Editorial



   ¡Triste destino el de los futuros críticos e historiadores de la Literatura! Los múltiples casos de plagio que han salpicado los últimos años de producción literaria española se lo han puesto difícil. Ante la carencia de buenas plumas tendrán que investigar las paternidades dudosas de los textos. ¡Tristeza infinita! En vez de hacer análisis estilísticos tendrán que hacerles las pruebas del ADN.

El movimiento romántico puso de moda al artista prometeico, al audaz ladrón del fuego divino, al ser que hacía de su sangre palabras y de sus sentimientos luz para el resto de los mortales. Con tales materias primas de su escritura no es extraño que un poeta como Hölderlin hablara de la sagrada teocracia de lo bello como forma de la Utopía letrada que debería reinar sobre el mundo.

—LOS AUTORES: Pero, mire usted, no están los tiempos para genios. ¡No hablaron los críticos de la "muerte del autor"! No querrán que además de atender periodistas, participar en tertulias radiofónicas, programas televisivos, pregones de las fiestas patronales, giras con el Cervantes, firmas en las Ferias de España y América, la vida nocturna y los devaneos para contentar a la prensa del corazón, etc., encima nos quede tiempo para escribir. ¡Den gracias a que firmamos y nos hacemos la foto de la solapa, que eso también lleva tiempo!

—EDITOR: Pero lo de la intertextualidad...

—AUTORES: Mire, esto no tiene nada que ver lo la intertextualidad, sino con la Nueva Economía. ¿Recuerda la historia de A. v. Chamisso, aquella de Pedro sin sombra, pues nosotros somos una sombra sin Pedro, el retrato de Dorian Gray sin Dorian Gray. Desde que al frente de las editoriales no hay gente que sepa de literatura, sino solo de números, a nosotros solo se nos pide la imagen. Somos como esos actores y modelos que hacen campañas para las buenas causas, prestamos nuestra capitalizada imagen... ¿Y no me dirá que la Cultura no es una buena causa?

—EDITOR: Pero, ¿por qué lo llaman Cultura cuando...?

—AUTORES:¿...deberíamos llamarlo negocio? ¡Ahí está el dilema!, que diría Cantinflas (como ve, de vez en cuando cito mis fuentes). La verdad es que debería preguntárselo a mi agente. Esa sí que sabe... en cuanto que ve un original (más o menos), así a ojo, calcula las ventas con una precisión... ¡Ni musas ni historias; donde esté un buen agente! Así tenemos más tiempo libre para ir a la tele y no perder el tiempo. Son como madres: Tú no te preocupes; vete a la gira, que ya me ocupo yo del libro. Esto es la especialización del trabajo: yo me ocupo de poner la cara; mi agente se ocupa de las gestiones...

—EDITOR: ¿Y de escribir el libro...?

—AUTORES: Eso pertenece al Know How, que decimos los empresarios... ¿Les pregunto yo si se leen los libros para hacer las críticas o las entrevistas? No tiremos de la manta, que viene cada uno a entrevistarme... Todo este lío no es porque no escribamos los libros, sino porque a ustedes les ha dado por leerlos, ya que se pone así.

—EDITOR: Entonces, ¿qué hacemos?

—AUTORES:Pues crítica teatral. No han entendido que nosotros no somos "autores", sino "actores". Representamos un papel en este circo mediático. Deberían ocuparse solo de si lo hacemos bien en nuestras intervenciones televisivas, de si parecemos autores convincentes e interesantes en las entrevistas, etc. En el fondo, la gente compra nuestros libros porque les parecemos simpáticos en nuestro papel de autores. Somos como seis personajes en busca del papel de "autor", que diría Pirandello. Nuestra vida es nuestra obra. Y no crea que es fácil que nos den el papel. A mí me da igual el Planeta que el Oscar. (¿Tiene dotación económica el Oscar, por cierto?).

—EDITOR: ¿Algo más que decir?

—AUTORES: Nada, que tengo que ir a la tele y la vida está muy dura...

El Editor

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