ROSA REGÁS:
"Hoy sólo se habla de literatura en los jurados de los premios"

 

Santiago Velázquez

"Es difícil expresar la emoción que siento. Estoy contenta porque voy a conseguir un público amplio, pero, sobre todo, porque voy a poder comprar el único bien personal que de verdad deseo: tiempo". Esta fue la frase con la que la escritora Rosa Regás agradeció la concesión del Premio Planeta de este año 2001, dotado con 100 millones de pesetas, a su novela La Canción de Dorotea. Rosa Regás se presentó al premio con el seudónimo de Brandon B y con el original del texto titulado Secretos del amor oscuro. La novela trata la historia de una profesora universitaria que vive en Madrid y que contrata a una mujer para que cuide a su padre enfermo en una casa de campo. A partir de esta anécdota, Regás elabora una trama de tintes góticos y amores pasionales. "El paisaje de esta novela es la pequeña corrupción de todos los días".

Ha pasado ya algo más de un mes desde que Rosa Regás dijo estas palabras. No hemos podido conseguir la entrevista a través de la editorial Planeta, que delega toda la agenda de encuentros con la escritora en la secretaria de ésta. Finalmente, logramos sacar un hueco en la apretada agenda, repleta de entrevistas y viajes a innumerables ciudades.

La casa de Rosa Regás, situada en el centro de Madrid, es luminosa y envidiable. Por las paredes cabalgan estanterías repletas de libros de todo tipo: desde diccionarios y libros de arte, a novelas y obras de viaje. En los corchos hay fotografías de escritores (Benet, Barral, Regás jovencísima...), estampas familiares y algunas fotos de lugares lejanos. Un cartel en el que aparece una mujer con la camisa remangada y con el brazo flexionado tiene escrito una frase: "We can do it". En la mesa de trabajo, un portátil, un atril y papeles esparcidos. Mientras esperamos la aparición de la escritora, el gato retoza perezosamente en uno de los sillones.

La producción de Rosa Regás es escasa, pero intensa. Ha publicado cuatro novelas: Memorias de Almator, Azul, Luna Lunera y La Canción de Dorotea, con la que ha obtenido el Premio Planeta. Se considera una "joven escritora", pues empezó a escribir hace apenas trece años; dice tener una escritura amarga porque cuando mira a su alrededor ve antes la miseria que la felicidad; y sostiene que la escritura es un arma válida para la lucha constante por la igualdad entre la mujer y el hombre. Regás es una escritora vinculada al grupo Planeta desde hace años. Ganó el premio Nadal de Destino en 1994 con su novela Azul, y Areté ha ido editando su obra. Su primer libro publicado, Ginebra (1987), aparecerá en breve en la editorial Seix Barral. Precisamente, Regás se decidió a escribir por un encargo de Carlos Trías, que le pidió que escribiese sobre la ciudad de Ginebra. "Nunca le agradeceré suficiente que me obligara a sentarme frente a una máquina de escribir".

Aparece Rosa Regás con chaqueta americana negra, pantalón negro y botines. Viene colocándose un amuleto alrededor del cuello. Dice no gustarle demasiado las sesiones fotográficas, pero no queda más remedio. Mientras el fotógrafo busca el encuadre y juega con las luces, Regás va hojeando los papeles de su escritorio y las numerosas invitaciones para actos culturales.

-¿Cuánto ha tardado en escribir La Canción de Dorotea?

-Poco más de dos años. No ha sido un proceso duro. Al principio estoy muy despistada y desanimada. No lo acabo de ver, me da pereza escribir. Veo que lo que he escrito no me sirve para nada, hasta que me empiezo a obsesionar y veo ya la luz. La obsesión es mi inspiración.

-Los últimos premios Planeta los han ganado mujeres: Maruja Torres, Espido Freire, Marcela Serrano. ¿Piensa que se está dando una literatura femenina o que, por el contrario, la literatura no entiende de géneros?

-Siempre me choca que me pregunten esto. No conozco a nadie que lo pregunte cuando han ganado los hombres cuatro años consecutivos. El Planeta lo han ganado 40 hombres y 10 mujeres. Las mujeres están irrumpiendo en todas las profesiones con muchas dificultades, pues nos metemos en un mundo dominado por los hombres. Nuestra lucha por introducirnos en ese mundo y por buscar la igualdad es el doble que la del hombre. Un hombre para ser jefe de Estado debe pasar muchos avatares. Una mujer para ser jefe de Estado tiene que multiplicar esos avatares por diez. En la literatura pasa igual, pues ha estado dominada por los hombres, que han creado una voz a lo largo de la historia difícil de soslayar.

-¿Es difícil acabar con esa voz?

-Es difícil encontrar la propia voz en medio de este bosque de voces de hombre. Los hombres son los que han hablado, hasta ahora, de las mujeres, de las fantasías, etc. Nosotras hemos aprendido de la literatura escrita por hombres. El 90% de nuestras lecturas son libros escritos por ellos. Hemos de encontrar nuestra propia voz, lo que no significa hacer una literatura para mujeres. El Quijote lo escribió un hombre, los protagonistas son dos hombres, y a nadie se le ocurre decir que es una literatura masculina. La literatura es una, los puntos de vista son muchos.

-Ha publicado sólo cuatro novelas. ¿A qué se debe esto?

-Esto significa que he empezado a escribir muy tarde, hace tan sólo diez años. No me puse a escribir hasta el año 89.

Recupero unas palabras de la escritora con motivo de la presentación de la novela Luna Lunera, unas palabras que demuestran el coraje de esta autora catalana y su espíritu trabajador: "Si yo he podido escribir mi primera novela a los 56 años, creo que todo el mundo puede hacerlo. Excepto si se quiere ser bailarina a los 60 años, todas las demás cosas se pueden hacer. Este es un mensaje esperanzador que parezco llevar escrito en la cara. (...). Siempre llega un momento en el que nos queda el tiempo más a nuestra medida, y si tenemos un poquito de coraje, solamente un poquito, empezamos a buscar dentro de nosotros mismos aquello que no hemos realizado todavía en la vida para comenzarlo por fin. Esto es lo que yo hice en su momento: me casé muy joven, tuve muchos hijos, monté una editorial, tuve muchos amigos, me divertí muchísimo, lo pasé muy bien, y, de repente, de pronto, me di cuenta de que había plantado muchos árboles, había leído muchos libros, había tenido muchos hijos pero no había escrito ningún libro todavía, por lo que pensé "como no me dé prisa, me habré muerto sin escribir el libro que quería escribir desde niña".

-Usted, que ha sido editora, ¿cómo ve el actual panorama editorial?

-Lo veo muy distinto. No obstante, ahora lo estoy viendo desde el otro lado de la barrera. Para mí, el mundo editorial de antes tenía unos atractivos que ahora no tiene. Antes, las personas que estaban en el mundo literario y editorial vivían más la literatura, había más preocupación por los temas de calidad y los temas literarios. Nos peleábamos por la literatura. Ahora, los autores no hablan de literatura.

-¿Y de qué hablan?

-De anticipos, de en qué editorial vas a publicar el siguiente libro, de cuántos ejemplares has vendido de la última novela. De literatura, hoy por hoy, sólo se habla en los jurados de los premios, porque defienden o atacan una novela con criterios estéticos. Las editoriales tienen que saber unir la parte comercial con la parte de calidad, un equilibrio difícil de conseguir.

-Usted ha formado parte de jurados tan prestigiosos como el del Príncipe de Asturias, el Nadal o el Alfaguara de Novela. ¿Cree que sirven para algo los premios?

-Un premio sirve para lanzar a un autor desconocido, para que la editorial pueda hacer una gran promoción y le resulte rentable un libro de calidad, puede servir para que un escritor pase de vender 10 ejemplares a 10.000, y para que un autor pueda ganarse la vida con la literatura. Sirve para muchas cosas.

-Ha comentado que en La Canción de Dorotea no estaba tan preocupada por la voz sino por el ritmo de la novela.

-Sí, la voz de la novela la encontré enseguida. Me costó mucho encontrar el ritmo. Pero una vez que lo encontré, se encadenó sólo, igual que la música. Cuando se decide el compás con el que se quiere narrar, se tiene que repetir hasta el final de la obra.

-En el libro se dice que cada uno tiene que cantar su canción. ¿Cuál es la canción de Dorotea?

-Bueno, esta frase que dice el padre de Aurelia es una metáfora que emplea para decir que cada uno puede hacer lo que le dé la gana. La intención con que la toma cada una de las protagonistas no es para hacer lo que les da la gana, sino para descubrir qué es lo que les da la gana hacer, que es otra cosa. Las dos protagonistas quieren cantar la canción de Dorotea, no las suyas.

-¿Y cuál es la canción de Rosa Regás?

-Aún estoy buscando mi canción. A veces, creo que la he encontrado, porque he tenido suerte y tengo los dos objetivos que ansiaba en mi vida: una familia y cinco hijos espléndidos. Soy una escritora joven, y aún me queda mucho por recorrer.

-Durante su vida ha estado muy relacionada con el grupo poético de los 50 (Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, etc). ¿Le han influido a la hora de escribir?

-Espero que sí. Pero no podría decir en qué momento me han influido más y quién lo ha hecho más también. Quizá tenga alguna imagen poética de ellos. No lo sé. Mi formación literaria se debe en buena parte a este grupo, con el que estuve más de ocho años trabajando a diario y hablando todas las tardes de literatura. También me han influido Benet, Proust, y otros autores a los que he recurrido frecuentemente. Me he acostumbrado a leer a Proust cuando escribo, para que el ritmo del lenguaje de otro autor no me influya. Lo he leído tanto que no me importa abrir una página al azar y ponerme a leerlo sin más. Proust es capaz de fabular de un modo diferente sobre la memoria y crear un mundo propio lleno de ternura y sensibilidad. Hace milagros con el lenguaje y con las metáforas. Yo cuento historias, y no sé analizar cómo las escribo y qué influencias han pesado sobre mí. A veces, cuando leo una crítica, descubro algo en lo que no me había fijado. Generalmente, cuando me pongo a escribir tengo escenas de las que voy tirando hasta que sale el hilo. No suelo tener un argumento cerrado.

Y es que Rosa Regás ha comentado en multitud de ocasiones que para ella "hablar de su novela es un ejercicio casi más duro que escribirla, porque cuando uno escribe, lo hace en un espacio recóndito y escondido, y no tiene a nadie quien le escuche; y cuando una cosa no sale bien, la puede borrar y puede volver a empezar; no tiene más que buscar y hurgar dentro de sí mismo". Afirma que no sabe muy bien cómo explicar estas cosas: qué supone en ella su propia obra, por qué ha escrito tal libro y tal otro. Cuando se le pregunta por esto, contesta un tanto evasivamente. A nuestra pregunta de a quién destacaría de la actual narrativa española, prefiere no responder.

-En la presentación de las novelas del Premio Planeta, Marcela Serrano dijo que en España ya no hay lugar para la palabra compromiso. ¿Piensa que esto es así?

-No. Yo no sería tan tajante. Yo sí soy una persona que intento estar comprometida con todo. Lo que es inconcebible es que los grandes asesinos de la Historia, como Bush o Sharon, se alcen en nombre de la ley y del orden y que nadie levante una voz para denunciarlos. Cuando escribo veo antes el sufrimiento y la amargura que la felicidad.

Lo dice una mujer que ha sido de todo en esta vida: madre de cinco hijos, abuela de once nietos, colaboradora de prensa, fundadora de una editorial llamada La Gaya Ciencia (donde publicaron Félix de Azúa, Gimferrer, Álvaro Pombo, Benet y una lista inacabable de buenos escritores); traductora temporal para la ONU (trabajó con contratos de meses en Ginebra, Nueva York, Nairobi...); dirigió la Casa de América de Madrid, que dejó por discrepancias en la gestión; fundó y dirigió la Revista Arquitectura Bis y la Revista Cuadernos de la Gaya Ciencia; ha vivido en muchas ciudades, lo que le ha dado, según confiesa, una perspectiva vital importante. Aunque empezó tarde, Rosa Regás ha recibido ya los premios Nadal y Planeta. Aún así, sostiene que aún no ha escrito la novela de su vida.

Mientras nos colocamos los abrigos en el umbral de su casa, Rosa Regás sale amablemente al descansillo para llamar al ascensor. Nos abre la puerta y nos despide con una sonrisa en los labios. También su gato ha salido a despedirnos.

 

© Santiago Velázquez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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