Las últimas obras de teatro de Mario Vargas Llosa

María Elvira Luna Escudero-Alie
Georgetown University


 

   

El célebre y prolífico autor Mario Vargas Llosa mundialmente conocido por sus novelas magistrales tales como : La ciudad y los perros (1962, Barcelona), La casa verde (1966), Conversación en la catedral (1969) Pantaleón y las visitadoras (1973), La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981), Historia de Mayta (1984), ¿Quién mató a Palomino Molero ? (1986), El hablador (1987), Elogio de la madrastra (1988), Lituma en los Andes (1993), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), y La fiesta del chivo (2000), está preparando ahora una nueva novela sobre una escritora franco-peruana del siglo XIX; Flora Tristán. La novela se titulará: "El paraíso en la otra esquina", y tratará tanto de Flora Tristán como de su nieto, el pintor francés Paul Gauguin

Vargas Llosa es también autor de importantes obras de crítica entre las que sólo menciono algunas: Historia secreta de una novela y García Márquez: historia de un deicidio (1971), La orgía perpetua: Flaubert y madame Bovary (1975), Entre Sartre y Camus (1981), etc. Mario Vargas Llosa también ha escrito cuentos notables reunidos en: Los jefes (1959), Los cachorros (1967), y ya publicó sus memorias: El pez en el agua (1993), asímismo ha destacado por su cuantiosa producción periodística en diversas revistas y periódicos del mundo. Sus artículos publicados en El País están ahora recopilados en un libro: El lenguaje de la pasión (2001).

La exhuberancia creativa de Vargas Llosa, nos recuerda a Balzac, su notoriedad literaria acaso a Victor Hugo, su actitud crítica y libertaria nos permite hacer la analogía con Jean Paul Sartre, el afán totalizador de sus novelas lo hace comparable a Tolstoy, su excelencia técnica nos trae a la memoria a Flaubert, su dominio en el uso de la ambigüedad nos permite recordar a Faulkner, la circunstancia frustrante que rodea a sus personajes, muchas veces inmersos en un mundo sórdido y terrible nos posibilita pensar en Dostoievsky. Lo cierto es que el gran Vargas Llosa nos sorprende y deleita constantemente. Su nombre aparece con frecuencia en los periódicos la mayor parte de las veces por haber ganado otro importante premio literario como el Príncipe de Asturias en 1985, por haber sido nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua Española en 1994, por haber recibido otro título Honoris Causa en universidades peruanas, latinoamericanas, europeas o norteamericanas. Otras veces su nombre se asocia al ámbito de la política y su ardua defensa de la democracia y la libertad, por ejemplo, su famosa y accidentada campaña presidencial en el Perú, su crítica valiente a la dictadura de Fujimori-Montesinos, su apoyo al presidente electo Alejandro Toledo.

En octubre de cada año los periódicos peruanos especulan, aseguran, y apuestan que Vargas Llosa recibirá el Premio Nobel de Literatura ese año, y todo el Perú, junto al mundo de la literatura, se mantiene en ascuas, esperando que la Academia Sueca le haga por fin justicia a este fascinante autor, conciencia crítica de nuestro tiempo, y que desde hace muchos años tiene méritos suficientes para recibir el escurridizo Nobel.

El ciberespacio no es inmune tampoco a la magia de Vargas Llosa; desde el buscador microsoft podemos leer 10,371 páginas web que de alguna manera u otra aluden a MVLL. Este es un número significativo si consideramos que sólo hay 17 páginas web referidas a Gabriel García Márquez, otro de nuestros grandes autores contemporáneos y Premio Nobel de Literatura de 1982.

Por si la producción literaria de Vargas Llosa fuera exigua, también desfilan en su profusa lista obras teatrales muy interesantes. Sin embargo, sus obras de teatro no se conocen mucho y la explicación más pausible que encuentro para esto es que ni los periódicos, ni los críticos, ni los estudiosos de Vargas Llosa pueden seguirle el paso de vértigo que lleva. ¡ Señores y señoras, este escritor es un volcán creativo ! Vargas Llosa ha escrito cinco obras de teatro: La señorita de Tacna (1981, Buenos Aires), Kathie y el hipópotamo (1983, Caracas), La Chunga (1986, Lima), El loco de los balcones (1993, Londres) y Ojos bonitos, cuadros feos (1996, Lima).

Es interesante notar que las características narrativas que han hecho famosas las novelas de Vargas Llosa están presentes también en sus obras dramáticas. De hecho, observamos en ellas el ambiente urbano de corte realista propio de sus novelas y cuentos, ese afán totalizador llevado a la perfección, los ingeniosos juegos temporales, la atmósfera de ambigüedad que invade los espacios narrativos y otorga a los personajes una total verosimilitud, la infinita variedad de temas, los diálogos entremezclados y tejidos de manera eximia, el monólogo interior en el que nadie mejor que Vargas Llosa ha podido reproducir con una maestría insigne el habla cotidiana de todas las clases sociales, las distintas edades y sexos. Otras características típicas importantes en la narrativa vargallosiana son: la constante crítica a la injusticia social, existencial, las cajas chinas, la capacidad de suspenso y versatibilidad dibujada en cada página de sus obras, y el infinito poder de seducción de su incomparable pluma.

Me referiré ahora brevemente al uso de la ironía como recurso narrativo en las dos últimas obras teatrales de Mario Vargas Llosa: El loco de los balcones (1993), y Ojos bonitos cuadros feos (1996).

El término ironía proviene etimológicamente de la voz griega "eironia", que pasó al latín como : "dissimulatio". La disimulación de la ignorancia, como se define muchas veces a la ironía, es lo que comúnmente se conoce como ironía socrática, la cual no se limita a la ironía verbal sino que incluye también gestos con intención comunicativa. Se define ironía verbal como una figura del discurso cuyas implicaciones son diferentes al sentido literal de las palabras que se emplean para expresar dichas implicaciones.

Tanto en El loco de los balcones (1993), como en Ojos bonitos, cuadros feos (1996), Vargas Llosa emplea la ironía verbal y la ironía dramática como recurso narrativo. El loco de los balcones, nos presenta la vida quijotesca de Aldo Brunelli, un italiano afincado en Lima donde vive para rescatar los balcones coloniales que se encuentran en estado derruído. En El loco.... hay dos personajes que constantemente tiñen de ironía sus discursos; uno de ellos es Ileana, hija única del anciano profesor Aldo Brunelli, más conocido con el apodo de: "el loco de los balcones", el otro personaje es Teófilo Humani, un ex-pretendiente de Ileana. El profesor Brunelli utiliza también la ironía, aunque en menor medida. Estos tres personajes emplean la ironía en sus discursos ya sea para establecer sus espacios de juego, plantear su posición, evadir la realidad, y/o protestar de manera socavada por su condición existencial. La situación que viven tanto el profesor Brunelli, como su hija Ileana de veintisiete años, y luego el borrachito que le salva la vida al anciano profesor cuando intenta suicidarse, son situaciones irónicas. Para graficar estas afirmaciones leamos las palabras de Brunelli:

"Lima, Lima ¿has sido también ingrata conmigo ? Sí, pues me voy de tus calles más pobre de lo que llegué. Se terminó el noviazgo putanilla.[...] ¡Lima, la morisca!¡Lima, la sevillana!, Lima, la sensual ! ¡Lima, la andaluza !¡Lima, la mística!. Coqueterías de putanilla para seducir al joven florentino enamorado del arte y de la historia." (p.19)

Más adelante y siempre hablándole a Lima, Brunelli dirá:

"<<A lo único que le tengo celos es a Lima >>, decía mi pobre mujer, que en paz descanse.[...]<<Pero, Aldo ¿me quieres explicar qué le ves a Lima ?>>Le veo el alma, amor mío.>> Anticuada, pintoresca, multicolor, promiscua, excéntrica, miserable, suntuosa, pestilente. Así eres, putanilla. Mi mujer no podía entender que tú y yo fuéramos novios, Ileana tampoco, por lo visto.[...] Parecías haber escapado de la usura del tiempo por una distracción divina.[...] Tú no fuiste ingrata conmigo, putanilla. Me has dado lo mejor que tenías. Tu garúa, la lluvia que no es lluvia. Tu neblina, la niebla que no es niebla. Tus teatinas, ni techos ni ventanas sino techos-ventanas. Tus zaguanes donde retumba la historia. Y tus balcones, tan amados." (p. 20)

Huamani de acuerdo a su pensamiento marxista le dirá a Zanelli refiriéndose a la empresa salvadora de balcones coloniales :

''¿No se dará cuenta Ileana de lo absurdo que es dedicar la vida a rescatar balcones viejos en un país donde la gente se muere de hambre, de falta de trabajo, de falta de salud, de falta de educación, de falta de todo ?" (p.90)

El discurso irónico del profesor Brunelli, de Ileana, y de Huamani tiene como función exorcizar los "demonios", como diría Vargas Llosa, que los atormentan. Este discurso irónico sirve a la vez de catarsis y de protesta. La ironía en El loco ...., es pues un recurso narrativo eficaz, que posibilita una economía de las descripciones, brinda ambigüedad a la obra, y sirve de crítica y auto-crítica de la circunstancia infeliz, incontrolable, o angustiante que viven los personajes. Sólo a través de la ironía, los personajes pueden expresar sus frustraciones para luego combatirlas o aceptarlas.

En Ojos bonitos, cuadros feos (1996), la ironía empieza con el mismo título de la obra, hay también ironía dramática y abundancia de discursos irónicos. Esta obra nos presenta una conversación muy interesante entre un crítico de arte ya maduro, y un joven marino muy atractivo. La conversación se planteará como una caja de Pandora desde donde surgirán sorpresas desagradables para Zanelli. Hay un elemento trágico también en esta obra porque el propósito de Rubén, el joven marino, es vengar la muerte de Alicia su novia, una joven pintora, discípula de Eduardo Zanelli.

La sociedad de Lima en tanto mera copista de lo que supone que es el buen gusto, queda retratada en forma irónica. Eduardo Zanelli es un crítico de arte muy ponderado en Lima, que destruye o construye a su antojo obras de arte y artistas con sus comentarios en la columna de arte que tiene en "El Comercio", el periódico más influyente del país. Zanelli es un homosexual que no se atreve a aceptar públicamente sus preferencias sexuales. Esta represión de su propia sexualidad le genera una frustración que sólo el discurso irónico aplacará de alguna manera. Zanelli, refugiándose en el súbito valor que le da el alcohol, intenta seducir a Rubén:

"Aquí tienes, on the rocks. Me intimidas porque, aunque yo sea más viejo que tú, seguro que en estas cosas tienes más experiencia que yo, joven dios griego". (p.18)

Más adelante, cuando Zanelli descubre la emboscada que Rubén le ha preparado le replica:

"Debo de haber presentido que era una farsa. Por eso la ilusión se me desmoronó tan rápido. Era demasiado maravilloso para ser cierto. El joven Adonis insinuándose al viejo sátiro acobardado. ¿Montaste este teatro para ganar una apuesta ? ¿O sólo para divertirte, haciendo pasar un mal rato a alguien al que muchos imbéciles consideran importante? " (p. 27)

Sólo a través de la ironía Eduardo Zanelli es capaz de referirse a su reprimida homosexualidad, y a su condición de artista frustrado convertido en crítico áspero e intransigente. Rubén se sirve también de la ironía para acceder momentáneamente al mundo sofisticado de Zanelli y seguirle el juego, y así llevar a cabo su plan de venganza por el suicidio de Alicia. Rubén culpa a Zanelli de la muerte de Alicia, por la crítica irónica que éste escribiera sobre la única exposición de pintura de Alicia y a la que Zanelli tituló socarronamente: "Ojos bonitos, cuadros feos". Sólo el discurso irónico de Zanelli hará zozobrar las razones de vivir de Alicia al enfrentarla a su "nada"; la gran pasión de su vida es pintar; pero carece del talento para hacerlo.

Alicia le confiesa desconcertada a Rubén:

"<<Ojos bonitos, cuadros feos>>. Lo que más le llama la atención es lo de mis ojos, Rubén. Él no sabe si los tengo grandes o chicos, azules o negros, si soy bizca, cuatrojos o tuerta. Él nunca me ha mirado. O, mejor dicho,me mira pero no me ve.[...] Está insinuando que soy una frívola, una chica de sociedad a la que le han hecho creer que podía ser pintora, un capricho más de los muchos que tiene y que los que la rodean se desviven por complacerle. Eso es lo que el doctor Zanelli se imagina de mí. ¿Te das cuenta qué injusto, Rubén?" (p.51)

La ironía es en ambas obras de teatro, la estructura que sostiene los diálogos, el telón de fondo que nos lleva de la mano a descubrir la ingeniosa trama, y sin duda es un resorte narrativo muy bien logrado que nos permite disfrutar plenamente estas obras que aunque breves, son plurisignificativas. No nos queda pues, otra alternativa que la de admirar una vez más la vasta y notable capacidad creativa de Mario Vargas Llosa.

 

Bibliografía

  • Vargas Llosa, Mario. El loco de los balcones. Barcelona: Seix Barral, S.A., 1993

  • Vargas Llosa, Mario. Ojos bonitos, cuadros feos. Lima:Peisa, 1996.

 

© María Elvira Luna Escudero-Alie 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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