De ethikós y de litterae:
Contornos teóricos para un curso de Ética y literatura


Erasto Antonio Espino Barahona. Ms
peespino@canaa.usma.ac.pa


   


1. Dos polos conceptuales como punto de partida

Antes de fijar puentes entre la Ética y la Literatura, es necesario establecer qué estamos entendiendo cuando pronunciamos estas dos palabras. Digamos que, si el discurrir es un tejido comunicativo, habrá que saber con alguna certidumbre cuáles son los dos hilos que componen este diseño ético-literario.

Por ello es conveniente delimitar qué estamos significando con estos dos significantes, Ética y Literatura, de modo de saber cuál es el mapa ideacional que estamos dibujando entre estos dos polos conceptuales 1.

1.1 Ética

Hay una definición de Ética que me parece fundamental, no sólo por lo sintética, sino por lo veraz. La misma es del filósofo español Aranguren. Él dice que la Ética no es más que "la moral pensada" 2.

En consecuencia, ésta sería el ejercicio racional y sistemático mediante el cual el ser humano se interroga sobre "la moral vivida": sobre la vida y su sentido, y sobre la legitimidad de los actos humanos individuales y colectivos y sobre la pertinencia de los valores que fundan dichos actos 3.

1.2 Literatura

A diferencia de la voz "Ética", con la palabra "Literatura" se designa una mayor diversidad de objetos que conviene delimitar. Por Literatura se entiende mayormente la actividad creadora de índole estética que usa como materia la lengua (idioma); a veces también se denomina Literatura a los productos concretos que resultan de dicha actividad - esos artefactos textuales llamados libros: novelas, poesías, cuentos… 4

La Literatura es una práctica social que -oral o escrita- acompaña el desarrollo histórico-cultural de cada pueblo. En este sentido se habla de literaturas nacionales o regionales: panameña, kuna, hispanoamericana, etc. No existe pueblo que no posea manifestaciones literarias.

Particularmente en Occidente, y hoy un poco en todo el mundo, gracias a la globalización de los usos y costumbres, la Literatura pervive como una institución, es decir, como un complejo de sujetos, de acciones y de obras socialmente reguladas: escritores, textos, lectores, editoriales, premios, etc. que gestan y organizan ese fenómeno llamado Literatura.

2. La creación, la lectura y sus efectos: El terreno común

El curso que hoy nos ocupa se ubica dentro de una tensión. Su título -Ética y Literatura- determina un espacio fronterizo que se despliega entre dos dominios cognitivos diversos y complementarios, distintos pero implicados. Ambos vocablos designan prácticas discursivas y disciplinarias irreductibles pero que, sin embargo, se cruzan en varios puntos del mundo de la vida, es decir, en la cotidianidad donde el hombre y la mujer vivencian o ponen en práctica sus valores.

 

Quien escribe opta, elige. Detrás de las palabras, de la textura y de la configuración del texto literario está siempre un valor que se privilegia o se rechaza, una visión de mundo en la que se inscriben autor y obra; visión de lo real que se ofrece al lector en la espera que éste la asuma, se interrogue, se cuestione y, acaso, reformule o modifique sus propios puntos de referencia.

 

El que lee también pone en marcha cierto "sistema de valores". Sea en la elección del texto leído, sea en el proceso mismo de lectura, hay siempre una axiología que se despliega. Hay una decisión ética detrás de cada dinámica lectora: procesos de censura o de legitimación. Identificación o rechazo. Dudas o confirmaciones se entretejen en ese proceso sico-cognitivo que es el acto de leer5.

Lectura y escritura son, desde esta perspectiva, operaciones ideológicas, discursividades o prácticas sociales mediadas por usos, costumbres y valores determinados socialmente. De hecho,

Muchos de los trabajos sobre las relaciones entre la obra y el destinatario superan el plano psicológico y ubican la lectura en el plano social, tomando en consideración que la percepción de las obras literarias es regulada por representaciones generales de un grupo, de una clase y de una nación. Así ya no se hablaría de literatura sino de prácticas de lectura históricamente situadas, y de las posiciones correspondientes a estas prácticas 6.

Cuando se escribe y cuando se lee no existen "inocentes" 7. Todos estamos imbuidos en un sistema o en un cruce de sistemas axiológicos desde el cual juzgamos la realidad y la representamos mediante la escritura y la lectura. La producción y comprensión de discursos se realiza siempre desde "un lugar ideológico y social determinado".

Vale decir que la realidad del ser humano en tanto ente bio-sico-social no disminuye ni un ápice a la hora del hecho literario. Se puede afirmar, incluso, que el rol de escritores y lectores supone una intensificación de la humanidad y de la historicidad de los sujetos.

Lo cierto es que por la función sintomática del lenguaje y por el carácter sígnico del texto literario -al estar el texto "en lugar de" lo real-, tanto autores como lectores se ven total y globalmente implicados en el acto de comunicación literaria: nuestras opciones religiosas, existenciales, la clase social, la ideología que nos anima, un cierto temperamento, los valores que defendemos o las obsesiones que nos habitan. Todo se convierte en materia prima de la escritura y de la lectura.

En efecto, Daniel Cassany en "Las palabras y el escrito" afirma que "leer consiste en poder integrar los datos del texto en el universo de conocimientos del lector" y que "un lector experto también aprovecha su conocimiento enciclopédico no lingüístico (su experiencia del mundo, sus conocimientos culturales, etc.) para comprender" el texto 8. De toda dimensión de la vida humana está impregnado, en mayor o menor medida, el texto literario.

Quizás sea por ello que la lectura de obras literarias influye tanto en la construcción de las mentalidades y en la articulación de la sensibilidad individual y colectiva. Incluso un dato ontológico esencial como el carácter de "animal político" (zoon politikon, decían los griegos) del ser humano viene potenciado por el acto de lectura. Como señala el catedrático brasileño Ezequiel Theodoro Da Silva:

Los desafíos relacionados con la participación social, la educación permanente y el pleno ejercicio de la ciudadanía tiene todo que ver con las prácticas de lectura. El conocimiento y la comprensión de las contradicciones subyacentes a las estructuras sociales también tiene una relación muy íntima con la lectura. De hecho, los determinantes históricos de esas contradicciones precisan, en la mayoría de los casos, ser buscados en libros y similares. De ahí, también la posibilidad de que por las prácticas de lectura, el sujeto desarrolle posiciones inteligentes y críticas frente al medio, tomando decisiones coherentes 9.

Es lógico que así sea, pues lo que se pone en juego en este proceso -llamado "hecho literario"- no son ideas abstractas o simples contenidos; son dos subjetividades (autor - lector) que se encuentran en el espacio ético - estético constituido por el texto. La obra literaria aparece así con su fisonomía más verdadera, como enunciación artística de la aventura humana y, por ende, de la vida y sus múltiples manifestaciones.

 

3. Pero, ¿qué tiene que ver el cristianismo?

La pregunta por la cultura y su sentido, su función en el mundo de hoy y su valor para la sostenibilidad de una civilización verdaderamente humana es uno de los ejes que sostienen la evangelización actual. Sin embargo, para cierto pensamiento liberal, la separación entre fe y cultura es una consecuencia lógica de la separación entre la esfera civil y la religiosa, como es propio de todo Estado laico moderno.

Sabemos, en cambio, que la preocupación cristiana por el hecho cultural está justificada por los contenidos y la estructura misma de la fe. Si algo caracteriza la fe cristiana es la pretensión de que Dios se ha hecho hombre. A partir de la Encarnación se explica la pasión de los creyentes por todo lo humano 10.

Por ello no es de extrañar el interés de la Iglesia por aquellas manifestaciones de la persona que más revelan su humanidad, si por ésta entendemos la inteligencia, la creatividad, la sensibilidad y el uso consciente de la libertad. Todas esta facultades se encuentran en la experiencia literaria y artística.

El Concilio, en efecto, afirma la importancia de las letras y las artes

ya que tratan de desentrañar la índole propia del hombre, sus problemas y sus experiencias, en un esfuerzo continuo por conocerse y perfeccionarse a sí mismo y al mundo, esforzándose por descubrir su posición exacta en la historia y en el universo, iluminar sus miserias y sus alegrías, sus necesidades y sus recursos, y proyectar un provenir mejor para el género humano. (GS, 62)

Como se ve, en la experiencia estética del arte y la literatura están inscritas significativas consecuencias éticas y sociales que el cristianismo no sólo reconoce, sino que valora y potencia.

 

4. Algunas conexiones axiológicas

Según la Lógica clásica, los valores se rigen por oposiciones binarias o bivalentes. Hay un valor "x" al cual se opone un antivalor "y". La verdad se opone a la falsedad, la belleza a la fealdad, la bondad a la maldad, según la tríada axiológica fundamental que nos heredó Aristóteles y que ha sido retomada y profundizada por el pensamiento cristiano a través de la idea de Dios como Verdad-Bondad-Belleza absolutas.

En el plano literario, imperan también ciertas "lógicas axiológicas" que definen, valoran o censuran el hecho literario según el valor que sirve de fundamento para la producción y comprensión textual. En otras palabras, si la obra se ajusta o responde a cierto valor fundamental, la praxis del escritor, la recepción lectora y la validez del discurso mismo vienen legitimadas y percibidas como valiosas, como expresión de "buena y verdadera literatura".

Y aunque en la actualidad las posturas extremas no gozan de mucho éxito entre los escritores y los teóricos de la literatura, sino que más bien se impone un sabio eclecticismo, puede plantearse el problema de la valoración literaria dentro del espectro que va del esteticismo del "arte por el arte" a la literatura "comprometida". Veamos ambas posturas:

4.1. La Literatura como evasión: "El arte por el arte"

¿Es la literatura una práctica discursiva que se desentiende de la situación concreta del hombre para preocuparse sólo de la belleza pura, de la forma, del así llamado logro estético? ¿Es acaso ella un fin en sí mismo, tal como reza la consigna de "el Arte por el Arte"? ¿Puede el artista encerrarse -sin mala conciencia- en su torre de marfil? ¿Justifica el quehacer estético, el trabajo artesanal con la palabra, desvincularse de la circunstancia histórica en la que se está inmerso?

Son estos algunos de los problemas éticos que plantea la posición esteticista, al postular la Belleza (formal) como valor primordial y suficiente en la obra literaria. De modo que el hecho estético queda confinado a la esfera de lo sublime y de lo sensible -la percepción de lo bello- como evento desligado del existir, del concreto devenir humano.

Si seguimos con esta lectura crítica del esteticismo a ultranza, uno se pregunta cuál belleza será posible si el discurso literario se vive sólo como goce de la forma lingüística "lograda", como disfrute psicológico de x ó y objeto artístico. Que ante la obra de arte se experimente una impresión o sensación que se define con el nombre de placer, es conditio sine qua non para que dicho objeto (libro, pintura, escultura, etc.) merezca el apelativo de artístico.

Pero sostener que dicho placer se dé al margen del fondo humano-histórico que subyace a todo discurso literario, me parece una rotunda falsía, una impostura. Todo "hecho literario" es un evento ético - estético fuertemente articulado donde ambos elementos son preponderantes. Inclusive, el efecto estético muchas veces viene activado por la dimensión ética plasmada en la obra artística y literaria.

No por casualidad las obras maestras -los clásicos- son siempre fruto de un difícil y logrado equilibrio entre el fondo y la forma: textos con un mensaje profundísimo expresado en formas -lenguajes- bellamente tramados.

4.2 La literatura "comprometida"

Si la postura esteticista plantea no pocos problemas a la valoración del hecho literario, la postura contraria no deja de manifestar sus "aporías". Antes de describir en qué consisten dichos puntos débiles, digamos que la postura del compromiso o engagement no es más que la consecuencia ético - literaria del existencialismo (ateo) francés 11, específicamente aquél propugnado por el mítico Jean Paul Sartre.

Dicha postura proclama la necesidad del compromiso o responsabilidad del escritor con sus contemporáneos, con todos los hombres -entendiéndose éstos, básicamente, como los compañeros de "clase". Y afirma que el creador literario debe escribir participando en los debates sociales y políticos de su tiempo. Quien no lo hiciese, sería deslegitimado y estigmatizado como un escritor reaccionario o burgués.

La crítica fundamental hacia el compromiso viene dada por el hecho innegable de que el contenido de la obra no es garantía de "literariedad" y que la legitimación ética y discursiva no depende del grado de implicación socio - política del texto ni de la filiación ideológica del escritor.

Sin duda, el texto literario supone una toma de posición frente a la realidad. Y es auspiciable que tanto en sus aspectos formales como aquellos de fondo, la obra literaria dé cuenta de su tiempo y de sus afanes. Pero resultaría lamentable el reducir el repertorio temático y retórico del quehacer literario a cantar "las miserias del proletariado" como única opción escritural.

La interioridad, la experiencia amorosa, el problema del tiempo, el reto/angustia de la muerte han sido y son elementos valiosos y perennes en la historia de la creación literaria que no se dejan encasillar en la tópica consagrada por los partidarios del "compromiso del escritor".

Sin embargo, visto hoy a la distancia de los años, el engagement resulta un campanazo necesario que nos recuerda, en medio de una sociedad posmoderna y des-ideologizada, la necesidad de no desvincular nuestras prácticas discursivas -escritura y lectura- del entorno en que nacen y en el que nosotros mismos, autores, hablantes, oyentes y lectores, nos movemos, interactuamos y existimos.

4.3 Axiología y Estética o La Literatura como escritura 12

El concepto de escritura ha hecho fortuna en los medios académicos y universitarios dedicados a los estudios literarios. Lanzado por Barthes al mercado de bienes simbólicos e intelectuales desde hace varias décadas, con el mismo quiere significarse una categoría teórica que es algo más que la actividad de comunicarse por escrito y plasmar sobre papel nuestras ideas y sentimientos.

Un texto literario es una escritura cuando se concibe como un discurso que se articula sobre dos componentes: retórica e ideología. El texto es, pues, un artificio del lenguaje explicable en virtud de la toma de posición (ideológica) del autor frente a la sociedad, sus conflictos y valores.

Una de las ventajas del concepto de escritura es que supera las connotaciones individualistas del término "estilo", en el sentido tradicional de "forma de escribir de un determinado autor", poniendo el acento más que en la individualidad creadora en el gesto social - ético - ideológico que supone el texto producido y configurado estéticamente 13.

Addenda: De lo axiológico del texto (según Bajtín)

Intentar construir un espacio intelectual donde "reflexionar sobre el rol axiológico de la lectura y la Literatura como prácticas sociales" supone algo más que afirmar -verdad de perogrullo- que la lectura y, más específicamente, la Literatura son herramientas de formación ética, o sea, medios idóneos para la "educación en valores".

Lo axiológico en el texto literario no es sólo consecuencia de un uso pedagógico de la Literatura, es también -y antes que nada- una condición propia de la Literatura. Es decir, la literatura no entronca con el discurso ético porque un maestro use textos literarios para formar a sus alumnos.

Lo ético está presente en la génesis misma del discurso literario. Hoy en día la crítica literaria sabe -gracias a las distintas ciencias que convergen en el análisis del discurso- que todo texto literario -globalmente y en sus partes- responde a una ética, a una ideología o para decirlo con la expresión consagrada, a una "visión de mundo".

Metáforas, descripciones, imágenes, ritmos y versos son mucho más que "recursos literarios"; son gestos éticos que se explican en virtud de las elecciones vitales y valores que el escritor pone en juego en la factura textual.

Si lo axiológico es un componente fundamental de todo acto lingüístico, dicha dimensión de la enunciación se torna más evidente en la literatura. El problema es aún más complejo, pues no se limita a la creación o producción discursiva. El problema ético está presente también en el mismo texto, o mejor, en el mundo posible que el texto postula. Sea en la ficción narrativa que en la enunciación poética, el texto crea, da origen o sostiene un mundo fictivo que vive o existe sólo dentro de las fronteras del texto.

Macondo, Comala, Loma Ardiente y Vestida de sol, Sargonia o Liliput son lugares cuya existencia puede ser, objetivamente, negada. Pero que, sin embargo, tienen su propia existencia, su propia ontología o rango de "realidad". Son, pues, "mundos posibles", creados por el poder de la ficción, espacios textuales, ciudades o regiones hechas de lenguaje y regidas por sus propias leyes y valores.

En dichos mundos encontramos otros usos y costumbres, otras normas o propuestas éticas que no necesariamente coinciden con el mundo real. Sin embargo, son -como dice Rosalba Campra- "modelos de mundo" 14 y precisamente en su diferencia con la realidad, estriba el poder ético de la literatura.

La realidad no coincide con el mundo textual, pero -he aquí la cuestión- en el proceso de lectura, el lector se da cuenta que podrían coincidir. La literatura no sólo imita o representa la realidad (mimesis) sino que también postula un modelo, un deber ser.

De manera que en el texto literario lo real viene conjurado en sus aspectos oscuros o problemáticos, y proyectado en lo más virtuoso o avanzado del devenir humano, mediante el mundo posible creado y la(s) lógica(s) axiológica(s) en él imperante(s). En este sentido, el mundo textual deviene en metáfora -y por ende en juicio ético- del mundo real.

Mijail Bajtín -el semiótico ruso- le concedió particular importancia a la configuración de dichos mundos posibles, bajo la categoría del cronotopo, esto es, del espacio - tiempo como "construcción ideológica". De modo que el espacio y el tiempo presentados por y en el texto muestran el mundo (real) como es y, al mismo tiempo, cómo podría y no debería ser.

La teoría semiótica de Bajtín ha sido particularmente fecunda por las relaciones intertextuales que ha sabido entretejer y establecer entre campos cognitivos diversos: ética, estética, lingüística, filosofía, ideología, etc. La menciono, particularmente, pues su planteamiento tiene en la axiología uno de sus ejes fundamentales.

El lenguaje y, por ende, el texto (literario) es para Bajtín un medio estético-verbal de evaluación del mundo; el texto es, pues, siempre ideología y, por ende, lectura, valoración y criterio colectivo sobre las interacciones, pactos y luchas que definen y rigen lo social del hombre: los textos son un medio a través del cual los hombres resuelven sus problemáticas y situaciones en relación con el mundo 15. Los textos "son signos ideológicos que no se limitan a reflejar la realidad sino que la interpretan en el intercambio comunicativo social" 16.


Concluyo con una palabra ajena, del filósofo español Alfonso López Quintas:

En el momento actual, ninguna tarea más urgente que la de poner en forma métodos eficaces para instruir a jóvenes y adultos en las cuestiones básicas de la ética. Esta instrucción ha de realizarse de tal forma que los destinatarios de la misma se sientan respetados en su libertad y, al mismo tiempo, dotados de pautas de interpretación suficientes para estar orientados ante las diversas encrucijadas que encuentran en la vida (...) Actualmente, los jóvenes se resisten a aceptar doctrinas por razón de la autoridad de quien las transmite. Sólo se muestran dispuestos a asumir aquello que sean capaces de interiorizar y considerar como algo propio. De ahí su aversión a toda forma de enseñanza que proceda o parezca proceder de forma autoritaria, llegando a determinadas conclusiones a partir de ciertos principios inmutables. Debido a ello, se viene proponiendo desde hace algún tiempo como método ideal para formar en cuestiones éticas la lectura penetrante de obras literarias de calidad 17. A través de ellas no son los profesores de ética quienes nos adoctrinan sobre el sentido de la vida y sus acontecimientos básicos, sino diversos autores orlados de prestigio y bien afirmados en una experiencia intensamente vivida y sufrida 18.

Lo antes presentado no es más que un acercamiento conceptual y reflexivo al espacio interdisciplinario donde convergen Ética y Literatura. Por eso hablé de "Contornos teóricos..." en el título de esta comunicación. La operatividad de la propuesta queda pendiente para futuras -pero no lejanas- entregas.

De todos modos, vale aquello de que la teoría es siempre una forma de praxis y, por ende, es probable que estas páginas sirvan de trampolín intelectual desde donde lanzarse para sondear las aguas donde la vida -ethos- se hace palabra escrita -litterae-, dolor, pasión y belleza, en fin, literatura.

 


Notas:

  1. Ambos términos representan lo que Umberto Eco denomina "conceptos saco" o "conceptos cajón", dada la amplitud y variedad de ideas y elementos que se cobijan bajo dichos conceptos.

  2. Tomando como base la expresión de Aranguren, dice así Adela Cortina: "La 'moral pensada' -la Ética o filosofía moral-, infinitamente respetuosa con la "moral vivida", intenta reflexionar hasta donde le lleve la constitutiva moralidad del hombre; de un hombre que es, por naturaleza, político, y está abierto -para sí, para no, para la duda- por la misma naturaleza a la trascendencia. Ninguna pregunta sobre la vida buena, sobre lo correcto o sobre lo legítimo puede serle ajena a la filosofía práctica, porque está entrañada en la estructura moral del hombre". Cortina, Adela. Ética mínima. Madrid: Tecnos, 1994, pág. 22.

  3. Puede interesar la síntesis propuesta por Morfaux, donde define la Ética como aquella "parte de la filosofía que tiene por objeto los problemas fundamentales de la moral (finalidad y sentido de la vida humana, fundamento de la obligación y del deber, naturaleza del bien y del mal, etc.); la Ética es una disciplina sistemática que corresponde a una moral teórica y suele estar vinculada a una investigación metafísica, por lo cual se distingue de la moral práctica o aplicada". Diccionario de Ciencias Sociales, Madrid: Grijalbo, "Ética", pág.116.

  4. En una de las varias declaraciones aparecidas en el libro-entrevista Letra viva del poeta chiricano Dimas Lidio Pitty (1986, 207), Ramón Oviero afirma que "la literatura es una forma de aprender el mundo a través de una conciencia estética, utilizando como elemento la palabra. Es, a su vez, testimonio de una época, espejo de los acontecimientos sociales y visión personal de lo que acontecía a nuestro alrededor. La literatura es la otra cara de la realidad, después de pasar por el ojo crítico del escritor y, es a la vez, uno de los mejores medios para acercarnos a los demás mortales".

  5. Para una fenomenología sobre el acto de lectura, puede verse mi comunicación titulada Eros, Gaudio, Avvenimento o la experiencia de la lectura presentada en el marco del I Congreso Internacional de Literatura Panameña (USMA, 1999). Véase nº 17 Espéculo:
    http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/eros.html

  6. Castro García, Oscar y Posada Giraldo, Consuelo. Manual de Teoría Literaria. Medellín: Universidad de Antioquia, 1996, 150-151.

  7. Un análisis teórico profundo de la literatura como "lugar ético" es el de Bogdan Piotrowski en el artículo "La literatura: ¿culto o cultivo de los valores?". LITTERAE, No. 6. Bogotá: ICC, agosto de 1996, págs. 5-26.

  8. Véase LECTURA No. 53, Bogotá: FUNDALECTURA, 1999, págs. 15, 20.

  9. En "La lectura en el mundo contemporáneo y la formación del lector", op.cit. pág. 27.

  10. Al respecto es siempre significativo recordar las sabias palabras del Concilio en el Proemio de la Gaudium et Spes: "El gozo y la esperanza, la angustia y la tristeza de los hombres de nuestros días, sobre todo de los pobres y toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y nada hay de verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón (…) la experiencia vital [de la fe, hace a la Iglesia] sentirse, y ser en realidad, íntimamente solidaria con la humanidad y con su historia" (GS, 1).

  11. El paréntesis se justifica. Recordemos que en el ámbito católico -también en Francia- surgió una poderosa corriente filosófica -el existencialismo católico, gracias a la obra de Jacques Maritain y Gabriel Marcel.
    Para una valoración crítica de la herencia sartreana, pueden consultarse los siguientes estudios: "Jean-Paul Sartre. La angustia de la nada bajo el cielo vacío". Teodosio Muñoz Molina. Espéculo n°15.
    http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/jpsartre.html
    y también "Devolvamos a Sartre su sitio". Catalina Uribe Merino. Ibid.
    http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/2sartre.html

  12. "La escritura es una función: es la relación entre la creación y la sociedad, es el lenguaje literario transformado por su destino social, la forma captada en su intención humana y unida así a las grandes crisis de la Historia (...) La escritura nace de la "reflexión del escritor sobre la función social de su forma", es "la moral de la forma, la elección del área social en el seno de la cual decide situar la naturaleza de su lenguaje". Véase "escritura" en Diccionario de Retórica, Crítica y Terminología Literaria. Marchese, Angelo y Forradelas, Joaquín. Barcelona: Ariel, 1986, 139.

  13. Uno puede encontrar un paralelo de esta categoría en algunos textos metapoéticos del poeta panameño Manuel Orestes Nieto (Rendición de cuentas, 1991) o en ese vademecum sobre nuestra literatura que es Letra Viva, espléndido libro-entrevista que recogió el sentir de lo más granado de nuestros escritores y escritoras.

  14. "…los textos de ficción, (…) aunque no digan el mundo, proponen modelos de mundo. Ahí estriba su riesgo, su fascinación evidente o secreta. La relación con el mundo se entabla en el plano de la significación -la que el lector desovilla en el texto y puede referir a su mundo. Por eso, los textos definen un espacio de experiencias vicarias que en cierto modo figuran y hasta configuran la experiencia real. Ese "como si…" en que reside una de las condiciones de la ficción puede aparecer como un " así es" de alarmante resonancia". Rosalba Campra en "La lectura de los textos de ficción". Nuevo Texto Crítico. No.3 (Año II), 54.

  15. Pardo Abril, Neyla. Introducción a la Semiótica. Signo y Cultura. Bogotá: Unisur, 1995. Págs. 134. 136-137.

  16. Bajtín, Mijail en op.cit.

  17. Véase, por ejemplo, J. Luis López Aranguren: 'Ética', Revista de Occidente, Madrid 1965, 3ª ed., págs. 413-414.

  18. http://www.hottopos.com/convenit/lq1.htm#_ftn2

 

© Erasto Antonio Espino Barahona 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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