Degeneración y degradación en Su único hijo, de Clarín


Juan J. del Rey Poveda

UNED Tenerife e I.E.S. Garoé


   


Con las siguientes reflexiones nuestro objetivo es analizar los conceptos de degeneración1 y degradación2 en la construcción de un personaje de Su único hijo, de Clarín. Dicho personaje es Emma. Con él, el escritor rompe, parcialmente, la verosimilitud de la novela. Además, veremos conceptos negativos anexos al personaje, tales como sadismo, crueldad y voluptuosidad. Frente a este personaje, Clarín construye el del marido, construido a modo de antítesis. En 1976 G. Gullón escribió: "Para ser realista cuenta Su único hijo con la verosimilitud de detalle y con lo que llama Pizer «representatividad»; es decir, que plan, escenario y personajes no sean excepcionales, sino representativos de lo que el lector medio aceptaría como verdadero. En este sentido, realista es la novela y realistas sus personajes. Hay que añadir [...] que el diseño estructural, por realista que sea, no impide el que dentro de él se muevan los personajes en otras dimensiones"3 . Por tanto, realismo sí, pero además otras posibilidades. Es evidente que el personaje llamado Emma es excepcional, y en esto se aleja del realismo literario más empleado a finales del XIX. Y al alejarse ampliaba las posibilidades de este estilo literario y renovaba la novela y evitaba su asfixia debido a la repetición mimética de un único modelo.

F. García Sarriá definió Su único hijo de la siguiente manera: "Es necesario recurrir aquí a otra gran corriente novelística, la que, también a partir del realismo del siglo XIX se concentraría no en la presentación de lo exterior sino de lo interior, el dentro del personaje que vendría a servir para interpretar el fuera en que vive" 4. En expresión de Clarín, se tratar de hacer "estudios del alma". Un campo que apenas se había comenzado en la literatura española y al que los realistas (Galdós, Clarín, etc.) se unirían después de sus primeras novelas, en las que predominaba más la pintura de paisajes y lo narrativo. Para hacer un trabajo completo sobre los personajes faltaba desarrollar esta faceta. J. Oleza piensa que se "trataría [...] de hacer aflorar la posible novela espiritualista que hay dentro de toda novela naturalista"5.

La unión de los dos personajes, Emma y Bonis, es llamativa y desde luego atípica. Es cierto que la literatura ha recogido desde siempre ejemplos de personajes crueles, pero el lector de finales del XIX no estaba acostumbrado a encontrar en las novelas realistas personajes de la talla moral de Emma. El contraste entre su actitud de crueldad y la ternura de su marido es algo que impresiona a cualquier lector y es uno de los elementos narrativos que construyen la novela6. García Sarriá explica esto por medio del simbolismo: "Este simbolismo [...] explica las demás características de la novela [...] La oposición simbólica de nombre entre Valcárcel y Reyes. Los Valcárcel, encerrados en la prisión del valle de lágrimas que es la tierra, negando toda dimensión trascendental. Los Reyes aspirando a ocupar el lugar de soberanos del mundo que les corresponde como reyes de una creación divina"7. En general, Reyes está contrapuesto al resto de los personajes, definidos como "unas aburridas y envilecidas gentes provincianas a las que se unen algunos miembros de una tronada compañía de ópera, novedad refrescante en un principio, ganados después por la ciudad, incorporados a su ambiente"8. Hay algo de héroe en Bonis, en el sentido de enfrentarse él solo por un ideal a una sociedad degradada, a pesar de que no es el héroe clásico que vence.

Existe una tradición literaria y refranística sobre la mujer despótica y rica casada con un hombre pobre, al que trata como si fuera un esclavo. Pero en esa tradición era raro llegar a la depravación del personaje que vamos a analizar. Muchos críticos la han señalado, así F. Caudet y J. Mª. Martínez Cachero: "Emma, mimada y caprichosa desde la infancia, presa del histerismo, sensual y refinada hasta casi la aberración, ejerce un dominio evidente y se permite jugar a su antojo con quienes la rodean -con su marido, con su tío, con los otros parientes-, muñecos en sus manos que mueven tantos hilos de la trama, implacable siempre, ¿demoníaca?"9. Por tanto, además de despótica tiene otras características negativas.

En el capítulo II de esta original novela leemos sobre Emma que "no podía esconder un brillo frío y siniestro de la mirada, antipático como él solo"10 (171). El origen de esto lo proporciona a continuación el narrador: "en aquel brillo [frío y siniestro] y en la expresión repulsiva que le acompañaba, se había convertido el misterioso fulgor de aquellos ojos que habían cantado, a la guitarra, varios parientes de la enfermucha mujer, nerviosa, irascible" (171). Así pues, nos hallamos ante un personaje que sufre un proceso de degeneración física y mental. Dicho personaje sigue la trayectoria de su familia, los Valcárcel: "Por el camino de retroceso que llevaba aquella raza se volvía a la horda" (176). Como reacción a su padre, cuyas virtudes eran el trabajo y la discreción, la hija representa todo lo contrario. De ahí que termine degradándose. Tengamos en mente la sinestesia "brillo frío", que revela la carencia de sentimientos en Emma.

Un dato importante y significativo es cómo comienza la novela, porque esto proporciona pistas para interpretarla. Leamos la primera frase: "Emma Valcárcel fue una hija única mimada (157)". Con el adjetivo "mimada" está claro cuál ha de ser su comportamiento a lo largo de la obra: hacer siempre su voluntad. Y al empezar con este antropónimo, está claro dónde sitúa el narrador el foco de atención. Pero, además, si seguimos leyendo en la primera página del libro nos damos cuenta de dos cosas: ella toma la iniciativa de fugarse con su novio -Bonis- y éste se deja llevar por ella, sin ofrecer resistencia. Leamos: "El mismo día en que al padre de Emma [...] se le ocurrió despedir al pobre Reyes, [...] se le ocurrió a la niña escapar de casa con su novio. En vano Bonifacio, que se había dejado querer, no quiso dejarse robar; Emma le arrastró a la fuerza, a la fuerza del amor, y la Guardia Civil [...] sorprendió a los fugitivos en su primera etapa (159-159)". Por tanto, desde sus orígenes los personajes tienen fijadas unas características por el narrador: Emma ejerce un poder absoluto sobre su novio. Ella es el carácter fuerte; él, un pelele.

El proceso de degeneración o degradación es asumido por Emma de una manera voluntaria y consciente: "con una seriedad extraña en ella, se decidió a ser de por vida una mujer insoportable, el tormento de su marido" (182). Personaje así era inaudito a finales del siglo XIX, de ahí que la novela llamara la atención de escritores como Azorín. Hay críticos que interpretan la declaración de Emma desde el humor, pero nosotros no lo percibimos así, sino todo lo contrario. Se trata de la declaración de intenciones (recordemos el sintagma "con una seriedad") de una mujer rica y caprichosa, y además muy cruel con el único personaje que la aprecia. Su marido, Bonifacio, también reflexiona sobre la degeneración, que en su caso es una decadencia: "¿Y él mismo, pensaba Bonifacio, que era más que un esquinazo, una ruina asquerosa que estaba molestando a toda una familia linajuda con su insistencia en vivir, y ser, por una aberración lamentable, el marido de su mujer?" (200). Las dos metáforas, procedimiento que utiliza el narrador para caracterizar moralmente a los personajes, son precisas. Y este personaje llega a convertirse en una degradación de un dios cuando es definido como un "Apolo bonachón y romántico, algo envejecido por los dolores de una vida prosaica, de tormentos humillantes" (229). Pensemos que casi todo el vocabulario que expresa la relación entre los dos esposos es muy negativo y repite palabras como "tormentos", "dolores", "humillantes", "esclavo", etc. Sobre todo, "esclavo". Una literatura así era muy original y novedosa para el lector contemporáneo de Clarín.

Unida a la degradación física de Emma se encuentra la moral, con lo que el retrato no puede ser más completo: el cuerpo y el alma están conjuntados para hacer el mal. Esto lo piensa muy atinadamente Bonifacio a través de una metonimia: "el cuerpo delgaducho y quebradizo, quejumbroso y desvencijado, de su media naranja o medio limón" (260). Una metáfora continúa la descripción, que a la vez es etopeya: "Antojábasele aquel mísero conjunto de huesos y pellejo y de importunas turgencias, edificio ruinoso que el dueño defiende contra la piqueta municipal a fuerza de revoques de cal y manos de pintura y recomposición de tejas" (260). Y una segunda metáfora, para terminar la pintura de Emma: "esta destartalada máquina, inútil para mí, en cuanto legítimo esposo, sirve sólo, y servirá tal vez muchos años, para albergue del espíritu sutil de la discordia y de la contradicción: poca materia necesita el ángel malo para encaramarse en ella como un buitre en una horca, un búho en un torreón escueto y abandonado, y desde su miserable guarida hacerme cruda guerra" (260-261). "Ángel malo" tal vez signifique "satanismo". Bonis también intuye esta posibilidad y el narrador, al calificar a Emma de "diablo". Incluso se usa el término de "bruja": "Para Bonis nada de esto ofrecía novedad, a no ser en la forma, pues su mujer se había pasado la vida pidiéndole la luna. Sólo cuando oyó aquello de anhelar salir volando por el balcón, pensó, sin querer, en las brujas que van los sábados a Sevilla por los aires, montadas en escoba; y tuvo miedo supersticioso de esta inclinación (304-305)". Los deseos de Emma suelen ser negativos de cara a Bonis y reflejan claramente su carácter despótico.

¿Cómo ha llegado a tal estado Emma? Hay que ver el pasado, los antecedentes de los que hablaban los realistas y naturalistas. Para explicar el presente había que analizar el pasado: este procedimiento fue muy importante porque incorporó un método de análisis científico a la literatura. Más arriba hemos dicho que su familia iba a menos y ella misma iba camino de la ruina económica, debido a su estilo de vida y los robos de su tío Nepomuceno. El despilfarro de Emma no sólo se entiende por el amor al lujo, sino por las ganas de hacer el mal. Además del problema económico, estaba el sentimental: ella se había desilusionado de su marido, aunque razones no tenía para ello. Estaba enamorada de un Bonis que pertenecía al pasado y como él ya no era igual decide maltratarlo para disfrutar: "A la semana siguiente Emma y Bonifacio se vieron, y a los tres meses se casaron. A los ocho días la de Valcárcel comprendió que no era aquél el Bonifacio que ella había soñado (161)". Observen la fuerza que tiene el sintagma "a los ocho días": tan poco tiempo necesitó para darse cuenta de que su sueño no correspondía a la realidad y entonces decidió humillar constantemente al marido. Es curioso encontrar un personaje que disfrute enormemente haciendo el mal, pero sabemos que esto existe en la realidad que no pertenece a la ficción literaria.

La situación de Bonis le hace utilizar, en algunos momentos especiales, un lenguaje degradado, duro, impropio de él. Veamos un ejemplo: "yo comprendo que la vida perra que he llevado siempre en este pueblo maldito es mezquina, miserable... la aborrezco. Aquí todos me desprecian, me tienen en la misma estimación que a un perro inútil, viejo y desdentado... y todo porque soy de carácter suave y desprecio los bienes puramente materiales" (270). Obsérvese la utilización, dos veces, de "perro" y la dureza de los adjetivos especificativos. La comparación del protagonista con un perro viejo es el mejor exponente de su situación en la novela, la más dura subordinación a su esposa, la total dependencia ciega. Y no sólo por su carácter, sino porque es pobre. Cuando Bonis piensa de esta manera tiene clara conciencia de "la miserable vida real" (271), que le impide ser como quisiera y de ahí que busque refugio en la música en primer lugar y, después, en el amor de Serafina, la tiple. Por su parte, el narrador le suele calificar de "pobre" -y en ello vemos cómo se apiada de él, aunque es difícil pensar que se identifique con él11 y nos cuenta que "no servía para ninguna clase de trabajo serio y constante" (158), razón esta última por la que el padre de Emma le despide, además de que no sabe escribir bien. Por otra parte, hay una relación entre degradación y espacio en que se mueven los personajes: Bonis no siente amor por el terruño, por la ciudad en la que vive. Otro ejemplo de este contacto con su problema: "se acordó de su mujer y del mal trato que le daba" (217). También es muy interesante la siguiente: "La Gorgheggi, si hubiera sido más observadora, hubiera podido aprender en aquella confesión de su adorador lo que eran los Valcárcel y adónde conducían los matrimonios desiguales" (219). Finalmente, después de probar el amor de una amante, se ilusiona con el hijo, sea de quien sea.

En el tratamiento que se presta al tema del dinero y su producción, además de un elemento narrativo esencial, hay una reflexión que trasciende lo literario. Numerosos tópicos (el afán de ganar dinero por parte de los extranjeros, el hacerse rico especulando o robando, etc.) se entrelazan con una reflexión serena sobre la clase social a la que pertenece Emma, que no trabaja y va camino de la pobreza. Pero incluso Bonis, que procede de una familia modesta, no sabe ningún oficio. Por otra parte, el desmesurado deseo de gastar por parte de Emma no es sino el anhelo de búsqueda del placer individual, exclusivamente individual. Y una forma más de mostrar su poder ante los demás. El dinero es para ella un instrumento de dominio y una forma de garantizar el placer.

Pero, como repetidamente estamos señalando, el carácter degradado y depravado de la esposa de Bonis se acentúa en la comparación con él, a modo de antítesis. Los dos personajes son tan diferentes que sus características son extremas, aunque las dos pertenezcan a la realidad. Era como si el escritor, hasta ahora realista, incluyera aspectos diferentes en su nueva novela. Frente a La Regenta, la novela de 1891 introdujo novedades que trascendían el realismo típico de la época: con el retrato detallado de una mujer perversa12 ampliaba el concepto de realismo, aunque fuera difícil de admitir en la España de finales del XIX. Incluso se puede hablar de una caracterización hiperbólica. A veces da la impresión de algo forzada, como si se tratara de moralizar por parte del narrador: pinte un caso extremo para enseñar y combatir el mal. La hipérbole es un excelente recurso para el didactismo, porque lo exagerado se percibe muy bien por parte del lector. A la vez es peligroso, porque estaría próximo a la caricatura y el humor, y rompería lo ficticio a favor de una enseñanza moral. Es decir, puede ir en perjuicio del carácter artístico de toda novela.

Unido a los conceptos de degeneración y depravación está el de una voluptuosidad13 insana, que es una de las características de Emma, la cual sentía "deseos de una voluptuosidad recóndita y retorcida, enfermiza y extraviada" (285). J. Oleza ve en ello una "sensibilidad decadente"14 . Lo cual sería una novedad en la literatura española.

Hay también hay un concepto que influye poderosamente y en gran parte ocasiona los conceptos anteriores: se trata de "egoísmo". El narrador, que es omnisciente y moralista, juzga la situación de la mayoría de los personajes -Emma, Nepomuceno, los Körner, algunos personajes secundarios- desde su amor desenfrenado a sí mismos y al dinero. Un ejemplo relevante: "Emma, como la mayor parte de las criaturas del siglo, no tenía vigor intelectual ni voluntario más que para los intereses inmediatos y mezquinos de la prosa ordinaria de la vida15; llamaba poesía16 a todo lo demás, y sólo tenía por serio en resumidas cuentas lo bajo, el egoísmo diario, y sólo para esto sabía querer y pensar con alguna fuerza" (288). El resto de los personajes, casi todos, se mueven por la búsqueda del dinero. En esta idea Clarín sigue los mismos procedimientos que ya empleara en La Regenta. El egoísmo es la verdadera cara de Emma, la única, porque sólo se ama a sí misma y todo lo demás tiene escaso valor, incluido su propio hijo.

Volviendo al concepto de "voluptuosidad", Clarín lo desarrolla a lo largo de la novela con un lenguaje, a veces, crudo y poco utilizado entre los novelistas realistas contemporáneos. Esto era una novedad y abría grandes posibilidades a la novela. Ciertamente, la sexualidad era un tema tabú en la literatura y poco tratado entre los novelistas españoles, aunque sí por Clarín. Emma, una vez más, mostraba su superioridad y singularidad en esta faceta y utilizaba al marido como objeto sexual, sólo cuando ella quería, y así aparece explícitamente. Ella sólo apreciaba a Bonis por su físico, lo cual es una degradación. Pero no se contenta con ello y se busca un amante, Minghetti, otro personaje depravado, de la misma estofa que ella. La relación de los dos apenas es descrita, porque en realidad no hace falta, al tratarse de algo convencional, puramente corporal17. Pero hay que señalar la gran influencia que sobre Emma tiene su amante. Veamos un ejemplo:

"El médico no negaba que el baño de ola sería por lo menos inofensivo; pero, según y conforme: la cosa podía estar más cerca de lo que se creía, y en tal caso, sería una temeridad... Pero lo peor no era eso..., lo peor, lo verdaderamente peligroso, temerario, era el traqueo del coche... viaje de ida y vuelta... por aquellos vericuetos, con aquellos baches. ¡Absurdo!
    -Pero Minghetti ha dicho...
   -Señora, Minghetti que cante sus arias y sus romanzas, pero que no se meta en la Renta del Excusado.
   -Minghetti ha viajado...
   -Sí; pero no en estado interesante.
   -No es eso. Digo que ha viajado, que ha visto mucho, y asegura que..." ( 452).

Otro concepto interesante para nuestro análisis es el de "maldad"18, que tan importante es para caracterizar a Emma: "El descubrimiento de la maldad ajena la embelesaba, la enorgullecía y la animaba a abandonarse a sus perversiones caprichosas. Además, tenía los sentidos y el gusto muy afinados para saborear y discernir la belleza que hay en la energía y en la habilidad del mal" (290). Incluso hoy, en el siglo XXI, sorprende esta fascinación por la maldad. Consecuencia de su gusto por el mal es lo que planifica: "Los planes eran burlarse de una manera feroz de su tío y de su marido, jugar con ellos como el gato con el ratón, descubrir medios de engañarlos y perderlos, que fuesen para ella muy divertidos. [...] En cuanto a Bonis [...] se le había ocurrido tenerle siempre en un potro, tratarle como a un esclavo a quien amenazase un tormento que él no acababa de conocer" (326). Observen la fuerza del adjetivo "feroz", que hasta miedo da. A los lectores de su época, les chocaría esta muestra de sadismo19 , que aparece en varias ocasiones en la novela. Una de ellas es brutal y, sin duda, el lector del siglo XIX se sentiría asombrado al leerla, ya que no estaba acostumbrado. Se trata de una escena íntima en la que intervienen Bonis y su esposa:

-"[...] me vas a desnucar, se me rompe el cogote.
-Qué mas da, que más da... Deja... deja... así, más, que te duela, que te duela con gusto" (331).

Este tipo de escenas eran excesivamente violentas y sólo aparecen con el naturalismo, aunque hay antecedentes. Germán Gullón ya utilizó el adjetivo "sádica" para caracterizar a Emma20. Clarín se atrevió a colocar diálogos como el anterior de una forma bastante natural, sin forzarlos, lo cual muestra su pericia narrativa21. Cosas como ésta son las que permiten hablar de modernidad en la novela de Clarín y de superación del realismo literario al uso.

Hemos escrito más arriba la posición del narrador respecto a sus personajes: se trata de moralizar y, por eso, es normal que aparezca el siguiente sintagma: "los extravíos morales de Emma" (327). Sólo un personaje como ella puede hacer lo que hace, y el narrador lo enjuicia porque cree que ese es su deber. Emma es culpable de sus actos, pero hay una tradición detrás, un padre que también cojeaba moralmente. Y una familia empeñada en no trabajar, junto con otras características negativas. Es decir, una cadena -vocablo importante en el libro- que sujeta y transmite este problema. Podemos pensar que hay, también, una lectura sobre la falta de educación en la España de finales del XIX. En Su único hijo sólo los personajes extranjeros tienen educación, pero su egoísmo y maldad impiden que puedan hacer el bien.

Otro punto importante es que Bonis asume explícitamente su condición de sumisión ante su esposa: "de mi mujer, de quien soy esclavo" (340). Tal condición le impedirá tomar decisiones acertadas y se enganchará a un escapismo artístico y amoroso que no resolverá su problema. Esta condición de esclavo, tan explícita en la novela, es algo sorprendente y bastante novedosa en la literatura de su época. También llama la atención la aceptación de este estado por parte de Bonis, aunque al final, con el nacimiento del hijo, decide tímidamente ponerla fin. Quizá la explicación está en que su mujer pertenece a una familia distinguida, o sea, noble y rica, y él no, aunque en sus orígenes sí lo fue.

La crueldad de Emma llega a su punto más alto durante su embarazo, en el que desea que el hijo muera para evitarse problemas y, tal vez, su propia muerte22. Se puede hablar incluso de Maldad, de egoísmo, de no querer compartir, algo que era sustancial a este personaje. En esto Clarín abre nuevos caminos para la literatura española a finales de siglo, algo que ya se estaba haciendo en Francia. Por otra parte, hay que tener en cuenta que al ser el hijo de su amante23 no le da importancia alguna, porque para ella su querido es también un capricho, solamente eso. Es interesante comentar la escena en que Emma, ya embarazada, toma un coche para ir de vacaciones. Leámosla: "Emma quería sentir algo extraño con el movimiento del coche; esperaba de aquel viaje imprudente una especie de milagro... natural. Que el hijo se le deshiciera en las entrañas sin culpa de ella" (457. Es una forma eufemística de decir que quería matar al hijo. ¿Qué mayor crueldad se puede esperar de una madre? Y tanto desea Emma la muerte del hijo que hasta la sueña, de una manera fantástica (¿hay algo menos realista que la fantasía?24): "Se quedó adormecida, y medio soñando, medio imaginando voluntariamente, sentía que una criatura deforme, ridícula, un vejete arrugadillo, que parecía un niño Jesús, lleno de pellejos flojos, con pelusa de melocotón invernizo, se la desprendía de las entrañas, iba cayendo poco a poco en un abismo de una niebla húmeda, brumosa, y se despedía haciendo muecas, diciendo adiós con una mano, que era lo único hermoso que tenía; una mano de nácar, torneadita, una monada... Y ella le cogía aquella mano, y le daba un beso en ella; y decía, decía a la mano que se agarraba a las suyas: «Adiós..., adiós...; no puede ser..., no puede ser...; no sirvo yo para eso. Adiós..., adiós...; mira, las leyes de la naturaleza son las que te hacen caer, desprenderte de mi seno... Adiós, hija mía, manecita mía; adiós..., adiós... Hasta la eternidad». Y la figurilla, que por lo visto era de cera, se desvanecía, se derretía en aquella bruma caliginosa, que envolvía a la criaturita y a ella también, a Emma, y la sofocaba, la asfixiaba" (457-458). Hay que subrayar aquí la gran importancia del adverbio "voluntariamente", que explica con claridad el vehemente deseo de la madre por perder al hijo. Mediante el sueño, el narrador relata el deseo de un personaje muy cruel, tanto que hasta dormida es perversa. Por otra parte, con el parecido del niño con Cristo se acentúa hiperbólicamente la crueldad de Emma, al querer matar a un inocente.

No necesitamos más datos para caracterizar a Emma, ese personaje tan singular, desde el punto de vista de su depravación. Dicho punto de vista crea al personaje, un personaje plano que siempre es el mismo. Lo más llamativo es que esa depravación se da en unas facetas difíciles de imaginar para un lector del XIX, el cual todavía no había comprendido bien el realismo. Quizás Clarín exageró la pintura de este personaje para moralizar y reflexionar sobre una sociedad que estaba cambiando su modo de vida, deshumanizándose por culpa del dinero y la falta de educación.

Queremos terminar con la siguiente reflexión: Emma es un personaje excepcional, extraordinariamente cruel. ¿Por ello se aleja del realismo? O, por el contrario, ¿amplía una faceta del realismo que los escritores apenas habían tocado ni casi se atrevían? Las dos cosas son ciertas y en ellas radica su importancia y el valor que tiene Su único hijo como obra literaria.

 

Notas:

  1. Entendemos este vocablo en su acepción de "pérdida progresiva de normalidad psíquica y moral" (en Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, vigésima primera edición, Madrid, 1992).

  2. Este sustantivo significa, en el contexto que utilizamos, "humillación, bajeza" (en Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, vigésima primera edición, Madrid, 1992).

  3. G. Gullón, El narrador en la novela del siglo XIX, Madrid, Taurus, 1976, pág. 142.

  4. F. García Sarriá: "Formas narrativas en España a finales del siglo XIX y Su único hijo de Clarín", en Estudios de novela española moderna: Texto y subtexto de Galdós a Guelbenzu, Madrid, Playor, 1987, págs. 39-40.

  5. J. Oleza: "«Su único himo» versus «La Regenta»: una clave espiritualista", en Y. Lissorgues (ed.), Realismo y naturalismo en España en la segunda mitad del siglo XIX, Actas del Congreso Internacional celebrado en la Univ. de Toulouse-le Mirail del 3 al 5 de noviembre de 1987, Barcelona, Univ. de Tolouse-le Mirail y Anthropos, 1988, pág. 441.

  6. C. Richmond señala que "El contraste entre ternura y sátira es todavía otro elemento desconcertante -y sumamente moderno- en esta concentrada y atrevida novela" ( En Leopoldo Alas, «larín», Obras selectas, prólogo de C. Richmond, Madrid, Espasa Calpe, 2001, pág. XX).

  7. F. García Sarriá, op. cit., pág. 42.

  8. R. de la Fuente (ed.), Historia de la Literatura Española, 36. F. Caudet y J. Mª. Martínez Cachero, Pérez Galdós y Clarín, Madrid, Júcar, 1993, pág. 305.

  9. R. de la Fuente, op. cit., pág. 310.

  10. Para las citas de esta novela seguimos la siguiente edición: Leopoldo Alas «Clarín», Su único hijo, edición de J. Oleza, Madrid, Cátedra, 1998. Ponemos entre paréntesis la página del libro.

  11. G. Gullón, por el contrario, piensa de diferente manera cuando escribe: "tal vez porque Bonifacio Reyes es personaje con quien el autor podía identificarse mejor" (en G. Gullón, op. cit., pág. 139).

  12. "Perverso" significa para nosotros "sumamente malo, que causa daño intencionadamente" (en Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, vigésima primera edición, Madrid, 1992).

  13. Con el significado de "complacencia en los deleites sensuales" insanos (Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, vigésima primera edición, Madrid, 1992).

  14. Leopoldo Alas, «Clarín», Su único hijo, edición de Juan Oleza, tercera edición, Madrid, Cátedra, 1998.

  15. Como recordará el lector, en La Regenta también aparece esta idea de la prosa ordinaria de la vida.

  16. Este concepto aparece en La Regenta. Continuamente, a través de determinados sintagmas Su único hijo está recordando a su primera novela. Muchos de los temas se repiten en las dos obras.

  17. En el caso de Minghetti, se trata de prostituirse para ganar dinero.

  18. "Malo" en el sentido de "que carece de la bondad" (Real Academia Española, op. cit.).

  19. En su acepción de "crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta" (Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, vigésima primera edición, Madrid, Espasa Calpe, 1992).

  20. G. Gullón, op. cit., pág. 146.

  21. Recordemos que Clarín infravaloraba Su único hijo.

  22. Recordemos que Emma tiene un pánico irracional a morir y hasta en eso se nota su extremado egoísmo, porque quiere no morir sola y que alguno de los suyos la acompañe.

  23. No vamos a debatir aquí si es hijo de Bonis o Minghetti, porque el narrador no da pruebas fehacientes para ninguno de los dos.

  24. El realismo literario dejó de lado y apenas utilizó la fantasía como elemento narrativo para construir la novela. Incluso la menospreció.

 

© Juan J. del Rey Poveda2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/suunico.html