EL PERIODISMO LITERARIO
DE LOS ENSAYISTAS Y NARRADORES NOVECENTISTAS

(Eugenio d'Ors, Gabriel Miró, Pérez de Ayala, Ortega y Gasset, Cansinos Assens, Salvador de Madariaga, Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Pedro Mata, Rafael López de Haro, Alberto Insúa, Antonio de Hoyos y Corpus Barga)


Dr. Félix Rebollo Sánchez
Universidad Complutense de Madrid


   

 

La renovación literaria,, a principios de siglo, parte del "Modernismo" y del "98". Es cuando se rompe con el pasado inmediato, cuando el mundo intelectual español se abre a las influencias europeas, y también, se busca la raíz de aspectos que nos lleven al pasado, y , éste sirva de acicate para la nueva ideología. Con exactitud, cronológicamente, los movimientos literarios no se pueden encuadrar. Toda fecha resulta un símbolo. Sí cabe la aproximación. El "alfa" y el "omega" del Novecentismo se encuentra entre las estéticas modernistas-noventayochistas y la vanguardia propiamente dicha. La palabra "noucentisme" aparece por vez primera en la columna "Glosari" de Eugenio d'Ors (1882-1954) en el periódico La veu de Catalunya (1899-1939) en el año 1906, bajo el seudónimo de Xenius. Pero si nos atenemos a lo que llamamos novecentismo castellano -aunque el espíritu novecentista fue general en toda España-, su inicio se entroncaría con la publicación de Tinieblas en las cumbres de Ramón Pérez de Ayala en 1907. Precisamente, este término fue acuñado por el pensador catalán para englobar a ensayistas como Ortega y Gasset o novelistas como Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró.

Eugenio d'Ors con este nuevo modismo preconizaba la vuelta a los valores del clasicismo en la literatura, y también, desde la vertiente política, a los ideales cívicos catalanistas. "Yo no he venido -escribirá en La bien plantada- a instaurar la ley antigua. No quiero traeros revolución, sino continuación. Tu raza, Xenius, está hoy postrada por grande mal. Hay los largos siglos de servitud que han extinguido en ella la virtud antigua. Hay la corrupción de las artes, madre de las peores violencias. Hay los hombres furiosos que perpetúan la anarquía. Hay los decoradores frenéticos que ha desacostumbrado, de toda armonía vuestros ojos. Hay los malos pensadores que tienen las vernaculares ocurrencias, y los malos periodistas que tienen confusionario el gusto, y los malos pedagogos, plagiadores de las torpezas más idiotas de los fumistas norteamericanos. Pero todo esto es también ceniza y polvo que cae de los ideales cuando suben al cielo. Todo pasará, y rápidamente, porque se acercan los tiempos y mil signos la plenitud anuncian. En verdad, sé decirte, Xenius, que la gloria futura de tu Raza ninguna criatura nacida en dolor será capaz de narrarla" (1).

El pleno desarrollo novecentista -aunque todo límite es arriesgado en cualquier movimiento, literario- se alcanzará hacia 1914; en los años veinte convivirá con las vanguardias, y en los años treinta se inicia su ocaso estético; el político, se produjo con la dictadura de Primo de Rivera en 1923, que amordazó la crítica de los novecentistas. Estos habían expuesto a través de las revistas y periódicos, sobre todo, -en España (1915-1924), El Sol (1917), La Pluma (1920-1923), Índice (1921-1922), Revista de Occidente (1923-1936)- sus aspectos ideológicos y culturales que pronto fueron silenciados, cuya base se cifrará en formar unas minorías preparadas en todos los campos de la cultura; y en un sentido amplio, llevar a cabo un proyecto de modernización del país que condujera a la instauración de la Segunda República.

Díaz Plaja establece, desde el punto de vista cronológico, dos momentos: un primer período, entre 1906 y 1917, y un período exento de culminación en tomo a los años 1917-1923. En el primero, irrumpe un fenómeno bicéfalo, "novecentismo" acaudillado por Eugenio d'Ors desde 1906, y "siglo XX" dirigido por Ortega y Gasset desde 1908; el segundo, estaría veteado de la crisis sociopolítica de 1917 y el cierre a todo vestigio cultural con la aparición de la Dictadura en 1923. En este sentido, quizá sea más adecuado acordonar el Novecentismo entre 1905-1923.

En cuanto a su definición, para Díaz Plaja, el novecentismo no es ni modernismo ni noventayochismo, y lo que todavía no es ni vanguardismo, que confluirá en la Generación del 27: "Podría decirse ?apunta el crítico que su zona operativa, intentando fijar la estructura y sentido de esta entidad compleja, pero unitaria, que denominamos Novecentismo, está marcada por las negociaciones: en su parte inicial, la investigación gira en tomo a lo que ya no es puramente Modernismo ni Noventayochismo; en su parte final, por lo que todavía no es la irrupción que, con distintos nombres y contenidos, podemos llamar vanguardismo, y que arrancando de los primeros ismos revolucionarios, desemboca en la Generación del 27" (2). Tres etiquetas, por consiguiente, se imponen en estos años revueltos y fecundos como los denomina Jorge Guillén, que son Novecentismo, Vanguardismo y Generación del 27.

En 1911 -leemos en Díaz Plaja-, "Eugenio d'Ors formula en la revista Cataluña un programa de intervención en la política cultural. Este programa comporta la creación de una Academia, una Biblioteca y una Escuela de Altos Estudios. En 1917, promovido por Prat de la Riva a Director de Instrucción pública de la Mancomunitat de Catalunya, puede realizar la parte fundamental de su programa, en cuanto al primero creando el equipo filológico que promulga las normas ortográfiques; en cuanto al segundo, con la creación de la Biblioteca de Catalunya, la Escola de Bibliotecaries y la red de Bibliotecas Populars; y en cuanto a la tercera, con la ordenación del Institut d'Estudes Catalans".

José Martínez Ruiz -Azorín-, en el año 1914, a propósito de este movimiento escribirá: "Otra generación ha llegado. Hay en estos escritores más método, más sistema, una mayor preocupación científica. Son los que este núcleo forman: críticos, historiadores, filósofos, eruditos, profesores. Saben más que nosotros, ¿Tienen nuestra espontaneidad? Dejémosle, paso". Es la salutación al resurgimiento de una nueva generación que se opone a la inmediatamente anterior, que proclaman el universalismo, la civilización urbana, el predominio de la inteligencia, el clasicismo, el cultivo de la ciencia general, una sólida preparación universitaria, revolución cultural desde el poder, distanciamiento del autor de la obra literaria; ésta debe ser autónoma; arte puro sin más; mesura, pulcritud formal y selección son las constantes que les llevan a una estética para minorías.

Rafael Cansinos-Assens en La nueva literatura señalaba una serie de rasgos diferenciadores de este nuevo espíritu, como son el ansia de novedad, un espíritu de solidaridad heterodoxa, la visión lírica ha de ser contrastada por la realidad, escritores ecuánimes, tranquilos y conscientes, queda suprimida la emoción, sus impresiones en un estilo seco, recortado y duro. Pero, el espíritu de depuración artístico fue algo esencial de las vanguardias, deseosas de superar el novecentismo.

Sin embargo, Miguel de Unamuno en carta a Ortega y Gasset en marzo de 1915 manifestaba: "En España hay todavía mucha cosa desvaída. Las cosas de nuestro amigo Xenius, v.gr., están demasiado fuera de lugar y de tiempo. Los que las lean, que serán muy pocos, acabarán diciendo: bien, ¿y qué? Un semanario no es una revista de filósofos, y ese preciosismo vagoroso no entra aquí en las gentes. Valiera más que hablara de catalanismo y en concreto". Y el primer manifiesto ultraísta, otoño de 1918, declara la defensa de un arte nuevo y contrario totalmente al novecentismo. Posteriormente, en "Un manifiesto literario" firmado por Xavier de Bóveda, César A. Comet, Fernando Iglesias, Guillermo de Torre, Pedro Iglesias Caballero, Pedro Garfias, J. Rivas Penedas y J. de Aroca se insiste en superar a la corriente inmediata: "Los que suscriben, jóvenes que comienzan a realizar su obra, y que por eso creen tener un valor pleno de afirmación, de acuerdo con la orientación señalada por Cansinos-Assens en la interviú que en diciembre último celebró con él X. Bóveda en El Parlamentario, necesitan declarar su voluntad de un arte nuevo que supla la última evolución literaria: el novecentismo. (...). Jóvenes, rompamos por una vez nuestro retraimiento y afirmemos nuestra voluntad de superar a los precursores" (Grecia, 15 de marzo de 1919, núm. 11). En la misma revista, Isaac del Vando-Villar escribirá el 3 de junio: "Platónicamente estamos exponiendo nuestra moderna doctrina ultraísta en las columnas de Grecia sin querer molestar a los fracasados maestros del novecientos". El mismo autor, en el núm. 20, el 29 de junio de 1919 les tildará de "eunucos novecentistas". Y con motivo de la publicación de la revista Ultra, también en Grecia se escribirá: "Ultra, con Cervantes y Grecia, ha venido a formar el triángulo lírico, como un iris luminoso en la oscuridad del novecentismo". De manera que existía un cierta prisa por terminar con los novecentistas para desde el ultraísmo extender los pormenores de este movimiento.

La gran mayoría de los novecentistas cultivaron el ensayo ideológico y político, siendo la prosa el género preferido, aunque sin abandonar del todo lo lírico o lo dramático; todos fueron partidarios de un decir retórico. La palabra fue el motor verdadero; cobró vigencia sin necesidad de ropajes superfluos; esta fue la clave del movimiento novecentista. Sin olvidar el carácter didáctico tanto del periodismo político como del artístico, porque de ambos se nutrió la corriente novecentista. Al ensayo se acercaron Eugenio d'Ors, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, Manuel Azaña, Salvador de Madariaga, García Morente, Cansinos-Assens, Guillermo de Torre, y otros, En la creación literaria destacaron Concha Espina, Benjamín Jarnés, W. Fernández Flórez; en lo dramático, Eduardo Marquina, Fco. Villaespesa, Martínez Sierra, Linares Rivas, Max Aub ; en la novela, Gabriel Miró y Pérez de Ayala, o en la crítica literaria Enrique Díez Canedo. Pero también la cumbre novecentista se vistió de hermosura con los libros de Gerardo Diego Imagen (1922) y Manual de espumas (1924). Sin echar en saco roto el magisterio de Juan Ramón Jiménez, al que Ortega y Gasset defendió como poeta paradigmático de su generación. Precisamente, Pérez de Ayala, Ortega y Gasset y Juan Ramón idearon una nueva revista, Actualidad y futuro, que incluso fue pergeñado, el primer número por el poeta de Moguer.

Sin duda el que primero sentó las bases de un nuevo movimiento fue EUGENIO D'ORS (1882-1954). Creador del 'Noucentisme". Pero no estuvo solo. José Carlos Mainer en su libro La edad de plata (1902-1939) recoge la opinión de Albert Manent en la que éste señala "cuatro nombres que ejemplifican la 'buena nueva' del noucentisme: el político Prat de la Riva, o la 'ordenación y cohesión de una política renovadora, en contraste con el caciquismo envejecido y falsificador'; Eugeni d'Ors, o 'un pensamiento que tendía a ser una suerte de filosofia autóctona'; Josep Carner, o 'una literatura que imponía cánones y elegancia'; Pompeu Fabra, inspiración de la decisiva reforma ortográfica en 1913, o la fijación de la lengua que ganó todavía modulaciones y flexibilidad" (3). El Noucentisme fue fundamentalmente un movimiento poético, que, en un principio, abandonó otros géneros literarios como la novela o el drama; si exceptuamos la novela La beu plantada (1911) de d'Ors, en la que se puede observar la pasión por la mujer y el paisaje catalanes dentro de la precisión y el orden; d'Ors se vale de un personaje femenino para simbolizar la Cataluña clásica, a la vez que expone las directrices estética y política del Noucentisme: "Ve, pues -escribe d'Ors-, e instruye a las gentes bautizándolas novecentistas en nombre de Teresa. Yo, en tus caminos por el mundo, jamás de abandonaré. Invisible, iré siguiéndote en tus andanzas. Si en disturbio o duda te ves, o en peligro, invócame, y en seguida alguna señal sabrá revelarte mi oculta asistencia y confortamiento. Yo conozco tus debilidades, como tú has conocido mis fuerzas. Adiós, Xenius, y recibe ahora para todas tus empresas y viajes mi bendición". Lo que pretende el ensayista catalán es la insistencia en una idea clave: la defensa de los valores de la inteligencia frente al concepto bohemio modernista; este equilibrio debería conducirles a la huida de todo sentimentalismo; a rechazar el tono apasionado e imbuirse de lo sereno y del carácter intelectual en sus escritos y manifestaciones para así conseguir, de esta forma, "un arte puro"; en definitiva, la obra bien hecha. Desde su Cataluña, d'Ors pretende construir un clasicismo distinto, que tenga sabor mediterráneo, que esté basado en el orden, la medida y la claridad; que llevara en sí el culto de la norma y de la disciplina. La armonía debería primar entre lo espiritual y lo corpóreo De esta forma se convierte en el ideador del "Noucentisme". Tal término "fue propuesto por el ensayista catalán para cercar a las nuevas tendencias que se diferenciaron del mundo artístico y literario del siglo XIX".

En el terreno del ensayo fue capital la aparición en 1906 la sección fija titulada "Glosari" en el periódico La veu de Catalunya. Con estas ideas d'estar per casa, d'Ors implanta las directrices del nuevo movimiento, que supone una ruptura y una oposición al Modernismo. La nueva tendencia sostiene un nuevo clasicismo que recupere la tradición literaria perdida. La objetivación de la realidad para un humanismo, nuevo, unas premisas formales de pulcra sujeción de la palabra constituyen el credo del nuevo programa estético. En este aspecto, no podemos olvidar la aparición, además de Glosari, de Els fruits saborosos (1906) o La muntanya d ámetistes (1908) de Guerau de Liost de Josep Carner (1884-1970). Con este libro, el poeta catalán asume plenamente la nueva estética del Noucentisme. Tampoco podemos descartar que es en 1906 cuando se celebra el primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana, y en 1907 se crea el Institut d'Estudis Catalans, que sentará las bases del catalán contemporáneo; esta impronta "noucentista" no se perderá del todo hasta la guerra de 1936. Sin embargo, es difícil determinar su final. El espíritu se mantuvo pero no con tanta fuerza y desvelo. Para Eugenio d'Ors el noucentisme finaliza con la expulsión de éste de los cargos públicos catalanes en enero de 1920, y cuatro meses después dimitiera de la Secretaría del Institut d'Estudis Catalans.

A partir de 1923, ya en Madrid, prosiguió con sus "glosas" en castellano. De todo esto, la opinión de José Carlos Mainer es diáfana: "la continuidad de Josep Carner (quizá el máximo poeta catalán de este siglo), el personal semimodernismo de Josep María Sagarra, la plástica prosa de Josep Pla (en los antípodas de los ideales noucentistas respecto a la forma y al pensamiento), indican claramente que en los años posteriores a 1918 ni el noucentisme era una escuela ni el vanguardismo vino a reemplazar su hipotético dominio. Más aún: como ocurrió en el resto de España, las vanguardias contribuyeron a afianzar el ideal nacional de modernidad y, en ese orden de cosas1 respetaron muy poco el principio internacionalista, al menos en sus postulados más radicales. Y por eso mismo, un tono de modernidad más nueva, más espontánea y menos voluntariosa, nació muy a menudo del propio seno noucentista". Pero, sin duda, el abandono por parte de d'Ors del Noucentisme contribuirá a perder fuerza. Su venida a Madrid, y, sobre todo, las conferencias que impartió en la Residencia de Estudiantes, colaboraron aún más a expandir el novecentismo; aquéllas dejaron un espíritu lleno de sabor en los que allí moraban. Pero no sólo fue d'Ors el que venteó el movimiento, no podemos olvidar tampoco que la Residencia se convirtió en fonda para los intelectuales catalanes que pasaban o venían a Madrid. Por tanto, la acogida de esta nueva corriente por la clase madrileña fue positiva. Tampoco podemos olvidar que Cataluña tuvo una vinculación directa con las corrientes europeas, y esto hizo que los aspectos culturales tuvieran otro despegue, y, al mismo tiempo, contribuyeran a extenderlo al resto de España. El Novecentismo se opuso, en todo momento, al sionismo, al historicismo y al nacionalismo del siglo XIX. Este espíritu lo hallamos en el Nuevo Glosario de E. d'Ors. Sin embargo, el cubismo, por el contrario, como movimiento pictórico y literario, será entendido por el pensamiento novecentista.

En 1923, la Revista de Occidente celebró el veinticinco aniversario de la muerte de Mallarmé con una reunión en la que se guardaron cinco minutos de silencio. El organizador fue d'Ors. Después se publicaría una encuesta con la pregunta, ¿Qué ha pensado usted en los cinco minutos dedicados a Mallarmé? A ella respondieron Juan Ramón Jiménez, Moreno Villa, Alfonso Reyes, Ortega y Gasset, Bergamín, Díez Canedo, Mauricio Bacarisse, José María Chacón y Marichalar. Son, en definitiva, los hombres del Novecentismo.

D'Ors escribe "Nuevo glosario" y "Novísimo glosario" en castellano en los periódicos Abc, El Debate, y después en Arriba .

La primera adscripción novecentista de GABRIEL MIRÓ (1879-1930) provino de Eugenio d'Ors en el año 1915. Gabriel Miró parte de la tradición literaria modernista para posarse en la pureza del Novecentismo. Enlaza -escribe Eugenio de Nora- "con el Modernismo esteticista, y se anticipa -o en cierto modo preside- a la generación inmediata subsiguiente, en la que predominan los literatos puros y asépticos". Gabriel Miró penetra en la cosmovisión de un mundo personalísimamente novecentista; la actitud estética se funde en una realidad que se toca, se siente, se ve y se huele. El mundo evocado viene dado por una palabra incomnesurablemente preñada de imágenes vivas.

Sus primeros pasos periodísticos datan del 16 de julio de 1901, como colaborador de la revista El Ibero, núm. 801 en la que permanecerá hasta el 1 de agosto de 1902, núm. 105.

Otro novelista que colabora asiduamente en los principales periódicos y revistas madrileñas de esta época es Ramón Pérez de Ayala (1880-1962). En su labor primigenia está la creación, juntamente con Juan Ramón Jiménez, Gregorio Martínez Sierra y Pedro González Blanco, de la revista Helios ( 1903).

El crítico Ramón María Tenreiro se acercó a la obra de Pérez de Ayala, y reseñó lo fundamental de su obra. "Tinieblas en las cumbres" en La Lectura. Madrid, 1908. "A.M.D.G. en La Lectura en 1911. "La pata de la raposa" en La Lectura, 1912. "Troteras y danzaderas" en La Lectura, 1913.

En la Revista de Occidente (4) bajo el titulo "Sobre las mujeres, el amor y Don Juan. (Fragmento de un coloquio)" apareció un fragmento de "Tigre Juan". A pie de página, se escribe: "Estos fragmentos pertenecen a una novela inédita, titulada Tigre Juan. En el presente coloquio novelesco las ideas son refundidas dramáticamente por dos personajes de nuestro temperamento y textura espiritual distinta. Viejas opiniones y donjuanismo, pueden hallarse en sus dos volúmenes de ensayos, Las máscaras. Tales de estas opiniones coinciden por suerte en ciertos principios y conclusiones expuestos con arte magistral por el Doctor Marañón. Esta novela fue reseñada por E. Gómez Baquero en el diario El Sol el día 13 de mayo de 1926; antes el 9 de mayo de 1926, en el mismo periódico, J. de Zuazagoitia escribió "Tres entes de ficción: Pepet, Alejandro Gómez y Tigre Juan".

El otro intelectual fundamental que abandera desde Madrid nuevas ideas dentro del movimiento novecentista es ORTEGA Y GASSET (1883-1955). Para Ortega, Periodismo y Literatura se hermanan. De familia de periodistas, él mismo dijo que había nacido sobre la rotativa de un periódico, en un piso que estaba sobre la imprenta del diario El Imparcial. Para añadir: "Es posible que no sea otra cosa sino un periodista'. Conoció de cerca lo que representa el Periodismo, y, sobre todo, el poder que tiene como medio de comunicación. La mayor parte de su obra está impresa en este género literario. En el Prólogo a sus Obras, en 1932, escribía: "En nuestro país ni la Cátedra ni el libro tenían eficacia social. Nuestro pueblo no admite lo distanciado y lo solemne. Reina en él permanente lo cotidiano y lo vulgar. Las formas del aristocratismo aparte han sido siempre estériles en esta península. Quien quiera crear algo -toda creación es aristocracia- tiene que acertar a ser aristócrata en la plazuela intelectual que es el periodismo".

Con el paso del tiempo, en 1940, pronostica: "Hoy no existe en la vida publica más poder espiritual que la prensa. La vida pública, que es la verdaderamente histórica, necesita siempre ser regida, quiérase o no. Ella, por sí, es anónima y ciega, sin dirección autónoma". El periódico le sirvió para abordar problemas estéticos, ideológicos, filosóficos, históricos, pedagógicos y sociológicos de la vida española. En todo momento empleó una actitud teórica; ésta afectaría a la forma de plantearse intelectualmente el problema de España. Precisamente el 29 de enero de 1915 fundó la revista España, que lleva por título el objetivo capital de su palmaria preocupación vital. El saludo a los lectores no pudo ser más nítido: "Los que hemos de escribir en sus columnas -gente ni del todo moza ni del todo vieja- asistimos desde 1898 al desenvolvimiento de la vida española. Durante estos diecisiete años de experiencia nacional, raro fue el día en que la realidad pública no trajo otra cosa que impresiones ingratas. Cuanto más patriotas éramos, mayor enojo sentíamos..."(5). En el año 1917 funda con Nicolás María de Urgoiti el periódico El Sol que tanta influencia tendrá en la España anterior a 1936, y del que se servirá para inculcar sus pensamientos. Y en 1923 fundó y dirigió la Revista de Occidente en la que se dieron cita la intelectualidad hispánica del momento. Con ella, quiere abrirse a Europa, ponerse al servicio -como manifiesta en el primer número, julio de 1923- de ese estado de espíritu, que no sea ni meramente literario, ni ceñudamente científico, "pero que la información tenga un carácter intensivo y jerarquizado". La Cátedra universitaria y La Revista de Occidente fueron los baluartes en que se apoyó Ortega para propalar sus teorías. Pero, sobre todo, la revista quiso asumir el estandarte de lo intelectual. Desde ella, propuso una nueva concepción de España.

Su primer artículo, escrito a los diecinueve años, se titula "Glosas"; lo publicó el 1 de diciembre de 1902 en la revista Vida Nueva en el que defendió la crítica personal por encima de todo, pero también la sinceridad (6). "El crítico -apostilla Juan López Morillas, apoyándose en el pensador madrileño- debe hacer valer no de aquello que tiene de común con los demás hombres, sino cabalmente lo que en sí "sino encuentra de diferenciador e individuante. Ni el más estudiado despego, por una parte, ni la mostrenca sensatez, por otra, darán al objeto de la crítica aquella inequívoca coloración que, potencial en él, surge sólo al conjunto de una vigorosa personalidad. Para ser genuinamente vital, toda crítica ha de exaltar la vitalidad de su objeto, y de esta exaltación es mucho menos un acto de exploración intelectual que de forcejeo afectivo". Para Ortega "la critica es una lucha".

A partir de 1904 sus colaboraciones periodísticas son frecuentes sobre todo en El Imparcial, en el que aborda cuestiones de la cultura española y literarias. Resaltemos "El poeta del misterio", en marzo de 1904, dedicado a Maeterlinck, "El rostro maravillado" en julio de 1904, o "La pedagogía del paisaje de 17 de setiembre de 1906. Pero es también en febrero del año 1904 cuando llamó la atención de la crítica con una extensa reseña de Sonata de estío de Ramón María del Valle-Inclán en La Lectura (1901-1920) por su espíritu emprendedor y atinado. Pero una de las mayores alegrías que se llevó Ortega fue la aparición de la revista Europa; en palabras del propio periodista-ensayista: "El título no podía ser más expresivo; esa palabra sola equivale a la negación prolija de cuanto compone la España actual. Decir Europa es gritar al Parlamento que su constitución es inmoral (...) Decir Europa es detenerse ante un cuadro de Sorolla respetuosamente".

El primer artículo polémico de Ortega se publicó en el semanario España con el título "Contestanto a Azorín", del que extraemos: "Cuando teníamos cerrada las planas de este número nos vemos obligados a romper una para poder contestar al ataque lamentablemente insidioso que llega a España de quien menos lo podíamos esperar: de Azorín. Toma venganza de los juicios que en nuestro primer número emitíamos sobre el discurso del señor La Cierva. Valiéndose de que España nacida ayer y aspirando a crear una nueva colaboración patriótica superior a las diferencias de los partidos, no tiene aún derecho de exigir del público benevolencia y clara comprensión de sus propósitos, pretende ingenuamente Azorín ponemos en un aprieto (...) Sólo sentimos un gran dolor al tener que decir a Azorín, el egregio artista: la amistad, tan delicadamente cuidada por nosotros, queda herida de gravedad".

Para Ortega, lo intelectual no debe aspirar a mandar. Su artículo titulado "Parerga. Reforma de la Inteligencia", publicado en la Revista de Occidente, en enero de 1926 insiste en la importancia de las minorías intelectuales. La inteligencia, escribe, "solo puede ascender a la plena dignidad de si misma si llega a comprender su esplendor y su miseria y su limitación" (7). Antes, había escrito en setiembre de 1923, en la misma revista, un artículo contra "La soberbia española" en el que resaltaba: "Este vicio étnico se extiende por todo el territorio modulado en los giros más diversos, sólo aparente en unas tierras, sólo subterráneo en otras. Pero yo creo que en el pueblo vasco se encuentra su fórmula más pura y como clásica. El que ha visto bien la soberbia vasca tiene una clave para penetrar en las demás soberbias peninsulares y puede abrir la puerta que cierra los sótanos de la historia de España".

La deshumanización del arte (1925), en un primer momento, apareció en forma de artículos; su acogida fue enorme por parte de los jóvenes, porque vieron impresas sus tendencias artísticas, y además provenían de una gran autoridad en la materia. Su ensayo Espíritu de la letra, son en su gran mayoría artículos aparecidos en el periódico El Sol, "desde diciembre de 1926 -escribe Ortega- dedico semanalmente un folletón de El Sol a comentar un libro o estudio que el azar de su reciente publicación trae a mi manos". Algunos de aquellos aparecieron en El Imparcial. También La rebelión de las masas comenzó a publicarse en los folletones de El Sol, el 24 de octubre de 1929. El primer artículo se tituló "El hecho de las aglomeraciones" (8); y el último, el 3 de julio de 1930, segunda parte del artículo "¿Masculino o femenino?". Bajo el título "Sobre la novela" apareció fragmentado en siete artículos en el diario El Sol, los días 10, 12 y 13 de diciembre de 1924, y 1, 2, 8 y 11 de enero de 1925. Reflexiones sobre la novela también apareció en La Nación el 9 de marzo de 1925. La España invertebrada aparece en El Sol en 1920.

Rafael Cansinos-Assens fue un maestro en el artículo periodístico y en el ensayo. Colaboró en las revistas y periódicos más importantes de la primera mitad del siglo XX: Helios, Prometo, Renacimiento, Revista Ibérica, El Imparcial, El Pais, La Libertad, La Tribuna, etc. Su dirección de la revista Cervantes (1918-1922) contribuyó, aún más, a expandir su veta literaria. En la revista mencionada publicará "Poemas en prosa. Canto al no nacido". Con su estilo diáfano se adentra en lo más profundo del ser que no ha nacido. El sentimiento se apodera no sólo del escritor sino también del lector. El ensayista al final exclama: "Por ti, ¡oh, nonato!, el canto de la elegía se alternará con el de esperanza, y hasta el final me reservaré para ti como para la más grande obra, y más feliz que los que vieron corromperse sus frutos, seré de los que vieron corromperse sus frutos, seré como esos árboles que alzan su frondas aguzadas" (9).

El apoyo primigenio del novecentismo estuvo en las revistas y en los periódicos; son los que ventearon las ideas de los novecentistas a través del artículo; el soporte principal partió de algunas revistas y el periódico El Sol, sobre todo. Ortega y Gasset se encargó de que saliera el semanario España. El escritor Luis García Blanco fue el que puso el dinero para que bajo el rótulo "Liga de Educación Política" se constituyeran las bases de una nueva publicación. El 29 de enero de 1915 ya estaba en la calle. En su primera página, Ortega escribía: "Nacido del enojo y la esperanza, pareja española, sale a este mundo este semanario España. (...) Todos sentimos que esa España oficial dentro de la cual o bajo la cual vivimos no es la España nuestra, sino una España de alucinación y de inepcia" (10). De alguna forma, este pensamiento se entroncaba con lo que escribió Antonio Machado, también en este primer numero, con el título "A una España joven": "'El hoy es malo, pero el mañana... es mío'. Y es hoy aquel mañana de ayer ... Y España toda, /con sus sucios oropeles de Carnaval vestida /aún la tenemos: pobre, escuálida y beoda; /mas hoy de un vicio malo: la sangre de su herida". Se trata de una crítica a la política oligárquica española de aquel momento. Antonio Machado colaboró también en el número cinco ("Elegía a Giner"), en el seis (Héroes de la independencia de España. Agustina de Aragón"), en el nueve ("España en paz"), en el treinta y cinco ("La mujer manchega") y en el cincuenta y seis ("A Rubén Darío").

Gerardo Diego publicó en el número 215, el 22 de mayo de 1919 el poema "Azar" ('La ruleta celeste / -blanco, verde, rojo, azul- / gira lenta, lentamente') que formaría parte del libro Imagen. También apareció el poema "Ría" en el número 318, el 29 de abril de 1922 . En 1920, del 31 de julio al 23 de octubre, se publicó la primera versión de Luces de bohemia de Ramón María del Valle-Inclán. Ésta consta de doce escenas. A partir de enero de 1923 fue dirigida por Manuel Azaña. De 1916 a 1922 el director fue Luis Araquistáin. La imagen intelectual se notó con el ex Presidente de la República, e incluso el elitismo que desprendió. En la revista podemos observar la diferencia entre los hombres del 98 y los intelectuales novecentistas o llamados también de 1914. Desde el punto de vista intelectual, España se convirtió en el segmento de todo el descontento nacional, y, sobre todo, se pusieron de manifiesto las corruptelas nacionales. En el campo artístico, se decantó por una expresión realista y crítica. El semanario, en fin, sirvió de escaparate de todos los males que afloraban en el país. Como ejemplo, sirva el artículo que escribió Miguel de Unamuno desde su exilio en Francia "La crisis del monarquismo" que fue publicado el 3 de marzo de 1923.

La aparición de Revista de Occidente supuso aire fresco para la intelectualidad española que aspiraba a una cierta corresponsabilidad con el resto de Europa. Pero, si la comparamos con la España, aquélla se centra mucho más en la cultura y, por ende, deja de lado esa impronta militante política que sobresalió en España. Nuestra Generación del 27 tuvo en la revista, en un primer momento, un vehículo esperanzador: Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Federico García Lorca se vieron ensalzados con las publicaciones de Cal y Canto, Seguro Azar, Romancero gitano y Canciones.

La labor periodística de Salvador de Madariaga (1886-1978), "uno de los hombres más perfectos que ha conocido la historia de la Humanidad" (11), debe ser espejo para los que se forman en las aulas de las Facultades de Ciencias de la Información con todos lo matices que queramos señalar. Acertó plenamente André Maurois al definirlo como el más inglés de los españoles, el más francés de los españoles y el más español de los españoles". Con todo, A. Maurois se quedó corto en su apreciación; Salvador de Madariaga fue el arquetipo del hombre universal. El alfa y el omega de su trayectoria periodística está entre el 3 de febrero de 1916 con el artículo "Los ingenieros, el Rey y la Nación", que se publicó en el semanario España con el seudónimo Julio Arceval -dato que la revista no revelará hasta el 30 de enero de 1919-, y el 13 de diciembre de 1978 en que escribe el último artículo titulado "La crisis del Times", poco antes morir. La doble condición de Salvador de Madariaga, español-europeo, va a marcar las características esenciales de su vida periodística. En sus colaboraciones tanto en periódicos europeos como americanos dará a conocer una idea de España muy lejos de los prejuicios que se tenían. Pero también escribirá para periódicos españoles, en los que tratará de dar a conocer Europa a los españoles, y observar los problemas de España desde el extranjero con la perspectiva que da la distancia. En definitiva, lo que se propuso fue mostrar España a los europeos y Europa a los españoles.

En el año 1916 ocupa la corresponsalía del diario El Imparcial en Londres. Su primer escrito data del 25 de mayo de 1916 titulado "Irlanda". Desde esta fecha hasta finales del año 1917 aparecen en El Imparcial unos cien artículos en los que desarrolla temas culturales, políticos y sociológicos. Precisamente, al no estar de acuerdo Madariaga con la línea que seguía el periódico en el tema de la guerra, tuvo que dejarlo. Pero la noticia salió en otro periódico del que era también corresponsal, La Publicidad de Barcelona, el 30 de junio de 1918: "Por no hallarse conforme con la nueva orientación que ha seguido El Imparcial en los asuntos internacionales, ha presentado la dimisión de corresponsal en Londres del diario madrileño, nuestro ilustre colaborador de La Publicidad en la capital de Inglaterra". Esta noticia se puede también leer en el semanario España el 4 de julio de 1918. en la que también publicó cuarenta artículos, la gran mayoría literarios; e incluso se atrevió con la poesía. Así en el número 364, 7 de abril de 1923, apareció en verso "Canto a dos voces", y en el número 388, 22 de setiembre de 1923, "Sonetos a la española".

En el "Homenaje-libro" (12), Víctor Morales Lezcano resalta una colaboración periodística algo olvidada de Salvador de Madariaga en la revista The New Europe. A weekly Review of Foreing Politics, que se editó en Londres por vez primera en octubre de 1916, precisamente cuando Madariaga estaba de Corresponsal en la capital del diario El Imparcial. Su primera colaboración data de 21 de diciembre de 1916. núm. 10; y la última lleva fecha de enero de 1920. Sus artículos versan sobre la orientación internacional de España, cuestión militar española y crítica literaria ('Spanish Popular Poetry, 'Spain's Literaty Future').

El 2 de noviembre de 1918 inició en el diario El Sol una sección titulada "Nuestras crónicas de Londres", con el primer artículo "El mundo marcha hacia una asamblea constituyente". A partir del 14 de enero de 1923, también en El Sol, comienza otra sección con el nombre "Desde fuera", con el artículo titulado "España ante el problema del día", pero esta vez con el seudónimo "Sancho Quijano". Los temas que aborda, entre otros, son el tema de España desde diversos puntos; llamaron la atención tres artículos dedicados a 'El problema catalán', o los dos artículos dedicados a un proyecto de Constitución en España, o también los cuatro artículos que dedicó a la "La Sociedad de Naciones". Entresaquemos de los mismos, por su importancia, el titulado "El monarquismo de los españoles", aparecido en enero de 1924 en el que recoge los términos Monarquía y República como dos hechos candentes en la ideología de los españoles: "... Pero ello no quita para que la monarquía por excelencia sea el mando por el hombre concreto, y la república por excelencia, el orden de las cosa pública abstracta. Así cabe decir de no pocas 'repúblicas' americanas que son verdaderas monarquías, y de la 'monarquía' "inglesa, que tiene mucho de república coronada". Con estas miras de hombre preocupado por su país, estaba convencido de la importancia que debería tener España en el concierto internacional por su historia y sus pensadores en este campo; así lo deja entrever en el artículo de El Sol, en abril de 1926, en el que recuerda que el padre Suárez había contribuido a crear el "Derecho Internacional" ("si en el pasado el sentimiento religioso, ahogado por la religión que nutría con su savia, como una hiedra ahoga el árbol que la alimenta, no consiguió unir al mundo, tuvo al menos el mérito de sembrar con Suárez y su escuela los gérmenes que hoy fructifican"). Su pensamiento universal, por tanto, no se quedaba en una mera Europa unida, sino que iba mucho más lejos. El 6 de marzo de 1928 firma con su nombre una nueva sección con el título de "Posiciones". Su primer artículo "Libertad" con el que inaugura esta nueva sección lo comenzaba con la célebre frase 'Decíamos ayer...'

En el año 1935, Salvador de Madariaga publica en el diario Ahora artículos que están en la idea que siempre revoloteó por la mente del humanista de España y su entorno. Así el 16 de enero apareció el artículo titulado "España, nación universal", en el que viene a decir que las tres naciones más universales de la civilización occidental son Inglaterra, Francia y España ("...Precisamente por ser pueblo de individualistas, en que cada individuo es un universo, España vive en lo universal. Por eso, mientras los demás pueblos hacían problema de la relación entre razas, España lo tenía resuelto de antemano en su instinto: no hay más que hombres, hijos de Dios, es decir, universos individuales (todos iguales ante lo que importa, que es el amor y la muerte)".

El primer ensayo publicado en forma de libro se titula La guerra desde Londres, fechado en Madrid en mayo de 1918. En realidad, se trata de una selección de artículos aparecidos en El Imparcial, la revista España y el periódico La Publicidad de Barcelona en el que desde distintas atalayas, Salvador de Madariaga nos muestra la consistencia de un pensamiento nítidamente humanista. Con este libro, el periodismo se viste de hermosura; y para Salvador de Madariaga es el sustrato que le transportará a los distintos campos del saber. El ejercicio periodístico le aportó la serenidad suficiente para adentrarse en el conocimiento de las personas y de su entorno. La única crítica que aporta Octavio Victoria, estudioso sagaz de su obral es la del Times Literary Supplement. Con ser importante esta crítica, más plausible, si cabe, es el Prólogo que hace del libro Luis Araquistáin, periodista literario destacado dentro de la pléyade de periodistas escritores. Luis Araquistáin. recalca que la primera incursión de Salvador de Madariaga en el arte de escribir, fue la del artículo periodístico: "El periodismo español se ha enriquecido cuantiosamente con el advenimiento de Madaríaga a sus dominios. Sin aprendizaje especial, gracias a la latitud de sus conocimientos, Madariaga es ya un maestro en este arte del periodismo que es, contra lo que creen algunos pedantes de un especialismo estrecho y estéril, una de las artes más difíciles". Aprovechando el Prólogo, Luis Araquistáin con claridad y fuerza estilística nos define cómo debe ser el verdadero periodista, y, sobre todo, la importancia de éste en la sociedad. "El periodismo -escribe- es agilidad literaria, riqueza de emociones y matices, multiformidad de estilo, sensibilidad para todo lo humano, sin la monotonía, ripiosidad y artificio que muchas veces caracterizan a una obra de pura literatura. El periodismo es enseñanza placentera y fértil, sin la compulsión de la palmeta ni la ociosidad contra el conocimiento que inspiran ciertos falsos maestros" (Octavio Victoria, 1990, 168).

En la revista La Pluma apareció en el número 33, febrero de 1923, un capítulo titulado "Ramón Pérez de Ayala del libro Semblanzas literarias españolas (de próxima aparición)" firmado por Salvador de Madariaga en el que repasa toda la obra hasta ese momento del novelista asturiano. El libro España (Spain) fue publicado en Inglés en Londres en el año 1930; en castellano, en Madrid en 1931. El ensayo tuvo buena acogida fuera de la península. En The Times apareció una reseña el 27 de mayo de 1930 en la página veintidós, en la que se puede leer :'Fascinating book, written with al the charm and insight we have learnt to expect from its author" (13).

En 1930 aparece en Nueva York el libro Americans, que es una recopilación de artículos y ensayos, que ya se hablan publicado en Inglaterra y en América. La crítica del mismo apareció en el New York Herald Tribune, New York Times, Times Literary Supplement, The World Tomorrow, Forum y Saturday Review of Literature entre otros. Octavio Victoña recoge en su libro una breve crítica del suplemento literanio del Times: "...The author has a gift of whimsical illustration which makes intemational affairs easy reading when he treats of them. But it must be admitted that these articles, written for magazines, do not often read so well in a book". Estos artículos periodísticos están escritos desde una postura abierta, pero con un común denominador, que no es otro que cambiar la mentalidad de los posibles lectores para que la sociedad vaya por otros caminos desde las vertientes política, económica o cultural.

En enero de 1934 se publica en Madrid el libro Discursos internacionales. En Índice Literario de Madrid apareció el resumen del mismo; se dividía en 'discursos oficiales' y 'discursos no oficiales'; los primeros abarcaban cinco lecciones a estudiantes en Ginebra, un discurso pronunciado en Madrid, una carta a Paul Valery, y tres discursos más en París; los segundos, eran cinco discursos pronunciados en la Sociedad de Naciones en Ginebra. Fuera de nuestras fronteras, se hicieron críticas al libro en el suplemento literario del Times y en la revista International Affairs (14).

Antes de la guerra de 1936, escribe su último libro con el título Anarquía o Jerarquía en el que recogería una serie de artículos publicados en Ahora. Aparece en abril de 1935 en Madrid. El libro viene resumido en Índice Literario en el que se recogen las tres partes de que consta la obra, y entre las apreciaciones se puede leer: "El señor Madariaga expone en este nuevo libro sus ideas acerca de la transformación que a su juicio debe operarse en los sistemas democráticos liberales para que puedan salvarse del actual momento de crisis. Como el subtítulo de la obra indica, las consideraciones políticas generales del autor tienen una concreta finalidad: la exposición de un ideario que pueda servir de base para una nueva Constitución española". Fue uno de los libros más controvertidos. En él se formulan los principios en los que deben sustentarse la democracia corporativa y orgánica, que es la que defiende. Es decir, un restablecimiento del orden por medio de la Jerarquía social; al ser un texto doctrinal, según la mayoría de críticos, éste nos conducía a un corporativismo de corte fascista. Según Madariaga era la única fórmula de salvar el concepto de República que deseaba para los españoles. Pero lo que se desprende, en realidad, era su no aceptación de la democracia de sufragio universal y directo.

Gregorio Marañón en Ahora, el 10 de agosto de 1935, recalca que estamos ante un libro, admirable, "porque ...marcará ciertamente uno de los hitos de la evolución de nuestra política hacia la estabilidad posrevolucionaria. (...), es el libro en que Madariaga nos habla con su verbo apasionado, de lo que debe ser la libertad y el deber, la jerarquía y la democracia, el orden y la anarquía". Por otra parte, R. Vázquez Zamora en el Heraldo de Madrid, el 25 de abril de 1935 manifiesta que "la preocupación fundamental de este sicólogo de pueblos que es Madariaga consiste en la constante aspiración por una España que esté por encima de los partidos, de aquí que Anarquía o jerarquía sea un libro de estructuración. Finalmente, la Prensa extranjera también se hizo eco de este libro, incluso, en ediciones posteriores a 1935 (15).

Ya en el umbral de la guerra de 1936 colabora en La Vanguardia de Barcelona. En sus artículos defiende posturas ya escritas en el diario El Sol con el seudónimo de Sancho Quijano sobre el problema de los nacionalismos. Con tal seudónimo trataba de aunar lo espontáneo con el idealismo, la realidad con la utopía; hallar un paralelismo entre los problemas que acuciaban a España en el año 1923 con las figuras de Sancho y Quijote que con tanto tino plasmara D. Miguel de Cervantes en su obra inmortal.

Difícilmente vamos a encontrar en el siglo XX un personaje que aglutine tantas alabanzas por una parte y tantos denuestos por otra. Ese es Manuel Azaña (1880-1940). No existen caminos parejos que nos lleven a un certero pensamiento sobre su labor política, religiosa, literaria o cultural. Siempre hay una duda, una discrepancia, una disidencia; un no estar de acuerdo con lo que se escribe o se manifiesta. Por eso, es paradójico que cierta prensa, hoy día, sienta un aprecio por el Presidente de la República, cuando en su momento le criticó hasta la sevicia, y lo condenó no sólo en la tierra sino también en el "más allá" con las penas del infierno. Como si ese periódico hubiera recibido la máxima cristiana "todo lo que atares y desatares". Sufrió el ataque más furibundo de las "derechas" que no le perdonarían las reformas militares y su política religiosa. Tras años de denigración, parece que se quiere rescatar no sólo su pensamiento político sino también a uno de los grandes escritores en lengua castellana de este siglo. Lo único que no se discute es que fuera el mejor orador parlamentario del siglo XX.

Su actividad periodística la inicia en el año 1897 en la revista alcalaína Brisas del Henares con el seudónimo "Salvador Rodrigo". En 1901 colabora en Gente vieja, también con el mismo seudónimo. Cambiará de seudónimo en el período 1911-12, que es cuando colabora en La Correspondencia de España; estos artículos los firma con Martín Piñol. Pero cuando el ensayista Manuel Azaña se convierte en el hacedor de ideas literarias es a partir de 1920. En este año, en junio, aparece con C. Rivas Cherif como los responsables de La Pluma -revista de literatura-, que se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas. Los pedidos y suscripciones de la misma tenían que ir dirigidos a Manuel Azaña a la calle Hermosilla, 24, duplicado de Madrid. Sin duda, el responsable máximo de la revista fue Manuel Azaña. Aunque la presentación de la revista no tiene firma, probablemente fuera Manuel Azaña el que la escribiera. Su encabezamiento se tituló "Dos palabras que no están de más", del que extraemos: "Este periódico, que hoy por vez primera, desconocido lector, llega a tus manos, apenas te dará en su forma actual el bosquejo de nuestras esperanzas sin límites; pero quisiéramos que desde ahora se defendiese ante ti con algo más que la buena voluntad de sus fundadores. (...) La Pluma será un refugio donde la vocación literaria pueda vivir en la plenitud de su independencia, sin transigir con el ambiente; agrupará en torno suyo un corto número de escritores que, sin constituir escuela o capilla aparte, están unidos por su hostilidad a los agentes de corrupción del gusto y propenden a encontrarse dentro del mismo giro del pensamiento contemporáneo; romperá el silencio, astuto o bárbaro, en que la producción literaria languidece; las letras, proscritas de casi todas partes por los empresarios, alimentarán estos coloquios, donde no se dará al olvido ningún esfuerzo personal que nazca de aspiraciones nobles y se presente con el decoro formal midis?pensable para merecer la atención de inteligencias cultivadas".

En este mismo número escribe un extenso artículo titulado "A las puertas del otro inundo" dedicado al famoso profesor Benedicto de la Facultad de Ciencias, del que extraigo la descripción de su muerte por la belleza y la limpidez de la prosa con que Manuel Azaña se hace dueño de ella: "Una noche la muerte le salió al través del camino y sin pedirle licencia se le puso al lado. Benedicto, viejo y todo, no la esperaba todavía; nunca la había visto tan de cerca, la miró dudoso antes de reconocerla mientras su corazón, soliviantando por la incertidumbre, quería escapársele del pecho. Iba por Recoletos con mucha pausa, atento a la delicia de la noche, noche de la recién nacida primavera, de milagrosa dulzura, oreada por el húmedo aliento de los campos. En los claros del cielo, de azul transparente, límpido, ardían pocas estrellas. Mirábalo Benedicto, y su alma, al contristarse de súbito. exhaló sobre la belleza del mundo un vaho de lágrimas, porque había entrevisto la inminencia de la despedida. Sintió en su cuerpo la mordedura de un accidente amenazador; tal vez aquello no sería nada; pero antes de apelar a los recursos defensivos de que podía echar mano en su apuro, sudó y se angustió, atosigado por el pavor de la carne, como una bestezuela en la agonía: tuvo la evidencia dolorosa de su fin próximo, y como si lo leyese en caracteres de metal, cuyas aristas se le clavaban en el cerebro, vio que aquel mal inexcusable era el mal absoluto, sin enmienda ni desquite.." La muerte del profesor conmovió al pueblo de Madrid. Azaña supo recogerlo en este magistral artículo, digno de figurar en la mejor literatura.

Manuel Azaña colaboraría también en el número 2, julio de 1920, con "El espíritu público en Francia durante el armisticio"; luego no volvería a escribir hasta setiembre de 19201 en el número cuatro, con una sección titulada "Peregrinos y curiosos" en la que evoca a "Jorge Borrow y La Biblia en España". A partir del número dieciséis, setiembre de 1921, Manuel Azaña comenzó a publicar El jardín de los frailes, que continuó en los números 17,18, 20, 22, 24 y 25. En este último número continúa con el capítulo doce; al final del artículo escribe que continuará, pero no volvió a aparecer. Después de los doce capítulos ya no vuelve a escribir hasta enero de 1923, número, treinta y dos, dedicado a Valle-Inclán, con el artículo "El secreto de Valle-Inclán" en el que se puede leer: "Es tan prodigiosa su cultad de personificar, de formar criaturas exentas, que los defectos y las cualidades de su carácter se han convertido en tantos otros personajes, con físico, actitudes y hasta vocabulario diferentes. Hay un Valle-Inclán colérico y otro maldiciente; hay un Valle-Inclán arriscado, temerario, y otro poderoso y recoleto. Si por ciertos atisbos fidedignos, no se barruntara en Valle-Inclán la humanidad compasible y fatigada donde yacemos todos, pudiera creerse que no existe íntimamente, que sólo es una máquina de acuñar piezas para el público. Detrás de estos personajes se oculta un hombre indomable, que no solicita la simpatía ajena exhibiendo desnudo su corazón".

Desde el 6 de enero de 1923 se encargó de la dirección-gerencia de la revista España hasta el 29 de marzo de 1924. Con su último número -el 415- terminaba también una época; la primigenia idea de Ortega había llegado a su terminación. Pero la huella de D. Manuel Azaña no sólo quedó en la dirección. Desde los números 264, 22 de mayo de 1920, hasta el 267, escribió su visión de "La crítica de la guerra en Francia", para terminar con este tema con "Política francesa: Cambio de actitud" en el número 274. En el número 378, 14 de julio de 1923, inició una sección con el título "Memorial de Guerra: glosas al libro del General Berenguer", que proseguirá hasta el número 385, 31 de agosto de 1923. En los números 386 y 387 publicará "Memorial de guerra, IX: la preparación de Annual" y "X: la supresión del Raisun". Proseguirá con "Grandeza y servidumbre de los funcionarios" (390), "Caciquisino y democracia" (391), "Al pie del monumento de Cartagena" (396), "El cirujano de hierro" (397), "Maurice Barrés y el nacionalismo determinista" (400), "Hechos y comentarios" (401-402), "Una constitución en busca de autor" (404), "La inteligencia y el carácter de la acción política" (407), "Hechos y comentarios en la muerte de Wilson" (408), "La realeza del hombre" (410).

Por su importancia -aunque todos sus artículos lo tuvieron- sobresalen "Todavía el 98" en el número 392, 20 de octubre de 1923, del que extraigo: "A los principiantes de la Generación del 98, el tema de la decadencia nacional les sirvió de cebo para su lirismo. Y una ligera excursión por las literaturas contiguas a la nuestra probaría tal vez que su caso fue mucho menos 'nacional' de, lo que ellos pensaron; que navegaban con la corriente de egolatría y antipatriotismo desencadenada en otros climas. Sea como quiera, la generación del 98 sólo ha derruido lo que acertó a sustituir". En el artículo "Al pie del monumento de Cartagena, 17 de noviembre de 1923, apostillaba: "No todo fue, en 1898, aturdimiento, vocerío gárrulo, inexperiencia. Algunos hombres opusieron al universal embrollo, el reparo del simple buen sentido de la razón. Salvaron con eso la dignidad de su pensamiento libre; gracias a ellos podemos decir hoy que no se interrumpió en España el ejercicio de la inteligencia; pero su acción sobre el curso de los sucesos fue, como puede suponerse, nula". Y el tercer artículo que versa sobre el 98, "Balance de una empresa de reconstrucciones", 22 de diciembre de 1923, descifra finalmente lo que piensa de la Generación del 98: "La novedad de los regeneradores de 1898 consiste en haber desnudado de ideas políticas a su política y en haber trazado un plan de aprovechamiento de materiales para una reconstrucción sin base (sin fines) y sin un fondo previo sobre qué proyectarla. Ahora bien: ningún pueblo es regla única y suficiente de si mismo. La generación republicana de la segunda mitad del siglo último sabía de las deformidades del Estado español tanto como supieron Costa, Picavea, Mallada y los demás. Probablemente aquellos habían observado menos la realidad española, pero la sabían mejor, en el fondo". "El fénix de las Españas", 411, de 1 de marzo de 1924, que comprende cinco escenas. "La gran cuestión", 412, 8 de marzo de 1924, en el que aborda el espinoso tema religioso y del que extraigo sus últimas líneas: "y por eso, como medida se salvación liberal afirmamos en el primer artículo de nuestra doctrina la proscripción de la enseñanza confesional. También el artículo "La vanidad y la envidia", 15 de marzo de 1924, número 413, deja caer sus impresiones, referidas al homenaje que el Ayuntamiento tributó al dramaturgo D. Jacinto Benavente.

Salvador de Madariaga publica el 20 de marzo de 1935 el artículo "Manuel Azaña' en Ahora. El ensayista recuerda que no se puede ignorar la gran labor realizada por Manuel Azaña; por eso critica a los que sólo ven errores: "Todos los españoles llevan las de ganar con un gobernante de espíritu tan constructivo. Cese la guerra civil que en su tomo han desencadenado las pasiones partidistas y, sin perjuicio de que continúe la lucha política, liberemos este espíritu preclaro de la amargura de verse atacado por bajo del nivel que le pide su nativa nobleza". Y es que D. Manuel Azaña fue el arquitecto de la República, y eso parece que no se le perdonó.

Y el otro gran ensayista es el médico humanista Gregorio Marañón (1887-1959). Se acercó con honda preocupación a los problemas de España desde el artículo, la conferencia y el ensayo. Su sentido ético le llevó a englobar a todos dentro de una hermandad universal; tal era el carácter solidario que poseía. Dirigió El siglo médico y Gaceta médica española, además de la fundación con otros compañeros de Anales de medicina interna.

El 10 de agosto de 1935 en Ahora al referirse al libro Anarquía o Jerarquía de Salvador de Madariaga escribe que marcará uno de los hitos de la evolución de nuestra política. Y cuando se refiere al libro España del mismo autor en el mismo artículo dice que "es una lección de cómo esto puede lograrse con un sentido original, sin esas soluciones inocentes que consisten en querer vestir al español de italiano, de alemán o de ruso. Al español, cuya virtud -sí, virtud- fundamental es preferir andar desnudo a ir con un traje de almacén".

Existen otros narradores "novecentistas" que no se han Significado lo suficiente en las historias de la literatura; por eso es, quizá, más difícil llegar a ellos; o, tal vez, porque otras figuras literarias novecentistas los sepultaron. De estos narradores de última hornada encontramos a Corpus Barga (1887-1975) (16). Mas traer a colación a este novelista es situarnos en una fecha sagrada para el movimiento que recibió el apelativo de "novecentista": 1914. También en la vida de Corpus Barga tal fecha está señalada; es el año en que tuvo que abandonar España y establecerse en París para evitar los problemas que le acarrearon la publicación del semanario Menipo (noviembre de 1913) en el que critica todo lo que le desagrada del Madrid de principios de siglo. Fue un semanario dirigido y diseñado a su medida. El 14 de noviembre de 1930 en Nueva España en el artículo "Nueva casta de españoles" nos explica cómo se realizó este exilio voluntario: sino que estoy fuera desde mi juventud por haber disentido radicalmente de la vida en España. Y no únicamente del régimen político. De la vida, es decir, de la sociedad en todas sus manifestaciones. De su imaginación. De su imaginación o literatura como de su realidad política; de la vida familiar como de la social y, sobre todo, de la vida más íntima, más falsamente íntima y espiritual". De todas formas, a nosotros nos interesa el escritor periodista. Los elogios en tal sentido vinieron de otros egregios de la pluma. Juan Ramón Jiménez en Españoles de tres mundos lo define como "...Su escritura tiene el vuelo de rectas y ángulos de una libélula. (...) Tiene todas las características de las vanguardias, pero sin disciplina. Parece más bien un centinela avanzado, ansioso y fuerte, por los bellos paisajes de lo actual en cuyo ocaso alegre fulgura, casi en la mano, el futuro".

La crítica ha acogido a Barga como periodista de cepa. Sin embargo, en el "Prefacio" de su obra Los pasos contados, escribe que raramente ha transmitido noticias, y, apostilla, "se me tenía por eso que se llama un gran periodista. La verdad es que, sin embargo, de haberme pasado la vida escribiendo para los periódicos, apenas si he ejercido la formidable profesión del periodismo. Entré en ellos, después de haber publicado tres libros, como autor de artículos firmados, independientes, de colaboración, y generalmente no he escrito en ellos otra cosa, bien que mis artículos hayan aparecido como de redacción, de nuestro 'corresponsal especial`".

Su prosa espléndida prendió en muchos lectores de Los lunes de El Imparcial, El radical, El intransigente, El liberal, El País, El Sol, La Correspondencia de España, Índice, Nuevo Mundo, España, La Pluma, Crisol, Luz, Diario de Madrid, Cruz y Raya, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria o La Nación de Buenos Aires por citar los más importantes semanarios y periódicos en los que dejó su sabio proceder en cuantos temas abordó. Sin olvidar sus "pinitos" poéticos en la revista España en noviembre de 1920 en la que aparecieron unos versos con el título "La mujer del camino" (Prólogo peregrino del libro inédito Ofrenda a Santiago). Tan pronto escribía de una exposición de Braque como de cualquier acontecimiento que pudiera interesar a sus lectores; escribía sobre mil cosas, y todo lo hacía con esa prosa límpida y directa. Desgraciadamente su obra narrativa no pudo tener la continuidad que merecía, precisamente por dedicarse al periodismo; éste, en opinión del escritor, fue "como una droga, un remedio para aplacar una inquietud insoportable. Me he dado al opio con el periodismo". Desde esta tribuna, arremetió contra los elementos gobernantes de su época; sobre todo al principio, sus gritos de rebeldía fueron constantes y duros. Con el tiempo suavizaría su estilo penetrante. Max Aub se quejó de su excesiva dedicación al periodismo; en su opinión, le restó tiempo para la novela. Pero la gran mayoría de novelistas y críticos coincidieron en que fue uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX.

Al poco de abandonar España, se une al grupo de los creadores de la revista España, y en los meses de febrero y marzo de 1916 se hallan cuatro artículos en los números 56, 57, 58 y 60 con el título "Los artistas de Francia hablan de España. Visita al pintor Bonnat, director de la Escuela de Bellas Artes", "Visita a Rodin", "Visita al hispanista Morel-Fato, profesor del Colegio de Francia", "Visita a Bergson, el filósofo". En el número 357, 17 de febrero de 19239 se encuentra una carta abierta con fecha de 4 de febrero de 1923 de Corpus Barga, en la que toma partido de nuestra presencia en África basándose en un artículo de fondo que salió en el diario ABC "Vía de amargura. De Monte Arruit a Alhucemas", publicado el 31 de enero. Entre otras cosas apuntaba: "Lo más vergonzoso del percance de Monte Arruit no está en el percance, ni en la falta de reacción militar sino en la escasa virilidad de la reacción civil ... Sólo por una obcecación histórica de momento puede compararse el del Rif a la pérdida colonial del 98, de la que tiene, eso sí, una 'inexorable consecuencia".

Corpus Barga proseguiría con la sección "Cartas francesas" en los números 362, 367, 371 y 373 en las que abordó "Sobre y bajo una palabra de moda", "La más extraordinaria novela de aventuras", ¿Plutargo ha mentido? y "Guerras de policías". Con el tiempo, el ensayista y periodista E. Giménez Caballero se referirá a Corpus Barga, como el corresponsal -embajador de París del que hay que tomar referencias no sólo como orfebre de la lengua sino también para tomar referencias oficiosas (17).

En el diario El Sol destacan diversos artículos dentro de su colaboración asidua desde su corresponsalía en París, Cada día mandaba sus ideas sobre algo vivo que acontecía. Su columna era esperada y leída por miles de madrileños. Destaquemos entre muchos "Libros y estampas" del 15 de julio de 1919 en el que habla de los libros desde el plano del lector, "Una playa de Normandía" de 26 de agosto de 1919 en el que podemos leer: "De noche, el puerto oye en la oscuridad el suspiro ronco y lujurioso de la playa. El caserío está a gatas sobre el acantilado, y las pocas luces próximas son forasteras y no llegan a él. Pero, isócronamente, salta un destello en una ventana; luego, en el jardín; después, en la torre de la iglesia: es el rayo del faro que va barriendo la oscuridad"; "Una corrida literaria" de 24 de marzo de 1926, "Literatura española" de 11 de diciembre de 1922 en el que recoge la importancia que tiene la literatura lejos de nuestras fronteras, "lo que cuenta -escribirá- o puede contar hoy de español es lo literario, aún más que lo artístico y lo científico", "El carnaval de la paz" de 27 de febrero de 1921, "Barrés vuelve a la literatura" de 16 de marzo de 1921, "El entierro de Proust" de 28 de noviembre de 1922 en el que resalta la forma de vivir del novelista y pormenores del entierro, "... y en contra de la costumbre literaria, a la salida no hubo discursos. Con buen acuerdo, el entierro no ha sido literario. Pero asistieron más que los amigos de la alta sociedad del difunto, los literatos que apenas le conocían".

De los cuatro números de Índice (revista de definición y de concordia, 1921-1922), Corpus Barga colabora en tres. En el número 1 -julio de 1921- publica "Teatro bufo. El ayuda de Cámara". En el número 2 con el título "El Gobernador (Fantasía sobre la vida española)" nos narra una supuesta dimisión del gobernador de Barcelona, mezclada con otros acontecimientos con tintes humorísticos. También en el número 4 -abril de 1922- escribe "Valentina (de las memorias de un errabundo)" en el que se cuenta las peripecias para encontrar alojamiento una noche en Buenos Aires.

En el número dedicado a Valle-Inclán, enero de 1923, en la revista La Pluma se adhiere al homenaje con "Valle-Inclán, en París", en donde viene a decir que el dramaturgo universal era admirado en la capital francesa. Su final no deja resquicios para la duda : "La impresión que Valle-Inclán dejó en París a los que le trataron, la resumía muy bien el padre Jacobo Chaumié, el anciano Sr. Chaumié, a quien por muchos motivos la política le había hecho conocer a los hombres. Y cuando, delante de él, se hablara de don Ramión, nunca dejaba de argüir: -He ahí uno que no es trivial". ¿Qué mejor definición se podía hacer? Con tan inteligente descripción se había entrado en la valla del dramaturgo. Desgraciadamente, en España, admiramos a nuestros brillantes escritores, una vez que han desaparecido fisicamente.

A partir de 1931, de nuevo, Corpus Barga se halla en Madrid (en 1930 había estado dirigiendo la agencia de La Nación en Berlín) como director de la agencia La Nación. Vive la efervescencia política y participa en actos, sobre todo culturales. En julio de 1933 forma parte del comité español de ayuda a las víctimas del fascismo. En 1934 dirige el semanario Diablo Mundo del que saldrían sólo nueve números. En 1936 muestra su entusiasmo ante el triunfo del "Frente Popular". Sus artículos de este período muestran un decidido apoyo a todo lo que suponga la defensa de los derechos de las personas, y, por ende, a la República. Sus ideas más importantes vienen recogidas en El Mono Azul y Hora de España, revistas que muestran el espíritu de los que defienden el "Gobierno constituido". Corpus Barga también contribuye decisivamente a la Organización del Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebró en Madrid, Valencia y Barcelona en julio de 1937. Como dato digno de ser reseñado, acompañó al poeta Antonio Machado a Collioure en 1939. Desde este momento colaborará en las diversas publicaciones que se fundaron en el exilio, como Cabalgata, Romance, etc. En 1948 se trasladó a Lima para dar clases en el Instituto de Periodismo, que al año siguiente se transformó en la Escuela de Periodismo de la Facultad de Letras, de la que se le nombró director.

La originalidad periodística de Pedro Mata (1875-1946) está relacionada con su literatura esfumante. Desde temprana edad se dedicó al periodismo. El estilo tan sencillo -tenía una extraordinaria facilidad para escribir- le hizo merecedor del novelista más leído, según la crítica en la España de los años veinte. Su popularidad, sobre todo entre 1915-1936, se debió al erotismo que desprenden sus novelas, que en parte fue correspondida también por escribir en las publicaciones tan significativas como La Correspondencia de España, El Español, El Diluvio, El Nacional, ABC, Blanco y Negro.

De estilo elegante, sencillo y ameno se puede considerar a Alberto Insúa (1883-1963), propalador de El cuento semanal. Fue corresponsal del ABC y La Correspondencia de España; colaboró en Nuevo Mundo, El Liberal, Blanco y Negro, La Esfera entre otros. Fue significativo su participación en el número 887 de 3 de enero de 1931 con "Novela en cuatro capítulos originales" de Hernández Catá, José Francés, Concha Espina y Alberto Insúa. Su colaboración más asidua fue en La Voz (Diario independiente de la noche de Madrid). Tuvo una sección titulada "Perspectivas" en la que desarrolló múltiples temas de actualidad. Entre otros se pueden destacar "Al estilo de París" de 1 de abril de 1922 en el que recuerda que diez años en París no consiguieron hacerle participar de la admiración que producen los grandes almacenes. Según el ensayista-periodista "los grandes almacenes constituyen la tentación organizada y la apariencia del lujo a poco precio. Sólo las mujeres fuertes y las madres de familia parsimoniosas saben ir a esos bazares en pos de la ocasión, del saldo, de la ganga".

Se pueden observar otros artículos, dentro de la misma sección, con los títulos de "El reinado de la Dáctilo" de 3 de abril de 1922, "El hijo del amor" de 5 de abril de 1922, El retrato de la moda" de 12 de abril de 1922, "Las muñecas de China" de 22 de abril de 1922, "En tomo al jardín obligatorio" de 2 de mayo de 1922 o "El amor al libro" de 15 de abril de 1922 en el que aboga por establecer en Madrid un mercado permanente de libros viejos. Una ciudad como Madrid -escribe A. Insúa- "no puede contentarse con esas rápidas ferias de libros viejos que suelen coincidir con las verbenas (...) Hace falta un paraíso para los bibliófilos (...) La feria de los libros debe ser clara y amable como un jardín. Falta en España amor al libro. El bibliófilo es aquí un iniciado, un ser aparte".

El género erótico y su militancia anarquista marcan al novelista y periodista Antonio de Hoyos y Vinent (1885-1940), sin olvidar el cuento que desarrolló en la revista La Esfera. De la misma destacamos el titulado "El valor de la vida" de 3 de enero de 1931. Precisamente sus artículos combativos publicados en El sindicalista (órgano del partido sindicalista), le llevarían a la cárcel al terminar la "contienda de l936", en la que murió. En el periódico tuvo una sección con el rótulo "Modos y maneras" en la que publicó cientos de artículos. Entre otros, fueron muy significativos "El secreto de saber esperar", 8 de julio de 1937, en el que aborda la guerra: "En una guerra como la que padecemos, guerra civil en que además de los imponderables de tales contiendas se mezclan elementos extraños; en que juegan codicias, ambiciones, rivalidades, "incluso temores egoístas, no pueden resolverse las cosas de la noche a la mañana, con un gesto, una acción o un aislado intento. Mucho más, que no se trata aquí de una lucha por supremacía, dominio, influencias territoriales, comerciales o políticas, sino de fórmulas fundamentales de vida. (...) Para ello hemos de mirar esta guerra inicua a que la rebeldía, contra el Gobierno legítimo nos arrastró, como un entrenamiento penoso, como esos trabajos extraordinarios que en las leyendas se imponían a los héroes, como prueba de su temple, antes de entrar en posesión del poder supremo. De aquí, precisase que salgamos fortalecidos, curtidos, entrenados, para entrar en la posesión de nuestro bien".

0 "Los valores abstractos y la solidaridad humana" de 15 de julio de 1937, "Los problemas al rojo, en la fragua de la guerra" de 16 de julio de 1937, "La moral de la fábula" de 17 de julio de 1937 en el que recuerda las fábulas que leemos de niños, que nos divierten mucho pero que pasaba desapercibido para nuestra pueril perspicacia "el hondo sentido de su símbolo". En el artículo hace hincapié en una fábula que leyó de niño: "El congreso de los animales" para criticar el desenfadado cinismo con que los pueblos poderosos juegan "con nuestro dolor". Y resalta: "la necesidad de ser fuertes la sentimos ahora en el padecimiento de nuestra propia carne. La mejor obra, aún no rematada, de la República, fue la creación del Ejército, el cual posee espíritu militar nacional y popular y puede ser base de una gran fuerza. Pero improvisarse, se improvisa a fuerza de heroísmo y sacrificio; perfeccionarse, sólo con tiempo y perseverancia". Y un artículo curioso fue el titulado "¡Compañeras!", 16 de noviembre de 1937, en el que repasa el significado a lo largo de los siglos, desde el trasunto filológico hasta el legado de Jesús de Nazaret, al que denomina 'el dulce y maravilloso anarquista", para terminar: "Ni cortesanas, m mujeres galantes, ni camaradas, ni odaliscas1 ni esclavas; sencillamente, mujeres ... ¡Compañeras! Compañera, en la gigantesca acepción de la palabra. ¡Compañeras!".

La obra de Rafael López de Haro (1876-1966) está veteada de inquietudes sociales y éticas, sobre todo. También se acercó al periodismo desde el artículo. Sus colaboraciones fueron variadas. Tuvieron una relativa importancia las del diario gráfico Ahora. De las mismas se pueden extraer como significativas, el artículo "Uno y lo mismo" de 30 de diciembre de 1930 que versa sobre el juego de azar, en el que arremete contra la ciencia y el Estado por el horror que sienten al juego, y que según el crítico se contradicen a cada instante. Al final apostilla: "Si el Estado cree que el juego de azar es dañino para la ética o para la economía nacional, debe empezar por suprimir su ruleta. Si cree que éste, como otros males inevitables, debe ser reglamentado y aun explotado, no hay una razón que aconseje excluir de su monopolio otras formas de jugar, ya que todo viene a ser uno y lo mismo". Una exaltación a la tradición catalana es el artículo titulado "Sardanas" publicado el 24 de diciembre de 1930 (18), en el que describe a este canto popular como clamoroso, ágil, dominador, canto de victoria y digno de las rimas de Maragall. Ni la religión ni el idioma ?escribe el ensayista? son tan buenos testigos de la pureza de una raza como sus danzas primitivas. De lo tradicional, las danzas son lo más permanente. Este panegírico a las sardanas le lleva a escribir: "Y así, lo que yo quiero adivinar en el centro del círculo de la sardana es eso: el alma de una raza que, como un fuego sagrado, se encendió hace muchos siglos y que arde y arderá sin apagarse nunca, mientras tantas parejas de jóvenes, que son los dueños del porvenir, al escuchar las notas de la danza ínsita, se cojan de las manos y cierren ese anillo tan fuerte como soldado que está con el hierro de la sangre de la misma raza imperecedera".


Notas:

(1) D'Ors, E., La bien plantada. Barcelona, Planeta, 1981, pág. 155.

(2) Díaz Plaja, G., Estructura y sentido del Novecentismo español. Madrid, Alianza, 1975, pág. 175 y ss.

(3) Mainer, J. C., La edad de plata (1902-1939). Madrid, Cátedra, 1987, pág. 105.

(4) "Sobre las mujeres, el amor y Don Juan. (Fragmento de un coloquio" en la Revista de Occidente. Madrid, núm. VII, 1925, págs. 129-145. Apareció una parte de la novela de Pérez de Ayala, Tigre Juan.

(5) Ortega y Gasset, "Saludo" en la revista España. Madrid, 29 de enero de 1915.

(6) Ortega y Gasset, "Glosas" en la revista Vida Nueva. Madrid, 1 de diciembre de 1902.

(7) Ortega y Gasset, "Parerga. Reforma de la inteligencia" en Revista de Occidente. Madrid,, enero de 1926.

(8) Ortega y Gasset, "El hecho de las aglomeraciones", el primer artículo de lo que después sería su libro La rebelión de las masas en el diario El Sol. Madrid, 24 de octubre de 1929.

(9) Cansinos Assens, R., "Poemas en Prosa. Canto al no nacido" en la revista Cervantes. Madrid, agosto de 1920, pág. 80.

(10) Ortega y Gasset, en la primera página, a modo de salutación, en la revista España. Madrid, 29 de enero de 1929.

(11). Octavio, V., Vida de Salvador de Madariaga. Madrid, Fundación Areces, 1990, pág. 548.

(12). VV. AA., Salvador de Madariaga (1886-1986). La Coruña, Ayuntamiento, pág. 379.

(13) Las distintas reseñas que se hicieron del libro en inglés se pueden leer en Octavio Victoria, op. cit., págs. 23 y ss. Destaquemos New York Evening Post, New York Herald Tribune, The New York Times, The New Republic, The Yale Review, Foreign Affairs. También se hicieron reseñas en periódicos alemanes, italianos y franceses. En castellano se hizo una reseña de la segunda edición en Índice Literario del que extraemos: "Este libro se publicó en inglés y en alemán en 1930 y apareció en castellano en 1931. Es ya favorablemente conocido como uno de los instrumentos indispensables para conocer la España de hoy, que versa primeramente sobre la historia contemporánea de nuestro país, estudiada primero en los elementos y fuerzas sociales y políticas que juegan en su seno, y después sobre los hechos externos determinados por aquéllas en el reinado de don Alfonso XIII."

(14) Octavio, V, op. cit., pág. 190.

(15). Ibídem, pág. 203 y ss.

(16) En realidad el verdadero nombre es Andrés García Barga y Gómez de la Serna. Se hizo llamar "Corpus", que era el segundo nombre de pila, porque había nacido el día de esa festividad. Arturo Ramoneda ha realizado una edición de Corpus Barga en la editorial Júcar, en 1987, en la que se puede observar los pormenores de los artículos que después pasaron a libro.

(17). Giménez Caballero, E., en la revista La Gaceta Literaria. Madrid, 1929

(18). López de Haro, R., "Sardanas" en el diario Ahora. Madrid, 39 de diciembre de 1930.

Bibliografía:

  1. Briuega, J., Manifiestos, proclamas, panfletos y textos doctrinales (Las vanguardias artísticas en España: 1910-1931). Madrid, Cátedra, 1979

  2. Díaz Plaja, G., Un periodo por estructurar: el novecentismo español. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1975

  3. Ibídem, Al filo del novecientos. Barcelona, 1971

  4. Díez Canedo, E., Articulos de crítica teatral. El teatro español de 1914 a 1936. Tomo IV. Méjico, Joaquín Mortiz, 1968

  5. Jardí, Enric, El novecentismo catalán. Barcelona, Aymá,1980

  6. Pedraza , Felipe B. y Rodríguez, M., Manual de literatura española. Novecentismo y vanguardia: Introducción, prosistas y dramaturgos. Pamplona, Cénlit, 1991

  7. Ibídem, Manual de literatura española. Novecentismo y vanguardia: liricos. Pamplona, Cenlit, 1993

  8. Rebollo Sánchez, F., "Periodismo y Novecentismo literario (1906-1936)" en Actas del VII Simposio de Profesores de Español. Universidad de Santiago de Compostela. Lugo, Diputación Provincial, págs. 503-519.

  9. Rebollo Sánchez, F., Periodismo y Movimientos Literarios Españoles Contemporáneos. Madrid, Huerga/Fierro, 1998.

  10. Urrutia. Jorge, El novecentismo y la renovación vanguardista. Madrid, Cincel, 1980

  11. Torre, G. de, Teorías y críticas de nueva estética" en Cosmopólis, octubre, 1920, págs. 284 y ss.

  12. Ibídem, "El cinema y la novísima literatura: sus conexiones" en Cosmópolis, IX, 1921, págs. 98-107.

  13. VV. AA., Historia y crítica de la literatura española. Época Contemporánea. 1914-1939. Barcelona, Crítica, 1984.

 

© Félix Rebollo 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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