LOS OTROS
Reflexión sobre la película de Alejandro Amenábar

Amparo Arróspide


 

   

We are such stuff/As dreams are made on, and our little life/
is rounded with a sleep!
(W. Shakespeare)

La diferencia entre los muertos y los vivos no es solamente ésa, la más obvia, la que separa un sustantivo de otro, delimitándolos en los infranqueables territorios de los opuestos. Otra diferencia, no menos brutal, separa al que sabe que está muerto, de quien aún lo ignora. En Los Otros, película que desde el título anuncia su vocación de misterio, y no sólo de "thriller", se exploran ambas diferencias, se juega con seres que están en uno y otro mundo, con muertos que ignoran que lo están, y con muertos que lo saben, y que tienen por misión revelarles esa verdad.

Sería interesante intentar desvelar cómo Amenábar se las arregla para que la revelación de esa verdad, una de las bases del argumento, se convierta en un viaje metafísico para el espectador.

Con una aterrorizada protagonista, Grace, la madre austera, piadosa, estricta y desesperada que interpreta Nicole Kidman, nos enfrentamos al misterio: La casa ha de estar siempre en penumbra, y no pueden abrir una puerta si previamente no han cerrado la anterior: Tal es la regla que (creada para proteger a los fotofóbicos hijos de Grace, y cuyo padre ha huído al frente) deben obedecer los tres sirvientes que también son tres mensajeros del otro mundo. Porque en Los Otros, la madre de los niños fotofóbicos, enclaustrados (como en Otra Vuelta de Tuerca, la novela de Henry James, aunque éstos no padecieran enfermedad aparente) aunque ha cometido algo peor que un suicidio, también lo desconoce, y también está loca: su locura es creer que sigue viva y haber borrado de su memoria el paso, la transición, hasta que se produce la anagnórisis, y la epifanía.

Tenemos cerca en el recuerdo la película Más allá de los sueños y también la unamuniana El arte de morir: internándonos en la "realidad" de algún personaje, penetraremos en un sueño, hasta que descubramos, junto con él, que somos soñados por otro, tal vez por un muerto. Y en Los Otros, somos convocados, junto con los demás, somos títeres movidos también por la mano de la Espiritista ciega... De aquí la sensación de pavor. Pero también la reflexión: también nosotros, como los protagonistas, nos movemos entre tinieblas (¿qué conocemos?) y nos alimentamos de sombras... Y , como Grace, nos aferramos desesperadamente a este lado de la realidad, que hemos de defender a toda costa.

En los minutos finales del vertiginoso desenlace, se confirman nuestras últimas hipótesis, las últimas que quedan en pie, después de que a lo largo del argumento se nos hayan ido destruyendo todas las anteriores: que estamos viviendo dentro de Otra Vuelta de Tuerca, la novela de Henry James, o que los personajes malvados (los tres sirvientes) intentan enloquecer a una mujer frágil de los nervios para llevarla a la destrucción o a la muerte y así lograr sus objetivos (quedar como amos y señores de la mansión, donde sirvieron una vez, hace medio siglo). Estas dos hipótesis son las primeras respuestas que suscitó en mí la película, mientras avanzaba por los nudos de la trama. La revelación final es doble: la de la madre, porque recuerda que mató a sus hijos (interpretados por James Bentley y Alakina Mann) y a ella misma; y la de que todos los protagonistas visibles durante el transcurso de la película "son" muertos, manifestaciones espirituales hechas visibles gracias a la médium, la bruja de ojos velados que celebra sesiones de espiritismo en la casa, años o días después (porque el tiempo no es el mismo para los muertos) del crimen que hizo que huyeran los anteriores criados. Fionnula Flanagan es la magnífica actriz irlandesa que poco a poco ayuda a desvelar el misterio y la que introduce la duda acerca de la lucidez o el engaño de Grace, como en Otra Vuelta de Tuerca hace el ama de llaves. Con ella se sostienen algunos de los diálogos más insinuantes, y pasamos las páginas del pavoroso Libro de fotografías de soñadores del sueño eterno...

Lo único aparentemente cierto y firme, la mansión, con su gran jardín, es también paisaje de ensoñación constante, de misterio creado por la niebla, reino de fantasmas donde lo que creemos real se revela ilusorio, y al revés, los vivos son los muertos, y los fantasmas son los vivos. Cueva de la existencia humana, donde tomamos por real las sombras que proyectan nuestras lámparas. Y donde siempre hay alguna puerta que cerrar a lo sobrenatural, por llamarlo de algún modo...

Esta película encierra un cuento fantástico, según las tradicionales reglas del género que, a diferencia del sobrenatural, presenta la antítesis imaginaria en el mismo plano, sin negar ni afirmar, sin explicación racional ni desenlace lógico: el discurso de Grace, con el que podríamos identificarnos, está viciado, porque es hijo del miedo, de la locura de la madre amnésica, hasta que descubre la verdad, y entonces nos confiesa que ella tampoco sabe más que los niños, ni si el limbo donde transcurren es eterno, como les enseñaba con tanto afán... La incertidumbre de la revelación (que podamos estar muertos, que existen los otros, que la calidad del fantasma es nuestra propia piel, que nosotros somos los fantasmas) se desliza a cierta forma de esperanza si aceptamos esa carencia, esa ausencia que es la muerte, los muertos, y aceptamos para nosotros esa posibilidad. La luz que amenaza de muerte a los niños (muertos) es la de la verdad. Por eso cuando llega la hora de la verdad, sólo gritan despavoridos por la costumbre sin que lleguen a aparecer en su piel las monstruosas llagas de las que habló su madre.

Nuestra forma de conocimiento no es la única: puede incluso ser ilusoria para los Otros, sean quienes sean estos Otros, los intrusos que invaden la casa, el mundo, para echarnos con la revelación de su Verdad. La revelación para el espectador, entonces, tiene otra fase más: hemos asistido -sabemos en los últimos momentos - a una sesión de espiritismo, de un mundo saltamos al otro, ni más ni menos real que el anterior, el de quienes se creen vivos, donde los fantasmas (el niño Víctor) somos nosotros. Los intrusos son los dobles: ¿Quien es más real? ¿Mi doble o yo? ¿Los vivos o los muertos? ¿Lo que fui o lo que soy?


Biblio-Filmografía:

  • Los Otros ("The Others")
    2001, EE.UU.
    Dirección y guión: Alejandro Amenábar.

  • Más allá de los sueños ("What dreams may come")
    1998, EE.UU.
    Dirección: Vincent Ward.

  • El arte de morir
    2000, España.
    Dirección: Álvaro Fernández Armero.

  • The Turn of the Screw, Henry James (1898)


Amparo Arróspide (st0180@acett.org) es española, nacida en Buenos Aires en 1954; traductora y filóloga.
The Barcelona Review. http://www.barcelonareview.com/22/s_aa.htm Nº de enero-febrero 2001. Tres poemas en castellano e inglés, posteriormente traducidos al rumano y publicados en la revista literaria rumana RAMURI, mayo-junio 2001.
Premio del Primer Certamen de Cuentos Café Libertad 8, Madrid, 2001.
"Margaret Atwood en el Corazón de las Tinieblas" (artículo publicado en la revista Espéculo, de la UCM): http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/atwood.html


 

© Amparo Arróspide 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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