Cine Español y Europeo en las páginas de Nuestro Cinema


José Carlos López Torres


 

   

 

La revista Nuestro Cinema fue, entre los años 1933 y 1935, una ambiciosa empresa que tomó al cine como arma de lucha ideológica. Lo analizó desde la ortodoxia comunista en lo relativo al Arte: sólo es arte aquel que refleja la sociedad en que se produce. A la luz de estos planteamientos, entonó encendidos cantos a la producción fílmica soviética, al realismo comunista y al montaje cinematográfico. Desautorizó no sólo obras, artistas e incluso industrias cinematográficas nacionales de su momento, sino también al cine de tipo social que se hacía fuera del territorio comunista. Preconizaba que el fin último de toda empresa de signo comunista en territorio capitalista era la destrucción total de dicho modelo de sociedad. Esto es tanto como decir que la propia publicación y el cine que comulgaba con sus ideas perseguían en nuestro suelo la destrucción desde sus cimientos de la sociedad capitalista.

Esto condicionaba completamente sus análisis: el cine como arte según el marxismo lo concibe; el cine como industria, ya por y para el pueblo, ya al servicio de las leyes de la oferta y la demanda; y el cine como instrumento propagandístico favorable o no a la ideología que profesaba la publicación. Ya en su título lo anuncia, aunque veladamente: Nuestro Cinema no se refiere tanto a nuestro cine español como al cine de nuestro signo.

Hoy en día esta parcialidad sistemática, considerada como falta de rigor científico, desautoriza sus análisis. Pero, al estar basada su labor en todo el corpus marxista de interpretación de la realidad, N.C. asumía que la aplicación metódica de sus principios la dotaba de un cierto cientificismo; este es el tono que a menudo encontramos en sus escritos.

En consonancia con una visión ideologizada de la realidad, el rotativo establece que hay dos mundos cinematográficos: el soviético y el occidental:

...afirmé que antes de cinco años, prácticamente, no habría en el mundo, frente a frente, más que el cinema soviético y el cinema americano internacional (...) Estas perspectivas que entonces producían escepticismos, han sido después confirmadas por los acontecimientos (Leon Moussinac, en p. 61 del Nº 8/9).

Dentro del cine occidental, el americano ocupa la primera posición, seguido por el agonizante cine europeo y, en último lugar, está el moribundo cine español. (Por cine europeo se entiende, básicamente, cine francés y alemán).

El enemigo, apuntado desde el principio, es el capitalismo, el sistema burgués, y la meta la llegada de la revolución y del nuevo orden marxista a nuestro suelo. Por esto, se ataca encarnizada e ideologizadamente al cine occidental; la revista acude una y otra vez, explícita o implícitamente, al principio de que no se puede concebir un arte desligado del medio por ser éste la expresión del mismo (p. 97): el cine, como arte que es, o es social, o no es cine.

N. C. estará constantemente abierta a las iniciativas de difusión de su ideología en el terreno cinematográfico, sea organizando cineclubes, suplementos para el cine amateur, divulgando en sus páginas documentos relativos a su movimiento, formando a la futura generación de cineastas... o simplemente clamando en el desierto, por ver si así, aunque sólo fuera eso, alcanzaba a ver un espejismo.

 

Notas más Significativas

Nuestro Cinema se subtitula Cuadernos Internacionales de valorización Cinematográfica. Esto, más que subtítulo, es una ajustada autodefinición. Condensa una serie de notas que desde el primer momento la distingue de la mayoría de publicaciones dedicadas al Séptimo Arte, tanto en su época como en nuestros días:

  1. Cuadernos internacionales: La revista tiene vocación de foro internacional para el análisis del cine. Cuenta con dos redacciones, una en Madrid y otra en París, y corresponsales en provincias. Nuestro Cinema se ve como obra colectiva; es una empresa que se sitúa por encima de las voces de quienes la hacen posible. Sus páginas acogen las firmas de cineastas rusos, franceses, norteamericanos... junto con la de algunos lectores, y, principalmente, las de sus propios reporteros, entre los que destacan César Muñoz Arconada o Antonio del Amo Algara. De las dos redacciones, la parisina es la primera, y en ella se encuentra su director, Juan Piqueras. De forma que, si bien va orientada al público español, el mercado europeo, y el francés en especial, serán los que más a fondo estudie. En cuanto a los redactores en provincias, sirven a una función doble: dar cuenta de la situación en todo el estado, al tiempo que, corroboran con su análisis lo que la propia redacción sostiene. Conviene subrayar que nos encontramos ante una revista marcadamente tendenciosa. Toda crítica tiene su punto de partida o acaba arribando a las bases ideológicas que ya conocemos, de forma que este "foro internacional" está abierto únicamente a voces de su mismo signo y orientación.

  2. La denominación de Cuadernos que recibe hace hincapié en la función pedagógica y de adoctrinamiento que persigue. No es una revista de divulgación o entretenimiento cuya razón de ser se extingue cuando lo hace la vigencia de las informaciones que contiene. Aspira a ser una obra de referencia, unos cuadernos para conservar, consultar y revisar; a constituir en sí una corriente crítica, y a generar entre sus lectores otra de opinión de la que habría de ser oráculo, norte y guía.

  3. La palabra valorización es fundamental para comprender su alcance. Supone una concepción del cine como arte, dejando a un lado su vertiente de espectáculo. Esto implica una especial atención a los elementos creativos y técnicos en detrimento, por ejemplo, del culto a las estrellas. Pero esta valorización se produce a la luz de unos planteamientos ideológicos previos, según los que la atención a lo social, la función pedagógica del cine o su línea política son elementos de gran relevancia para la valoración final de una película. Esto lo podemos constatar desde los primeros pasos de la revista, pues comienza su andadura publicando un manifiesto de intenciones que vuelve a aparecer abriendo su número especial Enero-Febrero de 1933 (Pág. 1). En él plantea tanto su línea como sus metas (cito literalmente; las mayúsculas son mías):

1º INDEPENDENCIA ABSOLUTA frente a los intereses contradictorios y fuertes que influencian desde la producción hasta la Prensa cinematográfica.

2º CRÍTICA TÉCNICA Y ARTÍSTICA del cinema como manifestación de la decadencia de la cultura burguesa.

3º EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS ECONÓMICOS que amordazan las fuerzas individuales y colectivas que pudieran conducir al cinema por su verdadero camino.

4º CRÍTICA DEL CONTENIDO SOCIAL - negativo y afirmativo - de los films.

La revista reconoce que no vende números suficientes como para mantenerse a sí misma (lo hace "gracias a nuestro esfuerzo y a nuestro sacrificio económicos"), y reclama el apoyo del público lector ("nuestros ingresos no nos permiten todavía cubrir el coste de nuestras ediciones"). Esto delata que se trata de una iniciativa financiada como medio de propaganda ideológica, al margen de sus posturas estéticas.

  1. Por último, esta valorización es cinematográfica por el poder pedagógico y de influencia de masas que tiene este medio.

 

Etapas

Los números estudiados pertenecen a dos etapas de la revista, correspondientes a 1933 y 1935 respectivamente.

La atención concedida en la primera etapa de Nuestro Cinema al cine europeo se concentra en las secciones Panoramas Internacionales y Problemas Actuales.

En la primera sección el cine español es soslayado sin contemplaciones del panorama internacional, y la segunda, aunque se refiere a España, no lo hace a su cine. Podemos afirmar que en esta etapa la revista actúa como si no existiese producción cinematográfica nacional alguna; y en lo que respecta al resto de Europa, su visión es pesimista e incluso catastrofista:

  • Francia aparece como una flor marchita: el pasado glorioso ha dejado lugar al imperio de la mediocridad de sus nuevos valores (entre los que menosprecia ni más ni menos que a Jean Renoir), y los realizadores de más edad se han estancado en la era muda. Si el fracaso artístico no es suficiente, a este se une el financiero, ya que esta industria no genera los beneficios apetecidos. En cuanto al tratamiento que lo social recibe en el cine francés, no merece sus plácemes, y duda que los realizadores extranjeros recién llegados a sus platós (Pabst entre ellos) cambien la situación. Halla una tendencia social de corte reaccionario en dicho cine, y protesta airadamente por las mutilaciones de que son objeto las obras cinematográficas extranjeras, ya sean soviéticas o alemanas, de contenido social.

  • Alemania es, al menos, la patria de un cinema que genera beneficios. Sin embargo, se nos presenta como una industria que atraviesa una fenomenal crisis que ha dado lugar a grandes despidos. Por otra parte, ataca a este cine como portavoz de la propaganda capitalista alemana. Y, si elogia su calidad técnica, lo hace para remarcar su orientación comercial y la claudicación de sus preocupaciones artísticas y expresivas.

En cuanto a la segunda sección a que hacemos referencia, el panorama español ni siquiera merece atención, por ser como un moribundo al que sólo resta aplicarle la respiración asistida. Es significativo que en lugar de una sección titulada Situación del Cine Español, o Panorama Español, el apartado correspondiente se titule Problemas Actuales. En él se ocupa del tema de la formación de nuestros cineastas, que considera imposible sin una adecuada red de cine-clubes. Uno de sus artículos se refiere a las deficiencias que observa la revista en lo relativo a los informativos cinematográficos que se proyectaban en nuestras salas. Por último, se trata la cuestión de la crítica cinematográfica en nuestro país, su deficiente preparación y la que encontrarían adecuada para que pudiese llevar a cabo la labor que pretenden de ella: crear el sentido de la libertad y de la educación en las masas para revelarse (sic) y renovarse (p. 72).

En realidad, la revista quería organizar una corriente de crítica socio-cinematográfica que, como ella misma, actuase como arma ideológica. Para ello, le interesaba la existencia de una adecuada red de cine-clubes cuyas sesiones estarían diseñadas en función del adoctrinamiento de los espectadores. Al no haber en España dicha red, clama por su constitución.

 

La segunda etapa de la revista supondrá un cambio en lo que se refiere al blanco a que se van a dirigir prioritariamente sus invectivas: ya no el capitalismo, sino su hijo degenerado y monstruoso, el nazismo. Efectivamente, tras dos años en la cancillería, Hitler debía haber dejado clara su postura, y la revista reacciona con indudable energía.

La atención prestada al cinema español se convierte en la cuestión de fondo de Nuestro Cinema. Quiere ser un motor de cambio para la cinematografía española de acuerdo con lo que, a su entender, debe ser el cine: un arte realista, popular y pedagógico. En la primera etapa era algo que se intentaba arrancar, estimular desde sus páginas (salvo en el caso de las productoras privadas, de las que se burla irónicamente). En la segunda época, su mortecina existencia merece un espacio bastante mayor, entre otras cosas porque la revista ha abandonado su posición de que todo cine hecho en territorio capitalista debe perseguir acabar con el sistema: ahora está interesada en que exista algún tipo de cine nacional, una industria, por pequeña y renqueante que sea, que alimente el futuro cinema español. Evidentemente, N.C. se encontró con que no podía actuar sobre un medio una vez desaparecido este; de llegar a producirse la desaparición de toda industria nacional, su campo de acción quedaría limitado a la crítica de películas extranjeras, lo que sin duda haría tambalear notablemente su repercusión social y su propia razón de ser.

 

Consideración Final

Al margen del interés histórico que entraña, estamos ante una publicación que encierra una paradoja: se concibe a sí misma (y por ende a las firmas que la integran) como un instrumento colectivo de difusión ideológica; sin embargo, la sugestión que hoy encontramos en ella estriba, precisamente, en las voces personales que acoge: César Muñoz Arconada y Juan Piqueras, por ejemplo, o la entrevista a Luis Buñuel, o las brevísimas colaboraciones de Gª Lorca, Fco. Ayala, Benjamín Jarnés, R. J. Sender...

El mundo ha cambiado poco, las ideas se han gastado mucho. Las páginas de Nuestro Cinema nos traen toda la efervescencia de un tiempo en que el cine alcanzaba su vigorosa plenitud, y los hombres ponían en él buena parte de sus aspiraciones por alcanzar un mundo mejor.

 

© José Carlos López Torres 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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