La importancia de llamarse Tito

Jaime Barrios Carrillo


   


La traición del traductor es tema recurrente en la obra de Augusto Monterroso. Asegura que "estamos en un mundo de traducciones del cual hoy no podemos escapar". La traición lo entusiasma si logra su objetivo: ser fiel a la literatura. Un paradigma lo encuentra en La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde, título que literalmente hubiera sido: "La importancia de ser autentico."

Es obvio que una traducción mala desdibuja el texto original y puede hacerlo irreconocible. ¿Cómo se escribiría El Dinosario en chino? ¿Despertará el asombro del lector pekinés? La movilidad textual crea sorpresas. Aún sin que se cambie de lengua; así en el ámbito del español hasta el mismo dinosaurio ha experimentado metamorfosis históricas. Monterroso da ejemplos en su reciente libro La Vaca; como cuando Carlos Fuentes lo confundió con un cocodrilo. O Vargas Llosa tomándolo por unicornio. Traducción y percepción riman el mismo camino. Traducir significa traspolar al "exacto equivalente". La tragedia mal traducida puede convertirse en un sainete que a nadie divierte. "No me deja de asaltar la duda de que Augusto Monterroso sea intraducible" afirma Lars Bjurman, su traductor al sueco. Tiene razón, no todos los días se enfrenta un traductor con dinosaurios de tan alta estatura.

Recordemos que fue Italo Calvino el "descubridor" europeo de Augusto Monterroso, aunque al encontrarse no pudieron conversar mayor cosa. "Yo he estado en Guatemala" parece que le dijo un tímido Calvino. "Yo he estado en Italia" había pensado responderle el no menos tímido Monterroso. Ignoramos si ambos escritores, a su vez grandes lectores, se leyeron mutuamente en buenas traducciones o en los magníficos originales. Lo Otro siempre es exótico.

Ha llegado finalmente a Suecia. Y del asombro inicial algunos han pasado a la ovación ecuánime. Él mismo nunca ha creído en los elogios, confiesa que le dan miedo. Tal vez porque en el cementerio Parnaso de San Blas: "escribió un epitafio y le dijeron que se creía difunto." Aplausos y elogios serán para Monterroso siempre temibles reacciones de ese monstruo lorquiano de muchas cabezas: el público, los lectores, la crítica. Todos los elogios son dudosos. El único elogio certero, nos dice, es imposible de dar o recibir, es decir: "Usted es el mejor escritor de todos los tiempos". Prefiere entonces espacios más íntimos: los de la literatura. Aunque en el breve relato El autor ante su obra confiesa que "un libro mio recién publicado que se desliza de mis manos en la alta noche es lo único que se ha interpuesto entre mi mujer y yo". No especifica si incluye los libros traducidos de su obra en otros idiomas.

Paul Valéry en la famosa carta al traductor Miomandre llamaba a Miguel Angel Asturias escritor afortunado: había sido bien traducido al francés. Asturias hizo ingresar a Francis de Miomandre a la historia de la literatura. Pero Valéry consideraba que el afortunado no era Miomandre sino el Nobel guatemalteco. Lars Bjurman por su parte ha introducido a Monterroso a Suecia. El Dinosaurio en sueco es tan dinosaurio como Monterroso es Monterroso.

Primero fue la Oveja Negra. Después vino Obras completas y otros cuentos. Este segundo volumen es en realidad una antología, ya que Bjurman incluye textos de otros libros de Monterroso. Inclusive algunos dibujos del autor, sacados lógicamente de Lo demás es silencio. La importancia de llamarse Tito ya no se pone en duda. Traduzco lo escrito por el traductor sueco: "Por mucho tiempo creí además que Augusto Monterroso era un seudónimo, acaso en el mismo estilo de Eduardo Torres, el personaje invisible. Pero Monterroso existe y ha sido visto durante los últimos decenios, en conexión con las publicaciones de su breve y excéntrica prosa, en ediciones europeas bajo nuevos títulos. Cambiados frecuentemente por las editoriales, dando la impresión engañosa entre sus adictos de que se trata de nuevos texto..." Bjurman no explica en que consiste la excentricidad monterroseana, pero si dedica más de treinta citas para explicar desde quién era el novelista José Milla hasta una referencia a Paradiso de un tal Lezama Lima, con la aclaracion que esta obra "no ha sido todavia traducida al sueco". Creo que Bjurman no agrega mucha novedad en su colofón, ha evitado inteligentemente la forma de prólogo. Repasa, siendo ameno, lo que ya se ha dicho en otras latitudes: el minimalismo, el humor y la sátira, el exilio, la virtualidad textual.

La recepción de una obra extranjera es siempre una especie de bautizo inconfeso. No puede afirmarse que Monterroso sea un nombre de multitudes en Suecia. No lo es en ninguna parte del mundo. "Las multitudes del mundo" no están buscando el oro de la palabra sino el brillo del best seller. Esto suponiendo que las multitudes lean. Indicador más interesante pueden ser reacciones canónicas. No todo canon es reaccionario. Un hispanista de la Universidad de Estocolmo y experto en el barroco español, Anders Cullhed, hace un curioso parangón entre el humor de las protestas literarias de Monterroso con la resonancia de cierta tesis presocrática, aquella de que el ser humano es la medida de todas las cosas.

Yo me identifico con lo dicho por un critico de nombre Thomas Almqvist: "Las fábulas de Monterroso son arte mayor en forma concentrada". Aunque no deja de cautivarme, con bastante resistencia, lo expresado por Karl Steineck en cierto periódico de la ciudad de Helsingborg: "El que piense leer sólo un libro en la vida asegúrese que ese libro sea La oveja negra y otras fábulas". No sé si Monterroso mismo estaría de acuerdo, si recordamos el volumen de lectura que él mismo ha adquirido durante una vida de estar devorando bibliotecas. Más segura es su empatía ambigua por los traductores: "todas las traducciones son necesarias pero ninguna es perfecta". Quizás haya resabios de una lejana experiencia de traductor, fallida entonces en aras de la virtud literaria. Lo narra en La Palabra Magica: Monterroso llorando en las orillas del río Mapucho en Chile, exiliado y sin dinero. Ha renunciado al único trabajo que pudo conseguir: la traducción del inglés de un cuento de gángsters. Y a pesar de que el cuento comenzaba a ser legible en español, precisamente por la importancia de ser autentico optó por el abandono de la empresa, nos dice:

"...resuelto a morirme de hambre antes de seguir traduciendo aquello…"

 

© Jaime Barrios Carrillo 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/monterro.html