El caso Savolta: entre realidad y ficción


Dr. Eduardo Ruiz Tosaus
Tosaus@hotmail.com


 

   

El narrador omnisciente, la representación objetiva, la relación causa-efecto como procedimiento hermeneútico de explicación de un mundo transparente, ha dejado de estar en vigor en la novela actual. Quizá debido a ello, la "agonía de la novela" ha sido un topos al que la crítica ha recurrido regularmente a lo largo de todo el siglo XX. La novela, género periclitado para unos, es para otros la única posibilidad de que el hombre contemporáneo dispone para representar el mundo una vez perdidas las certidumbres científicas, principalmente la creencia en la capacidad de objetividad de la historia. Frente a la "Verdad" única de la historia, se propondrán las diversas "verosimilitudes" que permite la novela, llegándose a afirmar, incluso, como hace Bajtin (1), que sólo a través de ésta se puede llegar a una apreciación objetiva del pasado.

El desafío que Bajtin plantea al proponer la noción de "autenticidad", es que debe problematizarse la separación rígida del paradigma tradicional verdad-verosimilitud, así como la aprehensión que el hombre se hace de la realidad presente o pasada. Parecería que ante las posibles verosimilitudes que la novela ofrece se desvanezca la verdad única que la historiografía tradicional impone.

Durante siglos, tanto la Historia como la literatura se consideraban ramas de un tronco común del saber que perseguía iluminar la conciencia del individuo. La Historia instruía y la literatura, además, deleitaba, según el precepto horaciano, con lo que cumplía una función superior con respecto a aquélla, más limitada a lo contingente y particular, sin la facultad de la literatura para trascender la realidad empírica. De todos modos, existía una diferencia, resaltada por Aristóteles: la Historia debía reflejar la "verdad" (los hechos que ocurrieron), mientras la literatura debía ser verosímil, probable o posible, en su relación de lo que no ocurrió pero que podría haber ocurrido. A tal efecto, se debían respetar unas convenciones de probabilidad o posibilidad, de las que la escritura de la historia, por el contrario, se veía libre.

Sin embargo, en el siglo XX tales presupuestos han comenzado a deconstruirse. Se ponen en tela de juicio las presuposiciones implícitas de la Historia en cuanto a su objetividad, neutralidad, impersonalidad y transparencia. Contrariamente a la afirmación aristotélica, el saber histórico se somete a unas convenciones lingüísticas e ideológicas semejantes a la literatura. (2) La pretendida "verdad objetiva", basada en la existencia incuestionable de lo "real", de la historiografía, queda, pues, en entredicho, así como el estatus de autonomía de esta disciplina entre el resto de las ciencias. Con ello no se pretende negar en absoluto que el pasado existió, sino que se pretende indagar en lo que estos hechos pueden significar para una sociedad (3).

Para la consecución de estos propósitos, la narrativa mendocina recurre continuamente a la ironía que, para Ballart, "no es una mentira, ni tiene por qué ser un síntoma de cinismo, o de hipocresía; el ironista no pretende engañar, sino ser descifrado" (4). La reconstrucción histórica en las novelas de nuestro autor es el origen de esta ironía, que brota simplemente ante la existencia de un individuo enfrentado a un hecho incongruente. La noción de lo relativo que la ironía deja siempre como poso es algo que la literatura moderna transmite sin diferencia de formas o de géneros.

Ya desde La verdad sobre el caso Savolta, el novelista barcelonés se presenta como un ávido estudioso de la realidad, tanto histórica como actual, sobre todo en sus aspectos más costumbristas, aquéllos que marcan mejor las características innatas de una sociedad determinada. En sus novelas Mendoza acumula anécdotas, aparentes nimiedades, detalles imperceptibles que unidos a cierta malicia y sorna propios de su carácter, se convierten en una fina indagación de la sociedad que describe. Siguiendo el precepto ciceroniano, Mendoza entiende la historia como "Maestra de la vida", aunque sin llegar al extremo y finalidad pedagógica de los Episodios Nacionales de Galdós, acerca el sentido de lo contado a realidades actuales, especialmente en la concepción de que el presente se conforma como un simple espejo reproductor de épocas históricas anteriores: La verdad sobre el caso Savolta puede leerse también como una interpretación de los episodios acaecidos en España durante la transición española; La ciudad de los prodigios parece anunciar la celebración de grandes acontecimientos en Barcelona, como los Juegos Olímpicos; y Una comedia ligera quiere alertar sobre el letargo y pasividad social con los que se enfrenta el hombre en una sociedad aburguesada y dominada por un sistema económico clasista.

La deshumanización de las grandes ciudades, el comportamiento absurdo del ser humano en nuestra sociedad o la presión de las fuerzas del poder sobre el individuo son temas reiterativos en su narrativa. Aunque lo auténticamente original de esta visión es el tratamiento irónico y paródico que acompaña casi siempre a su desarrollo narrativo. Éste es el juego de Mendoza; el documento como material en el que se apoya el historiador es el garante de la reconstrucción del pasado: artículos periodísticos, fichas policiales, documentos judiciales, versiones policiales. Es en este momento, cuando la impresión de realidad está desarrollada, se inicia el juego; este ludismo mendocino, ávido en mostrar cómo la realidad puede ser mostrada y entendida de muy diversas formas. Como hombre profundamente documentado en los periodos históricos que componen sus novelas (ha confesado muchas veces que pasó más tiempo en la hemeroteca que escribiendo La verdad sobre el caso Savolta), sabe que la historia o, lo que es aún peor, la realidad, puede observarse desde puntos de vista muy diversos y sólo la contemplación de todas las posibilidades, nos puede llevar a ella. Sólo así, mostrando lo establecido y cuestionándolo a la vez, es posible llegar a la verdad...

Voy a tratar de ejemplificar en La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza toda esta nueva concepción original que Mendoza aporta al concepto de ¨novela histórica¨. Las palabras del propio Mendoza sobre su concepción de la Historia puede ayudarnos a entender este concepto y nos servirán de punto de partida para lo que pretendemos demostrar:

Aquí la Historia había quedado controlada por escritores y teorías marxistas, en la línea de Vicens Vives o Pierre Vilar, de análisis en los que se impone la estadística y el precio del trigo, de las fluctuaciones de la moneda. Considero, entonces, que es necesario que alguien monte un escenario en el que los personajes anden por la calle, se saluden; que se vea un poco la película de esa historia que se ha convertido en puro dato científico. Que estos personajes, en suma, encarnen de alguna manera la vida, sin competir con la Historia que está ahí y a la que me remito siempre. De un modo voluntario voy dando datos que destruyen cualquier posibilidad de identificación con la realidad histórica. (Entrevista con Miguel Herráez, Debats , 56, 1998, pág. 123)

La obra, como es bien sabido, logra recrear el ambiente de la Barcelona de finales de la primera guerra mundial, caracterizado por el contraste entre el lujo insolente de la burguesía y la miseria infrahumana del proletariado industrial, origen principal de los conflictos sociales y atentados en los que se interponían tanto patrones y sindicalistas como confidentes de la policía, agentes de grupo parapoliciales y del espionaje internacional: la Barcelona del anarquismo, de las bombas, de los pistoleros, del terrorismo proletario y del llamado "terrorismo blanco". Pero, como afirma Maurice (5), que ha estudiado alguna de estas "manipulaciones", por poco que el lector controle la veracidad de los acontecimientos que le narran, se da cuenta de que asiste a una representación sesgada del referente histórico ya que Mendoza juega con este referente, lo manipula mediante anacronismos, elipsis o, simplemente, invenciones. De este interés por transgredir la realidad y "jugar" con el lector es buena muestra el inicio del libro, donde Mendoza cita una serie de obras de donde "supuestamente" ha extraído información para el desarrollo de su novela. Concretamente, Mendoza cita cinco textos que voy a estudiar (6):

-Foix, Pere (1931) Los archivos del terrorismo blanco. El fichero Lasarte . A partir de la publicación del llamado "fichero Lasarte" (un fichero donde se reunían pruebas, documentos y fotografías de supuestos anarquistas de la época) este periodista anarquista, sindicalista de la C.N.T, que también debió esconderse y exiliarse ante el acoso policial, repasa las turbias técnicas policiales empleadas contra los movimientos de izquierda, como la famosa ley de fugas. Este fichero no es más que una estadística de sucesos de carácter social ocurridos entre 1910 y 1928, y fue llevado a cabo por los comandantes Emilio Linares y Pérez Garberi, y el capitán Julio Lasarte.

Pero, sin duda, el mayor interés del libro para nuestra novela se centra en la versión que del caso "Barret" (el Savolta de Mendoza) da Foix. Este asesinato no fue debido a un conflicto laboral como intentó acreditarlo la policía, sino a la intervención del espionaje alemán, deseoso de eliminar a uno de los industriales que fabricaban cargamentos de obuses para los franceses, como luego tendremos ocasión de demostrar. Según éste, la huelga en los talleres de fabricación de armamento del ingeniero Barret fue instigada por el comisario Bravo Portillo. Este funcionario, a las órdenes del gobierno alemán, creía que era conveniente evitar que en Barcelona se fabricaran municiones para los aliados (los talleres de Barret destinaban su producción a Francia). Con la ayuda del confidente y trabajador Emilio (sic) Ferrer, sigue explicando Foix, planteó el conflicto laboral apoyándose en el supuesto interés de los trabajadores en rechazar la fabricación de armamento. Barret no cedió y fue asesinado por Bravo Portillo. El libro de Foix, por lo tanto, es de importante inspiración para su novela en múltiples aspectos: la inspiración de la trama y el ambiente general de la época, el uso de los nombres propios que en él se citan, el importante papel del confidente policial (el Nemesio Cabra de nuestra novela), el modelo para la creación de algunos de los seudo-documentos que constituyen una de las características formales de la novela o el uso de las fichas policiales como materia narrativa (en el libro de Foix aparece la copia de las fichas de Juan Peiró y Maurín). Estas imitaciones de documentos oficiales dan al lector una total ilusión de autenticidad.

-Bó i Singla, I. (1917): Montjuich. Notas y recuerdos. Es un libro donde se repasa la historia de la montaña barcelonesa de Montjuich, centrándose esencialmente en los primeros años del siglo XX y el proceso contra los anarquistas tras la Semana Trágica. Mendoza ha recogido de este texto muchos nombres de personajes anarquistas de la época (páginas 1888-189 del libro de Bó), aunque los ha modificado. Al inicio de la novela, Mendoza, en otro guiño para el lector, coloca el nombre de nueve trabajadores muertos por el pistolerismo terrorista de la época. Los nombres que él coloca no son reales, sino que los ha modificado aprovechando los nombres que Bó y Singla enuncia como condenados a cadena perpetua tras los incidentes anteriores a la caída del gobierno Maura. Los nombres son:

Historia Ficción

Segismundo Dalmau Martí.............. Sebastián Dalmau

Miguel Gallifa Rius........................Arturo Gallifa

Mariano López Ortega...................Francisco Ortega

José Simó Rovira...........................Jaime Simó y Manuel Rovira

Patricio Rives Escuder...................Manuel Rives Pla.

J. Monfort....................................Domingo y Antonio Monfort

José Olivares Castro.......................Luis Oliveras

Además, Mendoza añade otros dos: Saturnino Monje Hogaza y Agustín García Guardia.

 

-Casal Gómez, Manuel (1977 reed.): Origen y actuación de los pistoleros. Se trata de una narración escrita por el ex Comisario de Policía de Barcelona Manuel Casal, cuyo libro fue prohibido en la Dictadura de Primo de Rivera, se publicó bajo la Segunda República y fue reeditado en 1977. Manuel Casal Gómez, Comisario del Cuerpo General de Policía, ocupó los cargos de Jefe de Investigación y Vigilancia en Valencia, Málaga, La Coruña, Campo de Gibraltar y en la frontera vasco-navarra. Todo el libro es un repaso a la actuación de los pistoleros durante el periodo 1918-1921, de ahí que el texto se encargue de recrear la vida de personajes como Bravo Portillo, el Barón de Koenig, Milans del Bosch, Arlegui, Martínez Anido, La Patronal y Los Sindicatos Libres. Este ex-comisario revela hechos que pudo conocer, como él mismo afirma "por razón del cargo oficial que tuvo que desempeñar cerca de una de las autoridades que intervinieron directamente en tan bochornosos y escandalosos hechos" (página 12). Creemos que, sin duda, el personaje del inspector Vázquez de nuestra novela haya tenido como referente concreto a este comisario de policía, Casal Gómez. En ambos casos el funcionario policial ha tratado de desenmascarar los turbios tetemanejes del terrorismo patronal de la época. Y, en ambos casos, son protagonistas del período que se nos narra ya que Casal Gómez aparece en los periódicos de la época. El periódico republicano El Diluvio , en su edición del miércoles 2 de enero de 1918, página 2, anunciaba:

Se ha encargado del mando de la brigada de investigación criminal al inspector jefe del cuerpo de vigilancia don Manuel Casal, antiguo delegado de La Lonja.

Mendoza, en la cumbre de la fusión Historia-Literatura, ha llegado a copiar literalmente para su novela uno de los documentos encontrados por la policía durante un registro en el domicilio de De Koenig, el dedicado al seguimiento del anarquista Francisco Glascá (pág. 126 del libro de Casal, página 137, secuencia 87 de nuestra novela). Asimismo, el fragmento del seudo-artículo de Pajarito de Soto en que el periodista hace el retrato de Lepprince se inspira también en las páginas del libro de Casal Gómez que presentan un sugestivo currículum del falso barón de Köenig. La intención, pues, de Mendoza no es sólo la imitación mimética del texto de Casal sino la reproducción lo más fielmente posible no sólo de los acontecimientos del periodo sino también de su lenguaje, ampulosidad y exageración.

-Núñez de Prado, Guillermo (1904): Los dramas del anarquismo. Barcelona, Ed. Maucci. Situado en una perspectiva anarquista teórica, Núñez de Prado analiza la historia del anarquismo español desde su nacimiento hasta principios de siglo. Los últimos capítulos del libro están destinados a repasar los principales acontecimientos y personajes anarquistas: la bomba de Salvador contra el Liceo, el proceso de Montjuich y las figuras de famosos anarquistas como Angiolillo, Bresci o Bupino. Creemos que la principal influencia del libro de Núñez sobre nuestra novela es la defensa del anarquismo teórico y la condena del terrorismo anarquista.

-Calderón, Francisco. de Paula. (1932): La verdad sobre el terrorismo. Datos, fechas, nombres, estadísticas. Desde una perspectiva "oficialista" y contraria al terrorismo de la época, Calderón analiza la historia del terrorismo barcelonés y español desde 1900 hasta 1931. A partir de la formación de un tribunal destinado a aclarar lo ocurrido con relación a estos hechos (Subcomisión de Responsabilidades por el terrorismo barcelonés), el escritor desgrana con multitud de datos y fechas los años más importantes del terrorismo desde otra perspectiva, centrándose especilamente en años clave como los transcurridos entre 1918 y 1921. En la página 43 del libro se hace referencia a la muerte de Barret-Savolta y se achaca su atentado a bandas anarco-terroristas. Un poco más adelante, página 55, afirma que un Sindicato de Ramo pagó 5.000 pesetas por el atentado de Barret. Finalmente, al igual que Mendoza en el Savolta , nombra el material bibliográfico empleado, en el que destacan los periódicos de la época y algunos libros de carácter anarquista.

Creemos que son varios los aspectos que ha recogido Mendoza de este libro: la presencia misteriosa del asesinato de Barret, la utilización de un tribunal como forma de desentrañar las causas, motivos y desarrollo del terrorismo y la cita de aquellas fuentes bibliográficas utilizadas por el autor para la confección de su perfil histórico.

En otro de sus textos (Calderón, Francisco de P. e Isaac Romero, Memorias de un terrorista. Novela episódica de la tragedia barcelonesa , Barcelona, 1917) narra la historia en primera persona del terrorista anarquista Santiago Amé Fernández, desde su nacimiento en Elda hasta su llegada a Barcelona en julio de 1917. Una vez en la ciudad, Amé se pone en contacto con famosos ideólogos de la época como Seguí, Peiró, Pey y Companys y conoce a la que será su esposa, Engracia. Detenido en dos ocasiones en el castillo de Montjuich, relata así la muerte de Barret (Savolta):

Uno de los primeros en caer bajo la sentencia de muerte fue el ingeniero gerente de una fábrica situada en la carretera del Port de municiones guerreras -granadas varias- para el mercado extranjero, mercado que era, desde luego, Francia. Llamábase José Barret. (págs.. 152 y 153)

Éste fue el atentado que pagaron los elementos alemanes y que se planeó en el misterioso chalet de la calle de Balmes. (pág. 156)

Según la novela, Amé fue encarcelado en Montjuich junto con cuatro compañeros, acusados de la muerte de Barret, aunque el caso fue sobreseído poco tiempo después, quedando los acusados en libertad.

Creo, sin embargo, que no sólo han sido estos textos los que han podido influir en Mendoza a la hora de crear la trama de su historia. Existe una novela escrita en 1935 que posee muchos de los personajes de La verdad , la misma situación espacio-temporal y el mismo núcleo temático central. Me estoy refiriendo a la novela de Francisco Bastos Ansart Pistolerismo. (Historia trágica) , publicada por Espasa-Calpe en 1935. Veamos la trama:

A través de sus 287 páginas (donde el autor ya advierte previamente de que ha escrito una novela por no poder probar los hechos que cuenta) se nos narra la historia de un joven obrero, Ramón Martín, que ha perdido su empleo por el cierre patronal que se da en los años 1918-1920 en España. Este joven obrero acude regularmente a la tertulia de un viejo sabio anarquista llamado curiosamente "Anselmo" (se trata, por supuesto, de Anselmo Lorenzo y está muy cerca del Mestre Roca de nuestra novela. Acude regularmente por las tardes a la Escuela Industrial de Barcelona donde mantiene también una estrecha amistad con un profesor y empresario, también conocido para nosotros: Joaquín Barnet (nuestro Barret un tanto oculto). Don Joaquín ofrece trabajo en su empresa a Ramón pero éste es detenido cuando se producen disturbios de carácter sindical en la fábrica. Tras salir de la cárcel, Ramón se une a un extraño grupo anarquista llamado "el Colectivo" y afronta su primera misión: seguir y espiar todas las actividades de "Jaumet, el estampador", (¿Ferrer?) en compañía del facineroso "El Rubio". La compañía de este personaje y la vigilancia del estampador le conducen a conocer la noche barcelonesa, especialmente un cabaret en el que conoce a una mujer fascinante llamada "Lucerito" (¿María Coral?). Poco después, la historia llega a uno de sus centros narrativos: el conocido industrial metalúrgico don XX (sic), presidente de la Sociedad Patronal, es abatido a tiros por un grupo de pistoleros, como lo es también Jaumet. El compañero de Ramón, Bernardo Saura "el Rubio", es detenido por este asesinato coincidiendo con la llegada a la ciudad de un nuevo gobernador (144). Durante las páginas siguientes, la acción se traslada a una de las bandas alemanas instaladas en la ciudad, para describir extensamente su participación en estos hechos trágicos. El narrador se centra esencialmente en dos figuras: el Barón de K. y su lugarteniente Otto (¿Lepprince y Max?).

La novela entra en su momento álgido. El profesor Joaquín Barnet es amenazado de muerte y su familia acude a pedir ayuda al gobernador y al jefe superior de policía, el brigadier Aguirre (¿Arlegui?). La policía no da respuestas a la familia. Una noche, "dos pistoleros que hablaban en otro idioma" (¿alemán?) matan a Joaquín Barret. Ramón es acusado inicialmente pero absuelto después. Su familia decide alejarlo de todos estos conflictos y lo envía a Uruguay (no a Estados Unidos) donde, paradójicamente, ganará dinero y morirá defendiendo su comercio de los ataques de una multitud.

Tras exponer el argumento lo más detalladamente posible, creo que los puntos de unión entre esta novela de Bastos Ansart y la de Mendoza son tantos, que parece extraño que Mendoza no la hubiera conocido. Queda claro, por supuesto, que la elaboración, las técnicas, la ambientación o los personajes en la novela de Mendoza presentan una calidad infinitamente superior a la del texto de Bastos Ansart (hasta el punto de no tener una relación directa con la otra), pero no deja de ser curiosa esta afinidad. Los puntos de conexión son muchísimos: personajes comunes (Ramón-Miranda, Coral-Lucerito, Barón-Lepprince, Otto-Max, Barnet-Barret-Savolta), coordenadas espacio-temporales (la Barcelona de los años del pistolerismo) o, incluso, un final similar (huida de los protagonistas a un país "exótico" y alejado).

Asimismo, de entre las manipulaciones históricas que Mendoza introduce en su novela, voy a centrarme únicamente en los dos personajes centrales, Savolta y Lepprince.

Savolta, basado en la figura real de Josep Albert Barret Moner (1865-1918), empresario del metal, ingeniero industrial, profesor y presidente de la Sociedad de Industriales Mecánicos. Murió asesinado el 8 de enero de 1918 (una semana después que el Savolta de la novela) cerca de la Escuela Industrial, de la que era profesor (no en su casa, como en nuestro texto). Según el periódico cenetista Solidaridad Obrera del 10 de enero de 1918, estos fueron los hechos:

Anteayer a las siete de la noche se dirigía el Sr.Barret en compañía del señor Pastor, ingeniero, a dar una conferencia en la Universidad Industrial. Al llegar frente a la Universidad Industrial se dirigieron a la puerta de la antigua fábrica Batlló. Cuando el tranvía se había ya alejado y los señores Barret y Pastor seguían su camino tranquilamente, sonaron unos cincuenta disparos de revólver y ambos señores cayeron al suelo en medio de un charco de sangre. (...) El señor Barret presentaba doce heridas de arma de fuego, seis de ellas con orificio de entrada y salida. Su estado era tan grave que mientras se le prestaba asistencia falleció sin poder dar el menor indicio referente a los agresores.

Su muerte causó una gran impresión en Cataluña; las autoridades atribuyeron su muerte a los sindicatos y grupos de acción anarquistas (algunos decían que estaba en tratos con alemanes y otros con franceses) pero éstos responsabilizaron a un grupo de agentes alemanes que actuaba en Barcelona con la finalidad de perturbar las actividades de los industriales catalanes que trabajaban para los aliados. Barret fabricaba en su taller (situado en la carretera del puerto, en Hostafrancs, como en la novela) espoletas para obuses que destinaba a equipar al ejército francés. Diversos periódicos de la época trataron el tema de forma destacada, como hemos podido investigar. El periódico de Barcelona Gaceta de Catalunya (Diario de avisos, información e intereses generales) abría su edición del jueves 10 de enero de 1918 con la necrológica en primera página del empresario. En lugar destacado, el miércoles 9 de enero, un día después del asesinato, se narraba así la noticia en la página 5:

Siguen registrándose en nuestra ciudad las agresiones. Ayer fue víctima de una de ellas el conocido ingeniero don José Antonio Barret. Éste era profesor de la Escuela Industrial, a donde se dirigía a las siete de ayer (…) El señor Barret cayó mortalmente herido, pues recibió doce heridas por arma de fuego. Antes de ser conducido al Hospital Clínico, dejó de existir.

Otro periódico barcelonés de la época, El Diluvio (diario republicano) iba un poco más lejos en su concepción del hecho; en la página 9 de su edición del miércoles 9 de enero de 1918 se podía leer

Los agresores, que favorecidos por la falta de luz y lo solitario de aquel barrio, diéronse precipitadamente a la fuga, sin que pudiese ser detenido ninguno de ellos. El señor Barret es gerente de una importante fábrica titulada de Industrias Nuevas, establecida en la carretera del Port. En esta fábrica tienen ocupación más de mil operarios. Según se nos dijo, el señor Barret ha tenido en su establecimiento numerosos conflictos obreros, y han estallado allí algunas huelgas por mejoras que demandaban los operarios, mejoras que casi nunca se concedían. Los obreros eran despedidos con harta frecuencia y parece que en el Sr. Barret no encontraban los operarios el trato que ellos hubieran deseado.

Es curiosa, sin embargo, la posición que adoptó Solidaridad Obrera (Diario sindicalista. Órgano de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña y portavoz de la Confederación Nacional del Trabajo). En su edición del miércoles 9 de enero de 1918, y bajo el explícito titular de "A cada puerco le llega su San Martín" escribía:

Barret, el patrono metalúrgico Barret, según se nos comunica, ha sido herido gravemente. (...) era uno de los patronos más tiranos de esta región. A él se deben los fracasos de algunas huelgas metalúrgicas, y por su actuación varios de los nuestros se encuentran en presidio. Por eso decimos que "A cada puerco le llega su San Martín".

Sin embargo, en su edición del jueves 10 de enero de 1918, por extrañas razones (probablemente el intuir la verdadera razón del asesinato) varió su tono hacia uno más conciliador:

Lamentables son estos hechos. Sin embargo son fatales. Son consecuencia necesaria de un estado social, que se basa en el crimen y en la explotación del hombre por el hombre. Son los resultados de esta lucha individual y egoísta, que poniendo los intereses materiales por encima de todo, hace del hombre la fiera, el enemigo encarnizado de sí mismo. Hemos dicho que son de lamentar estos hechos, pero son inevitables.

Pese a estos lazos patronales, consta por el testimonio del dirigente sindicalista Ángel Pestaña que, en el momento del atentado en los talleres de Barret, no había ningún conflicto cuando lo mataron:

Se decía que tenía a la clase patronal en un puño y que en una huelga habida años atrás, desde su propia casa, y de un tiro, Barret había matado a un obrero huelguista. ¿Quién instigaba a Ferrer para que se asesinara al Sr. Barret? En el sindicato, no, porque no existía conflicto alguno con dicho señor. En cuanto a que el señor Barret hubiese matado a un obrero era una patraña absurda. Que él coaccionara a los patronos para que no accedieran a las demandas de los trabajadores, quizá fuese cierto; pero éste no era motivo suficiente para llegar al atentado, para asesinarlo. (3)

Como quedó claro en el curso del sumario instruido poco tiempo después (8), Ferrer era confidente de la policía, al servicio del comisario Bravo Portillo. Éste, continúa afirmando Pestaña, estaba al servicio del espionaje alemán y convenía deshacerse de Barret para ver si conseguía que su fábrica no enviase material de guerra a Francia, con lo que las huelgas se eternizaban con el consiguiente beneficio de los alemanes, ya que muchas de las industrias alemanas trabajaban para los aliados. Pestaña describe con muchos detalles su tesis de que fueron los espías alemanes quienes tuvieron principal interés en la muerte del industrial barcelonés. Así, el dirigente sindicalista señala que, tiempo antes de cometerse el atentado, ya hubo algún intento de atentar contra sus talleres. Este hecho, lejos de ser extraño, fue un incidente más de la presión del espionaje alemán sobre la sociedad barcelonesa. Fue el mismo Pestaña quien recogió las pruebas claras de que Solidaridad Obrera , el diario de la organización sindical, cobraba de la Embajada alemana. Al demostrar que la publicación de una serie de artículos, muy bien documentados, sobre la emigración de obreros españoles a Francia había sido pagada por un agente alemán, que incluso los proporcionaba ya redactados, causó que cesase en su cargo el director de la publicación y Pestaña fuese nombrado en su lugar. (5)

El dirigente sindicalista sostuvo también en las páginas de Solidaridad Obrera que Bravo Portillo, valiéndose de su empleo oficial, comunicaba al agente alemán barón de Rolland (dirigido por el barón de Koenig) la salida de los diversos navíos aliados que zarpaban del puerto de Barcelona, cargados de material de guerra.

En el caso de Lepprince, su paralelismo con el falso barón de König o Koenig es evidente (6). El ex Comisario de Policía de Barcelona Manuel Casal Gómez nos recrea su vida en la obra que Mendoza cita como bibliografía al inicio de la novela (7). Este relato policiaco, totalmente incisivo y pasional resulta aún mucho más literario que el propio texto de Mendoza. Nacido en Postdam (Brandeburg) en 1874, su verdadero nombre era Federico (Fritz) Stallmann, aunque utilizó diversos nombres falsos durante su vida como el citado de falso barón de Koenig, Alberto Colmann o Federico Stagni. Vividor y jugador, recaló en España en agosto de 1915, recorriendo Bilbao, Mallorca, Cartagena, Málaga, Sevilla y Cádiz. En septiembre de 1918 se instala en Barcelona en la torre nº 25 de la Rambla del Prat con su mujer, la falsa baronesa René Scalda y su amante, la "diabólica" C.J. Poco tiempo después ocuparán la Maison Meublé de la calle Santa Ana. Según Ventura Subirats (8), ofrece en Barcelona sus servicios a la Federación Patronal, prometiendo acabar con el desorden social en Barcelona a cambio de protección policial. El empresario Miró i Trempat fue el introductor del barón en la patronal. La banda empezó actuando como auxiliar de la policía (deteniendo a trabajadores conflictivos, como confidentes o agentes provocadores) y escoltando a determinados empresarios. Espía asalariado a favor de Alemania, se le atribuye (aunque nunca se pudo confirmar) el asesinato del patrono metalúrgico Barret (nuestro Savolta), en represalia por haber fabricado gran cantidad de munición para los aliados durante la Primera Guerra Mundial. Amigo del entonces Comisario Bravo Portillo, también se le atribuye su participación en la muerte del presidente del Sindicato de obreros tintoreros Pau Sabater (El Tero) la noche del del 19 de julio de 1919 en la calle Dos de Mayo , barriada de san Martín, (el mismo barrio donde es apaleado el obrero Vicente Puentegarcía de nuestra novela). Incluso Casal Gómez refiere el nombre del sereno de guardia aquel día (Ángel García, aunque en nuestra novela se convierta en Ángel Peceira. El proceso judicial es descrito con detalle por Casal Gómez, como lo hará Mendoza también con el presunto cobro del seguro por parte de la mujer de Lepprince (el juez fue Alberto de Rueda y el fiscal Diego Medina, el mismo nombre al que dedica Mendoza el libro, casualmente). Incluso algunos periodistas (9) atribuyen a de Koenig su participación en los sabotajes contra barcos destinados a proveer de material de guerra a las tropas aliadas, como comentábamos más arriba. Según estas informaciones, Koenig se encargaba, en colaboración con Bravo Portillo y el agente barón de Rolland de informar a los submarinos alemanes de la situación de estos barcos (Bravo Portillo fue despedido y encarcelado al descubrirse la trama (10). Tras la muerte de Bravo Portillo (septiembre 1919) en represalia por la muerte de Sabater, Koenig se convierte en dueño y señor de la Federación Patronal, inaugurando sus oficinas en la Rambla de las Flores nº 6 y haciéndose llamar "Gran detective privado". En diciembre de 1919 forma la banda Negra y el 9 de diciembre comete un atentado frustrado en la calle Salmerón, barrio de Gracia. En documentos encontrados en su domicilio durante un registro policial realizado el 22 de diciembre de 1919, se le intervienen diversas fichas de sindicalistas del momento (Mendoza ha recogido literalmente en su novela la ficha de Glascá, que se reproduce en la página 137).

En enero de 1920 la banda de Koenig atenta contra Félix Graupera, presidente de la Patronal. Sin embargo y, de repente, la banda quedó disuelta en la primavera de 1920. Esta fecha coincide con el inicio del gobierno conservador de Eduardo Dato, que abrió un nuevo perídodo de tregua con las organizaciones obreras. Finalmente, en mayo de 1920 es expulsado de España (acusado de "no tener su documentación en regla") junto a algunos integrantes de su banda como Antonio Jilletes, Manuel Martín y Julio del Clot.

Mendoza sabe que la historia o, lo que es aún peor, la realidad, puede observarse desde puntos de vista muy diversos y sólo la contemplación de todas las posibilidades, nos puede llevar a ella. Mendoza se acerca al hecho histórico desde el cuestionamiento, visitándolo con ironía, sin ingenuidad ya que el pasado no puede destruirse, como señala Eco. La intención de Mendoza es tratar de retorcer, transgredir y observar la realidad social e histórica esencialmente barcelonesa y española para poner en entredicho todo un sistema de valores y creencias asumidos pero en muchos casos absurdo, presentar ciertos momentos históricos como resultado de un proceso de degradación del ser humano que le conduce a aceptar un estado de cosas ridículo y desalentador. La dominación de la burguesía, el caos de la vida moderna, el conservadurismo intelectual de la sociedad española actual, la falta de asentamiento de la democracia en un país acostumbrado a la violencia o la manipulación interesada que de la historia realiza el poder fáctico son el reflejo de la degradación que contempla el escritor barcelonés. La verdad sobre el caso Savolta expone la confabulación entre los órganos represivos del estado y el gran capital; la corrupción en la alta burguesía financiera catalana y su afinidad con el gobierno central de Madrid, de política claramente lesiva a los intereses de Cataluña o la brutal explotación del obrero. Pero en la dinámica de la lucha de clases, la clase dominante se acaba imponiendo y el gigantesco mecanismo sigue su rumbo. No hay mejor resumen de la interpretación de la novela que el propio comentario de Javier Miranda, su protagonista y, a la vez, cronista de la realidad que le ha tocado vivir:

Mi estancia en el balneario había sido un interludio; ahora, de nuevo en Bareclona, la tragedia se reanudaba con la misma violencia y el mismo odio, sin alegría y sin objetivo. Tras años y años de lucha constante y cruel, todos los combatientes (obreros y patronos, políticos, terroristas y conspiradores) habían perdido el sentido de la proporción, olvidado los motivos y renunciado a los logros. Más unidos por el antagonismo y la angustia que separados por las diferencias ideológicas, los españoles descendíamos en confusa turbamulta una escala de Jacob invertida, cuyos peldaños eran venganzas de venganzas y su trama un ovillo confuso de alianzas, denuncias, represalias y traiciones que conducían al infierno de la intransigencia fundada en el miedo y el crimen engendrado por la desesperación. (pág. 295)

 

NOTAS:

  1. Bakhtine, Mikhail (1987): Esthétique et théorie du roman , traducción de Daria Oliver , París, Ed. Gallimard.

  2. "Es manifiesto asimismo de lo dicho que no es oficio del poeta el contar las cosas como sucedieron, sino como debieran o pudieran haber sucedido, probable o necesariamente (...) sino que la diversidad consiste en que aquél cuenta las cosas tales cuales sucedieron; y éste como era natural que sucediesen (Aristóteles, Poéitca , cap. III, Ed. Espasa-Calpe, pág. 43)

  3. La parodia historiográfica, especialmente de aquélla centrada en estadísticas y números es contínuamente atacada por Mendoza, deseoso de mostrar una versión histórica mucho más personal y humana. Es emblemático en este sentido el personaje de don Plutarquete Pajarell en El laberinto de las aceitunas ; este personaje (paródico en su nombre del gran historiador Plutarco) trabaja incansablemente en un estudio histórico singular: "En vano traté de interesarla en mis estudios, que a la sazón versaban sobre las fluctuaciones de la cebada en el siglo XVI". (pág. 153)

  4. Ballart, Pere (1994): Eironeia. La figuración irónica en el discurso literario moderno , Barcelona, Ed. Quaderns Crema, pág. 21 y ss.

  5. Maurice, Jacques (1991): "De la manipulation de l´Histoire dans La verdad sobre el caso Savolta "en Lissorgues, Yvan (coord.) (1991): La renovation du roman espagnol depuis 1975 (Actes du colloque des 13 et 14 février 1991). Tolulouse, Presses Universitaires du mirail. Collection Hespérides, págs. 75-85.

  6. Amplío la información y algunas conclusiones a las que también ha llegado Soubeyroux (1992): "De la historia al texto: génesis de La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza en Actas de la Asociación Internacional de Hispanistas , Irvine 92.

  7. Pestaña, Ángel (1933): Lo que aprendí en la vida , Madrid, Ed. Aguilar, págs. 171-174.

  8. El propio Ángel Pestaña en Terrorismo en Barcelona (págs. 88 y ss.), relata pormenorizadamente el juicio por el asesinato de Barret. El Presidente del Sindicato Metalúrgico, Eduard Ferrer, fue procesado junto a cinco integrantes de este sindicato: los hermanos Vandellós, Boada, Valero y Espina. Ninguno fue detenido ni encarcelado. Según Pestaña, los asesinos se embolsaron 15.000 pesetas pagadas por la Embajada alemana.

  9. ob, cit., págs. 66-68.

  10. 10. Ventura Subirats, Jorge (1971): "La verdadera personalidad del barón de König" , Cuadernos de Historia Económica de Cataluña , páginas 103-118.

  11. Casal Gómez, Manuel (1931): Origen y actuación de los pistoleros , Barcelona, Ed. Publicaciones Mundial.

  12. ob. cit. pág. 112.

  13. Blasco Ibáñez (1925): Por España y contra el Rey , París, Ed. Excelsior, págs. 32-36. Se trata de una reedición conjunta de dos folletos y diversos artículos.

  14. Las teorías sobre el origen de la banda son contradictorias. El historiador Albert Balcells (1965, pág. 112) afirma que la banda estaba dirigida por Koenig. El sindicalista Pere Foix (1957, pág. 86) cree que la primera banda de pistoleros fue creada por Bravo Portillo y, después, surgió la de Koenig. Finalmente, Pestaña (1933, pág. 41) cree que la banda formada por Koenig se vio reforzada por la presencia de Bravo Portillo al salir éste de la cárcel. Probablemente ésta sea la versión correcta.


BIBLIOGRAFÍA

-Bastos Ansart, Francisco (1935): Pistolerismo. (Historia trágica) , Ed. Espasa-Calpe.

-Bó i Singla, I. (1917): Montjuich. Notas y recuerdos históricos , Barcelona, Ed. Maucci

-Calderón, Francisco. de Paula. (1932): La verdad sobre el terrorismo. Datos, fechas, nombres, estadísticas. Barcelona, Ed. Reacción

-Casal Gómez, Manuel (1977 reed.): Origen y actuación de los pistoleros , Barcelona, Ed. Publicaciones Mundial

-Foix, Pere (1931) Los archivos del terrorismo blanco. El fichero Lasarte. Barcelona, Ed. Ariel.

-Herráez, Miguel (1998): ¨Entrevista con Eduardo Mendoza¨ , Debats , 56, pág. 123.

-Maurice, Jacques (1991): "De la manipulation de l´Histoire dans La verdad sobre el caso Savolta "en Lissorgues, Yvan (coord.) (1991): La renovation du roman espagnol depuis 1975 (Actes du colloque des 13 et 14 février 1991). Tolulouse, Presses Universitaires du mirail. Collection Hespérides, págs. 75-85.

-Núñez de Prado, Guillermo (1904): Los dramas del anarquismo. Barcelona, Ed. Maucci

-Pestaña, Ángel (1933): Lo que aprendí en la vida , Madrid, Ed. Aguilar

-Soubeyroux, Jacques (1992): "De la historia al texto: génesis de La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza en Actas de la Asociación Internacional de Hispanistas , Irvine 92.

-Ventura Subirats, Jorge (1971): "La verdadera personalidad del barón de König" , Cuadernos de Historia Económica de Cataluña , páginas 103-118.

-El Diluvio , miércoles 2 de enero de 1918.

-Solidaridad Obrera , miércoles 9 y jueves 10 de enero de 1918.

-Gaceta de Catalunya , miércoles 2 de enero y jueves 10 de enero de 1918.

 


Eduardo Ruiz Tosaus. Nacido en Badalona (Barcelona) en 1968. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Ha presentado su tesis doctoral ¨La narrativa de Eduardo Mendoza, paradigma de la transgresión (1975-1996)¨ por la UNED (Madrid). Es profesor de Educación Secundaria en el colegio Maristas Valldemia.


 

© Eduardo Ruiz Tosaus 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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