LA RETÓRICA DEL PODER EN LOS DISCURSOS DE FRANCO

José Antonio Llera
Universidad de Extremadura


 

   


Así se expresaba quien poco después, al término de la guerra civil, sería proclamado Caudillo de España:

La guerra de España no es una cosa artificial: es la coronación de un proceso histórico, es la lucha de la Patria con la antipatria, de la unidad con la secesión, de la moral con el crimen, del espíritu contra el materialismo, y no tiene otra solución que el triunfo de los principios puros y eternos sobre los bastardos y antiespañoles [ 27-VIII-1938: Declaraciones a la Agencia Havas] 1.

Hay que contextualizar estas manifestaciones propagandísticas teniendo en cuenta que poco más de un mes antes había empezado la batalla más larga de toda la guerra civil, la batalla del Ebro. Franco se sirve de una agencia de noticias para desinformar por medio del procedimiento agresivo de la propaganda. El fragmento nos parece significativo porque su topic adelanta el discurso de los primeros años del régimen. Estamos, desde el punto de vista pragmático, ante una enunciación expresiva que se disfraza de asertiva. Franco define qué es la guerra civil y se apoya en una doble jerarquía de elementos. Perelman y Olbrechts-Tyteca han advertido el valor retórico-argumentativo de la definición como instrumento de las disociaciones nocionales: "La definición siempre es una elección. Quienes proceden a realizarla, sobre todo si se trata de una definición disociativa, generalmente pretenderán haber puesto de relieve el verdadero, el único sentido de la noción, por lo menos el único razonable o el único que corresponde a un uso constante"2.

Se empieza por decir lo que no es la guerra civil, se desplaza su contingencia ("cosa artificial") para enfocar inmediatamente su deber ser histórico, su necesidad ineluctable. El discurso habrá de reproducir por medio de la tensión dicotomizadora, el juego de contrarios, la jerarquía ideológica de los valores: Patria/antipatria, unidad/secesión, moral/crimen, espíritu/materialismo. El segundo término de la oposición, connotado negativamente, sintetiza el discurso del otro, aquel que debe ser segregado, excluido por la categoría primera. Si se hace uso de la exposición dialéctica es sólo para nombrar al parásito. Los valores son hechos. El último enfrentamiento sella el isocolon con la preposición más enfática: contra. El orden puro, místico de las ideas debe vencer al precario materialismo. Para ello, será imprescindible convocar el primer mecanismo simbólico de identidad colectiva: la Nación, el espíritu del pueblo. Más que un concepto territorial, la Patria es un concepto hondamente emotivo, íntimo, traspasado de aura3. El separatismo amenaza la absoluta integridad de los españoles: argumentativamente, el todo abarca las partes, y se constituye por eso en lo más relevante. El "dentro-arriba" se asimila a lo positivo y los valores del enemigo no se definen sino a contrario: el prefijo anti- patentiza esa usurpación de lo que debe ser, de lo moral con el elemento simbólico implícito: la sangre del crimen. El poder del Bien y la Justicia4 —el de la luz sobre las tinieblas— lanza la profecía determinista de la victoria final con sintaxis enfática e imperial: "y no tiene otra solución que el triunfo de los valores puros y eternos sobre los bastardos y antiespañoles". Se rescatan los semas emblemáticos para enfrentarlos ahora en una estructura bimembre: lo puro y eterno contra lo bastardo y antiespañol. La retórica, la cara significante de la ideología según Barthes, puede seguir aportando aún más elementos de juicio a nuestro análisis. La definición se construye sobre una figura de repetición como el paralelismo; se crean un conjunto de estructuras equifuncionales que provocan, mediante el ritmo, un hechizante sentimiento de presencia. La gradatio ascendente multiplica aún más sus efectos sobre el lector. No debe olvidarse que la repetición es uno de los procedimientos clave de los que se sirven la propaganda y la publicidad para promover deseos e ideas. La definición se cierra sobre sí misma con un orden circular, perfecto: Patria y antiespañoles son los polos dialécticos que encapsulan a los demás sintagmas.

En todo el fragmento se hace patente el topos de la esencia5: el bando nacional encarna lo genuinamente español, hecho que le otorga un valor en sí mismo por eterno; por contra, el otro bando representa lo bastardo, lo que ha degenerado de su origen. Así pues, junto al mito de la lucha del Bien contra el Mal, se hace patente el mito del origen, tal como lo expresa Mircea Eliade:

En los albores del mundo moderno, el ‘origen’ gozaba de un prestigio casi mágico. Tener un ‘origen’ bien establecido significaba, en definitiva, prevalerse de un noble origen (...). La pasión por el ‘origen noble’ explica asimismo el mito racista de los ‘arios’, periódicamente revalorizado en Occidente, sobre todo en Alemania6.

El discurso providencialista y del miedo es consustancial al poder. En momentos de gran inseguridad para el pueblo español, ese procedimiento prende absolutamente, ya que "el deseo se vuelve más intenso cuando ha sido frustrado. El propagandista obra sobre la masas cuando éstas carecen de seguridad, refugio, alimento, etc."7. El Alzamiento se legitima —nacional e internacionalmente— porque salva al pueblo del apocalipsis. El mito del Héroe Redentor, su necesidad histórica, cobra ahora toda su actualidad discursiva:

Al Ejército no les es lícito sublevarse contra un partido ni contra una Constitución porque no le gusten; pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la Patria cuando está en peligro de muerte [ 19-VII-1937: Declaraciones a ABC de Sevilla] 8.

Los jefes del Ejército no intervinieron hasta tener la convicción de que solamente su acción podía salvar al país de la ruina completa [15-VIII-1937: La Revue Belge] 9.

Todo poder que desee constituirse como tal debe fijar con su férula un orden de referencias, una distancia con respecto al adversario a cuya influencia arranca los cuerpos y las almas con el fin de purificarlos: "Tener un símbolo exterior de enemigo es imprescindible para un régimen que pretenda llevar en paz sus asuntos internos, porque pone de manifiesto el deslinde de dentro y fuera. La ausencia de negación exterior priva de gran parte de su esplendor al orden interno"10. Esto se hará patente sobremanera durante los años de aislamiento internacional. Los relatos sobre la incomprensión exterior, sobre el espíritu de la Cruzada, van a ser continuos. En contraposición a las palabras ronroneo (moral, unidad, espíritu), Hayakawa habla de palabras gruñido para referirse a aquellos términos que, investidos de una fuerte connotación negativa, pierden toda su significación descriptiva y se utilizan como armas de asalto, para calumniar al adversario. Paralelo a un proceso eufemístico se desarrolla una tendencia disfemística11:

Luchamos por librar a nuestro pueblo de las influencias del marxismo y del comunismo internacionales, que se introdujeron en nuestro país para hacer de España una sucursal del bolchevismo moscovita. Queremos salvar por esta lucha los valores morales, espirituales, religiosos y artísticos creados por el pueblo español a lo largo de una gloriosa historia [VII-1937: Declaraciones al periódico alemán Leipziger Illustrierte Zeitung]12.

Nuestra victoria significa la salvación de España y evitar que se convierta en una colonia soviética. Significa una restauración de la unidad nacional que estaba amenazada por traficantes políticos y por traidores separatistas [26-XII-1937: Declaraciones al New York Times ]13.

Luchando contra el comunismo creemos prestar un servicio a Europa, ya que el comunismo es un peligro universal. Si sucumbiéramos, el peligro sería mayor para los demás pueblos [XII-1938: Declaraciones al Journal de Geneve]14.

El benevolum parare retórico se consigue ab nostra persona (autoalabanzas) o bien ab adversariorum persona (acusaciones al enemigo). La fuerza ilocutiva de los tres fragmentos es la alabanza o el vituperio. Los intereses particulares se encubren so capa de una voluntad de servicio universal. Al igual que el nacionalsocialismo, el ejército nacional también dice estar prestando servicio a toda Europa15. La condicional hipotética ("Si sucumbiéramos...") debe leerse como advertencia que compromete de manera urgente a través del el subterfugio del terror. Se aprovecha asimismo el poder de la argumentación por el sacrificio16: los sujetos, a la manera de los mártires, están dispuestos a inmolarse con tal de lograr un fin que estiman sagrado. El discurso que se lanza contra el adversario político se sirve en buena parte del argumento de la dirección17: permitir la victoria del Frente Popular hubiera supuesto la primera etapa de un proceso que culminaría con la nación convertida en "colonia soviética". Se convoca así el miedo ancestral a la esclavitud. Salta a la vista nuevamente la simplificación hiperbólica que distingue la retórica de los discursos propagandísticos: el Ser contra la Nada. El caso de comunista es un ejemplo fehaciente de lo que llamaba Eco hipercodificación: el subcódigo connotativo ‘comunista = traidor’ obstruye cualquier otra significación.

Al empleo del ‘nosotros’ exclusivo de los tres ejemplos anteriores, le sigue el uso del ‘nosotros’ inclusivo como sujeto de la enunciación, que contribuye a crear el efecto de unanimidad en el grupo al que pertenece el locutor. El pronombre posesivo nuestro coadyuva a consolidar igualmente la legitimidad horizontal, intragrupo. Otra figura de comunión18 no menos relevante consiste en el uso de la segunda persona, que traduce el carácter apelativo de la ideología. Véanse las regulaciones que introduce el orador frente a un auditorio tan particular (nosotros-dentro/ellos-fuera); el uso de la captatio (ab auditorum persona), de los tropos y las catacresis; la referencia a valores simbólicos de objetos y colores que crean un fuerte sentimiento de participación; el tono épico:

Vosotros sabéis muy bien que no se trató de la victoria de un grupo o de una clase, como pretenden hacer ver los cabecillas exiliados. Nuestros Ejércitos fueron compuestos, como vuestra propia naturaleza acusa, por la nación en armas, con sus estudiantes, trabajadores, campesinos, y que si la voz del Alzamiento salió de los cuarteles, y el Tradicionalismo y la Falange respondieron a aquel grito desde la primera hora con la riada de camisas azules y de boinas rojas a las filas de nuestros Ejércitos, llegó el mar de nuestra juventud desde todos los lugares de España. La victoria fue de todos, y por eso se administró para todos [19-X-1952: Congreso de Excombatientes en Segovia]19.

La connotación hipercodificada de ‘español = favorable al Alzamiento’ ahoga lo denotado. La victoria es así un capital que se administra para todos los españoles. Hay que encubrir la verdad con la racionalización: "no se trató de la victoria de un grupo o de una clase". Los elementos de integración se hacen aún más patentes cuando lo exige el contexto discursivo. El recurso a la cita de una determinada autoridad reconocida por el séquito resulta fundamental para lograr una buena captatio. El nombre de José Antonio se convierte en símbolo para los vencedores:

José Antonio proclamó que ser español era "una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo" y que "había que devolver a los españoles el orgullo de serlo". Y hoy, como vosotros, nos sentimos orgullosos de ser españoles [17-IV-1939: Sevilla]20.

Conviene destacar también el papel que cumple la alusión a determinados pensadores o a lugares simbólicos, evocadores todos ellos de un pasado compartido. Como en el pensamiento mítico, el espacio no es neutro, sino que está dotado de significaciones sagradas21. Sirva de ejemplo este discurso del General en la Cámara Alta:

Todas las fuerzas políticas de la nación dieron a la Cruzada sus mejores hombres. Los nombres de Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Pradera, Maeztu y Madariaga, entre tantísimos mártires, constituyen un símbolo de la extensión política que el Movimiento tuvo [...]. El Alcázar de Toledo, el Cuartel de Simancas, la Ciudad Universitaria, Santa María de la Cabeza, Belchite, Alcubierre, el crucero Baleares, Brunete, Teruel y el Ebro, han quedado para siempre, con numerosos nombres gloriosos, grabados en el libro de la Historia [17-VII-1956: Consejo Nacional del Movimiento]22.

Incrustados en el discurso, los símbolos del pasado histórico o cultural promueven, emblematizándola, una determinada idea. Su eficacia retórica es incuestionable:

El Cid es el espíritu de España. Suele ser en la estrechez y no en la opulencia cuando surgen estas grandes figuras. Las riquezas envilecen y desnaturalizan, lo mismo a los hombres que a los pueblos. Ya lo vislumbraba nuestro genial escritor y glorioso manco en su historia inmortal, en la pugna ideológica del Caballero Andante y del escudero Sancho. Lanzada una nación por la pendiente del egoísmo y la comodidad, forzosamente tenía que caer en el envilecimiento [24-VII-1955: Inauguración del Monumento al Cid Campeador en Burgos]23.

El contexto de la enunciación resulta significativo: el ritual de inaugurar una estatua supone establecer un espacio simbólico. En años de crisis económica, el modelo del Cid o de Don Quijote resultan idóneos para representar la lucha contra la adversidad, el espíritu de sacrificio del arquetipo heroico. De un lado tenemos al Cid y Cervantes (al que se alude mediante la antonomasia), personajes históricos que se nos presentan de manera legendaria; y de otra parte, contamos con personajes de ficción que se presentan como personajes reales, históricos: Don Quijote y Sancho. Perelman y Olbrechts-Tyteca sitúan el ejemplo dentro de los enlaces que fundamentan la estructura de lo real, y tendría como función dar fundamento a la regla que se está exponiendo24. La nominalización y los plurales aseguran el escamoteo de los agentes; desecan, inmovilizan el discurso con una impersonalidad objetivante y conciliadora25. Nótese asimismo que la alocución acontece en un espacio simbólico para el régimen: Burgos.

El mundo de lo comentado se funde con el de lo narrado cuando se rescribe la historia. Las nociones se ensanchan o se momifican para alojar todo aquello que interesa atraer o rechazar. Como ha sabido ver Foucault, la dependencia ideológica denuncia al mismo tiempo al enunciado y al sujeto de la enunciación, "y uno a través del otro"26. Parece que son los hechos los que se cuentan a sí mismos; pero el trabajo ideológico del locutor atraviesa el discurso:

Las elecciones que precedieron al establecimiento de un Gobierno de Frente Popular, en febrero de 1937, fueron falseadas por los partidos extremistas [...]. A pesar de todo, los partidos de derecha obtuvieron más sufragios que los de izquierdas. Entonces recurrieron a los grandes remedios, como la anulación de resultados en ciertas circunscripciones y otras prácticas similares, gracias a las cuales los extremistas obtuvieron el Poder. Una vez instalados en él, les bastó poco tiempo para extender la anarquía y el caos por el país [15-VIII-1937: La Revue Belge]27.

El mal siempre obra súbitamente ("les bastó poco tiempo"), de modo que se justifica la veloz respuesta del Ejército (la diligencia es la principal virtud con la que se adorna a menudo el poder; la vacilación se siente demasiado humana). Obsérvese el recurso argumentativo a la interacción entre la persona y sus actos: los extremos, alejados del centro-esencia no pueden ser dadores del Bien ni de la Justicia.

La derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial exigía modular los discursos con el triunfalista señuelo de las instituciones para lograr la necesaria legitimidad internacional. No deja de ser sintomático que pocos meses después de la caída de Berlín y la muerte de Hitler se promulgue la Ley de Referéndum (22-10-45). La penuria que en el mismo año había ocasionado la sequía hacía más urgente la propaganda:

Se ha promulgado hace varios meses la ley del Referéndum, cuyo censo se halla en período avanzado de elaboración, que estableció la consulta pública y directa para la aprobación de aquellas leyes que se juzguen de honda trascendencia [...]. Las Cortes Españolas reciben los proyectos de leyes del Gobierno y analizan, discuten y reforman o perfeccionan su contenido, o sea que las leyes no son fruto de la voluntad ni del capricho de un hombre ni de un gobierno, sino elaboradas previa información pública correspondiente en las Secciones de esta Cámara [14-V-1946: Cortes Españolas]28.

La Ley Constitutiva de las Cortes Españolas no va a suponer ninguna limitación del poder del Jefe del Estado. La existencia de una racionalización jurídica se confunde, en un ejemplo más de violencia simbólica, con un Estado de Derecho. Naturalmente, el órgano no creaba milagrosamente la función, y prueba de la inoperante debilidad de las Cortes es que Franco nunca se vio en la necesidad de hacer uso del veto devolutivo que le concedía el artículo 17 de la mencionada Ley.

La creación de eufemismos con objeto de disimular aspectos desagradables de la realidad confirma otra vuelta de tuerca más en las falsas representaciones que incentiva la ideología. A un término como democracia, que atrae de inmediato connotaciones positivas en el receloso contexto europeo, se le agrega el adjetivo de orgánica. Como ha escrito Felipe Mellizo, "cuando [...] un Estado se bautiza a sí mismo con el remoquete de ‘democrático’ de una manera oficial, se está disculpando de cierta convicción íntima: la de no ser verdaderamente democrático"29. Estamos frente a lo que Eco llamaba conmutación de código30: si antes de la derrota del Eje el término democracia se identificaba con el libertinaje, ahora se rellena de connotaciones positivas. La democracia orgánica absorbe todas las caracterizaciones positivas: natural, directa, real, verdadera, justa, original (adquiere valor por ser la genuinamente española); representa la esencia de la civilización. Por contra, la democracia inorgánica, que se moteja de gárrula y salvaje, nuclea un amplio retículo de adjetivaciones peyorativas:

Nosotros, a la democracia inorgánica le oponemos una democracia orgánica, en que los hombres discurren a través de sus cauces naturales, de la familia, del Municipio y del Sindicato, y queremos que lo mismo los Municipios que los Sindicatos cumplan su misión y sean el medio por donde pueda llegar la voluntad del pueblo a las altas esferas del Estado [17-X-1956: Valdelacalzada. Inauguración de regadíos]31.

Los temores propios se trasladan a la esfera del enemigo, haciendo aún más patente la paranoia. La democracia orgánica franquista había tardado seis años desde el final de la guerra hasta que promulga una Ley de Referéndum, pero el semanticidio no cesa. ¿Quién estipula la gravedad y trascendencia del problema? ¿Por qué los problemas graves tardan seis años en aparecer?:

Nosotros no negamos la democracia; queremos la democracia real y verdadera, y cuando los problemas son graves y trascendentes hemos establecido la consulta directa a la Nación, como en aquel referéndum que hemos sometido a vuestro plebiscito, expresión de la democracia que tanto temen las llamadas democracias inorgánicas [2-VIII-1957: Orense. Diputación Provincial]32.

Evidentemente, el término capitalismo permanece silenciado en el discurso para evitar embarazosas incompatibilidades. La ideología jamás se nombra a sí misma; sólo nombra a las demás (Mannheim). Nótese bien que en la España nacional-católica la palabra sí tenía cabida en el discurso franquista, y marcada no positivamente: "En esta última etapa de la vida del mundo, la inhibición, que el sistema liberal ha asentado y que el capitalismo y el materialismo han hábilmente explotado, fue causa de que a los progresos técnicos y materiales que el mundo ha tenido no les haya seguido los progresos morales" [14-V-1946: Madrid. Cortes Españolas]33.

El discurso económico de los años cincuenta se carga de prescriptores. Sin perder de vista las soflamas de la justicia social y la demagogia igualitarista, los medios oficiales instan a producir hasta el desaliento. Recordemos a Habermas cuando anota la elefantíasis de los subsistemas teleológicos en el capitalismo: "La dominación tradicional era dominación política. Sólo con la forma de producción capitalista, puede la legitimación del marco institucional quedar ligada de forma inmediata con el sistema del trabajo social"34. Sólo en 1951 se alcanzan los niveles de producción de preguerra, debido sobre todo a las buenas cosechas y al incremento de la inversión privada. Recién establecida en 1952 la libertad de precios, de comercio y de circulación de productos alimenticios, la inflación que se registra a comienzos de 1953 siembra la voz de alarma y apremia aún más a volcarse en un dinamismo que se traduce en la correspondiente retórica discursiva: el orden del discurso también produce, acumula con urgencia estructuras bimembres y trimembres. Bajo la férula ideológica, la condicional hipotética se cumple inexorablemente, como una ley de la física:

Y si queremos que España sea una nación rica, si queremos cambiar el signo de España, hemos de producir más en todos los órdenes, hemos de extender las nuevas fábricas por todo el ámbito del país, hemos de hacer que la economía agrícola se fortalezca por las mejoras en especies y semillas, por el rendimiento de una política de abonos [12-V-1951: Madrid. IV Asamblea de Hermandades]35.

Lo compromisivo se relaja en la comunidad ("queremos"). El discurso resuelve sus conflictos latentes: se hace una llamada de atención a la inmoralidad de las huelgas que pocos días antes —23 y 24 de abril— habían tenido lugar en Euzkadi. La huelga perjudica al deseo de todos los españoles, que debe ser el de alcanzar el máximo grado de bienestar económico. No falta el implícito fatalista propio del pensamiento conservador: el signo de España ha sido la miseria. El pensamiento fascista de la acción cobra carta de naturaleza; se excluye el trabajo del intelecto, pues sólo la producción manual goza de los privilegios que confiere olvido. Pero lo cierto era que, tras años de autarquía económica, la industria hacía aguas y sólo iremos saliendo del apuro con los préstamos americanos.

Se atribuye al semema ‘productividad’ la connotación de ‘bienestar’ y se oculta la inflación que puede llevar aparejada (en 1956 alcanza nada menos que el 10 %). En este contexto, la llegada de los tecnócratas al poder en 1957 marca el comienzo de una nueva factura discursiva. Serán las cifras las que ahora hagan hablar a Franco; en realidad, los titulares del discurso son los técnicos que emprenden la racionalización del Estado con planes de desarrollo. Franco tenía poder sobre las palabras, pero con el nuevo modelo político el discurso es un lugar en donde otros —los técnicos— tienen el poderío que les otorga su saber. El hablar de Franco es un decir reflejo, como un parpadeo espasmódico que ya no controla (desde la perspectiva retórica diríamos que es un orator sin intellectio). Su discurso proclama el nacimiento de una episteme: sólo con la ciencia de los números, con la razón instrumental, se tiene acceso a la verdad. Huelga decir que en la medida en que existe un sujeto que los ordena, los datos nunca pueden ser objetivos. Veamos con qué se encontraba el televidente de los últimos años cincuenta y primeros sesenta:

La elevación del nivel de vida de los españoles es una realidad que las cifras proclaman con harta mayor elocuencia que las palabras. Los consumos ‘per cápita’ de los principales productos alimenticios han aumentado en la siguiente forma:

De un consumo anual de aceite de 8,21 litros por persona en 1940, se ha pasado a 16,26 litros en 1958; del de carne, 12,82 kilos a 16,54, y de pescado fresco, de 15,24 kilos a 19,89 en el mismo periodo; en el de leche pasamos de 67,2 litros en 1943 a 86 en 1958; de azúcar, el consumo de 6,46 kilos en 1941 pasa a 12,27 en 1958, y el de trigo, que era de 144,9 kilogramos, sólo llega a 155,3 kilogramos en 1958 [31-XII-1958: Mensaje de fin de año]36.

En los umbrales de un nuevo año no está de más que recapacitemos brevemente sobre algunas cifras y datos que constituyen un exponente de nuestra situación económica y política, ambas de la mayor importancia en cualquier país.

Comparemos estos nuevos datos con los del año 1935, último anterior a nuestro Movimiento.

La producción de acero pasó de 594.710 toneladas en el año 1935 a 2.900.000 en el año 1962.

El carbón, de 7.267.878 en el año 1935 a 15.973.332 en 1961.

Abonos nitrogenados, de 30.000 en 1935 a 598.800 en 1961.

En construcción naval, de 20.000 toneladas en 1935 a 170.000 en el año 1962 [30-XII-1962: Mensaje de fin de año]37.

La propaganda se hace pasar por información. De lo que no cabe duda es de que el triunfo se canta ahora de otra manera: el discurso avanza sobre el topos de la cantidad y el argumento de la superación38. Si anteriormente abundaban los verbos de acción, ahora se recurre a la elipsis, a modo, casi, de albarán de mercancías. El discurso se fundamenta en la rigidez de la estructura ayer/hoy. Resultará asimismo preceptiva la introducción de un nexo causal que explique el desarrollo económico de España; de esta manera, desarrollo político y progreso económico se eslabonan sucesivamente: la apertura ideológica del primero propicia e impulsa el segundo; aquél se evidencia conditio sine qua non de éste:

El desarrollo económico, por necesitar de la paz, de la continuidad y del orden interno, es una consecuencia directa del desarrollo político. Sin nuestro Movimiento político no hubiera podido alcanzarse la base de la que hoy partimos; de medios superiores disponía la nación en las etapas anteriores y, sin embargo, no pudo acometerlo; pero a su vez el desarrollo económico valora, prestigia y afirma el movimiento político e impulsa su evolución y perfeccionamiento [1-IV-1964: Declaraciones al diario ABC]39.

Se constata pues el cambio del émbolo ideológico: de los conceptos abstractos de la inmediata posguerra, del falangismo épico-lírico, hemos pasado a un discurso encubiertamente capitalista. La manipulación discursiva como estrategia del Poder continúa siendo la misma.

 

NOTAS

  1. Pensamiento político de Franco, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1975, vol. I, p. 50. La edición con la que trabajamos se presta también a un análisis crítico, en tanto que producto cultural del aparato ideológico del régimen. La selección que lleva a cabo Agustín del Río Cisneros está pautada ideológicamente. Así, por ejemplo, un año tan conflictivo para la economía y la universidad españolas como el 56 no merece la atención del compilador. Por si fuera poco, parece que sólo interesan los discursos acerca de la Iglesia en los primeros años del régimen, cuando la comunión con el Estado era total.

  2. Tratado de la argumentación. La nueva retórica, Madrid, Gredos, 1989, p. 680.

  3. Cfr. Theodor W. Adorno, La ideología como lenguaje, Madrid, Taurus, 1971, p. 13: "El hecho de que las palabras de la jerga suenen independientemente del contexto y del contenido conceptual, como si dijeran algo más elevado de lo que significan, habría que designarlo con el término de ‘aura’ ".

  4. La invocación a valores universales posee un indiscutible potencial persuasivo: de súbito, el discurso se carga de razón. Como señala Dupréel: "ne sont que cela, purs, sorte d’outils spirituels totalement séparables de la matière qu’ils permettent de façonner" (Sociologie genérale, París, Presses Universitaires de France, 1948, p. 181). En este sentido, Domenach se refería, junto a otras como la simplificación o la exageración, a la regla del contagio: para crear un sentimiento unánime el propagandista se sirve de ideas que agradan a un auditorio universal (La propagande politique, París, Presses Universitaires de France, 1950).

  5. Cfr. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, op. cit., pp. 160 y ss.

  6. Mito y realidad. Barcelona, Labor, 1991, p. 190.

  7. K. Young et al., La opinión pública y la propaganda, Buenos Aires, Piadós, p. 207.

  8. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 48.

  9. 9Ibíd.

  10. Harry Pross, La violencia de los símbolos sociales, Barcelona, Anthropos, 1983, p. 63. Vid. asimismo Carl Schmitt, El concepto de lo político, Madrid, Alianza Universidad, 1991, pp. 56 y ss.

  11. S. Y. Hayakawa, Language in Thought and Actino, Londres, George Allen and Unwin, 1978 (1ª ed. 1939). Cfr. Félix Rodríguez, Prensa y lenguaje político, Madrid, Fundamentos, 1991, pp. 41-96.

  12. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 47. Los subrayados son nuestros.

  13. Ibid., p. 49. Los subrayados son nuestros.

  14. Ibid., p. 51. Los subrayados son nuestros.

  15. Cobran especial sentido las palabras de L. Guespin: "Los enunciados políticos proponen generalmente diversas reescrituras de otro discurso que anteriormente ha dicho lo mismo; se trata en general de enunciados sobre enunciados" (apud G. L. Martí, "Aproximación a una teoría del discurso político", Cuadernos de Ruedo Ibérico, 61-62, p. 80). Sobre este punto, puede verse Gerd Wotjak, "Les stereotypes dans le langage du texte politique", en C. Kerbrat-Orecchioni y M. Mouillaud (eds.), Le discours politique, Lyon, Presses Universitaires, 1984, pp. 43-54. El estereotipo es la explicitación de una retórica convertida en inventario. Eco distingue las figuras como esquemas generativos o como "EXPRESIONES YA GENERADAS, esquemas ‘retóricos’ en el sentido peyorativo del término, frases ya incluidas en repertorios y ofrecidas como modelo de ‘bien escribir’ o de ‘bien hablar’ " (Tratado de semiótica general, Barcelona, Lumen, 1985, p. 440).

  16. Cfr. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, op. cit., p. 383-395.

  17. Ibid., pp. 434-443.

  18. Cfr. Ch. Perelman y Olbrechts-Tyteca, op. cit., pp. 274-292. Véase, asimismo, E. Benveniste, Problemas de lingüística general. México, Siglo XXI, 1977, pp. 168-171.

  19. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 54.

  20. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 277. El nombre de José Antonio se convierte en simbólico en la España de la posguerra. Su invocación es perfectamente coherente con los usos manipulatorios del discurso: "Un sujeto, mediante la utilización de un destinador, justifica su decir, legitima su hacer procediendo mediante ‘desembrague actancial’: invocando una figura trascendente o haciendo intervenir instancias de habla ajenas" (Gérard Imbert, "Sujeto y espacio público en el discurso periodístico de la transición: hacia una socio-semiótica de los discursos sociales", en M. A. Garrido Gallardo (ed.), Semiótica. Lenguajes y textos hispánicos, Madrid, CSIC, 1984, p. 170).

  21. J. M. Lotman y B. A. Uspenskij, "Sobre el mecanismo semiótico de la cultura", en J. M. Lotman y Escuela de Tartu, Semiótica de la cultura, Madrid, Cátedra, 1979, p. 118: "Es propia del mundo mitológico una concepción específicamente mitológica del espacio, que no se presenta bajo la forma de un continuum marcado por rasgos distintivos, sino como un conjunto de objetos aislados marcados por nombres propios".

  22. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 55. Se advierte el eufemismo de fuerzas políticas en lugar de partidos políticos, otro de los fantasmas del franquismo.

  23. Ibid., p. 280. Los subrayados son nuestros.

  24. Op. cit., pp. 536-546.

  25. Roger Fowler et al., Lenguaje y control, México, F.C.E., 1983, pp. 53 y ss.

  26. El orden del discurso, Barcelona, Tusquets, 1973, p. 36.

  27. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, pp. 48-49.

  28. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 363.

  29. Felipe Mellizo, El lenguaje de los políticos. Barcelona, Fontanella, 1968, p. 35. Cfr., además, R. Nieto, "El lenguaje y la política", en Cuadernos para el diálogo, 111, diciembre 1972, p. 14.

  30. Umberto Eco, Tratado..., ed. cit., pp. 452 y ss.

  31. Pensamiento..., ed. cit., vol. II, p. 458.

  32. Ibid., p. 459.

  33. Pensamiento..., ed. cit., vol. I, p. 79.

  34. Jürgen Habermas, La ciencia y técnica como ideología. Madrid, Tecnos, 1986, p. 76.

  35. Pensamiento...., ed. cit., vol II, p. 607.

  36. Pensamiento, ed. cit., vol. II, p. 616.

  37. Ibid., pp. 640-641. Con perspicacia anota Felipe Mellizo que "el lenguaje político sin metáforas produce una impresión primera de sobriedad y objetividad que es consecuencia de la mágica atracción de las cifras. Sólo tras un esfuerzo llegamos a advertir que, bajo esa apariencia de sobriedad despolitizada, hay una pasión propagandística, una intención agresiva, es decir, una deliberada falsificación del lenguaje humano" (op. cit., p. 51).

  38. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, op. cit., p. 443: "Los argumentos de la superación insisten en la posibilidad de ir siempre más lejos en un sentido determinado, sin que se entrevea un límite en esta dirección, y esto con un crecimiento continuo de valor".

  39. Pensamiento..., ed. cit., vol. II, p. 648.

  40.  

© José Antonio Llera 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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