La escritura testimonial chilena
Una cartografía de la memoria

Rossana Nofal
Universidad Nacional de Tucumán


 

   

Inicialmente, esta modalidad escrituraria surge en Chile, de manera más o menos espontánea motivada por exigencias prácticas tales como alegar en foros internacionales relaciones escritas de los sucesos objeto de un escrutinio legal, durante la década del ’70. Me interesa revisar en este punto las delimitaciones propuestas por dos críticos chilenos: Juan Armando Epple y Lucía Invernizzi al momento de definir los orígenes del género y la construcción de un sistema literario latinoamericano.

En su artículo sobre el tema afirma Juan Armando Epple (1994) que en Chile existía desde la colonia una literatura testimonial registrada esporádicamente. Este corpus indefinido de textos incluía memorias de una historia colectiva y autobiografías. La preocupación por delimitar los antecedentes que esta forma discursiva llevó a los críticos chilenos a revisar la tradición literaria latinoamericana llegando a postular que, ya en sus orígenes, esta literatura tenía una fuerte impronta testimonial. En el artículo "Antecedentes del discurso testimonial en Chile" (1988), Lucía Invernizzi traza las genealogías del género y emparenta las crónicas y relaciones de la conquista con el testimonio dada la situación de marginalidad y postergación relativa que estos textos sostienen con el centro del poder. Para la autora, los testimonios, al igual que los textos coloniales, supone una probanza en "defensa de una causa justa elevada ante algún tribunal de la conciencia". La genealogía del género se inicia con el libro de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz y razón individual de las guerras dilatadas del reino de Chile (1663).

Invernizzi define la obra de Pineda y Bascuñán como un espacio de convergencia e integración de los sentidos plurales del testimonio: narración de los hechos vistos por un testigo después de vivir una experiencia de cautiverio decisiva. El propósito principal de Cautiverio feliz... es "hacer patentes las verdades a cerca de la guerra de Chile, de los trabajos de los auténticos servidores del rey"; el relato se enuncia desde la perspectiva de viejos soldados postergados por gobernantes ineficientes e historiadores mentirosos.

Para Epple, el texto de base testimonial que inaugura la literatura chilena republicana es el del criollo Juan Egaña, El chileno consolado en los presidios (1826) que da cuenta de su experiencia en el presidio de la isla Juan Fernández durante el período independentista. El libro está estructurado en torno al tópico de la traición política. La experiencia de la prisión se convierte en la razón de una identidad extrañada, de un exilio espiritual desde donde se elabora una propuesta de gobierno: la utopía republicana de la aristocracia criolla. De acuerdo a la organización histórica de la literatura chilena propuesta por el crítico, la guerra civil de 1891 es un hecho determinante en la constitución de una literatura nacional en tanto genera un apasionado memorial de cartas, diarios de campaña y relatos testimoniales: informes y memorias personales. Los conflictos políticos de las primeras décadas del siglo XX determinan la elección de una opción discursiva testimonial; es particularmente importante citar aquí el texto de Volodia Teitelboim, Hijo del salitre (1952), testimonio ficcionalizado sobre el que gravita como modelo narrativo el paradigma de la novela realista.

En cuanto a los antecedentes coloniales del género, es importante reiterar aquí la imposibilidad de homologar ambas producciones; esta comparación desdibuja el perfil genérico del testimonio, ya que en el período colonial no se puede hablar de una episteme discursiva autónoma ni de una producción intelectual sino en función de avalar una retórica de la persuasión destinada a hacer valer la experiencia y la voz del testigo frente a la versión del funcionario imperial.

Creo que sólo a partir de la década del ’70 puede hablarse del testimonio como género con marcas propias, susceptible de codificarse como una categoría literaria. En este período creo importante señalar dos acontecimientos como los antecedentes más definidos del testimonio en Chile; en primer lugar del seminario sobre literatura y testimonio dirigido por Bernardo Subercaseaux en la Universidad de Chile en 1971, y, en segundo lugar, la edición del libro de Jaime Londoño, Patricia Stambuck y Bernardo Subercaseaux, Gracias a la vida. Violeta Parra, Testimonio de 1976. Pero es sin duda la experiencia del golpe militar de 1973 la que activa la necesidad de un registro testimonial como un hecho radicalmente nuevo, desconectado de la tradición escrituraria precedente. El primer texto testimonial de esta nueva etapa es el discurso del Salvador Allende pronunciado el 11 de setiembre de 1973 durante el bombardeo de las Fuerzas Armadas a La Moneda. Esta voz, que se fractura por las interferencias en la radio, está marcada por tres rasgos fundamentales que definen el género testimonial: a) La convicción de que la voz se ejerce desde una coyuntura dramática de la historia; b) un discurso organizado por un sujeto que es a la vez testigo y actor de los hechos y c) la voluntad de hablar no contra otro discurso, sino contra el silencio de una de las versiones en conflicto.

 

ESCRIBIR LA HISTORIA. ESCRIBIR EL TRAUMA.
EL TESTIMONIO CHILENO EN LOS ’70: DOS HISTORIAS PARALELAS.

En el análisis de la genealogía del género es importante comparar la reconstrucción de la huelga obrera de 1907 en el Norte Grande Chileno a partir de la relectura de dos textos: la Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis y el grupo Quilapayún1 (1970) y el libro de Eduardo Devés, Los que van a morir te saludan. Historia de una masacre, Escuela Santa María de Iquique, 19072 (1987). Ambos textos son versiones de una historia de derrota y una definición del lugar del intelectual, construyen hipótesis sobre los hechos del pasado para interpretar el presente de la historia chilena. Comparten el estatuto de textos documentales pero su pertenencia a alguna institución cultural particular es difusa. Gozan de una legalidad situada en los márgenes; textos bastardos, excéntricos en todo sistema. A diferencia de los otros textos del corpus testimonial chileno, sus protagonistas no hablan desde su condición de testigos, sino que la modulación individual del decir está construida en la escritura.

Si bien son objetos disímiles están emparentados por la naturaleza y la intensidad del efecto de su recepción, permiten repensar la relación entre la oralidad y la escritura en torno a la contradictoria construcción de un mismo hecho. En el momento en que se enuncia, la voz tiende a despojar al signo lingüístico de todo lo que tiene de arbitrario, lo motiva con la presencia de ese cuerpo del que emana. A diferencia de la oralidad inicial de las entrevistas testimoniales, la vocalidad puesta en acto de la Cantata disimula su propia organicidad bajo la máscara del sujeto que graba su voz. A la temporalidad de lenguaje, la voz impone su densidad y su verticalidad en el espacio de la representación. En Los que van a morir te saludan, el modelo de escritura testimonial es fundamento en la construcción del discurso de identidad y representación imaginaria del pasado. Historia que se inventa a sí misma en el acto de imaginarse hasta su propio archivo en la cultura.

Cómo no evocar la sombra terrible de Facundo, de la mazorca, y de quien fue modelo de caudillos bárbaros (...) Claro, no soy Sarmiento, ni su genialidad, ni su tiempo romántico me han sido dados. No puedo hacer sus mismas preguntas, no puedo evocar al epónimo de los mazorqueros, quizás en primer lugar porque nuestro mazorquero mayor vive aún. Su cáncer no ha sido todavía su Barranca Yaco; dicen que no quiere morir en el lecho de enfermo sino que en su propia ley: la de bala cuchillo y parrilla. (13)

Devés se apropia de la dicotomía cultural civilización y barbarie construida por Sarmiento en la Argentina como clave para comprender a las figuras de su tiempo. El bárbaro, heredero del linaje de Facundo, ocupa la esfera política del presente con el nombre de Augusto Pinochet y la palabra cáncer enmascara la identidad obvia del mazorquero chileno. Hay una clara voluntad de construir la idea de civilización como un bien perdido en la contemporaneidad y de rastrear los orígenes de este exterminio. Devés y Advis indagan los territorios culturales dentro de los cuales capitalistas y pampinos se relacionan, ambos delimitan la matanza como la escena inaugural de la violencia en Chile, marcas que persisten bastante tiempo después. Los que van a morir te saludan fue escrita durante la dictadura, "el tema de la muerte era una obsesión" (14), y el objetivo inicial es cambiar un poco la visión autoritaria de la historia: proyecto para una nueva generación de historiadores.

La Cantata popular Santa María de Iquique de 1970, con un tono decididamente político, con claras delimitaciones de interlocutores y enemigos, se dibuja con un objetivo puntual: el de rescatar del olvido un episodio borrado de la historia oficial. Todas las tramas narrativas de las composiciones tienen que ver con la épica. Los temas están expuestos en un contexto polifónico donde los motivos melódicos, vocales e instrumentales se entrelazan en una idea común. Este procedimiento se utiliza a lo largo de la obra, modificando la tonalidad desarrollando los temas, cambiando el tempo o realizando superposiciones polifónicas. Los compositores trabajan con la idea de mezcla de sonoridades distintas como las del violoncello y la quena o del contrabajo y el charango. Si bien se conserva el bajo, a modo de apoyo, se agregan a él dos guitarras, dos quenas, un charango y un bombo. Considero que la obra está marcada por la tesis del mestizaje cultural característico del imaginario latinoamericano. Hay una clara voluntad de síntesis de distintas manifestaciones culturales en nombre de una producción popular. En el pregón inaugural se anuncia el relato de una parte olvidada de la historia:

Señoras y señores/ venimos a contar/ aquello que la historia/ no quiere recordar/ (...) Seremos los hablantes/ diremos la verdad/ Verdad que es muerte amarga/ de obreros del salar (...) Recuerden nuestra historia/ de duelo sin perdón/ por más que el tiempo pase no hay nunca que olvidar.

En el inicio quedan delimitados dos marcas discursivas constitutivas del discurso testimonial: la enunciación oral y la voluntad de verdad. Otro elemento interesante es la recurrencia del pasado para la interpretación del presente, la historia hace hablar a los cuerpos de los obreros que callaron en el Norte Grande; la voz del relator busca los fantasmas de la historiografía oficial, los honra y, de alguna manera, los entierra. La composición musical trata de probar que desde el lugar donde se produce la voz, se puede comprender el pasado por medio de un extraño procedimiento que impone la muerte y que se repite muchas veces en el discurso, procedimiento que niega la pérdida, concediendo al presente el privilegio de recapitular el pasado en un saber.

Devés también escribe como una provocación a los silencios, denuncia todos los signos de la clausura interpretativa; el discurso se inaugura con un enunciado imperativo "Hay que correr un tupido velo" que tapa, oculta con cuidado verdades peligrosas que vienen a cuestionar la existencia y el imaginario de convivencia armónica; develar es, esencialmente la misión de los oprimido, de aquel que escandaliza con su sola presencia: mirar esa contracara de la realidad es la misión de intelectual. Pero, la forma de relato que utiliza no incluye las voces de los "otros" absolutos que son los obreros del salitre; no hay testimonios orales de la masacre y los testimonios se reducen a transcripciones de diarios y panfletos de la época. Por ejemplo enunciados del tipo "hay también diversos testimonios que se refieren a la presencia de agentes provocadores. El periódico El trabajo del día sábado 21 denunciaba "la intromisión de ociosos e intrusos en las filas de los obreros reclamantes". Las dos partes elaboraron representaciones opuestas del suceso. El autor contrapone además distintas versiones de los cronistas (sobre todo referidas al número de obreros en Iquique") o las tres versiones del ambiguo discurso de Eastaman "que venía a castigar a la plebe que se había alzado contra sus amigos salitreros".

Devés habla desde la posición de un intelectual que intenta la "reconstrucción" del pensamiento subalterno. A pesar de la mezcla de géneros anunciada inicialmente como "historia, literatura y mito", se trata de un discurso histórico, cuidadosamente documentado. La pregunta es, cuál de las dos propuestas revisionistas está más cerca de la enunciación obrera de los hechos. En la historia de la masacre los recortes borran los nombres de los sujetos y las voces testimoniales tienen una clara elaboración de su cronista.

Habló después un joven obrero en cuyo rostro se retrataban claras y precisas las huellas del sufrimiento por la larga caminata. Trataremos de estampar aquí su improvisación lo mejor posible, dijo: "Compañeros, las grandes causas han tenido ardientes contradicciones y muchas veces se han visto perdidas porque la elocuencia de los grandes hombres ha arrebatado a las masas. Yo, modesto obrero de la pampa, átomo insignificante dentro de la sociedad general, levanto mi voz para rebatir la elocuencia arrebatadora del señor Viera Gallo (75).

La misma sensación de anonimato aparece en la cantata: "verán a la mujer y al fogón mustio/ el obrero sin cara, el niño triste/". Se reedita así la idea de la palabra engañadora y falsa de los dirigentes; inicialmente el texto denuncia las relaciones con el poder que mantiene Abdón Díaz, organizador y Presidente de la Sociedad Gran Unión Marítima de Iquique.

Si se examina la obra de Advis en su totalidad, se descubre una estructura de actitud y referencia, un nudo de afiliaciones, conexiones, decisiones y colaboraciones que pueden leerse como si hubiesen impreso un juego entero de notaciones fantasmales sobre el texto musical. En Los que van a morir te saludan, el relato de la historia asume las digresiones: el historiador entra y sale de su discurso, mezcla su voz con recortes periodísticos. "Retomamos el hilo de nuestra narración: lo que ocurría en Iquique en los primeros días de diciembre" (49).

Devés desmonta fundamentalmente la falsedad de los argumentos con los que se construye al enemigo. Al dar la orden de desalojo, el Intendente realizar otra operación en el imaginario de su auditorio: identifica a los huelguistas obreros con el mal. No basta con señalar que no deben permanecer en Iquique en tanto alteran la rutina de la calle Baquedano: hay que concebirlos como violentos enemigos de las vidas y las propiedades. Tensa al máximo los mecanismos interpretativos: el Intendente Eastman representa el bien; los obreros, el mal; en consecuencia, el bien debe imponerse sobre el mal por el único medio posible: la fuerza. La cuestión de la interpretación está ligada al problema de los intereses. Hay un ejercicio de la lógica racional para reducir y reconstruir al nativo como alguien a quien administrar y gobernar; el ejercicio de poder supone observar, gobernar, retener y beneficiarse en el puerto de pueblos y territorios alejados. El mismo gesto aparece en la composición de Advis:

Desde un balcón le habla con dignidad/ Esto es lo que les dice/ el General/ "Que no sirve de nada/ tanta comedia/ Que dejen de inventar/ tanta miseria/ Que no entienden deberes,/ son ignorantes,/ que perturban el orden, / que son maleantes./ Que están contra el país,/ que son traidores/ Que roban a la patria,/ que son ladrones/ Que han violado mujeres,/ que son indignos,/ que han matado a soldados,/ son asesinos. (Relato)

Devés relata la ocupación geográfico de los obreros y el extrañamiento frente a lo otro. El arte de la narración y la observación se impone sobre los territorios ocupados por el salar, dominados por un difuso Ministerio del Interior, por patrones y gobernantes que ordenan "reprimir con firmeza al principio". (76); los pampinos llegados a Iquique parecen condenados a no escapar jamás y a continuar siendo para siempre creaciones a medida de la voluntad de la Oficina.

Acostumbrados a verla rebosante de damas hermosas y elegantes, a esa hora la veíamos llena de rotos fornidos y corpulentos, llevando en sus rostros tostados por el sol de la pampa, las huellas de una larga y pesada caminata a pie. (73)

En la Cantata la ciudad se presenta como un espacio que promete esperanzas de cambio: Dicen que Iquique es grande/ como un salar,/ que hay muchas casa lindas,/ te gustarán. (Canción. Solo: Rodolfo Parada) Pero este lugar les dará la espalda protegiendo sus antiguos linajes. La calle principal se convierte en un campo de batalla, en un escenario del drama en donde se enfrentan las distintas concepciones políticas. Devés también denuncia la poca claridad de la lucha obrera: se había decidido bajar a Iquique pero no esta muy claro cuánto tiempo permanecer allí; la gran huelga aparece masiva, compacta, esforzada y grandilocuente, pero incapaz de tomar una iniciativa de acuerdo a los nuevos acontecimientos ocurridos en la ciudad.

La Cantata prioriza los tonos de lamento y la construcción de los personajes como víctimas inocentes de una sinrazón, no expone las contradicciones ideológicas de la lucha. En ambas versiones la huelga se construye como un movimiento pacifista; La cantata no muestra dos mundos en conflicto sino que expone cuidadosamente el enfrentamiento entre obreros y patrones y las contradicciones de ambos grupos: la clase dirigente, los gremios, el balmacedismo del norte. La Historia es un discurso en tercera persona, nadie está allí para asumir el enunciado. En la versión de Advis, el mundo de héroes y villanos queda expuesto en una polifonía musical. La presencia de mujeres y niños dan un mayor dramatismo trágico a los acontecimientos.

En ambos textos el presente y el pasado se informan mutuamente, cada uno implica al otro; el modo en que se formula o se representa el pasado modela nuestra comprensión y perspectiva del presente. El discurso sobre el pasado tiene como condición ser el discurso de los muertos del presente, la violencia inscripta como huella permanente de un comienzo tan difícil de encontrar como de olvidar.

Quizás mañana o pasado/ tal vez en un tiempo más, / la historia que han escuchado/ de nuevo sucederá./ Es Chile un país tan largo, / mil cosas pueden pasar/ si es que no nos preparamos/ resueltos para luchar (Canción Final. Coro)

Señalaba un poco más arriba, cómo determinada ideas había dificultado a los huelguistas en 1907 la comprensión del mismo acontecimiento en que se encontraban comprometidos, y cómo determinadas actitudes había impedido obrar con la suficiente eficiencia. Errores y torpezas provinieron de una fuente más o menos común y sobre ella se revirtieron; de ahí el fracaso del movimiento popular de Tarapacá a comienzos de siglo. En 1973 no fue tan diferente, hoy día tampoco lo es tanto. (193)

Los textos juegan con las analogías; La Cantata interpela a los imaginarios revolucionarios de los años 70, la historia revisa las causas de los fracasos de ambos movimientos. A pesar de las trampas de las que está plagado el camino de todo retorno al pasado, el punto de vista de la recepción de los textos nos acerca a la percepción de los sujetos que escuchan otra versión de la historia. La oposición definitoria entre ambos tiene que ver con la vocalidad de la Cantata, en donde la voz es siempre activa y la escritura de la historia, con su economía interna y su gramática. Están marcados por una concepción hiperbólica de la alteridad, utilizan fragmentos de experiencia contemporánea como reveladores: proyección del pasado en el espacio moderno, que acarrea a cada instante una vuelta crítica a ese pasado como tal. La voz de los obreros y la construcción documental de su huella interesan aquí por la importancia de lo que dicen en tanto voz perdida y olvidada.

 

LA DICTADURA Y EL COMPROMISO TESTIMONIAL:
LA ESCRITURA DE PATRICIA VERDUGO

Al revisar las posiciones de los críticos y de los escritores frente al género testimonial, puede afirmarse que no posee marcas propias, absolutamente diferenciadas; el género puede leerse como una de las modulaciones de un trabajo de investigación periodística.. A diferencia de la Argentina, en Chile no hubo un juicio civil al gobierno militar. Ante este vacío de información, las investigaciones periodísticas han dado cuenta de las acciones represivas. La presencia del general Pinochet en la escena política de la nación y la aplicación de la ley de amnistía han impedido, en Chile, la investigación judicial de los hechos.

Lo que solía llamarse "periodismo interpretativo" en tanto relación empírica de los hechos puede señalarse como una frontera, con límites ambiguos, entre el discurso testimonial y el discurso histórico. Se destaca aquí el libro de Patricia Verdugo, Los zarpazos del Puma, editado en Santiago, por la Editorial Cesoc en 1985 en una coyuntura de ruptura del régimen militar. Al poco tiempo de su aparición se convirtió en un bestseller agotado, sin contar las innumerables ediciones piratas que circularon. Se trata de una investigación periodística destinada a esclarecer uno de los hechos más tenebrosos de la represión militar: el asesinato de setenta y dos presos políticos que estaban confinados en varias cárceles y recintos militares clandestinos, ajusticiados al margen de todo proceso legal, por una "comisión especial enviada desde Santiago al norte de Chile, denominada posteriormente "caravana de la muerte", encabezada por el general Sergio Arellano. La comitiva estuvo en numerosas ciudades: Valdivia, Temuco, Linares Cauquenes, Talca, la Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama. Las 72 muertes se distribuyen en cuatro ejecuciones en Cauquenes, La Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama; esta es la geografía del reportaje de patricia Verdugo. La periodista trabaja con las historias particulares de cada uno de los ciudadanos detenidos que "habían confiado en sus compatriotas uniformados y en las leyes de su país" (7). Todos estos hombres, integrantes de los cuadros políticos del gobierno de Salvador Allende, se habían presentado voluntariamente ante un llamado hecho mediante un bando militar o no habían puesto resistencia alguna a la detención practicada en su casa o en su lugar de trabajo.

La indagación confronta las versiones testimoniales de los familiares de las víctimas con las de los militares de cada una de las regiones que estaban a cargo del cuidado de esos prisioneros; las distintas versiones de las víctimas dan cuenta de una baja captación de miedo ya que este crimen masivo se define, por lo general, como una violación de la confianza de los ciudadanos en las fuerzas militares. Puede citarse el relato de Josefina Cruz, madre de una de las víctimas, en el que las figuras de los culpables, Pinochet y Arellano aparecen rodeadas de un aura de admiración en el primer momento del golpe militar. "Y yo pedí la intervención de los militares, los admiraba" (110). Los caídos aparecen como "víctimas propiciatorias" de una táctica guerrera recurrente en la tradición bélica represiva del cono sur: la del fusilamiento nominal como lección y escarmiento para las conductas políticas de los grupos sometidos a la disciplina del vencedor.

Los Zarpazos del puma conserva la estructura del reportaje: están claramente diferenciadas las preguntas de la entrevistadora y la voz de los informantes. El compromiso intelectual se asume como una postura objetiva y distanciada para leer el pasado; frente a la orfandad epistemológica del testimonio, la crónica de los hechos asume un papel estructurante de la narración. Patricia Verdugo recorre el itinerario de la caravana y enfrenta las distintas voces de los protagonistas. La polémica principal tiene lugar entre los testimonios del general Joaquín Lagos, a cargo de la jurisdicción de Antofagasta, y el testimonio del Oficial Delegado, general Sergio Arellano, que no habla directamente sino a través de su hijo3.

La carrera militar del general Joaquín Lagos había terminado por su propia decisión. Estaba claro para la Junta Militar, que no se podía contar con él para las tareas de represión clandestina que exigía la toma total del poder. En febrero de 1974 fue trasladado a Santiago y, ocho meses más tarde, fue llamado a retiro. Trece años después, decidió relatar en detalle lo sucedido al periodismo, en carácter de declaración jurada. Lagos afirma no haber podido hacer nada frente a las órdenes que traía desde la capital la "caravana de la muerte". ("¡Qué barbaridad, a mis espaldas masacrar a catorce prisioneros indefensos!" 175) En la entrevista con Patricia Verdugo Desmiente las fugas inventadas por el oficialismo y denuncia los fusilamientos sin ningún Consejo de Guerra, y expresa su obsesiva preocupación por entregar los cuerpos de las víctimas a sus familiares. Públicamente decide mentir para conservar su "ascendiente sobre la ciudadanía" (175). En octubre del ’73, decidió separar a las víctimas en grupos, dando la impresión de ejecuciones separadas. Luego, para cuatro casos, víctimas que no pudieron ser entregadas a sus familiares por las evidentes marcas de la tortura en sus cuerpos, usó el término "extremistas" para iniciar un expediente sobre los presos fusilados a causa de haber planeado asesinatos en masa en Antofagasta.

En las entrevistas de Verdugo, Arellano no asume responsabilidades y defiende la tesis de la fuga para justificar las muertes; tesis avalada por sus superiores y por la prensa oficial4. En cuanto a los abusos, se disculpa argumentando que el general Arredondo, su subordinado, había actuado por iniciativa propia y sin su autorización. Verdugo se aleja de su espacio autorial y cita el enfrentamiento entre Lagos y Arellano5. El duelo entre ambos se explicita y la respuesta de la periodista se repliega al interior del texto: la sospecha se expande sobre ambos relatos. La narradora cambia el rol de periodista y se convierte en denunciante; con preguntas sucesivas sobre los hechos crea un clima de hostigamiento contra los protagonistas de la campaña: Arellano es el ejecutor de órdenes difusas y Lagos, aunque argumente su inocencia, también es declarado culpable por su pasiva actitud de no actuar frente a los que considera una sinrazón. El libro ocupa el tiempo de la desconfianza y prueba que toda la interpretación histórica de las acciones de la caravana, dependerá del sistema de referencias articulado por la prensa oficial.

Los zarpazos del puma construye su verdad con recortes de citas, glosas y largos fragmentos testimoniales de declaraciones oficiales y documentos siempre entrecomillados; Sin embargo estos recursos parecen no garantizarla, tampoco lo hace el narrador neutro y objetivo característico del discurso periodístico. El efecto de verdad está legitimado por la referencia a dos textos que fundamentan los enunciados de Verdugo. Me refiero a las constantes referencias a la Memoria oculta del régimen militar de Cavallo, Salazar y Sepúlveda y el Informe Rettig elaborado pro la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación creada por el Decreto Supremo Nro. 355 del 25 de abril de 1990 por el gobierno de Patricio Aylwin.

Memoria oculta... es un trabajo histórico construido con materiales diversos, sin héroes y sin voces definidas por el centro autorial del relato. Se trata de un relevamiento de cárceles y de acciones represivas de la dictadura militar, el material documental se completa con un desarrollo de los movimientos revolucionarios en Chile, especialmente hay detalles sobre las acciones y objetivos del MIR hechos omitidos en los largos reportajes de Verdugo, centrados fundamentalmente en la política gubernamental de la Democracia Cristiana.

La historia se inicia en el portal de La Moneda, la medianoche del 11 de setiembre de 1973. Mediante un sutil juego de simulación de la oralidad, los autores dejan la lengua monstruosa del lado de los militares. El libro también reconstruye el plan económico del "grupo Chicago", las consecuencias de la devaluación, las relaciones internacionales del gobierno y la oposición a la dictadura, centrada fundamentalmente en los Estados Unidos. La mayor cantidad de las fuentes documentales proviene de la Vicaría de la Solidaridad y de los testimonios de familiares de los detenidos-desaparecidos, aunque no hay en el relato posiciones subjetivas y el límite es la transcripción de toda información que pueda ser probada documentalmente.

Los autores trabajan con la idea de "inventario" de personas desaparecidas, de lugares clandestinos de detención, de cárceles, de estadios, de regimientos de buques y de islas en las que se aglomeraron los detenidos. En cuanto a los números de víctimas, hay una marcada diferencia entre los datos de Memoria que habla de 45.000 desaparecidos durante el primer mes de la dictadura y un proceso represivo sin ninguna coherencia y el reportaje de Verdugo que habla de 3.000 desaparecidos durante todo el régimen. Los zarpazos del puma apela a la Memoria cada vez que quiere validar sus enunciados históricos; Sirve además para contrastar con un documento escrito, los testimonios orales de los familiares de las víctimas. Es el relato maestro sobre el cual se apoya el testimonio, quien por otra parte intenta borrar su categoría de texto apócrifo.

Intentando averiguar de qué Lira habla el general Arellano encontré unas pocas líneas en el libro "La historia oculta del régimen militar". En la página 28, refiriéndose a los prisioneros de Copiapó, dice: "uno de los detenidos, el gerente personal del mineral de cobre El Salvador, Francisco Lira, había sido rescatado por una mano amiga desde la cárcel. Cuando viajaba en un bus rumbo a Santiago, escuchó por radio que sus compañeros habían sido fusilados (154)

El segundo texto con el que establece relaciones los Zarpazos del puma es el Informe Rettig, testimonio oficial de la represión. Verdugo impugna, fundamentalmente, los condicionamientos con los que trabajó la comisión de investigación y el mandato de no indagar más allá de los límites diseñados por la ley de Amnistía dictada por el General Pinochet para los crímenes cometidos entre 1973 y 1978; sin embargo cuando el libro Los Zarpazos... se ve querellado por la justicia, enarbolando la tesis de que el decreto – ley de amnistía impide toda investigación Verdugo esgrime, como argumento principal de su defensa ante las acusaciones de calumnias e injurias, que su libro no contradice las conclusiones del Informe Rettig. La autora adjunta documentos emitidos por el presidente de la Cámara de Diputados para avalar la similitud de criterios y conclusiones de ambas investigaciones.

De ningún modo el Informe de la Comisión de Verdad y reconciliación o Informe Rettig es contradictorio con el libro (...) El mismo Informe Rettig señala, a modo de conclusión sobre esta materia, que "no cabe discutir que este viaje al Norte, con su carácter oficial y extraordinario, con la altísima autoridad –emanada de la Comandancia en Jefe- que lo presidía, con su secuela de impactantes ejecuciones sin proceso, y su ostentosa impunidad, no pudo dar a los oficiales de las Fuerzas Armadas y de Orden sino una sola señal: que el mando era uno solo y había que ejercerlo duramente." (348)

Ambos textos comparten argumentos similares en lo que se refiere a la negación de la tesis oficial de las amenaza insurreccionales; ambos afirman que la conquista del poder político en Chile tuvo lugar y se consolidó en pocas horas; por el contrario, la Memoria explicita la importancia de los movimientos clandestinos hasta mucho tiempo después de consolidado el poder militar en Chile. A pesar de las diferencias, especialmente centradas en los procesos autoriales de la construcción del relato, la investigación periodística de Verdugo y la investigación oficial de informe, puede hablarse documentos similares, negando, para ambos libro, el término testimonio en tanto género con marcas particulares. Con mayor o menor tensión ninguno de los dos desafía los límites oficiales de la investigación, el mandato presidencial de investigar hasta "lo posible" , establecer sólo los hechos, identificar a las víctimas y obviar los nombres de los victimarios ya que la Comisión no podía ejercer facultades que sólo competen a los tribunales de la Justicia, por lo que estaba impedida "a pronunciarse sobre la responsabilidad que con arreglo a las leyes pudiera caer sobre personas individuales". (291). La demanda de Verdad y Justicia proclamada durante 17 años por los familiares de las víctimas tenía el límite demarcado por la presencia del general Augusto Pinochet como comandante en jefe del ejército hasta 1997, según lo establecido por los artículos transitorios de la Constitución que él mismo hizo aprobar en 1980. "Lo posible" se limitó entonces a establecer lo ocurrido en cada caso y dar a las víctimas el carácter oficial de tales, para luego buscar mecanismos de reparación. De este modo, como los asesinos habían actuado en calidad de "agentes del estado", debía ser el Estado el que reconociera las culpas y pagara indemnizaciones a las familias de las víctimas.

Patricia Verdugo, si bien en algunas zonas del libro critica el informe por lo limitado de sus alcances, no se presenta como una querellante con nuevos argumentos. Desarrolla, con la inclusión de un mayor número de testimonios, uno de los puntos anotados en el Informe pero sin borrar su espacio autorial fuerte y sin elaborar el material de las entrevistas desarrollado fuera del tiempo de la grabación; ninguno de los informantes se convierte en protagonista de su relato y su voz está siempre citada por la de su autora. Para pensar el género testimonio en Chile, independientemente de las versiones periodísticas y oficiales de los hechos, conviene revisar otras modulaciones de la historia.


Notas:

  1. Héctor Duvanchelle, Relator. Sello: Alerce la otra música, 1993.

  2. Santiago: LOM, 1987.

  3. "Con el general Sergio Arrellano sólo pude hablar de lo sucedido en Cauquenes a través de su hijo, el abogado Sergio Arellano Iturriaga, su vocero autorizado. Por más de un año reiteró mis reiteradas peticiones de entrevista directa. Reconoció que en su comitiva había estado el coronel Sergio Arredondo, quien pertenecía a su misma guarnición, durante un viaje en que llegaron hasta Concepción. No recordaba a ningún otro miembro de esa comitiva. (Los zarpazos del puma, p.90)

  4. "Diario "Atacama" de Copiapó, Jueves 18 de octubre de 1973... FUGA FRUSTRADA DE REOS QUE SE ENCUENTRAN DETENIDOS POR LA JUSTICIA MILITAR... (...) Basándose en dicho bando militar, la siguiente información apareció en el diario "El Día", de La Serena, el mismo 18 de octubre de 1973. A 23 kilómetros de Copiapó REOS POLÍTICOS MUEREN EN UN INTENTO DE FUGA. Trece fueron los que cayeron en esta acción suicida. (Los zarpazos del puma, p. 140-142)

  5. "Enfrentado con el general Arellano, le enrostré su actitud criminal y le manifesté mi indignación por esos crímenes cometidos a mis espaldas en un lugar de mi jurisdicción. Se disculpó diciendo que el comandante Arredondo había actuado por iniciativa propia y sin autorización. Me molestó de sobremanera este subterfugio con el que se declaraba poco menos que inocente y asignaba responsabilidad a un subalterno, en circunstancias que el jefe de la comitiva era él, el propio general Arellano. Le agregué que no encontraba adjetivo para calificar lo hecho, que había invadido mis atribuciones y responsabilidades, dando muerte a gente que aún estaba procesada, con derecho a las instancias que la justicia militar, incluso en tiempo de guerra, consigna en su legislación: proceso ante el fiscal militar, defensa de los inculpados y, por último, Consejo de Guerra y sentencia del Juez Militar, que en este caso era yo, que debía pronunciarme en conciencia. Le añadí que lo hecho constituía un crimen tan monstruoso como cobarde, pues se había dado brutal muerte a gente indefensa, sin que mediara sentencia alguna del Juez Militar" (Los zarpazos del puma, 239).


BIBLIOGRAFÍA

OBRAS CONSULTADAS

Comisión Chilena de Derechos Humanos. 1999. Nunca más en Chile, Informe Rettig, Santiago: LOM.

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© Rossana Nofal 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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