Intertextualidad narrativa en los cuentos de Julio Llamazares

Dr. Luis Veres
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad Cardenal Herrera-CEU
Valencia-España


 

   

Presentar a un narrador como Julio Llamazares es algo inútil, puesto que su obra ya ha tenido suficiente divulgación, es más, Llamazares ha pasado a ser uno de esos autores que ha conquistado el mercado editorial con gran éxito de ventas y de crítica, lo cual no es por lo general fácil de conjugar. Desde sus primeras novelas, Luna de lobos, La lluvia amarilla o Escenas del cine mudo, hasta sus libros de artículos y reportajes periodísticos, Llamazares ha sabido seducir la conciencia del lector en un mundo literario en el que prima la trivialidad y la escritura fácil.

Sin embargo, posiblemente la parte menos conocida de su producción sea la del cuento. Tal vez porque, a causa del reconocido prestigio del género novelístico en las últimas décadas, se ha dado al traste con las pocas editoriales que arriesgaban y ponían todos sus esfuerzos en la publicación de libros de cuentos. No es fácil en los tiempos que corren que el tan desmerecidamente considerado pariente pobre de la literatura, el cuento, encuentre editorial de prestigio que le dé cabida entre sus colecciones. Para el lector medio, la escritura de un cuento parece cosa hecha, pero sólo uno puede entender la complejidad que tal género entraña cuando se ha enfrentado al terror de relatar su visión del mundo en tan sólo ocho o diez páginas. En contra de esta injusta tendencia del mercado se sitúan unas pocas editoriales que nos recompensan con una buena prueba de que la calidad literaria no se mide por una cantidad más o menos amplia de páginas, sino por la complejidad textual de la escritura y el valor humano que adquieren las palabras en la pluma de un escritor que conoce el oficio.

En esta línea encontramos un volumen de cuentos como el de Julio Llamazares. En mitad de ninguna parte1 nos remite a un lugar, a una condición humana, a una manera de estar en el mundo que hace referencia a la categoría de sus personajes. El mismo autor, en un prólogo titulado El autor confiesa, nos reconoce este aspecto: "En cualquier caso, todos son como los cuento: gente sin solución, sin destino, gente al margen de la vida. Gente que está, como yo, en mitad de ninguna parte. Por eso son mis amigos."2

Pero la peculiaridad más desconcertante a primera vista de este texto reside en los motivos que mueven la escritura:

"A lo largo de mi vida , he escrito pocos relatos y casi todos por encargo. Al revés que una novela o que cualquier otro tipo de texto literario, que jamás podría escribir de esa forma, y menos a plazo fijo, el relato es un género para el que necesito el impulso ajeno e incluso la obligación de entregarlo al editor dentro de un plazo. De lo contrario, corro el peligro de no escribirlo o, al revés, de que se me convierta en una novela de más de doscientas páginas."3

La escritura en este caso es una escritura de urgencia, una realización rápida, que no descuidada, la cual nos hace recordar enseguida las similitudes que muestran estas condiciones de la narración con otro género literario frecuentado también por el escritor de León: el periodismo. Periodismo y narración son dos géneros que en la obra de Llamazares van estrechamente vinculados. Existe entre ellos un vínculo que parece que ni el mismo autor puede hacer desaparecer.

Hasta el momento Llamazares ha publicado dos libros de artículos periodísticos: En Babia y Nadie escucha. El título del primero de ellos revela similitudes bastantes obvias con el volumen de relatos En mitad de ninguna parte. Ya en el prólogo el autor reconoce la estrecha relación que existe en su obra entre periodismo y narración:

"Hace tiempo que alimento la sospecha de que la literatura no es más que el horizonte que empieza donde acaba el periodismo y, en cualquier caso, es en esa zona neutra, en esa tierra de nadie en la que los dos se unen, en la que yo he pasado -y espero seguir pasando- todos los días de mi vida."4

Por tanto es en esa tierra de nadie, en ese espacio marginal, alejado de lo comúnmente social de los últimos años donde surge el lugar de la escritura narrativa de Julio Llamazares. Y ello, porque la escritura de Llamazares parte de una subjetividad extrema, nace de lo más próximo al autor: su León natal, los parajes naturales de su infancia, los alrededores de su casa de Madrid, sus amigos y conocidos más próximos, ajenos a todo el mundo de la ruidosa farándula literaria, etc:

"A veces esas historias las han vivido realmente en su totalidad o en parte; otras, por el contrario, son pura y simple imaginación, pero perfectamente podrían haberlas vivido si en su vida se hubiera dado circunstancia."5

En el artículo titulado En Babia Llamazares reconoce esa manera de estar en el mundo que parece ser algo más que un gesto social, tal vez una necesidad:

"Cuando los reyes de León, hombres de acción y de pelea más que sutiles y avispados gobernantes, comenzaban a hartarse (en los escasos períodos de su vida en que no andaban por el mundo guerreando) de las inevitables intrigas y pasiones cortesanas, pedían a sus siervos sus ropas de campaña, empuñaban sus armas, montaban su caballo y, dejando las riendas del gobierno de su pueblo en manos de algún hombre de confianza, se marchaban a Babia a descansar y a practicar entre sus bosques su deporte favorito de la caza. Babia, la lejana y bellísima comarca leonesa que baña el río luna y preside la solemne Peña Ubiña desde su soledad geológica y lejana, ofrecía aún en aquel tiempo múltiples alicientes para la actividad y ejercicios cinegéticos (...)"6

Y más adelante escribe:

"Aunque a los reyes leoneses no me une más que el simple origen geográfico y a los pastores babianos la pasión por los perros y las montañas, siempre he pensado que el estado ideal de todo hombre es el de Babia. Alejado del mundo es como el hombre puede contemplarlo sin que sus brillos y sus destellos interfieran y equivoquen su mirada. Apartado de sus pasiones, es como puede justamente, además de vivir tranquilo, pensarlas y analizarlas. Sólo desde los montes se puede ver claramente el valle que queda abajo y es obvio que cualquier gesto, cualquier grito, cualquier acto, adquieren su dimensión más justa en el silencio y en la distancia. Corren, no obstante, malos tiempos para la lírica."7

Este ideal estoico que dirige los deseos del escritor y las pautas de muchos de sus artículos periodísticos, preside también su mirada hacia la plácida vida leonesa que hace presencia también en su narrativa. De este modo en el último cuento de En mitad de ninguna parte, No se mueve ni una hoja, muestra la descripción de este modelo de vida:

"Mi padre y Teófilo están sentados debajo del corredor. Llevan así una hora, mirando los árboles y las estrellas, sin cruzar una sola palabra."8

Y al final del cuento la conclusión es la misma:

"Pero ahora están ahí debajo del corredor, contemplando los árboles y las estrellas, como todas las noches del verano. Es la primera de éste, que ha comenzado más tarde. Aunque no ha cambiado nada: el olor de la hierba, los sonidos del pueblo, el color azul de la noche y el resplandor de la luna sobre los árboles. Hasta la frase de Teófilo sigue siendo la misma de cada año cuando se despierta al cabo de un rato y dice a mi padre:
-No se mueve ni una hoja."9

Lo que llamazares defiende en este texto que, por otra parte, podría pasar en cuanto estructura y temática por un artículo de opinión en cualquier columna de cualquier periódico, es una manera de situarse en la vida, una realidad que también esta presente en sus textos periodísticos, aunque esta vez en forma de crítica social al otro extremo de ese modo vital:

"Vivimos años de confusión y de auténtica desbandada por ocupar en las parrillas de salida los puestos de privilegio, y por estar en todo momento en el lugar indicado, y quien voluntariamente o no, se aparta de la lucha por el éxito corre serio peligro de poner también en riesgo su mera supervivencia más inmediata. Después del largo invierno que asoló este país durante muchos años, y del deshielo de ideas -y de gestos y de actos- que sucedió a aquel invierno cuando por fin el sol de la vida comenzó a calentar las parameras de España, el interés primordial, y casi único, del común de los españoles consiste en hacerse ricos y/o famosos de la manera más rápida."10

A esta misma filosofía, que, como podemos observar, está presente en su obra periodística y en su obra narrativa, responde el título de su otro libro de artículos: Nadie escucha (1995). Allí se vuelve a hablar del exceso de ruido que dirige la vida cotidiana de la sociedad española:

"Últimamente, en España, y supongo que también en otros sitios, el aire está tan lleno de palabras que es imposible oír otra cosa que el ruido que éstas producen. Parece como si todos se hubiesen puesto de acuerdo en ahogar con sus palabras las voces de los demás. Desde mi privilegiado estatus de escritor (privilegiado por marginal, que no por otro motivo) he tratado en estos años de sobrevivir al ruido intentando al mismo tiempo hacerme oír. En un país en el que nadie lee y en un tiempo, como éste, en el que nadie escucha, seguramente el silencio es la única postura inteligente y todo lo demás varias palabras condenadas, como todas, a convertirse en ruido."11

Aquí el escritor desde su postura marginal, mediante ese modo de vida, esa manera de estar en el mundo, como diría Carmen Laforet, es el único que puede ver esa carrera en la que se ha convertido el mundo y la sociedad española en particular. A este espíritu responde generalmente la atmósfera que se respira en los cuentos de Julio Llamazares, porque del espacio de esos cuentos se desprende una visión pesimista del progreso o del mal llamado avance de la civilización. Si en Un cadáver de pavo en la nevera, el esposo es víctima de la tiranía de su esposa y acaba viviendo una situación absurda, acabando el relato colgado de la lámpara del vestíbulo junto a un pavo, es como consecuencia de una situación social que no tiene justificación lógica, el matrimonio; si el protagonista de Piloto suicida es encarcelado y acusado de conducción temeraria y robo cuando ha intentado apartar un camión que impedía el tráfico en medio de la calle, es como consecuencia de la locura colectiva que rodea nuestra sociedad; si Tacho Getino, protagonista de Nocturnidad, es acusado del delito de nocturnidad, es como consecuencia de su inadecuación a unas pautas de conducta social que impone una sociedad absurda donde prima lo monetario y lo superfluo; si Nocedo, el protagonista de Paso a nivel sin barreras, se empeña tras ser despedido en seguir cortando el tráfico de la carretera para dejar pasar los trenes de una línea ferroviaria que ha sido cancelada, es porque es víctima de la reconversión industrial de una sociedad inhumana que sólo entiende de cifras globales y que desatiende al individuo.

En este sentido, la estrategia narrativa de Llamazares sigue una línea de ruptura encaminada a romper con la ley de la causalidad del relato tradicional. Esta ruptura de la causalidad tiene como función la denuncia de aquellas normas sociales que han convertido el mundo en algo incomprensiblemente absurdo: si el piloto suicida acaba detenido, no es porque sea un delincuente, sino porque obra de buena fe y lo único que quiere es circular con tranquilidad por una calle; si el protagonista de Nocturnidad acaba mal, no es porque transgreda las leyes, sino porque le gusta salir por la noche.

Por ello no extraña el interés de Llamazares por los personajes marginales que no aceptan normalmente la conducta marcada por la sociedad. Un ejemplo de ello es su artículo Elogio del tumbado12, en el que Llamazares reproduce los últimos tres años del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, el cual vivió acostado en la cama de su pido de Madrid durante sus últimos tres años de vida, asqueado de la posible atracción que un día el mundo pudo tener. El personaje para Llamazares tiene una función ejemplar:

"Ejemplaridad que les viene de las historias que viven, pero también de su condición, que es la de su propia imagen. Todos son amigos míos o personas que conozco o he conocido y a las que, en vez de dedicarles un cuento, como es costumbre en literatura, les he convertido en protagonistas, no sé si contra su voluntad, pero sí sin su conocimiento, de sus propias historias literarias. (...) En cualquier caso, todos son como los cuento: gente sin solución, sin destino, gente al margen de la vida. Gente que está, como yo, en mitad de ninguna parte. Por eso son mis amigos."13

Dos de estos personajes tienen su antecedente en textos periodísticos. Tacho, el protagonista de Nocturnidad aparece en el artículo de Nadie escucha titulado Derecho a dormir. Incluso se encuentran con facilidad algunas relaciones intertextuales:

"Le avisaron a los dos días, a las diez de la mañana. El cartero que le llevó el telegrama toco el timbre hasta que abrió, y eso que Tacho tenía por costumbre no abrir nunca la puerta antes del mediodía, así la prendieran fuego. Una noticia, decía, que no pueda esperar hasta la tarde nunca es buena. Y, si lo es, da lo mismo: se convierte inmediatamente en mala desde el momento en que te sacan de la cama para dártela."14

La relación es evidente con el siguiente texto:

"Tengo un amigo que nunca abre la puerta de su casa antes del mediodía. Mi amigo vive de noche y duerme por la mañana (y algunos días incluso por la tarde) y tiene la teoría de que nadie llama a una casa por la mañana para llevarle a su dueño noticias agradables. O es el cartero (para entregarle una multa, claro), o un cobrador de recibos, o un vendedor de algo. Rara vez es lo contrario. Y, en cualquier caso, cuando eso ocurre, la buena nueva, según mi amigo, deja de serlo desde el momento en que le obliga a uno a levantarse antes de tiempo de la cama. Mi amigo dice que no hay noticia, por buena que ésta sea, que no pueda esperar hasta la tarde."15

En segundo lugar tenemos a Nocedo, protagonista de Paso a nivel sin barreras, jefe de estación de una pequeña estación de la zona de la minería leonesa que tras el cierre de la línea se empeña en seguir realizando la misma labor con la que ha cumplido toda su vida. Este personaje puede tener su origen en un artículo de Nadie escucha: El Hullero: la muerte de un dinosaurio. Allí, Llamazares rastrea la muerte del tren tras el cierre progresivo de las minas del carbón en León y Asturias. Sin duda Llamazares en su reportaje debió conocer algún o algunos personajes que le sugirieron esta figura literaria. En el artículo aparecen algunos ejemplos:

"Jesús Martínez, el jefe de la estación de San feliz, no entiende de política. Él de lo único que sabe es despachar billetes (catorce al día, contados, salvo los sábados y los domingos), de vigilar el paso de los trenes para bajar las barreras y de cuidar entre tren y tren, el pequeño huerto contiguo a la estación en el que cultiva sus hortalizas."16

En el mismo texto encontramos una referencia que nos puede remitir al mismo personaje:

"Además, )para qué voy a levantarme si ya no pasan trenes?, nos dice este hombre joven que, en sus horas de soledad, ha decorado el despacho con retratos de Marilyn Monroe y convertido la estación en un museo. El de Mataporquera, ya en Cantabria, con su uniforme en regla y planchado, parece en cambio, un general sin ejército. Sentado junto a la estufa, sobre la cual ha puesto una rama de eucalipto para dar buen olor al ambiente, recuerda los viejos tiempos en los que la estación, en el centro exacto de la línea y en el cruce con la de RENFE, era una de las más importantes del Hullero. Todavía es posible imaginarlos viendo las instalaciones abandonadas y a merced del olvido y del viento: la residencia de los ferroviarios, la cantina, la fonda, las terminales de carga y los antiguos talleres de mantenimiento. Pero ahora sólo queda él viendo pasar el tiempo."17

Dentro de la caracterización ejemplar del personaje, cumple un papel primordial el narrador. Éste suele pertenecer a la historia, es interno, como el mayordomo que aparece narrando la historia de su jefe en el primer cuento que abre En mitad de ninguna parte. Además este narrador generalmente, ya sea interno o no aparezca en la historia, simpatiza con el protagonista solidarizándose con sus desdichas o compartiendo ese modo de vida del personaje. Tal vez en ese trasfondo autobiográfico de parte de estos personajes este la explicación a este hecho.

Por otra parte, la estructura de los cuentos de Llamazares presenta similitudes con sus artículos periodísticos y ello se debe fundamentalmente a que el artículo debe llamar la atención desde las primeras líneas., en caso contrario, el lector abandona la lectura. Por ello los cuentos presentan un hecho siempre sorprendente o poco habitual al comienzo.

Inicios sorprendentes son los siguientes:

"La nochebuena de 1971, los señores volvieron a reñir. Los señores tenían por costumbre discutir todas las nochebuenas. Pero sólo ese día. Los trescientos sesenta y cuatro días restantes los pasaban sin hablarse..." (Un cadáver de pavo en la nevera). Aquí se da por habitual lo que no suele ser habitual: el hecho de que un matrimonio discuta todas las nochebuenas.

"Aquella mañana, mientras desayunaba en la cocina de su casa, a las siete y media en punto, igual que de costumbre, Antonio Segura no podía imaginar lo que el destino le tenía reservado en ese día." (Piloto suicida)

"El poeta Tono Llamas decidió pasarse a la novela, tras una vida entera dedicada al cultivo de la poesía, el día en que, en su aldea de origen, desenterraron a la bisabuela."(La novela incorrupta).

"Mi amigo Tacho Getino, hombre afable y generoso, incapaz de hacerle daño a nadie sin motivo o sin que medie provocación, es, pese a ello, la única persona que conozco condenada, en la ya larga historia de la justicia española, por un delito de nocturnidad." (Nocturnidad).

Sin embargo hasta ahora hemos hablado de la presencia periodística en la narrativa. También se da el caso contrario: la presencia de cuentos o microcuentos en los artículos de prensa:

"El escritor Antonio Pereira, el mejor narrador oral y autor de relatos breves posiblemente de este país, descubrió un buen día el infinito en la etiqueta de un bote de leche condensada en la que un niño rubio sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta el mismo niño sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta el mismo niño sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta el mismo niño sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta el mismo niño sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta el mismo niño sostenía entre las manos otro bote de leche condensada en cuya etiqueta, etc. En efecto, por más que uno se provea de lupa o de un microscopio de largo alcance, eso es el infinito: lo que nunca se acaba."18

Como se puede observar la interacción entre ambos géneros es bastante frecuente en la obra de Julio Llamazares. Tal vez porque el genio de un hombre de talento acaba posándose en todo lo que toca y ese es el caso de Julio Llamazares, un ejemplo de fusión genérica que no hace sino corroborar la confusión de los géneros que se desarrolla desde el nacimiento de las vanguardias históricas y que en el caso de la narrativa de Llamazares adquiere todo su impulso vital y vigencia estética.

Sin embargo, los paralelismos textuales entre ambos géneros muestran una limitación del mundo narrativo que resulta excesiva en algunos de los casos. Los motivos de este hecho creo que hay que buscarlos en el carácter de encargo que tienen estos textos, lo cual le otorga a esta literatura cierto cariz de urgencia y rapidez, propia, más bien, del mundo periodístico que del mundo literario.


Notas:

  1. Julio Llamazares, En mitad de ninguna parte, Madrid, Ollero & Ramos, 1995.

  2. Op., cit., p.15.

  3. Op., cit., p.13.

  4. Julio Llamazares, En babia, Barcelona, Seix Barral,1991, p.5.

  5. Op., cit., p.p.14 y 15.

  6. Op., cit., p.9.

  7. Op., cit., p.10.

  8. Op., cit., p.127.

  9. Op., cit., p.134.

  10. Op., cit., p.p.10 y 11.

  11. Julio Llamazares, Nadie escucha, Madrid, Alfaguara, 1995, p.11.

  12. Nadie escucha, p.107.

  13. Op., cit., p.14.

  14. En mitad de ninguna parte, p.84.

  15. Nadie escucha, p.39.

  16. Op.,cit., p.p.129 y 130.

  17. Op., cit., p.135.

  18. Nadie escucha, p.51

 

© Luis Veres 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/llamazar.html