar el estado de conciencia que nos pueda permitir cambiar las relaciones de dominación en la sociedad.

La pregunta de porqué y para quién investigamos se hace más relevante en tiempos de crisis sociales y políticas. El resultado de varias investigaciones tradicionales sociológicas en Europa muestran que uno de los grupos que han salido más desfavorecidos por las diferentes reformas económicas y políticas son grupos de mujeres, que las mujeres como grupo tienen menores posibilidades de participar en la vida pública a raíz de, por ejemplo, la necesidad de cuidado de los hijos, que las mujeres continúan siendo discriminadas en los lugares de trabajo, por ejemplo, en cuanto a sus salarios y que las mujeres continúan siendo el grupo que en la sociedad se espera se haga cargo de los hijos (ver Castell, 1999, samt Women and Men in the European Union. A statistical Portrait, 1995).

Quizás el mayor de los problemas en la investigación sobre la mujer dentro de las ciencias humanistas sea la extrema variante postmodernista que cuestiona el concepto de mujer y trata de disolver toda definición de feminidad. Esta posición filosófica es un sueño peligroso que nos puede llevar a confundir el hecho de que una gran mayoría de mujeres de "carne y hueso" tienen otra relacion con el poder que los hombres, con el deseo de que no seamos clasificados a causa de nuestro sexo o que no se haga "feminidad" sinónimo de mujer (o de "más" mujer) y "masculinidad" sinónimo de hombre (o "más" hombre). Esta posición filosófica tiene las mismas consecuencias que las filosofías liberales que se niegan a reconocer las diferencias entre diferentes grupos sociales con el discurso de que "todos somos iguales". La conclusión a que nos lleva la filosofía postmoderna y las ideas liberales es entonces que no es necesario hacer nada específico para transformar las relaciones de poder en cuanto a la mujer, respecto a las clases sociales, ya que por definición, no existen. Los grupos socioculturales entonces no existen y entonces tampoco existen intereses comunes. No es muy difícil imaginarse quiénes ganan y quiénes pierden con esta forma de pensar. La filosofía tiene consecuencias políticas y entonces debemos tomar una responsabilidad social por las consecuencias de nuestra investigación. Política sin filosofía puede llevarnos a lo que la investigadora sueca Nina Björk (1996) denomina feminismo cínico, un feminismo que trata de agarrar una mayor parte del poder a través de pisar sobre cadáveres.

 

Origen histórico: crítica a la investigación feminista social, humanista y psicoanalítica.

Una gran parte de la crítica de las décadas del 80 y 90 ha sido que los estudios sobre la mujer se refieren a las mujeres en términos universales y generales. Una gran parte de la investigación académica se dedicó a tratar de encontrar una diferencia clara entre sexo biológico (sexo) y sexo culturalmente construido (género). Naturalmente que esta discución fue necesaria en sus comienzos, entre otras cosas por la dificultad de poder generalizar, pero después de varios años y de varios miles de páginas escritas empezó a parecer que las mujeres de carne y hueso habían dejado de tener importancia en el mundo académico humanista.

La cuestión de la diferencia entre sexo y género tiene su origen en la tensión entre dos posiciones difíciles de ser definidas, la esencialista y la constructivista. En su forma más ruda, se acostumbra a relacionar el esencialismo a la cuestión biológica y herencia genética. En su forma más sofisticada se relaciona también a las experiencias de la mujer, ya que estas pasan a ser una parte de la identidad femenina. La posición constructivista más extrema cuestiona toda definición de mujer fuera de las interpretaciones que podamos hacer de ella. La variante más suave considera al sujeto como un producto de la sociedad pero al mismo tiempo insinúa la posibilidad de existencia de una voluntad propia. Mi propia posición se encuentra en algún lugar entre la dos posiciones menos extremas. Considero a la mujer como un producto de sus experiencias y de la sociedad, pero también considero a todo sujeto como un individuo con una voluntad propia.

La pregunta sobre la definición de la mujer -desde un punto esencialista o constructivista- es relevante mientras se trate de generalizar sobre las mujeres. Pero si cambiamos nuestro objeto de estudio y en vez de referirnos a las mujeres en plural nos referimos a grupos específicos de mujeres en determinados lugares de tiempo y espacio sociocultural, no necesitamos continuar con esta misma pregunta. Lo que cuenta son las experiencias de grupos específicos de mujeres, sin que esto signifique que se le dé algún tipo de prioridad a los estudios puramente empíricos.

El movimiento liberal feminista, que luchó por la igualdad de derechos en cuestiones de trabajo, educación, salud, etc., pudo durante la decada de los 80 y los 90 sentirse satisfecho, por lo menos en una gran parte de los países desarrollados occidentales. En diferentes países se escribieron leyes generales y locales que prohibieron la discriminación de las mujeres. En este contexto, se escuchó entonces hablar sobre "post-feminismo", ya que las mujeres ahora podían hacer "lo que querían". Investigaciones actuales han demostrado, sin embargo, que no es suficiente con decretar leyes para obtener una igualdad entre hombres y mujeres ya que la posición subordinada de una gran parte de las mujeres tiene su origen en las relaciones estructurales de la sociedad. Las leyes son necesarias pero están lejos de ser suficientes. Las relaciones estructurales no funcionan por sí solas sino que son producto de determinadas formas de pensar y de praxis humanas. La lucha por la igualdad debe entonces ser dada tanto a nivel macro como micro.

Las feministas radicales y marxistas, cada una a su manera, se interesaron por la posición subordinada de la mujer, pero siempre a partir de un punto de vista universalista sobre ella. En un interesante libro publicado en 1989, reflexiona Carolina Ramazanoglu sobre el problema de teorizar sobre la mujer como grupo y sobre la dificultad de poder encontrar una definición de poder en la que diferentes mujeres se puedan reconocer. Las feministas radicales localizan el poder en determinadas estructuras e ideologías de la sociedad patriarcal y las feministas marxistas localizan el poder en las relaciones de producción y en las relaciones entre los sexos. Tanto el primer como el segundo grupo tratan de explicar las relaciones de poder entre los sexos buscando el "origen", buscando la situación social que ha puesto a la mujer -en plural y forma genérica- en una posición de subordinación.

La crítica de las décadas de los 80 y de los 90 partió del tercer mundo, de diferentes grupos étnicos, de las mujeres de color norteamericanas y de las mujeres lesbianas. De la misma forma que las primeras feministas americanas y europeas habían considerado los discursos dominantes en la sociedad como un producto de la experiencia masculina, de Occidente, de la raza blanca y de la clase media, ahora fueron acusados los discursos feministas como producto de la experiencia perteneciente a mujeres de raza blanca, de Occidente, de clase media y heterosexuales. La crítica ayudó a clarificar el hecho de que las experiencias de las mujeres de la clase trabajadora son distintas que las experiencias de las mujeres de la burguesía, que las experiencias de las mujeres pertenecientes a grupos étnicos minoritarios no son las mismas que las experiencias de las mujeres nacidas dentro del país, que las experiencias de las mujeres del tercer mundo no son las mismas que las experiencias de las mujeres del primer mundo y que las experiencias de las mujeres heterosexuales no son las mismas que la de las mujeres homosexuales.

Las diferencias entre grupos de mujeres ha naturalmente dificultado la posibilidad de definir el poder de una manera que sea común para todas ellas.

La dificultad de generalizar a las mujeres como grupo ha llevado a muchas feministas a una calle sin salida y a tener una sensación de falta de poder. El razonamiento ha sido que si no podemos hablar de la mujer en términos generales y genéricos, entonces tampoco podemos encontrar soluciones políticas comunes.

La necesidad de generalizar y encontrar una solución común -una necesidad muy occidental y un producto directo de las viejas ideas de la Ilustración-, y la imposibilidad de hacerlo, puede decirse que ha sido una de las mayores causas del estancamiento del feminismo. Esta misma necesidad de generalizar en términos teóricos en el campo de investigación humanista, también ha contribuido a que se haya olvidado la existencia de mujeres biológicas en este campo de investigación.

La cuestión es si realmente necesitamos generalizar para poder encontrar estrategias políticas relativamente comunes, o si siquiera podemos cambiar las relaciones de poder con estas estrategias comunes.

El tratar de explicar por qué la mujer se encuentra en una posición subordinada también ha sido una de las tareas del psicoanálisis femenino. Desde los tiempos de Freud han habido una cantidad de psicoanalistas y sociólogas-psicoanalistas que han tratado de explicar la subjetividad e identidad femenina generalmente desde un punto de vista esencialista. Las teorias lacanianas sobre la sexualidad del individuo han sido utilizadas para deconstruir el concepto de "Mujer" y para considerar la sexualidad como una construcción de la sociedad. En un -todavía fascinante- libro de hace ya 16 años, Janet Sayers (1986) nos resume el psicoanálisis postfreudiano, que trata de explicar la subjetividad femenina y, explicita -e implicitamente- la relación de la mujer con el poder. Comienza con el psicoanálisis esencialista -a través de los trabajos de Adriene Rich, Karin Horney y Luce Irigaray- para luego reflexionar sobre la teoría de relación a objeto en los trabajos de Nancy Chorodow, Carol Gilligan y Evelyn Fox Keller, los cuales Sayers considera que son un desarrollo de los escritos de Melanie Klein. A pesar del reconocimiento que Sayers hace de la importancia histórica de esas pensadoras psicoanalíticas, las critica porque ninguna de ellas es capaz de explicar cómo es posible -si uno estudia la historia- que las mujeres hayan hecho resistencia a la dominación masculina. No deja de ser interesante que ni el psicoanálisis ni las feministas liberales, marxistas o radicales hayan logrado explicar los procesos de resistencia en las sociedades desarrolladas occidentales.

 

Una alternativa a las generalizaciones y a la búsqueda de causas originarias.

Tanto las teorías sociales (el feminismo radical y el marxista) como las psicoanalíticas han logrado explicar la posición subordinada de la mujer en la sociedad occidental actual. En esas teorías -a veces explícitamente y a veces implícitamente- se pueden leer estrategias políticas para cambiar las relaciones de poder, para darle más poder a las mujeres. El objeto de estudio de esos diferentes movimientos es sin embargo el mismo: el tratar de encontrar y explicar la causa de las relaciones de poder actual. En todas esas teorías se puede leer un supuesto de una relación causa-efecto, como, por ejemplo, la familia como institución, el sistema capitalista y sus brazos (el sistema jurídico, de enseñanza, la iglesia, etc), la "naturaleza" de la mujer (determinada por la biología o por la psicología), o la entrada de la mujer en el sistema patriarcal -la ley del padre- utilizando los conceptos de Lacan. Todos esos objetos se han dado como causas de la posición de subordinación y discriminación de la "mujer".

El buscar el "origen" es problemático, no solo porque las relaciones de poder varían de lugar a lugar y de un tiempo a otro, sino también porque las consecuencias de las relaciones de poder varían dependiendo de las personas que son afectadas. El mismo tipo de poder estructural afecta de una manera diferente a una mujer de 20 años que a una mujer de 50, a una mujer nativa que a una imigrante, a una mujer separada que a una mujer que vive en una relación de pareja, para nombrar a algunos de los muchos tipos de grupos de mujeres. En un nivel individual, también somos afectadas de maneras diferentes, ya que como alguien dijo, no existe un inconsciente sino muchos inconscientes.

Muchos de los estudios sobre el poder se concentran o en las causas o en los efectos a un nivel general. Se tiende a generalizar y se olvida cómo el individuo experimenta, negocia o se resiste al poder. Ni el marxismo clásico ni el psicoanálisis -como Sayer nos recuerda- se han interesado especialmente (y cuando lo han hecho han fracasado) en tratar de explicar cómo es posible que las mujeres ofrezcan resistencia, conciente e inconcientemente y de qué forma lo hacen. El concentrarse en la investigación de determinadas causas institucionales, que se suponen dan origen a ciertas relaciones de poder, es considerar el poder como algo estático. Si por el contrario, consideramos las relaciones de poder como algo que está en constante movimiento, debemos utilizar otra estrategia de investigación: debemos comenzar por estudiar estrategias de resistencia específicas a determinadas formas de poder. Pero no se trata de estudiar las "consecuencias" de las relaciones de poder, ya que esto también significaría el hacer una relación automática entre causa-efecto. Como el poder se presenta es una consecuencia de las formas de funcionar de las instituciones y de los discursos que circulan en la sociedad. Estrategias de resistencia son, por el contrario, reacciones a estas consecuencias, que en una perspeciva histórica pueden influir sobre las mismas (u otras) instituciones y discursos.

Esta estrategia de investigación nos permite acercarnos al proceso dinámico que constituyen las relaciones de poder y que son el resultado de complicadas situaciones sociales, políticas, económicas, culturales y psicológicas y sus respectivos discursos. Esta misma estrategia, el analizar las relaciones de poder a un nivel micro, también nos permite descubrir los cimientos de futuras instituciones.

Trabajando en un proyecto donde he estado investigando los procesos que han llevado a diferentes mujeres a tener conciencia de sus posiciones de subordinadas y/o discriminadas dentro de la esfera pública y privada y cómo estos procesos han influido en la forma de verse a sí mismas (identidad), me he encontrado con una variedad de formas de resistencia que las mujeres usan -consciente o inconscientemente- para sobrevivir o cambiar las relaciones de poder en las que se ven o están metidas. La variedad de formas de resistencia -acciones planificadas, protestas que han llevado a cambios o no, discursos y acciones inconscientes- ha hecho necesario una definición más exacta de estos diferentes tipos de acciones.

 

Hacia una clarificación de conceptos

Los conceptos de poder, ideología, resistencia, protesta y liberación, como es sabido, han sido utilizados por diferentes científicos de diferente manera.

A pesar de las protestas explícitas de Foucault (1980) de no querer ser asociado con teorías marxistas y con el concepto de ideología, es obvio que su razonamiento sobre las relaciones de poder y la formacion de los discursos que circulan en la sociedad se acerca a la teoría hegemónica de Gramsci y al razonamiento sobre lenguage e ideología de Stuart Hall. Por un lado el postmodernista Foucault y por otro los autores inspirados por el marxismo, se preguntaron cómo era posible que muchos individuos aceptaran ciertas ideas, valores y acciones a pesar de que esto significaba que ellos mismos se posicionaban en un lugar de inferioridad y subordinación. Naturalmente que la misma pregunta es relevante para entender la situacion de las mujeres, que aceptan ideas, valores y acciones que las posicionan en lugares de inferioridad y subordinación.

Tanto Foucault como Gramsci varios años antes hacen una diferencia entre dos tipos de poder. Un poder que funciona a través de dominar (por violencia física o amenaza de ella) y un poder internalizado que funciona a nivel del individuo pero que tiene una relación directa con las instituciones existentes. En el caso de Gramsci esta relación es vista desde el estado hacia el individuo y en caso de Foucault las instituciones son vistas como producto de los discursos circulantes al mismo tiempo que el sujeto es visto como producto de esas instituciones. La solución (?) para Foucault está en cambiar los mecanismos que funcionan a nivel del individuo, es decir en cambiar las relaciones entre los individuos, relaciones que dan origen a la forma de funcionar de esas instituciones (Foucault 1980 a, 1980 b).

El razonamiento foucaultiano aplicado a la lucha de grupos de mujeres de obtener una posición más favorable en la familia y en la sociedad, significa que no basta con prohibir acciones discriminatorias de mujeres a nivel legal (una lucha del liberalismo femenino) si hombres y mujeres siguen pensando en términos que desfavorecen a esas mujeres. Naturalmente que debemos preguntarnos cómo es posible que grupos de mujeres acepten concientemente su posición desfavorable, pero al mismo tiempo también debemos "nombrar" (condición esencial para cambiar las relaciones de poder) las acciones de resistencia de esas mujeres.

La idea de encontrar estrategias comunes de resistencia de mujeres es tan absurda como las viejas ideas de encontrar intereses comunes en la clase trabajadora, algo que ya Gramsci tenía bien claro. Tampoco Foucault (1990) creyó nunca en esa idea, ni siquiera en una relación directa entre las estrategias y los discursos. Un grupo de mujeres puede tener la misma estrategia pero utilizar discursos distintos (y hasta opuestos) para llegar a ella o por el contario puede el mismo grupo tener estrategias distintas y sin embargo utilizar el mismo discurso. Ejemplos de cómo diferentes dicursos han sido utilizados para las mismas estrategias lo muestran entre otros los trabajos de Barbara Ehrenreich & Deodre English (1978) cuando describen cómo distintos discursos médicos fueron utilizados durante 150 años para legitimizar la "naturaleza femenina" y por lo tanto "su propio bien", una estrategia cuyo significado fue variando en distintas épocas históricas (para no nombrar la cantidad de discursos de grupos feministas, contradictorios entre sí, pero todos con una misma estrategia: la "liberación" de la mujer).

¿Resistencia o liberación? Lo interesante de la diferencia entre estos conceptos es la relación histórica que podemos hacer a partir de cada uno de ellos, y de los supuestos sobre la naturaleza del ser humano que se esconde detrás de cada uno. "Liberación" presupone la posibilidad de ser "libre" y de obtener un estado de equilibrio en relación al opresor. Desde un punto feminista postmoderno es justo preguntarse cuando esas condiciones serían alcanzadas, si el significado de ser "libre" y de tener "propia voluntad" significan diferentes cosas para diferentes mujeres. Desde el mismo punto de vista también tendríamos que preguntarnos si es posible alcanzar este punto de equilibrio, es decir un punto donde las relaciones de poder desaparecieran. Naturalmente que no, respondería Foucault, las relaciones de poder solo varían a favor de un grupo o de otro, pero no desaparecen nunca. Solo podemos resistir y protestar y así alcanzar mejores posiciones de acuerdo a cómo estas sean definidas por cada grupo de mujeres.

Nederveen Pieterse (1992) reflexiona sobre esta diferencia entre liberacion y resistencia. Él define liberación como cambio y resistencia como protesta. Un marxista diría que no todas las formas de resistencia conducen a la liberación. Podemos protestar a través de sabotear o de rumorear. Los cambios se dan cuando nos liberamos de algo y cuando nos ponemos nuevas metas y nuevos valores. Foucault (1997) reacciona contra esta forma de razonar ya que ella presupone la existencia a priori de una esencia en el individuo. Una esencia que habría sido impedida de realizarse por distintas causas socioculturales. Esta forma de pensar nos lleva a creer que el individuo podría, de alguna forma, encontrar su "verdadero yo".

Desde una perspectiva feminista significaría la perspectiva marxista que si las mujeres "solo" resisten, no podríamos cambiar nuestras situaciones de vida. Desde una perspectiva foucaultiana significaría que si tratamos de liberarnos -de lo que sea- caemos en la trampa esencialista (!).

Una alternativa sería que también la resistencia pudiera llevar a cambios cualitativos. Uno podría preguntarse si no es así cómo funciona. Cuando las mujeres se divorcian o cuando deciden no tener hijos, es resistencia lo que hacen. Consciente o inconcientemente, se resisten contra el sistema patriarcal que obliga a muchas mujeres a una posicion desprivilegiada cuando eligen vivir en pareja y ser madres. Qué formas de resistencia las mujeres utilizan y cuán efectivas son esas formas, no es algo que, como Jana Sawicki hace notar, podamos saber a través de teorías, sino solo a través de una investigacion empírica. La investigación empírica nos puede mostrar la existencia o no existencia de determinados centros de poder y por lo tanto también la necesidad o no necesidad de una resistencia política común. La investigación empírica también nos puede mostrar qué experiencias son comunes y cuáles son específicas y cómo un mismo discurso y acción, en una situación puede llevarnos a una posición mejor y en otra situación a otra peor.

Una mujer no encuentra su "real" identidad ni en la familia ni fuera de ella. Como Foucault nos hace notar, no es una cuestión de "descubrir" nuestras necesidades (nuestra identidad) sino de crear satisfacciones (identidades) nuevas, y debemos ser "libres" para poder definir qué es lo que nos satisface (Foucault, 1997 a, 1997, b)

Para Foucault, liberarse significa alcanzar una conciencia crítica, un grado de conciencia que nos permita entender cómo construimos nuestra identidad, y que nos permita entender que nos es posible construir nuevas identidades y nuevas subjetividades.

Nederveen Pieterse reflexiona sobre la cuestión del "apoderamiento" (empowerment) en relación a la dicotomía liberación-protesta. El autor constata que no todo "apoderamiento" lleva a la liberación. Aplicado al problema de la mujer significaría esto que un aumento en el poder formal no significa necesariamente un cambio en la calidad de vida de las mujeres. Desgraciadamente la historia corrobora este hecho. Foucault (1980 a) nos recuerda que no basta con cambiar el aparato del estado y sus instituciones -tecnologías de dominación- para cambiar ciertas praxis en la sociedad, sino que debemos cambiar los mecanismos -las tecnologías del "yo"- que dan origen a esas instituciones.

Ya que parece no ser posible encontrar soluciones generales y comunes a todas las mujeres, debemos incentivar formas de resistencia en grupos y lugares específicos. No son solos las relaciones con las instituciones las que influyen a los individuos, sino la relación entre los individuos mismos, la relación diaria entre los hombres y las mujeres.

Para poder explicar cómo es que las mujeres hacen resistencia a diferentes situaciones de subordinación y discriminación, y cómo es que existen acciones de resistencia inconscientes y muchas veces al parecer no racionales debemos usar una metodología que también pueda descubrir lo particular y lo individual, y teorías que nos ayuden a entender al individuo social y particular.

 

Bibliografía

 

© Veronica Stoehrel 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/v_stoehr.html